miércoles, 15 de julio de 2020

Casa de citas / Ingmar Bergman / El virgo de Anna


Young Lovers
Mike Hughes

Ingmar Bergman
EL VIRGO DE ANNA

Anna Lindberg y yo éramos de la misma edad. Estábamos en noveno curso, lo que significaba el último paso antes del bachillerato. El colegio era mixto y se llamaba Palmgrenska; estaba en la esquina de Skeppargatan y Kommendörsgatan. Los trescientos cincuenta alumnos nos repartíamos en locales agradables, aunque un poco estrechos, que pertenecían a una casa particular. Se consideraba que los profesores practicaban una pedagogía más moderna y más avanzada que la utilizada en los institutos. Esto no podía ser verdad porque la mayoría de ellos enseñaban también en el instituto de Ostermalm, que estaba a unos cinco minutos andando de Palmgrenska.
    Era la misma mierda de profesores y la misma mierda de estudios memorísticos en los dos sitios. La diferencia consistía más bien en que los derechos de matrícula eran bastante más elevados en Palmgrenska. Y además era un colegio mixto. En nuestro curso había veintiún chicos y ocho chicas. Anna era una de ellas. Los alumnos se sentaban de dos en dos en viejos pupitres. El profesor ocupaba la cátedra que estaba sobre una tarima en uno de los rincones. Ante nosotros se extendía la pizarra. A través de las tres ventanas se veía la lluvia, siempre la lluvia. En la clase reinaba la penumbra. Seis globos de luz eléctrica medían indolentemente sus fuerzas con la precaria luz solar. El olor a zapatos húmedos, ropa interior sucia, sudor y orina, se había quedado impregnado para siempre en las paredes y los muebles. La escuela era un establecimiento, un depósito, basado en un contubernio entre las autoridades y las familias. El manifiesto hedor del hastío se hacía a veces penetrante y, en alguna ocasión, asfixiante. La clase era un espejo en miniatura de la sociedad de poco antes de la guerra: pereza, indiferencia, oportunismo, adulación, prepotencia y alguna que otra gota confusa de rebeldía, idealismo y curiosidad. Pero a los anarquistas los mantenían a raya la sociedad, la escuela y el hogar Los castigos eran ejemplares y, con frecuencia, decisivos pata el futuro del delincuente. Los métodos de enseñanza consistían por lo general en castigos, premios e implantación de mala conciencia. Muchos de los profesores eran nacionalsocialistas, unos por estulticia o por resentimiento ante un ascenso frustrado en la carrera profesional, y otros por idealismo y admiración ante la vieja Alemania, «un pueblo de poetas y pensadores».
    En medio de esta gris resignación que reinaba en los pupitres y en las cátedras, había, como es natural, excepciones, seres inteligentes e indómitos que abrían puertas y dejaban entrar aire y luz. No eran muchos. Nuestro director era un hombre servil y ávido de poder, destacado arribista en la federación de sectas protestantes. Le gustaba predicar en la oración de la mañana proclamando lamentaciones pegajosas y sentimentales acerca de lo mucho que iba a sufrir Jesucristo si visitase Palmgrenska Samskola ese día, o bien sermones sobre política, tráfico o el avance epidémico de la cultura del jazz, con aterradoras visiones del infierno que nos esperaba.
    Lecciones no aprendidas, engaños, trampas, adulación, rabia reprimida y pedos ruidosos y apestosos constituían el desconsolador programa diario. Las chicas se agrupaban en una conspiración de cuchicheos y risitas ahogadas. Los chicos gritaban con sus voces llenas de gallos, en pleno cambio, se pegaban, daban patadas al balón, preparaban alguna chuleta o una lección pendiente.
    Yo estaba sentado en el centro de la clase aproximada mente. Anna estaba delante de mí, un poco a un lado, junto a la ventana. Yo la encontraba fea, como todos. Era una chica alta y gorda con hombros redondos, andaba mal, tenía unas tetas grandes, caderas poderosas y un trasero que se balanceaba al andar. El pelo era de color rubio ratón, corlo y peinado con raya al lado. Tenía los ojos asimétricos, uno marrón y otro azul, pómulos altos, labios gruesos y salientes, las mejillas infantilmente redondas y un hoyuelo en la bien formada barbilla. Desde la ceja derecha hasta el nacimiento del pelo tenía una cicatriz que se le ponía roja cuando lloraba o se enfadaba. Las manos eran cuadradas con los dedos romos y gruesos, las piernas largas y bien torneadas, los pies pequeños con el puente alto y le faltaba uno de los meñiques. Olía a muchacha y a jabón de bebé. Llevaba faldas marrones que le sentaban mal y blusas de seda cruda de color rosa o azul claro. Era una chica lista, rápida en las réplicas y buena. Las malas lenguas decían que su padre se había escapado con una señora de vida alegre. Se decía también que la madre de Anna vivía con un viajante de comercio pelirrojo que maltrataba a la madre y a la hija y que ésta iba al colegio con matrícula reducida.
