Mostrando entradas con la etiqueta Wislawa Szymborska. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wislawa Szymborska. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de abril de 2025

Wislawa Szymborska / Cartas a Kornel Filipowicz

 


Wislawa Szymborska

CARTAS


Wislawa Szymborska y Kornel Filipowicz vivían juntos, pero se escribían cartas casi todos los dias. Muchas veces hablaban de cosas cotidianas, pero su correspondencia también incluía dibujos, collages, fotos, recortes de periódico, caricaturas y bocetos.

Los dibujos eran de árboles, animales, paisajes y retratos, pintados por Szymborska y por Filipowicz. Venían acompañados de comentarios, muchas veces bromas, a veces notas tristes, o que servían solo para sus declaraciones de amor.

Por ejemplo, en la carta del 21 de julio de 1969 ella pegó a la carta una foto de Cracovia en forma de corazón, con una posdata que lee: “Kornel, este es mi corazón urbano, que te anhela y espera”. 

El 21 de julio de 1969 ella le dice: “Pero tú estás por encima de todo, puedes competir incluso con la salida del sol en Polinesia”.

Esta edición de "Las afueras" es  preciosa. 

Conocía otra que tenía el genial titulo:  “La mejor vida la tiene tu gato” que también contiene la correspondencia de estos dos preciosos grandotes, entre los años 1967 y 1985.



domingo, 24 de marzo de 2024

Wislwa Szymborska / Alabanza de los sueños

Wislawa Szymborska

 

Wislawa Szymborska
ALABANZA DE LOS SUEÑOS


En mis sueños
pinto como Vermeer van Delft.
Hablo fluidamente griego
y no sólo con los vivos.
Conduzco un auto
que me obedece.
Tengo talento,
escribo poemas largos, grandiosos.
Escucho voces
no menos que los grandes santos.
Se sorprenderían
de mi virtuosismo en el piano.
Floto en el aire como se debe,
es decir, por mí misma.
Si caigo del techo
puedo aterrizar suavemente en el verde césped.
No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me puedo quejar :
he logrado descubrir la Atlántida.

Me complace que justo antes de morir
siempre me las arreglo para despertar.

Inmediatamente tras el estallido de la guerra
me vuelvo a mi lado favorito.
Soy, mas no necesito ser,
hija de mi tiempo.

Hace unos pocos años
vi dos soles.
Y antes de ayer un pingüino,
con toda claridad.




lunes, 13 de noviembre de 2023

Poemas como heridas / Wisława Szymborska / El odio

 



Wisława Szymborska

El odio


Miren cuán activo está,

qué bien se conserva

en nuestro siglo el odio.

Con qué ligereza vence los grandes obstáculos.

Qué fácil le resulta saltar sobre su presa.


No es como otros sentimientos.

Es al mismo tiempo más viejo y más joven.

Él mismo crea las causas

que lo despiertan a la vida.

Duerme, pero jamás con un sueño eterno.

El insomnio no le resta fuerzas, se las da.


Con religión o sin ella,

lo importante es arrodillarse en la línea de salida.

Con patria o sin ella,

lo importante es lanzarse a la carrera.

Al principio, incluso la justicia funciona.

Después correrá solo.

El odio. El odio.

Su rostro lo deforma un gesto

de éxtasis amoroso.


Ay, esos otros sentimientos,

debiluchos y torpes.

¿Desde cuando la hermandad

puede contar con multitudes?

¿Alguna vez la compasión

llegó primera a la meta?

¿Cuántos seguidores arrastra tras de sí la duda?

El odio sí seduce, es perro viejo.


Avispado, listo, trabajador.

¿Hace falta decir cuantas canciones ha compuesto?

¿Cuántas páginas de la historia ha numerado?

¿Cuántas alfombras humanas ha desplegado,

en cuántas plazas, en cuántos estadios?


Es un maestro del contraste

entre el estruendo y el silencio,

entre la sangre roja y la blancura de la nieve.

Y ante todo, jamás le aburre

el leitmotiv del verdugo impecable

y su victima deshonrada.


Dicen que es ciego. ¿Ciego?

Tiene el ojo certero del francotirador.




miércoles, 6 de mayo de 2020

Un libro / Wislawa Szymborska / Poesía no completa

Ilustración de Fernando Vicente


UN LIBRO

Poesía no completa

de Wislawa Szymborska

Javier Rodríguez Marcos
27 de abril de 2020



Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 44)


Wislawa Szymborska solía contar que cuando escribía tenía siempre la sensación de que detrás de ella había alguien haciendo muecas. “Por eso huyo, todo lo que puedo, de las grandes palabras”, explicaba. Grandes o pequeñas, sus favoritas eran “no sé”. Esto último lo dijo en Estocolmo en 1996 al pronunciar una de las conferencias más breves en la historia del premio Nobel de literatura. Hoy sería muy útil imaginársela a ella haciendo muecas detrás de todos los que anuncian momentos históricos y cambios de ciclo. Haciendo muecas o leyendo su poema Fin y principio, que empieza: “Después de cada guerra / alguien tiene que limpiar. / No se van a ordenar solas las cosas, / digo yo”. Y sigue más adelante: “Alguien debe meterse / entre el barro, las cenizas, / los muelles de los sofás, / las astillas de cristal / y los trapos sangrientos /… / Eso de fotogénico tiene poco, / y requiere años. / Todas las cámaras se han ido ya / a otra guerra. /…/ Alguien con la escoba en las manos / recordará todavía cómo fue. / Alguien escuchará / asintiendo con la cabeza en su sitio. / Pero a su alrededor / empezará a haber algunos / a quienes les aburra. /… / Aquellos que sabían / de qué iba la cosa / tendrán que dejar su lugar / a los que saben poco /. Y menos que poco. / E incluso prácticamente nada”.
Szymborska fue esa “polaca que no conoce nadie” hasta que los lectores se quitaron el sombrero ante el olfato de la vilipendiada Academia Sueca. Como en su antológico Retrato de mujer, en su poesía caben la ingenuidad y la sabiduría, el vodka y el dinero, Jaspers y las revistas “de mujeres”. Coloquial y profunda, si no temiéramos sus burlas, diríamos que su obra es una bendición.

Poesía no completa. Wislawa Szymborska. Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia. Fondo de Cultura Económica.

EL PAÍS