martes, 23 de julio de 2019

Casa de citas / George R.R. Martin / Una espléndida corona de oro

Viserys Targarye
Ilustración de Elia Mervi

George R.R. Martin

BIOGRAFÍA
UNA ESPLÉNDIDA CORONA DE ORO


Dany desmontó y entregó las riendas a uno de los esclavos. Mientras Irri y Doreah le preparaban los cojines, buscó con la mirada a su hermano. La sala era inmensa y estaba abarrotada, pero aun así la piel clara de Viserys, su cabello plateado y sus andrajos de mendigo lo habrían hecho destacar. No lo vio por ninguna parte.

Recorrió con la mirada las mesas atestadas más cercanas a las paredes, junto a las que se sentaban hombres que tenían las trenzas aún más cortas que las hombrías, sobre alfombras raídas y cojines finos ante mesas bajas, pero todas las caras que vio tenían ojos negros y pieles cobrizas. Divisó a Ser Jorah Mormont cerca del centro de la sala, próximo al hogar central. Era un puesto de respeto, aunque no de gran honor: los dothrakis valoraban mucho las hazañas de un hombre con la espada. Dany envió a Jhiqui para que lo invitara a su mesa. Mormont se acercó al instante, e hincó una rodilla en tierra ante ella.
—Khaleesi —dijo—, estoy a vuestras órdenes.
—Sentaos y hablad conmigo —dijo ella palmeando un cojín de piel de caballo, a su lado.
—Me honráis. —El caballero se sentó en el cojín, con las piernas cruzadas. Un esclavo se arrodilló ante él y le ofreció una bandeja de madera llena de higos maduros. Ser Jorah cogió uno y lo mordió.
—¿Dónde está mi hermano? —preguntó Dany—. Debería haber llegado ya al festín.
—Vi a Su Alteza esta mañana —respondió él—. Me dijo que iba al Mercado Occidental, a buscar vino.
—¿Vino? —dijo Dany, dubitativa. Sabía que Viserys no soportaba el sabor de la leche fermentada de yegua que bebían los dothrakis, y que a menudo paseaba por los bazares para beber con los mercaderes que llegaban en las grandes caravanas procedentes de oriente y de occidente. Por lo visto, disfrutaba de su compañía más que de la de ella.
—Vino —confirmó Ser Jorah—, y tenía intención de reclutar algunos hombres para su ejército, de entre los mercenarios que escoltan las caravanas. —Una sirvienta le puso delante una empanada de morcilla, y Ser Jorah la cogió con ambas manos.
—¿Os parece buena idea? —preguntó Dany—. No tiene dinero para pagar soldados. ¿Y si lo traicionan? —Los guardias de las caravanas no tenían muchos problemas en cuestión de honor, y el Usurpador de Desembarco del Rey les pagaría muy bien por la cabeza de su hermano—. Deberíais haber ido con él para protegerlo. Sois su espada juramentada.
—Estamos en Vaes Dothrak —le recordó—. Aquí nadie puede llevar armas ni derramar sangre humana.
—Pero mueren hombres —replicó ella—. Me lo ha contado Jhogo. Algunos mercaderes tienen eunucos muy corpulentos, capaces de estrangular a los ladrones con una tira de seda. De esa manera no se derrama sangre, y los dioses no se enfurecen.
En ese caso, esperemos que vuestro hermano tenga suficiente sentido común para no robar nada. —Ser Jorah se limpió la grasa de la boca con el dorso de la mano, y se inclinó hacia delante—. Viserys tenía intención de llevarse vuestros huevos de dragón, pero le advertí que, si se atrevía a tocarlos, le cortaría la mano.
—Los huevos... —Durante un instante Dany se quedó tan perpleja que no supo qué decir—. Pero si son míos, me los regaló el magíster Illyrio, fueron un obsequio de bodas... y para qué los quiere Viserys, si son sólo piedras...
—Lo mismo se puede decir de los rubíes, los diamantes y los ópalos de fuego, princesa. Y los huevos de dragón son mucho más raros. Los mercaderes con los que ha estado bebiendo venderían sus miembros por una de esas «piedras», así que con las tres Viserys podría comprar tantos mercenarios como quisiera.
—Entonces... —Dany no lo sabía, ni siquiera se lo había imaginado—. Entonces debería dárselos. No tiene por qué robarlos, sólo hacía falta que los pidiera. Es mi hermano... y mi rey.
—Es vuestro hermano —reconoció Ser Jorah.
—No lo entendéis, ser —dijo ella—. Mi madre murió al traerme al mundo, mi padre y mi hermano Rhaegar murieron antes. De no ser por Viserys ni siquiera sabría sus nombres. Era lo único que me quedaba. Lo único. Es lo único que tengo.
