domingo, 30 de junio de 2019

Casa de citas / George R.R.Martin / Juego de tronos

George R.R. Martin

Juego de tronos

  • «—Un Lannister siempre paga sus deudas».
    • Nota: Lema de la casa Lannister.

  • Bran Stark: «—¿Un hombre puede ser valiente cuando tiene miedo?».
Ned Stark: «—Es el único momento en que puede ser valiente».

  • «—Dime, Ned, ¿de qué sirve llevar corona? Los dioses se burlan de las plegarias de reyes y pastores por igual».
    • Robert Baratheon

  • «—Silenciosa como una sombra. Tranquila como las aguas en calma. Rápida como una serpiente. Veloz como un ciervo. Fiera como un carcayú. El hombre que teme la derrota ya ha sido derrotado. El miedo hiere más que las espadas».
    • Nota: enseñanzas de Syrio Forel a Arya.

  • «—La sangre de los primeros hombres corre todavía por las venas de los Stark, y creemos que el hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada. Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus ultimas palabras. Si no soportas eso, quizá es que ese hombre no debe morir. El gobernante que se esconde tras ejecutores a sueldo olvida pronto lo que es la muerte».
    • Eddard Stark

  • «—¡Ned! ¡Cómo me alegro de verte! ¡Sigues igual, no sonríes ni aunque te maten!».
    • Robert Baratheon
  • «—Por cierto, si me sigues tratando con tanta formalidad, haré que te corten la cabeza y la claven en una pica. Entre nosotros hay mucho más que esas tonterías». ** Robert Baratheon

  • Eddard Stark: «—Me preocupa más el bienestar de mi sobrino que el orgullo de un Lannister».
Robert Baratheon: «—Eso es porque no duermes cada noche con una Lannister».


  • Robert Baratheon: «—Supongo que te preguntarás por qué he venido a Invernalia después de tanto tiempo».
Eddard Stark: «—Sin duda por el placer que te produce estar conmigo».


  • «Un bastardo tiene que aprender a fijarse en todo, a descubrir las verdades que la gente oculta tras los ojos».
  • «—Hace tiempo descubrí que se considera de mala educación vomitar encima de tu hermano».
    • Tyrion Lannister

  • «—¿Te he ofendido? Lo siento. Los enanos no necesitamos tener tacto. Generaciones de bufones con trajes de colorines me dan derecho a vestir mal y a decir todo lo que se me pase por la cabeza. Pero eres el bastardo».
    • Tyrion Lannister

  • «—Permite que te dé un consejo, bastardo. Nunca olvides qué eres, porque, desde luego, el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte».
    • Tyrion Lannister

  • Joffrey: «—¡Enviaré un perro para matar a otro perro! Son una auténtica plaga en Invernalia, los Stark no lo notarán si les falta uno».

Tyrion: «—Lamento no estar de acuerdo, sobrino. Los Stark saben contar hasta seis, a diferencia de algunos príncipes que conozco».


  • «Tyrion se preguntó durante un momento cómo sería tener un hermano gemelo, y pensó que prefería no saberlo. Ya era bastante duro enfrentarse a sí mismo cada mañana en el espejo. La sola idea de ver a alguien como él era aterradora».
    • Tyrion Lannister

  • Jaime Lannister: «—¡Mi querido hermano, espero que no estés pensando vestir el negro!»
Tyrion Lannister: «—¿Cómo, hacer yo voto de celibato? Las putas se morirían del disgusto desde Dorne a Roca Casterly. No, lo único que quiero es subirme al Muro y mear por el borde del mundo».


  • Jaime Lannister: «—Ese niño, si sobrevive, será un lisiado. Peor que un lisiado. Un ser grotesco. Prefiero mil veces una muerte limpia».
Tyrion Lannister: «—Manifiesto mi más profundo desacuerdo, en nombre de todos los seres grotescos del mundo. ¡La muerte es tan... definitiva! Mientras que la vida está llena de posibilidades».


