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jueves, 20 de enero de 2022

Casa de citas / Borges / Adiós, pelota

 


Casa de citas
Borges / Bioy Casares
ADIÓS, PELOTA

Sábado, 2 de noviembre de 1957

Vamos a tomar el té a casa. Un chico que juega al fútbol en la calle, al ver que su pelota corre debajo de mi automóvil, grita: "Adiós, pelota'. Borges comenta: "Adiós, pelota. Toda la ternura y la poesía que hay en esa frase". BIOY: "Así es fácil hacer poesía. La palabra pelota es irrefutable".

Adolfo Bioy Casares
Borges
Ediciones Destino, Barcelona, 2006, p. 386



sábado, 17 de septiembre de 2016

Casa de citas / Bioy Casares / Un escritor argentino


Adolfo Bioy Casares 
Un escritor argentino

Me considero, y eso es lo que soy, un escritor argentino que he utilizado convenientemente la vena fantástica porque la entiendo literariamente válida para expresarme, pero que en mis últimas obras, y a partir de La invención de Morel he incorporado cada vez más la realidad argentina. El sueño de los héroes, por ejemplo, es una fábula metafísica, cierto, pero también real, donde Buenos Aires se encuentra presente y la mitología ciudadana es fácilmente reconocible. Y del Diario de la guerra del cerdo se ha escrito, no lo digo yo, que el tema parecía sólo reservado a la novela comprometida o de tesis, y sin embargo demostré que se puede llegar igualmente al compromiso a través de características expresivas que no tienen que ser forzosamente realistas. Para mí, la literatura forma parte de la vida, está dentro de ella, pero cada uno la vive de distinta manera y todos los procedimientos resultan válidos, mientras no se renuncie a la lucidez a cambio de la obnubilación. Yo no soy político en el sentido profesional de la política. Soy un hombre, un ciudadano, y, como tal, un ser político por definición, que escribe desde una realidad que no puedo soslayar, aunque me es permitido asumirla y expresarla de la única manera que los dioses me han dotado para hacerlo. Hay gente que me tiene por un tipo raro que vive inmerso en un universo de fantasías inútiles, pero esos tipos se equivocan, porque como argentino me preocupa mi país, estudio las causas de su inestabilidad, quisiera disponer de los medios para cambiar las cosas y sufro cuando el pueblo sufre, pero no soy tan estúpido como para creer que si en vez de escribir la utopía pesimista que es Diario de la guerra del cerdo hubiera escrito un panfleto incendiario, las cosas hubieran ido mucho mejor. La pluma es un medio de transformar la realidad sobre el papel, pero nunca será el arma mortífera que sirva para conjurar los peligros de la realidad desnuda que los políticos manosean a placer y encausan por donde les conviene.



domingo, 16 de noviembre de 2014

Casa de citas / Rodrigo Fresán / Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

Rodrigo Fresán
BIOY CASARES

Era un gran anfitrión. Sobre todo, como dije, si llegabas bien acompañado. Y era un gran conversador. No sólo sobre literatura. Ahora que lo pienso y lo recuerdo, no hablaba mucho de lo suyo. Eso sí, parecía saberlo todo sobre los demás y lo de los demás; pero lo manifestaba con elegancia. En lo personal, y para mí fue un gran elogio, fue el único entre mis lectores que se dio cuenta de que él mismo era el narrador del primer relato de La velocidad de las cosas. Una vez fui a entrevistarlo junto con Fito Páez y la conversación tuvo tramos antológicos, como cuando Bioy se demoró en preguntarse y responderse acerca de si los fantasmas se cepillaban los dientes. Lo visité más seguido en sus últimos tiempos y me acuerdo mucho de una vez en la que, temblando, me dijo que le daba mucho miedo morirse porque "es algo que nunca estuvo en mis planes". Lo vi por última vez -fui a visitarlo luego al hospital donde falleció, pero no admitían visitas- poco antes de morirse. Tuve la previsión de ir acompañado de Ana, con quien me casaría a la brevedad en México (y quien no dudó en comentarme que si Bioy tuviese unos pocos años menos se fugaba a donde fuera con él y sin pensarlo demasiado) y el hombre estaba exultante y hasta jugueteó con la idea de viajar a Guadalajara y ser nuestro padrino de boda. Pero no pudo ser, está claro. Bioy -y Stanley Kubrick- murieron durante mi luna de miel. Dos de mis ídolos máximos. Mal signo, pensé. Pero aquí estamos todavía, con Ana, juntos, toco madera. Meses antes, durante mi última visita a su departamento de la calle Posadas, Bioy ya estaba en silla de ruedas. Y, en el momento de la despedida, insistió, como caballero que era, en acompañarnos hasta la puerta. Ana se ofreció a empujársela; pero yo le dije en voz baja que, como había una enfermera, tal vez no convenía entrometerse en el protocolo establecido para estas cosas. A lo que Bioy, que tenía un oído privilegiado, volteándose en la silla, lanzándome una mirada fulminante a mí y una sonrisa encandiladora a Ana, comentó: "Fresán, a esta altura de mi vida lo único que puede concederme su futura esposa es el empujarme la silla de ruedas. No me prive también de eso".


