Mostrando entradas con la etiqueta Erica Jong. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erica Jong. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de julio de 2026

Erica Jong / Alejándome

 

The image shows an expressionist painting of a person standing sideways with a head tilt. The facial features are obscured by red and brown shades, with hair depicted in loose brushstrokes of darker red and brown. The body is painted in bright yellow against a shadowy background. The setting includes a red and brown bed and a patterned wall with abstract shapes. It appears to be indoors, perhaps in a bedroom, with textured walls extending in the background. No specific objects or jewelry are prominent in the person's depiction.

Weeping Young Woman by the Bed, 1930

Edvard Munch


Erica Jong
ALEJÁNDOME

Ahuyentándome 
es más fácil 
que decir 
adiós: 

besar el aire, 
la última sílaba 
de verdad 
siempre son 
dos labios apretados 
alrededor 
del vacío,

el vacío 
que temes 
pero al que regresas 
como justo castigo, 
justa recompensa. 

¿Quién 
te amó 
tan implacablemente? 
¿Quién te perdió 
en ese vacío aullante 
entre la infancia 
y la muerte? 

Está interrumpido 
por los cuerpos cálidos 
de las mujeres, 
que te abrazan un rato 
y luego corren 
por ese pasillo resonante 
haciendo 
lo que se les dice.

Erica Jong / Parábola de las cuatro columnas

 

Esta lámina muestra el torso de una persona de perfil, mirando hacia la derecha. La cabeza está ligeramente inclinada y los ojos cerrados. Su cabello oscuro y ondulado cae en cascada sobre su cuello. Su piel es de un color verde azulado uniforme, con sus rasgos delineados en blanco. Sostiene un objeto grande, rojo y de forma irregular contra su pecho con una mano. El fondo es negro con una textura que deja ver parte del papel color canela.
El corazón 
Edvard Munch

Erica Jong
Parábola de cuatro columnas

 

Porque ella quiere tocarlo
ella se separa.
Porque ella quiere hablarle
ella se calla.
Porque ella quiere besarlo
ella se aleja
y besa a un hombre que ella no quiere besar.

 
Él observa
pensando que ella no lo quiere.
Él escucha
escuchando su silencio.
Él se aleja
pensando que ella es distante
y besa a una mujer que él no quiere besar.

 
Ellos se casaron­:
un error de cuatro formas.
Él va a la cama con su esposa
pensando en ella.
Ella va a la cama con su esposo
pensando en él.
Y todo esto sucede en una vieja cama de cuatro columnas.

 
¿Ellos vivieron su final triste?
Por supuesto.
¿Ellos resolvieron sus errores?
Nunca.
¿Quién es la victima aquí?
El amor es la víctima.
¿Quién es el villano?
El amor que nunca muere.


Erica Jong / Volando a los cuarenta

 

Erica Jong / Photo by Christian Als Berlingske
Erica Jong
Volando a los cuarenta

Me llamas 
valiente, 
yo que crecí 
mordisqueando libros, 
como algunos niños 
mastican 
chicle, 

que me casé desastrosamente 
no una, 
sino tres veces, 
y sin embargo tengo una hija encantadora 
que no deshacería 
ni por toda la droga 
de California. 

El miedo era mi elemento, 
el miedo mi contagio. 
Nadé en él 
hasta que me volví 
inmune. 
El avión despega 
y me río a carcajadas. 
Llámame valiente. 

Sigo viva.


viernes, 11 de julio de 2025

Erica Jong / El poema de la ropa sucia

 

EL HUASO Y LA LAVANDERA,1835
Juan Mauricio Rugendas



Erica Jong

EL POEMA DE LA ROPA SUCIA


Este es el poema de la ropa sucia
porque hemos viajado de ciudad en ciudad
acumulando ropa blanca sucia y sudadas camisas,
blue-jeans costrosos y grumosos de nuestro jugo
y remeras ajadas por nuestra gloriosamente desordenada pasión
y ropa interior tiesa por nuestro gozo.
He vuelto a casa a lavar mis ropas,
dan golpecitos en el piso del baño como lluvia,
el agua se lleva goteando los días hasta ti
el agua sucia me habla de amor.

Vaporosa en las burbujas de nuestro amor,
he zambullido mis manos en agua caliente
como podría zambullirlas
en tu corazón.

Después de años de manchas y chapoteos
estoy finalmente limpiándome.
Volaré hacia ti con una valija de nueva ropa sucia,
me despojaré de mi ropa, la amontonaré en el suelo,
y dejaré que friegues mi cuerpo con tu amor.





Erica Jong / Breve tratado de la fama y la gloria

 


Erica Jong
BREVE TRATADO DE LA FAMA Y LA GLORIA

    Se imprimió el artículo tal y como lo escribí. Horst lo tradujo fielmente. Pensé que la ciudad de Heidelberg ardería, pero los escritores exageran en gran medida la importancia de su trabajo. Nada sucedió. Algunos de mis conocidos hicieron observaciones irónicas sobre lo mucho que me entregaba a mi tarea. Eso fue todo, Me pregunté si alguien llegó siquiera a leer el Heidelberg Alt und Neu . Probablemente, no. Mis artículos equivalían a mandar cartas durante una huelga de correos o a escribir un diario secreto. Sentía como si abriera la historia de par en par, pero nadie pestañeaba siquiera. Todo aquel Sturm und Drang caía en el silencio. Era casi como publicar poesía.


