lunes, 23 de septiembre de 2019

Casa de citas / Anton Chéjov / Las obras de arte


Antón Chéjov
Antón Chéjov
LAS OBRAS DE ARTE
Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio.
Las cien mejores series / Una lista 





Guillermo del Toro / Lo que soy




Guillermo del Toro

LO QUE SOY



Soy un señor mayor de 52 años y 135 kilos. Además, no necesito dinero: visto como un vagabundo, conduzco un coche viejísimo, no tengo una isla privada ni un jet privado. Solo gasto dinero en muñequitos. Siempre he hecho las películas que he querido; ahora, en cambio, solo hago las películas que necesito hacer.



domingo, 22 de septiembre de 2019

Benjamín Prado / Poeta en Nueva York






Poeta en Nueva York

Benjamín Prado
4 de noviembre de 1999

El catorce o el quince de julio de mil novecientos treinta y seis, el escritor José Bergamín no estaba en su despacho de la revista Cruz y raya, de manera que Federico García Lorca, que había ido a buscarlo para charlar de cierto asunto, le dejó sobre su mesa un paquete -o tal vez fuera un sobre-, y una nota: "Querido Pepe: He estado a verte y creo que volveré mañana". Pero, por desgracia, Lorca no volvió ni al día siguiente ni nunca: prefirió marcharse de Madrid, coger el tren e irse a Granada en busca de su muerte, volver al lugar en donde le esperaban sus asesinos. Aquel paquete o sobre contenía el manuscrito del mejor libro de poesía escrito en castellano durante este siglo que se acaba, Poeta en Nueva York, y desde entonces, desde aquella mañana en la que el genio anduvo casi por última vez sobre las calles de esta ciudad a la que se acercaba con sigilo de lobo la catástrofe de la guerra civil, todo ha sido un misterio: ¿Dónde fueron a parar esos documentos? ¿Los tenía Bergamín? Si no los tenía, ¿a quién se los dio y por qué? Y, si los conservaba, ¿qué razón impedía que los hiciese públicos? Los especialistas en la obra de Lorca lo asediaron durante años con esas preguntas, sobre todo después de comprobar que las ediciones simultáneas de la obra que aparecieron en mil novecientos cuarenta en las editoriales Norton, de Nueva York, y Séneca, de México, tenían notables diferencias. ¿Cómo es posible, si los dos originales partieron de Bergamín, que uno de los volúmenes tuviese más poemas que su presunto gemelo o que ciertos versos fueran distintos?Bergamín juraba una y mil veces no saber qué había ocurrido, negaba haber alterado los versos o la estructura de la obra, se mantenía en sus trece ante cada ataque y cada acusación. Si, cualquiera de las tardes que se sentaba en su café predilecto de la Plaza de Oriente o en su restaurante favorito, siempre en el mismo rincón, alguien le mencionaba el tema, lo más fácil era que montase en cólera. Prefería hablar de otras cuestiones, de su proyecto de hacer un programa de televisión en el que entrevistaría a cada una de las estatuas de los reyes godos que hay frente al Palacio Real o de su felicidad absoluta por haber conseguido convertirse en lo que siempre, decía, quiso ser, desde niño: un viejo verde.



¿Dónde está el manuscrito de Poeta en Nueva York? Si dice usted que se lo dio a Eduardo Ugarte, gran amigo de Lorca, ¿cómo es que su viuda no lo encuentra? ¿No será que lo conserva en una caja fuerte? ¿No será que lo alteró tanto que teme que alguien lo descubra?... Puede que el autor de Esperando la mano de nieve se fuera de Madrid huyendo de todo eso, harto de contar una y mil veces la misma historia: "Cuando salí de España, el manuscrito se quedó en Madrid. Mi secretaria, Pilar, lo recogió junto a otros papeles y me lo llevó a París. Los que se ocuparon de imprimirlo fueron mi cuñado Eduardo Ugarte y el poeta Emilio Prados"... La verdad es que sus explicaciones no tuvieron mucho éxito, hasta el punto de que llegaron a publicarse ensayos de espíritu entre erudito y detectivesco en los que, más o menos, se le acusaba de mentir, de ocultar pruebas, de ser un tramposo, un egoísta, un irresponsable. Debía de ser igual que andar de un lado a otro con un ataúd a cuestas.




