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jueves, 17 de septiembre de 2026

Un libro / Caballos lentos, de Mick Herron

portada saga jackson lamb

Mick Herron 

Caballos lentos

caballos-lentos

Mick Herron, maestro del espionaje, es el autor autor de la serie «Slow Horses», exitosamente adaptada a la televisión con Gary Oldman de protagonista.

*Autor galardonado en 2026 con el XXI Premio Pepe Carvalho de Novela Negra*

«La mejor serie de novela negra del siglo XXI.»
The Mail on Sunday

El reino del irreverente y sarcástico Jackson Lamb está en Londres y se llama Casa de la Ciénaga, un vertedero al que van a parar los miembros de los servicios secretos que han cometido un error, ya sea olvidar un documento en un tren, despistarse en una ronda de vigilancia o volverse poco fiables a causa del alcohol. Sus colegas los denominan «caballos lentos», son los parientes pobres del espionaje británico y todos comparten las ganas de salir de allí a cualquier precio y volver a la acción.

De este extravagante grupo de proscritos, el más desengañado es River Cartwright, que se pasa el día transcribiendo conversaciones interceptadas de teléfonos móviles. Sin embargo, cuando se produce el secuestro de un joven y los autores amenazan con decapitarlo en directo por internet, River ve en este acto una oportunidad para redimirse. ¿La víctima es quien parece ser? ¿Y qué relación guardan los secuestradores con ese periodista caído en desgracia que los caballos lentos investigan?

Mientras suena el tictac que nos acerca al plazo establecido para la ejecución, River descubre que cada uno de los implicados tiene intereses ocultos, y si los caballos lentos no espabilan, el eco del crimen se difundirá por todo el mundo.

Elogiada por The Mail on Sunday como «la novela británica de espías más satisfactoria en muchos años» y considerada por The Daily Telegraph como «una de las veinte mejores novelas de espías de todos los tiempos», Caballos lentos es la primera entrega de la multipremiada serie protagonizada por Jackson Lamb, un personaje que dejará huella por su temeridad y su afilada lengua.

La crítica ha dicho...
«El nuevo maestro de la novela de espías.»
The Sunday Times

«Una historia divertida, elegante, satírica y vertiginosa.»
The Guardian

«El mejor escritor de novelas de espías de nuestro tiempo.»
The Daily Telegraph

«Una obra maestra del género. [...] Un thriller que acerca a Herron a la categoría de Graham Greene.»
Daily Mail

«La sátira, la esgrima verbal y los tiroteos se combinan con destreza en una novela de una escritura excelente, teñida por el sentido del humor de Herron: sarcástico, seco y muy inglés.»
The Sunday Times

AMAZON





martes, 15 de septiembre de 2026

Un libro / The Shadow in the Garden by James Atlas


James Atlas

LA SOMBRA EN EL JARDÍN

Vida de biógrafo

James Atlas emprendió la biografía de Bellow impulsado por la admiración. El entusiasmo se enfrió con el paso de los años y de su conocimiento de las mezquindades del personaje


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
27 OCT 2017 - 09:07 COT


Cada vida humana es improbable y única. Cada una es un misterio. Henry James escribe: “Nunca pienses que puedes decir la última palabra sobre alguien”. James Atlas corrige: “Tampoco la primera”. James Atlas sabe de qué habla. Ha dedicado una gran parte de su vida a averiguar las vidas de otros. Cuando era todavía muy joven se puso a escribir la biografía del poeta Delmore Schwartz, que había aparecido como un cometa en la literatura americana de los últimos años treinta, y que en poco más de una década se hundió en el alcoholismo y la enfermedad mental y murió de un ataque al corazón en un hotel para desahuciados de Nueva York, en la periferia sórdida de Times Square. Atlas era un universitario joven enamorado de la literatura y de esa gran escuela anglosajona de la biografía. En Oxford había estudiado con Richard Ellmann, probablemente el mejor biógrafo literario del siglo, el que contó con tanta erudición como sensibilidad estética y pulso narrativo la vida de James Joyce.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Un libro / Abasalon, Absalón, de Faulkner


William Faulkner
¡Absalón, Absalón!

