domingo, 14 de abril de 2024

Casa de citas / Cuando Stephen era pobre


CUANDO STEPHEN KING ERA POBRE

Stephen King era muy pobre, con 3 hijos y vivía muy frustrado. Le rechazaron por todas partes su primera novela “Carrie”, y decepcionado, tiró el manuscrito al bote de basura de su estudio. “Se acabó”, dijo, y en vez de seguir escribiendo, cuando terminaba de dar sus clases de inglés, decidió trabajar en una lavandería como segundo empleo.

La historia de Carrie duró ahí días en la basura y cuando su esposa Tabitha entró a vaciar el bote, vio el manuscrito, lo leyó, le gustó mucho y dijo que aquello no podía perderse para siempre. Entonces motivó a su esposo a que lo siguiera intentando.

Luego de unos meses, la pequeña editorial de un pueblito se interesó en publicar su libro. Fueron pocos ejemplares, pero se vendieron como pan caliente. Por tal motivo imprimieron más, y más, y luego más, al grado de planificar una mejor distribución. Llegaron a vender millones.

Stephen King se convirtió en el escritor más prolífico del mundo en las siguientes décadas, llegando a ser llamado “el maestro del terror”, y se adaptaron películas basadas en sus libros como “Misery”, “It” “El resplandor”, “Los niños del maíz”, y muchas más.

Pero no estaríamos hablando del escritor de suspenso y terror más famoso de los últimos tiempos, si no fuera por Tabitha King, la mujer que lo rescató del abismo, la que creyó en él, la que lo amó, lo ama y lo seguirá amando.

Cuando se lee un libro df Stephen King siempre en la primera página dice: “para Tabby”.

Cowboys de medianoche

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sábado, 13 de abril de 2024

Luis Brito / García Márquez

 



Luis Brito

GARCIA MÁRQUEZ 

Aunque 'En agosto nos vemos' no es un libro consumado, es indiscutible que mantiene el espíritu de García Márquez, su voz, su circulación sanguínea en una novela con reglas distintas a las de otras de sus historias, lo cual para mí es más importante que lograr un libro redondo, acabado. Del mismo modo me parece más remarcable el hecho de que el último García Márquez haya mantenido ese espíritu audaz y experimental de buscar sin miedo nuevas formas de narrar, sabiendo que se arriesgaba a escribir un libro criticable por los fiscales de la perfección, por los científicos de lo bello, esos que ahora han sacado tanto la cabeza y se sienten en su cuarto de hora criticando el último libro de un genio, cuando nunca han arriesgado creando y por lo mismo no saben valorar estas apuestas donde prima más la experimentación, la búsqueda nueva, que la sola calidad. Para Gabo, habría sido más fácil escribir una historia lineal, acumulativa, parecida a otras en la forma convencional del género y en la línea de sus hallazgos anteriores, que le garantizara un libro más fácil de ponderar positivamente, pero les hizo pistola a todos esos críticos alzados y les sigue haciendo pistola desde donde esté, porque terminó haciendo en su último trabajo la novela que le dio la gana y que le parecía más coherente con su bibliografía y con sus búsquedas.

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viernes, 12 de abril de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Las pruebas de Lucy

 

Lucy según Henry González

Triunfo Arciniegas

LAS PRUEBAS DE LUCY

11 de abril de 2024


He dedicado seis días a la revisión de las cien páginas de ‘Querida Lucy’. Hice cinco lentas y minuciosas revisiones con lápiz en mano, es decir, leí quinientas páginas, desde la madrugada hasta casi el mediodía. Más o menos. Y luego escribí el informe. Estoy agotado y, como dicen las señoras, tengo la cabeza que se me estalla.

¿Y todo para qué? El paginaje sigue tal cual. Como se trata de las últimas pruebas debía mantener la diagramación intacta. Sólo modifiqué tres oraciones y añadí otras tres en seis de las nueve historias que conforman el libro. Seis oraciones en seis días de trabajo. Madre mía, estoy peor que Flaubert.

Me pregunto qué he estado haciendo. En este momento no me siento feliz sino algo deprimido. Exhausto, vacío, como si hubiera quedado de segundo en un encuentro de boxeo. 

Se ve tan fácil. Cualquier que lea el informe se preguntará si no tengo nada más que hacer en la vida. Da un poco de vergüenza pero así es el oficio.

