Del mismo año, en Mujer desnuda en un sillón rojo Marie-Thérèse se presenta con curvas muy sensuales y formas placenteramente redondeadas en todo su cuerpo. La cara es una imagen doble, puesto que el lado derecho de la cara es el rostro de su amante de perfil que la besa en los labios.
También de 1932, Mujer sentada frente a una ventana, posee un magnífico juego de colores entre el rojo oscuro y el color verde pistacho. La cara serena y escultural muestra a una mujer solemne y luminosa sentada junto a la ventana. En esta imagen Picasso refleja los tres roles que deseaba de ella: ser su modelo y a su vez su amor divino y profano. La sensualidad de la figura, aunque completamente vestida, se transmite a través de los contornos voluptuosos del cuerpo y de las cortinas, que contrastan con las líneas rectas de la silla, la sala y la ventana. Marie-Thérèse, vestida de forma sencilla y ubicada en el interior del estudio, asume aquí el papel de compañera, la figura femenina vista sin las distracciones de la angustia o la sexualidad. La pintura logra una calma y un reposo clásicos, un refugio temporal en una década turbulenta para Picasso.

Finalmente, en Mujer frente al espejo, del mismo año, el tema central es la belleza. Representa a una mujer desnuda que obtiene su reflejo en el espejo al que se asoma. Se recurre a la dicotomía; una parte nos la muestra y en la otra vemos lo que ella ve. El lado amarillo de su cara representa su tiempo feliz con Picasso. Este lado de su cara muestra su juventud mediante el maquillaje completo. Fue pintada con colores brillantes que intensifican su belleza. El reflejo que nos devuelve el espejo utiliza tonos oscuros y sombríos; en lugar de felicidad, hay desdicha y gravita la vejez como prueba irrefutable de la pérdida de la belleza.



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