sábado, 30 de noviembre de 2019

Casa de citas / Camille Paglia / Los huesos de los muertos

Ilustración de T.A.



Camille Paglia
LOS HUESOS DE LOS MUERTOS


Cada generación impulsa su arado sobre los huesos de los muertos.




Casa de citas / Camille Paglia / La pornografía



Camille Paglia
LA PORNOGRAFÍA

La pornografía es realidad sexual.

Casa de citas / Camille Paglia / En el taller

Camille Paglia


Camille Paglia

EN EL TALLER


También aprendí algo de los hombres en el taller. En Bennington, iba a las reuniones de la facultad y estaba consciente de que todo el mundo me odiaba. Los hombres estaban horrorizados por una mujer fuerte, que hablaba fuerte. Pero cuando iba al taller mecánico los hombres allí pensaban que era linda. "Oh, es esa profesora de la universidad, Paglia". Los hombres de verdad, los hombres que trabajan en autos, me encuentran bonita. No me tienen miedo, no importa lo fuerte que sea. Pero los hombres de la universidad estaban aterrorizados porque son eunucos, y era una maldita amenaza para cada uno de ellos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Casa de citas / Elizabeth Taylor / La felicidad



Elizabeth Taylor





Elizabeth Taylor

LA FELICIDAD

La felicidad no es una condición constante; es un instante que los más afortunados consiguen asir cada día. Y, a pesar de mi precaria salud y de estar muchas veces rodeada de envidiosos, he logrado ser feliz en muchos instantes.


Casa de citas / Elizabeth Taylor / El matrimonio


Elizabeth Taylor


Elizabeth Taylor
EL MATRIMONIO

El matrimonio es como un ramo de rosas recién cortado.

Casa de citas / Elizabeth Taylor / Enamorada


Elizabeth Taylor


Elizabeth Taylor
ENAMORADA

Para hacer el amor con un hombre tengo que estar muy enamorada, y cuando estoy muy enamorada deseo casarme.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Casa de citas / Robert McKee / Cine


Robert McKee


Robert McKee
Seis consejos para escribir un guión

1) Saber qué quieren tus personajes

Como espectadores, perdemos interés si no sabemos qué quieren los personajes. Según McKee, eso sucede porque el guionista tampoco lo sabe. Puede que la estructura y la trama nos hayan hecho olvidarlo.
McKee dice que el truco es implicar deseo, aunque no sea de forma inmediata.
Por ejemplo, hacer que cada escena tenga una intención específica. El personaje está en una escena para conseguir algo.
La recompensa en esa escena es un pequeño objetivo para llegar a algo más.

2) Saber cuándo introducir a tu protagonista

El espectador o lector debe engancharse a la historia en las primeras 20 páginas. O en los primeros 20 minutos de la película.
No hay ninguna regla que nos diga cuándo debe aparecer el protagonista por primera vez.
Hay veces que puede aparecer desde el principio, pero no tiene por qué. Lo importante y lo primero es captar el interés de los espectadores.
Según McKee, la primera impresión del espectador sobre el personaje es un momento crítico. Tienes que encontrar el equilibrio para que cuando tu protagonista aparezca, enganche a la gente.
Y pone el ejemplo de Casablancauna de sus películas favoritas. En ella, Rick (Humphrey Bogart) aparece por primera vez en la página 15 del guión. Pero lo hace con un impacto tremendo.

3) Evalúa tu historia con honestidad

McKee opina que, con frecuencia, los guionistas más jóvenes no son objetivos con su propio trabajo. Y no aceptan críticas ni consejos, aunque sean constructivos.
Como buen ejemplo, menciona a los hermanos Farrelly (Algo pasa con Mary, Dos tontos muy tontos).
Su método consiste en detenerse cada diez páginas y preguntarse: ¿qué sabe el espectador hasta ahora? ¿Y qué necesitará saber?