Las glicinias de Faulkner


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
18 OCT 2008


La noche del 31 de enero de 1936 William Faulkner fechó la última página del manuscrito de ¡Absalón, Absalón!, en su casa de Rowan Oak, en Oxford, Misisipi. No hay testimonios sobre su estado de ánimo en ese momento, pero no nos cuesta nada imaginar la extenuación y la felicidad, el repentino vacío, el estupor incrédulo de haber terminado. Vería las páginas, el escritorio, la habitación en la que se había quedado trabajando hasta tarde, tras una niebla de ligero mareo, de humo de tabaco y alcohol. Tenía menos de cuarenta años y estaba aposentado en el centro de su vida y en la cima de su talento. Los libros no le daban para vivir ni le habían deparado todavía una consideración indudable, pero el torrente prodigioso de su inspiración no había dejado de fluir durante más de ocho años desde que un día de mayo de 1928, en quiebra y rechazado por sus editores, recibió como un golpe de claridad la imagen de una niña que escala las ramas de un árbol para asomarse a la ventana de la habitación donde su madre está muriendo y se puso a escribir en estado de trance El ruido y la furia.

Un libro / El ruido y la furia, de William Faulkner / La obra maestra






Faulkner
EL RUIDO Y LA FURIA
La obra maestra

El ruido y la furia (Debolsillo), de William Faulkner, la obra maestra del Premio Nobel de Literatura que relata la degeneración progresiva de la familia Compson, sus secretos y las relaciones de amor y odio que la sostienen y la destruyen.

La propia editorial apunta, acerca del libro: «Por primera vez, William Faulkner introduce el monólogo interior y revela los diferentes puntos de vista de sus personajes: Benjy, deficiente mental, castrado por sus propios parientes; Quentin, poseído por un amor incestuoso e incapaz de controlar los celos, y Jason, monstruo de maldad y sadismo. El libro se cierra con un apéndice que descubrirá al lector los entresijos de esta saga familiar de Jefferson, Mississippi, conectándola con otros personajes de Yoknapatawpha, territorio creado por Faulkner como marco de muchas de sus novelas».

William Faulkner nació en Oxford (Mississippi) en 1897 y murió en 1962. Su primera novela, La paga de los soldados, es de 1926. Luego, tras una breve estancia en Europa, publicó Mosquitos (1927), Sartoris (1929), El ruido y la furia (1929), Mientras agonizo (1930), Santuario (1931), Luz de agosto (1932), Pilón (1935), ¡Absalón, Absalón! (1936), Los invictos (1938), Las palmeras salvajes (1939), El villorrio (1940),Banderas sobre el polvo (1948), Réquiem por una monja (1951), Una fábula (Premio Pulitzer 1954), La ciudad (1957), La mansión (1960) y La escapada (Premio Pulitzer 1962), que aparece poco antes de su muerte. Además de las novelas mencionadas y de su enorme producción cuentística, publicó también ensayos, poemas, cartas, obras teatrales y colaboró en varios guiones cinematográficos. En 1949 recibió el Premio Nobel de Literatura.

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Autor: William Faulkner. Título: El ruido y la furia. Editorial: DeBolsillo


ZENDA




jueves, 10 de septiembre de 2026

Un libro / El ruido y la furia, de Faulkner


William Faulkner
EL RUIDO Y LA FURIA

Un libro imposible



ANTONIO MUÑOZ MOLINA
25 OCT 2002


A principios de la primavera de 1928 no parecía que William Faulkner tuviera mucho porvenir, ni literario ni de cualquier otra clase. Con más de treinta años, sin ninguna profesión conocida, vivía de trabajos esporádicos, acogido como un zángano en la casa familiar, aislado en su pueblo remoto y palurdo. Estaba comprometido para casarse con una mujer divorciada y con dos hijos, su amor recobrado de la adolescencia, pero nadie sabía -ni él mismo, desde luego- cómo pensaba mantener a su nueva familia. Por esa época había hecho algún trabajo como pintor de brocha gorda, e incluso había probado a destilar licor clandestino, con el que pensaba obtener algún beneficio. Después de un viaje a Memphis, en el que perdió jugando a la ruleta el poco dinero que llevaba, descubrió que su licor había desaparecido: parte robado, parte incautado por la policía, en plena Prohibición.

martes, 8 de septiembre de 2026

Un libro / Aladdin et moi, de Jeanette Winterson

 


Jeanette Winterson © Jean-Luc Bertini

Aladino, Frankenstein y la IA: una entrevista con Jeanette Winterson

Steven Sampson
2 de septiembre de 2026

«Aladino y yo» , un ensayo de Jeanette Winterson, relata su encuentro con el personaje de Aladino y con Las mil y una noches . Se trata de un libro híbrido, a la vez íntimo, erudito y teórico, en el que la autora combina recuerdos personales con reflexiones sobre la historia de la ciencia, los estilos narrativos orientales y occidentales, los grandes mitos —como Drácula y Frankenstein—, la inteligencia artificial y el código binario, tanto en el ámbito de la sexualidad como en la informática. Su ensayo es cautivador.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Un libro / El grito de la lechuza, de Patricia Highsmith