Ahora, tantos años después, dicen que por fin ha aparecido el manuscrito de Poeta en Nueva York; que lo tenía alguien en México; que se subastará el próximo día veintinueve en Londres, su precio de salida es de cuarenta y cinco millones de pesetas y el Gobierno español intentará hacerse con él para guardarlo en la Biblioteca Nacional. Y otra cosa más: dicen también que, por lo visto hasta este momento, el original de Federico García Lorca no ofrece grandes divergencias con el aparecido en el año cuarenta en la editorial Séneca; que le da la razón a Bergamín en casi todo y corrobora la mayor parte de sus afirmaciones. ¿Será verdad? Y si lo es, ¿escribirá el mismo profesor, que quizá lo acusó en vano, otro libro arrepintiéndose de su injusticia, revocando sus teorías? En cualquier caso, no creo que Madrid tenga una manera mejor de despedir el siglo XX que trayendo a la Biblioteca Nacional Poeta en Nueva York, un libro que resume y excede todas las ciudades, que expresa como ningún otro la desolación, el miedo, la soledad de las multitudes, el terror de las plagas que devoran a los hombres, que los hieren o los destruyen cuando la mezquindad, el odio o la calumnia caen sobre ellos lo mismo que langostas hambrientas.
Ya lo decía el propio Bergamín: "En todo lo que miras/ y lo que escuchas/ no verás ni oirás cosa/ que sea segura./ Todo es mudable./ Y lo más hacedero/ más se deshace".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de noviembre de 1999

sábado, 21 de septiembre de 2019

Casa de citas / Michael Haneke / Somos adictos al placer

Michael Haneke
Ilustración de Rupert Smissen 


Michael Haneke

SOMOS ADICTOS AL PLACER


No tengo redes sociales, pero sé de lo que hablo. Me creé una cuenta para investigar sobre ellas. Por culpa o gracias a Internet creemos tener acceso a todo y saberlo todo. Somos adictos al placer. Al falso placer del consumo, de la comunicación inmediata. Ya nadie encara el dolor, lo negativo. Cierto, es un tema recurrente en mi carrera.

Michael Haneke / El gélido cirujano de la sociedad



viernes, 20 de septiembre de 2019

Casa de citas / Javier Rodríguez Marcos / Escritores



Javier Rodríguez Marcos
ESCRITORES


Para un escritor solo hay algo casi tan malo como no tener un editor: tener demasiados. Cuando un autor desperdiga sus libros por más de dos catálogos es que algo sucede. O bien escribe tanto que no hay quien le siga el ritmo o bien sus lectores no acaban de ser bastantes como para que un sello repita con él (tras no recuperar, muchas veces, el anticipo negociado con su agente). Entre la torre de marfil y la torre de control suele haber buena conexión pero no siempre hay pasajeros para tantos aviones. 

Escritores locuaces / Editores lacónicos




miércoles, 18 de septiembre de 2019

Casa de citas / Albert Camus / Este mundo


Albert Camus
ESTE MUNDO


Ahora, lo sé. Este mundo, tal como está hecho, no es soportable. Y, por tanto, tengo necesidad de la luna, o de la felicidad, o de la inmortalidad; de algo que sea demente, quizá, pero que no sea de este mundo.

Albert Camus, Calígula.



martes, 17 de septiembre de 2019

Casa de citas / Don Winslow / Tratado de metafísica


Hoja
Bogotá, 2019
Foto de Triunfo Arciniegas

Don Winslow
TRATADO DE METAFÍSICA


Uno cree que puede alquilar su alma, pero es siempre una venta, y toda venta es definitiva.


Don Winslow
El cartel
Barcelona, RBA, 2015, p. 526




domingo, 15 de septiembre de 2019

Casa de citas / Don Winslow / La bestia




Don Winslow
LA BESTIA

Si metes lo suficiente la cabeza en sus fauces, la bestia no puede cerrar la mandíbula.

