domingo, 30 de junio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Blues


Edgardo Cozarinsky
Blues

(fragmento)


Fue precisamente en 1992 (...) que decidí visitar Salónica. (...) En el primer piso de la librería Molho pasé largas tardes gozando de la hospitalidad de sus dueños, estudiando libros y documentos sobre el pasado sefaradí de la ciudad. Con ellos no necesité hablar en mi francés adoptado no en mi inglés de lector; hablé en mi español de argentino y ellos me hablaban en su castellano de sefaradíes. Curioso, pensé, que yo, bisnieto de askenazis instalados en el campo argentino a finales del siglo XIX, lo que se dio en llamar los "gauchos judíos", nieto de una generación de "integrados", hijo de ateos ajenos a toda tradición siquiera gastronómica, circunciso para complacer a una abuela casi senil; yo, que nunca hice ese bar mitzvah que me interesaba tan poco como a mis padres, empezara a sentirme judío cuando entendí que mi idioma me vinculaba con una tradición que había desconocido. 

Creo que fue en ese momento cuando entendí que diáspora no hay una sola. Que mi pequeña experiencia, casi indolora, de una diáspora argentina, en mi caso cultural más que política, me hizo sensible a la de un pueblo que había vivido otra diáspora, impuesta cinco siglos atrás por un estado triunfante, y que a través de esa sensibilidad recién adquirida empecé a entender la diáspora que yo había heredado, la de Europa del Este, que hasta ese momento me había dejado más bien indiferente. Empecé a leer a Joseph Roth, que muy pronto se convertiría en el fantasma asiduo de mis propios cuentos y novelas... Roth, que se sabía súbdito del Imperio Austro-Húngaro sin por ello dejar de reivindicar su condición de judío, así como yo me siento ante todo argentino... 

¿Por qué aquella indiferencia? Creo que, en primer lugar, porque en mi casa se hablaba solamente castellano. Cuando en una de mis visitas a la Argentina a partir de 1985 intenté averiguar cuándo se había perdido el ruso y el idish entre mis antepasados sólo hallé el recuerdo de una tía ya anciana: le parecía que cuando visitaba de niña la chacra de la provincia de Entre Ríos donde se habían establecido mis antepasados había oído a algunos paisanos hablar en una lengua que no comprendía... 

Sí, el castellano, mi idioma, acaso sea el lazo mayor que tengo con una tradición judía.




sábado, 29 de junio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Dinero para fantasmas


Dinero para fantasmas


Edgardo Cozarinsky
DINERO PARA FANTASMAS

Edgardo Cozarinsky ha construido buena parte de su historia vital en la diáspora, aunque en las últimas dos décadas vive a caballo entre París y Buenos Aires. De su producción literaria, rica en ensayo, relato y novela, destaca Lejos de dónde, que indaga con brillantez en la ocultación de identidades de criminales nazis. Escritor y cineasta acucioso, detallista y amante del rigor científico en la construcción de historias, Cozarinsky cuenta en Dinero para fantasmas (tercera novela que publica en Tusquets) la historia de amor de dos personajes que, partiendo del Buenos Aires marginal, viven peripecias novelescas en el otro extremo del mundo; una historia que hace brotar de nuevo la imaginación de un viejo escritor, Andrés Oribe, posiblemente un trasunto del propio autor. Las historias que se cruzan en la novela actúan de interruptores luminosos: van abriéndose una tras otra por la vía del contacto, ya sea tangencial o directo. Las pasiones son las encargadas de alimentar el caudal narrativo: a veces vividas, a veces imaginadas.


Zona de Obras
16 de junio de 2013




viernes, 28 de junio de 2013

Casa de citas / Natalia París / El pollo y otras meditaciones


Natalia París
EL POLLO Y OTRAS MEDITACIONES



1


Las niñas chiquiticas de siete, ocho, nueve y diez años ya se están desarrollando. Porque, como están comiendo pollo, esas hormonas femeninas hacen que todo su organismo se les acelere. Por eso los niños que están comiendo pollo, como les están inyectando hormonas femeninas, se están empezando a volver homosexuales. Porque los niños, comiendo hormonas femeninas, empiezan a cambiar su metabolismo, y eso es lo que está pasando. Tener conciencia de cada cosa que...