—Hablad en pasado —replicó ser Jorah—. Eso ha cambiado, khale-esi. Ahora pertenecéis a los dothrakis. En vuestro vientre cabalga el semental que monta el mundo. —Tendió la copa, y un esclavo se la llenó de leche fermentada de yegua, de olor agrio y llena de grumos.
Dany rechazó la suya. Hasta el olor le daba náuseas, y no quería correr el riesgo de vomitar el corazón de caballo que había conseguido comerse.
—¿Qué significa eso? Todos lo gritan sin parar, pero no lo entiendo.
—El semental es el khal de khals, el que anuncian las antiguas profecías, niña. Unirá a los dothrakis en un khalasar, y cabalgará hasta los confines de la tierra, según las leyendas. Todos los pueblos del mundo serán su manada.
—Oh —dijo Dany con voz tenue. Se acarició el vientre hinchado, por encima de la túnica—. Lo voy a llamar Rhaego.
—Ese nombre hará que al Usurpador se le hiele la sangre en las venas. De pronto Doreah le tironeó del codo.
—Mi señora —susurró con voz apremiante—, vuestro hermano...
Dany miró hacia el otro extremo de la larga sala sin techo, y allí estaba, avanzando hacia ella. Por su manera de caminar, comprendió que Viserys había conseguido vino... y algo semejante al valor.
Llevaba las ropas de seda escarlata, sucias y desgastadas por el viaje. La capa y los guantes eran de terciopelo negro desteñido por el sol. Las botas estaban secas y agrietadas, y el cabello rubio plateado revuelto y sucio. En la vaina de cuero del cinturón llevaba una espada larga. Los dothrakis miraron el acero; Dany oyó las maldiciones, las amenazas y los murmullos airados que se alzaban como una marea. La música se detuvo con un sonido nervioso de tambores.
—Id con él —ordenó a Ser Jorah. El corazón se le había helado en el pecho—. Detenedlo. Traedlo aquí. Decidle que le daré los huevos de dragón si los quiere. —El caballero se levantó rápidamente.
—¿Dónde está mi hermana? —gritó Viserys con la voz turbia de los borrachos—. He venido a su festín. ¿Cómo os atrevéis a comer sin mí? Nadie come antes que el rey. ¿Dónde está? Esa puta no se puede esconder del dragón.
Se detuvo junto al más grande de los tres hogares y escudriñó los rostros de los dothrakis. En la sala había cinco mil hombres, y sólo unos pocos de ellos conocían la lengua común. Pero, aunque sus palabras resultaran incomprensibles, sólo hacía falta verle la cara para saber que estaba borracho.
Ser Jorah se acercó rápidamente a él, le susurró algo al oído. Y lo agarró por el brazo, pero Viserys se liberó de él.
—¡Quítame las manos de encima! ¡Nadie toca al dragón sin su permiso!
Dany lanzó una mirada ansiosa al banco más elevado. Khal Drogo decía algo a los otros khals. Khal Jommo sonrió, y Khal Ogo soltó una risotada. Aquel sonido hizo que Viserys alzara la vista.
—Khal Drogo —dijo con la lengua espesa, pero en tono casi educado—, he venido al festín. —Se alejó tambaleante de Ser Jorah, como si fuera a reunirse con los tres khals en el banco alto.
Khal Drogo se levantó, escupió una docena de palabras en dothraki tan deprisa que Dany no pudo entenderlas, y señaló con el dedo.
—Khal Drogo dice que tu lugar no está en el banco alto —tradujo Ser Jorah para su hermano—. Khal Drogo dice que tu lugar es aquél.
Viserys miró en la dirección en la que señalaba el khal. Era un lugar al fondo de la larga sala, junto a la pared y oculto por las sombras; allí se sentaba lo más bajo de lo bajo, para que los hombres mejores no tuvieran que soportar su presencia: los niños que aún no habían visto sangre, los hombres viejos de ojos turbios y articulaciones rígidas, los de inteligencia corta y los tullidos. Lejos de la carne, y más lejos aún del honor.
—No es lugar para un rey —replicó su hermano.
—Es lugar —replicó Khal Drogo en la lengua común que Dany le había enseñado—, para Rey de los Pies Sangrantes. —Dio unas palmadas—. ¡Un carro! ¡Traed carro para Khal Raggat!
Cinco mil dothrakis celebraron la ocurrencia con risotadas y gritos. Ser Jorah estaba de pie junto a Viserys, le gritaba algo al oído, pero el clamor era tal que Dany no alcanzó a oír qué le decía. Su hermano gritó algo a su vez, y los dos hombres se enzarzaron, hasta que Mormont derribó a Viserys al suelo.
Entonces su hermano desenvainó la espada. El acero desnudo reflejó el fuego de los hogares con un brillo rojizo.
—¡No te acerques a mí! —siseó Viserys.
