Mostrando entradas con la etiqueta Diario 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario 2013. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2015

Triunfo Arciniegas / Diario / El amor es un juego perdido

Amy Winehouse
Ilustración de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
EL AMOR ES UN JUEGO PERDIDO
1 de agosto de 2015

“Over futile odds
And laughed at by the gods
And now the final frame
Love is a losing game”


Alguien que escribe así es un poeta. Se trata de la última estrofa de “Love is a losing game” (El amor es un juego perdido), de Amy Winehouse. Se han dicho maravillas de su voz, pero muy pocas cosas de su enorme talento como compositora. Recuerden que Amy Winehouse ha sido materia de estudio en Cambridge. Una pobre traducción de estas cuatro líneas sería:

Sobre las vanas probabilidades
Y la burla de los dioses
Ahora en el cuadro final
El amor es un juego peligroso

Pero escuchen la canción. Sientan cómo la pequeña muchacha de Camden Town canta estas líneas. Por favor, pulsen el enlace.






jueves, 7 de agosto de 2014

Triunfo Arciniegas / Diario / Los amigos, regalo de los dioses

De derecha a izquierda: Maité Duatant, Álvaro Sánchez, María Fernanda Paz Castillo, Ahimnsa Martínez,
Juan Pablo Mojica, Fanuel Hanan Díaz, Beatriz Helena Robledo y Triunfo Arciniegas.
Fotografía de Alejandra Arciniegas


Triunfo Arciniegas
Los amigos, regalo de los dioses
Bogotá, 6 de agosto de 2014

No hay duda, por duros que sean los tiempos y aunque las circunstancias parezcan difíciles y hasta imposibles, la vida tiene sus momentos bellos. Una noche con los amigos, con gente que se quiere, en casa de Mafe, no tiene precio. No hay monedas suficientes para pagar tal regocijo. Delicioso vino y exquisita comida (Fanuel es un maravilloso cocinero extraviado en la crítica literaria), y una conversación como para chuparse los dedos. Qué curioso: cuatro colombianos y cuatro venezolanos. Cuatro extranjeros que ojalá en Bogotá se sientan como en casa. En este caso, mejor que en su propia casa, asaltada en estos tiempos por el infeliz y estúpido gobierno de Nicolás Maduro. Dos alegres y alborotadas venezolanas (Ahimsa y Mafe) casadas con colombianos muy sosegados y buenos como el pan (Juan Pablo y Álvaro). En el amor no hay fronteras ni visas, ninguna de las idioteces que establecen los políticos, no hay guerras por límites y todo contrabando es válido. No entiendo esta parte final de la frase pero suena bien. Tal vez quiero decir que no hay un río que señale que de esta parte para acá es mi territorio, y que al otro lado del río todo es ajeno.



viernes, 20 de diciembre de 2013

Diario / Besos





Triunfo Arciniegas
Besos
20 de diciembre de 2013

¿Por qué me emociona este video? Porque mientras otros van por la vida matando gente, robando, acumulando riqueza sin respeto de nadie, haciendo trampas y aprovechándose de los demás, o apoyando de manera estúpida a un político que no vale la pena (perdón por el pleonasmo) o simplemente haciendo lo que hace todo el mundo, idiotizados por la publicidad y la moda, a estos dos muchachos de Estocolmo se le ocurre la idea de besar a cien mujeres. Y no le va mal. Según se aprecia en el video, la idea gusta (y su ejecución). Con qué alegría, con qué entusiasmo los besan estas bellas mujeres. La envidiable idea se les ocurrió a ellos, y es toda una celebración de la vida. Parodiando a Shakespeare, "mi vida por un beso".








miércoles, 18 de diciembre de 2013

Diario / Lectora en el metro


Lectora en el metro
Estación Copilco, México DF
15 de diciembre de 2013
Foto de Triunfo Arciniegas 