    Anna y yo éramos dos solitarios, yo por raro y ella por fea. Nuestros compañeros no se metían con nosotros, no era cuestión de malos tratos.
    Un domingo nos encontramos Anna y yo en la sesión de tarde del cine Karla. Por lo visto a ella también le gustaba el cine y como yo iba con frecuencia. Anna, a diferencia de mí, disponía de bastante dinero para sus gastos y yo me dejaba invitar. Al cabo del tiempo Anna me dejó que la acompañase a su casa. El piso era grande pero viejo, y estaba situado en la esquina de Nybrogatan y Valhallavägen, en la primera planta.
    El cuarto de Anna era alargado y oscuro, los muebles eran una singular mescolanza, la alfombra estaba deshilachada y había una chimenea. Junto a la ventana, una mesa de escritorio blanca que Anna había heredado de su abuela. La cama era convertible, la colcha y los cojines tenían un dibujo oriental. La madre de Anna me recibió con cortesía pero sin cordialidad. En lo físico se parecía a su hija, pero tenía la boca amarga, el cutis amarillento y el pelo gris y ralo, cardado y peinado hacia atrás. El viajante de comercio pelirrojo no se vio por ninguna parte.
    Anna y yo empezamos a hacer juntos los deberes, la llevé a la rectoría, la presenté y, para mi sorpresa, fue aceptada con naturalidad. Probablemente la encontraron tan fea que no la creyeron un peligro para mi virtud. Se fue integrando gustosamente en la familia, los domingos cenaba con nosotros el habitual asado de ternera con pepino; mi hermano la observaba con miradas desdeñosas e irónicas, ella contestaba con presteza y valentía cuando le hacían preguntas y participaba en las representaciones de títeres.
    La redonda bondad de Anna reducía la tensión de mis relaciones con el resto de la familia.
    Lo que en cambio no sabía nadie era que la madre de Anna casi nunca estaba en casa por las tardes y que, sin apenas notarlo, los deberes escolares se fueron convirtiendo en confusos pero obstinados ejercicios en la chirriante cama.
    Estábamos solos, famélicos, llenos de curiosidad y éramos totalmente ignorantes. El virgo de Anna se resistía y la cama, que más parecía una hamaca, no facilitaba la operación. No nos atrevíamos a desnudarnos sino que hacíamos nuestras prácticas completamente vestidos, a excepción de las bragas de lana de Anna. Éramos descuidados y cautelosos, la mayoría de las veces yo eyaculaba en algún lugar entre su dura faja y su blando vientre. Anna, que era valiente y astuta, propuso que nos acostáramos en el suelo delante de la chimenea. Lo había visto en una película. Hicimos fuego con unos periódicos y unas astillas y nos despojamos de las prendas que nos estorbaban, Anna gritaba y se reía, yo me hundí en ella de un modo misterioso, Anna volvió a gritar, le hacía daño, pero me mantuvo apretado. Traté de liberarme como era mi deber, ella cruzó las piernas en torno a mi espalda, yo entré aún más adentro, Anna empezó a llorar, las lágrimas y los mocos le resbalaban por la cara, nos besamos con los labios apretados: «Me he quedado embarazada», musitó ella, «sentí que me quedaba embarazada». Reía y lloraba a la vez. Yo caí presa de un helado espanto, traté de hacerle recobrar el juicio, tenía que ir a lavarse inmediatamente y lavar también la alfombra. Estábamos los dos manchados de sangre, que había caído también en la alfombra.
    En ese instante se abrió la puerta del vestíbulo y la madre de Anna apareció en la habitación. Anna, sentada en el suelo, trataba de ponerse las bragas y meterse las voluminosas tetas dentro de la camisa. Yo me estiraba el jersey para ocultar unas manchas oscuras en torno a la bragueta.
    La señora Lindberg me dio una bofetada, me agarró de una oreja y me hizo dar dos vueltas por la habitación; después se detuvo, me dio otro bofetón y dijo con una sonrisa amenazadora que me cuidase muy mucho de hacerle un niño a su hija. Por lo demás podíamos hacer lo que nos viniera en gana con tal de que no le salpicase a ella. Dicho esto, me volvió la espalda y salió dando un portazo.


