martes, 16 de julio de 2019

Casa de citas / Sam Esmail / Mr. Robot II



Sam Smail
MR. ROBOT II

I
Puede que las guerras no se ganen. Puede que simplemente continúen en el tiempo.

II
Solo se suponía que iba a ser tu profeta, y se suponía que tú serías mi dios. 

III
El control a veces puede ser una ilusión. Pero a veces necesitas la ilusión para obtener el control.

lunes, 15 de julio de 2019

Casa de citas / Federico García Lorca / Sus pechos dormidos



Federico García Lorca
BIOGRAFÍA
SUS PECHOS DORMIDOS

En las últimas esquinas
toque sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.



Leonor Fini

Já nas últimas esquinas
Toquei seus peitos dormidos,
Que de pronto se me abriram
Como ramos de jacinto.


Federico García Lorca / A casada infiel




In the farthest street corners
I touched her sleeping breasts
and they opened to me suddenly
like spikes of hyacinth.


Federico García Lorca / The Faithless Wife




Au coin des dernières enceintes
Je touchai ses seins endormis
Sa poitrine pour moi s'ouvrit
Comme des branches de jacinthes




domingo, 14 de julio de 2019

Francisco Vega Díaz / Muerto cayó Federico




Federico en Andalucia
Ilustración de SCIAMMARELLA.

"Muerto cayó Federico"


Un testigo presencial relata una versión inédita del asesinato del poeta


Francisco Vega Díaz
19 de agosto de 1990



Federico García Lorca gritó y preguntó a sus asesinos, en la madrugada del 19 de agosto de 1939, por qué le trataban de esa manera, y un falangista con bigotillo le arrojó a una fosa y le rompió el cráneo con la culata de un fusil, según recoge en este artículo el eminente cardiólogo y escritor Francisco Vega Díaz. El doctor Vega Díaz cuenta, en el 542 aniversario del asesinato del poeta, uno de los crímenes símbolo de la guerra de España, el relato que le hizo en su día su chófer, llamado Héctor, que se había visto obligado a conducir el vehículo en el que fue conducido García Lorca junto a un hombre canoso y cojo. Hasta el momento, Vega Díaz no había divulgado este testimonio.