miércoles, 8 de octubre de 2014

Casa de citas / Borges / Sobre "Emma Zunz"

Egon Schiele
Desnudo femenino sentado
Jorge Luis Borges
Sobre "Emma Zunz"
Viernes, 2 de octubre de 1953

Ese cuento no es mío. Me lo dio Cecilia Ingenieros. Yo lo escribí porque me pareció extraño y dramático. Está basado en la idea de la venganza, que yo no entiendo. Si todas mis obras desaparecieran y sólo quedara "Emma Zunz", nada mío habría quedado.

Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 89



martes, 7 de octubre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Frases hechas

Adolfo Bioy Casares
FRASES HECHAS
Martes, 31 de julio de 1956

Las frases hechas y los modismos dan el tono. Si uno recarga el estilo de frases hechas, el tono es de lata. La falta absoluta de frases hechas suprime el tono.


Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 184



jueves, 2 de octubre de 2014

Casa de citas / Borges / Azorín


Azorín
Jorge Luis Borges
AZORÍN
Miércoles, 12 de diciembre de 1956


BORGES: Le preguntaron a Azorín por qué ponía títulos en inglés a sus piezas de teatro. "Shakespeare también lo hizo", contestó.


Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 254



miércoles, 1 de octubre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Toda la literatura argentina


Adolfo Bioy Casares
Toda la literatura argentina
Viernes, 22 de julio de 1955

Voy a Emecé; en la calle Florida, caminando con Borges, nos encontramos con Mallea y Mujica Lainez. Éste, con evidente satisfacción, exclama: "¡Toda la literatura argentina!".


Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 139



martes, 30 de septiembre de 2014

Casa de citas / Borges / Bioy Casares / Unamuno

Miguel de Unamuno, 1925
Jorge Luis Borges
Adolfo Bioy Casares
UNAMUNO
Viernes, 19 de junio de 1964.



Come en casa de Borges. Leemos poemas de Unamuno, sobre quien dará una conferencia (Unamuno, poeta). BORGES: "¿Y si les digo que después de leer los poemas de Unamuno he resuelto hablar sobre cualquier otro?". BIOY: "Qué torpeza, que fealdad idiomática. Para lograr una rima llega a cualquier sacrificio. En uno de sus mejores poemas dice eterno nido porque necesitaba la rima. A veces no se sabe cuál es el ripio. Si en una línea escribe silla, en otra pone cilla. Nunca fluye con naturalidad". BORGES: "¿Quién será tan torpe? En otros idiomas no conozco poetas tan torpes". BIOY: "Quizá, en sus versos, Güiraldes. Uno se pregunta: ¿Por qué se ponen a escribir, si les cuesta tanto? Hace mal leer esto: uno se siente en un mundo en que el defecto y la chapucería son la norma, lo único posible. Uno teme el contagio, lo descubre en uno, la facilidad y la belleza parecen inalcanzables, sobrevienen el abatimiento y uno correría a suicidarse. Hoy leí Weir of Hermiston". BORGES: "Bueno, Stevenson, qué diferencia". BIOY: "También los Machado, Darío, López Velarde, Lugones, Banchs... ¡Qué diferencia!". BORGES: "Ahora que me comprometí, mejor seguir adelante. Hablaré de la poesía intelectual. La idea de que se la podía oponer al modernismo me atrajo. De todas maneras, aunque lo elogie, la tibieza aparecerá"