Yo no amaba a Anna puesto que el amor no existía donde yo vivía y respiraba. Seguramente había estado rodeado de mucho amor en mi niñez, pero había olvidado a qué sabía. No sentía amor por nadie ni por nada y menos aún por mí mismo. Los sentimientos de Anna estaban quizá menos deteriorados. Tenía alguien a quien abrazar y besar, alguien con quien jugar, un muñeco difícil, caprichoso y malo que hablaba sin parar, divertido en ocasiones y en ocasiones simplemente tonto o tan infantil que había que preguntarse si de verdad tenía catorce años. Alguien que, a veces, no quería ir por la calle con ella pretextando que ella era demasiado gorda y él demasiado delgado y que hacían el ridículo yendo juntos.
    En alguna ocasión, cuando la presión de la rectoría se hacía insoportable, llegué a pegarle; ella me pegaba a su vez, éramos igual de fuertes, pero yo estaba más enfadado y por eso nuestras riñas terminaban frecuentemente con ella llorando y yo marchándome.
    Siempre hacíamos las paces; una vez ella salió con un ojo morado, otra con el labio partido. Le divertía enseñar sus heridas en el colegio. Cuando alguien le preguntaba quién le había pegado, contestaba que se lo había hecho su amante. Todos se echaban a reír puesto que nadie podía creer que el escuchimizado y tartamudo hijo del pastor fuera capaz de semejantes explosiones de virilidad y temperamento. Un domingo, antes de la misa solemne, Anna telefoneó gritando que Palle estaba matando a su madre. Corrí en su ayuda. Anna abrió la puerta del vestíbulo. En ese preciso instante recibí un fulminante puñetazo en la boca que me tumbó de espaldas contra la repisa de los chanclos. El pelirrojo viajante de comercio, en camisón y calcetines rodaba por el suelo pegándose con la madre y la hija. Vociferaba que las iba a matar, que se iban a terminar de una vez las malditas supercherías, que estaba hasta los cojones de mantener a una puta y a su hija. Había agarrado por el cuello a la madre, cuyo rostro estaba congestionado y con la boca abierta. Anna y yo tratamos de sujetarle las manos, y por fin Anna se precipitó a la cocina en busca de un cuchillo gritando que le iba a matar. Él soltó la presa inmediatamente, me dio otro puñetazo en la cara, yo se lo devolví, pero no acerté. A continuación se vistió en silencio, se colocó el sombrero hongo ladeado, se puso el abrigo, tiró al suelo la llave de la casa y desapareció. La madre de Anna nos preparó café y bocadillos, un vecino llamó a la puerta para preguntar qué había pasado. Anna me llevó a su cuarto y examinó mis heridas. Me había desportillado uno de los dientes incisivos (en el momento en que escribo estas líneas todavía puedo notar la mella con la lengua).
    Para mí todo esto era interesante, pero irreal. Las cosas que pasaban a mi alrededor me parecían trozos de películas deshilvanados, en parte incomprensibles o simplemente fastidiosos. Descubrí con sorpresa que, si bien
mis sentidos registraban la realidad exterior, los impulsos no llegaban nunca a mis sentimientos. Mis sentimientos habitaban en un lugar cerrado y me servía de ellos cuando quería, pero jamás impremeditadamente. Mi realidad estaba tan profundamente escindida que había perdido conciencia de sí misma.
    Me he detenido en la trifulca del destartalado piso de la calle de Nybrogatan porque me acuerdo de todos y cada uno de los instantes, de los movimientos, de los gritos y las réplicas, de la luz que reflejaban las ventanas de la casa de enfrente. Me acuerdo del olor a comida y a mugre, del olor a fijador que despedía el rojizo y grasiento cabello del hombre.
    Me acuerdo de todo y de cada cosa por separado. Pero no hay ningún tipo de sentimiento unido a las impresiones sensoriales. Me pregunto si tenía miedo o si estaba furioso o avergonzado, si me sentía curioso o solamente histérico. No lo sé.

