jueves, 23 de mayo de 2013

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Andrea Camilleri
Andrea Camilleri
SICILIANO

Sólo se puede ser siciliano con ironía.





"Sólo se puede ser siciliano con ironía", afirma el escritor Andrea Camilleri

Se publican dos libros del fenómeno literario del año en Italia


Rosa Montero
Barcelona, El País, 17 de febrero de 1999
Andrea Camilleri es siciliano, se considera comunista, aunque no tiene carnet y cumple este año los 74. Cinco de sus libros han coincidido simultáneamente en las listas de los más vendidos en Italia, arrastrados por el éxito de los relatos policiacos Un mes con Montalbano. Escribió su primera novela, Il corso de le cose, a los 42 años y fue rechazada por 10 editoriales italianas. Ahora se lo disputan en su país y en el extranjero. Las españolas pelearon duramente en la pasada Feria de Francfort: Emecé se queda con la serie policiaca (además de los citados relatos,La forma dell'aqua, Il cane de terracota, Il ladro de merendini y La voce del violino); Destino, con la serie histórica (La concesión del teléfono, La staggione della caccia, Il birraio di Preston y Un filo di fumo). Y Edicions 62 las sacará todas en catalán al mismo tiempo que las otras lo hagan en castellano. Ayer se presentaron las dos primeras en Barcelona.Policiaca e histórica coinciden en que se desarrollan en Vigàta -un pueblo imaginario siciliano-, en que tienen mucho humor, ritmo e ironía. "Un personaje de Sciascia preguntaba cómo se puede ser siciliano. El escritor no daba respuesta a la pregunta. Yo sí tengo una respuesta: sólo se puede ser siciliano con mucha ironía". Camilleri reconoce la dificultad de traducción que tienen sus libros. "No escribo en italiano de verdad, sino en siciliano, una mezcla de idioma y dialecto. Cuando empecé a escribir en serio me di cuenta de que la lengua italiana no me servía. De la misma manera que no puedo contar historias que no tengan que ver con mi tierra".
Homenaje a "El pianista"
"Siempre he publicado mis libros en Sellerio [una pequeña y prestigiosa editorial siciliana] y creo que han funcionado por el boca-oído, porque Elvira [Sellerio] no hace publicidad. En 1994 se vendieron 10.000 ejemplares; al año siguiente hubo un bajón, 8.000; en 1996 ya fueron 17.000 y en 1998 fueron más de 150.000 de Un mese con Montalbano". Cuando le hablan de traducciones y más traducciones dice que tiene miedo de que un día despierte y se dé cuenta de que no "es verdad". Con Un mes con Montalbán, Camilleri "traicionó" a Sellerio. "Elvira fue muy comprensiva: "Si tienes que ponerme los cuernos", me dijo, "que sea con Mondadori". Con esta editorial ha firmado para otro libro de relatos del comisario Montalbano y reserva para Sellerio "la quinta y probablemente última novela de este personaje. Cuando escribes una serie de este tipo, el protagonista acaba matando al autor".
Camilleri se siente impresionado de cómo han funcionado sus novelas. "Y eso que no han tenido demasiadas buenas críticas. Ya se sabe, eso de que para un público mediocre un escritor mediocre. También me reprochan que no afronte el problema de la Mafia. No niego esta realidad terrible, y aparece en mis libros, pero no quiero novelarla porque si lo hiciera quizá acabaría ennobleciéndola".
Salvo Montalbano es comisario de policía en Vigàta, y su figura, mediana edad, con una novia en Génova, que muchos lectores sicilianos no le perdonan porque no es de allí, gran lector, al que envejecen los casos que resuelve, queda muy bien definida en los 30 relatos que componen Un mes con... En España se ha dicho que el nombre de Montalbano es un homenaje a Manuel Vázquez Montalbán. "En realidad lo es a El pianista, que me llegó cuando estaba escribiendo El birraio de Preston. Necesitaba hacer una alteración en el tiempo y no acababa de decidirme. En este sentido la novela de Vázquez Montalbán me fue de gran ayuda. Por ello me siento en deuda con él, no con Carvalho".
La concesión del teléfono, situada en 1891, es muy divertida y de estructura muy original, que alterna cartas y diálogos en los que cuenta la peripecia de un hombre que quiere conseguir que le den línea telefónica, algo complicado en la época.



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