Adolfo Bioy Casares 
Borges 
Buenos Aires, Destino, 2006, págs. 1034-1035


  

lunes, 29 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Malevo

Jorge Luis Borges
Adolfo Bioy Casares
MALEVO
Miércoles, 27 de noviembre de 1956

Miembros del jurado para el Premio Nacional de Poesía, Borges y Nalé Roxlo discuten. Borges elogia Juan Nadie, el largo poema de Etchebarne, que narra la vida de un malevo. NALE ROXLO: "Usted conoce a los malevos por libros; yo los conozco directamente. Yo he sido malevo". BORGES: "Así lo creo".


Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 247






jueves, 25 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Comida con Grünberg


Adolfo Bioy Casares
COMIDA CON GRÜNBERG
18 de diciembre de 1952

Años atrás, Borges prologó un libro de Grünberg (Mester de judería, 1940). Poco después Grünberg lo invitó a comer; quería que Borges llevara amigos; como Borges no propuso ningún amigo, Grünberg sugirió un Guillot Muñoz, que Borges aceptó. "¿Dónde vamos a comer?", preguntó uno de ellos; propusieron lugares modestos; Grünberg no quería ni oír; habló de La Cabaña, en la calle Entre Ríos. Los obligó a tomar algo en el bar, whiskie o algún otro licor previo. Después ordenó un inmenso menú. Los obligó a comer de todo, a repetir cada plato; casi no los dejaba hablar para ponerles comida en la boca. BORGES: "Y vos sabés la carne que se come en esos lugares: te traen bifes como para hacerte vegetariano para el resto de tus días". En un momento, Grünberg debió levantarse para ordenar algún nuevo plato. Guillot Muñoz y Borges se miraron. "Guarango de mierda", dijo el primero. "¿Nos vamos?", propuso el segundo. Cuando se resolvían, regresó Grünberg. Lo miraron furiosos, pero debieron aceptar más comida y después de todo cognac en balones. Borges, que nunca fumó habanos, guarda todavía un Partagás que no pudo rechazar. BORGES: "Grünberg quería hacerme sentir que me pagaba el prólogo, peso sobre peso. Desde entonces no volvimos a vernos".



Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, p. 71.



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Señora


Ilustración de Ofra Amit

Adolfo Bioy Casares
SEÑORA
17 de septiembre de 1951


Borges me habla de una señora de edad, que fue muy linda y que, según parece, afirma que se ha vuelto mucho más interesante: "Ahora los hombres quieren conversar conmigo; antes sólo querían acostarse".



Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Editorial Destino, Barcelona, 2006, pp. 59 - 60.



martes, 23 de septiembre de 2014

Casa de citas / Borges / Los sucesivos borradores


Fotografía de Elena Schumilova
Jorge Luis Borges
LOS SUCESIVOS BORRADORES
13 de enero de 1948


El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conocer claramente: esa sombra llega a ser y lo otro desaparece. La obra llega a ser lo real y la idea va quedando como un vestigio de la obra, progresivamente más irreal. Al ver los poemas tempranos de Yeats -buenos al cabo de veinte años, tras muchas correcciones- he pensado que los escribió para llegar a esta forma: son poemas que han necesitado toda la vida del autor para llegar a la forma perfecta. Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor. Yeats empezó a escribir los suyos porque confusamente los adivinaba como son ahora, como quedaron después de las últimas correcciones; los poemas malos serían poemas no concluidos. 