2


Tuve una época en que estaba demasiado demente y me encantaba tomar yagé y comía hongos. Me fascinaba investigar y experimentar, no solo lo que este plano nos permite ver, sino lo que hay más allá. La ayahuasca me ha servido para estar completamente segura de que la realidad apenas es una cosa pequeñita que nuestra mente limitada nos permite ver. Hay mucho más. Hay un montón de vidas aparte de esta, existe una agenda secreta que manipula a toda la humanidad. He tenido también experiencias rarísimas, siempre con el tema de la muerte, con el tema de la sensibilidad hacia otras cosas que ante la lógica son difíciles de creer. Durante un tiempo estudié astrología y numerología con Ruby Díaz, ella tiene programas en televisión y en radio.




3

He fumado marihuana pero realmente soy muy sana.







4

He tenido unos novios bien rumberos que me han hecho abrir el oído a todos los géneros musicales. 



5

Ya se me cerraron los huequitos de las orejas porque no uso aretes.



6


Cuando estaba chiquita vi un OVNI en Medellín. Era de noche y de pronto se hizo de día.





7

Yo sentía un vacío en Colombia, porque iba a las discotecas y no me gustaba la música. Soy de las que se rayan cuando el ambiente es muy ruidoso.



8

Devorar libros es lo mío.


9

Me río de lo ignorante que es el pueblo colombiano.





jueves, 27 de junio de 2013

Casa de citas / Joyce / Ulises se convierte en leyenda




James Joyce
ULISES SE CONVIERTE EN LEYENDA

Durante siete años -Trieste, París y Zúrich-, Joyce se dedicó a Ulises, un libro en el que no pasa nada, así en general, y que es como una caminata campo a través, con abruptas subidas, recodos polvorientos y zonas pedregosas -muchas sin puntos, ni comas, ni indicaciones, nada-, tan difícil que había mecanógrafas que se negaban a transcribir el manuscrito, porque les daba el flato.

Tuvo, sí, una accidentada relación, que se hizo familiar, con el fuego. La primera edición de Dublineses, impresa y encuadernada, fue quemada por el editor. Años después, algunos de los capítulos de Ulises, publicados en una revista, fueron también pasto del fuego censor y vergonzante, y cuando se imprimió la segunda edición del libro, las autoridades enviaron una parte a la hoguera. Hubo un momento en que, resignado, dijo que esperaba que tal persistencia de fuego redentor le fuera, allí en el purgatorio, descontada.

Ulises se convirtió en una leyenda. Había gente que vendía el abrigo para procurarse un ejemplar, y estudiantes que se encerraban una semana, sin comer, con llave, para poder comprarlo.


JESÚS MARCHAMALO / DAMIÁN FLORES
44 escritores de la literatura universal
Siruela, Madrid, 2009, págs. 87 y 88


miércoles, 26 de junio de 2013

Casa de citas / Miguel Torga / Contra Joyce


Miguel Torga
CONTRA JOYCE
.
Coimbra, 22 de julio de 1984.

Noticia de una edición crítica del Ulises de Joyce en la que se demuestra que muchas de esas soluciones, aparentemente geniales, que contribuyeron al éxito del libro no son más que errores de copia o erratas de imprenta. Nada menos que cinco mil.
. 
El tiempo nuestro es un tiempo de extremos. O no entiende nada o lo entiende todo. Hasta los desatinos. Los genios de moda no tienen de qué quejarse. Pueden tejer y pueden dejar también que el demonio teja por ellos. Con que firmen es suficiente.