4) Estudia a Aristóteles

El libro favorito de McKee sobre escritura dramática es Poética, de Aristóteles.
Para él, sigue estando tan vigente ahora como en el pasado, porque Aristóteles conocía la naturaleza humana. Y además, sentó las bases de la llamada estructura aristotélica.

5) Ten claro por qué quieres escribir un guión 

Para McKee, no hay que tener prisa. Lo normal no es que un guionista de menos de treinta años triunfe. Hay excepciones, claro está.
Pero lo más habitual es que un guionista fracase durante una media de diez años antes de dedicarse a ello. Y por eso tantos guionistas se cansan y abandonan su sueño.
Hay que amar el proceso creativo más que la idea de triunfar en el cine. Por eso debes preguntarte: ¿Estoy dispuesto a fracasar durante diez años?
¿Estoy dispuesto a escribir diez guiones, a guión por año, y que nadie los quiera? ¿Estoy dispuesto a llegar hasta el undécimo guión, y convertirme en un buen guionista?
Si amas escribir, lo harás. No hay elección posible: perseverarás.

6) Respeta el oficio

McKee dice que “dominar el arte del guión es una lucha de por vida. Nunca sabes todo. Cada vez que escribes un guión, todo es nuevo.
Los concursos son una gran forma de romper el bloqueo creativo y la procrastinación.
Y además pueden servirte para validar tu esfuerzo. Pero no caigas en la tentación de compararte con los demás.
Sólo compites contra ti mismo como creador. Tienes que desarrollar tu gusto, tu propio juicio, y luchar por darle sentido al mundo”.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Casa de citas / Elizabeth Taylor / Mike Todd

Elizabeth Taylor con Mike Taylor e hijo

Elizabeth Taylor
MIKE TODD


I

Siempre he sabido que lo que más necesitaba en este mundo es un hombre que pueda controlarme. Mike Todd era fuerte, y esto era estupendo para mí. Me encantaba cuando sacaba su genio y me dominaba.

II

Solo estuve casada con Todd algo más de un año. Pero cuando falleció, esos meses me parecieron más ricos que toda una vida con otra pareja.

III

Muy pocas mujeres pueden vanagloriarse de haber unido su vida a hombres como Mike Todd o Richard Burton. Aprecio sinceramente la suerte que he tenido en ese aspecto.

martes, 26 de noviembre de 2019

Casa de citas / Elizabeth Taylor / Mi vida

Elizabeth Taylor, 1951

Elizabeth Taylor
MI VIDA 



Todo me ha sido otorgado: el físico, la fama, el amor... pero he pagado esa suerte con tragedias: la muerte de tantos buenos amigos, las terribles enfermedades que he padecido, las adicciones y los matrimonios rotos. Teniendo en cuenta todo esto, creo que tengo suerte de estar aún viva.




lunes, 25 de noviembre de 2019

Casa de citas / Elizabeth Taylor / Oscar



Elizabeth Taylor

Elizabeth Taylor
OSCAR
Me han concedido el Oscar porque unos meses antes estuve a punto de morir de neumonía.


domingo, 24 de noviembre de 2019

Casa de citas / Italo Calvino / Clásicos




Italo Calvino
POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS
Traducción de Aurora Bernárdez


1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: “Estoy releyendo...” y nunca “Estoy leyendo...”.

2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.

6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

7. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje de las costumbres).

8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

10. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía.

13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.


Italo Calvino 
Por qué leer los clásicos
Barcelona, Tusquets, 1995, págs. 13-19


sábado, 23 de noviembre de 2019

Casa de citas / Ava Gardner / Hollywood

Ava Gardner




Ava Gardner
HOLLYWOOD

Hollywood era un barrio tranquilo y monótono de Los Ángeles, con palmeras marchitas, edificios despintados, tiendas baratas y cines llamativos.



viernes, 22 de noviembre de 2019

Casa de citas / Joyce Mansour / Islas flotantes



Joyce Mansour
ISLAS FLOTANTES
Fragmentos


Todos los caminos, tarde o temprano, conducen al hospital.