Siendo yo director de hospitales del ejército republicano de Andalucía, con sede en Baza (Granada), a las órdenes del coronel Adolfo Prada, la Jefatura de Transportes puso a mis órdenes, como conductor de automóvil, a un joven de 25 a 30 años que acababa de ser puesto en libertad por el SIM, tras haber estado unos meses detenido por indocumentado y fugado de Granada (1937). Se llamaba Héctor, pero no recuerdo sus apellidos; me queda, no obstante, una ligera impresión en la memoria de que debía de tener familiares o amigos en Huercal-Overa, porque, cada vez que íbamos al hospitalillo allí instalado, me pedía autorización para ir a almorzar con sus afines. Eficaz y leal, pronto fraternizamos lo suficiente para que, a los dos o tres meses de estar conmigo, y mientras almorzábamos juntos en Linares, me relatara, en un rasgo de sinceridad, nada más y nada menos que haber sido testigo presencial del asesinato de Federico García Lorca.Voy a reproducir su relato con tres advertencias previas. Primera, que por no haber tomado notas de lo sucedido, a mis 83 años he olvidado muchos datos (fechas concretas, nombres de personas y lugares, etcétera); expongo solamente, sin silenciar nada, lo que en mi memoria perdura como reseñable. Segunda, que en tiempo muy reciente anuncié algo de ello, por carta, a un amigo y conocido biografiador de Lorca, y su dubitativa respuesta me molestó un tanto y adopté la resolución de transcribir yo lo que quería decirle. Tercera, ¿fue absolutamente verídico, en todos sus detalles, cuanto me fue descrito? Yo entonces lo creí, tal era su verosimilitud.
El citado Héctor creo que era hijo de un taxista de Granada, y también ejercía como tal. Su padre y él habían servido muchas veces a los familiares de García Lorca y a éste, a Fernando de los Ríos, a los doctores Otero y Duarte, al socialista Menoyo (creo que ex alcalde de Granada) y hasta a Falla. únicamente cito a aquellos cuyos nombres yo también conocía. Un ilustre médico de aquella capital, cardiólogo ya fallecido, me informó en 1939 que en una parada de taxis, próxima a su casa, había estado aparcando algún tiempo un taxista de pelo blanco al que en los comienzos de la contienda le había desaparecido un hijo, por lo que lo tuvieron en la cárcel unos meses, sospechando que éste se había pasado a la zona roja con su consentimiento.
Héctor me contó que el mismo día de la sublevación fueron requisados y movilizados en Granada todos los taxis y coches de alquiler. Bien avanzada la noche del 18 de agosto de 1936, Héctor, que estaba movilizado y permanecía recostado en un sofá de enea del Gobierno Civil, fue avisado con urgencia para que bajara a hacer un servicio. Así lo hizo. El que dio la orden, y a gritos, fue el propio gobernador; exactamente así lo vio. Se puso al volante del coche y a toda rapidez introdujeron en el mismo a una pareja de esposados, en camisa, con dos falangistas y un guardia civil. En el acto salieron hacia el sitio que le indican Los falangistas subieron al interior del coche con los presos, y el guardia se sentó junto a Héctor, probablemente para vigilar su modo de conducir y marcar la ruta que habrían de seguir; detrás de ellos salió una camioneta en la que iban de ocho a diez personas; y en un tercer automóvil, éste particular de alguien conocido, otras cuatro o seis, dos de ellas toreros de Granada. Héctor no pudo ver las caras de sus conducidos porque, cuando bajó, los presos estaban ya en el coche y porque no veía en el espejo retrovisor por la oscuridad de la noche. Tras algunas paradas en dos grandes edificios, creo que ya en Viznar (uno de ellos una antigua colonia infantil), llegaron al sitio que ya tenían previsto e hicieron bajar a todos con violencia y prisas. Empezaba a clarear muy poco a poco el día. Según Héctor, el que vestía uniforme de la guardia civil era uno de los menos mandones. Ya todos fuera de los coches y alumbrados por linternas, Héctor reconoció con susto y sorpresa haber llevado a Federico García Lorca, esposado con un hombre muy canoso y muy cojo. No se atrevió a saludar "a don Federico" -como él solía llamarlo- por el terrorífico miedo que le entró -era la primera vez que cumplía tal misión-; se hizo el disimulado, pero estuvo a punto de llorar porque imaginaba lo que iba a ocurrir. Durante todo el trayecto, desde Granada, había oído los insultos de unos y las imploraciones y quejas de los otros que iban dentro; el guardia civil no dijo ni pío. Los falangistas llevaban fusiles; el guardia civil, una gran pistola que no usó en ningún momento. Nada más bajarse de los coches empezaron a empujar a los detenidos para que anduvieran con rapidez, hasta que, pocos metros más abajo, llegaron a unas fosas hechas a diferentes niveles del terreno Inclinado, y de distinta profundidad. Héctor se quedó unos pasos atrás