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| Margaret Mead |
Margaret Mead
MI ABUELA
Mi abuela quería que yo tuviera una educación, así que me mantuvo fuera de la escuela.
My grandmother wanted me to have an education, so she kept me out of school.
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| Margaret Mead |
Mi abuela quería que yo tuviera una educación, así que me mantuvo fuera de la escuela.
My grandmother wanted me to have an education, so she kept me out of school.
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| Margaret Mead (centro) en Samoa 1926 |
La vida comienza al amanecer; pero si ha habido luna hasta el alba, los gritos de los jóvenes en la ladera pueden oírse ya antes de la aurora. Inquietos en la noche poblada de espíritus, se gritan fuertemente uno al otro mientras apresuran su trabajo. Cuando el amanecer comienza a filtrarse entre los techos castaño claro y las esbeltas palmeras se destacan contra un mar incoloro, centelleantes, los amantes se deslizan hacia sus hogares, desde los lugares de cita ubicados bajo las palmeras o a la sombra de las canoas varadas en la playa, a fin de que la luz del día encuentre a cada uno durmiendo en el sitio que le corresponde. Los gallos cantan aisladamente y un pájaro de voz aguda chilla desde los árboles del pan. Parecen poner sordina al insistente estruendo del arrecife los sonidos de una aldea que despierta. Los niños lloran: unos cuantos gemidos cortos antes que las soñolientas madres los amamanten. Niñitos impacientes se desembarazan de sus sábanas y bajan amodorrados hasta la playa para refrescarse la cara en el mar. Los muchachos entregados a una temprana pesca, empiezan a juntar sus avíos y van a despertar a sus compañeros más perezosos. Se encienden lumbres, aquí y allá; el humo blanco resulta apenas visible contra la palidez del alba. Toda la aldea, amortajada y desaliñada, rebulle, se frota los ojos y se encamina tambaleante hacia la playa. «¡Talofa, Talofa! ¿Comenzará hoy el viaje? ¿Va a pescar?». Las jóvenes se detienen para reír a escondidas de algún rezagado que escapara durante la noche a la persecución de un padre enojado, que se aventura en la picara suposición de que la hija sabía más de la cuenta sobre la presencia del joven. El muchacho, víctima de las chanzas del que le ha sucedido en el favor de la novia, riñe con su rival, mientras sus pies corren por la húmeda arena. Desde otro extremo de la aldea llega un prolongado y penetrante lamento. Un mensajero acaba de comunicar la muerte de algún pariente, ocurrida en otra aldea. Mujeres semivestidas, sin apuro, con niños prendidos a sus pechos y colocados a horcajadas sobre sus caderas, interrumpen su historia sobre la violenta partida de Losa, quien abandonó la casa de su padre buscando más bondad en el hogar de su tío, para preguntarse quién es el muerto. Los pobres murmuran sus ruegos a los parientes ricos, los hombres trazan planes para echar juntos una red de pesca, una mujer pide una pizca de tintura amarilla a una parienta, y a través de la aldea suena el rítmico tatú que convoca a los jóvenes. Se reúnen desde todas partes con azadones en la mano, listos para enfilar tierra adentro, hacia la plantación. Los hombres más viejos inician sus solitarias ocupaciones y en cada casa los habitantes, congregados bajo el puntiagudo techo, dan principio a la rutina matinal. Los pequeños, demasiado hambrientos para esperar el tardío desayuno, piden terrones de taro frío que mascan vorazmente. Las mujeres llevan líos de ropa para lavar al mar o al manantial del extremo lejano de la aldea, o se dirigen al interior en busca de materiales para tejer. Las muchachas mayores van a pescar al arrecife o se ponen a tejer un nuevo surtido de persianas.
Una de las necesidades más viejas del ser humano es tener a alguien que se pregunte dónde estás cuando no llegas a casa en la noche.
One of the oldest human needs is having someone to wonder where you are when you don't come home at night.

Yo no creo en el uso de las mujeres en combate, porque las mujeres son demasiado feroces.
I do not believe in using women in combat, because females are too fierce.
