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jueves, 19 de junio de 2025

Federico Fellini / La apuesta

 

Federico Fellini

Federico Fellini apostó que era imposible… y perdió con estilo.

Una noche, entre risas y copas, el gran director italiano retó a su amigo Tonino Guerra, guionista de culto:

—A que no puedes escribir un guión completo… de sólo 10 segundos.

—¿Qué defines como completo? —preguntó Tonino.

—Inicio, clímax y giro final. Todo.

—¿Apostamos 12 dólares?

—Trato hecho.

Fellini se fue convencido de que había ganado.

Tonino, en cambio, pasó la noche en vela.

No había manera: ¿cómo contar una historia con montaje, tensión y final inesperado en menos tiempo del que tardas en preparar un café?

Pasadas las doce, la inspiración llegó.

A la mañana siguiente, Tonino se presentó con una hoja.

Fellini lo miró escéptico.

—¿Trajiste mis 12 dólares?

—Traje el guión, respondió Tonino.

Y decía así:

Una mujer mira la televisión.

Empieza una cuenta regresiva de lanzamiento de un cohete:

10… 9… 8…

Su rostro, lleno de tensión.

Toma el teléfono. Marca.

7… 6… 5…

La cámara permanece en su cara.

4… 3… 2… 1…

¡El cohete despega!

Ella habla por teléfono:

“Puedes venir ahora. Ya se fue.”

Fellini se quedó en silencio.

Luego sacó 12 dólares y los puso sobre la mesa.

Esa historia de apenas unas líneas…

Era cine puro.

Un personaje en pantalla. Tres en la historia.

Una esposa. Un esposo rumbo al espacio. Un amante esperando la señal.

Un giro sutil. Una explosión precisa.

Y la grandeza de un guionista que entendía que a veces…

menos es todo.


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miércoles, 19 de febrero de 2025

martes, 25 de junio de 2019

Casa de citas / Fellini / El guión




Federico Fellini
BIOGRAFÍA
EL GUIÓN


Para mí, el guión es siempre una fase peligrosa, porque en el fondo es del género tonto intentar plasmar en un papel una serie de fantasmas que sólo se van a materializar seis meses más tarde. Tiene que haber un guión, porque hay que organizar la producción, encargar los decorados e iniciar esta especie de desembarco en Normandía que es el rodaje de una película. Pero yo intento que el guión sea lo más impreciso y difuminado posible, que no fije en una expresión semi-literaria las ideas que deberán hacer nacer a las imágenes. Las imágenes que nacerán del guión escrito estarán inevitablemente en contradicción con las que deben nacer de nuestro universo imaginativo. Esta anticipación peligrosa lo único que consigue es traicionar mi imaginación.

Georges Simenon entrevista a Federico Fellini




lunes, 24 de junio de 2019

Casa de citas / Fellini / Casanova


Federico Fellini
BIOGRAFÍA
CASANOVA


Es un proceso siempre misterioso. La verdad es siempre mucho más misteriosa que nuestros pensamientos. Todo comenzó hace cinco años. Dino de Laurentis, productor de La Strada y Las noches de Cabiria, deja Italia para establecerse en Estados Unidos y me pide, por amistad, que firme un contrato con él, para que pueda utilizarlo como tarjeta de presentación en América. Quiero mucho a De Laurentis. Es un hombre que goza de una especie de energía animal, de salud brutal, pero que no sabe canalizar toda su humanidad, todo su entusiasmo. ¡Menudas peleas las nuestras! En resumen, le firmo el contrato y De Laurentis insiste en que le dé un título para esa supuesta película. «Dame un título», me dijo. Para satisfacer a un determinado productor y que me permitiese hacer las películas que yo quería, les avanzaba títulos, como SatiricónDecamerón y cosas por el estilo. No era la primera vez que hacía algo parecido. No es que hubiese leído esas obras y me hubiesen entusiasmado, lo único que me quedaban de ellas eran vagos recuerdos escolares.




Para conseguir el dinero para poder rodar Giullieta de los espíritus, le prometí al productor un Satiricón. Y la verdad fue que la lectura tardía de Petronio me proporcionó una fuerte emoción ¿Por qué no hacer lo mismo con Casanova? Entonces, rodé Amarcord y, después comencé a leer las Memorias de Casanova. ¡Qué desastre! ¿Qué podía tener yo en común con ese tipo? No es un artista, nunca habla de la naturaleza, de los niños, de los perros, de nada. Su obra es una especie de anuario telefónico. Es un contable, un estadístico, un playboy de provincias que cree haber vivido, pero que, en realidad, nunca ha nacido; que ha deambulado por el mundo sin existir jamás, fantasma errante a través de su propia vida. 