Ahora, con la solución en la mano, sé que habían de pasar más de cuarenta años antes de que mis sentimientos se liberasen del hermético recinto en el que vivieron encerrados. Yo vivía del recuerdo de los sentimientos, sabía reproducirlos bastante bien, pero la expresión espontánea jamás era espontánea, había siempre una fracción de segundo entre mi vivencia intuitiva y su expresión en sentimientos.
    Hoy, que me hago la ilusión de que estoy casi curado, me pregunto si hay o llegará a haber instrumentos capaces de medir y definir una neurosis que, de manera tan eficaz y acabada, representaba una ilusoria normalidad.
    Cuando cumplí quince años, Anna fue invitada a la celebración en el chalet amarillo de la isla de Smådalarö. La pusieron a dormir con mi hermana en una de las habitaciones del piso de arriba. Al amanecer fui a despertarla, nos escabullimos hasta la bahía y remamos en dirección al golfo de Jungfrufjärden, dejando atrás Rödudd y Stendörren. Remamos derecho hasta el golfo, en plena inmovilidad, en medio del resplandor del sol y del indolente oleaje que dejaba el Saltsjön, el vapor que, silencioso, hacía su recorrido matinal de la isla de Utö a la de Dalarö. Llegamos a casa a tiempo para el desayuno y las felicitaciones. Teníamos los hombros y la espalda quemados por el sol, los labios resecos y con sabor a sal, los ojos medio ciegos de toda aquella luz. Después de haber estado juntos más de medio año, habíamos visto por primera vez nuestra desnudez.



Ingmar Bergman
La linterna mágica
Tusquets, Barcelona, 1978, pp. 124-130



martes, 14 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Portacuchillos


Carolina Cruz y su luminosa idea del portacuchillos

Triunfo Arciniegas
PORTACUCHILLOS
14 de julio de 2020


Preguntan en las redes que si se accidentara un vehículo repleto de libros también lo saquearían. Gasolina, pescado y cerveza no tienen perdón, pero los libros son pesados, frágiles, ocupan espacio y hacen estorbo. La humedad los vuelve nada. Además, pierden precio tan pronto salen de la librería. Mi respuesta es que no, que no es rentable, que no es negocio saquear un camión repleto de libros.

Pero de pronto, señoras y señores, me acordé de la luminosa idea de la presentadora de televisión Carolina Cruz. ¿Cuántos portacuchillos se pondrían hacer con un "camionado" de libros? Cualquier presentadora de televisión se orina de la dicha imaginando tal espectáculo, por Dios. Con diez libros se hace un bonito portacuchillos para vender en diez mil o cinco mil pesos. Se venderían como arroz. Venda barato y los clientes caen como moscas. Solo hay que esperar que pase el vehículo repleto de libros. Sólo hay que arrojarle piedras al parabrisas para que el conductor pierda el control. O atravesar obstáculos en un punto estratégico de la vía.

Lo demás es pan comido.



lunes, 13 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Ladrones y lágrimas



https://www.youtube.com/watch?v=qHMNdcM3dMI

Triunfo Arciniegas
LADRONES Y LÁGRIMAS
12 de julio de 2020


"La comunidad toma el pescado", diría la periodista Vicky Dávila, siguiendo el libreto de lo políticamente correcto. El arte de decir lo que conviene y no lo que se precisa.

Pero no es la comunidad ni es una toma porque se trata de vándalos robando pescado. Dos toneladas de pescado, más el daño al vehículo, que fue destrozado para sacar el botín. Ahora no es suficiente con la desgracia de accidentarse en una vía. Ahora lo terrible es la jauría sedienta. 

¿Desde cuándo el contenido de un vehículo accidentado en la vía pasa a ser propiedad pública? ¿Desde cuando la pobreza es licencia para robar? 

Un carrotanque de gasolina y un carro de cerveza también fueron saqueados en esta misma semana. Según se sabe, los vándalos les lanzan piedras a los conductores para que pierdan el control del vehículo y de noche atraviesan obstáculos en la vida. Así que no sólo es robo sino intento de homicidio. Imagino que impondrán orden cuando muera el primer conductor. O cuando "la comunidad" se cruce con un conductor armado dispuesto a defender su propiedad.

¿Hablan en serio? ¿Les rendirán honores a los vándalos, lucirán la bandera a media asta? Eso leí que van a hacer. Qué cosa tan ridícula. Imagine por un momento que entran a su casa y se llevan lo que usted consiguió con el sudor de su frente. Imagine que ponen en peligro su vida, porque en un robo todo puede pasar: surge la chispa y el incendio de la desgracia se propaga en segundos. ¿Al otro día iza la bandera en su honor? 