  • «—Estoy convencido de que encontrarás algún lugar donde meterme. No sé si te habrás dado cuenta, pero soy muy pequeño».
    • Tyrion Lannister

  • «—Mi mejor arma está en el cerebro. Mi hermano tiene su espada, el rey Robert tiene su maza, y yo tengo mi mente... Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra de amolar, para conservar el filo. Por eso leo tanto, Jon Nieve».
    • Tyrion Lannister

  • «—Hasta un niño feo y deforme puede mirar el mundo desde arriba si va a lomos de un dragón».
    • Tyrion Lannister

  • «—Ésos son tus nuevos hermanos, Jon Nieve, ¿te gustan? Campesinos hoscos, deudores, cazadores furtivos, violadores, ladrones y bastardos como tú. Todos acabáis en el Muro, vigilando por si aparecen grumkins, snarks y todos los monstruos con los que te asustaba tu ama de cría. Lo bueno es que los grumkins y los snarks no existen, así que como trabajo no es muy peligroso. Lo malo es que se te congelarán los huevos, pero como de todos modos no te dejan tener hijos tampoco importa mucho».
    • Tyrion Lannister

  • Tyrion Lannister: «—¿Por qué me ha atacado?».
Jon Nieve: «—A lo mejor ha pensado que eras un grumkin».
Tyrion Lannister: «—Oh, dioses. Sí, me imagino que tengo pinta de grumkin. ¿Qué hará entonces con los snarks?».
Jon Nieve: «—Mejor que no lo sepas».


  • Sansa Stark: «—Quiero responder. Vuestro casco luce astas doradas, mi señor. El venado es el emblema de la Casa real. El rey Robert tiene dos hermanos. Por vuestra juventud sólo podéis ser Renly Baratheon, señor de Bastión de Tormentas y consejero del rey, y así os llamo».
Ser Barristan: «—Por su juventud sólo puede ser un mequetrefe engreído, y así lo llamo yo».


  • «—Se acabó. Hay un límite para la ineptitud que puedo soportar en un día. Si alguna vez nos atacan los Otros, ruego a los dioses que tengan arqueros, porque no servís más que para detener las flechas».
    • Thorne

  • «—Si había de estar solo, convertiría la soledad en su armadura».

  • Grenn: «—Me has roto la muñeca, bastardo».
Jon Nieve: «—Si me lo pides por favor, te rompo la otra».


  • Sapo: «—Siempre nos dejas mal».
Jon Nieve: «—Ya estabais mal antes de que os conociera».


  • «—Las palabras no convierten a tu madre en una ramera. Es lo que es, y nada de lo que diga Sapo lo puede cambiar. Y por cierto, las madres de algunos de nuestros hombres sí eran rameras».
    • Donal Noye

  • «—Sí. Frío, duro y cruel. Así es el Muro, y así son los hombres que lo patrullan. Nada que ver con los cuentos que te contaba tu niñera. Nosotros nos meamos en los cuentos y también en la niñera».
    • Donal Noye

  • Jon Nieve: «—No son mis hermanos. Me detestan porque soy mejor que ellos».
Donal Noye: «—No. Te detestan porque te comportas como si fueras mejor que ellos. Te miran y ven a un bastardo criado en un castillo que se comporta como un señor. No eres ningún señor. Recuérdalo siempre. Tu apellido es Nieve, no Stark. Eres un bastardo y un matón».


  • «—¿Por qué será que, en cuanto un hombre construye un muro, inmediatamente su vecino quiere saber qué hay al otro lado?».
    • Tyrion Lannister

  • «—¿Preferirías que te llamaran el Gnomo? Si dejas que se den cuenta de que sus palabras te hacen daño, jamás te librarás de las burlas. Si te ponen un mote, recógelo y transfórmalo en tu nombre».
    • Tyrion Lannister