Patricia Highsmith

Una sensación de peligro

  • Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA
EL PAÍS 8 FEB 1995

Lo que nos cuentan las novelas de Patricia Highsmith lo hemos sentido muchas veces en sueños. Soñamos que hemos cometido un crimen, y lo que nos agobia no es la culpa, sino el miedo a ser descubiertos y atrapados. Soñamos que una suma de circunstancias triviales de pronto se enredan en una malla que quiebra para siempre la estabilidad ficticia del mundo en el que vivimos, y cuando estamos más perdidos, cuando falta un segundo para que nos destruya la crueldad o el desastre, justo entonces nos salva el despertar. Pero sabemos, aunque es preferible no pensarlo, que esas cosas ocurren en la vida real, y que somos tan frágiles, tan absolutamente vulnerables, que a la vuelta de una esquina, en la sombra de un portal, en una curva de la carretera, nos puede estar aguardando un horror sin alivio posible. Despertarse será entonces emerger a una pesadilla. Esa poesía del espanto súbito, de la culpabilidad casual, que tal vez inauguró en la literatura moderna Franz Kafka, es la materia de la que están hechas las novelas de Patricia Highsmith. Decía Graham Greene que uno no podía evitar al leerlas una sensación de peligro personal. Desde la primera página hay siempre un principio difuso de inquietud y de agobio, una sugerencia desagradable de recelo. Se lee a veces a Patricia Highsmith igual que se camina de noche por una calle vacía que no nos es familiar, con aprensión y ganas de marcharse de allí, apresurando el paso, volviendo la cabeza para comprobar si a uno lo siguen, si esos pasos que escuchamos son tan sólo el eco de los nuestros. De esas novelas se sale como de un trance personal angustioso, y cuando se lee el final y le comprueba que los peores vaticinios de los primeros episodios se han cumplido con fatalidad inexorable hay un minuto de desesperanza moral y desagrado físico que sólo aliviamos al despertarnos del todo de la novela, al dejarla a un lado y mirar a nuestro alrededor con la misma sensación de habernos salvado que cuando abrimos los ojos después de un mal sueño.

Un libro / El legado de los espías, de John le Carré

John le Carré

La lección del maestro

Le Carré ha regresado en 'El legado de los espías' a su escritura rápida y limpia, animada por un oído excelente para los matices verbales


Antonio Muñoz Molina
19 de enero de 2018

Hábitos menores, gestos sutiles que pueden no advertirse, retratan a las personas de carne y hueso. George Smiley tiene el hábito de limpiarse las gafas con el forro de la corbata, y el de subírselas con el dedo índice cuando está escuchando a alguien y las gafas se le deslizan por la nariz. Cuando escucha lo que alguien le dice, George Smiley entra en una especie de trance de inmovilidad, entornando los ojos, como un melómano atento a cada pormenor de una interpretación.

domingo, 23 de agosto de 2026

Un libro / Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne




Poesía y geografía

'Veinte mil leguas de viaje submarino' de Jules Verne es la novela perfecta porque resume las dos metáforas centrales de cualquier literatura: la inmersión, el viaje



Antonio Muñoz Molina

14 de noviembre de 2014


Julio Verne
En aquel austero comedor no estaban aún el televisor y el frigorífico que ocuparían lugares de honor unos años más tarde. Había una ventana enrejada, una mesa camilla, una repisa de obra en un rincón donde estaba la radio, un reloj de péndulo colgado de la pared encalada. El tictac del mecanismo murmuraba en la caja de madera. Los cuartos y las horas resonaban nítidos como golpes de gong. Yo leía sentado en una silla de anea, apoyando los codos en la mesa, arrimado al brasero, abrigándome con las faldillas, en la casa donde reinaba el frío durante los meses de invierno. No había un sillón ni un sofá donde echarse a leer. De noche, los mayores se quedaban dormidos apoyando la cabeza sobre los brazos cruzados. El único sitio para descansar era la cama, y la cama estaba en un dormitorio helado. Cuando yo leía en ella se me quedaban frías las manos. Sostenía el libro con una mano mientras calentaba la otra debajo del embozo.

Un libro / Bleak House, de Dickens

Charles Dickens
Poster de T.A.