Pobre o rico, ladrón es ladrón. Vivimos en el país más corrupto del mundo, con fortunas mal habidas, con una clase política asquerosa y con gente que sigue creyendo en estos malandros, pero nada de eso es licencia para robar. Los saqueos seguirán y los muertos también. Seguirán arrojando piedras los vehículos y atravesando obstáculos en la vía hasta que un día algunos de estos conductores se armen y enfrenten a los vándalos. Si no se le pone remedio, todo va a empeorar. 

Espero que quienes se sientan con ganas de defender a estos ladrones al menos recuerden las lágrimas del conductor.


domingo, 12 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Los secretos del oficio


LOS SECRETOS DEL OFICIO
O las maneras de vivir

La gente que se esmera por dominar los secretos de su oficio me inspira respeto y admiración. Su propia existencia, a menudo solitaria y con frecuencia excéntrica, es más interesante, de hecho. Además, se trata de la más bella manera de contribuir a hacer un mundo mejor. La vida es dedicación y esfuerzo. Se hace camino al andar, como diría Serrat, y el mismo camino significa sentido. Me apenan aquellos que esperan que los otros o el Estado les remedie la situación. Lo que no hay dentro nunca se encontrará fuera. Me apenan tanto los que depositan su fe en  los pinches políticos, de izquierda o derecha, la misma porquería. Me apenan sobre manera los imbéciles que se tiran una amistad o están  dispuestos a hacerse matar por un político que ni siquiera sabe que existen. Los mismos que repiten lo que les dicen y creen que piensan por sí mismos. Son fáciles de reconocer: atacan en manada. Como se dicen entre ellos las mismas cosas, sin permitirse disentir, creen que tienen razón. Como ovejas, requieren del perro que les señale el sendero.




sábado, 11 de julio de 2020

Casa de citas / Ingmar Bergman / Harriet Andersson

Harriet Andersson

Ingmar Bergman
HARRIET ANDERSSON


Yo debía realizar inmediatamente dos películas, una detrás de otra: Tres mujeres con guión original mío y Un verano con Mónica, adaptación de una novela de Per Anders Fogelström. Para el papel de Mónica se eligió a una actriz joven que hacía revista con medias de malla y elocuentes escotes en el Teatro Scala. Tenía alguna experiencia cinematográfica y era novia formal de un actor. A finales de julio fuimos a filmar exteriores al archipiélago de Estocolmo.
    Un verano con Mónica estaba planteada como una película de presupuesto reducido, y por tanto se iba a rodar con limitados recursos y un mínimo de personal. Vivíamos en la isla de Ornó, en un albergue llamado Klockargården, y cada mañana nos llevaban en barcos de pesca a un grupo de islas exóticas que estaban en el extremo del archipiélago, a unas horas de navegación. 

Harriet Andersson
  Pronto me vi envuelto por una eufórica despreocupación. Los problemas profesionales, económicos y matrimoniales desaparecieron en el horizonte. Vivíamos una vida al aire libre relativamente cómoda, trabajábamos de día, de noche, de madrugada, hiciera el tiempo que hiciera. Las noches eran cortas, el sueño apacible. Después de tres semanas de trabajo enviamos nuestro producto al laboratorio para su revelado. Un defecto en una máquina hizo una raya en miles de metros de película y tuvimos que volver a rodar casi todo. Derramamos, para salvar las apariencias, unas lágrimas de cocodrilo, pero nos alegramos en secreto de la prolongación de nuestra libertad.
    El trabajo cinematográfico es una actividad fuertemente erótica. La proximidad a los actores no tiene reservas, la entrega mutua es total. La intimidad, el afecto, la dependencia, la ternura, la confianza, la fe ante el mágico ojo de la cámara, nos dan una seguridad cálida, posiblemente ilusoria. Tensión, relajamiento, respiración común, momentos de triunfo, momentos de fracaso. La atmósfera está irresistiblemente cargada de sexualidad. Tardé muchos años en aprender finalmente que un día la cámara se para, los focos se apagan.


Harriet Andersson



    Harriet Andersson y yo hemos trabajado juntos durante años; ella es una persona singularmente fuerte, pero vulnerable, con un rasgo de genialidad en su talento. Su relación con la cámara es directa y sensual. Además tiene una técnica soberana y pasa vertiginosamente de la emoción más intensa a una sobria contemplación. Tiene un humor mordaz, pero no cínico. Una persona adorable y una de mis amigas más queridas.