  • Ned Stark: «—Por aquí no se va a mis aposentos».
Meñique: «—¿Quién ha dicho que vayamos a vuestros aposentos? Os llevo a las mazmorras. Una vez allí os cortaré el cuello y emparedaré vuestro cadáver. No hay tiempo para tonterías, Stark. Vuestra esposa espera».
Ned Stark: «—¿A qué jugáis, Meñique? Catelyn está en Invernalia, a cientos de leguas de aquí».
Meñique: «—¿De verdad? En ese caso, tiene una doble idéntica. Venid, os lo digo por última vez. O no vengáis, y me quedaré yo con ella».
  • Ned Stark: «—Hemos salido del castillo».
Meñique: «—No hay quien os engañe, ¿eh, Stark? —se burló Meñique—. ¿Qué os ha dado la pista, el sol o el cielo? Seguidme. Hay ranuras talladas en la roca. Por favor, no os caigáis, si os matáis Catelyn no se mostrará nada comprensiva».


  • «—El Rey caga y la Mano limpia la mierda».
    • Robert Baratheon

  • —«Alas negras, palabras negras».

  • «—Quien hace una pregunta debe ser capaz de soportar la respuesta».
    • Yoren

  • «Todos los pasillos llevan a alguna parte. Si hay una entrada, hay una salida. El miedo hiere más que las espadas».
    • Fuente: capítulo Arya III.

Casa de citas / George R.R. Martin / Ni la mitad de hermosa


sábado, 29 de junio de 2019

Casa de citas / Lope de Vega / Mujeres, tres mil sonetos y dos mil comedias

Lope de Vega

Lope de Vega
Mujeres, tres mil sonetos y dos mil comedias

En sus 73 años de vida se le atribuyen alrededor de 3.000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y casi 2.000 comedias. Sin embargo, fue tan prolífico con la pluma en la mano como extremo en su vida y es imposible entender sus obras sin las mujeres. Fue desterrado de Madrid, participó en dos campañas militares, secuestró a una de sus amadas antes de marcharse, fue padre de numerosos hijos legítimos e ilegítimos, se casó dos veces, engañó a todas y hasta se hizo sacerdote para calmar, sin éxito, sus pasiones y, sobre todo, para garantizarse la vejez.






viernes, 28 de junio de 2019

Casa de citas / Peter Brook / Brexit



Peter Brook
BREXIT

Creo que en la historia de la política a veces hay decisiones que son sabias y a veces hay decisiones que son estúpidas, y considero, como inglés, sin ninguna duda, que el Brexit es la decisión política más estúpida de nuestra época. Y nadie lo duda. Los ingleses anticuados dicen: «Miren, somos una isla y no nos importa el resto del mundo. Los alemanes vinieron y les derrotamos. Resistimos solos, incluso durante la guerra». Pero hoy en día es criminal. No tengo miedo de decir que, para mí, los ingleses anticuados que apoyan el Brexit son estúpidos, están ciegos y tienen creencias anticuadas.

Peter Brook / No estoy orgulloso de mí, no me considero un logro


jueves, 27 de junio de 2019

Casa de citas / Peter Brook / Shakespeare

William Shakespeare


Peter Brook
SHAKESPEARE

Shakespeare es el mayor fenómeno del mundo del teatro. Beckett es un buen escritor, pero no podría decir eso de «soy el nuevo Shakespeare». La estupidez sobre Shakespeare es que la gente sólo quiere saber quién era, dónde nació, qué tomaba para desayunar. No nos importa eso. Es lo que podríamos definir como un genio, y un genio significa que es único, no puedes explicar por qué. Vas al Prado, miras los cuadros que hay en las paredes e intentas explicarlo, pero ese es un gran error. Shakespeare tenía un talento especial, como Picasso, como Goya. Pero son instrumentos de algo que está por encima de nosotros. En la historia de la humanidad, hay un creador y una creación. Todos somos instrumentos de esa creación que es interminable. Cada día es un día de resurrección.

Peter Brook / No estoy orgulloso de mí, no me considero un logro




miércoles, 26 de junio de 2019

Casa de citas / Georges Simenon / Mi sueño







Georges Simenon
MI SUEÑO

Mi sueño era tener una pequeña habitación en una calle peatonal y llena de comercios y escribir para sobrevivir. Era ver pasar la vida debajo de mi ventana. Nunca fui ambicioso.