***


¿Qué tal encontré hoy a mi padre? ¿Más pequeño, más pajarito… todavía reconocible? La enfermera de noche parece decir que no ha dormido del todo mal. El modo en que mis tacones martillean el corredor interior, a lo largo del pasillo bordeado por camas silenciosas, resulta ser la medida de mi propio alivio. La idea concreta del frío tiembla entre sábanas fangosas. Hocicos, nalgas, procesiones de viejos sosteniendo en alto sus frascos de orina, unidos a sus próstatas por un delgado tubo de plástico rosa; viejos, decía, arqueados como puentes sobre sus desechos pútridos. Desperdicios corroídos, digeridos, defecados a través de sus desagües, viejos chochos, pacientes y locos: todos haciendo cola.

***

Habría mucho que decir sobre el problema de la angustia y del cáncer. El cáncer está sujeto a la pesadilla por unas tenazas de cangrejo: la opacidad de su floración maldita, el aire seductor por el que procede a solidificar esa idea fija, la agresiva bulimia del individuo. Sí, para mí el cáncer es, indudablemente, el hijo de la pesadilla, no el padre.

 ***

El hospital. El penoso desvarío del pijama, aprisionado por ambos costados entre los muros altos del dolor anónimo, se arrastra pegajoso hasta los váteres. El enfermo avanza por el pasillo junto a su enfermedad: sin composturas y, casi siempre, a trompicones.

***

Continúo avanzando. Los pasillos son las venas del hospital y cada enfermo debe zambullirse, nadar a contracorriente, zambullirse en su espuma. Por cada coágulo expulsado cuajan mil coágulos que coagulan y estallan como pompas. ¿Seré yo uno de ellos?



***

Esta noche realizo la ascensión de una alta cima: el pecho amputado de mi madre. Era de esperar. El perro sueña con peces, el pescador también sueña con peces, lo cual no implica que los peces con los que sueña el perro sean realmente peces; podrían representar el falo de un ahogado (aquél, inencontrable, de Osiris descuartizado que recorre el Nilo fecundo hasta hoy mismo), Cristo: pienso en la dimensión simbólica del pez en los comienzos del cristianismo como en un hueso mal digerido. Si el pez representa el falo del hombre, el pecho simboliza el pene. Pero el pecho amputado resulta doblemente prohibido: ¡viva la muerte del cáncer!



***

Me estoy equivocando. El erotismo en la vejez no puede ser el camino a seguir.



***

Estoy nerviosa. Me rasco. Mis uñas se llenan enseguida de briznas de carne. Diez minutos de silencio. Una puerta se abre de repente. Me toca. “El ombligo es una puerta falsa. Una puerta sellada como en una fortaleza”, susurra la enfermera para tranquilizarme. 



***


Renuncio a entender la razón de mi presencia aquí. La cuestión queda en el aire. He eximido a los allegados de mi fantasma: sé que “fuera” las visitas están consideradas como un incordio desagradable. Y he dejado de tenerlas. Ya no leo. Ya no escribo. Aguardo.





jueves, 21 de noviembre de 2019

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Casa de citas / Ava Gardner / La vejez

Ava Gardner



Ava Gardner

LA VEJEZ


En cierto modo llegué a odiar mi belleza muy a menudo. Ahora que el tiempo se la ha llevado me proporciona casi un alivio. No me importa envejecer, pero me asusta ser olvidada y volver al anonimato.


martes, 19 de noviembre de 2019

lunes, 18 de noviembre de 2019

Casa de citas / Juan Cruz / Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina

La raíz literaria de Antonio Muñoz Molina

08 de junio de 2013
Vale para describir la raíz literaria de Antonio Muñoz Molina, desde esta semana premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, aquello que dijo Samuel Beckett sobre la raíz y el destino del hombre isleño: la isla siempre va con él, porque él, además, es la isla, lo será siempre, vaya donde vaya. Y Antonio Muñoz Molina es su isla personal, la que va con él, la que nació con él en Úbeda y la que vivió, en el principio de su dedicación a la ficción, frente a la sierra de Mágina.
En el triunfo y en la espera, en la melancolía y en los árboles de la memoria que ha ido tejiendo, ese lugar, la casa, la calle, el barrio, la biblioteca, el maestro, los padres, la familia, el eco de aquel tiempo así como el encuentro de esa época con el tiempo nuevo, con Elvira, con Madrid, con Nueva York y con la época que vive ya mirando por las ventanas de un universo que le gusta y que le disgusta sucesivamente, ha sido la raíz geográfica y humana que lo ha impulsado.
Hasta ahora y siempre. Ese sitio que ha sido sucesivamente muchos sitios y el mismo sitio es el sustento de su pura alegría de leer, y de escribir, y es evidentemente el sustento de su memoria, la que sigue asomando, como en Proust o como en el propio Beckett, a sus libros aunque en ellos no toque ese filamento del que por otra parte surgen algunos de sus textos más hermosos, y sobre todo el emocionante El viento de la luna.

Esa es, me parece, la raíz de su literatura; esa raíz viene a mi mente cada vez que pienso en él, y por eso antes que La Alhambra, adonde me llevó cuando lo conocí, a finales de los años 80, después de que publicara Beatus Ille, lo recuerdo algún tiempo después caminando con Elvira y con sus padres por el territorio de Úbeda, las calles empedradas, las casas viejas, los recodos que fueron, quizá, los escenarios de sus primeros ejercicios de ficción. Allí y después lo vi mirar hacia el suelo, ensimismado y risueño, como en Madrid a veces, y como en Nueva York, buscando acaso en la propia identidad de los pies sobre el camino la metáfora de la que viene todo: de mirar, de mirar a la raíz, y de mirarlo todo.

La otra raíz está ligada a esos tiempos y es la lectura, los comienzos de Muñoz Molina como lector, su libro imprescindible y su imprescindible cuaderno. Su letra formada para quedar y para ser legible: si un día él abandona en el metro uno de esos cuadernos un calígrafo diestro, un lector atento que lo hubiera encontrado escribiendo en alguna biblioteca, sabría que esa es la letra de Muñoz Molina. Y lo iría a buscar a otra biblioteca. Ahí vive su corazón, fuera de las tinieblas, acogiéndose a la luz brillante de los libros. De ahí viene. De Úbeda y de los libros. Esas son las sombras que lo acogen y que lo alientan como escritor.
Así pues, no puede concebirse esa obra que ha hecho hasta ahora sin señalar lo más puro y decisivo de su formación de lector. A lo largo del tiempo esa experiencia que no cesa se ha convertido en el trasunto metafórico de su manera de mirar, en los ensayos sobre pintura o sobre música, en su interpretación de lo que ocurre en la calle (aquellos reportajes sobre el 11S en Nueva York, aquellos paseos del Robinson urbano que fueron la raíz de su periodismo literario en Granada…) e incluso en sus más serenos pero rabiosos ensayos sobre lo que le pasa a este país para que en un momento determinado se adscribiera a la locura.
La obra de Antonio Muñoz Molina es la obra de un lector. Y de un hombre que mira la pintura o que escucha la música o que camina precedido por el aprendizaje que viene de los libros. Pura alegría se llama su libro de lector feliz, su apuesta por el libro como principio de toda aventura y de cualquier compromiso. El escenario de la batalla de las ideas. Hasta su libro más combativo hasta ahora, Todo lo que era sólido, que ha sido leído como una carta de batalla, es una narración que mira al suelo del que viene y a la raíz literaria de la que procede. “El presente era una niebla de palabras arcaicas”. No hay en esa literatura, por muy contingente que sea, ni una línea que no sea consecuencia de la cultura que le fue comunicando el libro incesante y del cuaderno con el que convive.
En 1981 ganó el primer premio Príncipe de Asturias de las Letras el poeta José Hierro. Si ahora se rastrea lo que escribió aquel autor combativo de Réquiem, y se ve asimismo lo que le dijo al Príncipe que le da nombre a estos premios en circunstancias francamente anormales en la historia democrática de España hallaremos, me parece, que esa metáfora por la que ahora transita la preocupación civil de Muñoz Molina no se aleja demasiado de la que entonces estaba en el aire y que Hierro empuñó como una declaración de principios. Por eso, y por la literatura que el galardón celebra, me ha alegrado tanto el premio que un jurado del que me gustó formar parte le concedió al escritor que desde hace más de medio siglo vive desde su raíz en Úbeda. 