Ser Jorah retrocedió un paso, y su hermano se puso de pie, inseguro. Blandió sobre la cabeza la espada que el magíster Illyrio le había prestado para darle un aspecto más regio. Desde todos los puntos de la sala los dothrakis le gritaban y le lanzaban maldiciones.
Dany dejó escapar un grito de terror. Ella sabía qué significaba sacar allí la espada, aunque su hermano no lo comprendiera.
—Ahí está —dijo con una sonrisa. Al oírla, Viserys había vuelto la cabeza, como si la viera por primera vez. Avanzó hacia ella hendiendo el aire, como si se abriera paso entre sus enemigos, aunque nadie se había interpuesto en su camino.
—La espada... no debes... —le suplicó—. Por favor, Viserys. Está prohibido. Deja la espada, comparte mis cojines. Hay comida, bebida... ¿quieres los huevos de dragón? Te los daré, pero suelta la espada.
—Haz lo que te dice, idiota —le gritó Ser Jorah—. ¡Vas a hacer que nos maten a todos!
—No pueden matarnos —dijo Viserys entre risas—. En la ciudad sagrada no pueden derramar sangre... pero yo sí. —Puso la punta de la espada entre los pechos de Daenerys, y la fue deslizando por la curva de su vientre—. Vengo a buscar lo que es mío —dijo—. Quiero la corona que me prometió. Te compró, pero no te pagó. Dile que quiero que me pague, o te llevaré lejos. A ti y a los huevos. Si quiere, se puede quedar con su potrillo. Te lo sacaré de la barriga y se lo dejaré aquí. —La punta de la espada apartó las sedas y le pinchó el ombligo. Dany vio que Viserys estaba llorando. Llorando y riendo a la vez. Y aquel hombre había sido su hermano.
Muy lejos, como si fuera en otro mundo, Dany oyó los sollozos de su doncella Jhiqui, diciendo que no se atrevía a traducir aquello, que el khal la ataría a su caballo y la arrastraría hasta la Madre de las Montañas. Rodeó a la chica con un brazo.
—No tengas miedo —dijo—. Yo se lo contaré. —No sabía si conocía suficientes palabras, pero cuando terminó Khal Drogo pronunció unas cuantas frases secas en dothraki, y Dany supo que la había comprendido. El sol de su vida bajó del banco alto.
—¿Qué ha dicho? —preguntó sobresaltado el hombre que había sido su hermano.
En la sala se había hecho un silencio tal que podía oír el tintineo de las campanillas en el pelo de Khal Drogo al caminar. Sus jinetes de sangre lo siguieron como tres sombras cobrizas. Daenerys se había quedado fría.
—Dice que tendrás una corona de oro tan espléndida que los hombres temblarán al contemplarla.
Viserys sonrió y bajó la espada. Aquello fue lo más triste, lo que más adelante desgarraría el alma, su manera de sonreír.
—Eso es todo lo que quería —dijo—. Lo que me prometió.
Cuando el sol de su vida llegó junto a ella, Dany le rodeó la cintura con un brazo. El khal dio una orden, y sus jinetes de sangre avanzaron. Qotho agarró por los brazos al hombre que había sido su hermano. Haggo le rompió la muñeca con un simple movimiento brusco de sus manos enormes. Cohollo le quitó la espada de sus flácidos dedos. Y ni siquiera entonces comprendió Viserys qué iba a suceder.
—No —gritó—. ¡No podéis tocarme, soy el dragón, el dragón, y quiero mi corona!
Khal Drogo se soltó el cinturón. Los medallones eran enormes, de oro puro, muy ornamentados, cada uno de ellos tenía el tamaño de la mano de un hombre. Gritó una orden. Los esclavos de las cocinas sacaron un pesado caldero de hierro del hogar, derramaron el guiso por el suelo, y volvieron a ponerlo sobre las llamas. Drogo tiró su cinturón al interior y observó con rostro inexpresivo cómo los medallones se ponían al rojo y empezaban a deformarse. Dany vio cómo las llamas bailaban en sus ojos de ónice. Un esclavo le tendió un par de gruesos mitones de piel de caballo, y él se los puso sin siquiera mirarlo.
Viserys empezó a chillar, el grito agudo y sin palabras del cobarde que se enfrenta a la muerte. Pataleó, se retorció, lloriqueó como un perro y sollozó como un niño. Pero los dothrakis lo sujetaron con fuerza. Ser Jorah había conseguido llegar al lado de Dany. Le puso una mano en el hombro.
—Daos la vuelta, princesa, os lo suplico.
—No —respondió ella. Se puso las manos sobre el vientre en gesto protector.
—Hermana, por favor... —Por fin Viserys había clavado la mirada en ella—. Dany, diles... haz que... hermanita...
Cuando el oro estuvo medio fundido, casi líquido, Drogo cogió el caldero.
—¡Corona! —rugió—. Aquí. ¡Una corona para Rey del Carro! —Y puso el caldero en la cabeza del hombre que había sido su hermano.