Georges Simenon entrevista a Federico Fellini


martes, 25 de junio de 2019

Casa de citas / Fellini / El guión




Federico Fellini
BIOGRAFÍA
EL GUIÓN


Para mí, el guión es siempre una fase peligrosa, porque en el fondo es del género tonto intentar plasmar en un papel una serie de fantasmas que sólo se van a materializar seis meses más tarde. Tiene que haber un guión, porque hay que organizar la producción, encargar los decorados e iniciar esta especie de desembarco en Normandía que es el rodaje de una película. Pero yo intento que el guión sea lo más impreciso y difuminado posible, que no fije en una expresión semi-literaria las ideas que deberán hacer nacer a las imágenes. Las imágenes que nacerán del guión escrito estarán inevitablemente en contradicción con las que deben nacer de nuestro universo imaginativo. Esta anticipación peligrosa lo único que consigue es traicionar mi imaginación.

Georges Simenon entrevista a Federico Fellini




lunes, 24 de junio de 2019

Casa de citas / Fellini / Casanova


Federico Fellini
BIOGRAFÍA
CASANOVA


Es un proceso siempre misterioso. La verdad es siempre mucho más misteriosa que nuestros pensamientos. Todo comenzó hace cinco años. Dino de Laurentis, productor de La Strada y Las noches de Cabiria, deja Italia para establecerse en Estados Unidos y me pide, por amistad, que firme un contrato con él, para que pueda utilizarlo como tarjeta de presentación en América. Quiero mucho a De Laurentis. Es un hombre que goza de una especie de energía animal, de salud brutal, pero que no sabe canalizar toda su humanidad, todo su entusiasmo. ¡Menudas peleas las nuestras! En resumen, le firmo el contrato y De Laurentis insiste en que le dé un título para esa supuesta película. «Dame un título», me dijo. Para satisfacer a un determinado productor y que me permitiese hacer las películas que yo quería, les avanzaba títulos, como SatiricónDecamerón y cosas por el estilo. No era la primera vez que hacía algo parecido. No es que hubiese leído esas obras y me hubiesen entusiasmado, lo único que me quedaban de ellas eran vagos recuerdos escolares.




Para conseguir el dinero para poder rodar Giullieta de los espíritus, le prometí al productor un Satiricón. Y la verdad fue que la lectura tardía de Petronio me proporcionó una fuerte emoción ¿Por qué no hacer lo mismo con Casanova? Entonces, rodé Amarcord y, después comencé a leer las Memorias de Casanova. ¡Qué desastre! ¿Qué podía tener yo en común con ese tipo? No es un artista, nunca habla de la naturaleza, de los niños, de los perros, de nada. Su obra es una especie de anuario telefónico. Es un contable, un estadístico, un playboy de provincias que cree haber vivido, pero que, en realidad, nunca ha nacido; que ha deambulado por el mundo sin existir jamás, fantasma errante a través de su propia vida. 



Cuando terminé su lectura estaba desesperado. Intenté con todas mis fuerzas que la película no se realizase. Rompí los puentes con De Laurentis. Él quería a Robert Redford para el papel de Casanova. Pero para los productores, la idea de un Fellini-Casanova, La Dolce Vita del siglo XVIII, era demasiado tentadora. El primero que se ofreció fue Andrea Rizzoli. Pero la película resultaba demasiado cara para él. Por fin, en abril de 1975, Alberto Grimaldi, con el que había hecho Satiricón, reúne el dinero suficiente asociándose con los americanos. Comencé a rodar en julio, con Donald Sutherland, asediado por las dificultades: huelgas y demás obstáculos. Y, para colmo, en el mes de diciembre, Grimaldi decide pararlo todo y sin avisarme. Despidió a toda la gente y sólo mucho más tarde me dijo que la culpa era mía, que había gastado muchísimo dinero y que era «peor que Atila».



