Suzanne Jill Levine
TRES ENCUENTROS CON NERUDA
El momento culminante de aquella visita a Venezuela fue la invitación a un elaborado banquete al mediodía (que comenzaba casi a las tres de la tarde) en honor del gran Pablo, en la mansión contemporánea de varios niveles del novelista Miguel Otero Silva, que no sólo era rico sino, muy a la moda, miembro del Partido Comunista. Emir y yo admiramos la gran escultura de una mujer desnuda reclinada de Henry Moore en el jardín de uno de los muchos niveles modernos; me impresionó y, en mi inocencia fiscal, casi me sorprendió que una obra de un artista contemporáneo tan famoso fuera propiedad privada de alguien. Fue entonces cuando aprendí el término “comunista de champán”.