Semanas con Dickens

  • Lá maestría técnica de Charles Dickens no interfiere su desatada vocacion de folletinista

He entrado en septiembre en la compañía suntuosa de Charles Dickens. Según la luz del sol se hace más madura y dorada y las tardes más breves, voy avanzando por las casi 1.000 páginas de Bleak house (Casa desolada), que no es de sus novelas más conocidas entre nosotros, pero sí, sin la menor duda, una de las mejores, y la absoluta extemporaneidad de la lectura me parece un indicio alenta dar en el comienzo todavía perezoso de la temporada. Quisiera uno seguir leyendo y viviendo como lee y vive ahora, al margen de las coacciones insidiosas o destempladas del presente, dedicando los días a acontecimientos de tan delicada lentitud y tan escasa actualidad como las páginas de Dickens, los signos de la llegada del otoño a la vegetación o el modo en que el último sol de la tarde dora una nube inmóvil y solitaria que poco a poco acaba adquiriendo un intenso color morado, como un adelanto de los colores de octubre.Cuando ni la cabeza ni la biblioteca se tienen muy organizadas, las lecturas suelen seguir un ritmo sinuoso, hecho sobre todo de quiebros y de casualidades, de antojos o encuentros no premeditados. Este verano yo he llegado a Dickens a través de Vladimir Nabokov: releí Lolita, por uno de esos impulsos en los que no hay el menor cálculo, y de Lolita pasé a la estupenda biografia de Nabokov escrita por Brian Boye, en la cual hay un relato muy detallado de las clases sobre literatura europea que dio Nabokov a lo largo de los años cincuenta en la Universidad de Comell. Uno de los libros que a él más le gustaba explicar era precisamente Bleak house. Fui a buscarlo enseguida, di con él en una de esas ediciones sólidas y austeras de Penguin, y nada más tenerlo y sopesarlo en las manos yo creo que me transmitió algo de la felicidad anticipada de la lectura, una gravitación de mundo apretado y populoso que sólo nos sugieren las mejores novelas, los anchos novelones que nos hicieron descubrir para siempre el puro y simple entusiasmo de la literatura.

sábado, 22 de agosto de 2026

Bajo el volcán, de Malcolm Lowry


Malcolm Lowry

Bajo el volcán

Una adicción

Antonio Muñoz Molina
23 de febrero de 2008

Malcolm Lowry
Hace muchos años, en Granada, un amigo muy querido me encargó el primer trabajo literario por el que recibí una remuneración decente: escribir, para un volumen colectivo sobre la historia de la ciudad, un repaso breve de las crónicas que viajeros ilustres le habían dedicado a lo largo de los siglos, haciendo de ella un lugar de la imaginación tan exótico y tan infiel a la realidad como aquellos grabados que convertían en salones de esplendor oriental las estancias modestas de la Alhambra. Tenía que escribir quince páginas: como ocurre tantas veces en que un encargo acaba siendo un don inesperado, al cabo de meses de lecturas y descubrimientos acabé escribiendo más de cien. La ciudad en la que transcurría con tan poco lustre novelesco mi vida ocupaba un lugar distinguido en los mapas de la literatura. Algunas veces, en ciertos lugares, a una cierta luz, en la noche cerrada o en la claridad húmeda de las mañanas, en los atardeceres violeta, yo casi podía vislumbrar, más allá de la miopía de la costumbre, la ciudad que para otros estaba cifrada sobre todo en su nombre, mejorada o revelada por su leyenda. Coleccionaba testimonios que eran como esas postales de lugares lejanos que uno encuentra a veces en los mercadillos, escritas y enviadas hace cincuenta o cien años, con sus fotografías en color de paisajes que quizás ya no existen, tan borrados del mundo como la mano que escribió la postal y los ojos de quien la recibió.

Un libro / El cártel, de Don Winslow



La narración ilimitada

Ahora que el arte de la novela parece contraerse, Don Winslow se atreve a abarcar generaciones y países enteros



Empecé hace unas semanas a leer a Don Winslow y no he podido dejarlo. Hasta hace muy poco apenas me había fijado en sus libros y ahora empiezo uno en cuanto he terminado el anterior, y compruebo con impaciencia, casi con alivio, que acaba de publicarse otra novela suya, que reseñaba hoy mismo The New York Times. Lo peor de los prejuicios es que uno no sabe que los tiene. En escaparates de librerías, en suplementos literarios de aquí y de fuera, yo había encontrado el nombre de Don Winslow, pero no me había fijado mucho en él porque venía asociado a ese tipo de novelas que uno ve muy destacadas en las librerías de los aeropuertos, con portadas como titulares sensacionalistas, a veces en letras doradas en relieve.

martes, 18 de agosto de 2026

Un libro / Todo lo que hay que saber, de James Salter


James Salter


Lecciones de escritura

Se distingue a un verdadero maestro como James Salter en que carece de arrogancia. Muestra el deleite de ir aprendiendo, no la soberbia de saber


