"Piranesi", la segunda novela de Susanna Clarke
Mariana Enríquez

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| Sussana Clarke |
Joaquín ToránSusanna Clarke regresa a la novela, tras dieciséis años de silencio, con Piranesi, su homenaje al artista homónimo y a Borges. El libro, una de las obras más originales de la Fantasía, sigue las andanzas de una suerte de historiador perdido, con cierta alegría, en una laberítica mansión. Pronto aflorarán los grandes temas del libro: el concepto de realidad ideal, la pugna entre cabalidad y cordura, o la soledad y la catarsis de la escritura.
Dieciséis años ha tardado Susanna Clarke en publicar una nueva novela. Dieciséis años de silencio y dolor en los que estuvo convaleciente por culpa del síndrome de fatiga crónica que padece. «La enfermedad fue devastadora» -reconocía la escritora en una reciente entrevista virtual en el periódico El País-. «Apareció poco después de la publicación [de Jonathan Strange y el señor Norrell]. Había días en que no podía hacer nada porque hacer cualquier cosa me resultaba horrorosamente doloroso. Así que dejé de escribir». Clarke ni siquiera podía salir a la calle; viajaba tan sólo con la imaginación, gracias a las lecturas que le deparaba su marido (por ejemplo, le leyó Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson). Sus pensamientos eran lúgubres, al igual que la percepción que tenía de sí misma: «de repente, era como si no fuese escritora», admitió.
The Guardia ha revelado la lista de los mejores libros de 2020, que empieza mencionando dos títulos indiscutibles: The Jornal of the Plague Year, de Daniel de Defoe, y La peste, de Albert Camus.
Maggie O'Farrell publica Hammet, una novela desgarradora sobre la mujer de Shakespeare, Anne Hathaway, y la pérdida de su hijo debido a la plaga. También centrado en la maternidad pero en otra pandemia, The Pull of the Stars, de Emma Donoghue. Y una más, sobre el mismo espanto, The Silence, de Don DeLillo, aunque su autor terminó la obra antes de la aparición del coronavirus.
Hay que mencionar tres grandes y sólidas escritores que dan término a sus ambiciosos proyectos. Ali Smith completa su cuarteto sobre las estaciones con Summer y Hilary Mantell redondea la trilogía de Thomas Crownell con The Mirror & The Light. Y, por su parte, con Jack, Marilynne Robinson transforma en cuarteto su trilogía de Gilead.
Sarah Moss continúa su sólida carrera con "Summerwater" y el famosísimo Martin Amis se sumerge en los territorios de la autoficción con Inside Story.
Dieciséis años después de su esplendorosa novela Jonathan Strange y el señor Norrell, vuelve Susanna Clarke a dar en el blanco con Piranesi.
En esta lista tan marcadamente anglosajona, se cuelan la italiana Elena Ferrante con The Lying Life of Adults (publicada en español como La vida mentirosa de los adultos) y la neerlandesa Marieke Lucas Rijneveld, que debuta con The Discomfort of Evening. Y una de las mejores escritoras africanas, Tsitsi Dangarembga, que culmina una trilogía con This Mournable Body, tres décadas después de Nervous Conditions.
Sólo figuran dos novela latinoamericana en la lista, Hurricane Season (Temporada de huracanes), de la mexicana Fernanda Melchor y Little Eyes, de la argentina Samanta Schweblin.
Su pregunta presupone que los magos tenemos una especie de obligación de practicar la magia, lo cual es una insensatez. No creo que a usted se le ocurra sugerir que sea tarea de los botánicos la creación de flores nuevas. Ni que los astrónomos tengan que modificar la posición de los astros en el espacio. Los magos, señor Segundus, estudian la magia que se practicaba en el pasado. ¿Por que se habría de esperar de ellos algo más?
Eran caballeros magos, lo que significaba que a nadie habían causado mal con la magia, como tampoco bien. A decir verdad, ninguno de ellos había obrado hechizo alguno, hecho temblar una hoja, inducido a una mota de polvo a modificar su trayectoria ni movido un cabello de la cabeza de alguien. Pero, con esta pequeña reserva, tenían fama de ser los hombres más sabios y los caballeros más mágicos de Yorkshire.
A los héroes de la Roma Imperial se les honraba con coronas de laurel; a los enamorados y los afortunados se les alfombra de rosas el camino; pero a los magos ingleses siempre se les honró con hiedra común.