Miguel Torga 
Diario (1932-1987)
Alfaguara, Madrid, 2006, pág. 436
Traducción de Eloísa Álvarez


Lea, además
BIOGRAFÍA DE JAMES JOYCE



martes, 25 de junio de 2013

Casa de citas / Juan Benet / Contra Joyce



Juan Benet 

CONTRA JOYCE

 

Lo que he escrito sobre Joyce no responde a ninguna boutade, sino que creo, de verdad, que es un escritor de segunda fila. ¿Por qué? Porque hace de la literatura un proceso analítico. Me explicaré. Llamo literatura analítica a aquella en la que el predicado está incluido en el sujeto. Si digo “la noche está oscura”, la metáfora es analítica, no crea literatura, tal como yo la entiendo. Para mí, la literatura consiste en formular juicios sintéticos sobre la realidad. Si escribo “la noche es plateada”, el juicio es sintético y lo escrito ya es, por tanto, literatura. Lo demás, el costumbrismo, el naturalismo, no me interesan. Si describes una verbena sin apartarte de los elementos que la integran, no inventas nada, simplemente traspasas la realidad a la escritura. Por eso Faulkner y Proust me parecen grandes escritores; por eso, también, Joyce, me parece menor. El llamado “monólogo interior” –no sé por qué, puesto que un monólogo tiene siempre una trabazón lógica; por otra parte, los ingleses dicen más justamente “corriente del pensamiento” – puede servir como técnica, pero no creo que tenga otros valores.


EDUARDO G. RICO: “Juan Benet: Joyce es de segunda fila”
Triunfo Nº 429, Madrid, 22 de agosto de 1970, pág. 38

Recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española, Universidad de Sevilla, Secretariado de publicaciones, 1997, págs. 288 y 289


Lea, además
BIOGRAFÍA DE JAMES JOYCE



lunes, 24 de junio de 2013

Casa de citas / Roddy Doyle / Contra el Ulises


Roddy Doyle
CONTRA EL ULISES

El Ulises, de James Joyce, que muchos consideran como la mejor novela del siglo XX y la mejor obra escrita en inglés, está bajo fuego. Mientras Irlanda se prepara para celebrar el centenario de Bloomsday -día de junio de 1904 en el cual se sitúa la novela-, escritores y columnistas descontentos dicen que están hartos del libro, al que algunos consideran impenetrable, y del culto que le ha seguido. Al elevarlo al estatus de Dios literario, los fanáticos de Joyce están perjudicando a otros escritores irlandeses y creando una "industria de Joyce" que tiene que ver más con el turismo y la generación de dinero que con la literatura, sostienen.

Roddy Doyle, autor de la popular novela Paddy Clarke Ha Ha Ha y del guión del exitoso filme The Commitments, abrió la caja de Pandora literaria la semana pasada con un ataque mordaz al Ulises y sus devotos seguidores. "Ulises pudo haberse terminado mejor si hubiera contado con un buen editor", dijo Doyle en una reunión literaria en Nueva York. "La gente siempre está poniendo a Ulises en la lista de los 10 libros mejor escritos, pero dudo que alguna de esas personas estuviera realmente conmovida por él".

Continuando su ataque en una entrevista con un periódico irlandés el fin de semana, Doyle dijo que el legado de Joyce lanza una larga y perjudicial sombra sobre la vida literaria irlandesa. "Si eres un escritor en Dublín y escribes una parte de un diálogo, todos piensan que lo copiaste de Joyce", afirmó. "Es como si estuvieras inmiscuyéndote en su área, me pone nervioso".

Los comentarios de Doyle tocaron una tecla entre los populistas. En una columna en el diario Irish Times el miércoles, Kevin Myers describió a Ulises como "uno de los callejones sin salida más improductivos en la historia literaria". "Es un texto de unas 400.000 palabras de extensión, lo que probablemente son unas 250.000 palabras de más", se quejó.


El periodista Sean Moncrieff, en una nota en el diario Irish Examiner, dijo que Ulises nunca vería la luz del día si fuera escrita en la actualidad. "¿Qué pasa en Ulises?", preguntó. "Bueno, no mucho. Bloom desayuna. Va a un funeral. Vaga un poco por Dublín. Stephen Dedalus hace lo mismo. Se emborracha y hace el papel de tonto. Luego ambos van a casa". "Envíe ese bosquejo de trama a cualquier editor moderno y vea cuán lejos llega".