11 de abril de 2024


Casa de citas / El puñetazo del boom

 

Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez



EL PUÑETAZO DEL BOOM

El día que Mario Vargas Llosa le propinó un puñetazo a Gabriel García Márquez.

Ocurrió que un 12 de febrero el novelista colombiano y su buen amigo Mario Vargas Llosa, también Premio Nobel de Literatura, tuvieron un terrible enfrentamiento ocasionado por una confusión. La disputa terminó con el escritor peruano dándole un puñetazo a Márquez y dejándole un ojo morado (casi negro), el fin de la amistad y una profunda grieta dentro del “boom”, firmado básicamente por ellos dos, Julio Cortázar y Carlos Fuentes.

Casa de citas / Paul Brito / En agosto nos vemos

 

Foto de Triunfo Arciniegas


Paul Brito

10 de abril de 2024





miércoles, 10 de abril de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Lucy y mi hermano

 

Ilustración de Henry González para “Querida Lucy”


Triunfo Arciniegas
LUCY Y MI HERMANO
10 de febrero de 2024

La semana pasada llegaron las pruebas de Querida Lucy, con las ilustraciones de Henry González, y murió Ramiro. El viernes las bajé a una memoria, con El burro de Juan, y fui donde Mary a sacar las copias. La impresora mía necesita mantenimiento y la relación con mi antigua secretaria, Alejandra, no anda muy bien. De modo que si necesito algo tengo que salir de casa.

Mientras Mary hacía su trabajo, en un nuevo local pero en la misma cuadra, fui a almorzar donde Darío. Salgo poco. Prefiero cocinar. Pero, como tenía las fotocopias pendientes, maté dos pájaros de un tiro. No puedo trabajar en pantalla. No me siento cómodo. Unos ojos azules, muy bellos, me miraron con especial dedicación. Tal vez fue una mujer rubia el siglo pasado. Ahora su cabello resplandece de tan blanco. Usa bastón y está más cerca de los ochenta que de los setenta. Tal vez fue muy hermosa. Ahora es una mujer vieja, gorda y sola. Me pregunto si me vio de la misma manera, con los mismos adjetivos. La puta vejez, destino de los sobrevivientes. Me senté a comer. La mujer se fue con su almuerzo en la mano, pero tuvo la gentileza de despedirse.

Cuando volví donde Mary solo estaba lista la fotocopia de Querida Lucy y, mientras esperaba la otra, llegó Juana a imprimir unos documentos para sus alumnos. Hacía años que no nos veíamos. Desde que me abandonó. Era estudiante en ese entonces. Fue un encuentro plácido, lleno de bromas. Trabaja en Cúcuta, Pamplona y Bucara. Le va bien. La semana pasada, buscando la clave de uno de mis correos o de otro sitio virtual, encontré su número y le escribí. Me respondió pero no quedamos en nada. Tampoco ahora, pero ha sido un placer vernos.

Tengo la rutina de leer tres veces, con lapicero en mano, tanto las pruebas como cada versión impresa de todos mis textos. Esta vez exagero con cinco. La lectura del sábado me conmovió. Vi Querida Lucy de otra manera y hasta pensé que se trata de uno de los mejores libros que he escrito. Qué herida Lucy. Y el dolor de la ausencia. Han sido muy acertados los cambios de estos dos o tres años. La presencia de Ana Ochoa le restó peso al libro con su humor y sus vacas. No se dice en el libro, pero a Lucy le hacía falta una amiga. No encontré una sola errata en estas cinco lecturas. Agregué tres o cuatro frases, tres o cuatro palabras, sin alterar la diagramación, y eso ha sido todo. Lo demás: mi nombre en la tapa y el texto de la contratapa. Sólo falta escribir el informe. 

Pero ya no tengo la lucidez suficiente debido al cansancio de la jornada y debo dejarlo para mañana en la madrugada. Nunca decido nada importante en las tardes. Ha sido un día de trabajo muy bueno: subí entradas a los blogs de madrugada y, después de revisar las pruebas una vez más, pagué en el banco los derechos de la edición de Caperucita y otras historias perversas que hizo para SM María Fernanda Paz-Castillo, ahora dueña y señora de la premiada Cataplum, y que tan sabiamente ilustró Fernando Pivano. Me encanta esta edición. Es la misma que ya se está vendiendo en México, y que pienso negociar para Colombia en la Filbo que comienza en unos días.