domingo, 17 de noviembre de 2019

Lecciones de semántica / Viaje

Agim Sulaj

LECCIONES DE SEMÁNTICA
 VIAJE

Olga Jeno
21 de septiembre de 2014
El viaje supone un cambio de lugar de las personas, que puede ser a pie o través de cualquier medio de transporte. Sus motivos son muy variados: ocio (turismo) y visitas familiares, cuestiones académicas o laborales, etc.
La palabra viaje viene del catalán viatge, que a su vez procede del latín viaticum(de via, camino)
Y echando un vistazo a la RAE, tenemos lo siguiente:
(Del dialect. y cat. viatge).
1. m. Acción y efecto de viajar.
2. m. Traslado que se hace de una parte a otra por aire, mar o tierra.
3. m. Camino por donde se hace.
4. m. Ida a cualquier parte, aunque no sea jornada, especialmente cuando se lleva una carga.
5. m. Carga o peso que se lleva de un lugar a otro de una vez.
6. m. Agua que por acueductos o cañerías se conduce desde un manantial o depósito, para el consumo de una población.
7. m. jerg. Estado resultante de haberse administrado una droga alucinógena.
8. m. Mar. Arrancada o velocidad de una embarcación.
9. m. coloq. Ven. Multitud de cosas de un mismo grupo.
En cuanto a la multiplicidad de acepciones en su significado, nada que añadir, pero.. ¿qué quieren decir con la anotación etimológica “del dialectal y catalán..”? ¿Dialectal? La RAE.. siempre dispuesta a sorprendernos.


