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martes, 16 de junio de 2026

Frieda Hughes / La poeta y la urraca

  

La artista Frieda Hughes, fotografiada en su jardín.MANUEL VÁZQUEZ


Frieda Hughes: la poeta y la urraca

La pintora y poeta, hija de Ted Hughes y Sylvia Plath, se adentra en la autobiografía con ‘George, mi amistad con una urraca’, diario sobre su día a día con el pájaro que rescató en su jardín. Hoy vive con 14 búhos, dos perros, cinco chinchillas, un hurón y una pitón real.

domingo, 3 de agosto de 2025

Graham Norton / Los libros de mi vida

 

Graham Norton


Graham Norton
LOS LIBROS DE MI VIDA



LA CAMPANA DE CRISTAL

Cuando tenía unos 15 o 16 años, teníamos un profesor suplente que traía bolsas de plástico llenas de novelas y nos las tiraba a todos sentados en nuestros pupitres. Por casualidad, encontré ‘La campana de cristal’ de Sylvia Plath, lo que realmente cambió mi percepción de los libros. Era divertida, sofisticada y cruda de una forma que desconocía por completo. Pero más que eso, como dicen ahora, me sentí identificado. Esther Greenwood contenía tantas emociones y cualidades que reconocí. ¡También me alegra decir que el profesor suplente Niall sigue siendo un buen amigo!




CHARLES DICKENS

Creo que conocí a Charles Dickens demasiado pronto y lo encontré muy oscuro y denso. Solo muchos años después, cuando tuve que leer ‘Oliver Twist’ por trabajo, me di cuenta de lo increíblemente cautivadores y entretenidos que son sus libros. Hay un pasaje hacia el final de ‘Historia de dos ciudades’ donde Carton recorre las calles de París contemplando su muerte, que es tan hermoso y profundo como cualquier otra obra que haya leído.



RELEER

Rara vez releo algo, pero si lo hago, probablemente sea durante el verano en Irlanda y suele ser un clásico, como ‘Mansfield Park’ de Jane Austen o ‘Cumbres Borrascosas’ de Emily Brontë. Es un placer enorme descubrir cuánto has cambiado, ya que los distintos personajes y tramas te hablan de forma distinta. Es curioso cómo todos aportamos nuestro punto de vista a cada novela que leemos.




EL LIBRO QUE DESCUBRÍ TARDE EN LA VIDA

Las novelas de Elizabeth Taylor fueron un descubrimiento bastante reciente para mí. ‘La señora Palfrey en el Claremont’ es un libro impresionante. Irónico, divertido y desgarrador, pero nunca cruel. ¿Quizás hay que ser un poco mayor para disfrutarlo de verdad? También me recomendaron hace poco las obras de la difunta Octavia Butler. Rara vez leo ciencia ficción, pero "Kindred" es la novela más visceral sobre los horrores de la esclavitud que he leído.

MI LECTURA DE CONSUELO

Agatha Christie, ¿qué más? Asesinatos espeluznantes y soluciones ingeniosas. Un bálsamo para cualquier alma atribulada.

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THE BOOKS OF MY LIFE
Graham Norton / ‘The Bell Jar changed how I felt about books
The Guardian, 20 de junio de 2025

lunes, 11 de diciembre de 2023

Un personaje / Sylvia Plath

 


El club de los poetas suicidas: 