De todas formas, los obstáculos vinieron a confortarme y a justificar mi resistencia inicial a rodar la película. Odiaba el personaje y me negaba a frecuentar un tipo tan estúpido. Pero, muy a pesar mío, había decidido hacer una película sobre él, sobre el vacío existencial, sobre un tipo que está continuamente actuando y que se olvida de vivir realmente, Quizá lo que quería hacer era un retrato del artista, también continuamente actuando en medio del vértigo de su vida. Al pensar esto, me entraron todavía menos ganas de realizar la película. Porque, en efecto, se trata de una película sobre la futilidad de la creación, sobre el desierto árido al que, fatalmente, vuelve el creador, después de habérselas ingeniado para vivir únicamente pendiente de sus marionetas o de sus propias palabras, olvidando dejar expresarse el lado animal y esencial de su ser. Y aquí reside realmente el peligro. Al final, Casanova, convertido en marioneta, se fija mecánicamente en una contemplación sin esperanza de su universo femenino… Simboliza también al artista, bloqueado en esta dimensión neurótica de la ilusión creadora.




Fue entonces cuando comprendí el sentido de la profunda aversión que sentía por Casanova. Esta película que tanto me estaba costando iba a marcar una frontera no tanto en mi carrera, sino en mi vida. Después de ella tendría que matar esa parte de mi yo versátil y cambiante, indecisa, eternamente tentada por el compromiso, la parte de mi yo que no quería hacerse adulta. En realidad, la película fue para mi un «cruzar la frontera», un dirigirme hacía el último tramo de mi vida. Tengo 57 años y la sesentena está a las puertas. Inconscientemente, tal vez, he puesto en esta película todas las angustias y el miedo que me siento incapaz de afrontar. Quizá la película se haya alimentado de mi miedo.

Georges Simenon entrevista a Federico Fellini

DE OTROS MUNDOS



domingo, 23 de junio de 2019

sábado, 22 de junio de 2019

Casa de citas / Nietzsche / Alas



Friedrich Wilhelm Nietzsche

ALAS

Quien no tiene alas no debe tenderse sobre abismos.


Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra




viernes, 21 de junio de 2019

miércoles, 19 de junio de 2019

Casa de citas / Chéjov / Leve sombra


Do Not Leave Me
Albena Vatcheva

Antón Chéjov
LEVE SOMBRA


Esto ocurrió a comienzos de la primavera. Pasé el verano entero en Sofino, sin salir de allí, y ni siquiera tuve tiempo para pensar en la ciudad, pero el recuerdo de aquella mujer rubia y juncal permaneció fijo en mi mente durante todo ese tiempo. No pensaba en ella, pero era como si su leve sombra estuviese alojada en mí alma.


Chéjov / Del amor



Ilustración de Yang Se Eun


Her Light Shadow 
By Anton Chekhov

That was at the beginning of spring.

After that I spent the whole summer at Sofino without a break, and I had no time to think of the town, either, but the memory of the graceful fair-haired woman remained in my mind all those days; I did not think of her, but it was as though her light shadow were lying on my heart.




martes, 18 de junio de 2019

Casa de citas / Jessica Jones / Cuando algo muere



Jessica Jones
CUANDO ALGO MUERE


Cuando algo muere, lo entierras. Si eres como yo, intentas olvidar que existió. Pero no todo queda enterrado.

Jessica Jones, Neflix
Temporada 3, Episodio 4: Desearía...


Casa de citas / Jessica Jones / Mi madre



Jessica Jones
MI MADRE


Alguien que no se caga en todo y hace algo al respecto. Así definía mi madre a un héroe. Aunque ella no era ninguna experta. Para ella, yo tenía un par de cualidades. Yo no estoy tan segura. Ella tenía esperanza. Yo no quería tenerla, pero me la pasó como se pasa un defecto hereditario. Ahora es lo único que tengo de ella.