GIDEON LONG
Lluvia de críticas para el "Ulises" en su centenario 
Reuters, 16 de febrero de 2004


Lea, además
BIOGRAFÍA DE JAMES JOYCE



domingo, 23 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / Madame Bovary




Antonio Muñoz Molina
Madame Bovary



En Madame Bovary Flaubert quiso lograr lo que nadie había imaginado antes que él, una prosa que tuviera un grado máximo de control e intensidad, al mismo tiempo limpia y flexible, tan objetiva como un informe científico, tan soberana y completa en su significado como una ecuación matemática. En una carta dice que una metáfora ha de aspirar a la precisión de la geometría. En la generación anterior a la suya, Balzac y Stendhal habían escrito novelas atropelladas de peripecias en las que la narración quedaba interrumpida casi a cada párrafo por los comentarios en primera persona del autor. En una carta Flaubert explica, célebremente, su ideal inverso: que el autor sea tan omnipresente pero tan invisible entre sus personajes como Dios entre sus criaturas. Balzac y Stendhal podían escribir una novela completa en unas semanas, a la velocidad risueña a la que componían Mozart o Rossini. Uno de los atractivos casi perversos de la correspondencia de Flaubert es seguir paso a paso la escritura lentísima de Madame Bovary, que se prolonga a lo largo de cinco años y centenares de cartas. No existe otro monumento como ese al oficio de la literatura: la soledad de cada día, la paciencia obstinada, la vigilancia cuidadosa de cada palabra, el corregir y tachar, copiar de nuevo, volver sobre lo escrito, sin permitirse ninguna indulgencia, prefiriendo, dice Flaubert, “rabiar como un perro” antes que dar por hecha una frase apresurada, antes de que un párrafo alcance su plena maduración.



sábado, 22 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / La prisionera




Antonio Muñoz Molina
LA PRISIONERA

En uno de los pasajes de más riqueza sonora de toda la novela, en el quinto volumen, La prisionera, el narrador invoca los ruidos y las voces que llegan desde la calle a su dormitorio en la primera hora de la mañana: las llamadas diversas de los vendedores ambulantes, que le hacen acordarse del canto gregoriano y del Pélleas de Debussy; los cascos de los caballos sobre el adoquinado, los martillazos de un artesano, el trotar de las pezuñas de las cabras de leche, el timbre lejano del tranvía; y todo ello, cada mañana, con grados diferentes de proximidad y nitidez, más amortiguado si la atmósfera está húmeda, más claro en el aire limpio y frío de las mañanas despejadas. Encerrado en su dormitorio, tras los cristales del balcón y el espesor de las cortinas, la conciencia todavía no despojada del sueño, el narrador percibe como una música los sonidos del mundo, cada uno distinto de los demás, y todos sin embargo organizados en una larga ondulación armónica que le hace pensar, más allá de Debussy, en los paisajes de Wagner, en cómo el canto de un pájaro en un bosque o la melodía simple de un pastor se dibujan contra el fondo sonoro de los árboles o del mar y al mismo tiempo se entretejen en él. “Wagner”, escribe Proust con ese fervor tan suyo, tan limpio de pedantería, “que ha hecho entrar en la música tantos ritmos de la naturaleza y de la vida, del reflujo del mar a los martillazos del zapatero, de los golpes del herrero al canto de los pájaros…”




viernes, 21 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / El primer libro