Adolfo Bioy Casares
Borges
Editorial Destino, Barcelona, 2006, pp. 33 - 34.





lunes, 22 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Ultima conversación con Borges



Adolfo Bioy Casares
ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON BORGES
Lunes 12 de mayo de 1986

Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, llamó el teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvia le preguntó cuándo volvían; María no contestó a esa pregunta. Silvina habló también con Borges y volvió a preguntar: "¿Cuándo vuelven?". Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía, para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal y que le hablara en voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. "Regular, nomás", respondió. "Estoy deseando verte", le dije. Con una voz extraña, me contestó: "No voy a volver nunca más". La comunicación se cortó. Silvina me dijo: "Estaba llorando". Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.



Adolfo Bioy Casares 
Borges 
Buenos Aires, Destino, 2006, pág. 1591



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sábado, 20 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Borges y Estela Canto

Borges y Estela Canto
Adolfo Bioy Casares
BORGES Y ESTELA CANTO

Marzo de 1950: "Estela quería que Borges se acostara con ella. Una tarde, en la calle, se lo dijo brutalmente: 'Nuestras relaciones no pueden seguir así. O nos acostamos o no vuelvo a verte'. Borges se mostró muy emocionado, exclamó: 'Cómo, ¿entonces no me tenés asco?', y le pidió permiso para abrazarla. Llamó a un taxi. Ordenó al chofer: 'A Constitución', y agregó, para Estela: 'Vamos a comer a Constitución. We must celebrate'''. 



Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición Minor / Edición al cuidado de Daniel Martino
Blacklist Selectos
Barcelona, Editorial Planeta, 2011, p. 11


Casa de citas / Bioy Casares / Borges y Silvina Bullrich
Adolfo Bioy Casares / María Kodama


viernes, 19 de septiembre de 2014

Casa de citas / Bioy Casares / Borges y Silvina Bullrich

Silvina Bullrich
Adolfo Bioy Casares
BORGES Y SILVINA BULLRICH

"Borges estaba muy enamorado de Silvina Bullrich. Un día, ésta le preguntó: '¿Qué hiciste anoche, cuando volviste del Tigre?'. Borges: 'Fui caminando a casa, pero pasé frente a la tuya: tenía que pasar frente a tu casa esa noche'. Silvina le preguntó a qué hora había pasado. Borges: 'A las doce'. Silvina: 'A esa hora yo estaba en mi cuarto, en mi cama, con un amante'".

Adolfo Bioy Casares
Borges
Edición Minor / Edición al cuidado de Daniel Martino
Blacklist Selectos
Barcelona, Editorial Planeta, 2011, p. 11


Casa de citas / Adolfo Bioy Casares / Borges y Estela Canto
Adolfo Bioy Casares / María Kodama


