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viernes, 1 de septiembre de 2023

Triunfo Arciniegas / Diario / Nueva cosecha

'Le Sacre de Printemps', 1960
Jane Graverol


Triunfo Arciniegas
Nueva cosecha
30 de agosto de 2023

Escritura en caliente. Voy corrigiendo o añadiendo frases en las sucesivas lecturas, hasta alcanzar una versión más o menos definitiva, primero en Facebook y luego en mi blog MESTER DE BREVERÍA. De esta manera, ante los ojos del lector, ya casi termino un nuevo libro, con el mismo nombre del blog.

Entre ayer y hoy escribí tres nuevos textos de difuntos: uno que no funcionó, otro que me reservo y "La viuda del doctor Castillo". De ayer es "Tratado de la brevedad".

Ojalá haya cosecha. Luego de meses y a veces de años, los textos breves suelen llegar por tandas.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Un año duro

 



Triunfo Arciniegas
UN AÑO DURO
31 de diciembre de 2020

Ha sido un año duro. La soledad golpea. Nos ha golpeado a todos. Una cosa es el encierro elegido y otra el impuesto. La depresión, mi talón de Aquiles, se regodea conmigo. Aunque no se trata de que me haya convertido en un desgraciado, los días no son los que he querido. Soy un solitario porque me llevo mal con el mundo. Un mal mucho más antiguo que la pandemia.

Me dediqué más a la pintura que a la escritura. Pinto cuando no puedo escribir, y la cosa no estuvo tan mal, por cierto. Aparte de apuntes dispersos, algunos recogidos en este diario, me quedan dos libros de estos meses: Mester de brevería y La zorra de Esopo. Me arreglé las muelas y terminé los trámites legales del magisterio.

Los blogs fueron mi más grande tarea, sobre todo De otros mundos, Dragon y Ficciones, que superaron los cifras de otros años. De las 1259 entradas de 2019, De otros mundos pasó a 1636. Dragon, de 717 (2019) a 866. Y Ficciones, de 415 (2019) a 577. El hecho de que las tres cifras superadas sean de 2019 sólo significa tenacidad y constancia. Los números mencionados tendrán leves cambios con el tiempo porque hay  entradas que por distintas razones cambian de año, y en 2021 aparecerán algunas que irán directamente a cualquier fecha. 

No hay aumento de visitas, sin embargo. Se mantienen tal cual: un promedio de mil diarias tanto en De otros mundos como en Dragon. En Ficciones, digamos que el promedio son doscientas visitas diarias.

Los demás blogs están rezagados. Es imposible cumplir la cuota diaria con todos. No alcanzan las horas. Además, no sólo de blogs vive el hombre.

De todo lo demás mejor no hablar, sobre todo esta noche, tan frágil y tan húmeda.

lunes, 13 de abril de 2020

sábado, 4 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / Cinco textos de Mester de brevería en Letralia



TINAJA: LECTURAS DE AGUA FRESCA Textos de Mester de brevería


 • Martes 31 de marzo de 2020


Susana


No es viejo pero la desilusión ha dejado su sello. Vemos el noticiero del mediodía en un bar de la avenida 19 y las retorcidas opiniones de un político nos hacen reír. Es tal el cinismo de estos desgraciados. Intercambiamos trivialidades y, como no tenemos nada más que hacer, resultamos conversando. Política, dinero, mujeres. Manoteamos y hasta parecemos borrachos al amanecer, de tan descarriados y sueltos, como en una de esas felices conversaciones con taxistas que uno nunca vuelve a ver en la vida. De pronto, suelta una frase que me encanta: “Llega cuando tantos deseos me han abandonado”. Y menciona su nombre, con la mirada fija en la luz de calle: “Susana Rosas”. No fueron novios ni nada parecido. Pero hizo casi todo pensando en ella. Tuvo una fábrica de zapatos y la abandonó. Recorrió el mundo hasta el hastío. Se casó y se divorció. Nunca tuvo hijos, pero siempre pensó que con ella no lo habría dudado. Se queda mudo, absorto, por un rato. Pasa un ángel arrastrando las alas. Sé que al hombre no se le ha desgastado la cuerda porque el cuento es infinito. Esa mujer navegará en su sangre hasta el fin de sus días y el polvo de sus huesos. “No fui nada”, añade por fin, espantando una mosca imaginaria. Ay, Susana. Este hombre, pozo de la desdicha, nunca fue el objeto de sus besos ni la víctima de sus espinas. Pero, maldita sea, nada dura más que un amor imposible. Como si me adivinara el pensamiento, reniega: “Amor eterno, amor de infierno”. Siento necesidad de decirle algo y las palabras me atropellan. Se vuelven espuma en el cuello de los caballos. No quiero ofenderlo sino expresarle una verdad sin restregarle el hecho de que toda su vida ha sido un imbécil y, en vez de eso, pregunto si Susana Rosas todavía es bonita. No me responde. “Tuvo tres hijos con un policía”, precisa, corroborando la cifra con los dedos. En otro contexto o en otras circunstancias, el comentario me haría reír. Trato de entender su razonamiento. O no es bonita porque tiene tres hijos con un policía o por eso mismo ya no importa si es bonita o no. En todo caso, como una burla de los dioses, aparece cuando tantos deseos lo han abandonado. “Le dije que no”, dice. Y se ríe. Pero no hay gozo en su risa. Repito las retorcidas palabras del político y reímos.