Antonio Muñoz Molina en Nueva York
Antonio Muñoz Molina
EL PRIMER LIBRO

Yo recortaba mis artículos del periódico y los guardaba en una carpeta con gomas: reliquias del pasado, del siglo pasado. Me asombraba y me halagaba una modesta notoriedad local, y eso me animaba a escribir más, a tantear de nuevo la posibilidad de una novela empezada y abandonada años atrás. Trabajaba de ocho a tres en una oficina y por las tardes escribía. Dos amigos que sacaban adelante una pequeña editorial de poesía, Silene, me propusieron que hiciera un libro con los artículos de aquella serie ya concluida en el Diario de Granada. La vocación no sucede en el vacío, y el poco o mucho talento que cada uno tenga no es nada sin ciertos azares decisivos, detrás de la mayor parte de los cuales hay al menos un acto de generosidad. Los poetas José Gutiérrez y Rafael Juárez me animaron a reunir ese libro de artículos, con una convicción que a mí me faltaba. El pintor Juan Vida me diseñó gratis la portada y me asesoró en el mundo recóndito de las imprentas locales. A mí me parecía una secreta indignidad publicar un libro pagándome yo mismo la edición, pero los dueños de la imprenta eran también amigos, y hasta un conocido se ofreció a llevar los ejemplares de cinco en cinco por las librerías y las papelerías de Granada. En el mundo exterior no había ni que pensar. Luis García Montero, Mariano Maresca, escribieron reseñas en periódicos de la ciudad. Entre unos y otros me daban direcciones de escritores o críticos a los que sería conveniente que les mandara ejemplares dedicados.
Tener un libro con mi nombre en la primera página era algo y no era nada. Verlo en el escaparate de la librería de un amigo; o en un anaquel de una papelería en la que los cinco ejemplares dejados por mi distribuidor permanecían intactos cada vez que yo entraba a comprar unos folios o simplemente a mirar de soslayo a ver si faltaba algún ejemplar. Vivía en la congoja de invisibilidad del aspirante a escritor confinado en su provincia. La frase de Pascal sobre la amplitud de los mundos que ignoran la existencia de uno me la aplicaba a mí mismo y a mi libro, que al menos llevaba el sello de la editorial Silene, ahorrándome así la habitual ignominia, edición del autor.
En cada momento lo que me sucedió podía no haberme sucedido. Pere Gimferrer podía no haber ido a Granada a dar una conferencia unos meses después. Mi amigo Mariano Maresca podía no haberle regalado mi libro. Y a casi nadie más que a Gimferrer se le ocurre leer un libro que le han dado después de una conferencia, en ese paréntesis fatigoso entre la charla y tal vez la cena posterior con los anfitriones y el regreso a la habitación del hotel, de donde uno se marchará con pocos recuerdos y casi siempre con alivio a la mañana siguiente. No hay muchos editores que tengan una verdadera vocación de descubrir. No los hay ahora y no los había entonces. Yo tuve la suerte de que mi novela recién terminada la leyeran Pere Gimferrer y Mario Lacruz; y también de que en aquellos años estuviera surgiendo un público lector que era tan nuevo como nosotros, los escritores de novelas, como la democracia recién inventada, excitante y convulsa en la que unos y otros nos encontrábamos y de una manera inesperada e instintiva nos reconocíamos.
Otros con iguales o mayores méritos no habrán sido tan afortunados. En la generación joven de ahora mismo habrá quien tenga más talento y brille menos que algunos de sus coetáneos. Todo depende tanto del azar, de la moda. En cada generación hay unos cuantos astutos que atisban mejor que nadie la dirección del viento y saben cómo y dónde colocarse, pero no sé si a la larga eso sirve de mucho. Tampoco estoy seguro de que al final el tiempo ponga a cada uno en su sitio. Escribir con entrega a lo que se hace y confianza en los desconocidos es la única seguridad razonable en este oficio incierto.


jueves, 20 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / La terquedad del oficio

Jorge Luis Borges
Antonio Muñoz Molina
LA TERQUEDAD DEL OFICIO

Para que no quedara constancia escrita de los poemas que podían mandarlo a prisión Osip Mandelstam los componía enteros en su cabeza y se los recitaba a su mujer para que ella los aprendiera de memoria. La métrica y la rima facilitan una escritura solo mental. Cuando se iba quedando ciego Borges compuso poemas mucho más medidos y rimados que los de su juventud. En vez de aquellas hojas rayadas de cuaderno escolar en las que escribía con una letra de una pequeñez inverosímil, con una pulcritud de ejercicio caligráfico y de miniatura, Borges ensayaba versos en voz alta y medía las sílabas golpeando suavemente con las yemas de sus dedos blancos de ciego. A Emil Nolde, que se sentía tan cercano a los nazis y sin embargo fue incluido por ellos en la etiqueta infamante del arte degenerado, le prohibieron exponer, y también comprar lienzos, pinceles y óleos: lo que hizo fue pintar acuarelas en láminas de cartulina del tamaño de postales, y la pobreza de medios y la limitación del espacio agregaron una fuerza más concentrada a sus visiones sombrías de horizontes marinos y playas abandonadas. Matisse hizo sus prodigiosos collages cuando la penuria de los años de la ocupación lo dejó sin otros materiales.