Querida Lucy es producto de tres etapas. Cuatro historias son de los noventa, cuando andaba con la Lucy de carne y hueso precisamente, y otras cuatro del 2000. Y la última, “Edipo y yo”, de hace dos o tres años. En la pandemia escribí para Cataplum un libro sobre el burro de Esopo, y otro sobre la zorra. El impulso alcanzó para otro cuento, un enfrentamiento más cercano con este personaje extraordinario. Tal vez lo retome en una historia más larga y detallada. En Querida Lucy, Edipo es un vividor que lee la mano y se aprovecha de la fascinación ajena. No ha escrito un solo libro pero todos se mueren por oír sus historias.

El burro de Juan está en una etapa anterior. Henry González, que también y tan bien ilustró este libro, dice que quiere trabajarlo un poco más. Creo que debo acortar algunos diálogos. Como voy a la Filbo, aprovecharemos para rematarlo juntos. Este “rematar”nos hace ver como un par de sicarios. Imagino a Henry riéndose. Es mejor decir “para dar por terminado” o “para concluir”, que me parecen soluciones sin fuerza pero evitan el equívoco. El lenguaje, un territorio de cuchillos, sobre todo en estos tiempos.

Hace tres días murió Ramiro, mi hermano, la oveja negra. Nos tratábamos cuando era niño. Su vida delictiva comenzó pronto. En una de sus salidas de la cárcel fue hasta el lejano barrio donde vivíamos y le pegó un tiro al hijo del dueño de la casa. Tuvimos que trastearnos de inmediato. Un tipo muy peligroso. En la cárcel le decían el Cacique. Una vez que llegué a la casa de mi madre lo encontré golpeando a una de mis hermanas. Fue un momento muy tenso. Donde diga o haga algo me hubiera caído encima y tal vez no estaría vivo. Lo vi con un cuchillo en la mano. Parece que me lo hubiera inventado, pero el detalle del cuchillo es la parte más nítida. No puedo recordar la casa ni el vestido de mi hermana, pero sí la mano que empuñaba el cuchillo. No lo usó contra mi hermana pero en su cara se veía que conmigo lo haría. Me retiré con el rabo entre las piernas, sin decir una sola palabra.

Fuimos amigos de niños. Entre su nacimiento y el mío hay cuatro mujeres. ¿O cinco? Alguna vez fuimos a recorrer el monte y nos extraviamos en el bosque. Decidimos pasar la noche de cualquier manera pero nos espantó el frío. Apenas continuamos me desboqué a un abismo. Di un giro completo y caí sobre el morral asegurado en mi espalda. Lo terrible es que en el morral llevaba una piedra grande que me había parecido muy bonita y que por poco me mata. Me quedé sin aire. Fui al más allá, no me gustó y regresé. Ramiro bajó como pudo y me acompañó hasta que tuve fuerzas para levantarme. Seguimos avanzando en la oscuridad, siguiendo la grieta donde tal vez estuvo un río, hasta que vimos un resplandor al otro lado de la montaña, y hacia allá nos dirigimos. Eran las luces de Pamplona.

Alguna vez me escribió desde la cárcel porque se había reconocido en un libro mío. Y no se equivocó. El es el hermano malvado de mis ficciones. El mismo que galopa caballos ajenos en los potreros de la noche. Dejé sin respuesta su mensaje.

Luego del funeral de mi madre quiso acercarse, pero no me pareció. Estábamos todos en el atrio de la iglesia del Señor de la Humildad cuando hizo el gesto, reforzado por la frase de una sobrina. Respondí con otro gesto y una de mis hermanas, seguramente Nelly, me apoyó. Si yo no quería ninguna reconciliación, estaba bien. Todos los demás lo perdonaron pero siguió en las andadas. Darío y Jaime le hicieron un sitio en el taller de herrería y terminó robándoles la herramienta. Nadie lo vio en el acto, pero todas las sospechas recayeron sobre él. Luego se fue y hasta mi padre se mostró aliviado. Su compañía solo representaba problemas. En alguna ocasión estuvo tratando de convencer a  Álvaro para que lo acompañara en una de sus fechorías. Su papel era manejar un camión. Mi hermano tuvo el buen juicio de rechazar el ofrecimiento. Por eso entonces estuvo implicado en un secuestro que no prosperó. No sé si pago cárcel por eso. Lo único que supe es que se le cayó la vuelta.