y, horrorizado, tuvo que contemplar cómo Federico preguntaba llorando y gritando qué había hecho para que le trataran así, con otras frases reprochantes para algunos de aquellos asesinos a quienes quizá había considerado tiempo antes como amigos. A Federico le dieron un empujón que le hizo caer en el interior de una fosa, arrastrando a su compañero esposado. Se levantó; y cuando estaba ayudando a levantarse a su inválido compañero, dio un grito desgarrador que Héctor no entendió, pero que pudo ser un reproche insultante para los persecutores a juzgar por la reacción del que antes le empujara, un sujeto con bigotín, quien, llamándole a gritos "maricón rojo", bolchevique y otras cosas, blandió el fusil por el cañón y le asestó un terrible culatazo en el cráneo que a Héctor le sonó como si le hubieran roto el hueso. Héctor se volvió espantado hacia otro lado al verlos tirados en el suelo, y los dos falangistas dispararon una larga serie de tiros a Federico, mientras verbalmente y en plena exaltación se cagaban en todo lo cagable, especialmente en la madre del poeta. Encima de los fusilados todavía escupieron repetidas veces. ("Muerto cayó Federico, / sangre en la frente y plomo en las entrañas". Ni que lo hubiera visto don Antonio, pues tenía la frente y los ojos envueltos en sangre).
A los demás los fusilaron a continuación por parejas; los toreros fueron los dos siguientes. Héctor oyó algunos vivas a la República y toda una variedad de reacciones personales. Aquella noche mataron de 10 a 12 presos.
Héctor se sintió enfermo, se mareó, estando a punto de desmayarse; vomitó sobre su propia ropa, y le entró una indisposición de vientre que le obligó a retirarse unos metros y hacer su deposición diarreica a la vista de alguno de los matones, cuyo nombre me citó, que se rió de él diciéndole que fuera preparándose, pues ya le llegarían día y hora. Tras aquellas ejecuciones volvieron a los coches, conduciendo Héctor el suyo con enorme nerviosismo, y fueron a una casa próxima (creo que llamada del Arzobispo o algo parecido) donde se bajaron y entraron a tomar unas copas,sin duda para festejar los crímenes. Los dos conductores de los automóviles -no el de la camioneta- se quedaron fuera, y allí Héctor se enteró por su compañero, ya con experiencia de esas noches, de que la fosas eran cavadas durante: el día por otros que acudían por la mañana para enterrar los cadáveres de la noche anterior y construir otras.Viendo que el otro conductor se retiraba unos metros para orinar, Héctor, que conocía bien aquella casa desde mucho tiempo antes, vio una bicicleta apoyada en un cobertizo y, en ella, sin pensarlo dos veces, salió huyendo por detrás de la casa carretera adelante y por caminos diversos que él conocía mejor que nadie, escondiéndose cuantas veces veía acercarse faros de coche o gente; pronto cogió la ruta deseada hacia la zona republicana. El día 20, y después de algunas desviaciones por los campos y montes, llegó a Purullena, pueblo de cuevas próximo a Guadix, donde un gitano, antiguo buen amigo, le tuvo escondido varios días. Pero desgraciadamente las tropas republicanas que: vigilaban la zona le detuvieron por indocumentado, cuando y a los amigos gitanos le habían encontrado una documentación de afiliado a la CNT. Encerrado en la cárcel de Guadix, durante las navidades de 1936, le trasladaron después a Baza para ser juzgado por el SIM, que afortunadamente le dejó en libertad, colaborando en su liberación el jefe del IX Cuerpo de Ejército, señor Menoyo, que le conocía; pero, según Héctor me dijo, no le relató su presencia en el asesinato por si acaso...
Lo hasta aquí relatado es cuanto sé y conozco del caso. Todo lo que después he aprendido sobre la muerte de Federico procede de lecturas, ninguna de las cuales me hizo tanta mella como en su día el relato de Héctor. Comprendo, por otra parte, todas las dudas habidas. Pero puedo informar sobre la construcción de aquellas fosas, porque el dueño del hotel España (situado a dos casas del casino), que bondadosamente me escondió en 1939 hasta que me metieron en prisión, fue uno de los desgraciados que por la mañana, con azadón y pala, echaban tierra encima de los fusilados la noche anterior y construían el que también habría de ser su ulterior eterno refugio. Había sido acusado de masón sin serlo. Me avergüenza no recordar ahora su nombre y apellidos, que durante muchos años conservé con la lógica gratitud en la memoria. En la primavera de 1939 era un hombre de unos 40 años, de talla media tirando a grueso, y con gafas. Su esposa era morena y tenían una hija entonces adolescente. A pesar de su propia experiencia, y de conocer mis antecedentes personales, tuvo la extraña valentía de cobijarme en los días más difíciles de mi vida, en la inmediata posguerra. Ni siquiera sé si el hotel España existe todavía.