La tía Teodora

Aunque habían pasado toda la vida juntas, algo más de cincuenta años, no derramó una sola lágrima en el entierro de la abuela. Después comenzó a dibujar muñecos en las paredes y a salir sin calzones a la calle. Se levantaba el vestido y los muchachos se morían de risa. Se zarandeaba como una reina y arrojaba besos al aire.
—Vieja cochina —gritaban las mujeres.
La tía Teodora salió desnuda dos o tres veces. Nos sorprendió su foto en El Norteño. La pobre se veía tan flaca.
—Ya ni come —dijeron en casa—. Se va a enfermar.
Había sido tan dulce y recatada, con su gata y sus flores, tan invisible, y de pronto se desordenó. Iba de casa en casa preguntando por un hombre que no sabemos si existió.
—¿Entonces qué, cuñado? —le decían los amigos a papá.
La tía Teodora hizo otras cosas pero no sé si creerlas. Unas las vi y otras las oí. Una tarde que venía de atrapar azulejos en el monte, un par precioso, encontré la puerta abierta y la sorprendí frente al espejo arrancándose los pelos a tijerazos.
—¿Todavía soy bonita? —preguntó.
Nunca lo fue.
Le ofrecí los pájaros y les torció el pescuezo. Preparó una sopa, llenó el plato de la gata, se tiró al piso y comieron juntas.
No la volví a ver.
Una vez la encontraron dormida en un gallinero, cubierta de plumas, y otra en el tejado del convento de las Esclavas del Señor, con unas alas de cartón y a punto de levantar vuelo. Hasta que la policía subió a Los Garabatos y se la llevó.

Reproches

¿Eso querías? ¿Hacerme venir todos los lunes a este pinche cementerio? No creo que siga trayéndote flores, querido. Subieron de precio. ¿Sí te conté que el otro día nos rayaron la camioneta? Eso me pasa por venir a hablar contigo. Nunca le hiciste calibrar el carburador, tanto que te dije. El motor va a sacar la mano, ya no lo siento con fuerza, se cuelga en las subidas y bota más humo que una chimenea. A pie no pienso volver. Imagino que no sabes por qué hacen estos cementerios tan lejos. Para colmo de males, la gasolina por las nubes y las regalías por el suelo. Cada viaje cuesta un ojo de la cara. Pero tampoco lo sabes. ¿A quién le prestaste The Dark Side of the Moon? Se me extravió el anillo que me trajiste de Taxco y tus amigotes jamás devolvieron la guitarra. Acá la cosa está fea, para qué te cuento. Venir por estos rumbos es un riesgo: expones a tu mujercita. El vigilante ya me echó el ojo. Buenota que estoy, qué culpa, por algo dicen que me dejaste enterota. Los bichos se me pegan al sombrero, los ventarrones me enredan las cintas y el tierrero echa a perder los tacones. Menos mal que no ves cuando salgo de aquí, porque parezco un náufrago. Más que fea. Los ladrones se le entraron a la comadre la otra noche y la dejaron sin nada. La cosa está más que fea, te digo. Vives en la ignorancia, querido, siempre fuiste tan despistado. Se robaron la bicicleta. Considérame, por Dios, voy a terminar yendo a la playa en autobús. Ay, las ganas que tengo de nadar desnuda. Ando un poco loca y voy a hacer lo que me dé la gana. Así que lo siento, no más flores. Además, desde marzo voy a dedicar los lunes al club de lectura. Alégrate. ¿No decías que casi no leía? Y a propósito, aunque no sé si te interesa saberlo, vamos a empezar con un libro tuyo, Arciniegas.