En fin, una vida desperdiciada y uno de los mayores dolores de mi madre. Jaime dice que nuestro padre no lo reprendió. Que se hizo el de la vista gorda cuando empezó a aparecer con cosas robadas. Mi padre era el único que lo visitaba en la cárcel.

Tenía otra versión. “¿Cuándo les llegué con una panela robada?”, nos dijo una vez nuestro padre, borracho, acosado por los remordimientos. Le respondimos que la culpa no era suya, por supuesto. 

Fue René quien me dijo hace un par de semanas que Ramiro estaba muy enfermo. Que, al parecer, no la libraba. Llamé a Jaime a Milán para preguntarle qué sabía pero no tenía ni idea. Ni él ni Darío ni yo teníamos trato alguno con Ramiro. Y fue Jaime quien me escribió desde las Islas Canarias para contarme que Ramiro había muerto.

Dicen que no hay muerto malo, pero no lo creo. Ramiro fue una mala persona y la muerte no cambia nada. No borra los hechos. Lo que pasa es que no es muy elegante hablar mal del difunto. Deja un montón de hijos de distintas mujeres. Nunca respondió por ninguno.

Pregunté a Jaime por el funeral y me contó que decidieron cremarlo. Creo que desde la pandemia hay un protocolo con las enfermedades respiratorias. ¿Qué van a hacer con las cenizas? Nadie me ha dicho nada. Jaime precisó que ingresó al hospital por una neumonía y René supo que si salía con vida tendría que valerse de una bala de oxígeno. Entonces le descubrieron el cáncer en el pulmón y se acabó el cuento de mi hermano en esta tierra de nadie.







Un personaje / Bob, el cliente

 

(Jóvenes conversan mientras esperan ser abordadas por algún cliente.

Foto de NATALIA PEDRAZA BRAVO)


Jules Owbny

BOB, EL CLIENTE


Bob tiene 78 años, la cara de gringo, la barba blanca, el pelo corto, la camiseta negra manchada. Es alto con la barriga hinchada, y es de Estados Unidos.

―No hay otro lugar en el mundo como este― dice en inglés.

―¿Por qué lo dice?

―Pues mira a tu alrededor.

Hay piernas tatuadas por todos lados. Unas 200 mujeres se protegen de la lluvia bajo los toldos del Parque Lleras: un enorme prostíbulo al aire libre. Visten camisetas transparentes, faldas cortísimas, fuman cigarrillos, inhalan tusi desde los tubos de su rimel. Entre la multitud de piel expuesta camina uno que otro extranjero. Entablan conversaciones con las chicas en un español muy pobre. “Me gusta”, suelta uno mientras señala la cola de una de ellas. Otro tipo mira con sensualidad y le coge la mano a una mujer que le dice “Mi amor”. Poco después desaparecen juntos. Y acá disfrutando del show está Bob, sentado con tres venezolanas que insisten que no son prostitutas, sino “damas de compañía”. Le tocan la pierna, tratan de convencerlo de que pase otra noche con ellas; la segunda en seis días. Pero Bob no está seguro de irse con ellas. Bob dice que le gusta la variedad.

Bob cuenta que lleva años viajando por el mundo. Pagar por sexo para nada le es ajeno, y dice que el Parque Lleras es un lugar especial: “Aquí hay una libertad muy poco común. Puedes hacer lo que te dé la gana”. Es lunes, son las once de la noche. En dos horas la prostitución estará prohibida en este lugar, pero a Bob no le preocupa eso, dice que será mejor para los turistas como él. “Habrá más control sobre las chicas, menos chances de que te roben. Nosotros podremos seguir solicitando”, asegura. Mientras Bob cuenta todo esto, una venezolana de Valencia, llamada Yuliet, le acaricia la cara. Dice que tiene 24 años, y que lleva dos como “dama de compañía”.

―¿Qué hacía antes?

―Pedir en la calle.

Durante dos horas Bob se sienta al lado de Yuliet y dos compañeras suyas. Toman cervezas, fuman cigarrillos, se comunican por Google Translate. En la mesa de al lado ocurre una situación similar. Una chica vestida de una camiseta de los Chicago Bullsacaricia la cabeza calva de un hombre blanco. El calvo se sienta con dos hombres mayores, de 60 para arriba, que no hablan español y tampoco con los medios. “Por favor, estamos de vacaciones. No queremos preguntas. Solo queremos pasarla bien”, declaran.