domingo, 19 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Silvina Ocampo


Martín Prieto

La vida matrimonial 

de Silvina Ocampo y Bioy Casares

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Entre biografías, autobiografías, memorias, novelas en clave y correspondencias, nos hemos ido enterando de casi todo: de la relación de Elena Garro con Bioy, de la de Bioy con la sobrina de Silvina, de la de Silvina con Alejandra Pizarnik... El relato de Jovita Iglesias, cocinera, ama de llaves, amiga, enfermera y confidente de los Bioy durante cincuenta años prometía más de lo mismo, y apuntaba a seguir consolidando el mito erótico y amoroso de "el matrimonio literario más destacado de la Argentina": el de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. En cambio, su narración, convertida en prosa literaria por Silvia Renée Arias (que en ocasiones exagera un tanto en la contextualización), descubre tragedia donde se suponía que había glamour y dolor en lugar de buena vida.
Es que, salvo en alguna escena puntual y muy pretérita (Silvina nadando en la pileta de su edificio de Santa Fe y Ecuador), el ojo de Iglesias (ingenuo, bien intencionado, profundamente amoroso) vio menos encanto que patetismo, y ésa es la nota que finalmente se impuso en sus memorias. Bioy, como un enfermizo Don Juan entrando furtivamente de noche al cuarto de Jovita ("Me daba un abrazo y unos cuantos besos. Y era, y sería, muy cariñoso conmigo. Después yo le decía ''buenas noche, hasta mañana'' y eso era todo"); Silvina y Bioy olvidándose regularmente de pagar los sueldos de sus empleados, mientras ella acumulaba billetes enormes en una bolsa oculta en un armario, descubierta muchos años después por una empleada cuando ya habían perdido todo valor; Silvina rescatada de arrojarse por la ventana (significativamente de la cocina), atormentada de celos; Silvina poniendo un sillón en el hall de su casa para saber cuándo volvía su marido de sus andanzas (y cuando lo escuchaba abrir la puerta de calle con "su oído de tísica" se deslizaba a su cama y se hacía la dormida).
Pero estas memorias de Jovita son, sobre todo, el recuerdo de la vejez de sus patrones, que parece llegar para cobrarles todo. Silvina duerme en su cama, Bioy, como siempre, debido a sus problemas de lumbago, en el piso. Silvina se levanta para tomar agua, se tropieza con su marido y se le cae encima. Ella queda atolondrada, más por la situación que por el golpe, y él, en crisis de dolor de espaldas. Ninguno de los dos se puede levantar. Uno sobre el otro, gritan durante horas hasta que el marido de Marta, la hija de Bioy, los escucha —vivían en el piso de abajo— e interrumpe finalmente la horrorosa pantomima de una escena de amor. Más tarde, Silvina comenzó a desvariar irregularmente. Y Bioy decidió rodearla de un ejército de enfermeras que tenían órdenes de seguirla a todas partes. Ofendida, deja de hablarle —para siempre— a su marido, quien todas las mañanas se arrodillaba frente a la muda voluntaria y le decía: "Silvinita, por favor, dame un beso, me muero por un beso tuyo. Por lo que más quieras, Silvinita, no me hagás esto, no sabés el daño que me hacés". Y ella miraba para otro lado.
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Martín Prieto 
La penuria de los escritores ricos 
Clarín, 28 de septiembre de 2008


sábado, 18 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Elena Garro

Adolfo Bioy Casares, 1968
Foto de Alicia D'Amico
Mario Paoletti
Bioy Casares se enamora de Elena Garro
cuando aún era la esposa de Octavio Paz

Borges se enamoraba realmente mientras que Bioy, según propia confesión, no se enamoraba nunca. La excepción fue la mexicana Garro, de la que Bioy se enamoró cuando aún era la esposa de Octavio Paz. Esta relación, que fue un secreto bastante bien guardado, no se hizo pública hasta 1996, tres años antes de la muerte del escritor, cuando ella vendió a la Universidad de Princeton sus archivos personales, que incluían las cartas que Bioy le había escrito entre 1949 y 1969. Por entonces estaba en la pobreza más absoluta, fumando compulsivamente cigarrillos mentolados. Garro dijo del romance: “Fue el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozca que todo fue un mal sueño que duró muchos años”. Lo había conocido a finales de los 40 en el hotel George V, el más elegante de París, cuando Bioy estaba alojado allí con su esposa Silvina Ocampo. “Mantuvimos una amistad que se prolongó durante 20 años, pero de repente se acabó. Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida. Cuando me fui de México después de 1968 tenía cuatro gatos y no los quería dejar aquí. Me vino a la mente recurrir a Bioy y entonces le mandé mis bichitos en una caja por avión a Buenos Aires, porque sabía que era muy rico y tenía casas grandes donde acogerlos. Aceptó y dijo “los recojo a todos”. Los tuvo un tiempo en su casa. Sin embargo, Pepe Blanco me escribió luego que se los había llevado a una casa de campo, a una quinta, y los había dejado ahí. Me dio coraje. Él adujo que lo había hecho para darles más libertad. Yo, en cambio, me dije: “Pobrecito de mis gatos”. El amor que sentía por él se secó. Haga de cuenta que nunca estuve enamorada”. De Elena Garro ha dicho Bioy, poco antes de morirse, que es la única mujer a la que había “adorado”. La imagen pública de Elena Garro se ha oscurecido desde que el gobierno mexicano abrió sus archivos sobre la escritora, en los que consta que fue informante de la policía y que denunció a muchos de sus colegas (entre ellos Leopoldo Zea, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis y al propio Octavio Paz) como agitadores de izquierda. Tuvo, también, unos extraños contactos con el presunto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald. Garro apoyó la brutal represión, en 1968, conocida como “la matanza de Tlatelolco”.