Jessica Jones, Neflix
Temporada 3, Episodio 1: La hamburguesa perfecta





lunes, 17 de junio de 2019

Casa de citas / Chéjov / La amante de Riabovski



Antón Chéjov
LA AMANTE DE RIABOVSKI

       Por lo visto, a mediados del invierno Dímov empezó a darse cuenta de que su mujer le engañaba. Como si él mismo no tuviera la conciencia tranquila, no se atrevía a mirarla a los ojos, no esbozaba una jovial sonrisa cuando se encontraban y, para quedarse menos tiempo a solas con ella, solía llevar a comer a su colega Korosteliov, hombre pequeño, con la cabeza rapada y el rostro ajado, que, cuando hablaba con Olga Ivánovna, se ponía tan nervioso que desabrochaba todos los botones de su chaqueta y a continuación los volvía a abrochar; luego se tiraba de la guía izquierda del bigote con la mano derecha. Durante la comida los dos médicos hablaban de la posición alta del diafragma, que a veces producía trastornos cardíacos, o de los numerosos casos de neuritis que se observaban en los últimos tiempos o de que la víspera, al practicar la autopsia a un cadáver al que le habían diagnosticado «anemia perniciosa», Dímov había descubierto un cáncer de páncreas. Daba la impresión de que hablaban de medicina solo para dar a Olga Ivánona la posibilidad de callarse, es decir, de no mentir. Tras la comida Korosteliov se sentaba al piano, mientras Dímov le decía con un suspiro:
       —¡Bueno, amigo! ¡Adelante! Tócanos algo triste.
       Levantando los hombros y separando mucho los dedos, Korosteliov tocaba algunos acordes y empezaba a cantar con voz de tenor: «Muéstrame una morada donde el campesino ruso no gima», mientras Dímov volvía a suspirar, apoyaba la cabeza en el puño y se quedaba pensativo.
       En los últimos tiempos Olga Ivánovna se comportaba con una enorme imprudencia. Todas las mañanas se levantaba de pésimo humor, pensando que Riabovski ya no la quería y que, gracias a Dios, todo había terminado. Pero, tras beber una taza de café, llegaba a la conclusión de que Riabovski le había quitado a su marido y ahora se había quedado sin marido y sin Riabovski; luego recordaba los comentarios de sus amigos sobre un cuadro sorprendente que Riabovski preparaba para una exposición, una mezcla de paisaje y pintura de género, a la manera de Polenov, que entusiasmaba a todos los que visitaban su taller; pensaba que lo había concebido bajo su influencia y que, en general, si había hecho tan grandes progresos se debía a ella. Su influjo era tan beneficioso y fundamental que, si le abandonaba, él podía echarse a perder. Y recordaba también que la última vez que fue a verla, vestido con un traje gris moteado y una corbata nueva, le preguntó con voz lánguida: «¿Soy guapo?». La verdad es que, con sus ropas elegantes, sus largos rizos y sus ojos azules, estaba muy atractivo (¿o solo era una impresión?); en esa ocasión, se había mostrado cariñoso con ella.
       Tras evocar muchos recuerdos y sopesar la situación, Olga Ivánovna se vistió y, presa de una gran agitación, se dirigió al taller de Riabovski. Lo encontró contento y encantado con su cuadro, que en verdad era extraordinario; pegaba saltos, hacía tonterías y respondía a las preguntas serias con bromas. Olga Ivánovna estaba celosa del cuadro y lo odiaba, pero, por cortesía, lo contempló en silencio durante cinco minutos y, suspirando como si estuviera ante un objeto sagrado, dijo en voz baja:
       —Sí, nunca has pintado nada semejante. Hasta da miedo, ¿sabes?
       Luego empezó a suplicarle que la amara, que no la abandonase, que tuviera piedad de ella, pobre y desdichada mujer. Lloraba, le besaba las manos, exigía que le jurase amor, trataba de demostrar que, sin su influencia benéfica, perdería el norte y se echaría a perder. Y tras agriar el buen humor del pintor y paladear su propia humillación, se dirigía a casa de la costurera o de una actriz conocida para solicitar una entrada.