sábado, 16 de noviembre de 2019

Miguel García Posada / Federico


Federico García Lorca
SCIAMMARELLA

FEDERICO


MIGUEL GARCÍA POSADA

5 JUN 1998


Quienes lo hemos amado durante muchos años, en los que ha sido una presencia y una ausencia, una voz viva pero de remoto rostro diluido, tenemos derecho a llamarlo así, por su nombre de pila, y sin trivializarlo, al cumplirse los cien años de su nacimiento. Porque nos ha acompañado a través de tiempos oscuros y nos ha recordado siempre el difícil y mágico equilibrio que es la vida. Él dijo que nunca sería viejo, y la insurrección fascista se empeñó en darle la razón de una manera inesperada. Sus asesinos -importa subrayarlo- sabían a quién mataban y lo que mataban. Su asesinato no es un oscuro episodio de la retaguardia nacionalista sino un suceso tan fatal como transparente. Lo anómalo hubiera sido que hubiese escapado a la represión. Él representaba, en su persona y en su obra, todo lo contrario de sus matadores . Significaba el ansia y la voluntad de libertad: libertad en la sociedad, libertad en el amor, libertad para que cada uno fuera dueño de su propio destino.Su obra habla mucho de la muerte porque ésta es la enemiga de la vida y la vida está siempre amenazada: vivimos en la amenaza. Nunca ha sido tan verdad como en este criminalísimo siglo que ahora termina. Murió víctima de la deslealtad y la traición: «Entre tus propias gentes y por las propias manos que un día servilmente te halagarán», dejó dicho para siempre Luis Cernuda en el mejor poema que se ha escrito sobre su muerte. Los asesinos quisieron tapar, prohibir, envilecer incluso, su memoria. No lo han conseguido. Su voz -poesía, teatro, prosa- está más viva que nunca. Pudo aparecer en un momento como el último resplandor de la España romántica; hoy sabemos que es bastante más.
De los ocho finos tomitos de la benemérita edición de las obras completas de Losada (1931-1946) hemos pasado a los cuatro gruesos tomos de la última edición del Círculo de Lectores (1996-1997). Lorca -un Lorca sin Federico, como escribió Jorge Guillén- ha sido el gran vengador del ultraje a que su persona fue sometida. Terminada la guerra civil, aparecía -en México y en Nueva York y casi a la vez- su libro más ambicioso, Poeta en Nueva York. Cinco años después, la compañía de Margarita Xirgu estrenaba en el teatro Avenida de Buenos Aires -escenario de sus apoteosis de dramaturgo entre 1933 y 1934- La casa de Bernarda Alba, que había concluido un mes antes de la sublevación militar. Mientras tanto, la edición Losada había seguido recogiendo poemas y prosas. Y luego siguieron apareciendo más textos: versos de juventud, cartas -incandescentes cartas llenas de sangre y de verdad-, algún manuscrito dramático, dibujos... En 1954 el tirano decidió autorizar la edición en España de sus obras completas; ya superaban en extensión a la edición Losada. Pero eran un grueso volumen de piel y costaba caro. A lo mejor, el tirano pensó que lo leería poca gente; pero el hecho es que se convirtió en el gran éxito de la editorial Aguilar, que fue agotando impresión tras impresión. Vendedores anónimos llevaban el libro por pueblos y ciudades, y la gente lo compraba; vendedores anónimos y en muchos casos represaliados de la guerra civil. La edición fue creciendo, y con el tiempo se convirtió en dos volúmenes, y luego en tres.
El gran ultrajado eran un manantial sin fondo. Brotaban poemas y textos por todas partes. Y no eran secundarios. En 1975 aparecía el gran drama de la subversión existencial y teatral, El público, una de las piezas capitales del siglo. Un año más tarde se daba a conocer el primer acto de una pieza inconclusa -El público seguramente está completo-, Comedia sin título. En los años ochenta veía la luz la prodigiosa serie de los Sonetos del amor oscuro, hasta entonces sólo muy parcialmente conocida, así como el libro de Suites, cerca de tres mil versos, donde hay momentos memorables. También en esa década se publicaba el pasmoso guión de cine Viaje a la Luna, y otros versos y otras prosas y otros textos dramáticos. Un Lorca casi siempre fundamental. Por fin, en los noventa se ha editado, junto a otras y diversas expresiones de su talento, la obra juvenil, que él no quiso publicar pero que, a la luz de su gran obra canónica, anticipa señales, vislumbres, intuiciones, que demuestran la fatalidad de su terrestre escritura de diamante.
La voz de ese manantial es ante todo la de una criatura iluminada por el fuego de la palabra original y poblada a la vez de todos los sonidos de la cultura judeocristiana, y aún más: de los sonidos oscuros, negros, fulgurantes, que vienen del fondo de los tiempos, de los elementos primarios de la conciencia humana. El gran vanguardista es el más antiguo de nuestros grandes creadores, el más arcaico de todos. Su obra hunde sus raíces en el mito, en los grandes arquetipos del inconsciente humano, siendo tan audaz como es de formas y de estilos. De ahí su extraordinaria complejidad. Por eso, siendo tan español de instinto creador y de lengua, es Lorca tan traducible. Porque habla de lo permanente y porque es, al mismo tiempo, el más solidario de los poetas: solidario con todos los humillados de este mundo, pero solidario también con la tierra y con el cielo, «con los animalitos que se olvidan» y que nuestra civilización escarnece y aplasta. Ecologista, franciscano, panteísta, él, Federico, previó en Poeta en Nueva York el fracaso de la sociedad industrial cuando tantos amantes de la modernidad, incluidos los poetas soviéticos, se extasiaban con su triunfo: recordemos el fervor de Mayakovski ante el puente de Brooklyn. «Y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada», cantó él, Federico, sumido en el «Nueva York de cieno». Y su voz suena cada vez más desligada, más honda, más verdadera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de junio de 1998