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
9 MAR 2018 - 18:19 COT


James Salter, durante su época de piloto militar.Ampliar foto
James Salter, durante su época de piloto militar.
Leyendo las conferencias sobre el arte de la ficción que James Salter dio en la Universidad de Virginia en 2014, uno no puede creerse que esas palabras hayan sido escritas y dichas por un hombre de 89 años. Y el motivo no es el grado de lucidez que muestran y la agudeza de sus observaciones, sino el aire de asombro y de tanteo que irradia de ellas, de entusiasmo a la vez sobrio y romántico hacia el oficio de escribir y las posibilidades de la literatura. Al filo de los 90 años, después de una vida entera en la que hizo casi de todo, desde escalar montañas a pilotar aviones de combate en la guerra de Corea, después de sobreponerse durante mucho tiempo a la oscuridad que envolvía su trabajo, al desánimo de la falta de reconocimiento, James Salter habla delante de los alumnos de la Universidad de Virginia con una especie de cautelosa inocencia. En sus palabras no hay rastro de esa insufrible seguridad con la que tantas veces los escritores, veteranos o no, predican ante el público voluntarioso y cautivo de las escuelas o másteres o talleres de escritura, haciendo creer a sus estudiantes que la literatura es una cofradía extremadamente restringida a la que ellos, los profesores, pertenecen, por una especie de derecho dinástico, o de privilegio congénito, y a la que pueden facilitar el acceso, no sin gran condescendencia, al aspirante que reúna las cualidades exigidas —siendo la más valiosa entre todas el sarcasmo arrogante de saberlo ya todo—.

sábado, 15 de agosto de 2026

Un libro / El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

FRAN PULIDO

Una novela de ahora mismo

Un siglo después de su publicación, el tiempo ha confirmado la total modernidad de ‘El gran Gatsby’

Antonio Muñoz Molina
12 de diciembre de 2025

 Hay regalos que duran toda la vida. Cuando nos despedíamos al final del último curso en la universidad, un amigo me regaló una edición barata de El gran Gatsby, que traía en la portada una foto de Robert Redford en esmoquin, reclamo evidente por la película de mucho éxito basada en la novela. Con distraído esnobismo de universitario, adicto a las severidades de los cineclubs, yo no había hecho caso a la película, y la portada de la novela no me había llamado la menor atención, imaginando que sería una historia romántica de las que abundaban entonces, a la zaga del éxito de Love Story. No hay ignorancia que no sea despectiva. El gran Gatsby, cada vez que vuelvo a ella, me parece un modelo de esa perfección que se alcanza tantas veces en la música, y creo que con bastante menos frecuencia en la novela. El gran Gatsby apareció en el mismo año prodigioso en el que Virginia Woolf publicaba Mrs. Dalloway y John Dos Passos Manhattan Transfer, y un año después de nada menos que La montaña mágica, de Thomas Mann. Proust había muerto en 1922, pero los últimos volúmenes de En busca del tiempo perdido seguían editándose, y en ese mismo año la heroica y muy sufrida librera Sylvia Beach le había costeado a James Joyce la publicación de Ulises, que en algunos capítulos tiene concordancias misteriosas con Luces de bohemia, impresa en libro en 1924. El “Madrid absurdo, luminoso y hambriento” de nuestro Valle-Inclán se parece mucho en ciertos pasajes de esperpento y desgarro al Dublín de Joyce, por donde también deambulan un maestro y un discípulo tan beodos como Max Estrella y don Latino de Hispalis.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Evelio Rosero / Lluvia de frailes en la selva

 


Evelio Rosero 

Lluvia de frailes en la selva


1

Primero llegaron en barco.

Eran mil cuatrocientos noventa y dos frailes que se desperdigaron como sombras por la tierra, esparcieron el bautismo a diestra y siniestra y clavaron en el corazón de cada aldea la cruz como una estaca mortal —según cuenta en su Historia de las misiones el monje sevillano Augusto de Jesús Recto Pacífico, y todavía añade—: Estos frailes eran la inteligencia, la soterrada cabeza de otros miles de barbudos trepados en sus equinos que asaban indios y los freían, los empalaban y desollaban, los reventaban y crucificaban en nombre de Dios.

jueves, 6 de agosto de 2026

Un libro / En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno

 



En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno


3 de agosto de 2026

En la novela En diciembre llegaban las brisas (Alfaguara). Marvel Moreno rompe con las figuras femeninas del universo mítico y narra una realidad que va desde las vidas privadas de los barranquilleros hasta una condición de la humanidad entera. Este libro contiene múltiples voces que se tejen alrededor de las contradicciones del mundo femenino, en un universo narrativo que combate tanto las ataduras de una vida burguesa y tradicional como sus formas de representación.