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miércoles, 1 de marzo de 2017

Casa de citas / John Cheever / Los trabajos del escritor

John Cheever

John Cheever
Los trabajos del escritor


Conduje un camión repartidor de diarios una vez. Me gustaba mucho hacerlo, especialmente durante las Series Mundiales, cuando el diario de Quincy se llenaba de datos y estadísticas sobre boxeo. Nadie tenía radio, ni televisión – no significa que el pueblo se iluminaba con velas, pero sí que se esperaban las noticias. Me hacía sentir bien ser el tipo que les traía buenas noticias. También pasé cuatro años en el ejército. Mi primer relato, “Expelled”, lo vendí a los diecisiete a The New RepublicThe New Yorker empezó a publicar mis cosas cuando tenía treinta y dos. New Yorker me apoyó por muchísimos años. Es un asociación muy amena. Le enviaba entre doce y catorce relatos al año. Al principio vivía en una habitación esquálida de los barrios bajos, en la calle Hudson, tenía una ventana rota. Luego conseguí trabajo en MGM junto a Paul Goodman; hacíamos sinopsis. Con Jim Farrell también. Teníamos que reducir cada libro publicado a tres, cinco o doce páginas, y nos pagaban cerca de 5 dólares por cada uno. Lo tipeaba yo mismo. Ah, aquel papel carbónico…

The Paris Review
Otoño 1976, No. 67
Entrevistada realizada por Anne Grant
Traducción de Martín Abadía




Casa de citas / John Cheever / New Yorker y Playboy


John Cheever
NEW YORKER Y PLAYBOY
En cuarenta años de carrera, John Cheever (1912-1982) publicó ciento veintiún relatos en el New Yorker, alguno de los cuales se consideran obras maestras, como «La monstruosa radio», «La geometría del amor», «Tiempo de divorcio» o «El nadador». Harold Ross, fundador de la revista y hombre poco dado a romper la distancia que mantenía con los colaboradores, lo felicitó por escrito en varias ocasiones. Los logros literarios de Cheever fueron completos, pues no estuvieron, que se diga, exentos de frustraciones. No basta con triunfar para tener éxito, sino que además se requiere fracasar, y él supo hacerlo. Publicar ciento veintiún relatos obligó a los editores de ficción de la revista a rechazar muchos otros. Los rechazaron a lo largo de cuarenta años, cuando el autor aún estaba empezando, en la década de los treinta, y cuando ya era celebrado como uno de los mejores escritores de cuentos del siglo, en los setenta. El autor se sintió muchas veces maltratado por la revista, que imponía límites a los autores —sobre los temas, el lenguaje utilizado y la extensión de las obras— que en su opinión reducían su obra a «una pequeñez despreciable», observa en sus diarios.
En 1968, cuando escribió «La habitación amarilla» y le fue devuelto, según el editor de ficción en ese momento,William Maxwell, porque «el narrador del relato es un tipo bastante anodino», Cheever optó por dar un giro cualitativo a su carrera, y envió el texto a Playboy, que lo publicó sin rechistar. Fue su debut en la revista de Hugh Hefner. «Pagan bien y son muy amables», le confesó a un amigo por carta. Y además, «las tetas no distraen más que los anuncios de fajas del New Yorker».



Casa de ciitas / John Cheever / Sobre la escritura

John Cheever

John Cheever
Sobre la escritura

No trabajo a partir de tramas. Trabajo con la intuición, la aprensión, los sueños, los conceptos. Los personajes y los sucesos me llegan simultáneamente. La trama implica la narrativa y un montón de basura. Es un intento calculado de atrapar el interés del lector al punto de que piense en ello como una convicción moral. Claro, uno no quiere aburrir… se necesita un elemento de suspenso. Pero la narrativa es una estructura rudimentaria, tan rudimentaria como un riñón.

The Paris Review
Otoño 1976, No. 67
Entrevistada realizada por Anne Grant
Traducción de Martín Abadía





miércoles, 2 de noviembre de 2011

Casa de citas / John Cheever / El ego de los escritores



John Cheever
EL EGO DE LOS ESCRITORES


El ego de los escritores

Creo que en los escritores hay una tendencia intensa al egocentrismo. Los buenos escritores a menudo son excelentes en cientos de cosas, pero la escritura propicia que el ego se amplíe sobremanera. Mi querido amigo Yevtushenko tiene, considero, un ego que puede reventar un cristal a veinte pies de distancia; pero conozco algún que otro banquero fraudulento que puede hacerlo mucho mejor.

The Paris Review
Otoño 1976, No. 67
Entrevistada realizada por Anne Grant
Traducción de Martín Abadía