Sylvia Plath

Nunca volveré a hablar con Dios. Esa es la respuesta que Sylvia Plath le da a su madre cuando esta le comunica que su padre ha muerto. La infancia de la poeta, hasta que su padre muere, es bastante común en la medida que las familias felices son comunes. Los padres eran personas inteligentes: Otto, un erudito bastante más preocupado por su carrera y sus publicaciones que de su familia; Aurelia, capaz de renunciar a su carrera y su intelecto, quedar en un segundo plano para tener lo que ella entiende por hogar feliz. La madre, que ayudaba en las divulgaciones científicas a su marido y se hacía cargo de la pequeña Plath, hablaba así de su primer año de matrimonio, muy diferente de lo que fue el primer año del matrimonio Hughes-Plath: Comprendí que si quería un hogar tranquilo (y así era) tendría que hacerme a la idea de ser más sumisa, aunque no iba con mi carácter. Así, el hogar Plath era tranquilo gracias a la renuncia de la madre. Otto, en cambio, se encerraba en su estudio a trabajar, con un rol mucho más autoritario y respetuoso, pero también distante: él era el centro de la familia y los miembros de esta debían adaptarse a su condición de hombre culto y académico. El primer problema con el que se enfrenta Sylvia Plath, con dos años, es que ha nacido su hermano Warren. Un bebé. Odio a los bebés. Yo, que durante dos años y medio había sido el centro de un tierno universo, sentí que el eje se torcía y que un frío polar me paralizaba los huesos. Ese tierno universo se lo debía, en parte, a sus abuelos maternos, a los que convirtió en refugio y en recuerdo perfecto a lo largo de los años. Además de que el abuelo la tenía endiosada —una diosa y una mujer en miniatura—, con las recurrentes enfermedades del hermano y, más tarde, del padre, Sylvia Plath se vio agradablemente obligada a pasar más tiempo con ellos. Entonces, Aurelia le mandaba cartas a su hija, a la casa junto al mar en la que se había instalado: Estoy muy orgullosa de lo bien que coloreas los dibujos. Procura escribir tan bien como coloreas. Procura escribir las palabras en vez de imprimirlas.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Personajes / La terrible historia de Sylvia Plath y Assia Wevill, según Jorge Volpi

 

Sylvia Plath


La terrible historia de Sylvia Plath y Assia Wevill, según Jorge Volpi

En su segunda obra de teatro, "Las agujas dementes", el escritor mexicano aborda la tormentosa vida de cuatro personajes unidos por la poesía.


Fernando Hernández Urías

10 de diciembre de 2020



En su segunda obra de teatro, Las agujas dementes, Jorge Volpi aborda la tormentosa vida de cuatro personajes unidos por la poesía, pero también por la violencia, la ansiedad y la incapacidad de ser felices.

lunes, 27 de noviembre de 2023

Casa de citas / Assia Wevil / Voy a seducir a Ted Hughes

Assia Wevil


Assia Wevil
Voy a seducir a Ted Hughes



Assia Wevill (1927-1969) y su marido habían recibido una invitación para pasar el fin de semana en el campo. Los anfitriones: el brillante matrimonio compuesto por Ted Hughes y Sylvia Plath, cuyo piso londinense acababan de alquilar. La frase, comentario a una colega del trabajo, resultará premonitoria, pues tanto Hughes como Assia quedaron mutuamente deslumbrados. Sería el principio de una atormentada historia de amor que pronto quedó marcada por la tragedia a raíz del suicidio de Plath, ya separada del poeta. Aunque compartió su vida con Ted Hugues durante seis años y le dio una hija, Assia siempre se vio relegada a un segundo plano. Al final, hundida en la depresión, acabaría quitándose la vida igual que Sylvia, sólo que llevándose también a su pequeña. Exótica, cosmopolita y culta, Assia Wevill hipnotizaba por igual a hombres y a mujeres. Pero, pese a su aparente aplomo, una inseguridad de fondo le impedía encontrar su centro y la llevaba a definirse siempre en función de los hombres de su vida. En su testamento dejó escrito un epitafio para su tumba: "Aquí yace una amante de la sinrazón y una exiliada". Como tantas otras veces, y empeñado en borrar su rastro, Hughes tampoco respetaría su última voluntad.

La obra de Yehuda Koren y Eilat Negev, periodistas y escritores, cuenta con un amplio reconocimiento crítico. Entre sus títulos están The First Lady of Fleet Street (2011) y Giants. The Seven Dwarfs of Auschwitz (2013).


LIBRERÍA ATALAYA





domingo, 16 de abril de 2017

Triunfo Arciniegas / Diario / Crónica

Agapea
Palma de Mallorca, 2017
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
Crónica
Palma de Mallorca, 16 de abril de 2017


Me acordé de una frase que contradice todas mis reflexiones de ayer: "Cuando uno viaja, el hogar se queda en casa". La verdad es que no vale la pena viajar con nostalgia. Cuando vivía en Bogotá extrañaba demasiado a René, que entonces era un niño: tenía pesadillas y sufría mucho. Hasta que reconocí que no podía seguir así y me impuse la tarea de no pensar. Lo he conseguido a medias.

