miércoles, 5 de octubre de 2011

Triunfo Arciniegas / Ceremonia

Oswaldo Conejo
Mystic Dove
Triunfo Arciniegas
CEREMONIA

Aunque nunca regresan, antes del alba las mujeres atan anillos de metal a las patas de las palomas y las arrojan al cielo desde las ventanas.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla
Ediciones Gato Negro


martes, 4 de octubre de 2011

Laura Dippolito / Piedrita bajo la almohada

Laura Dippolito
27 de junio de 2008
La Recoleta, Buenos Aires
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Laura Dippolito
PIEDRITA BAJO LA ALMOHADA
Por Triunfo Arciniegas


Narración: Laura Dippolito
Niña: Clara Bongiovani
Realización: Sergio Michael Álvarez
Cámara: Conrado Taina
Producción: Paola Iriarte


En el año 2003 Laura Dippolito empezó a trabajar como profesora de letras con un grupo que formó una cátedra de narración oral en la facultad de periodismo, y un día, para una práctica, Giselle, la narradora de la cátedra, presentó este cuento.
            Laura no podía parar de llorar.
            Durante la dictadura una amiga suya había quedado a cargo de un sobrino, Tomás, cuyos padres habían sido asesinados por los militares. Antes de pasar a la clandestinidad, el padre le regaló un libro de cuentos a Tomás, que entonces tenía tres años, y le prometió regresar a leérselos. Ese fin de semana los asesinaron (a él y a la madre). Pero Tomás pasó dos años esperando a su papá cada tarde, con el libro en las manos.
            La historia de la piedrita hizo que Laura volviera a ese tiempo, a esa historia. 
Cada vez que podía le pedía a Giselle que lo repitiera, pero no pensaba para nada en narrarlo ella misma, hasta que recibió una invitación de Colombia. Sería su primera vez como narradora profesional. Giselle le regaló la historia y Laura la estrenó en el festival de cuenteros de Buga.
            Aun cuando Giselle tenía en mente otra dictadura, para Laura la historia está indisolublemente asociada a Tomás, a la última dictadura, al fin y al cabo todas las dictaduras son siniestras. Esa historia es la historia de Laura también. Su padre se fue de su vida y la niña Laura se quedó llena de cuentos sin contar. Cuando empezó a viajar por el mundo, su hijo más pequeño le regaló la piedrita que lleva todo el tiempo colgada del cuello. Es la misma que usa para narrar el cuento.
Y así Laura Dippolito se volvió la cuentera de Piedrita.
En este año de 2011, para la vigilia de la dictadura, la llamaron de la radio estatal y le pidieron que narrara Piedrita bajo la almohada. La transmisión comenzó a las 0 horas, con la voz de Laura Dippolito. Fue una experiencia estremecedora. “Lo narré también como homenaje a las madres de Plaza de Mayo”, dice.
Cuando supo del concurso en España, ya tenía el video entero en su mente. Sergio Michael Álvarez, el director del corto, le propuso trabajar con la niña Clara Bongiovanni y a Laura le encantó la idea. Le contaría la historia a Clara para que ella resolviera el asunto. Así se hizo.
            Clara, entonces de siete años, le preguntó a Laura si se trataba de la historia de su papá y Laura le respondió que no, pero que era la historia de muchos papás y muchas niñas que ahora eran como ella misma, una mujer. Clara le preguntó entonces por qué la contaba si no era suya.
            “Alguien tiene que contar las cosas tristes para que no vuelvan a pasar”, dijo Laura.
            Clara Bongiovanni la miró muy seria, entendiendo la necesidad de que estas historias se conozcan, y prometió que ayudaría. Lo hizo también y se involucró de tal manera en el proyecto que Laura se reconoce completamente en esa niña patilarga, de cabello lacio y suelto que busca a su padre.
En el 2009, los restos óseos de la mamá de Tomás fueron identificados por el equipo de antropología forense en una de las cientos de tumbas clandestinas. Ahora está enterrada con los abuelos.
Ahora, cuando narra Piedrita, a veces Laura cuenta estas cosas.
Y cada vez que las cuenta el dolor es el mismo.
No se atempera.
Sigue ahí.





lunes, 3 de octubre de 2011

Laura Dippolito / La niña de las luciérnagas



Laura Dippolito
LA NIÑA DE LAS LUCIÉRNAGAS
Por Triunfo Arciniegas

En verano, cuando el mundo era un perpetuo hechizo, aparecían las luciérnagas en City Bell y la niña Laura creía que eran piedras brillantes, mágicas, fuegos voladores, pedacitos de estrella. Jamás imaginó que fuesen animalitos. Las atrapaba en un frasco y las contemplaba fascinada hasta que se apagaban. De niña, cuando leía Corazón y  Mujercitas, La vuelta al mundo en ochenta días y  Oliver Twist, cuando dos libros la marcaron para siempre, La isla del tesoro y David Coperfield.


De niña, cuando su padre y su abuelo le hablaban de otros tiempos, allá en City Bell, cerca de La Plata. Su padre le contaba las óperas predilectas: Tristán e Isolda, Tannhäuser, La Traviata, Rigoletto, Il Trovadore, El anillo de los nibelungos. La niña no entendía mucho pero igual escuchaba. Su abuelo, un irlandés alto, bello hasta el escándalo, de profundos ojos azules y manos de gigante, le hablaba de sus hazañas, de incendios y revoluciones, de barcos y mares.

Desde entonces sabía que el mundo sin historias es un páramo. Ya grande le dio por narrar porque se moría de desespero en sus clases. Quería seducir, encantar, fascinar a sus alumnos. Hace tiempos tuvo que trabajar con un grupo de niños de seis años y la universidad no la había preparado para enfrentar a tales fieras. Les leía al principio. No narraba, apenas leía. Hasta que cierto día una pequeña mano se apoderó de su libro en mitad de lectura y Laura regresó al reino de este mundo. Mientras  el libro descendía al planeta Tierra, el dueño de la mano dijo, resuelto: “No te veo la cara. Si no te veo, me pierdo la historia”.
Y a partir de ese momento Laura Dippolito empezó a narrar. Después se atrevió con adolescentes, incrédulos por naturaleza, y ya no paró.


De derecha a izquierda:
Alfonsina Storni, Gardel, Borges, Laura Dippolito y Triunfo Arciniegas
4 de junio de 2008
Cafe Tortoni, Buenos Aires

Me escribió solicitándome permiso para contar “Caperucita Roja” y así  nos conocimos. Nos hemos visto en su país y el mío y tenemos citas pendientes en otros. Recorrimos La Recoleta llena de tumbas célebres y gatos gordos, tomamos café y mediaslunas en el café Tortoni, fuimos a una exposición de Picasso y recorrimos la helada noche bogotana. Dice que el cuento de “Caperucita Roja” le trajo suerte porque no sólo ha narrado en el colegio y en La Plata, sino en su Argentina y en Latinoamérica y al otro lado del charco. Ahora viaja más que nunca. ¿Y qué le han dejado los viajes? “Hambre de más viajes, de otras historias y otros caminos”, dice, con la certeza de que donde vaya algo suyo la espera. Y debe viajar para hallarlo aunque lo lleva dentro. “Pero sale de allí, allí donde estoy viendo caer el sol”, precisa.
Le pregunto qué es lo más raro que le ha sucedido en esos viajes y se acuerda de Bolivia, donde narró historias a una comunidad aymará. No le entendieron una sola palabra pero todos terminaron emocionadísimos. Y se acuerda de México. Estuvo narrando en lo alto de la Huasteca Central y volvió dos años después. Una niña le preguntó por el destino del ogro de un cuento de la vez anterior. Y algo más. Casi no la dejan salir de México porque sin darse cuenta estaba hablando como mexicana y las autoridades le reclamaban unos documentos que por supuesto no tenía. Estuvo a punto de perder el avión.
Aparte de La isla del tesoro y David Coperfield, que sigue releyedo, sus libros son otros: Actos de significado, Cien años de soledad de García Márquez, Cumbres borrascosas, Jane Eyre, No me digas que fue un sueño, Nubosidad visible, Macbeth, los poemas de Miguel Hernández y otros.

Duerme con la luz encendida. Ha tenido las mismas pesadillas desde niña, desde que su padre se fue y supo que las luciérnagas eran criaturas vivas que se apagaban en su frasco, desde que dejaron City Bell y no hubo con quien jugar, desde que una madre muy triste la llevaba de la mano a la plaza. No más luciérnagas. Ahora deja la ventana abierta y la cortina descorrida aunque haga frío. Deja la radio encendida. Se duerme por fin entre voces desconocidas.
Le pregunto por sus tres deseos y me dice: “Narrar en Dublin, trabajar sólo en narración y seguir con esto”.  Esto debe ser la vida. “Que siga la vida, aquí y ahora, tal y como está”, insiste. Tiene sueños pendientes pero no me los cuenta para asegurarse de que un día sean ciertos. En voz baja me confiesa que sigue creyendo en la magia de las luciérnagas.









domingo, 2 de octubre de 2011

sábado, 1 de octubre de 2011

Casa de citas / Roberto Fontanarrosa

 
Ilustración de Triunfo Arciniegas

 Roberto Fontanarrosa
CITA

Simula reír la hiena, pero no entiende los chistes.








viernes, 30 de septiembre de 2011

Casa de citas / Jules Renard / Promesas

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Jules Renard
PROMESAS

Rara vez hago promesas. Pero cuando las hago, no las cumplo.




jueves, 29 de septiembre de 2011

Diario / La bestia

Ilustración de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
LA BESTIA

16 de septiembre de 2011

Madrugué a dar de comer a las siete cabezas de la bestia. En BIOGRAPHIES subí Aurelio Arturo, The Poet of Paradise Lost, un texto de María Mercedes Carranza. Ya viene Aurelio Arturo a KISS y DE OTROS MUNDOS. En BIOGRAFÍAS subí James Nachtwey, fotógrafo de guerra. Tengo dos o tres entradas en inglés sobre este magnífico fotógrafo, pero nada en español hasta el momento. Marco Chamorro me regaló en Quito la película sobre su peligroso oficio. En DRAGON subí un texto sobre Stasys Eidrigevičius, un ilustrador lituano que vive en Polonia, toda una curiosidad y un gran artista, absolutamente desconocido entre nosotros.
En KISS estoy con la segunda tanda de Pablo Neruda. Esta mañana subí The Dead Woman. Pronto tendremos otra semana de Neruda en DE OTROS MUNDOS. En una semana precisamente se cumplen 38 años de su muerte.
En MESTER DE BREVERÍA continúo publicando textos brevísimos de Julio Cortázar. Después del novenario en DE OTROS MUNDOS, Cortázar sigue presente en MESTER y DRAGON. Ya publiqué dos entradas y tengo listas cinco más. Su biografía en español se acerca a los veinte enlaces.
En DE OTROS MUNDOS continúo la semana de Darío Jaramillo Agudelo. Un poeta grande, una excelente persona, un poeta vivo. Es una maravilla poderle expresar de esta manera el afecto y la admiración. Le pedí permiso (no todo es robado en el ciberespacio) y por correo electrónico lo he mantenido al tanto. Me dice que le encantan las ilustraciones. Y a la gente le encantan las ilustraciones, por supuesto, pero sobre todo su poesía. Vive y vivirá en las entrañas de los enamorados. En la Feria del Libro de Bogotá Darío Jaramillo presentó uno de mis libros, El último viaje de Lupita López, y fascinó a todo el mundo. Así que hasta hoy he subido de Darío a DE OTROS MUNDOS Tres poemas, Tu lengua y Yo huelo a ti. Siguen en turno Tu voz, Sé que el amor no existe y Primero está la soledad. Remataré la semana con Diatriba y loa sobre Pablo Neruda, y de esta manera iniciaré la semana de homenaje a Pablo Neruda. Esta vez no se trata de poemas suyos sino de textos ajenos sobre su vida y su obra.
Y, por último, en FICCIONES subí Cuadernos de Literatura, el libro que hizo sobre mi vida y mi obra la Biblioteca Nacional de Colombia, con ensayos de renombrados críticos colombianos, tapas y reseñas de mis libros, fotografías mías, entrevista y otros asuntos, con diseño de Camila Cesarino y dirección editorial de María Fernanda Paz Castillo. Todo un manjar, todo un regalo para los lectores, que pueden conectarse con ISSUU y bajar el libro a su computador. Este es el primero de tres regalos. Los otros dos son Cuerpo de amor herido  (poemas) y Entre la magia y el silencio (fotografías).


Ilustración de Triunfo Arciniegas

20 de septiembre de 2011

Hoy preparé entradas de Oscar Wilde y Patti Smith. De Oscar Wilde tenía una entrada sobre la biografía que acaba de salir en Londres The Tragic and Scandalous Life of Mrs Oscar Wilde. De hecho, ya publiqué una nota en inglés en DRAGON, donde también pueden leerse algunos de sus cuentos. Di con Oscar Wilde esta mañana porque estaba buscando temas adecuados para el blog de René, profesor de inglés en un colegio de niños de Cúcuta. Subí a su blog este fin de semana The Selfish Giant y su respectiva traducción al español, El gigante egoísta, y aproveché el impulso para preparar una semana de homenaje (la reseña de The Tragic and Scandalous Life, algunos epigramas y sus cuentos para niños) en DE OTROS MUNDOS, una semana que el lector tendrá que esperar porque hay demasiado material represado.
La semana pasada encontré un PDF con algunas páginas de Éramos unos niños, de Patti Smith, sus memorias de juventud, su historia de amor con el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Hice el dispendioso proceso de pasar el texto a Word, que a veces lleva más tiempo que digitar el texto directamente. Luego encontré unos fragmentos del mismo libro y una entrevista de Patti Smith, y ya tengo casi una semana para “la Madrina del Punk”. De paso, alisté su biografía en inglés. Con Just Kids, la rockera ganó el premio más prestigioso de EEUU, el National Book Award, toda una consagración para una muchacha que comenzó como empleada en una librería de Manhattan y que soñaba con tener su propio libro en una de las estanterías. Se me escurre la baba por este par de libros, el original y su traducción al español, porque no me basta con las ediciones digitales como tampoco me conformo con el amor virtual. En carne y hueso, en papel y tinta, como en los viejos tiempos.
         El fin de semana estuve trabajando en los cuentos de García Márquez. En estos diez años he recogido suficiente material. Me gustaría hacer una semana de homenaje a Gabo con textos ajenos.
En MESTER DE BREVERÍA (Tema para un tapiz) y DRAGON (Hopscotch) vive y reina Julio Cortázar. Ya casi acabo por ahora en MESTER. En cambio, en DRAGON apenas empiezo. No es mi culpa. Como dicen de la voz de Gardel, este cronopio cada día escribe mejor.
Hoy terminó en DE OTROS MUNDOS la semana de Darío Jaramillo Agudelo y con él empezó la semana de Pablo Neruda. Darío escribe un texto preciso y precioso sobre el Neruda de nuestros días, sin la hojarasca política, sin la fantasía de estrella de rock que lo acompañó casi toda su vida. Es un gran poeta, no hay duda, pero hay que excavar duro y parejo para encontrar los tesoros. Me quedo con Residencia en la tierra, Confieso que he vivido, algunas odas y uno que otro poema. Neruda escribió tanto. En 1951 sus Obras completas abarcaban 449 apretadas páginas y en 1962 la cifra se había disparado a 1925. En 1968 el poeta alcanzaba el record de 3237 páginas en dos volúmenes. En 1973, año de su muerte, estaba trabajando simultáneamente en siete libros, que pensaba publicar meses más tarde como parte del festejo de sus setenta años.

Ilustración de Triunfo Arciniegas

26 de septiembre de 2011

Ya entró a los blogs en inglés Aurelio Arturo, uno de nuestros grandes poetas. En BIOGRAPHIES, una semblanza escrita por María Mercedes Carranza y traducida por Nicolás Suescún, The poet of Paradise Lost, y en KISS, Word. En DRAGON, Gilberto Arturo escribe sobre la poesía de Aurelio Arturo. Como estos blogs son más leídos fuera de Colombia, sobre todo en Estados Unidos, vale la pena presentar al poeta de Morada al sur. En uno de sus primeros viajes a Colombia, hace unos quince años, le recomendé la obra de Aurelio Arturo al escritor mexicano Francisco Hinojosa. No la conocía. Se entusiasmó tanto que la compró de inmediato. Pagó con tarjeta. Tengo el recuerdo de su rostro mientras buscaba la tarjeta de crédito en el bolsillo, cerca del corazón. Voy a conseguirme una de esas, pensé, y me pareció un sueño ir de país en país y poder pagar con una tarjeta lo que a uno quiera. Años después vi en un libro de poemas de María Baranda, mujer de Hinojosa hasta hace un par de años, un epígrafe de Aurelio Arturo y me recorrió un aire de satisfacción.  
Con emocionada visita y fotos de Isla Negra termina el homenaje a Pablo Neruda. Hace treinta y ocho años y cinco días dejó sus residencias en la tierra: La Chascona en Santiago, La Sebastiana en Valparaíso, y la más conocida de todas, Isla Negra, frente al mar. No es isla ni es negra, pero es la isla más famosa del mundo. Hace casi veinte años, enamorado, escribí una visita imaginaria al poeta. Todos los datos son absolutamente ciertos, todas las frases, todos los lugares y sobre todo el sentimiento, el respeto y la devoción por la obra nerudiana, pero no la visita en sí. Ya el poeta llevaba más de diez años bajo tierra cuando escribí el texto, y más de treinta cuando fui en carne y hueso a Chile y recorrí sus residencias en la tierra y tomé algunas fotos. Todas las casas tienen su sello. “Cuando se quiere buscar un sitio hermoso, hay que preguntar a un poeta”, dijo Matilde Urrutia.
La Chascona, cuyo nombre festeja los cabellos rojizos y ensortijados de Matilde, que siempre andaba despeinada, sirvió en un principio de residencia furtiva de sus amores. Neruda vivía entonces con su esposa (desde 1934) Delia del Carril, La Hormiguita, una pintora y escritora argentina que conoció en España cuando estaba casado con la holandesa María Antonieta Haagenar Vogelzanz. Ah, madre mía, estos poetas: de mujer en mujer. Pegada al pie del Cerro San Cristóbal, al fondo de la calle Fernando Márquez de la Plata, en el barrio Bellavista, todavía respira el amor de los amantes. Ahora es un museo y prohíben tomar fotografías. Se mantiene allí una parte de la biblioteca del poeta,  pero no pude hojearla porque no tenía las conexiones necesarias para un permiso. Expuesta al cielo, escondida y alejada, pero frente al mundo, como las otras dos casas, así es La Chascona. El poeta vivía entre dos casas, entre Delia, que le llevaba veinte años, y Matilde, que le revolvía la sangre, hasta que la esposa descubrió el secreto que en Santiago ya conocía todo el mundo.
 En 1939 Pablo Neruda había comenzado a construir (con dinero de Delia, si no estoy mal) su casa más famosa, que compartió definitivamente con Matilde. Entre Quisco y El Tabo, a 124 kilómetros de La Chascona y 79 de La Sebastiana, Isla Negra es una casa de piedra y madera, hecha a través de los años, caprichosa y loca. Alargada como una serpiente y habitada por la magia de un extremo al otro, frente al mar, una de las pasiones más fuertes del poeta. Temo que en el fondo el poeta quería hacerse un barco para sus juguetes de niño grande, sus coloridas botellas, sus caracolas, sus mascarones de proa: “La Guillermina”, que trajo del Perú, “La Medusa”, maltratada por los años y la sal de los mares, “María Celeste” y sus lágrimas. En el jardín (desde 1992) reposan ahora los huesos de Neruda y Matilde (me consuela imaginar que día y noche, y para siempre, las olas del mar de Isla Negra salpican sus pies) mientras los enamorados siguen escribiendo mensajes en los cercos de madera. Con mano temblorosa allí mismo escribí una confesión de amor que ahora callo.
La casa de Valparaíso permaneció abandonada durante 18 años, desde la muerte de Neruda, y luego de dos años de restauración, se abrió al público en 1992. La Sebastiana debe su nombre a Sebastián Collado, que la dejó inconclusa. Neruda la descubrió en 1961, cuando buscaba un sitio tranquilo para vivir y escribir, y la inauguró el 18 de septiembre con banderas, vino y empanadas.  (Hace exactamente medio siglo.) Valparaíso es uno de los lugares más bellos de la tierra. Con razón a Neruda le encantaba recorrerla. Es un regalo para los ojos. La casa de Neruda,  alargada, afilada, con delgada cintura de muchacha, se levanta arriba en la montaña, en el Cerro Florida, para más señas, y a vista es sencillamente espectacular. La entrada principal da la calle Ferrari, pero cuenta con otra entrada, con una salida, diría, estrecha y medio clandestina, que da a un sinuoso callejón. Imagino ese callejón como un río que más abajo encuentra calles más amplias que tarde o temprano dan al mar. Neruda vivió tiempos difíciles en su patria y no estaba de más una salida de emergencia. Las casas vecinas, según entiendo, pertenecían a esos españoles que salvó de una muerte casi segura en la guerra civil y quienes sin duda estaban dispuestos a arriesgar el pellejo por el poeta.




miércoles, 28 de septiembre de 2011

Diario / Manojo de besos

Ilustración de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
Manojo de besos
Las mejores escenas de amor
28 de septiembre de 2011




Amanecí con un insoportable grado de debilidad, como si hubiese escuchado boleros en los sueños. Me acordé en la cama de Cinema Paradiso, donde la censura no permite que se exhiban los besos de las películas y el proyeccionista los guarda en una caja para su propio regocijo. Amanecí con ganas de devorarme entera esta caja de chocolates.
Encontré otra en el ciberespacio.
Una antología de besos, una antología de escenas de amor de media docena de películas. No son en absoluto las mejores escenas pero merecen un lugar de privilegio. Este es el primer video de Sammy Yackally y no es perfecto, como él mismo manifiesta. Sólo espera que el público lo disfrute. Lo hizo por diversión y no pretende adueñarse de nada, por supuesto. La música es de Rob Costlow y el tema se titula Woods of Chaos. Las películas (mencionadas al final del video) son Atonement, Australia, The Illusionist, The Incredible Hulk, The Notebook y The Painted Veil.
Este día se pasará volando, como un suspiro.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Triunfo Arciniegas / Entre la magia y el silencio



Fotografías en blanco y negro, tomadas entre 2006 y 2009, en las montañas de Pamplona: Chíchira, El Naranjo, Alcaparral, Altogrande, Ulagá. Más información en el prólogo.


Triunfo Arciniegas
Entre la magia y el silencio
Ediciones Gato Negro, 2011


viernes, 16 de septiembre de 2011

Triunfo Arciniegas / Cuadernos de literatura



Vida y obra de Triunfo Arciniegas, con ensayos de renombrados críticos colombianos, entrevista, fotografías de las tapas y comentarios de los libros publicados hasta 2009. Además, maravilloso diseño de Camila Cesarino y dirección editorial de María Fernanda Paz Castillo.



Triunfo Arciniegas
Cuadernos de literatura
Bogotá, Biblioteca Nacional de Colombia, 2009.
76 páginas.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Diario / Cuando llegaban cartas

El filo de la montaña, 1992
Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
CUANDO LLEGABAN CARTAS
14 de septiembre de 2011

Hace años, muchos años, uno de mis placeres era la visita a la oficina de correos. Como entonces vivía fuera de Pamplona, fuera del casco urbano, donde no asomaba el cartero, pagaba lo que llamábamos un apartado aéreo, una casilla para recibir cartas y paquetes. No siempre me escribían. O casi nunca me escribían. Pero iba al correo con todo el entusiasmo, como el apostador que asiste a las carreras con la renovada certeza de que su caballo dejará atrás a los otros, y con tres o cinco o hasta una docena de cartas que, según mi razonamiento, me daban derecho a esperar otras tantas.
No cambiaba por nada la dicha de encontrar un sobre en esa caja abierta a otros mundos, en esa ventana al universo. Todavía me veo asomándome y viendo por entre los huequitos si había algo, todavía me veo buscando con impaciencia la diminuta llave y abriendo la puertecilla con mano temblorosa. A veces esculcaba el vacío con la misma mano por si los ojos me engañaban. A veces había suerte. Salía con el botín intacto a la calle y caminaba hasta una panadería cercana que aún existe, pedía una Coca-Cola y un pan de agua y leía con ansia.
         No existía el correo electrónico.
         No existían los celulares.
         Ni siquiera existía el fax.
         Ni siquiera tenía teléfono en casa.
         Los correos electrónicos son breves, van a lo esencial, se parecen a los antiguos telegramas, e incluso ya no son personales. Alguien escribe una nota y la envía a cien o doscientas personas. O a veces ni siquiera la escribe. Recibe un correo y lo reenvía tal cual. La carta en cambio era para alguien, solo para alguien, alguien que uno había imaginado línea tras línea, y la carta se convertía en una página del diario. Uno desnudaba su alma, confiaba sus sueños o compartía sus desdichas con ese alguien. Uno pensaba cosas despacio, planeaba y escribía durante horas y a veces días, desechaba borradores, pulía un párrafo, hasta confeccionar algo digno de los ojos ajenos. Y la carta demoraba en llegar a su destinatario por lo menos tres días. Los tres días bien podían convertirse en una semana o un mes, y entre carta y carta sucedían cosas, preciosos materiales para trabajar en las siguientes cartas.
         Me hice escritor precisamente por las cartas. Cuando papá decidió que nos fuésemos a vivir a Pamplona, más allá del páramo, y en Málaga quedó mi abuela Emperatriz, el amor de mi vida, comencé a escribirle cartas aunque ella no supiera leer ni escribir. El material real se me agotó pronto y entonces inventé. Me hice una vida en la mente. Le escribí a mi abuela las coplas que le contaba los domingos y le mandé mis mejores dibujos.
         Me quedé con el vicio de la escritura.
         Luego escribí libros.
Las cartas fueron la ventana al mundo y me sirvieron para encajar en una dolorosa realidad, una realidad que aún me queda por lo menos diez tallas más grande. Escribía cartas como loco, como si viviera en el siglo XIX o algo así. Me dicen que Rilke escribió cinco mil. Escribía cartas, largas cartas, y de veinte me respondían una, y aun así seguía escribiendo.
         Era como si esperara la carta que cambiara mi vida. Que me sacara de mi propia existencia. ¿Qué demonios quería? ¿Que bratara de un sobre el genio de la botella? No lo sé con certeza, pero creo que sigo esperando esa carta.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Diario / Por un puñado de dólares

Paisaje quiteño
Hotel Quito, Quito, 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Mirando el avión
Plaza Grande, Quito, 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Bufanda con pasaporte y dólares
Hotel Quito, Quito, 2011
Fotografía de Trunfo Arciniegas

Alicia en la mitad del mundo
Ciudad Mitad del Mundo, 20 de mayo de 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Laura Antillano y Triunfo Arciniegas
Quito, Ecuador, 19 de mayo de 2011

Francisco Hinojosa, Marina Colasanti e Irene Vasco
Quito, Ecuador
17 de mayo de 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Florecita quiteña
Ichimbía, Quito, Ecuador
22 de mayo de 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
POR UN PUÑADO DE DÓLARES
Quito, 26 de mayo de 2011

El lanzamiento de Lupita (El último viaje de Lupita López, SM, 2011) fue el 13 de mayo, en la Feria del Libro, y me quedé en Bogotá hasta el 16. Una estadía de dos semanas, porque llegué a principio de mes. Estoy en Quito desde las tres de la tarde del lunes 16. (Coincidí en el vuelo con Fanuel Díaz y en el aeropuerto vivimos juntos la primera experiencia con el país: un niño de la calle ofreció cambiarnos un billete de veinte euros por dólares.) En el hotel Quito estuve una semana, hasta el lunes 23. Un bello hotel de cinco estrellas, con tina, piscina, jacuzzi y todo lo demás. La comida, una delicia. Comí como una bestia, sin control. Me metí en la tina casi todos los días y en la piscina solo el último día. Participé en el Encuentro Internacional de Escritores entre el 17 y el 19 de mayo. Hice mi ponencia el 19. El público se rió, como era mi propósito. Irene Vasco y Fanuel dijeron que había sido la mejor. Algunas amistades: Juana Neira, Ana Carlota, Soledad Córdova, Marco Chamorro. Volví a ver a Marina Colansanti, a Francisco Hinojosa, a Enrique Pérez Díaz. Con los escritores que escriben para niños la relación es más fácil: su ego no es tan grande, sus ambiciones no son tan desmedidas, no se creen García Márquez. La obra se la dejamos a los niños y nos ocupamos de otras cosas. El 20 de mayo fuimos a la mitad del mundo. En el autobús me senté junto a Alicia Barberis, una argentina que me espera en Santafé como amigo y no como enjabonador real. Nos conocimos en Cartagena de Indias hace unos once años. El 21 y el 22 de mayo se realizó la maratón de cuento, en el centro cultural Ichimbía. El 21 conté Carmela busca novio y el 22, Caperucita Roja. Hice de murciélago en la presentación del cuento de la Crespo, otra amiga que me encantó. No conseguí amor sino amistades. Liseth Correa no quiso verme. Cosecha quiteña, bonita mujer, hermosa mujer de veinte años, pero no quiso nada.
Salí del hotel Quito el lunes 23 y me instalé por una noche en un hostal, a un tiro de piedra del parque de la Alameda. Luego me pasé al hotel Cristal, por los mismos rumbos: diez dólares la noche. Marco Chamorro y su mujer me han invitado a quedarme en su apartamento. Voy a pensarlo. He estado caminando con la cámara por Quito, sin rumbo, sin programa. Quería renovar el pasaporte pero piden cita por internet y se demoran entre diez o quince días en entregarlo. De pronto no me alcanza el tiempo. A la entrada de Ecuador no me sellaron el pasaporte porque tenía menos de seis meses de vigencia: me pidieron la cédula. Se me complica el viaje a Perú.
El 24 de mayo, cumpleaños de Vanessa, almorcé salmón con Doris Arroba y le propuse El niño que tragaba oscuridades. Doris trabaja en Manthra, la editorial de Leonor Bravo. En la tarde fui a una entrevista en la radio con Juana Neira. Bonita entrevista, pero qué mal me expreso. Me trago sílabas y dejo ideas sin redondear. Me sentí muy bien, muy tranquilo, a pesar de todo. Juana, aparte de bella, es una excelente conductora. Leí Caperucita Roja.
Esta tarde estuve de compras. Primero un maletín de diez dólares para dejar en el hotel Castel los libros que me han regalado y que pienso enviar por correo, y luego un pantalón de veintidós dólares porque llevo diez días con el único que traje de Colombia. También compré un morral (veinte dólares) para renovar el mexicano que me ha salido tan bueno pero que con esos cierres que ya no funcionan presenta un aspecto poco agradable. Los arreglos de Alejandra no funcionaron. También tengo igual de desbaratado el morral anaranjado que reservé durante mucho tiempo para el portátil.
Total de compras: cincuenta y dos dólares. El desayuno criollo, con arroz, huevos y pollo, pan con queso, jugo y café en leche: tres con setenta. La comida (malísima): dos con cincuenta. Para la cena, un té y un pan, ochenta centavos. Total de gastos en comida: siete dólares. En internet gasté unos tres dólares y más o menos uno en llamadas locales. Si a esto le sumo el hotel, serían un poco más de setenta dólares. Significa que si, exceptúo las compras, una cosa excepcional, el día sale por unos veinte dólares, es decir, menos de cuarenta mil pesos. No está mal, nada mal, mucho menos que en Bogotá, que no bajaría de cincuenta mil pesos.
Vuelo mañana a Cuenca, Nuestra Señora de los Cuatro Ríos de Cuenca, patrimonio cultural de la humanidad, sigo por tierra hasta Azogues y regreso en tres días. Luego iré a Guayaquil y Machala. Si Cuenca me gusta lo suficiente, repetiré la visita: podría viajar desde Machala o Guayaquil. Además, por el rumbo norte, espero visitar el famoso mercado de Otavalo antes de regresar a Colombia.




martes, 13 de septiembre de 2011

Diario / Un animal de siete cabezas

Cabeza, 2003
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
UN ANIMAL DE SIETE CABEZAS
12 de septiembre de 2011