No quise dar antes publicidad a ese relato por varios motivos, entre ellos el deseo de no someter a los familiares de Lorca al conocimiento detallado de la monstruosidad del evento; y otro, que yo me comprometí por mi honor, ante el relator, a guardar silencio público, que él mismo rompería cuando lo considerara pertinente.

Sólo cuatro personas tuvimos noticia de esas cosas. Durante la guerra civil, mi ayudante R. Herrera, que oyó parte del relato; el coronel Prada, con quien yo convivía y al que secretamente lo conté por lealtad; y el jefe del SIM, señor Arias (esto último lo doy por supuesto ante su decisión de poner en libertad pronto a un detenido indocumentado procedente y fugado de Granada y testigo de un crimen histórico). Después de la guerra solamente lo conté, hace cerca de un año, a mi buen amigo Luis Rosales, en casa del doctor F. Tejerina. Estoy convencido de que ninguno de ellos lo reveló. Cuando en un viaje de conferencias por América contacté, en La Habana, con R. Herrera, que era secretario de Hemingway, me dijo habérselo contado, pero éste no lo publicó en parte alguna. Quizá sobreviva todavía alguno de los falangistas que lo mataron, que entonces eran jóvenes, para prolongado baldón de su memoria.

¿Qué habrá sido de aquel buen Héctor, que no podía borrar de su memoria lo visto el 18 de agosto de 1936 a pesar de su sucesivo encarcelamiento entre letrinas malolientes, y que, el último día de la guerra en Baza, cuando yo no tenía ya mando alguno y los franquistas campaban por sus respetos en la ocupación del cuartel general y diciendo una misa en la plaza, a las órdenes de un coronel Redondo -creo que de caballería y muy parecido a Alfonso XIII-, tuvo el respetuoso pero tardío gesto de pedirme permiso para escaparse a toda velocidad en una ambulancia hacia Alicante? Todas las conjeturas son posibles.

Más de medio siglo ha transcurrido desde que me hicieron ese relato. Ya en mi vejez lo desembucho públicamente para más completo enjuiciamiento del hiperalevoso crimen. "Que fue en Granada... -¡pobre Granada!-, en su Granada...". Por lo menos me quedará, mientras viva, la satisfacción de no llevarme el secreto al otro mundo.




Jorge Semprún / Federico García Lorca



Jorge Semprún

FEDERICO GARCÍA LORCA


José Méndez
Madrid, 3 de abril de 1990

Las imágenes de la muerte que pudiera tener Federico García Lorca, "la muerte como reflexión en la vida" y la "esterilidad como imagen de la muerte", dieron ocasión a Jorge Semprún para realizar una cierta disgresión sobre la homosexualidad, "de la que es imposible no hablar en Federico, ni dejar de reconocer en algunos de nuestros más grandes poetas"."Es hora de que la homosexualidad se asuma en una sociedad democrática sin rechinar machista de dientes", afirmó, para realizar después diversas ejemplificaciones sociológicas.
Casa de citas
"Recuerdo que en una de nuestras frecuentes conversaciones, Dionisio Ridruejo me contó que, en una cena oficial a la que asistió siendo aún militante de Falange, un general le gritaba a otro desde su mesa: ¡Fulano! ¿Cómo se llamaba aquel maricón que fusilamos en Granada?", explicó Semprún.