       Si no lo encontraba en el taller, le dejaba una nota en la que le juraba que, si no iba a verla ese mismo día, se envenenaría sin falta. Él se asustaba, acudía a su casa y se quedaba con ella hasta la hora del almuerzo. Sin preocuparse de la presencia del marido, le hablaba con insolencia y ella le respondía de la misma manera. Ambos sentían que estaban unidos, se comportaban como déspotas y enemigos, se enfurecían; ese furor les impedía ver que su conducta era indecente y que incluso Korosteliov, el del cráneo rapado, se daba cuenta de todo. Después del almuerzo se despedía apresuradamente y se marchaba.
       —¿Adónde va usted? —le preguntaba Olga Ivánovna en el vestíbulo, mirándole con odio.
       Él, frunciendo el ceño y entornando los ojos, nombraba a alguna dama a la que ambos conocían; era evidente que se burlaba de sus celos y quería fastidiarla. Ella se retiraba a su dormitorio y se tumbaba en la cama; los celos, el enfado y los sentimientos de humillación y vergüenza le hacían morder la almohada y sollozar de manera ruidosa. Dímov dejaba a Korosteliov en el salón, se dirigía al dormitorio y, confundido y turbado, le decía en voz queda:
       —No llores tan fuerte, querida… ¿Para qué? Estas cosas es mejor callarlas… No hay que dejarlas traslucir… Ya sabes que el pasado no puede remediarse.
       Sin saber cómo aplacar sus ardientes celos, que hasta le daban dolor de cabeza, y pensando que aún estaba a tiempo de arreglar la situación, se lavaba, se empolvaba el rostro lloroso y volaba a casa de la dama conocida. Al no encontrar allí a Riabovski, iba a ver a otra y luego a una tercera… En un principio se avergonzaba de esos viajes en coche, pero luego acabó acostumbrándose y hubo veces en que recorrió, en una sola tarde, los domicilios de todas las damas conocidas en busca de Riabovski, y todas se daban cuenta del objeto de su visita.
       Un día, hablando con Riabovski de su marido, le dijo:
       —¡Ese hombre me abruma con su grandeza de alma!
       Esa frase le gustó tanto que, cuando coincidía con pintores que estaban al corriente de su aventura con Riabovski, no dejaba de repetir, con un gesto enérgico con la mano:
       —¡Ese hombre me abruma con su grandeza de alma!
       Su vida seguía los mismos derroteros que el año anterior. Los miércoles recibía. El actor declamaba, los pintores dibujaban, el violonchelista tocaba, el cantante cantaba e, invariablemente, a las once y media, se abría la puerta del comedor y Dímov, sonriendo, decía:
       —Señores, pasen a tomar algo.
       Lo mismo que antes, Olga Ivánovna seguía buscando grandes hombres, los encontraba y, cuando dejaban de satisfacerle, buscaba otros. Lo mismo que antes, regresaba todos los días a altas horas de la noche, pero Dímov ya no dormía, como el año anterior, sino que trabajaba en su despacho. Se acostaba a las tres y se levantaba a las ocho.
       Una tarde en que ella se preparaba delante del espejo para ir al teatro, Dímov entró en el dormitorio vestido de frac y con una corbata blanca. Esbozó una dulce sonrisa y, como antes, la miró alegremente a los ojos. Su rostro resplandecía.
       —Vengo de defender mi tesis —dijo, sentándose y frotándose las rodillas.
       —¿Te ha ido bien? —preguntó Olga Ivánovna.
       —¡Ya lo creo! —respondió sonriendo y estiró el cuello para contemplar en el espejo el rostro de su mujer, que seguía dándole la espalda y arreglándose el peinado—. ¡Ya lo creo! —repitió—. Sabes, es muy posible que me nombren profesor adjunto del curso de patología general. Hay rumores…
       A juzgar por la expresión feliz y radiante de su rostro, parecía evidente que, si Olga Ivánovna hubiera compartido su alegría y su triunfo, le habría perdonado todo, tanto lo presente como lo futuro, y habría olvidado el pasado, pero ella no entendía lo que quería decir profesor adjunto o patología general, y además temía llegar tarde al teatro, de modo que no dijo nada.
       Dímov siguió sentado un par de minutos, sonrió con aire culpable y salió de la habitación.


La amante de Riabovski es el cuarto capítulo de uno de los cuentos más extraordinarios de Chéjov, "La cigarra".