Don Winslow
El cartel
Barcelona, RBA, 2015, p. 110



sábado, 14 de septiembre de 2019

Casa de citas / Olivia Wilde / Yo quería

Olivia Wilde
Ilustración de T.A.


Olivia Wilde
YO QUERÍA


Yo quería estar en 'Saturday Night Live' desde que tenía diez años.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Triunfo Arciniegas / Diario / Condenado

Fotografía de Triunfo Arciniegas
Medellín, 2019


Triunfo Arciniegas
CONDENADO
Bogotá, 12 de septiembre de 2019

Soñé qué me habían condenado a cuatro meses de cárcel pero podía salir todos los días a despachar mis asuntos. Como en la novela de Kafka, nunca supe cuál había sido mi delito. Las noches en la cárcel eran tan malas que uno pasaba el día como un zombi y con los ojos rojos. Había casas y pasadizos secretos, con alimentos camuflados y algunas comodidades. Algunos presos habían descubierto la manera de salir a la calle a cualquier hora, con unas capas que los volvían invisibles. La mayoría de los reclusos eran mujeres y casi siempre estábamos tendidos en el piso, entretenidos en extraños manoseos. Una mujer dijo que ella era de quien le tocara dos veces la espalda.

En realidad, he regresado de Medellín un tanto perturbado por la desnudez de las mujeres. Cada vez usan menos ropa en la ciudad de la eterna primavera. Una bellísima cosecha de mujeres, por cierto. Una eterna cosecha. Mujeres que ni siquiera habían nacido cuando fui por primera vez, enloquecen sus calles y provocan delirios en este pobre bebedor de relámpagos.



Casa de citas / Olivia Wilde / La moda

Olivia Wilde
Ilustración de T.A.


Olivia Wilde
LA MODA

Siento que la moda no debería ocurrir en la mañana.




jueves, 12 de septiembre de 2019

Triunfo Arciniegas/ Diario / Letras y garabatos

Letras y garabatos
Bogotá, 11 de septiembre de 2019
Foto de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegs
LETRAS Y GARABATOS
Bogotá, 11 de septiembre de 2019

El taxista que me lleva al hotel confiesa que nunca ha leído más de media página en la vida. "Hay gente que le gusta leer", dice. "Hay gente que lee un libro diario."

Al menos sabe que existe esa gente, pienso.

Como viajo con maletas de libros, siempre me preguntan qué llevo y siempre se responden lo mismo: "Piedras".

Llego de la Fiesta del Libro de Medellín cargado de maravillas y lo primero que hago, luego de registrarme en el hotel, es salir a buscar más libros. Soy un adicto.

Conseguí un libro para Alejandra y una preciosa edición de cuentos de Gogol. Sigo con el mismo empeño: de Medallo traje ocho libros de cuentos. Terminé de leer uno de Roberto Rubiano y empecé otro de Elkin Restrepo, más conocido como poeta.

Esta mañana, además, compré La naturaleza de las lágrimas, una novela de Peter Carey, un australiano que ha ganado dos veces el Man Brooker, primero con Oscar y Lucinda, y luego con La verdadera historia de la banda de Kelly. Ya empecé el festín.






Casa de citas / Olivia Wilde / De niña

Olivia Wilde
Ilustración de T.A.


Olivia Wilde
DE NIÑA

De niña fui difícil.





miércoles, 11 de septiembre de 2019

Casa de citas / Graham Greene / El secretario del club



Graham Greene
EL SECRETARIO DEL CLUB


Pero en ese momento entró el secretario del club. Era un hombre de larga barba canosa y chaleco manchado de sopa, con el aspecto de un poeta victoriano pero que, en realidad, escribía libritos de recuerdos melancólicos de los perros que había tenido. Siempre fiel había sido uno de los éxitos de 1912.

Graham Green
El fin de la aventura
Sur, Buenos Aires, 1979, p. 58

The 100 best novels No 71 / The End of the Affair by Graham Greene (1951)
Graham Green / El fin de la aventura / Reseña de Vargas Llosa