lunes, 15 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Sobre el erotismo

 




Cristina Peri Rossi
SOBRE EL EROTISMO

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Cualquiera que lea la página de avisos clasificados de un diario (incluidos los diarios de provincias) podrá encontrar los deseos eróticos de mis personajes: fetichistas, sadomasoquistas, travestidos, etc. El erotismo empieza con la imaginación, es decir, con la independencia del cuerpo, de la biología. A mí no me interesa el sexo, sino el erotismo, y a mis personajes también. “Hacer sexo” me parece una expresión verbal horripilante, tan horrible como el acto que imagino. El sexo no se hace: se sueña, se inventa, se imagina, se supera, se trasciende, se olvida, se cambia, se transmuta. El erotismo es al instinto sexual lo que el bel canto al grito. Los instintos nada tienen que decir en la cultura. La cultura es una invención del ser humano; el instinto, un mecanismo de supervivencia. No estoy segura de que los lectores no quieran leer estas historias. Al fin y al cabo, aun en época de crisis económica, los establecimientos dedicados a vender las fantasías sexuales de los lectores gozan de muy buena salud. En todo caso, debo confesar que el número de lectores o sus gustos no me preocupan cuando escribo. Escribo lo que creo que tengo que escribir, según mi concepción histórica de la literatura, teniendo en cuenta todo lo que ya se ha escrito y lo que yo misma ya escribí. Ahora bien, soy consciente de que mis textos suelen turbar mucho a los profesores de literatura de las universidades, siempre dispuestos a hablar de una matanza en Izalco, en Chiapas, de la explotación indígena o de la tortura a los presos políticos, pero extrañamente temerosos cuando deben abordar el tema del fetichismo de los personajes, la masturbación o el travestismo. Aunque en los institutos de secundaria se repartan folletos que enseñan a manipular un condón o definen la homosexualidad como una opción del deseo. Pero ésta es una clase de información fría, que no deja ninguna huella. Es verdad que un relato sobre una fetichista, si está bien escrito, si consigue emocionar, inquieta mucho más que un tratado de pedagogía sexual. No podemos separar el erotismo de las emociones; por eso mis libros resultan inquietantes. Pero ésa es la finalidad de la literatura.

2

Yo tiendo a recuperar la instancia religiosa de hacer el amor desde mi primer libro de poemas, Evohé, donde escribir, amar y orar son actividades que se mezclan y se juntan. Amar se convierte en un oficio, en el sentido de oficiar un rito, igual que escribir. Hay algo de religioso en las tres actividades. Muchos de mis poemas son eróticos, algo ausente en la poesía en castellano. En mi libro Babel bárbara, escribí un poema al parto, como metáfora de la escritura, pero me parece muy significativo que sea uno de los pocos poemas sobre el parto de la literatura castellana, aunque posiblemente tampoco lo hay en otras lenguas, tal ha sido la ausencia de las incidencias del cuerpo femenino. En Estrategias del deseo hay varias referencias a la sangre menstrual. ¿Cómo es posible que todo esto no haya estado en la literatura o haya aparecido muy ocasionalmente? Porque la poesía la escribían hombres, y para ellos, el cuerpo femenino era una idealización: lo soñado o lo temido.

Cristina Peri Rossi / Las palabras como fetiches


 

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