Cuando terminé su lectura estaba desesperado. Intenté con todas mis fuerzas que la película no se realizase. Rompí los puentes con De Laurentis. Él quería a Robert Redford para el papel de Casanova. Pero para los productores, la idea de un Fellini-Casanova, La Dolce Vita del siglo XVIII, era demasiado tentadora. El primero que se ofreció fue Andrea Rizzoli. Pero la película resultaba demasiado cara para él. Por fin, en abril de 1975, Alberto Grimaldi, con el que había hecho Satiricón, reúne el dinero suficiente asociándose con los americanos. Comencé a rodar en julio, con Donald Sutherland, asediado por las dificultades: huelgas y demás obstáculos. Y, para colmo, en el mes de diciembre, Grimaldi decide pararlo todo y sin avisarme. Despidió a toda la gente y sólo mucho más tarde me dijo que la culpa era mía, que había gastado muchísimo dinero y que era «peor que Atila».



De todas formas, los obstáculos vinieron a confortarme y a justificar mi resistencia inicial a rodar la película. Odiaba el personaje y me negaba a frecuentar un tipo tan estúpido. Pero, muy a pesar mío, había decidido hacer una película sobre él, sobre el vacío existencial, sobre un tipo que está continuamente actuando y que se olvida de vivir realmente, Quizá lo que quería hacer era un retrato del artista, también continuamente actuando en medio del vértigo de su vida. Al pensar esto, me entraron todavía menos ganas de realizar la película. Porque, en efecto, se trata de una película sobre la futilidad de la creación, sobre el desierto árido al que, fatalmente, vuelve el creador, después de habérselas ingeniado para vivir únicamente pendiente de sus marionetas o de sus propias palabras, olvidando dejar expresarse el lado animal y esencial de su ser. Y aquí reside realmente el peligro. Al final, Casanova, convertido en marioneta, se fija mecánicamente en una contemplación sin esperanza de su universo femenino… Simboliza también al artista, bloqueado en esta dimensión neurótica de la ilusión creadora.




Fue entonces cuando comprendí el sentido de la profunda aversión que sentía por Casanova. Esta película que tanto me estaba costando iba a marcar una frontera no tanto en mi carrera, sino en mi vida. Después de ella tendría que matar esa parte de mi yo versátil y cambiante, indecisa, eternamente tentada por el compromiso, la parte de mi yo que no quería hacerse adulta. En realidad, la película fue para mi un «cruzar la frontera», un dirigirme hacía el último tramo de mi vida. Tengo 57 años y la sesentena está a las puertas. Inconscientemente, tal vez, he puesto en esta película todas las angustias y el miedo que me siento incapaz de afrontar. Quizá la película se haya alimentado de mi miedo.

Georges Simenon entrevista a Federico Fellini

DE OTROS MUNDOS



sábado, 1 de noviembre de 2014

Casa de citas / Fellini / Vino y cine


Federico Fellini
VINO Y CINE

Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.




jueves, 6 de septiembre de 2012

Casa de citas / Fellini / Coartada


Federico Fellini
COARTADA

Mi mundo es confuso, cambia de estación en estación, y no soy maestro del pensamiento. Hacer de mi vida una creación estética y artística es mi ley, mi magia y mi religión. Para lo demás soy un solitario y lo que más me interesa son los sueños nocturnos y mi trabajo. El trabajo me da dignidad, el trabajo me lava de todas las traiciones, de todas las porquerías y de todas las rutinas de la vida cotidiana. El trabajo es mi coartada. Y quizás, ante Dios y los hombres, es una coartada que da buen resultado.








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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Casa de citas / Fellini / Borges


Federico Fellini


Federico Fellini
BORGES


Borges me comunica siempre una singular exaltación pacificadora a causa de su prodigiosa vocación de aprisionar, aunque sea por un instante, entidades tan ambiguas y enrarecidas como el tiempo, el destino, la muerte, los sueños, en operaciones mentales portentosas y refinadas, en mecanismos conceptuales poderosamente simplificados, libres de los oropeles de la lógica, de los juegos de equilibrio de la dialéctica. Sobre todo para un hombre de cine, Borges es un autor particularmente estimulante en cuanto a que lo excepcional de su literatura consiste en ser muy parecida al sueño, como una extraordinaria visión onírica al evocar del subconsciente imágenes innatas donde la cosa y su significado coexisten simultáneamente, exactamente como en una película. Y justamente como en los sueños, también lo incongruente de Borges, lo absurdo, lo contradictorio, lo arcaido, lo repetitivo, aún conservando toda su virulenta carga fantástica, son igualmente iluminados como los rigurosos detalles de un dibujo más amplio e ignorado, son los elementos impecables de un mosaico atrozmente perfecto e indiferente. También, Borges, me hace pensar en un flujo onírico discontinuo, y la heterogeneidad de esta misma producción —relatos, ensayos, poesías— prefiero imaginármelas, no como el fruto de los múltiples resortes de un talento impaciente, sino más bien como el signo sin descifrar de una metamorfosis infatigable.


Fuente : Epanadiplosis
17 junio 2011 
http://epanadiplosis.wordpress.com/category/jorge-luis-borges/












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