miércoles, 19 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / Sobre la necesidad de las historias

Ilustración de Alba Marina Rivera
Antonio Muñoz Molina
SOBRE LA NECESIDAD DE LAS HISTORIAS

1


Contar historias y escucharlas no es un lujo intelectual al que se entreguen unas cuantas personas con poco sentido práctico: es una fatalidad genética de la especie. Desde que empieza a tener un cierto dominio del idioma un niño no para de preguntar y de inventar y de exigir que le cuenten y de marearle la cabeza con relatos a quien ande cerca. Queremos algunas veces que nos digan la verdad y otras que nos mientan, y con el mismo empeño miramos a alguien a los ojos y le contamos lo que hemos guardado en secreto durante mucho tiempo, y también miramos con fijeza o apartamos ligeramente la mirada para improvisar una mentira. Contamos con palabras y contamos por señas cuando las palabras nos faltan o cuando creemos que ocultamos algo y nuestros gestos o nuestra entonación nos traicionan. Miramos por casualidad una película o una serie de televisión y aunque no tengamos ningún interés si tardamos unos segundos más en pulsar el mando a distancia ya nos quedamos atrapados por una historia, no porque sea buena o mala, sino porque es una historia, porque nos propone una intriga y nos tienta con el cebo infalible de una solución. Contamos en voz alta y contamos por escrito, y algunos cuentan dibujando imágenes o tomando fotos o haciendo películas, o más primitivamente aún, más despojadamente, arañando un nombre en un tronco de un árbol, en el muro de un templo egipcio, en la pared de una celda, imprimiendo una mano abierta en la arcilla húmeda de una cueva paleolítica o en una de esas losas de cemento de las que están hechas las aceras de Nueva York.


2


Estamos tan hechos para contar historias que en cuanto nos dormimos lo primero que hacemos es empezar a segregarlas. El yo no es una figura sólida y estable sino un relato en marcha que la mente está contándose siempre a sí misma, una tentativa permanente por otorgar coherencia y continuidad al laberinto simultáneo de las operaciones cerebrales y a la multiplicación alucinante de los estímulos de los sentidos. El juego infantil del cuéntame un cuento recuento que nunca se acabe con pan y pimiento es la traslación poética y rítmica de esa narración incesante. En un solo vagón de metro, entre las conversaciones de la gente y las divagaciones de los solitarios de mirada perdida y las historias de los que se sumergen en un libro, hay más novelas posibles que en toda una biblioteca.


3


Los sordos hablan tumultuosamente con las manos. Las historias que no les llegan por los ojos los ciegos las urden con el tacto, el olfato, el oído. El que ha perdido el uso del habla por un accidente o un ataque lo recupera poco a poco, palabra por palabra, como el que aprende a caminar de nuevo, con el mismo empeño sin desánimo.


martes, 18 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / El oficio inmemorial

Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo
Antonio Muñoz Molina
EL OFICIO INMEMORIAL 
DE LOS NARRADORES DE CUENTOS

Creo que el escritor continúa el oficio inmemorial de los narradores de cuentos, que daban forma mediante relatos orales a la experiencia compartida del mundo. Contar y escuchar historias no es un capricho, ni una sofisticación intelectual: es un rasgo universal de la condición humana, que está en todas las sociedades y arranca en la primera edad de la vida. Quizás por eso no me atrae mucho la literatura que se vuelca sobre sí misma, que tiene al escritor y a la escritura como focos principales de atención. Cervantes y Galdós, Virginia Woolf y James Joyce, Borges y Onetti, Proust y Flaubert, entre tantos otros, me han enseñado lo mismo, de muy diversas maneras: a buscar la forma más eficaz de contar la realidad visible del mundo y la invisible de la conciencia humana. Pero también aprendo mucho de la música y de la pintura, y del cine, aunque lo frecuento menos que cuando era más joven.


lunes, 17 de junio de 2013

Casa de citas / Antonio Muñoz Molina / Nueva York

Noticias de la niebla
West 33rd St_Greeley Square
NY, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas
Antonio Muñoz Molina
NUEVA YORK