El sonido que emitió Viserys Targaryen cuando aquel espantoso yelmo de hierro le cubrió la cara no fue humano. Sus pies marcaron un ritmo frenético en el suelo de tierra, se agitaron y al final se detuvieron. Sobre el pecho le cayeron goterones de oro fundido, y la seda escarlata empezó a humear... pero no se derramó ni una gota de sangre.
Dany se sentía extrañamente tranquila.
«No era un dragón —pensó—. El fuego no mata a un dragón.»

George R.R. Martin
Juego de tronos
Bogotá, Ramdom House, 2015, pp. 474 -480

Casa de citas / George R.R. Martin / Ni la mitad de hermosa


lunes, 22 de julio de 2019

Casa de citas / Juan Cruz / Pobre Lorca

Federico García Lorca

Pobre Lorca

JUAN CRUZ
22 de junio de 1995


Pobre Lorca.Un día llamó a Vicente Aleixandre:
-Vicente, quiero leerte una obra de teatro.


-Magnífico, le respondió el reclinado de Velingtonia.
-¿Estás solo?, inquirió Federico.
-No, está aquí Miguel Hernández.
-Pues que se vaya, que es muy triste.
Era muy triste y se quedaba callado todo el rato, y Federico necesitaba risas, palabras y ruido. Pero no se fue; Aleixandre no le podía decir que se fuera, ni aunque se lo pidiera Federico.
-Y fue una lástima muy dolorosa porque ya no vi más a Federico: lo mataron enseguida en Granada.
Y a Miguel lo mataron de tristeza, otra forma de fusil que inventó la intolerancia: un reloj que precisamente le regaló Aleixandre le delató pasando a Portugal, y luego vivió en la cárcel la infinita pena de la lejanía, el peor exilio entre todos los destierros.
Lo cuenta en Salamanca, a media tarde, el investigador italiano Gabriele Morelli, estudioso de Lorca, de Neruda, de Aleixandre. Descubrió hace poco en Sevilla, en casa del poeta Jacobo Cortines, que cuando Lorca habla del otoño en que florecen las caracolas -en Llanto por la muerte de Sánchez Mejías- no se refiere a caracolas marinas ni a otros ecos poéticos sino a esas plantas olorosas que hay aún en algunos patios sombreados de la ciudad de Cernuda. El hispanista italiano estaba feliz con su descrubrimiento y se apresuraba a contarlo. (Casi a la misma hora, el 18 de julio, precisamente, una gula salmantina explicaba a un grupo de extranjeros cómo Unamuno se murió de tristeza después de su enfrentamiento sordo con Millán Astray. Ecos terribles de una sin olvido).
Viven, estos hispanistas, reconstruyendo vidas que fueron fértiles y que durante años fueron hurtadas a los españoles que se quedaron aquí o vinieron más tarde al frío implacable de la dictadura. En esa nómina hay tantos... Pero hay uno al que este país debe gratitud porque fue el primero que estableció -para todo el mundo- que, como dice Granell, la derecha -la extrema, la que hizo la guerra contra el poder elegido- no mató a Lorca por casualidad. Ese hombre es lan Gibson, al que ahora han puesto en el aparador xenófobo de los residuos del lugar común. "Muertero irlandés" le han llamado. Terribles epítetos para un hombre generoso. Este cronista le conoció hace años, cuando se mudaba de país, y dejó su equipaje escaso en nuestra casa. Ha vivido traduciendo, cantando, viajando incansablemente por un país derrotado, reconstruyendo -como Morelli, como tantos otros- la memoria tachada de una biografía humana y literaria verdaderamente admirable, la biografía de un poeta cuyo secuestro ya no es posible porque sus versos son memoria de todos. Este hispanista de pelo crespo, vehemente como un español de Irlanda, merece respeto, salud y alegría en el país que él eligió para su corazón y para los suyos.
Morelli estaba también feliz porque en esa pesquisa inacabable que se merece la vida fatalmente inacabada de Lorca había hallado la carta que éste envió a sus padres desde Buenos Aires en 1933:
Queridísimos padres:
Estoy con un enorme deseo de marchar, y desde luego mi marcha será en los primeros días de enero pero tengo antes que dirigir la "Mariana Pineda' y dictar algunas conferencias más por provincias y en Montevideo. 'La zapatera' lleva el mismo camino de 'Bodas de sangre' y constituye un verdadero éxito tal como esté montada. ( ... ) El dinero que tengo no lo puedo girar, porque no se puede girar ni un peso. Veremos a ver si el embajador consigue que me lo pueda llevar sin mermar ninguna. Yo así lo espero, pues de este modo llevaré una preciosa cantidad. Todo el dinero del teatro lo guardo y aquí gasto para vivir el dinero de las conferencias. Estos días he tenido una gran preocupación por vosotros con motivo de la intentona anarquista, pero desde luego estoy contentísimo porque esto demuestra que las derechas no pueden de ninguna manera asaltar a España. Ésta es la opinión de toda la gente que me rodea. Vosotros habréis pasado seguramente malos ratos, pero yo los he pasado peores, porque desde lejos las cosas se agrandan y se oscurecen mucho. Aquí estamos en pleno verano. Las playas están preciosas y yo paso muchas mañanas en ellas con amigos. Para el día de Navidad tengo tantas invitaciones que no sé dónde acudir. Los periódicos siguen hablando y comentando todo lo que tengo. Tengo aquí ya más de veinte sobres atestados y no sé cómo mandar tantos. Os mando con todas las críticas de 'La zapatera', que han sido magníficas. Hoy recorto este de una revista de la radio don de por cierto hay tres páginas de fotos dedicadas a 'La zapatera' .Como véis estoy muy bien. Saludos a todos los amigos, y mil besos de vuestro hijo que tanto os quiere. FEDERICO. (Lo que más siento es no ver a Paquito a mi llegada, pero yo iré a Túnez enseguida. ¿Y Rafael (Martínez Nadel) ¿No sabéis sus señas? Decidle a mamá que me acuerdo muchísimo de ellos)".
Pobre Lorca, en el medio de su ingenuidad, camino del pelotón innumerable de la larga mano negra de los que quisieron matar. País inclemente, calor sudoroso de las venganzas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de julio de 1995

domingo, 21 de julio de 2019

Casa de citas / Federico García Lorca / Mujer, luna y navaja



Federico García Lorca
EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA
Mujer, luna y navaja


En distintos estudios realizados sobre la obra de Federico García Lorca se afirma que el escritor granadino basó sus Bodas de sangre en el suceso conocido como el crímen de Nijar. Sin embargo, por sus biografías se sabe que Lorca no se desplazó hasta el lugar en el que ocurrieron los hechos, sino que se basó en las noticias aparecidas en la Prensa de aquellos días, en el romance popular en el que se relataba lo ocurrido y en su conocimiento de la provincia almeriense, ya que a esta ciudad se trasladó a estudiar en 1908 siguiendo a su maestro, Antonio Rodríguez Espinosa. De todas formas, la estancia de Lorca en esta ciudad no fue muy prolongada debido a que cayó enfermo, y ya en 1909 estudió el primer curso del bachillerato en Granada.

En los mismos estudios se destaca que Lorca debió sentirse atraído por el suceso de Níjar ya que en él se encuentran algunos de los mitos que se repiten en su obra. En su tragedia teatral, Lorca recrea el suceso con especial atención al poder de la mujer, la influencia de la luna y la fascinación por la navaja.
La primera información que Lorca tuvo del crimen de Níjar fue el 25 de julio de 1928, cuando se encontraba en la Residencia de Estudiantes. Allí, con gran entusiasmo, invitó a sus amigos a leer la noticia. Posteriormente tuvo conocimiento del hermoso romance en el que la versión popular da cuenta de la historia. Sin embargo, hasta 1933 no publica Bodas de sangre.
La mayor parte de las gentes de Níjar afirman no haber presenciado nunca la obra en la que se recrea el suceso vivido por los más viejos del lugar y sólo conocen el texto de Lorca por referencias. Cuando el próximo mes de septiembre, después de su estreno en el Festival de Otoño de Madrid, la compañía de José Luis Gómez represente en Almería o Granada su versión de Bodas de sangre, las gentes del lugar tendrán la oportunidad de revivir y emocionarse con una historia que sigue plena de vida en los Campos de Níjar.
Madrid, 21 de junio de 1985


sábado, 20 de julio de 2019

Dalí y Lorca / Los putrefactos


Federico García Lorca y Salvador Dalí

La muestra de 'Los putrefactos' de Lorca y Dalí revela detalles de su relación afectiva

Santos Torroella publica el libro inconcluso de los dos artistas


Fietta Jarque
Madrid, 8 de mayo de 1995

Un libro y una exposición que se inaugura hoy en la Residencia de Estudiantes de Madrid, dan forma a lo que fue un proyecto inconcluso de Federico García Lorca, y Salvador Dalí. Ifue una ca tegona inventada alrededor de 1925 y que llegó a hacerse popular en la época. Putrefactos eran los anticuados, cursis, retrógrados, blandos y patéticos. Los dibujos que hizo Dalí para este libro llegaron a estar en la imprenta, a falta del prólogo que Lorca nunca llegó a enviarle. Rafael Santos Torroella, estudioso de Dalí, ha reunido los dibujos dispersos y ha reconstruido lo que pudieran ser los motivos del abandono de la obra, que marcó la ruptura de la relación amorosa entre ambos artistas.



Los putrefactos fue un proyecto condenado por su propio nombre. Un libró, más que inconcluso, abandonado, roto, separado. Según Rafael Santos Torroella, en su génesis y su posterior dispersión se esconden algunos de los aspectos menos conocidos de la relación amorosa entre Lorca y Dalí. Lo que empezó como una diversión, como una idea que podía transformarse en un libro que uniera a los dos autores en una tesis más trascendente, quedó en nada a causa de las distintas formas en que cada uno entendía la propia palabra y la asociaba a su sentir, a su amistad. Los putrefactos parecen caricaturas casi inocuas de una época, pero tanto para Lorca como para Dalí, marcó el final de su íntima amistad y dejó las semillas de lo que, sobré todo para el pintor, sería parte fundamental de su retórica artística,


"Los putrefactos no pretendían hacer una crítica política o social", explica el autor del ensayo. "Los militares que salen se deben más a la animadversión que les tenía Dalí, hijo de un republicano, y al ambiente que se vivía en ese momento de la dictadura de Primo de Rivera, que la una voluntad de activa crítica política", dice Santos Torroella.



Profundidad
"Pero no se trataba de caricaturas banales y superficiales" aclara. "El de los putrefactos es un término que tiene más profundidad de lo que parece, Dalí profundiza a través de la idea de la putrefacción, que para él significa globalmente la emoción, y la opone a la de astronomía, que es la deshumanización, la distancia fría. Dalí se recrea consigo mismo y encuentra en el putrefacto la cursilería, el hombre pagado de sí mismo"."En Los putrefactos predomina la sátira y la ironía, que después madura con la relación amorosa de Federico y Dalí. De alguna manera marca el principio y el final de la aventura sentimental de ambos", afirma.
Santos Torroella ve en toda esta clasificación un trasfondo, irónico que oculta ciertas inseguridades que subyacen en toda la generación del 27 respecto a, la homosexualidad. "Entre ellos existe el sentimiento de una homosexualidad difusa, que en mayor o menor grado concierne a todos".
"Yo conocí a Federico en 1930 cuando vino a Barcelona con La Barraca. Federico tenía un enamoramiento tremendo de Dalí, que era un moreno a gitanado, divertido, atractivo, estupendo," relata el historiador. "En relación a Los putrefactos, Dalí hace una distinción entre las caricaturas ácidas de Georg Grosz, y en una carta dice: 'Son mejores las que hace tirándose a degüello; nuestros putrefactos son unos tontos que adoramos....', y más adelante llama 'tontito' a Lorca'."Esa actitud provoca un rechazo en Federico, que nunca llega a mandarle el prólogo para el libro. No se lo manda porque quiere cortar el lazo erótico con Dalíporque ha ido a más y él ve que está enamorado y esa relación no va a funcionar. Poco después Lorca tendrá un nuevo amante, Emilio Alardín, y Dalí tampoco tardará mucho en encontrar a Gala"..Dalí estuvo pidiéndole desesperadamente a Federico que le mandara el prólogo, incluso a través de amigos comunes, como Pepín Bello. Cuando se dio cuenta de que no se lo enviaría, guardó los dibujos y terminaron dispersos en colecciones, particulares o publicados aisladamente en algunos libros y revistas. "Dalí había preparado ya 8 o 10 dibujos para la imprenta. Cuando ve que no puede ser, los recoge y no vuelve a hablar de ellos".

viernes, 19 de julio de 2019

Hijos del escándalo / Buñuel, Lorca, Dalí


Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca


HIJOS DEL ESCÁNDALO

Buñuel, Lorca, Dalí, tres excéntricos centrales

Carlos Fuentes
3 de febrero de 1987


El escritor mexicano, que vive temporalmente en Gran Bretaña preparando un filme sobre la cultura hispánica para una cadena de televisión británica, ha visto en ella un programa sobre tres españoles excéntricos: Buñuel, que durante tantos años fue un exiliado en México, Dalí y García Lorca. Estas tres figuras capitales de la cultura de este siglo le sirven para reflexionar sobre su historia común.

La segunda cadena de la televisión británica, BBC-2, ha dedicado tres programas de una hora y media cada uno a tres figuras estelares del arte español contemporáneo, Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca. La cadena británica no ha escatimado esfuerzos para presentar una visión particularmente rica en testimonios y contrastes. Mirando los programas, recordé que poco antes de su muerte, en 1966, André Breton, el animador del movimiento superrealista, le dijo a Luis Buñuel: "Querido amigo: Ya nadie se escandaliza de nadie". Días más tarde, Buñuel me contó esta anécdota en París. La recordé ahora porque los tres españoles fueron, en su momento, hijos del escándalo aunque sólo Dalí persistió, con un sarcasmo cínico, en pretender que el artista podía escandalizar aún a la sociedad.

Rebanando ojos

Buñuel, ex estudiante jesuita, se abrió paso hacia las pantallas del mundo rebanando ojos con navajas y arrojando dinamita, como dijo de él, Henry Miller.
Fue recompensado en especie por las bandas paramilitares fascistas que arrojaron tinteros contra la pantalla durante la exhibición de La Edad de Oro en el cine de las ursulinas de París. El escándalo de Lorca fue más tranquilo: una mujer vestida de negro da fervorosas gracias de que su hija murió sin perder la virginidad.
Se detuvieron. O fueron detenidos. Un artista es tan grande como los obstáculos que es incapaz de superar. Lorca, que había hecho poesía y teatro de su vida, fue detenido por el escándalo más grande de todos, la muerte, un 19 de agosto de 1936, en Granada: acompañado de un maestro de escuela, dos novilleros y un par de ladrones, fue ejecutado por los sanguinarios hermanos de los mismos que arrojaron los tinteros contra Buñuel.
A Buñuel lo detuvo la historia, incluyendo la historia que asesinó a su amigo García Lorca. Ya no era posible seguir las instrucciones de Breton para el perfecto acto superrealista -salir a la calle y disparar indiscriminadamente contra la multitud cuando era esto lo que hacían, realmente, Hitler y Stalin. Ningún escándalo estético podía superar el escándalo histórico de Auschwitz y el Gulag. La grandeza de Buñuel consistió en ir más allá del escándalo superrealista hacía el escándalo de la historia: somos los autores de la historia, pero también sus víctimas.
Las maravillosas imágenes de Los olvidados -el sueño de los niños de las barriadas de México, la corrupción de la pobreza y de El discreto encanto de la burguesía -las pesadillas de la cocina francesa, la necesidad de la riqueza-, de Robinson Crusoe -un hombre solitario en una isla debe decidir si el aborigen que lo acompaña será su amigo o su esclavo- y de El ángel exterminador -el terrible temor, tan actual como eterno, de vivir capturados dentro o desamparados fuera- forman un cuerpo incomparable de comentario crítico en el cine.
Son, asimismo, una de las más espléndidas declaraciones acerca de la amplitud y el límite de la libertad conseguible mediante el arte.
El superrealismo inundó nuestro tiempo con imágenes que habíamos olvidado, soñado o descubierto apenas gracias a un nuevo mundo de velocidad física y confort material. Dalí, cuyos escritos sobre la paranoia crítica y pinturas de relojes derretidos se convirtieron en parte del canon estético de nuestro tiempo, se convirtió él mismo en el principal proveedor de un superrealismo del decorado, la publicidad y el comercio. Los escandalosos descubrimientos de los años veinte son hoy parte de nuestra vida cotidiana: anuncios de televisión, diseños industriales, técnicas de edición cinematográfica, aparadores de la Quinta Avenida. García Lorca no tuvo tiempo de entrar a la sociedad de consumidores. Su muerte sucedió contra el muro gris de la Andalucía rural.
Luis Buñuel entró al mundo del consumo para decirnos que no era el mejor de los mundos posibles. Dalí, Pangloss perverso, promovió este mundo y, desde luego, su propio sitio en él, cosechando sus recompensas, moldeando (y modelando) un universo de celebridad y entretenimiento que se ha convertido en la sombra luminosa de nuestra muerte. El homenaje de Dalí al escándalo consistió en convertirse en todo lo que denunció de joven: justificador de Franco y de la religión, monarquista, marqués, pecho condecorado. Quizá fue el más valiente de los tres: cortejó al diablo. O sólo fue el bufón del fuego.
Los tres hombres fueron amigos y compañeros tempranos. Uno murió joven; los otros vivieron hasta su octava década. Están vivos para un público mundial. Pero su originalidad, como su amistad juvenil, está profundamente enraizada en España.
En España encontraron los tres las imágenes latentes, los significados universales que el mundo moderno había olvidado. Son inseparables de la tradición de la picaresca de Cervantes y Velázquez; del otro escandaloso, Quevedo, y del místico san Juan, y sobre todo de la luz popular y de la amarga oscuridad de Goya. No eran portadores de ilusiones, aunque sí de esperanza: ésta fue su paradoja. O, como dijo Kafka, otro excéntrico europeo demasiado central: "Habrá mucha esperanza, pero no para nosotros". Dalí, Lorca y Buñuel, de todas maneras, significan que España, la antigua finiterrae de Europa, acabó por convertir su excentricidad en centralidad del siglo XX.