Ingmar Bergman
La linterna mágica
Tusquets, Barcelona, 1978, pp. 181-183




viernes, 10 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Tres preguntas

ArtStation - Writers Write, Amin Faramarzian



Triunfo Arciniegas
TRES PREGUNTAS
Tres preguntas que les hacen a menudo a los escritores: ¿Cuándo me regala un libro? ¿Cuándo va al colegio a charlar con mis alumnos? ¿Cuándo me graba un video para...? (y terminen la pregunta como quieran). Perdonen la obviedad: los escritores están ocupados escribiendo. Además, los escritores comen, se enferman, gastan ropa. A ningún médico le preguntan: ¿Cuándo me regale una fórmula? Y los médicos viven mucho mejor que los escritores. En realidad, tratan a los escritores como serenateros: los ponen a cantar, los emborrachan y los mandan para su casa. Y los serenateros comen, se enfermen, gastan ropa. Parezco borracho pero así es la cosa.

jueves, 9 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Sobre las ideas y la iluminación

Diez ideas para fomentar la creatividad de nuestros alumnos (y de ...


Triunfo Arciniegas
SOBRE LAS IDEAS Y LA ILUMINACIÓN
Hay gente que tiene una idea y pone a los demás a trabajar. Se siente bendita e iluminada esta gente. Las ideas llueven, revolotean en el aire y basta con estirar la mano para atraparlas. Lo jodido es concretarlas.



Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Sobre la pobreza

A Ladrón Cien projects | Photos, videos, logos, illustrations and ...

Triunfo Arciniegas
SOBRE LA POBREZA

¿La pobreza es licencia para robar?


miércoles, 8 de julio de 2020

Casa de citas / Nélida Piñón / Moro, Bolsonaro y Lula

Pancho Cajas: JAIR BOLSONARO
Jair Bolsonaro

Nélida Piñón
MORO, BOLSONARIO Y LULA

1

Tener un gobernante que no se da cuenta del peso de la pandemia y de lo que está pasando en el mundo es una enorme tristeza. Los fracasos que llegan de Brasilia nos educaron desde mucho tiempo para el sufrimiento. Es como si se pudiera esperar lo peor de Brasilia. Es un cáncer que empezó hace mucho. Llego a la conclusión de que las administraciones se imponen a favor de sus intereses y no de los del pueblo. Siento un profundo descrédito del poder, como el que ahora vive Brasil.

2

Moro tampoco es inocente. Bolsonaro es una figura por la que no tengo ningún respeto, pero me parece que Moro se reconcilió con sus enemigos. Hoy miro a Moro con cierta prevención. Pero es de todas maneras un personaje. Quizá deba escribir una novela sobre la tragedia del poder, aunque no sé si podría escribir sobre un personaje como Bolsonaro.

3

No hace falta que hable de Lula. Manchó su biografía hasta entonces respetada. Lula y la élite política brasileña son responsables por el cuestionable Gobierno de la presidenta Dilma y por la elección del presidente Bolsonaro. Sus conductas, aparte de sus hechos administrativos, provocaron una total incredulidad en el electorado brasileño. Una profunda tristeza.



Nélida Piñón / “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”


Casa de citas / Nélida Piñón / La vida creativa

La escritora Nélida Piñón, primera galardonada con El Ojo Crítico ...
Nélida Piñón

Nélida Piñón
LA VIDA CREATIVA
Tengo la capacidad de agregar a mi vida todo lo que está afuera. El creador trabaja a partir de lo que existe y de lo que existió. Soy una mujer que cree que solo se puede ser contemporáneo si se es arcaico. Yo navego en las aguas de los griegos, de los persas, de las Américas y del mundo. No hago una distinción profunda de dónde estoy, quién soy o de qué época.

Nélida Piñón / “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”


Casa de citas / Nélida Piñón / Sobre los intelectuales

Nélida Piñon se siente mujer gallega
Nélida Piñón

Nélida Piñón
SOBRE LOS INTELECTUALES

No creo mucho en el poder del intelectual. La gente hoy tiene mucho más en cuenta al que sale por la televisión que el que habla desde un libro. Brasil se vuelca en sus propios intereses con una visión parroquial. Hoy no tiene grandes políticos, grandes oradores, personalidades en las que confiar, que expresen las necesidades reales. A mi juicio, los políticos son un fracaso. Como intelectual me doy cuenta de mis limitaciones, pero sé que mi deber es seguir creando, escribiendo. Mi deber como intelectual brasileña es seguir produciendo libros, teniendo la independencia total, estética, moral, sin miedo a la histeria.