Mario Paoletti 
Bioy, el amigo de Borges 
Revista de Occidente, Nº 351, Julio-Agosto 2010, págs. 137 y 138


viernes, 17 de agosto de 2012

Casa de citas / Adolfo Bioy Casares / Infinidad de mujeres


Adolfo Bioy Casares
INFINIDAD DE MUJERES



Un día que íbamos en mi auto, por Figueroa Alcorta, hacia Palermo, Silvina (Ocampo) dijo unos versos muy hermosos que serían después una estrofa de Enumeración de la patria; intuí que eran suyos y le dije que era una gran poeta.

En el Rincón Viejo, un día le anuncié a mi querido amigo Oscar Pardo:

        –Prepárate. Nos vamos a casar.

Corrió a su cuarto y volvió con una escopeta en mano. Entendió que íbamos a cazar. El casamiento fue en Las Flores y los testigos, además del mencionado Óscar, Drago Mitre y Borges. Ese día, en el estudio fotográfico Vetere, de aquella ciudad, nos fotografiamos. A veces me he preguntado, a lo largo de mi vida, si no he sido muchas veces cruel con Silvina, porque por ella no me privé de otros amores. Un día en que le dije que la quería mucho, exclamó:

–Lo sé. Has tenido una infinidad de mujeres, pero has vuelto siempre a mí. Creo que eso es una prueba de amor.


Adolfo Bioy Casares 
Memorias 
Buenos Aires, Tusquets, 1994, págs. 87 y 88



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jueves, 16 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Dos o tres mujeres para ser feliz


 Bioy Casares 

Dos o tres mujeres para ser feliz


Sin despeinarse nunca Adolfo Bioy llevó una vida muy atareada: tenis por la mañana, amores por la tarde, lecturas y literatura a cualquier hora y para cenar, como plato único, Borges en su propia salsa. Cazar mujeres al ojeo y ser muy querido, al margen de los libros, fue su primer oficio. En una reunión de amigos una noche en casa del escritor Mastronardi, exclamó: "Genca está poderosísima". Se trataba de Silvia Angélica, una adolescente, sobrina del propio Bioy. Él reparó por primera vez en su extraordinaria belleza y al día siguiente la hizo su amante. Fue una historia de tantas, sin duda la más obsesiva, pero Bioy estaba siempre con el arma cargada en estado de revista y por sus brazos pasaron innumerables mujeres, casadas y solteras, unas muy finas y otras bataclanas. El escritor en el descapotable en la puerta trasera del teatro, con un cigarrillo Lucky Strike en los labios, esperando a la primera actriz o a una hermosa corista, es uno de sus perfiles. A veces jugaba una simultánea, como en el ajedrez, con dos o tres amores al mismo tiempo. En una partida avanzaba un peón, en otra se comía un alfil, en otra hacía jaque mate.
-Cuando tuve una sola mujer, realmente fui muy infeliz. Con dos o tres me iba mejor. Parece que lo adivinaban y me mimaban para no perderme. No me considero un hombre inmaduro. Tal vez he sido un donjuán para protegerme. Cuando jugué a la verdad, a entregarme del todo a la persona que quería, esa persona inmediatamente me dominaba y me castigaba.
..



Manuel Vicent
Póquer de ases
Madrid, Alfaguara, 2009, págs. 65 y 66


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jueves, 19 de julio de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / La primera obligación del escritor


Adolfo Bioy Casares
LA PRIMERA OBLIGACIÓN DEL ESCRITOR

Aun a los narradores de relatos fantásticos les llega la hora de entender que la primera obligación del escritor consiste en conmemorar más que nada a las pocas personas que el destino mezcló a su vida o siquiera a sus recuerdos.

Adolfo Bioy Casares
El héroe de las mujeres