Vida conyugal

Mi mujer y yo hemos cambiado, más ella que yo, creo. Mientras mi mujer se estira y se contonea, rápida y furiosa, venenosa como la hiedra aunque sutil y agazapada, me encojo como un ratón y me desangro. Se desplaza por la casa sin ruido, casi invisible, y cuando menos lo espero, cuando todavía la imagino en la cocina o el baño, me respira detrás de la oreja. La miro de reojo y no digo nada. Las palabras que me trago me rasgan sin lástima. Ahí dentro las heridas supuran y así termino envenenado con mis propias miserias. Aunque sus gestos, cada vez más altaneros, son los mismos, y sus historias, todavía más retorcidas, las mismas, algo en el aire me eriza la piel. Como en una encarnizada partida de ajedrez, le desaparecí el gato cuando me quemó los libros y, por su parte, en una jugada perfecta, le escribió una carta obscena a mi madre porque le espanté un pretendiente. No había firma pero se trataba de sus inconfundibles garabatos y su tinta verde. Me estremeció hasta los huesos la minuciosa y descarnada descripción de mis más perversos deseos, y mientras manoteaba, hundiéndome sin aire en la pestilencia de un pantano sin fondo, me encontré en las venenosas líneas con otro hombre, uno que mi madre desconoció. “No vengas más”, dijo. Me aconsejó que buscara a otra que velara por mi ropa y arrojó la carta por la ventana. Poco después se internó en un asilo y se negó a recibirme. Leí la carta tres veces, la amasé con lágrimas y me la tragué. Bebí en el bar de Osiris y busqué furrusca. Volví a casa al amanecer, apaleado, con la camisa desgarrada. Uno tras otro, he perdido los botones. Unos desaparecen de un día para otro, los demás amanecen flojos y ruedan a los rincones más hambrientos. Tal vez mi mujer los confunde con monedas de oro y escarba con ansia en mis ausencias. Ya me acostumbré al vergonzoso espectáculo de deambular con el pecho al aire y de nada me serviría descubrir el tesoro, botín más bien ridículo, porque soy negado para el hilo y la aguja. Y para otras tantas cosas. “No sirves ni para muerto porque te tragas las velas”, dijo mi mujer esa vez que me caí del mango y pasé la semana en el hospital. Soy bruto, torpe, oscuro. Pero ella, tan despiadada, ni siquiera es bonita. Se le secaron las piernas y las tetas dan pesar, aunque sigue dando guerra. ¿Qué le verán? Su café sabe a cucaracha y el arroz se le quema, como si pretendiera matarme de hambre. El rencor de otros hombres se derrama en las paredes y ella cree que todas esas frases malintencionadas son mías. No es así. Voy al solar, abro un hueco en la tierra hasta destrozarme las manos y escondo mis gritos. En fin, me pregunto si todavía es mi mujer porque a veces, en mitad de la noche, la sorprendo mirándome como una serpiente.

Metamorfosis

Fui a visitar a la abuela y en el camino me convertí en niña. “Tan linda”, dijo la abuela. Cuando volví a casa era otra vez un niño. “¿Ya hiciste las tareas?”, preguntó mamá.

miércoles, 1 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / No volvieron ni los Testigos de Jehová

Triunfo Arciniegas
Autorretrato


Triunfo Arciniegas
NO VOLVIERON NI LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
31 de marzo de 2020

Volví a salir de madrugada con el perro. Había escrito "Volví a salir con el perro de madrugada" como si la madrugada fuera la naturaleza del perro: un perro que amanece, que se ilumina con el sol y que se apaga todas las tardes. Si no hubiera sido por los Testigos de Jehová, esta entrada podría titularse El señor del perrito.

No tengo problema con la cuarentena. Salvo los viajes, he pasado encerrado los últimos diez años, desde que renuncié al magisterio. Tengo la casa diseñada para tal fin. Un encierro con comida, internet, celular y Neflix vuelve la casa un hotel de cinco estrellas. Y miles de libros, por supuesto.Y hay gente que considera que se trata de un sacrificio.

Los mejores días son cuando no hay ninguna diligencia imprescindible y tengo la certeza que de no saldré de casa. Ahora que el ángel de la muerte recorre el mundo no se puede, por supuesto. 

Como detesto las visitas, por acá no viene nadie, pero con la cuarentena la certeza es absoluta. A la puerta no volvieron ni los Testigos de Jehová, qué bendición. Una pequeña ventaja de la desgracia. Puedo pasar dos o tres días sin bañarme o deambular desnudo por la casa. Ni siquiera tengo que asomarme a la ventana a maldecir.