En 1990 viajé por primera vez a Nueva York. Fui volviendo en años sucesivos, cada vez más frecuencia, siempre en compañía de Elvira, que disfrutó desde el principio de la ciudad tanto como yo. En 2001 y 2002 di clases de literatura en la City University. En 2004 me nombraron director del Instituto Cervantes de Nueva York, en el que me comprometí a quedarme dos años. En el otoño de 2006, yendo y viniendo en tren por la orilla del Hudson, porque mi amigo el novelista Norman Manea me había invitado a dar unas clases en su universidad, Bard College, empecé a imaginar la última novela que he escrito, la más larga de todas, La noche de los tiempos. Como Elvira y yo fuimos padres muy jóvenes, hemos descubierto con sorpresa y con gratitud que nuestros hijos se han hecho adultos cuando nosotros aún estamos en plenas condiciones de disfrutar con entusiasmo y serenidad de la vida. Vivimos largas temporadas en Madrid, largas temporadas en Nueva York. Llevamos con nosotros la oficina y el archivo cada uno en nuestro portátil, y en las dos ciudades trabajamos en estudios contiguos. En Madrid yo tiendo más a quedarme en casa. En Nueva York me tienta con más fuerza la atracción de la calle.


domingo, 16 de junio de 2013

Casa de citas / Tom Sharpe / Mi mujer y yo

Tom Sharpe, señora e hijas
Tom Sharpe
MI MUJER Y YO

Mi mujer y yo nos llevamos bien porque no nos vemos. Cuando nos cruzamos por el pasillo nos saludamos y cada uno se dirige a su habitación.


sábado, 15 de junio de 2013

Casa de citas / Tom Sharpe / Secretos del oficio

Tom Sharpe

Tom Sharpe
SECRETOS DEL OFICIO

Le doy a leer los folios a medida que los escribo. Si sonríe sé que mis lectores se van a desternillar. Si no, le pego con una zapatilla. Mi mujer siempre termina sonriendo. Por eso soy tan buen escritor. Aunque mejores son mis traductores. Por los comentarios que oigo, me consta que las traducciones extranjeras superan mis originales. ¿No es maravilloso?




viernes, 14 de junio de 2013

Casa de citas / Tom Sharpe / Sobre la escritura


Tom Sharpe
SOBRE LA ESCRITURA

Muchas veces mis propios libros me preocupan, me extrañan, me sorprenden. Creo que el hecho de crear es de por sí bastante difícil como para meterme en complicaciones añadidas. Si quieres ganarte la vida escribiendo, tienes que ser serio. Ningún autor tiene ganado el derecho a ser leído por haber escrito un libro. Yo me gano el pan porque me leen, y tengo que escribir para que me lean. El mundo en general no le debe nada a nadie, a no ser que uno sea minusválido.


jueves, 13 de junio de 2013

Casa de citas / Tom Sharpe / Muerte y aplausos

Tom Sharpe

Tom Sharpe
MUERTE Y APLAUSOS

Había un humorista muy popular en Inglaterra que entre otras bromas tenía en su repertorio una que consistía en hacer magia y que siempre le saliera mal. Era muy divertido. Un día, en el escenario, se agarró el corazón, se movió dos o tres veces y cayó al suelo. La gente aplaudió hasta darse cuenta de que había muerto de verdad. Es una buena muerte. Muy poca gente consigue aplausos después de muerto.

miércoles, 12 de junio de 2013

Casa de citas / Tom Sharpe / Morirse de risa

Wilt, personaje de Tom Sharpe
Compañía vasca Ados Teatroa
Tom Sharpe
Morirse de risa
Por Enrique Murillo


La enfermera le dijo a Tom Sharpe que se echara en la camilla. Sharpe me miró, y le traduje la indicación. Sharpe obedeció. Tenía el rostro congestionado de dolor. Miró a su mujer, una norteamericana menuda y de ojos azules. Ella mantenía silencio.

La enfermera le preguntó a Sharpe sí era alérgico a alguna cosa. Se lo traduje.

—Dile que sí, que soy alérgico a la muerte.