La anécdota, con ser terrorífica, dio paso a otra más cercana; un libro publicado en los años setenta por la editorial Anagrama, que contenía entrevistas con líderes políticos de aquellos días. En ellas, leídas literalmente por Semprún, los líderes de la Organización Comunista de España el Partido de los Trabajadores (el de entonces) y algún otro partido de izquierda radical, condenaban sin paliativos la homosexualidad como una perversión, una desviación producto de la sociedad capitalista, e incluso proponían como deseable que se tomaran medidas contra ella.
Pásmense, pareció querer decir Semprún: el mismo Tierno Galván hablaba de "personas que han desviado sus instintos". Semprún concluyó el capítulo de citas increíbles solicitando a su audiencia autorización "para una brizna de demagogia". Se trataba de leer la respuesta dada por Felipe González, "cuando aún era marxista; no se había renunciado aún al marxismo". González hablaba de una forma de sexualidad, de una libre elección. Una respuesta normal sobre algo no es una licencia sólo poética.

sábado, 13 de julio de 2019

Vicente Aleixandre / Luis Cernuda y Federico García Lorca

Federico García Lorca


Vicente Aleixandre
LUIS CERNUDA Y FEDERICO GARCÍA LORCA
En una primera época, hacia 1928, reciente la publicación del Romancero gitano, Cernuda hablaba muy mal de Federico como poeta. El Romancero gitano no le gustaba nada. Solía decir que había en el libro demasiado folklore y que tantos entredoses y estampitas le recordaban una estampa provinciana de la pequeña burguesía más cursi. Era inútil que yo intentara convencerle de los indudables valores y de la novedad del Romancero, que renovaba genialmente el género. Más tarde, cuando se hicieron amigos en Madrid, cambió la cosa. Luis no pudo escapar a la seducción de su fulgurante personalidad, y cuando Federico le presentó a Serafín, el protagonista de Donde habite el olvido, su amistad aumentó, al mismo tiempo que su admiración por el poeta de Granada. Luego, al llegar la guerra y ser fusilado Federico, Luis escribió su emocionante Elegía y algunas páginas hermosas y penetrantes sobre él. Pero las contradicciones continuaron. Al terminar la guerra y crecer la inmensa fama de Federico, en contraste con el injusto olvido en que se le tenía a él en España, ya exiliado en América, Luis reaccionó como él solía. Intentó restar valor a la poesía de Federico, y en su libro Estudios sobre poesía española contemporánea llegó a escribir que el autor del Romancero gitano seguía una línea poética verbosa y retórica que continuaba la que iniciaron Zorrilla, Rueda y Villaespesa, lo que era una tremenda injusticia. Su relación con Juan Ramón fue parecida. Primero lo elogió con entusiasmo en un artículo de la revista Los Cuatro Vientos, que dirigía Jorge Guillén, pero luego, ya en su exilio americano, le atacó con saña, negándole el pan y la sal. Juan Ramón era el mismo poeta. Lo que había cambiado era la actitud de Cernuda hacia él. Lo de su relación con Salinas fue todavía peor. Como sabes, fue Salinas quien le ayudó en sus primeros pasos de poeta, quien aconsejó a Prados y a Altolaguirre que publicaran en la colección de la revista Litoral su primer libro, Perfil del aire, y quien le consiguió el puesto de lector de español en la universidad de Toulouse. Lo curioso es que todo esto lo reconoció Cernuda, pero bastó que Salinas no le escribiera la carta elogiosa que él esperaba sobre Perfil del aire cuando el libro salió, para que borrara toda su gratitud de antes y empezara a tomarle manía. Salinas, siempre generoso, ignoró la actitud enemistosa de Luis, y cuando éste publicó en 1936 La realidad y el deseo no sólo asistió al banquete que le dimos sus amigos, en el que habló Federico, sino que escribió en su revista Indice Literario un artículo entusiasta sobre el libro. Parecía que ese artículo debería curar la antigua herida, pero no fue así. Pasaron años, murió Salinas, y aún el viejo encono empujó a Luis a escribir un poema injusto contra Salinas, quien afortunadamente ya no lo pudo leer. Está en su último libro, Desolación de la quimera. Siempre he pensado que Salinas, cuya muerte tanto sentí, era uno de los poetas del 27 más buenos y generosos. Conmigo lo fue siempre, y basta recordar su delicioso artículo Nueve o diez poetas, en que traza una breve y cariñosa semblanza de cada uno de nosotros.