A las 00.50, la Policía ―aquí sí hay policía― se acerca y saca a todos. Entre sirenas se produce un éxodo masivo hacia la salida que lleva a la calle 10. Parece una peregrinación religiosa, pero con valores muy distintos. Las chicas se apresuran a emparejarse con extranjeros; no pueden perder una noche de trabajo. Justo fuera de la salida, Yuliet sigue al lado de Bob, que no quiere irse con ella. El hombre apunta a otras dos chicas, dice “Hotel” en inglés y se van. Yuliet se quedará sin trabajo esta noche.


Jules Ownby

“Niñas prostituidas y extranjeros voraces: la explotación sexual en Medellín”

El País 

Medellín, 7 de abril de 2024


Un personaje / Toyo Shibata

 



TOYO SHIBATA

Toyo Shibata empezó a escribir poesía a los 92 años. Palabras de la introducción de su libro.

“Mi nombre es Toyo Shibata. Tengo 101 años [2010, murió en 2013]. A lo largo de mi vida he protagonizado momentos buenos y malos. He sufrido guerras, bombardeos y terremotos. He experimentado el miedo y en ocasiones he deseado morir debido al acoso, a la traición y a la simple tristeza. He sido madre. En la actualidad vivo sola y recibo a menudo la visita de mi hijo. Cuando se acerca la hora de su marcha pierdo el ánimo pero intento reconfortarme y me digo «sé fuerte, aún se puede recoger la luz del sol con las manos». Empecé a componer versos a los 92 años y me he dado cuenta de que a pesar de las dificultades existo gracias an mis recuerdos y a las personas que me han acompañado en este viaje. Aunque me pese la soledad cada mañana me pinto ligeramente los labios y me alegro de ver el sol a través de la ventana, otra vez..., y sonrío.”


martes, 9 de abril de 2024

Un libro / Anne Sexton / Poesía completa

 



ANNE SEXTON

POESÍA COMPLETA


Poesía completa de la escritora estadounidense Anne Sexton (Newton, Massachusetts, 1928 – Weston, Massachusetts, 1974), reunida en un único volumen por el sello editorial Lumen, con una nueva traducción al español de Ana Mata Buil. Este libro recoge los diez poemarios que Sexton publicó a lo largo de su trayectoria, así como algunos de los últimos poemas que aparecieron de forma póstuma, y da cuenta del vigor de una de las obras poéticas cruciales en la segunda mitad del siglo XX en lengua inglesa.

Un personaje / Marilyn Monroe

 



Marilyn y la cárcel de cristal

Por Carlos Gustavo Álvarez


En uno de esos programas creados para magnetizar el talento que abunda como las orquídeas, una mujer apareció ante el jurado expectante y el público domesticado, que había enmudecido en consonancia, quedó definitivamente absorto en una expresión de sorpresa.

Casa de citas / Cioran / Delirios y pensamientos

 




Cioran

DELIRIOS Y PENSAMIENTOS


Nadie se mata, como se piensa comúnmente, en un acceso de demencia, sino más bien en un acceso de insoportable lucidez, en un paroxismo que puede, si se empeña uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su límite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la razón. El momento culminante de la decisión no testimonia, pese a todo, ningún embotamiento: los idiotas no se matan prácticamente nunca; pero puede uno matarse por miedo, por presentimiento de la idiotez. El acto mismo se confunde entonces con el último sobresalto del espíritu que se recoge , que reúne todos sus poderes y todas sus facultades antes de anularse. En el umbral de la última derrota se prueba a sí mismo que no está completamente perdido. Y se pierde, en plena posesión instantánea de todos sus medios.

lunes, 8 de abril de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Tres

 

Ilustración de Juan Brufel

TRES

Son tres sueños en uno. O uno solo, muy caótico, con tres espacios. El escenario del primero es una habitación con una ventana inmensa y ahora mismo tengo un viaje. Se acerca la hora pero no me decido a preparar el equipaje. No soy capaz de moverme. Ya debería estar en el aeropuerto. En vez de salir corriendo con lo que tengo puesto, espero que pasen unos minutos más para dar por perdido el vuelo.

Ahora voy conduciendo la camioneta con René y el resto de la familia. Se acerca el tramo más peligroso de la vía, donde tantos se han desbocado. Esquivo un camión y en la maniobra se desprende una llanta. La vemos acercarse al abismo. De pronto, como por arte de magia, gira en el aire y regresa al vehículo, desinflada. No es posible continuar: hay dos llantas pinchadas y un solo repuesto. En los alrededores no hay nadie que pueda auxiliarnos: ni montallantas ni taller de mecánica. Polvo y calor, como una película del Oeste. René dice que tendremos que tenemos que volver el lunes. Pienso en el otro viaje, el que dejé perder.