Triunfo Arciniegas
Lectora en el metro
Ciudad de México, 15 de diciembre de 2013


Salí temprano con el propósito de ver la exposición de Louise Bourgeois en el Palacio de Bellas Artes y tomé el metro en la estación de Copilco. Tan pronto subí al tren vi a esta mujer, recién peinada y muy elegante, pequeña, con abrigo y unos zapatones de bibliotecaria antigua, absolutamente concentrada en la diminuta letra de su libro, una edición en tapa dura de por lo menos cien años. No levantó la vista un solo momento. Leyó todo el trayecto. Con la intención de pedirle permiso para hacer una foto, le pregunté a la muchacha sentada a su lado si era su abuela y dijo que no. Dudé mucho pero al fin saqué la cámara y en dos segundos le hice tres tomas. Seguí contemplándola, de pie, a menos de un metro de distancia, fascinado por su concentración, por su sosiego, por la luz que la rodeaba. Ni siquiera levantó su cara al cambiar de página. De pronto sacó de su bolso de mano una bolsita de plástico y envolvió el libro con cuidado y elegancia, como el más querido de sus tesoros, y lo guardó en su bolso. En el metro de México no hay una voz que anuncie las paradas. ¿Entonces cómo supo esta dulce mujer que había llegado a su destino si en ningún momento observó los letreros de las estaciones? Se levantó con sus ochenta y pico de años y descendió del tren. Quedé absolutamente maravillado.









viernes, 13 de diciembre de 2013

Diario / Chavistas


Triunfo Arciniegas
Chavistas
Ciudad de México, 13 de diciembre de 2013

Las políticas chavistas no funcionaron en Venezuela. ¿Cómo es posible que la gente de un país tan rico viva de manera tan miserable? Me atengo a los hechos, a las noticias, a las conversaciones con gente que sale de Venezuela, a mis propias visitas al país hermano. Hasta parecen cubanos estos venezolanos que tienen la oportunidad de salir del país. Uno los ve comprando cositas porque en su país no se consiguen o saltándose una comida porque cinco o diez dólares es mucho dinero para ellos. ¿Llenarán sus maletas de harina, de jabón, de papel higiénico, bienes escasos en su país? 

No se trata de que uno sea de izquierda o de derecha, que sea oligarca o fascista. Esas frases se las puede inventar cualquiera. Al fin y al cabo, los insultos son fáciles de armar. Pero lo que no se inventa es la realidad. Y la realidad venezolana es lamentable. Los chavistas, que aprendieron las lecciones totalitarias de los Castro (los comités de vigilancia de la revolución, la propaganda masiva, el absoluto dominio de los medios de comunicación), siguen atornillados al poder.

Creo que lo más necesitan los chavistas, que pretenden el poder absoluto, que amordazan los medios de comunicación, que sabotean e insultan de manera feroz a sus opositores políticos llamándolos "fascistas", es un diccionario, y para su máximo líder, Nicolás Maduro, un libro de gramática. Llevan doce años pretendiendo construir el Socialismo del Siglo XXI o la Revolución Bolivariana y sólo se han convertido en el país más corrupto de América Latina.




jueves, 12 de diciembre de 2013

Triunfo Arciniegas / Diario / Petro, destituido

Hilo rojo

Triunfo Arciniegas
Petro. destituido
Ciudad de México, 11 de diciembre de 2013


Cuando la amistad vale más que un político. Alguien me acaba de eliminar de su lista de amigos porque no aprobé su petición de apoyo a Gustavo Petro, el recién destituido alcalde de Bogotá, un político egocéntrico y autoritario, con un pequeño y mal disimulado Chávez por dentro. Y me eliminó con regocijo, con prepotencia. O no valía gran cosa la amistad. O cosa grave si la política separa a los amigos. 



No defiendo al detestable personaje que destituyó a Petro, el procurador Ordoñez, pero a mí el mismo Petro me inspira temor. Quienes lo defienden deberían averiguar más de su vida íntima y de la forma cómo trata a sus subalternos. Y lo defienden de tal manera que a uno le bastó mi rechazo a la petición para considerarme un mal escritor, como si el asunto fuese literario, y otro, amparado en un seudónimo, me censuró que publicara pornografía, como si las mujeres desnudas fuesen parte de un argumento político o lo estuviese obligando a verlas. Este individuo confunde pornografía y erotismo y, con su censura, se comporta como el mismo detestable procurador. Otro señor o señora, porque resulta difícil determinar el sexo de un seudónimo, escribió: "Lo único que me faltaba para cancelarlo". 



Estos señores defienden una democracia o una pluralidad que no practican en casa. Estoy seguro que si apoyara su petición hasta sería un buen escritor y mis blogs unas maravillas. En fin, se terminan en Facebook amistades que nunca solicité o, viéndolo de otra manera, se purifica mi lista de fantasmas.

No lo lamento, pero me preocupa. Me preocupa que la agitación crezca y terminemos agarrados como perros y gatos por este señor. Pobre e ilusa gente. En política sólo le va bien a los políticos.



Biografía de Triunfo Arciniegas




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Diario / Cenizas

Hojas de hotel
Guadalajara, México, 2013
Foto de Triunfo Arcinieas

Triunfo Arciniegas
Cenizas
Ciudad de México, 10 de diciembre de 2013

Una mujer que no me cayó muy bien, una fotógrafa para quien no quise posar, venía conmigo en el vuelo de Guadalajara a Ciudad de México. La vi en el aeropuerto, lenta y despeinada, toda de negro, camino a la banda de equipaje, y pensé que si el avión se hubiera caído habríamos muertos juntos y tal vez, en el caos de una catástrofe a novecientos kilómetros por hora, nuestras cenizas hubieran quedado confundidas hasta la eternidad.


Lea, además
Biografía de Triunfo Arciniegas




martes, 10 de diciembre de 2013

Diario / Tacos

Mujer
Lagunilla, Estado de México, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
Tacos
Guadalajara, Jalisco, 9 de diciembre de 2013

Se llama Vicenzo y vende tacos desde hace cuarenta años en la avenida Mariano Otero, cerca la Expo. Vine tres o cuatro veces a saborear sus deliciosos tacos, y todas las veces tuve que hacerle la cacería: no tiene un punto fijo. "Pasen a almorzar", dice. Y ese almuerzo es una merienda que va entre el desayuno y la comida. Pero la comida no es en la noche sino como a las tres de la tarde. El Colombia casi nadie come a esa hora. En México, para resumir el asunto, comen a toda hora. Porque, aparte de las comidas mencionadas, queda la cena, en la noche. Con razón México es uno de los países con más sobrepeso del mundo. Con más gordos. Chaparros y gordos. Aunque en Guadalajara la gente es alta, blanca, muy bonita, y con unos ojos de ensueño que hacen escurrir la baba a los fuereños. Parece otro país.

Pero no quería hablar de las comidas ni de la gente tapatía sino de Vicenzo, que se levanta antes de las seis a preparar los tacos. Él y su mujer terminan la tarea antes de las nueve y entonces el hombre viene con su carreta y se ubica en algún punto de la avenida y, si tiene suerte, a la una de la tarde ya ha vendido todo. A veces su hija le hace de cajera.

Me cuenta que bebió más de veinte años pero que lleva veintitrés sin probar una gota de alcohol. Me cuenta que traía su botella y que pasaba los tacos con tequila. Me cuenta que trabajó en una fábrica y que lo botaron por borracho.

Esta furioso esta mañana. Encabronado. Le acaban de robar cuatrocientos pesos. Un taco vale cinco y una comida corriente, en un restaurante popular, más o menos cuarenta pesos. Un tipo se hizo cerca de la bolsa de las monedas y se largó con ella. "Me chingó", dice, pero en su voz no hay dolor sino coraje. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Diario / Egos





Triunfo Arciniegas
Egos
Guadalajara, 7 de diciembre de 2013

En una mesa redonda de la Feria del Libro de Guadalajara, una mesa de escritores argentinos, uno de ellos invitó a leer las novelas del más hermoso y apuesto, y se refería a él mismo, según aclaró de inmediato. 



sábado, 7 de diciembre de 2013

Diario / Infected Mushroom

Infecte Mushroom
FIL, Guadalajara, México, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
Infected Mushroom
Guadalajara, Jalisco, 7 de diciembre de 2013

Heredero de Pink Floyd y Metallica, Infected Mushroom enloqueció esta noche a Guadalajara en el foro FIL, que rebosó, que se quedó pequeño para tanta gente. Ahora, después de los conciertos de esta semana, ya no se siente ese sabor israelí, ese milenario lamento. Es una música de todas partes, de los jóvenes que ahora reinan en el mundo. Es una euforia total, algo monótona para los oídos antiguos. Hice la fila después de todo un día de feria, soporté la avalancha, la "metálica" fuerza de la avalancha, hasta alcanzar la entrada y avancé por un foro absolutamente repleto. Me ubiqué cerca de la salida. Pensaba que abandonaría el concierto antes del final y de paso me evitaría el tumulto, pero creo que solo me perdí el último o los dos últimos temas. No es lo mío, esta música tan dura y estruendosa, pero traté de entender. Un maravilloso concierto, Infected Mushroom sabe lo que hace, se conecta con su público universal. Me emociona este entusiasmo masivo, este delirio colectivo y, de hecho, daría cualquier cosa por perderme en la música y navegar estas aguas turbulentas.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Diario / Jimmy Liao en Guadalajara

Jimmy Liao
Guadalajara, México, 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
Jimmy Liao en Guadalajara
Guadalajara, Jalisco, 2 de diciembre de 2013

Una tarde con Jimmy Liao, el ilustrador asiático más conocido y reconocido del momento, como afirman las solapas de sus libros, y de eso no hay duda, es un regalo de los dioses. Pero, además de ilustre ilustrador, Jimmy Liao es todo un escritor. Un escritor de peso completo. Y para comprobarlo basta abrir Hermosa soledad, uno de los libros más bellos, poéticos y profundos que he encontrado en mi oficio de lector.

Jimmy Liao nació en Taipéi, Taiwán, en 1958. Licenciado en Bellas Artes. Sólo a los cuarenta años y después de superar la leucemia, decidió abandonar la publicidad y dedicarse de tiempo completo a dibujar y escribir sus propias historias. Hasta el momento ha publicado cuarenta títulos, traducidos al inglés, alemán, francés, japonés, coreano y español, entre otras lenguas. En español se encarga de su obra la exquisita editorial Barbara Fiore.

De su lejano país vino a la feria más importante de Latinoamérica y expuso su vida y milagros en Filustra, el salón de ilustradores de la Feria del Libro de Guadalajara. No me había inscrito pero pude entrar gracias a una escarapela de SM, una de las editoriales donde publico. No tenía la imagen de Jimmy Liao en mi mente y estuve fotografiando sin descanso a un chino muy elegante, hasta que "me cayó el veinte", como dicen en México. Jimmy Liao se presentó en un inglés rudimentario y el resto del tiempo, luego de disculparse, de moverse y de reír como un niño, habló en su lengua. Temo que la traducción al español fue muy elemental. En una pantalla iban pasando las ilustraciones mientras Jimmy Liao contaba el origen de su oficio, la evolución de su arte, su enfermedad. Mencionó una y otra vez su larga y penosa enfermedad. Su soledad. Como todos los sobrevivientes, es un agradecido con la vida. Su obra inicia en blanco y negro, su grandioso libro, Hermosa soledad, es en blanco y negro. El color entra poco a poco y se hace dueño y señor de su obra. El color es su nueva mirada.

Tomé fotos como loco, malas fotos. Quería el testimonio visual del momento, la prueba de que estuve ahí y no me lo inventé.

Tuvimos el placer de ver en un corto de diez minutos, El pez que sonreía, la historia de un hombre solitario que descubre un pez que le sonríe desde un acuario y termina llevándoselo a casa. Qué historia más bella y más conmovedora. La vida del hombre es el pez hasta que comprende que el encierro y la soledad del mismo pez y decide liberarlo en el mar. Entonces Jimmy Liao es otro, alguien que ha dejado su propia soledad y contempla al prójimo de manera amorosa. Trazos ágiles y colores vivos que apenas son manchas, con amplios márgenes y espacios en blanco, hacen de El pez que sonreía, un libro memorable.

Con tres amigas venezolanos que tampoco se habían inscrito y como adolescentes que persiguen una estrella del rock, fuimos a un estand para que nos firmara los libros y para tomarnos fotos, por supuesto. Es muy posible que sea la única vez que veamos en carne y hueso a Jimmy Liao. Seguiremos leyéndolo, por supuesto, compraremos sus libros a medida que se traduzcan y esperaremos con ansia sus nuevos títulos, pero hay muy pocas esperanzas de otra tarde con Jimmy Liao. Que los dioses lo protejan. Le di El niño gato, uno de mis últimos libros, y en un inglés tan básico como el suyo le expresé mi cariño y mi admiración. No entiende mi idioma pero tal vez alguien le lea o le cuenta sobre este niño gato. Tal vez no rebose su equipaje y mi niño gato tenga un lugar en su biblioteca. Sus libros, en la mía, ocupan un espacio privilegiado, cada vez más amplio, cada vez más sólido y caluroso. Jimmy Liao es uno de los grandes.



Lea, además



martes, 3 de diciembre de 2013

Diario / Una penosa experiencia en Guadalajara

El Parque de las Estrellas con sombra de fotógrafo
Guadalajara, México, 30 de noviembre de 2013
Foto de Triunfo Arciniegas



Triunfo Arciniegas
Una penosa experiencia en Guadalajara
Guadalajara, Jalisco, 2 de diciembre de 2013


Dejé el apartamento de la calzada Lázaro Cárdenas y me vine a un hotel. ¿Qué hacía en un apartamento para mí solo? No estoy en luna de miel ni haré ninguna fiesta ni voy a cocinar. Así que me vine de la calzada de Lázaro Cárdenas esta mañana y ahora estoy a escasos cincuenta metros de la Expo. Puedo quedarme por la noche a todos los conciertos. Antes se me hacía demasiado tarde para volver a pie por ciertas calles solitarias y no muy iluminadas. Y en las ferias de otros años me perdía esta dicha porque los autobuses ya no circulaban para el cierre de los conciertos y para volver a mi hotel del centro tendría que tomar un taxi carísimo. Los taxistas, y todo mundo, saben que uno no es mexicano apenas abre la boca, y aprovechan. Son nueve conciertos. Apenas van tres. El país invitado de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este año es Israel. De su música poco o nada sé. Cada noche es un azar. La primera noche estuvo bien: música y maravillosas coreografias. Luces precisas, fascinantes. Un bello espectáculo. La segunda noche me aburrí y me dolía el estómago. Abandoné el concierto a la mitad. Pero no significa que Nao no sea una cantante extraordinaria ni que su espectáculo no valga la pena. No es lo mío y nada más. La tercera noche no fue precisamente un concierto sino un espectáculo de danzas judías. Y las danzas tampoco son lo mío. Vi una parte y vine al hotel.

Pero resulté en este hotel no solo porque está a la mano sino porque la experiencia del apartamento fue espantosa: no había agua caliente, no había internet, no había señal de televisión, no había una miserable cobija. Y tampoco me esperaron el viernes. Era medianoche y yo estaba en la calle con el equipaje. Tuve que pasar dos horas en la puerta de un garaje. No quise irme a buscar un hotel arrastrando un pesado equipaje para no exponerme a los ladrones, pero me horrorizaba esperar el amanecer unas cuatro o cinco horas. 

Después de Día de Muertos, una experiencia plácida y normal en México, alquilar este apartamento en Guadalajara fue un suceso fantasmal. Primero se llama a un número de Guadalajara, y en México se marca de una manera si uno está en la ciudad del destinatario y de otra manera desde otra ciudad. Se marca de una manera si es desde un teléfono fijo y de otra si es desde un celular. Y todo eso sin contar con los códigos de las regiones. Y el teléfono es México es caro. Maldigo a Slim cada vez que hago por mi cuenta una llamada en México. Con razón es el tipo más rico del mundo: tiene a todos los mexicanos colaborando con su inmensa fortuna. ¿Se irá el tipo al más allá con todo? ¿En qué cajón cabe tanto dinero? El tipo es un acaparador.

Una vez que se tiene la fortuna de que alguien conteste, uno lamenta que le toque conversar con una persona de tan pocas luces. No es que uno sea una lumbrera pero alguna lógica domina. Esta persona, que llamé más veces que a una novia o que a un hijo, está muy cerca de la idiotez. Me mandó a ver unos apartamentos en una página. Los vi y volví a llamar. Resultó que esas no eran las tarifas: solo se trata de un gancho. Resultó que solo quedaban tres apartamentos porque la Feria del Libro rebosa todo. Y es verdad: no hay una sola habitación disponible en los numerosos hoteles que rodean la Expo. Hay que regresar a la página y volver a llamar. La mujer no ha precisado precios y en la página de estos nuevos apartamentos tampoco figuran. Resulté eligiendo según el precio, 47o pesos mexicanos por noche, pero no sé cuál es mi apartamento. Ahora debo pagar y dar aviso en un correo electrónico. Me recorro el centro de Ciudad de México buscando un Banorte y, para mi asombro, la empleada a quien le pido que me oriente no sabe qué es una consignación. "Una qué", exclama con cara de excremento, apoltronada detrás de su escritorio. Y entonces le explico que se trata de lo que uno más hace en un banco: darle dinero. Al fin poco a poco su entendimiento se abre y precisa: "un depósito". La señora se queda murmurando "consignación, consignación" mientras me alejo: me volteó y le digo: "Está en el diccionario". No es mi culpa que su vocabulario sea tan limitado. En México no se consigna, "se deposita". Parece que aquí consignan solamente a la gente (en la cárcel o en la estación de policía, por ejemplo, y a los coches (cuando quieren venderlos porque ya consiguieron un modelo más reciente). Aquí hay coches, no carros. Aquí hay camiones, no autobuses. Después de doce años de venir a México, todavía no domino su idioma. 

No hay que rellenar un formulario o un recibo. El cliente va directamente a la ventanilla y comunica al cajero el número de cuenta del destinatario. Entrega el dinero y recibe una especie de tira, como si acabara de hacer una compra en el supermercado. 

Volví a internet y escribí a los fantasmas de Gaudalajara que había consignado 1.470 pesos por tres noches de alojamiento. No quise pagar una semana como allí pretendían porque no en ese momento no sabía que tanto se parecía el apartamento a las fotos, qué tan lejos o cerca estaba de la feria, o si tendría la suerte de encontrar un mejor sitio. Además, el cuento de un precio más económico si se toma el apartamento por una semana o un mes es precisamente un cuento. En la publicidad hablan de un apartamento de un alcoba por mil novecientos pesos por una semana de alojamiento, de dos recámaras por dos mil novecientos y de tres por por cuatro mil cuatro cientos. Y yo pagué 47o por un apartamento de una sola alcoba. Por tres noches me cobraron la tarifa de una semana.

Los fantasmas no me respondieron por internet. Me pregunté si se habría perdido esa platica. Al día siguiente fotografié por ambas caras esa especie de recibo que da el banco (no viajo con escaner, por supuesto) y anexé las fotos a un nuevo correo. Pero tampoco respondieron.

Volvi a llamar y a maldecir a Slim, y me respondieron: "Déjame, voy a checar". Aquí no verifican: checan. Dos o tres días después la mujer de la casa de los fantasmas no tenía la información de mi "depósito". ¿Resultado? Tuve que volver a llamar. Y la mujer me dejó esperando. Y tuve que colgar. Volví a llamar y entonces la mujer me preguntó si se me había cortado la llamada. Tuve ganas de responderle que solo estaba colaborando con Slim, pero no lo hubiera entendido.

A estas horas de la vida todavía no tenía la dirección del apartamento ni sabía quién iba a esperarme. El milagro ocurrió al fin: calzada de Lázaro Cardenas 2980. Y me dieron el celular de una tal Conni. Y eso fue todo. 

Llamé a la tal Conni de una y otra manera, marcando con 01, con 044 y con 045, y combinando de una y otra manera. Alguna veces una contestadora me decía: "El número que usted acaba de marcar no existe". En otras, solo me ignoraba la muy maldita. En fin, porque los dioses se hastían de tantas pruebas, di con el número: me envió a buzón. Dejé mensaje. Voy el vuelo de tal aerolínea a tal hora y llego a la 8:1o de la noche. Por favor, espérenme a las nueve. Resulta que el vuelo se retrasó. Llamé desde el aeropuerto y otra vez el maldito buzón. Expliqué el retraso y pedí que me esperaran a las diez. 

Para abreviar este cuento tan largo, no había nadie ni a las diez ni a las once ni a las doce. Estaba como la cenicienta, transformado en una miseria y con el equipaje en la puerta de un garaje. No le contestaron ni al mismo taxista que me trajo del aeropuerto, y me dio pena que me esperara todavía más. Ahí me quedé, sin taxi y sin esperanza, en la profunda noche. No podía moverme con ese equipaje y a esa hora. Un vecino se conmovió y me habló por una ventana: "Llame a este número, que funciona las veinticuatro horas". Anoté el número y le pregunté dónde había un teléfono público. "¿No tiene celular?" El hombre hizo la caridad de llamar y me contó que vendrían en diez minutos. ¿Por qué los fantasmas no me dieron ese número? 

No fueron diez ni veinte ni treinta. Fue una eternidad. Más o menos a la una de la mañana llegó Conni ("¿Por qué no llamó, por qué no avisó?" tuvo el descaro de preguntar) y el señor del nuevo número, firmé un documento, entregué mil novecientos pesos como garantía (por si hago un daño, por si me robo algo) y me dieron las llaves. 

No pude dormir. Estaba muerto de cansancio pero también de frío. No había una miserable cobija. Encendí el televisor: no había señal. Quise conectarme a internet y tampoco funcionó. Menos mal que no se me ocurrió bañarme: no había agua caliente. Me bañé al otro día: una experiencia fugaz, valga la aclaración. 

Antes de visitar la Expo busqué hotel en los alrededores. Ni una sola habitación. Quise hacer una reserva, y tampoco. En uno de los hoteles más cercanos me dijeron que vinieran el mismo día que iba a tomar la habitación a ver si tenía suerte. Pasé tres veces y al fin me dieron una habitación con dos camas, la única disponible, y me traje el equipaje y localicé la casa de los fantasmas y fue muy difícil hacerle entender a al mujer que me iba, que necesitaba entregarles el apartamento y que me regresaran el depósito. Esta diligencia fue tan kafkiana, tan estúpida, y ya estoy tan hastiado de rememorar la experiencia que solo quiero señalar un detalle: me cobraron el aseo. ¿Cómo es posible que no estuviese incluido el precio? ¿Y por qué no me lo dijeron antes? "¿No leyó el contrato?" ¿A la una de la mañana y después de todas esas horas espera? Solo quería dormir, solo quería un refugio, y en ese momento a nadie se le ocurre revisar la letra chiquita de un contrato. Total, me descontaron del depósito la suma de doscientos cincuenta pesos. Un libro menos, pensé. Ya no supe si maldecir o reír cuando la mujer a quien entregué el apartamento, la misma que ignoraba que el apartamento había sido alquilado el fin de semana, me dijo: "Lástima que no siga con nosotros".


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Diario / El día del fotógrafo

Last stop
Santa Monica, LA, 18 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
El día del fotógrafo
Los Ángeles, California, 20 de noviembre de 2013

Después de una larga semana de búsqueda en Los Angeles, compré mi supercámara. No sobra añadir que me costó un ojo de la cara. Para llegar a la tienda en Santa Mónica, necesité dos trenes y dos autobuses. Y de regreso, nada más dos autobuses. Sin contar el primer viaje.

Resulta que en internet encontré la dirección de una tienda: 2250 West Pico Boulevard. Averigüé la manera de llegar y me puse en marcha. Tomé el metro en Highland Station hasta 7th St., y desde allí continué en el metro que va a Long Beach, la línea azul. Me bajé en Pico Station y pregunté a una pareja dónde quedaba la bendita Pico Boulevard. Estaba apenas a unos pasos, pero la dirección que necesitaba si estaba muy lejos. Me encontraba a la altura de 600 y debía llegar a 2250. Tomé un autobús con la misma tarjeta del metro y me bajé casi al frente de la tienda. Pero no era una tienda de cámaras sino de comida, maldita sea. Para corroborar le enseñé la dirección al mismo hombre de la tienda y dijo que eso era antes. No lo vi muy seguro. Le pregunté dónde podía comprar una cámara y me aconsejó que fuera a Santa Mónica. No me precisó una dirección. Suele suceder. Caminé por Pico Boulevard mientras pensaba. Entonces llegué a Vermont Avenue (o era Belmont) y seguí caminando. Llegué a la Korean Downtown, cuyos restaurantes debería probar uno por uno, tomé algunas fotos y seguí caminando. En Wilshire, que conocí el otro día y no me gustó, tomé el metro hasta Highland Station. 

Volví al hotel y consulté en internet por otras tiendas. Vi dos direcciones: 10865 Pico Boulevard y 11301 West Pico Boulevard. Había una ruta menos larga pero muy complicada, y estaba la que acababa de hacer. Eso hice: volví a Higland Station, 7th Street y Pico. Otra vez el burro al trigo. Volví a tomar el autobus en Pico Boulevard hasta que se acabó el recorrido. Seguí a pie mientras me alcanzaba otro autobús: quedaba mucho trecho. Pagué un dolar porque ya no admitían mi tarjeta y decidí probar suerte en la dirección más lejana. Si no encontraba la cámara, de regreso probaría en 10865. Tuve suerte. Compré la cámara, con dos lentes (18/135 y 55/250), tarjeta de 32 GB, dos baterías y un morral absolutamente precioso. Todo por un ojo de la cara. Por ambos, digamos.

Ya era de noche cuando salí de la tienda. Corrección: era de noche cuando llegué a la tienda. Tenía que caminar hasta un paradero, y ahora con dos cámara, mi antigua Canon Rebel T3 y mi nueva Canon. En vez de regresar al último paradero porque había un terreno muy despoblado que no quise repetir, seguí hacia el norte en busca de otro. Los paraderos están muy separados en Los Angeles y los autobuses se demoran una eternidad. Las distancias son una barbaridad. Un auto propio se vuelve imprescindible para no perder tanto tiempo. Empiezo a entender ese cuento de que el tiempo es oro. En Los Angeles no me acuesto una hora a hacer mi terapia, con hielo a la mano. Prescindo del hielo y hago mis ejercicios mientras camino o en el autobus o en el metro. La gente que me ve hacer tantos gestos creerá que estoy loco, pero se trata de gente que no me volveré a cruzar en la vida. Ya no me veo tan torcido en las fotos.

Un siglo después llegué a un paradero y tomé un autobús hasta La Brea, donde tuve que esperar casi una hora. Pensé que se trataba de un paradero fuera de servicio. Ya estaba dispuesto a caminar hasta Hollywood (imaginó que un par de horas), cuando apareció el bienaventurado autobús que me dejó en Highland. Comí unas pastas con pollo antes de venir al hotel. Un hombre que me estaba mirando se admiró de mi manera de comer. Siempre lo hago así, a toda velocidad, como un arriero, antes de que se vayan las bestias. "Incredible", exclamó. Su mujer añadió algo que no entendí. Les di las buenas noches y salí del restaurante.  

martes, 19 de noviembre de 2013

Diario / Hoteles de Hollywood

Las manos de Marilyn Monroe
Chinese Theatre, Hollywood, LA
18 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
Hoteles de Hollywood
Los Ángeles, California, 19 de noviembre de 2013

Desde Hace dos días estoy en mi tercer hotel, que es una maravilla, el mejor de todos, en Orchid Avenue, entre Hollywood Blvd y Franklin Ave, detrás del Chinese Theatre, “in the heart of Hollywood”. La habitación es inmensa, con sala de recibo, lámparas, closet, televisor gigante, espejos, teléfono, aire acondicionado. Y un cuarto de cocina con microondas y nevera y platos y tazas y cubiertos y lavaplatos, ¡y comedor! Y otra salita (salita por cariño pero no por tamaño) para el equipaje y la tina y el baño, además de jabones, shampoo, toallas y toallitas y hasta una secadora de cabello. Y plancha y mesa. La cama es para cuatro, así que se requieren tres mujeres con urgencia. Nunca había estado en una habitación de hotel con tanto espacio. Hasta se podría organizar un baile. Además, el desayuno es espectacular. En mi próximo viaje volveré a este hotel. Porque voy a volver pronto. Ya le agarré el tiro.

El primero, The Hollywood Hotel, no estaba nada mal. Muy bien ubicado: 7364 Yucca St. Muy elegante. Con el encanto y la leyenda de sus huéspedes, James Dean y Marilyn Monroe. Me fui porque cuando iba a pagar la tercera noche ya le habían reservado la habitación a otra persona. Además, venía con la intención de probar varios hoteles. Una intención que ya no me tienta tanto porque casi se pierde un día en cada cambio: búsqueda, reserva, traslado. El segundo hotel fue una emergencia: 6700 Boulevard St. Envidiable ubicación: farmacias, tiendas y restaurantes a la mano, y a dos cuadras de Hollywood Boulevard. El recepcionista, un árabe joven y amable, resolvió todas mis inquietudes. La habitación, muy cómoda e independiente, con vista a la calle y doble acceso y una máquina de Coca-Cola a cinco pasos. 

Este tercer hotel ya estaba escrito en mi vida. Lo encontré por internet pero no pude concretar la reserva. Así que vine a pie y resulta que me ganaron por unos minutos: acababa de entregar la última habitación disponible a una pareja. Eso fue hace unos cinco días. Volví el sábado y reservé para el domingo en adelante. Aquí me quedo. Y como dijo el insigne filósofo austriaco Arnold Schwarzenegger, "volveré".

La oferta de hoteles es infinita en Los Angeles y van desde unos cien dólares hasta tres mil o más dólares por noche. No tengo a la mano el dato de cuantos millones de turistas llegan cada año, pero en Hollywood Boulevard es fácil reconocerlos porque van mirando el piso, como si hubieran extraviado una moneda, y casi siempre fotografiando las estrellas. Imagino que cada uno busca los nombres más cercanos a sus sueños y afectos. En Nueva York, concretamente en Times Square, uno reconoce a los turistas porque van con el pescuezo estirado, fascinados por el espectáculo de las luces y los avisos. Así uno reconoce a los recién llegados, porque días después ya se mueven como todos los otros, sin deslumbrarse por los avisos del cielo en Times Square o las estrellas en el piso en el Paseo de la Fama.