Nélida Piñón / “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”



martes, 7 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diarios / Líos y récords

La piel de los árboles (detalle)
Obra en proceso
6 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas
LÍOS Y RÉCORDS
7 de julio de 2020

Estoy sin mujer, sin gas, sin licuadora, sin lavadora, sin televisor, sin lavaplatos. La cuarentena me sorprendió con casi todos los electrodomésticos descompuestos. Lavo a mano, cocino en una pequeña estufa eléctrica que compré hace poco y veo una que otra serie de Netflix en el celular. La cuarentena me encanta. Vivo solo. Tengo la casa del Carmelitano desde hace más de veinte años y acá siempre he estado solo. En realidad, si aparto los viajes a Bogotá o al exterior, llevo más de diez años de encierro, desde que renuncié al magisterio. La soledad es lo mío. No me gusta la gente, la verdad sea dicha. Según el último dígito de mi cédula, ayer podía salir. Aunque no tenía cita odontológica, había una diligencia bancaria pendiente y estuve evitándola todo el día. Fue un alivio llegar a las seis de la tarde sin asomarme a la puerta. 

Dos récords recientes. Subí a De otros mundos 22 entradas  (14 con la fecha de ayer y el resto para otros años, sobre todo 2012, el año de la fractura de la cadera) sobre Juan Carlos I, que bien podría llamarse el hombre mosca porque va de cagada en cagada. Desde su caída en Botsana no se levanta. El escándalo de los amoríos y la mordida de los cien millones de dólares lo tienen en la picota pública. Los anteriores records de De otros mundos eran Charles Dickens (15) y Carlos Ruiz Zafón (19). Difícil y casi imposible superar estas 22 entradas.

El otro récord lo impuse pintado. Por lo general hago tres pinturas diarias: un experimento que cuaja luego de unos siete años de búsqueda. Hace tres o cuatro días llegué al record de siete. Pensé esa noche que ojalá al menos se salvara una. Porque abundan los fracasos. Espero que llegue el día en que de las siete se pierda una sola. No se sabe qué va a pasar en cada jornada. Como una mala mujer, la pintura hace conmigo lo que se le da la gana. Pero algo se aprende. Y, de todas maneras, se trata de un oficio muy divertido. En todo caso, fascinante, a pesar de los fracasos.


lunes, 6 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Imbécil y coronavirus

Semana Santa en el Centro Histórico | Semana Santa en el Centro ...
Poncho Rentería
Triunfo Arciniegas
Imbécil y coronavirus
4 de julio de 2020

¿Cómo un periódico tan importante como El Tiempo publica una columna tan insulsa y pendeja como ésta? Poncho Rentería, digámoslo de una vez, es un imbécil. No tiene la más mínima idea de la gravedad de la situación. No sé qué oscura materia rellena su cerebro. Si es que lo tiene.

¿Qué opinan, por ejemplo, de este párrafo: "Ciertísimo, tengo nostalgia del ruido de los buses, ambulancias y las 300.000 motocicletas que circulan por mi barrio. Protesto contra el virus por no poder visitar la peluquería señorera y oír a la brillante madrileña Maricarmen; jartísimo no tener gimnasio ni paseo por el parque Japón y pasar trabajos hoy para grabar mi espacio en caracol Televisión. Punto."

Lean la columna si no tienen nada más que hacer. O no la lean: no se pierden de nada.

https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/poncho-renteria/jartisimo-encierro-columna-de-poncho-renteria-479380




domingo, 5 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Pendejos en el parque

Pendejos en el parque
3 de julio de 2020
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
PENDEJOS EN EL PARQUE
3 de julio de 2020

Si usted no tiene nada que hacer, no salga a hacerlo en la calle: hágalo en casa, por favor. Se jode usted y nos  jode a todos.

Si observan con cuidado la fotografía, a la izquierda sorprenderán una vendedora callejera sin tapabocas contemplándose las uñas, y a la derecha, una señora embarazada o extremadamente gorda haciendo nada. Si observan bien, encontrarán tipos con tapabocas en la quijada o de corbatín, y al fondo, en el centro, sentada, una vieja que así como así dejó el tapabocas en la casa o lo escondió en el fondo de su cartera. Una cartera negra, como su destino. Su amiga, que no se ve tan mayor, trajo el tapabocas pero lo usa en el pescuezo. Por algo son amigas, al fin y al cabo. Que el Señor las acoja en su reino y mantengan esa linda amistad por los siglos de los siglos.

Amén.


viernes, 3 de julio de 2020

Casa de citas / Milton Glaser / La mente

Fallece a los 91 años Milton Glaser, el creador del logo "I love ...
Milton Glaser
Milton Glaser 
SOBRE LA COMPLEJIDAD

La mente es la cosa más importante del universo, contiene todo lo que hay en el mundo. Solo luchas con tu mente y es genial cuando estás buscando algo; estás jugando, intentando encontrar una buena idea, un buen diseño. Es un viaje genial.

Murió Milton Glaser, autor del célebre letrero 'I love NY'






Casa de citas / Milton Glaser / Conexiones

Milton Glaser | Diseño Carteles
Carteles de Milton Glaser


Milton Glaser 
CONEXIONES

Todo está inevitablemente conectado y la tarea del artista es encontrar las conexiones.

Murió Milton Glaser, autor del célebre letrero 'I love NY'




Milton Glaser / Sobre la complejidad


Murió Milton Glaser, gran maestro del diseño gráfico y creador del ...
Bob Dylan según Milton Glaser
Milton Glaser 
SOBRE LA COMPLEJIDAD

Me gusta la idea de la complejidad, pero no puedes hacer algo bien si es algo que no entiendes.

Murió Milton Glaser, autor del célebre letrero 'I love NY'





jueves, 2 de julio de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Exilio



Albert Cawén
Triunfo Arciniegas
EXILIO
30 de junio de 2020

Fue aterrador. Soñé que me había quedado ciego. Estaba sentado en el descanso de las escalares cuando Verónica y Vanessa entraron a la casa y subieron a la azotea a ver el perro, sin saludarme. Vero dijo que se iban a reunir para considerar si me enviaban al exilio. Le decía a alguien, un niño, que no merecía tal castigo cuando desperté.

miércoles, 1 de julio de 2020

Casa de citas / John Malkovich / Caravaggio

Being John Malkovich Poster Design on Behance


John Malkovich
CARAVAGGIO
Se supone que Caravaggio mató a una persona. ¿Deberíamos quemar sus cuadros? Es complicado.

John Malkovich / Nunca pensé que llegaría hasta aquí


Casa de citas / John Malkovich / Ni siquiera soy John Malkovich


John Malkovich: biografía y filmografía - AlohaCriticón
John Malkovich como el vizconde de Valmont
Las amistades peligrosas (1988)
John Malkovich
NI SIQUIERA SOY JOHN MALKOVICH

No hay nada interesante que me distinga de cualquiera. Ni idea. Esa es una pregunta para los directores y escritores. Por ejemplo, la gente me percibe como una persona fría, cuando no lo soy. Me ven como un intelectual, y no podría estar más alejado, da igual cuánto estires la definición de intelectual. No soy un aristócrata. Soy un niño gordito de un pueblo minero de Illinois. No soy el rey Carlos, no soy el Delfín. No soy el vizconde de Valmont, ni un asesino, ni ninguno de los personajes que he interpretado. Ni siquiera soy John Malkovich. La mayoría de las cosas que la gente piensa de mí son solo cosas que aparento.

John Malkovich / Nunca pensé que llegaría hasta aquí



martes, 30 de junio de 2020

Casa de citas / Carlos Ruiz Zafón / Sobre la escritura


Carlos Ruiz Zafón

Carlos Ruiz Zafón
SOBRE LA ESCRITURA


Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás; pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película; pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas.

En esa fase es cuando empiezo a preguntarme: "¿Y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?". Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil. Pero para que sea así hay que trabajar mucho.

Carlos Ruiz Zafón / "Aquí la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión"



Casa de citas / Carlos Ruiz Zafón / Narrativa actual

Carlos Ruiz Zafón


Carlos Ruiz Zafón
NARRATIVA ACTUAL


El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera. Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose.


Carlos Ruiz Zafón / "Aquí la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión"


Casa de citas / Carlos Ruiz Zafón / Lo que fuimos

Carlos Ruiz Zafón

Carlos Ruiz Zafón
LO QUE FUIMOS


Siempre he pensado que cada uno de nosotros acaba siendo una versión de lo que hubiéramos podido ser. En otras circunstancias hubiéramos sido personas similares; y en circunstancias extremas, personas radicalmente distintas.
No somos conscientes, pero creo que es así. Es muy interesante explorar por qué la gente ha acabado siendo como es. Y eso me intriga tanto en la literatura como en la vida real. ¿Por qué es así, por qué cree y actúa así? Narrativamente es fascinante jugar con personajes que tienen dobles y reflejos. Stephen King habla de la metáfora del filtro en el cerebro: en él se nos atascan cosas a unos o a otros y por eso escribimos de ellas.


Carlos Ruiz Zafón / "Aquí la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión"