Hay una historia. No se sabe con precisión cuándo ha empezado. Quienes podrían estar relacionados con ella en realidad ignoran que la historia no existe. No tiene un nombre que la identifique y no es claro si tiene un protagonista o dos. Puede ser la historia de A que B no acepta o al revés. También puede ocurrir que ninguno sepa que la historia existe y les concierne. Es harto probable que uno muera sin saber que él es el verdadero protagonista de la historia y que el otro ha usurpado su lugar. De todos modos, la existencia de una historia, incluso si no está bien definida y bien atribuida, incluso si solo está en etapa de constitución, apenas a nivel de latencia, difunde emanaciones de estilo impreciso pero perentorio. Byobu, que sospecha su existir oscuro, se siente obligado a escrutar como un filatélico los bordes de su posible aparición. No es cosa de subestimar la desordenada densidad flexible: en cualquier momento puede adquirir una velocidad orientada que abata sobre él su irrespirable marasmo. Porque muchos sueñan con la aventura que cada día debería empollar para ellos. Para cuando asoma, perciben algún defecto, hasta los signos de una pavorosa lepra sobre la apariencia que suponían tentadora. Y se desentienden, aunque no olviden la llamada desoída. Pero la historia queda libre, sin ocupación, como rayo que ningún pararrayos ataja. Y Byobu sabe que él es el expuesto por excelencia. Por eso vigila, sin confianza, las historias que vagan libres, sin A ni B que las acepten.
El abc de Byobu
Lumen, Madrid, 2025, pp. 11-12

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