jueves, 18 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / Diario / Diecisiete entradas

Federico García Lorca
Poster de T.A.

Triunfo Arciniegas
DIECISIETE ENTRADAS
18 de julio de 2019

Ayer subí 17 entradas de Federico García Lorca en siete blogs. La mayoría en DE OTROS MUNDOS, y para diversos años: 11. De resto, de a una entrada: FOTOS, FICCIONES, KISS, DANTE, RIMBAUD y PESSOA. Su biografía ya tiene 99 enlaces.

Siempre he procurado conectar los blogs. Deben corresponderse y complementarse. Por ejemplo, en FICCIONES publiqué cuatro versos de Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías en español (con un enlace para el poema completo en DE OTROS MUNDOS), inglés (KISS), francés (RIMBAUD),  italiano (DANTE) y portugués (PESSOA). Algo parecido hice con cuatro versos de La casada infiel.

Toda la vida he sido lector de García Lorca, tanto de su poesía como de su dramaturgia. Me fascina por igual en verso y en prosa. Además, era una maravillosa persona, con evidente duende. Poeta, dramaturgo, músico, dibujante, teatrero. Muy amado por la gente. Ian Gibson dice con toda razón es el desaparecido más famoso y más amado en el mundo.


Andrea Camilleri
Poster de T.A.


Ayer falleció en Roma, a sus 93 años, otro escritor amado, Andrea Camilleri. Tardío y prolífico. Su obra supera los cien títulos. Esta mañana subí noticias suyas a seis blogs: FOTOS, DE OTROS MUNDOS (cinco entradas), DRAGON, RIMBAUD, PESSOA, DANTE (tres entradas). Doce entradas. Además, hay biografía en inglés y en español. Esta última ya va por las 62 enlaces.



miércoles, 17 de julio de 2019

Casa de citas / Federico García Lorca / Una brisa triste por los olivos


Olivos / Paisaje de Cadaqués
Salvador Dalí

Federico García Lorca
UNA BRISA TRISTE POR LOS OLIVOS

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.


Poema en español
Federico García Lorca / Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (De otros mundos)


Olivos
Tim Howe


It will be a long time, if ever, before there is born 
an Andalusian so true, so rich in adventure. 
I sing of his elegance with words that groan, 
and I remember a sad breeze through the olive trees.


Poema en inglés
Federico García Lorca / Lament for Ignacio Sánchez Mejías (Kiss)

Paisaje con olivos
Buenaventura Puig

Tardará muito tempo em nascer, se é que nasce,
um andaluz tão claro, tão pleno de ventura.
Eu canto sua elegância com palavras que gemem
e relembro uma brisa triste pelas oliveiras.


Poema en portugués
Federico García Lorca / Alma ausente (Pessoa)


El baile de los olivos
Rafael Lillo

Il tardera longtemps à naître, s’il naît un jour,
un Andalou si noble, si riche d’aventures.
Je chante son élégance sur un ton de plainte

et je me souviens d’une brise triste dans les oliviers.

Poema en francés

Olivos desde Jaén
José García Rivas

Tarderà molto a nascere, se nasce,
un andaluso così chiaro, così ricco d’avventura.
Io canto la sua eleganza con parole che gemono
e ricordo una brezza triste negli ulivi.

Poema en italiano