Estoy en casa de Lucy, una mansión muy acogedora, con ventanas de madera y muchas plantas. No recuerdo qué ha pasado antes ni cómo llegué. Sé que no nos hemos visto en años pero las cosas fluyen. Estamos muy relajados. Muy juntos. La madre de Lucy llega del mercado, asombrada por los precios. Unos niños se pelean por unos caramelos. Lucy dice que me quede a comer, pero no me parece. No quiero abusar. Nos sentamos fuera de la casa, frente a un amplio jardín, y Lucy me pide que no vuelva a perderme tanto tiempo. Estoy de acuerdo: no es bueno estar solo. “Sobre todos los domingos”, precisa Lucy. Debemos asegurar una manera de pasar juntos los domingos, no sólo los domingos, por supuesto, pero sobre todo los domingos. Está decidido. Le digo que hagamos un contrato por veinte años. “Treinta”, dice Lucy.

8 de abril de 2024






domingo, 7 de abril de 2024

Casa de citas / María Isabel Rueda / ¿Tiro en el pie?

 



¿Tiro en el pie?



Nos vamos acercando a la estatización de la salud, una pesadilla que creímos superada hace 30 años.


María Isabel Rueda

7 de abril de 2024


Luego de que se hizo el feliz anuncio de que la reforma de la salud había sido archivada; de que vimos al ministro de Salud tomándose la cabeza a dos manos; de que escuchamos al del Interior confesando que faltó concertación, pues poco duró la fiesta: ya había comenzado la predicción de Petro de que las EPS caerían como fichas de ajedrez, unas encima de otras.

Casa de citas / Mauricio Vargas / La gorra del autócrata

 



La gorra del autócrata


Petro quebró las EPS al no girarles lo debido, y ahora las interviene porque dice que se quebraron.


Mauricio Vargas

7 de abril de 2024


Solo aquellos ingenuos u oportunistas que, sin ser petristas, decidieron acompañar la candidatura del Presidente –y luego su gabinete o sus embajadas– se creyeron el cuento de que Gustavo Petro era un demócrata que respetaría las reglas de la Constitución de 1991, que el propio M-19 de Petro ayudó a redactar.

sábado, 6 de abril de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Petro y los cerdos policías



Triunfo Arciniegas
PETRO Y LOS CERDOS POLICÍAS
5 de abril de 2024

Cuando Petro estaba en campaña les dijo a los jóvenes que estudiaran o terminarían como policías. Palabras más, palabras menos, pero muy mal recibidas. También dijo que los policías no estaban para sacar ojos, pero lo hizo ver como si fuera un oficio, como si los policías no se dedicaran a nada más.

“Cerdos policías”, reza Gustavo Bolívar, financiador de la Prima Línea, tan alabada y defendida por este Gobierno.

Y ahora Petro dice en público y ante los mismos uniformados que todo policía sabe dónde está la olla. Que la olla le paga al policía. Cierto o no, no es la manera. ¿Por qué Petro siente la necesidad de humillar una institución tan importante? Qué tipo tan espantoso es Petro. Se alaba en público y se regaña en privado.

Es la policía de Colombia, del Gobierno de Petro. Son las ollas y los policías de su mandato. La corrupción, las drogas, el hambre, el desorden, la carestía, la malparidez, son de su Gobierno.

Petro también sabe quiénes financiaron su campaña. ¿Para dónde iban los mil millones de pesos que se robó su hijo Nicolás? Para la campaña de Petro. La pregunta es si se robó todo lo que recibió o entregó alguna parte. Petro sabe que los devaneos de su “Dama” suman más de mil millones de pesos y que sus propios viajes cuestan un ojo de la cara. También sabe dónde está y qué hizo el corrupto y drogadicto Armando Benedetti, quien dirá que también sabe dónde y qué hace Petro. Sabe quién es Roy Barreras y quién fue la difunta Piedad Córdoba. Bellísimas personas. Petro sabe que se alió con bandidos de todas las calañas para llegar al poder. Petro sabe dónde está su olla. Lo que no sabe es dónde se toman los trenes voladores ni dónde anda la pregonada paz total.

En todo caso, joderse en todo un país es peor que vender cachitos de marihuana.