Erica Jong
Miedo a volar
Círculo de Lectores, Bogotá, 1984, p. 86




jueves, 10 de julio de 2025

Erica Jong / Casa de citas / Tomates

 


Erica Jong
TOMATES

En Pascua, buscábamos huevos pintados, pero no celebrábamos la resurrección de Cristo; celebrábamos «el equinoccio vernal», el renacimiento de la vida, los ritos de la primavera. Escuchando a mi madre, uno podía creer que éramos unos druidas.
    —¿Qué le pasa a la gente cuando se muere?
    —No mueren en realidad —decía mi madre—. Vuelven a la tierra y al cabo de poco nacen de nuevo como hierba o quizás, incluso, como tomates.
    Esto resultaba extraño e inquietante. Quizá fuera bastante tranquilizador oírla decir «no mueren en realidad», pero ¿quién deseaba ser un tomate ? ¿Era ese mi destino? ¿Convertirse en un tomate con todas aquellas semillas despachurradas?
    Pero tomates o no, era la única religión que tuve.


Erica Jong
Miedo a volar
Círculo de Lectores, Bogotá, 1984, pp. 72-73



Erica Jong / Vuelos




Erica Jong
VUELOS

Había 117 psicoanalistas en el vuelo de la Pan Am a Viena, y yo había sido paciente por lo menos de seis de ellos. Y me había casado con el séptimo. Sólo Dios sabe si era un tributo a la ineptitud de los psicos o a mi propia condición de inanalizable, pero me sentía, si es que algo sentía, más aterrorizada por volar ahora que cuando principié mis aventuras analíticas unos trece años antes.
    Mi marido me asió la mano en forma terapéutica en el momento del despegue.
    —Cielos… Como el hielo —dijo.
    Ya podía conocer los síntomas puesto que me había sostenido la mano en muchos otros vuelos. Mis dedos (de manos y pies) se hielan, el estómago me da un brinco en la caja torácica, la temperatura de la punta de mi nariz desciende al mismo nivel de la temperatura de mis dedos, mis pezones se yerguen y saludan dentro de mi sujetador (o, en este caso, vestido, puesto que no llevaba sujetador) y por un minuto de los de chillar se establece una correspondencia entre mi corazón y el motor mientras intentamos demostrar una vez más que las leyes de la aerodinámica no son las endebles supersticiones que, en el fondo de mi corazón, sé que son. Nada importan las diabólicas explicaciones del plano de sustentación que te procura la multilingüe INFORMACIÓN PARA LOS PASAJEROS de Pan Am, sucede que estoy convencida de que sólo mi propia concentración (y la de mi madre, quien parece que siempre espera que sus hijas mueran en un accidente aéreo) mantiene el pájaro en el aire. Me felicito por cada despegue coronado por el éxito, pero no de una manera muy entusiasta porque también forma parte de mi religión personal en que al momento en que uno siente excesiva confianza y se relaja sinceramente respecto al vuelo, el avión se estrella al instante. Mi divisa es vigilancia continua. Un estado de ánimo de precavido optimismo debe prevalecer. De hecho, mi estado de ánimo se puede calificar como precavido pesimismo. Muy bien, me digo, parece que ya no estamos en el suelo sino entre las nubes, pero el peligro no ha pasado. En realidad, ésta es la parcela de aire más peligrosa. En este momento mismo nos encontramos sobre la bahía de Jamaica, donde el avión se ladea y da vueltas y desaparece el cartel de «No fumar». Puede muy bien ser el lugar por el que bajemos chillando en centenares de pedazos llameantes. Por lo tanto, sigo concentrándome profundamente, ayudando al piloto (una voz muy tranquilizadora del medioeste llamado Donnelly) a que vuele este puñetero avión de 250 pasajeros. Demos gracias a Dios por su corte de pelo y su acento del centro de los Estados Unidos. Siendo yo neoyorquina, jamás confiaría en un piloto con acento de Nueva York.


Erica Jong
Miedo a volar
Círculo de Lectores, Bogotá, 1984, pp. 15-16




Casa de citas / Erica Jong / 117 sicoanalistas

 



Erica Jong

117 SICOANALISTAS

Había 117 psicoanalistas en el vuelo de la Pan Am a Viena, y yo había sido paciente por lo menos de seis de ellos. Y me había casado con el séptimo.


Erica Jong
Miedo a volar
Círculo de Lectores, Bogotá, 1984, p. 15





117 PSYCHOANALYSTS
by Erica Jong

There were 117 psychoanalysts on the Pan Am flight to Vienna and I’d been treated by at least six of them. And married a seventh. 


Fear of flying by Erica Jong