Menos mal que estoy solo porque terminaría matando a la mujer que hubiera tenido la desdicha de compartir conmigo la cuarentena. Pienso a menudo en las parejas que se odian y ahora deben pasar juntas este encierro obligatorio. Como en Vida conyugal, escrito en México a finales de 2013 y ahora uno de los textos de Mester de brevería.

Es curioso, ahora que nadie hace mercado por mí y que Alejandra no me trae el almuerzo, estoy comiendo mejor que nunca. Suelo despachar el desayuno en un cuarto de hora o menos, y el otro día me gasté hora y media. Cocinar se convierte en otra ceremonia de la soledad.

Por suerte, estoy escribiendo. Llevo dieciséis versiones de Mester de brevería. Compartí la catorce, con veintinueve textos y treinta y nueve páginas. La ofrecí en FB a quien me escribiera y el envío me ha mantenido bastante ocupado. Basta un gesto y la gente responde, muy agradecida. En realidad, el gusto es mío. Es todo un placer esta preciosa oportunidad de hacer algo por los demás. Los textos son míos y no tengo el libro comprometido con ninguna editorial. Puedo darme el lujo de compartir este regalo.

Esta mañana en Letralia publicaron cinco textos: "Susana", "La tía Teodora", "Reproches", "Vida conyugal" y "Metamorfosis". En Mester de brevería subí "Viuda feliz". Y mañana, en De otros mundos, "Conversación", "Cobarde" y "Oficios de sangre".

Sigo con Mester de brevería. Ediciones Gato Negro, que ahora es de Alejandra, hará una edición de papel de cuarenta y ocho páginas con treinta y dos textos que venderemos después de la cuarentena. Se trata de la versión 16. Ya están montando la prueba, que revisaré mañana o pasado. Ahora estoy escogiendo y revisando los once textos de la siguiente versión: nos iríamos a sesenta páginas en Ediciones Gato Negro si se hiciera una edición de papel. Cada cuadernillo consta de doce páginas. El asunto es que en el epílogo de la versión 14 tuve que eliminar unas líneas sobre "La tía Teodora" por cuestión de paginaje, y como pienso recuperarlas hay que tener en cuenta una extra en las siguientes ediciones.

Siguen pasando cosas. La Bronco y la Explorer se quedaron sin batería, la una en el garaje y la otra en la calle. No hay lío: ni los ladrones volvieron. Con tantos autos varados, los mecánicos se van a ver a gatas después de la cuarentena. El cabello sigue creciendo y los encuentros amorosos se siguen postergando. Estamos más virtuales que nunca.

De pronto, me he dado cuenta que hace veinte años murió mi madre. Qué tormentosos serán estos días para que el recuerdo haya tardado tanto en aparecer. Vivía en esta misma casa entonces. Todos sus hijos seguimos con vida. Nos vemos poco. O no nos vemos. Cada quien en lo suyo. No hay duda, unos más pronto que otros, unos con más dolor que otros, pero todos nos hemos acordado de la mujer maravillosa que fue nuestra madre.

Qué mes tan largo, y los que siguen serán todavía más.

domingo, 29 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Mester de brevería




Triunfo Arciniegas
MESTER DE BREVERÍA
29 de marzo de 2020

Señoras y señores, mi nuevo libro, Mester de brevería. Aunque llevo como siete años en este proyecto, no puede decirse que lo haya terminado. Esta versión digital y gratuita consta de 29 textos breves o cuentos cortos o minificciones. Es decir, según mis cálculos, se trata apenas de la tercera parte del libro y ojalá me alcance la vida para redondearlo. Soy lento, desesperadamente lento. Noticias de la niebla, mi otro libro de cuentos breves, me costó 37 años y con Dulce animal de compañía, mi novela, se me fueron cuarenta. Qué absurdo, pero tengo pruebas. En fin, no más detalles porque el epílogo da una fugaz cuenta del proceso creativo.

Así que quien desee el libro, me escribe un mensaje a eltriunfoarciniegas@yahoo.com y se lo enviaré. Con dos o tres audios, además, a quien así lo solicite. Ya lo estoy haciendo con algunos amigos. En mi caso y en estos tiempos de crisis, se me antoja una bella forma de solidaridad. Escribir es lo mío, mi oficio, mi salvación. Que de algo les sirva mi escritura.

Mil gracias.