martes, 13 de octubre de 2020

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Corinne



Emmanuel Carrère

CORINNE

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Rémy Hourtin era psiquiatra, y su mujer Corinne psicóloga de niños. Habían abierto en Ginebra una consulta común y alquilado en Ferney un apartamento encima del de los Ladmiral, que les introdujeron en su círculo de amistades. Al principio les encontraban divertidos, vitales, un tanto pretenciosos. Bonita, probablemente poco segura de sí misma y en todo caso ávida de seducir, Corinne manifestaba admiraciones ingenuas o menosprecios crueles, de acuerdo con los decretos de las revistas femeninas sobre lo que es fino u hortera. Rémy era aficionado a los buenos restaurantes, los habanos y los licores después de las comidas, los comentarios escabrosos, la vida a todo tren. Los Ladmiral profesaban y profesan todavía a ese compañero alegre la amistad indulgente de las gentes formales por los juerguistas que se atienen lealmente a su papel. Romand debía de envidiar y quizá odiar en secreto la labia de Rémy, su éxito con las mujeres, su familiaridad sin remilgos con la vida.

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Película

Double Portrait," by Robertas Strazdas

Emmanuel Carrère

PELÍCULA

Me acordé de una película que había tenido un gran éxito en aquella época. Contaba la historia, una leyenda para tiempo de crisis, del ejecutivo despedido que no se atreve a confesárselo a su mujer y a sus hijos. Pensaba encontrar trabajo enseguida y he aquí que se halla privado de derechos.Cada mañana sale y cada tarde vuelve fingiendo que va a la oficina y que regresa de ella. Pasa los días callejeando lejos de su barrio. No habla con nadie, todas las caras le dan miedo porque podrían ser la de un antiguo colega, la de un amigo que se preguntará qué hace sentado en un banco a media tarde… Pero un día encuentra a personas en la misma situación que él, tipos duros que han salido del trullo y tribus de mendigos. Descubre con ellos un mundo más áspero, pero más efusivo y vital que el ambiente donde vegetaba muellemente antes de su caída. La experiencia le vuelve más maduro y humano. La película termina bien.
    Romand me dijo que la había visto en la televisión con Florence, a quien le gustó sin que la turbara. Él sabía que su historia no podía tener un buen final. Nunca confió su secreto ni trató de hacerlo. Ni a su mujer ni a su mejor amigo ni a ninguna de las almas caritativas cuyo trabajo consiste en escuchar y comprender: un cura, un psicoterapeuta, un oído anónimo de SOS Amistad. En quince años de doble vida, no conoció a nadie, no habló con nadie, no se mezcló con ninguna de esas sociedades paralelas, como el mundo del juego, de la droga o de la noche, en que hubiera podido sentirse menos solo. Tampoco intentó dar gato por liebre en el exterior. Cuando hacía su entrada en el escenario doméstico de su vida, todos pensaban que venía de otro escenario donde interpretaba un papel distinto, el del hombre importante que recorre el mundo, frecuenta a ministros, cena bajo artesonados oficiales, y que volvería a adoptarlo al marcharse de casa. Pero no existía otro escenario, no existía otro público ante el cual interpretar el otro personaje. Fuera, se encontraba desnudo. Volvía a la ausencia, al vacío, al blanco, que no eran un percance de ruta sino la única experiencia de su vida. Creo que no conoció nunca otra, ni siquiera antes de la bifurcación.

Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 77-78


lunes, 12 de octubre de 2020

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Sobre la mentira

 

David Booth


Emmanuel Carrère

SOBRE LA MENTIRA

Un mentiroso, por lo general, se esfuerza en ser verosímil.

2

Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no cubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Jean-Claude Romand. 


Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 54, 77


Casa de citas / Emmanuel Carrère / Parejas

After Swimmig
Alex Colville

Emmanuel Carrère

PAREJAS

¿Qué sabemos del misterio de las parejas?

Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, p. 51


Casa de citas / Emmanuel Carrère / Novela

 

Emmanuel Carrère


Emmanuel Carrère

NOVELA

Empecé una novela que trataba de un hombre que cada mañana besaba a su mujer y a sus hijos, fingía que se iba a su trabajo y salía a caminar sin rumbo por los bosques nevados. Me atasqué al cabo de unas decenas de páginas. Desistí. Al invierno siguiente se apoderó de mí un libro, el que sin saberlo trataba en vano de escribir desde hacía siete años. Lo escribí muy rápido, de modo casi automático, y supe al instante que era, con mucho, lo mejor que había escrito. Se organizaba alrededor de la imagen de un padre asesino que vagaba solo por la nieve, y pensé que lo que me había imantado en la historia de Romand había, al igual que otros proyectos inconclusos, encontrado allí su sitio, el sitio justo, y que con aquel relato había puesto fin a aquella clase de obsesiones. Por fin podría emprender otra cosa. ¿Qué? No tenía la menor idea, pero no me preocupaba. Había escrito aquello por lo que me había convertido en escritor. Comenzaba a sentirme vivo.


Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, p. 30


domingo, 11 de octubre de 2020

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Déa



Emmanuel Carrère

DÉA

El otoño anterior, Déa estaba muriéndose de sida. No era una amiga íntima, sino una de las mejores amigas de una de nuestras mejores amigas, Elisabeth. Era una mujer hermosa, de una belleza un poco inquietante que la enfermedad había acentuado, con una melena leonada de la que estaba orgullosa. Hacia el final se volvió muy piadosa y había dispuesto en su casa una especie de altar con iconos iluminados por velas. Una noche, una vela prendió fuego a sus cabellos y Déa ardió como una antorcha. La trasladaron a la unidad de quemados graves del Hospital de Saint-Louis. Eran quemaduras de tercer grado que afectaban a la mitad del cuerpo: no iba a morirse de sida, eso era quizá lo que ella quería. Pero no murió enseguida, sino que duró casi una semana durante la cual Elisabeth fue a verla todos los días: bueno, a ver lo que quedaba de Déa. Elisabeth pasaba después por nuestra casa, a beber y hablar. Decía que en cierto modo la unidad de quemados era algo hermoso. Hay velos blancos, gasa, silencio, se diría el castillo de la Bella Durmiente. De Déa sólo se veía una forma envuelta en vendajes blancos, y si hubiese estado muerta habría sido casi apaciguador. Lo terrible era que aún vivía. Los médicos aseguraban que no estaba consciente, y Elisabeth, que es absolutamente atea, se pasaba la noche rezando para que fuese verdad. Yo, por esa época, había llegado al momento de la biografía de Dick en que escribe esa novela espeluznante que se titula Ubik y se imagina lo que ocurre en los cerebros de personas conservadas en criogenio: jirones de pensamientos a la deriva, huidos de almacenes de memoria saqueados, roedura obstinada de la entropía, cortocircuitos que provocan chispas de lucidez pánica, todo lo que oculta la línea apacible y regular de un encefalograma casi plano. Yo fumaba y bebía demasiado, tenía continuamente la impresión de que me iba a despertar sobresaltado. Una noche esto se hizo insoportable. Me levantaba, volvía a acostarme junto a Anne dormida, me daba la vuelta, con todos los músculos en tensión, los nervios de punta, no creo haber experimentado en toda mi vida una sensación semejante de malestar físico y moral (y malestar es una palabra débil); sentía ascender en mi interior y reventar, dispuesto a sumergirme, el pavor innombrable del enterrado vivo. Al cabo de varias horas, todo se desató de golpe. Todo se volvió fluido, libre, y me percaté de que lloraba, con gruesas lágrimas calientes, y era de alegría. Nunca había sufrido tal sensación de malestar, nunca he sentido una sensación de liberación semejante. Permanecí un momento, sin comprender, bañado en aquella especie de éxtasis amniótico, y luego comprendí. Miré la hora. Por la mañana llamé a Elisabeth. Sí, Déa había muerto. Sí, un poco antes de las cuatro de la madrugada.


Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, pp. 25-26


sábado, 10 de octubre de 2020

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Satán, es decir, el adversario

 

Andy Warhol


Emmanuel Carrère

SATÁN, ES DECIR, EL ADVERSARIO

El padre había recibido los disparos en la espalda, la madre en pleno pecho. Quizá los dos, ella con toda certeza, supieron que morían a manos de su hijo, de tal manera que en el mismo instante habían visto su propia muerte —que todos veremos, que ellos habían llegado a la edad de ver sin escandalizarse— y la destrucción de todo lo que había dado sentido, alegría y dignidad a su vida. El cura aseguraba que ahora veían a Dios. Para los creyentes, el instante de la muerte es aquel en que ven a Dios, no ya oscuramente, como en un espejo, sino cara a cara. Incluso los no creyentes creen algo parecido: que en el momento de pasar al otro lado los moribundos ven desfilar en un relámpago la película completa de su vida, por fin inteligible. Y esta visión que hubiese debido poseer para los ancianos Romand la plenitud de las cosas cumplidas, había sido el triunfo de la mentira y el mal. Deberían haber visto a Dios y en su lugar habían visto, adoptando los rasgos de su hijo bienamado, a aquel a quien la Biblia llama Satán,es decir, el adversario.


Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, p. 22


viernes, 9 de octubre de 2020

Casa de citas / Emmnuel Carrère / Un amigo

 


Emmanuel Carrère
UN AMIGO


Un amigo, un verdadero amigo, es también un testigo, alguien cuya mirada permite evaluar mejor la propia vida.

Emmanuel Carrère
El adversario
Anagrama, Barcelona, 2000, p. 10



jueves, 8 de octubre de 2020

Casa de citas / Manuel Borrás / Louise Glück

 

Louise Glück



Manuel Borrás
LOUISE GLÜCK
La había leído por inducción de un amigo neoyorquino, me quedé prendado, enamorado. Igual ha vendido 200 ejemplares en el último año. Aplaudimos a autores de grandes grupos unánimemente pero son obras que olvidamos a los cuatro días. En la periferia estamos publicando libros importantes y es un disparate que no se tengan en cuenta.


Louise Glück gana el Premio Nobel de Literatura 2020 




miércoles, 7 de octubre de 2020

Casa de citas / Willem de Kooning / Sobre la naturaleza

Woman I
Willem de Kooning



Willem de Kooning
SOBRE LA NATURALEZA

La actitud de que la naturaleza es caótica y que el artista pone orden en ella es un punto de vista muy absurdo, creo. Todo lo que podemos esperar es poner algo de orden en nosotros mismos.




lunes, 5 de octubre de 2020

Casa de citas / Whistler / Modestia

La madre del pintor, 1871
James Abbott McNeill Whistler



James Abbott McNeill Whistler
MODESTIA


No puedo decirte si el genio es hereditario, porque el cielo no me ha concedido descendencia.




domingo, 4 de octubre de 2020

sábado, 3 de octubre de 2020

jueves, 1 de octubre de 2020