Por fin nos distendimos todos un poco. Pero el calvario, que él salpicaría de chistes hasta el final, apenas acababa de empezar. En realidad se había iniciado la noche antes, en Madrid, en 1987, durante la grabación de una entrevista para un programa de Pilar Trenas. Aquella tarde estuve con Sharpe en el hotel Villamagna, acompañándole en su primer contacto con periodistas españoles, haciendo a veces de intérprete. Luego le dejé y tomé el puente aéreo.

A la mañana siguiente, cuando Sharpe llegó a la editorial, ya en Barcelona, era obvio que lo estaba pasando muy mal. Le acompañé a la clínica Corachán.

Estaba sufriendo una angina de pecho y, por inverosímil que nos pareciese a todos, nadie parecía haberlo diagnosticado la noche anterior.

En la clínica tuve graves dificultades para seguir haciendo de improvisado intérprete, pues mis conocimientos de inglés médico son nulos. Aquel hombre estaba bastante cerca de la muerte. Todos a su alrededor nos manteníamos tensos. Como él, por supuesto. Pero sólo él encontró recursos, en medio de esa tensión, para aliviarla.

Recuerdo sobre todo el rato tremendo que vivimos mientras le hacían la prueba de esfuerzo.

Agarrado a una barra, obligado a caminar a paso cada vez más rápido por la cinta continua que se deslizaba bajo sus pies, al límite de sus fuerzas, todavía tuvo arrestos para pedirme que le preguntara al médico:

—¿A cuántos han matado con esta máquina?


martes, 11 de junio de 2013

Invitaciones / Lucy es Pecosa en Miami

ArtSPoken.Lucy

‘LUCY ES PECOSA’ EN ARTSPOKEN


ARTSPOKEN
LUCY ES PECOSA
Miami, 02/20/2013
Arturo Arias-Polo
aarias-polo@elnuevoherald.com
El Nuevo Herald / 02.20.2013.

La lucha entre Pepe Ratón y Juan Chicote por el amor de Lucy, la dueña de un cantina, centra la trama de Lucy es pecosa (1991), la comedia del dramaturgo colombiano Triunfo Arciniegas que se presenta los domingos en ArtSpoken, bajo la dirección de Clara Varona.

Varona coprodujo el espectáculo con Yoshvani Medina y repartió los personajes entre ella, Myriam Amanda, Isaniel Rojas, Karina Domínguez, Joel Rod, Vanessa Apolito y Alejandro Gil. De paso, diseñó la escenografía y el vestuario.

“El texto es un canto al amor muy simpático ideal para disfrutarlo en familia”, dice la teatrista cubana, que para la versión miamense ubicó la acción en un bar del viejo oeste, fundió personajes, extendió los diálogos y añadió coreografías de Clary Varona Lucy’s bar country. La autora dirige el coro de la Federación de Familias de la Florida y la agrupación Real Feeling.

“Es una comedia sana e ingenua que los niños mayores de siete años pueden ver sin problemas. La mejor prueba es que se divierten muchísimo en la escena en que Pepe Ratón teme enfrentarse a Juan Chicote, que es el villano de la obra y viene a ser una caricatura de la películas de vaqueros”.

La directora entró en contacto con la obra de Arciniegas durante su estancia en Bogotá, entre los años 1995 y 2008, donde impartió clases de actuación y fundó La Pequeña Compañía, un grupo teatral que presentaba en cárceles y barrios marginales.

La primera versión de Lucy es pecosa la realizó con sus alumnos de la Universidad del Rosario.

La extensa bibliografía de Triunfo Arciniegas (Málaga, Colombia) incluye varias obras de teatro. Entre ellas, La vaca de Octavio, La araña sube al monte, El pirata de la pata de palo y Torcuato es un león viejo. En su narrativa sobresalen Las batallas de Rosalino, Los casibandidos que casi se roban el sol yCaperucita roja y otras historias perversas.

Por su dedicación a la literatura infantil el autor ha recibido los premios Enka (1989), Comfamiliar del Atlántico (1991), Premio Nacional de Literatura en narrativa (1993) y dramaturgia (1999) y Parker (2003).
‘Lucy es pecosa’

en ArtSpoken, 1167 SW 6 St., Miami.
Todos los domingos a las 5 p.m. Boletos: $15.
Informes: (305) 588-8117.