Festejaba las primeras quinientas visitas al blog en Shakira y yo, una nota un tanto irónica publicada el 5 de  febrero de 2011, a propósito de las mil millones de visitas que redondeaba la cantante colombiana en Youtube, un record imposible de igualar en esta vida y las siguientes. Entonces el blog tenía tres cabezas: FICCIONES, DE OTROS MUNDOS y MESTER DE BREVERÍA. Me veía a gatas para dar de comer a las tres cabezas del cancerbero y me sentía como con trillizos y la suegra de visita. Ahora el monstruo tiene siete hambrientas cabezas y sería una locura alimentarlas todos los días. Comen dos o tres (es decir, hago dos o tres entradas diarias), y el resto espera hasta una semana. Solo en DE OTROS MUNDOS, que ya alcanza sus primeras treinta mil visitas, se publica algo cada mañana: un cuento, un poema, una noticia, la reseña de un libro o el registro de una exposición, una entrevista, una canción famosa, una cita curiosa. A veces dedico una semana a un autor importante. Para este blog hacen falta días. Las entradas se amontonan, se acosan, se desesperan por alcanzar los ojos del lector.
Escribía hace seis meses: “Las tres cabezas del cancerbero están conectadas por hipervínculos. Con un click el visitante puede navegar a su antojo, sin permiso alguno y absolutamente gratis. Ciertos temas pueden llevarlo a otras partes del mismo blog o de pronto a Youtube o a Letralia, esta maravillosa revista, casa de los escritores latinoamericanos”.
         Las siete cabezas están conectadas por hilos visibles e invisibles. Tres blogs se escriben en español (FICCIONES, DE OTROS MUNDOS y BIOGRAFÍAS), uno se pretende bilingüe aunque no lo consigue del todo (MESTER DE BREVERÍA) y tres se presentan en inglés (KISS, DRAGON y BIOGRAPHIES). BIOGRAFÍAS recoge la vida de los autores presentados en DE OTROS MUNDOS y MESTER DE BREVERÍA, y BIOGRAPHIES, los autores de KISS y DRAGON. Tanto en BIOGRAFÍAS como en BIOGRAPHIES están los enlaces de los textos publicados en los otros blogs. Si el lector quiere saber qué archivos tenemos de tal autor, le basta con entrar a estos dos blogs. No están todos los autores registrados ni nunca lo estarán, pero hemos hecho lo que se puede.
Las siete cabezas están conectadas por hilos muy visibles. Por ejemplo, Cortázar. En DE OTROS MUNDOS hace poco presenté un novenario de Julio Cortázar que empecé con un poema en su propia voz, “Los amantes”, y concluí con su obra maestra, “El perseguidor”, embellecido por la lectura de un fragmento en la voz del autor y banda sonora de Charlie Parker, por supuesto, y ahora estoy publicando textos de Cronopios y Famas en MESTER DE BREVERÍA. En BIOGRAPHIES y BIOGRAFÍAS (con un maravilloso record de quince enlaces) puede leerse la vida del escritor argentino tanto en inglés como en español. “Para variar”, las dos últimas entradas de DRAGON tratan de Julio Cortázar, la primera sobre cómo leían él y Aurora Bernárdez en los trenes, cuando compraban libros baratos y arrojaban por la ventanillas las páginas leídas para evitar el exceso de equipaje, y la otra entrada se refiere a los cuatro mil libros de su biblioteca. ¿A quién no se le cae la baba con Cortázar en cinco de las siete cabezas del blog? En KISS, a propósito de los treinta y ocho años de la muerte de Neruda, publico ahora versiones en inglés de sus poemas más famosos. Neruda tuvo su semana en DE OTROS MUNDOS y tendrá otras, por supuesto.
         Pero hay hilos que el lector advertirá con paciencia. Un ejemplo: hice varias entradas sobre Jessica Lange (mujer de Sam Shepard desde hace treinta años) como fotógrafa y actriz. Una de esas entradas está firmada por Patti Smith, que fue amante de Mapplethorpe y uno de los amores juveniles de Sam Shepard. He dedicado dos o tres entradas a Sam Shepard como actor y como poeta y apenas empiezo con su obra. Mapplethorpe, uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, está pendiente en DE OTROS MUNDOS. Las fotos que le hizo a Patti Smith serían una entrada preciosa. Hace dos años o algo así Patti Smith publicó un libro sobre su relación con el fotógrafo, Just Kids, y me muero por leerlo. Algo escribiré cuando tenga esa  dicha.  
De manera que, como decía hace seis meses, se me hace agua la boca al pensar en las maravillas que recogeré, frutos luminosos para pasar la noche o jugosas presas para aliviar el escándalo de las tripas del monstruoso cancerbero. (Entonces un cancerbero común y corriente de apenas tres cabezas.) Me fascina este perpetuo estado de cacería, el susto de ladrón en casa ajena y la certeza de que volveré con el tesoro o al menos una muestra, una moneda reluciente, insoportable para la codicia del lector.
     Decía hace seis meses: “Belleza es lo que ofrezco, algo de fascinación, un bradburiano remedio para melancólicos, un exquisito puerto para los bebedores de relámpagos. Conjugación de palabras e imágenes, arquitectura del lenguaje para los ojos y traba para la mente. Y como diría Nabokov, que no disfrutó de estos universos, una poderosa corriente recorre la columna vertebral”. Y vuelvo a decirlo ahora.