La frase contradice mis reflexiones en cierta forma, porque ayer me estaba refiriendo sobre todo a la ilusión de otra persona que hiciera las cosas por uno durante los viajes, pero de manera mágica, sin instrucciones, como si uno mismo se encargara de la tarea. Como si uno mismo se hubiera quedado en casa.


Volví a leer de un día para otro y con el mismo regocijo Crónica de una muerte anunciada. ¿Tercera o cuarta vez? La novela es un trabajo de relojería, una lección de escritura. Cinco capítulos redondos, cada uno con una temática precisa: la escaleta, un recurso que García Márquez aprendió del cine, es perfecta. Me encanta la precisión de las palabras, me encanta la economía del lenguaje: no sobra una sola frase. ¿Alguien habrá escrito sobre el uso del adjetivo en la obra de García Márquez? En este arte, Borges es simplemente genial. 



Sucede que encontré la bella edición de Crónica del Círculo de Lectores en una feria del libro que armaron en Jardines de la Misericordia, a unos cien metros de donde me hospedo en estos días, y decidí aprovechar la ocasión para una relectura. Suspendí el paseo por Palma y vine casi corriendo a casa con el manjar. Ha valido la pena, por supuesto. Estoy pensado en leer por octava vez Cien años de soledad, y ojalá en portugués o en francés o, por qué no, en italiano. Necesito meterle el diente a estos idiomas, que usaré en la medida de mis posibilidades en el próximo viaje. 

Mañana se cumplen tres años de la muerte de García Márquez. Leerlo es el homenaje obvio. Leerlo es regocijo puro.



Crónica de una muerte anunciada no es la única joya que he comprado. Ahora estoy devorando una biografía de Marlon Brando. Aunque no es un gran libro, me resulta divertido. De hecho, compré dos biografías de Brando en seis euros. Y la lista apenas empieza: dos novelas de Sándor Marái, la primera de Jonathan Safran Foer, Todo esta iluminado, unos cuentos de Fernando Iwasaki que andaba buscando, la trilogía de Stieg Larsson para regalar en Palma, Paseos por Berlin, de Franz Hessel. Y la joya de la corona: ayer conseguí, en la sección de novedades de Agapea y por casi treinta euros, Diarios completos, de Sylvia Plath, publicado en Barcelona hace cinco meses por Alba Trayectos. Nunca estarán completos estos diarios. Ted Hughes, su marido, destruyó el último cuaderno, por obvias razones, y hay otro "desaparecido". No hay una sola entrada de los últimos siete meses de vida. El diario concluye cuando Sylvia Plath aún vivía con Ted Hughes. Sin duda se perdieron páginas desgarradoras. Ted Hughes se fue a vivir con otra mujer y Sylvia Plath se quedó sola con Nicholas y Frieda, sus dos pequeños hijos. Una cruda mañana del invierno del 63, en Londres, puso a salvo a los niños, abrió la llave del gas y eso fue todo.

El marido vale huevo. ¿Pero qué pasó con los niños? Nicholas Farrar Hughes Plath fue un hombre solitario y maníaco depresivo, se refugió en Alaska como profesor de Ciencias del Mar y se ahorcó en su casa en 2009. Había cumplido 47 años. Nunca se casó ni tuvo hijos. Frieda Rebecca Hughes Plath, escritora y columnista, sobrevive pesar de sus trastornos depresivos, la anorexia y la esclerosis múltiple. Hace unos días cumplió 57. Vida  malparida.

Cito el tercer párrafo del prólogo de Karen V. Kuril: "Los dos diarios que Plath escribió durante los últimos tres años de su vida no están incluidos. uno de ellos "desapareció", según cuenta Ted Hughes en su prefacio a la edición de Frances McCullogh, Journals of Sylvia Plath (Nueva York, Dial Press, 1982), y no ha aparecido hasta la fecha. El segundo "cuaderno con el dorso marrón", que contenía las entradas hasta tres días antes del suicidio de Plath, fue destruido por el propio Hughes."