José Luis Cano / Federico y Cernuda

Casa de citas / Vicente Aleixandre / Federico García Lorca

Federico García Lorca, 1925
Fotografía de Luis Buñuel


Vicente Aleixandre
FEDERICO GARCÍA LORCA

Nuestra amistad creció muy pronto, y sobre todo a partir de 1930. Federico venía mucho por Velintonia, a veces solo, a veces con algún amigo, como Cernuda o Manolo Altolaguirre. Recuerdo que alguna vez vino con un joven escultor, Emilio Aladrén, que después de la guerra haría un busto de José Antonio Primo de Rivera. A Federico le gustaba sentarse al piano y tocar y cantar canciones populares -se sabía miles-, o charlar y reír sin parar. Era una fiesta estar con él. A veces había temporadas en que se eclipsaba misteriosamente, pero volvía siempre, y siempre era el mismo. 

José Luis Cano / Federico y Cernuda







viernes, 12 de julio de 2019

jueves, 11 de julio de 2019

Casa de citas / Sam Esmail / Mr. Robot I




Sam Smail

MR. ROBOT I

I
Cuando te escondes tus delirios vuelven.

II
Solo estás viendo lo que hay delante de ti. No estás viendo lo que hay encima de ti.

III
Dale a un hombre una pistola y atracará un banco, pero dale a un hombre un banco y atracará el mundo.



FICCIONES
Casa de citas / Sam Esmail / Mr. Robot I
Casa de citas / Sam Esmail / Mr. Robot II

DE OTROS MUNDOS
Mr. Robot / La voz de nuestra frustración
Mr. Robot o cómo poner en duda que lo que vemos es real


miércoles, 10 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / The Scent of the Wind


THE SCENT OF THE WIND
by Triunfo Arciniegas

Renowned writer Triunfo Arciniegas creates a poetic universe where the scent of the wind seems to erase generational barriers. The relationship that arises between a child and an old man in a nostalgic scenario awakens the awareness of the resounding passage of time.

Triunfo Arciniegas was nominated for the Hans Christian Andersen Award 2018 and included in the White Ravens catalogue in 2014. Has won several international prizes: IBBY Honor List, 2016 Cuatro Gatos Foundation Award, 2014 The National Prize of Dramaturgy for Children, 1998 The National Prize for Literature of Colcultura, 1993 The Atlantic Comfamiliar Prize, VII Enka Prize for Children's Literature, 1989.





Así será presentado El perfume del viento en noviembre, en Estados Unidos, con las bellísimas ilustraciones de Juan Camilo Mayorga. El diseño de la edición original, que se mantiene en la traducción, es de Camila Cesarino. Y la dirección editorial, de Ximena Godoy.




lunes, 8 de julio de 2019

Casa de citas / Nietzsche / Bach



    Friedrich Wilhelm Nietzsche

    BACH

    Esa semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración. Una persona que -como yo- ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios.





Casa de citas / Brahms / Bach

Hilary Hahn
La chacona BWV 1004



    Johannes Brahms

    BACH

    La chacona BWV 1004 es en mi opinión una de las más maravillosas y misteriosas obras de la historia de la música. Adaptando la técnica a un pequeño instrumento, un hombre describe un completo mundo con los pensamientos más profundos y los sentimientos más poderosos. Si yo pudiese imaginarme a mí mismo escribiendo, o incluso concibiendo tal obra, estoy seguro de que la excitación extrema y la tensión emocional me volverían loco.


    Un estudio de Bach. Allí encontrará todo.




Casa de citas / Cioran / Bach


    Emil Cioran

    BACH

    Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso.