jueves, 7 de marzo de 2013

Diario / Chávez ha muerto


Triunfo Arciniegas
CHÁVEZ HA MUERTO
Caracas, 6 de marzo de 2013


Por calles revueltas, sucias, que huelen a mierda, entre paredes mugrientas de propaganda política, bajo un calor de treinta y cinco grados, avanza el féretro, y serán siete horas de recorrido, desde San Martín hasta la Academia Militar. Los vendedores de agua hacen su agosto este seis de marzo de 2013: diez bolívares por botella. El vendedor de gafas corre como loco. Los otros han subido el precio de las famosas gorras chavistas. Ya no quedan camisetas con los ojos del comandante. Otro, sin gorra ni agua, prefiere treparse a un árbol para hacerse a un mejor panorama.

Me reviso los zapatos para saber si pisé excremento, pero no. El olor está en todas partes. Embelesados por un futuro que no llega, estas pobres gentes no ven lo que pasa o, al menos, no ven por donde pasan. Lo toleran todo por sus propios sueños. Aceptan las mentiras de Nicolás Maduro y sus secuaces. De hecho, ya designan a Maduro como sucesor.

Chávez ha muerto. Tal vez murió a las 4:25 de la tarde de ayer. Tal vez murió antier. Tal vez en Caracas, tal vez en La Habana. Y aún no se sabe la naturaleza de su cáncer. Tal como lo fue su enfermedad, su misma muerte es secreto de Estado. De mentira en mentira hemos llegado al funeral de un hombre que cada día se recuperaba para retomar las riendas del poder. Hasta dijeron que estaba haciendo ejercicio, qué descaro, y Maduro precisó con cara de palo hace tres o cuatro días que habló cinco horas con el comandante. Luego se supo a qué horas llegó y a qué horas se fue del hospital. ¿Cómo va a hablar cinco horas un tipo que está agonizando? ¿Y cómo va a hablar un tipo que se quedó sin habla? O peor aún, con un tipo que tal vez ya no era de este mundo. Uno que en vida hacía discursos de siete horas y hablaba hasta por las orejas de cuanto se le cruzaba por la cabeza, uno que le decía a su mujer en directo “esta noche te doy lo tuyo” o algo así. Cuando tenía mujer, “pues”. Luego tuvo las que se le antojó y luego nada porque ya no funcionó más. Uno que el mismo rey de España, exasperado luego de un maratónico discurso del comandante, mandó a callar.

Hace unas dos semanas, después de dos meses de silencio, publicaron una foto de Chávez con sus hijas, y se les fue la mano en maquillaje. El comandante parecía una geisha y con esa sonrisa forzada se veía patético. Y de pronto, para sorpresa de todos, el hombre adicto a la adoración de las multitudes, regresó de La Habana a las tres de la madrugada, de una manera a todas luces clandestina. ¿Quiénes lo vieron? Imagino que cerraron el aeropuerto de Maiquetía, aunque no sé si Caracas tenga otro, para que no hubiese testigos. Imagino que cerraron las calles por donde la caravana se acercaría a su destino final: son expertos en hacerlo. Imagino que el comandante llegó postrado en una cama o, por lo menos, en una silla de ruedas, aunque unas fotos lo muestran de pie y muy saludable. Y unos días después estaba muerto. Se dice que llegó muerto de La Habana.

¿No es patético? Hace dos meses que este país navega sin presidente, pero imaginarse a este país gobernado por un presidente muerto ya suena macabro.

Así ha sido.

Hugo Chávez Frías no se posesionó. No tuvo alientos para hacerlo. Su período terminó el diez de enero y ni siquiera estaba en Venezuela. ¿Entonces quién gobernaba legalmente? Maduro era el vicepresidente del período pasado. Nadie lo nombró vicepresidente de este período.

Y si en verdad lo fuera, le corresponde entonces asumir la presidencia. Otros consideran que el honor le corresponde a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea y rival de Maduro. Lo haría por treinta días, antes de convocar a elecciones. Pero en Venezuela, como dicen, “uno hace lo que se le da la gana”.

¿Y ahora qué?

Al parecer, Maduro hará campaña, y al parecer se enfrentará a Capriles. Los chavistas no quieren perder el poder ni que se empiecen a destapar las ollas podridas del país más corrupto de América Latina, por encima de México y de Colombia, lo que es mucho decir. Los chavistas ya están en campaña: “El sueño debe continuar”, “el legado de Chávez no puede perderse”, “hacia el socialismo del siglo XXI”. Hablan de los enemigos de la revolución y de la infame derecha. Otro militar, un ministro vestido de militar, habla frente a las cámaras con arrogancia de “darle en la madre a toda esa gente fascista”. No me lo cuenta nadie, lo veo con mis propios ojos. El chavismo, siguiendo el ejemplo del comandante, es mal hablado. Aquí se insultan con pavorosa facilidad.

El venezolano, de hecho, es hosco y agresivo, vulgar y belicoso. Como el mismo Hugo Chávez. Un tipo, cuya novia está parada encima de su motocicleta, me empuja porque rozo una farola, y se desgrana en improperios. A otro cuyo hijo le pedí compustura en el autobús que me llevaba al aeropuerto el pasado primero de noviembre, sólo le faltó mentarme la madre. En este miércoles caliente y sudoroso Chávez parece el rey de los mototaxistas. Han salido de todos los agujeros y se lanzan en contravía y sobre las calzadas, entre pitos y ronroneos, con banderas de la patria y camisetas chavistas, con trapos rojos para ocultar el rostro. Ven pasar el féretro y se lanzan a toda velocidad para verlo pasar de nuevo.

Algo huele mal en Dinamarca y no está debajo de mis zapatos.

Me apena esta gente que llora, respeto su dolor y me duele el sufrimiento de los pobres. “Este pueblo ha sido muy golpeado”, me dice el vendedor de libros y le compro Dostoievski en Manhattan sin regatear. “Pero el dolor fortalece el alma”, sentencia. Le explico que está bien la devoción por los pobres, pero que no se puede espantar a los ricos: tienen el dinero. Y los negocios y las inversiones no se hacen sin dinero. Chávez espantó la inversión extranjera y aisló al país. ¿Qué hubiera sido de Chávez sin el petróleo? ¿Le rendirían los Castro la misma pleitesía? ¿Qué hubiera repartido Chávez entonces? ¿Y sin las multimillonarias regalías del petróleo, qué hubiera sido de todos sus propósitos, en un país que no es autosuficiente, en un país cuyos habitantes viven y respiran subsidiados?

El venezolano, como el cubano, se acostumbró a que le den las cosas. Aquí los pobres esperan que el gobierno les dé una casa y menudo lo dicen en sus elogios al comandante, pero en Colombia, por ejemplo, la gente se desloma por conseguirlo y no espera nada del maldito gobierno. Y hablando de maldiciones, el mismo Chávez consideró que el petróleo era una de ellas. La riqueza moldeó de mala manera al venezolano. En otros tiempos se decía que se bebían el whisky con agua importada. En otros tiempos, cuando era infeliz e indocumentado en San Cristóbal, revisaba las canecas de la basura porque siempre había alguna cosita de valor, alguna cosita necesaria.

Esta revolución bolivariana no existiría sin la lección cubana. De hecho, Chávez asimiló con astucia las estrategias de los Castro para mantenerse en el poder. Ya planeaba quedarse en el sillón de la Casa Rosada hasta el 2030, y en el 2030 no se hubiera ido porque la tarea del socialismo del siglo XXI apenas estaría comenzado, y hubiera llegado a los ochenta ejerciendo el poder a su manera, hasta que se fuera de bruces en público como el mismo Fidel. Chávez ha dividido profundamente la sociedad venezolana, como los Castro: los afortunados se fueron a Miami y otros se lanzaron a las aguas como suicidas para juntarse con “la gusanera”. Aquí se considera que uno está con Chávez o contra Chávez. Aquí se considera que Chávez es el pueblo, y que si uno está contra Chávez está contra el pueblo. Basura. Hugo Chávez no es más que un individuo. Y no es inmortal. “Chávez no se va”, cantan mientras van con el muerto. Ya se fue, señores. Como dijo un muchacho de la manera más elemental y precisa: “Ya se murió, ya no manda más”.

No hay chavismo sin Chávez. Maduro no tiene el carisma. En estos catorce años nadie, absolutamente nadie, opacó el protagonismo del comandante.

El vendedor de libros acepta que se han cometido errores, y es casi la misma visión del vendedor de papelón, una bebida casera muy popular en Venezuela, un guarapo suave y dulce. Me pregunta de dónde vengo, cuándo llegué y a qué periódico represento. Siempre menciono un periódico distinto porque no vengo por cuenta de nadie. Dice: “Aparte de que no le guste Chávez, usted qué opina…” ¿Es tan obvio que no me gusta Chávez? Me hizo falta una gorra chavista para hacer parte del carnaval y para evitar ciertas preguntas. Trato de mantenerme invisible, de moverme con rapidez, de tomar las fotos a toda velocidad y esconder la cámara en el bolso, pero los ojos vigilantes se cuentan por millares.

El vendedor me pregunta si reconozco que Chávez los hizo sentir orgullosos de ser venezolanos, y, mientras me sirve el último vaso de papelón, con más hielo que papelón pero por los mismos diez bolívares, le digo que sí, por supuesto. “La gente de afuera no entiende”, dice. Y pienso que la gente de adentro no entiende ni ve otras cosas. Chávez deja el país destrozado económicamente. El año pasado, en menos de un año, el bolívar se devaluó el cincuenta por ciento. ¿O fue el ciento por ciento? En todo caso, cada vez que uno va a San Antonio, el cambio es otro. El año pasado, a principio de año olvidé diez mil bolívares en una maleta en Cuernavaca, México, y cuando regresé, a finales de año, ya valían la mitad. Los gasté en diciembre como si me quemaran los dedos.

La muerte de Chávez me ha enseñado lo que es una manifestación chavista, toda una engrasada maquinaria. Se arman las tarimas no de un día para otro sino en cuestión de horas, con equipo de sonido y todos los fierros. Se cierran las calles, se despliega la policía. Se trae la gente de todas partes. En este caso, obviamente, vinieron por su cuenta: la ocasión lo amerita. Pero antes, si un chavista faltaba a una manifestación, lo llamaban a su casa: “Camarada, no lo vimos”. La vigilancia chavista es rigurosa: miles de ojos observan. Aunque el voto es secreto, aquí se sabe por quién vota cada ciudadano, y aquí lo grave es no ser chavista. El ojo no es ojo porque lo ves, el ojo es ojo porque te ve, dice el poeta. Chávez fue militar y supo defender como nadie su permanencia en el poder. Empezó su carrera al poder con un intento de golpe de Estado que le significó dos años de cárcel. Chávez reprimió hasta el más mínimo intento de rebeldía. Chávez combatió a sus enemigos, los acosó, los insultó, los mandó a la mierda. “Es una victoria de mierda”, dijo por televisión para minimizar el esfuerzo de sus contendores. Lo escuché, nadie me lo contó. Chávez señalaba un edificio y decía: “Exprópiese”. Chávez señalaba una finca y lo mismo. Chávez ordenó el envío de tropas a la frontera con Colombia, como si nada, como si ordenara que le prepararan un café. Lo vi, nadie me lo contó. En directo, le dijo a uno de sus sirvientes, perdón, a uno de sus ministros: “Envíeme allá quince tanques…” ¿O fueron veinte? Chávez le dio asilo a la guerrilla colombiana sin sonrojarse. Chávez, en su delirio, bien pudo provocar una guerra con Colombia.




Ahora que ha muerto no siento alegría ni tristeza. Siento alivio. Iluso, pienso que a medida que el chavismo se extinga y se cierren las heridas, el pueblo volverá a ser uno solo. Iluso que es uno porque se avecina una campaña agresiva por la presidencia y depende de la inteligencia de sus líderes que el rencor no se desborde en una guerra civil. Gane quien gane, lo más importante es que la gente no se mate. Pero esta tarde, cuando ya desarman las tarimas como toldos de vendedores ambulantes, a medida que regreso al hotel por estas calles revueltas, repletas de basura y hombres viejos dormidos en las aceras, hombres cabizbajos recostados contra un muro o empujando destartaladas sillas de ruedas, siento un alivio, y con ese mismo alivio mañana mismo levanto vuelo.



Triunfo Arciniegas

6 de marzo de 2013


martes, 5 de marzo de 2013

Casa de citas / Claudia Isaza / Murciélago



Claudia Isaza
MURCIÉLAGO

Anoche soñé que eramos marido y mujer y que una hechicera te había convertido en murcielago y estabas atrapado en una bolsa de tela. Yo recogía lápices de colores en el suelo. Era de noche.




lunes, 4 de marzo de 2013

Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Perro mojado

Kenwood
Escultura de Getúlio Damado
Rio de Janeiro, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
Filósofo de Semáforo
PERRO MOJADO

Perro mojado, siempre se sacude.

Filósofo de semáforo


domingo, 3 de marzo de 2013

Diario / La tumba de Monteiro Lobato





Triunfo Arciniegas
La tumba de Monteiro Lobato 
28 de febrero de 2013 

Esta tarde fui por tercera y última vez al Cemitério da Consolação a buscar a Monteiro Lobato. En dos días dejo  São Paulo. Eran más de las cinco y media de la tarde, casi las seis. Caminé por aquí y por allá, en un cementerio que me parece cada vez más grande y donde las tumbas cambian de lugar. Hay parranda en las noches. Al amanecer, los finados tratan de dejar las cosas tan como estaban, pero algo se nota. 

Le pregunté por Monteiro Lobato a un caballero muy elegante que parecía vigilar el lugar, y dijo que no sabía, y me señaló el centro del cementerio, una especie de capilla. El cementerio tiene teléfonos, sanitarios y sillas de ruedas para minusválidos. "Toqué la campanilla", dijo el caballero. Imaginé que allí "mora" el famoso señor Popó. 

Seguí caminando y de pronto, de la nada, apareció un hombre vestido todo de negro, con una especie de levita de pistolero del Oeste y botas con clavos, maquillado y con el cabello tieso, alto y delgado.  Me dio un susto de muerte que tuve que disimular para preguntarle si sabía dónde estaba la tumba de Monteiro Lobato. Caminamos juntos hacia la dirección que señaló con el dedo. En realidad, lo seguí. "Hace tanto tiempo que no hablo español", dijo con un acento desconocido, con una voz grave. Pensé que aún no cumplía los veinticinco, tal vez acababa de cumplir los veintidós. Le pregunté qué países conocía pero no respondió. ¿Qué tal que hubiera dicho: "Transilvania"?

Llegamos a la tumba casi volando, quiero decir, en un instante.

Tomé algunas fotos y le pregunté si quería posar frente a la tumba. "No es necesario", dijo. Ya me interesaba más su pinta que la propia tumba, pero no tuve el descaro de insistir que me posara. Solo le pedí que me tomara una foto. Me preguntó sobre el manejo de la cámara y disparó dos veces. Me vi en la pantalla frente a la tumba, juro que me vi, al recibir la cámara, pero luego, en el hotel, ninguna de las fotos apareció en la tarjeta de la memoria.

"Tenga cuidado con los funcionarios", me advirtió. "Está prohibido tomar fotos." Fue una extraña y fugaz complicidad.



Puse la cámara en el piso y me hice un par de fotos. Una precaución que valió la pena aunque el resultado no fue precisamente bueno. Una extraña luz me hizo una jugarreta.

Me tomé el par de fotos y entonces volví a mirar hacia donde estaba el hombre unos segundos antes para darle las gracias, pero había desaparecido. Abandoné el cementerio como alma que lleva el diablo.


São Paulo, 28 de febrero de 2013 


sábado, 2 de marzo de 2013

Triunfo Arciniegas / El árbol triste / Preguntas de Lina Vargas




EL ÁRBOL TRISTE
Preguntas de Lina Vargas
Revista Arcadia


El árbol triste, publicado por Ediciones SM México, indica un punto de giro en la obra de Arciniegas. Ya no hay humor sino una reflexión realista durísima sobre la guerra, y en especial sobre la guerra en Colombia. ¿Cuál fue el origen de este libro?

Un árbol y tres pájaros.

Del grupo de libros para niños que hablan sobre el conflicto, El árbol triste es uno de los más sutiles y emotivos. ¿Qué tipo de lector tenía en mente cuando lo escribió? 

Un lector inteligente, un altísimo lector, es decir, un niño.

¿Por qué la guerra?

Estoy enfrentando otros temas. Quiero escribir sobre el dolor, la vejez, la soledad, la muerte. Asuntos fundamentales, verdades ineludibles, preguntas eternas. Uno de mis últimos libros, El rabo de Paco, publicado por Fondo de Cultura Económica, trata de la mutilación. Y el último, El niño gato, publicado por SM hace dos días, enfrenta al problema de la identidad. Todo esto también es la vida. No creo que debamos mantener a nuestros niños en un corralito de piedra, con una literatura rosa, falsa y mentirosa. De todos modos, ellos no son para nada inocentes, como suelen creer los adultos. Ellos saben, y a menudo más que nosotros.

¿Por qué un libro para niños que desde la ficción toque el tema de la guerra?

La guerra es parte de nuestra miserable vida cotidiana. Es uno más de los asuntos de la realidad del país del Sangrado Corazón. Desde el principio de los tiempos el hombre se enfrenta a muerte con el mismo hombre. Esa criatura tan maravillosa, tan llena de magia y poesía, es también capaz de las cosas más horribles. Fíjese bien, Colombia es un país católico, dedicado al Sagrado Corazón, y presenta al mundo semejante cosecha de muertos. Aquí los asesinatos se dan al por mayor. Los sicarios invocan a la Virgen para que les afine la puntería. Se sabe de personajes con cien, doscientos o más muertos encima, que en el peor de los casos pagarán condenas ridículas y seguirán tan campantes, disfrutando de los bienes ajenos, mientras los pobres muertos siguen muertos y las viudas y los huérfanos se retuercen por siempre en la casa del dolor. El historiador Jorge Orlando Melo calcula que en los últimos cincuenta años han sido asesinadas en Colombia 709.000 personas. Y no los contó a todos. El mismo historiador considera que en es probable que en esas cuentas no figuren las víctimas enterradas en fosas comunes y las arrojadas a los ríos. ¿Y si el cálculo arrancara desde el año sangriento de 1948? Nuestro Himno Nacional dice que cesó la horrible noche y el bien germina ya, cuando en realidad el rancho sigue ardiendo. Nos ponemos la mano en el pecho para cantar mentiras. No recuerdo a quién le oí esta frase: “Pobrecitas las mujeres, nos estamos quedando sin hombres”. ¿De dónde sacan ese cuento de que somos uno de los países más felices del mundo? Nadie es feliz en peligro de muerte. ¿Quiénes hacen las encuestas y a quién demonios le preguntan? ¿Por qué García Márquez, a quien admiro y respeto, dijo que Colombia es el mejor vividero del mundo? Sin embargo, Gabito no vive en Colombia y cuando nos visitaba requería de guardaespaldas. ¿Será que confundimos la parranda con la felicidad? Somos parranderos, afectuosos, tercos. Nos mantenemos a pesar de las adversidades. Falseamos la realidad con palabras. La falsea el gobierno, en primer lugar. A la guerra le dicen “conflicto”, a los secuestrados los confunden con “retenidos” y a los desplazados los denominan “migrantes”. Terminarán por confundirlos con turistas. No se trata de un vicio exclusivo. En otras partes hablan de “fuego amigo”, “misiles inteligentes” y “guerra preventiva”. Desde hace unos veinte años, en Colombia, a los vagabundos, esos pobres infelices que no tienen techo y que pasan el día buscando un pan para saciar las tripas, los identifican con una palabra asquerosa: “desechables”. Es decir, eliminables. Es decir, y se ha hecho, que cualquier hijo de perra puede salir una noche de éstas a matarlos. La operación se denomina “limpieza social”. La operación abarca otros “objetivos”, por supuesto, depende del hijo de perra que la practique.


viernes, 1 de marzo de 2013

Diario / De noche, por Maria Antonia



Triunfo Arciniegas
DE NOCHE, POR MARIA ANTONIA
São Paulo, 28 de febrero de 2013 

Anoche salí a caminar por María Antonia. Entiéndase bien: no salí a caminar con Maria Antonia ni a caminarle a Maria Antonia sino a recorrer "a rua" de este nombre. No hago vida nocturna por dos razones: para reducir gastos y evitar riesgos. Los peligros se acentuan de noche, territorio propio de amantes, ladrones y asesinos. Una noche de parranda puede costarme lo mismo que tres o cuatro días de viaje. 

Había mucha gente a medianoche, sobre todo muchachos, sobre todo muchachas. En mi niñez los bares eran de hombres y las únicas mujeres que se veían eran las meseras, de mala reputación, por supuesto. Ahora se ven mujeres solas y grupos de mujeres sin ningún hombre, y beben y fuman y dicen palabrotas. Si hay algo más triste que un borracho, es una mujer borracha.

Había partido de fútbol anoche: los televisores estaban encendidos pero pocos seguían las jugadas. La gente está más interesada en juntarse con otra gente, en hablar, en sentirse menos sola, que otra cosa. El partido no es más que el pretexto.

Caminé hasta donde había bares, y luego regresé. No domino el territorio y no tengo ninguna necesidad de exponerme. Salí sin documentos y sin dinero, sin la cámara, pero de todas maneras más vale evitar que lamentar. 

Volví al hotel y todavía no había internet. Así leí unas páginas de Salcedo Ramos (ya casi acabo esa maravilla de libro que es La eterna parranda, el laberinto de la soledad de los colombianos) y otras de Guimarães Rosa. Llegó a mis manos Primeiras estórias. Qué complicado es este hombre. Ya lo sabía. Una cosa es leer a Rubem Fonseca, directo y seco, y otra cosa es este lenguaje cortado a navajazos, misterioso y profundo. Lo reconozco: mis dominios de la lengua portuguesa no alcanzan todavía para leer a Guimarães Rosa. A terceira margen do Rio sigue siendo un cuentazo, una obra maestra, pero lo mejor por ahora será volver a las páginas de Papillon. A Henri Charriere le interesa contar una aventura y punto, sin juegos de lenguaje ni arandelas. Pero Henri Charriere, si es que acaso escribió este librazo, es un escritor de aventuras, algo ligero, como para los días de playa. Guimarães Rosa, en cambio, es un escritor de peso completo, y para toda la vida.

Triunfo Arciniegas
São Paulo, 28 de febrero de 2013 




jueves, 28 de febrero de 2013

Triunfo Arciniegas / Filósofo de semáforo / Pesarse da pesar



Triunfo Arciniegas 
PESARSE DA PESAR

Es cierto: esta mañana  me pesé y me pesó. Los años traen su propio peso, en kilos y en pesares. Y, como bien se sabe, todo se hace más difícil. Ojalá uno, a estas alturas, necesitara apenas chasquear los dedos para quitarse de encima peso y pesares.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Diario / Tratado del olvido

Caveira
Rio de Janeiro, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
TRATADO DE OLVIDO
São Paulo, 27 de febrero de 2013


Olvidé escribir que ayer cumplí años. En realidad, lejos de casa, no sé si los cumplí. Hace un año era domingo y estaba en un hotel del centro de Ciudad de México, cerca de la plaza Garibaldi, y esa noche los marichis me festejaron gratis sin saberlo. Fue una fiesta apoteósica: todos tocaban y cantaban y bebían tequila. Acudieron todos los desconocidos. Venía entonces del carnaval de Veracruz y había pasado unas cinco horas arrastrando una maleta por las calles atestadas en busca de un bendito hotel. Hace dos años, también por razones de carnaval, sudaba como un caballo en un hotel de pobres de Barranquilla de cuyo nombre no consigo acordarme. Y ahora, "moro" en el hotel Dann de la rua Costelação, en São Paulo, Brasil. 

Salí temprano, después de leer tres cuentos de Rubem Fonseca en portugués y desayunar como un rey. Cantándome sin pudor el cumpleaños, ahora que hablo solo y me contesto, que río y lloro casi por las mismas razones, caminé por "a rua Consolação" hasta el "Cemitério da Consolação", donde ya había estado el domingo, y tomé otras fotografías, mientras buscaba en vano las tumbas de Monterio Lobato y Mário de Andrade. No sé si habían salido. Tal vez se les prolongó la parranda del fin de semana. O tal vez ni siquiera han vuelto del carnaval. Todo puede esperarse de estos señores.

Regresé al hotel y bajé las fotos. Renové la tarjeta de internet, que cuesta diez reales por día, subí cuatro blogs y me quedé trabajando en el quinto. Como aún no termino el bendito texto sobre la noche del sámbodromo que cierra el Carnaval, hice una entrada sobre el cementerio vecino que me tomó casi todo el día.

Salí al final del día a comprar Cetirizina para calmar esta alergia. Me mata el calor. Me baño tres veces al día. Sudo bajo la misma ducha. Aun no encuentro el remedio de Pedrillo, mi pobre perro viejo que se lanzó en su juventud dos veces de la azotea y que otra vez se enfermó en Pamplona: se le volvieron a enredar las patas. No se recuperó del todo de la segunda caída. Milú lo enamoró y se fue al monte con otros perros, maldita sea, y esa pena casi lo mata. Pasó la noche quejándose en la azotea. Me contó René, ahora que me llama al hotel todos los días, que Alejandra le diseñó otros zapatos para protegerle las uñas del roce del pavimento. Y a propósito de retorcimientos y de "bogotanas torcidas", ayer compré Torsilax, un remedio mágico que requiere con urgencia en Bogotá Irene Vasco de Peralta y Gato. Le tomé una foto a las "dois caxas" en la ventana, como si fueran palomas que descansan del vuelo, y se la envié para demostrarle que su encargo era un hecho. Compré un jabón de olor y un par de máquinas de afeitar. Encontré un coto de caza fabuloso, una pequeña librería de barrio, disimulada entre otras tiendas. Entré y compré diez libros (nueve en portugués y uno en español) y dos películas originales: Hamlet de Zeferelli y Lua de fel de Polanski. Es curioso, entre los diez libros viene una biografía de Polanski que me gustaría leer de inmediato pero que debe esperar su turno. Su vida y su obra me interesan. Es un pervertido y es uno de los grandes directores de nuestro tiempo, ambos asuntos me apasionan por igual. También compré agua y unos dulces. Quería una botella de vino o el licor de alguna fruta para festejar, pero no me decidí al final de cuentas. Así que pasé un día de perfecta soledad, sin amigos ni mujeres, sin vino ni cigarrillos, en otro país y en lengua ajena. Cualquiera diría que me preparo para suicidarme, que voy a meterme desnudo en la tina y me abriré las venas, y no es así. No hay tina.

Tengo planes maravillosos. Sé que voy con veinte años de atraso, pero siento que hasta ahora estoy empezando, que me quedan por escribir los mejores libros y que una deliciosa mujer me espera en algún recodo del camino para recorrer como locos las calles de París, que hasta ahora estoy haciendo los mejores viajes y que llevaré a feliz término este proyecto de carnavales: me veo en San Juan de Pasto y Rio Sucio, en Oruro y Nueva Orleáns, en Cádiz y Tenerife, en Venecia, para expresarlo de manera bella, y por lo tanto poética, como marrano estrenando lazo. "Tudo bem", como dicen por acá. Cien personas me escribieron en Facebook amorosos mensajes de cumpleaños. Me gustaría invitarlos a casa a todos y hacer una parranda, pero están regados por todo el mundo y no sé conocen entre sí. Les contesté a todos y les pedí perdón por la saudade. Aclaré que no voy  a cerrar por motivos de melancolía. A la mayoría nunca los he visto en carne y hueso. Uno de ellos dijo que no sólo tengo el privilegio de escribir sino la obligación de hacerlo, y eso me encantó. Asumo dichoso mi papel. Soy un ojo del mundo, soy una lengua, soy un testigo de mis días.

No tomé una sola foto ayer en la tarde, y luego me di cuenta que había olvidado la tarjeta de la cámara en el portátil. Las compras pesaban demasiado: agua (una botella grande y otra chiquita) y remedios, libros y películas, diez libros y dos películas, jabón y máquinas de afeitar, un jabón y dos máquinas. Se había desgastado por tanto uso la gozosa luz del día cuando decidí dejar para después la nueva estación del metro y regresé al hotel. Me sentí uno más del barrio mientras volvía al hogar dulce hogar viendo a la gente tomarse un café en una mesa de la calle y oliendo la marihuana de los muchachos en el bar de la esquina. Seguí trabajando en las fotos del cementerio. Quedan algunas buenas.

No duermo bien, trabajo mucho, la ciudad ha sido relegada ante tal ritmo de escritura. La falta de sueño me vuelve torpe. Quiebro vasos o derramo el café en los manteles, me golpeo contra las paredes o se me caen las cosas y no puedo controlar la emoción cuando converso con el portero o con el dueño de un kiosco o algún mesero. Pensarán que estoy loco o que soy un idiota. Esta mañana subí corriendo las escaleras del hotel y me caí. Me duele la mano izquierda, que asumió el impacto de la caída y protegió con asombroso arrojo los huesos de este pobre bebedor de relámpagos. Hace tres o cuatro días me hice una herida en la mano derecha: nada grave y hasta salió bonita en la foto. Pero no todo es carnaval, no todo es fiesta en la viña del Señor, puedo decir. No duermo bien pero estoy escribiendo de maravilla, como lo hacía en México en otros años. El año pasado no me funcionó la musa en los dominios del jaguar. Hice dos viajes, de mes y medio cada uno, y ambos fracasaron. Y ahora, después de un sueño intranquilo que bien pudo transformarme en un monstruoso insecto, escribo como un río a razón de un capítulo diario sobre un bar donde pasa de todo. La falta de sueño, la excitación de la escritura, el calor profundo, el mismo y melodioso idioma, me mantienen en otra dimensión, en otro cuarto que no es éste. No sé por qué el hotel me cobra una tarifa tan alta cuando ni siquiera estoy aquí.

Tampoco sé cuántos años acumulo entre pecho y espalda y, como casi todo mundo, a menos que una enfermedad haya dictado sentencia, tampoco sé cuántos me restan en esta tierra de nadie. Lo lamento: en Navidad y Año Nuevo y en estas fechas siniestras solo pienso en la muerte. No veo que sea un año más sino uno menos.




martes, 26 de febrero de 2013

Casa de citas / Pilar Eloísa Tobón / Estoy viva

Plumaje
La Bocana, Colombia, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas

Pilar Eloísa Tobón
ESTOY VIVA



Salí a tomar un taxi a las 9.45 pm, después de una larga jornada de trabajo. Estaba a punto de abordarlo cuando escuché el sonido inconfundible de las balas. Una mujer joven dejó su moto para refugiarse casi que a mi lado, nos cubría un poste de energía. Yo miraba, perpleja, el paisaje del miedo y la impotencia. No entendía lo que realmente estaba pasando. 

Subí al vehículo después de escuchar el grito de desespero del taxista. Me preguntó a grito herido: "¿Está usted bien?"


Sí, señor, estaba bien, un poco aturdida por el ruido, nada más.

Cuando llegamos a la casa, me dijo: "Ahora sí puede decir que tiene un ángel de la guarda, las balas pasaron a nuestro lado, estamos vivos, es un milagro".

No fue una película, tampoco un sueño. Anoche se enfrentaron dos bandas en una zona céntrica de la ciudad de Medellín, y yo fui testigo de la demencia en que vivimos. Estoy viva...



Medellín, 24 de febrero de 2013






lunes, 25 de febrero de 2013

Diario / El monstruo de las diez cabezas / Primera parte

Pies
Família Culunna
São Paulo / Cemitério da Consolação
24 de febrero de 2013
Foto de Triunfo Arcinies


Triunfo Arciniegas
El monstruo de las diez cabezas / Primera parte
São Paulo, 25 de febrero de 2013

Qué barbaridad, señoras y señores, he repetido casi sin proponérmelo la hazaña del pasado primero de febrero: de la medianoche a la madrugada subí las diez entradas de los diez blogs que mantengo en ejercicio en este momento.

Empecé con el más reciente, Pessoa, una criatura que todavía no cumple el mes, señoras y señoras, pero que ya cuenta con 37 entradas. Nació a principios de febrero, apenas llegué a Rio de Janeiro. Decidí darle de comer todos los días, y de pronto me di cuenta que tenía hambre atrasada y fui llenando las fechas de enero. Así que este blog, como sucede con otros míos, crece hacia adelante y hacia atrás. No les extrañe que Pessoa se tome 2012 para las entradas que no tienen que ver con la actualidad. Le di a medianoche su ración en portugués a Pessoa, la última cabeza del monstruo: Yoani Sánchez, la bloguera cubana que al fin pudo salir de Cuba, porque el milenario regimen de los Castro confunde a los cubanos con niños chiquitos que no pueden salir a la calle sin permiso. Yoani Sánchez está "muito" feliz en Rio de Janeiro, señores y señoras. Ha venido a descansar, según dice, y a encontrarse con los amigos, y a escribir y a gozar de la playa. Le hice entrada doble: a su viaje y a sus largos cabellos, tan largos e independientes como ella misma. ¿Por qué empezó su gira internacional por este país? Así responde: "Escolhi o Brasil porque aqui vivem as pessoas que mais me deram força e pressionaram para eu continuar minha luta. Quando perdi a esperança e quando parecia que eu nunca sairia da ilha, foi aqui que encontrei a maior ajuda". (Escogí Brasil porque aquí viven las personas que me dieron fuerza y presionaron para que continuara mi lucha. Cuando perdí la esperanza y cuando parecía que nunca saldría de la isla, encontré aquí la mejor ayuda")

Y voy subiendo por la columna de mis blogs. En Secretos, "Una perra cara", otro cuentazo de Chejov, que en realidad no tiene pierde. Creo que Secretos mantendrá su deliciosa convivencia con Chejov por un largo tiempo.

En Biographies, blog en inglés, por supuesto, subí la vida y los milagros de Manuel Puig. En Dragon tengo una entrevista lista para subir. Estoy en deuda con este escritor, que hace años no leo pero cuyo aprecio no ha disminuido un centímetro. Quien no recuerda la luminosa belleza de sus titulos: Sangre de amor correspondido, Maldición eterna a quien lea estas páginas, El beso de la mujer araña, Boquitas pintadas...  

En Biografías el lector encontrará un trabajo que no se hace en un día: noticias sobre la vida y obra de Néstor Sánchez. Quién es ese man, preguntará más de uno, y eso que el olvido recién comienza. La vida de Néstor Sánchez, un hombre de letras festejado por los grandes, un innovador de la forma en esa época en que casi todos los escritores pretendían contar una historia de la manera más complicada posible, un hombre que terminó en las calles como un vagabundo cualquiera, resulta a todas luces asombrosa. Varios enlaces.

En Dragon la cosa está fácil: fotos de Larry Bell, bajo el título Portrait of an american artist. Esta semana, dedicado a entradas visuales de escritores, actores, pintores o sencillamente mujeres hermosas, casi es un descanso para Dragon. "Galleries" termina mañana con Sofía Vergara, quien lame un helado con infinito placer en las gloriosas calles de Nueva York. Y la bellísima Sofía, la sabia y currambera Sofía, es apenas un anticipo de lo que vendrá: la diosa, la más bella de todas, "la coisa mais linda", la legendaria Marilyn Monroe.

¿Qué tenemos en Kiss? Un poema de Michael Dickman, "White Migrane". No sé mucho de Miachael Dichman, aparte de que es el feliz autor de The End of the West (Copper Canyon Press, 2009) y Flies (Copper Canyon Press, 2011). Este blog es uno de los más duros de trabajar y no encuentra los lectores que se merece: apenas entre cincuenta y cien visitas diarias. Pocas para tanto, digo. Un día, si la situación no mejora, hará parte de Dragon. Ambos funcionan en inglés y sería una respuesta lógica.

Mester de brevería se mueve lento, pero es en español, señores,  y trata de un asunto que amo y practico: el cuento breve. Con el tiempo crecerá en el aprecio de los lectores. O terminaré cerrándolo con quinientas o mil entradas. Podría agregar un subtítulo: "Los quinientos mejores cuentos cortos del mundo" o algo así. O "Los mil mejores cuentos cortos del mundo". Un subtítulo exagerado pero de eso vive la publicidad. Y lo suspendo para siempre, dejándolo como una biblioteca virtual, a la mano para todo el mundo, a la mano para mí en todas las ciudades del mundo que visite el resto de vida.

Está de lujo Mester de brevería: nada más ni nada menos que Juan Carlos Onetti. Esta madrugada subí (en  realidad cambié de fecha) "La mano", doloroso e intenso relato breve, una pieza maestra indiscutible. Hace unos días subí "Los besos" (y aquí pueden repetirse los comentarios de "La mano") y en tres días remataré con "El cerdito". Y todo esto después de un ciclo de Luisa Valenzuela, la genial argentina, y antes de otro sobre un descubrimiento mío reciente, el maravilloso chileno que vive en un rinconcito de los Estados Unidos de cuyo nombre no consigo acordarme, Juan Armando Epple. Así que Mester de brevería debería beberse como agua fresca.

En De otros mundos, como aún no termino la crónica sobre "La noche de campeones" en el Sambódromo da Marquês de Sapucaí, inventé esta madrugada una entrada de textos ajenos con fotos mías: "Breves apuntes sobre el carnaval". Páginas valiosas, y siempre a la mano, para mis próximos carnavales. De otros mundos, con 117 seguidores y más de mil entradas publicadas, es mi blog más importante y más visitado. Pronto redondeará el medio millón de visitas. Ya quisiera esta misma suerte para los otros blogs. 

Fotos de Triunfo Arciniegas es otro blog reciente. Apenas va por su tercer ciclo, "Rio de Janeiro", después de las cien fotos de "México lindo  y querido", y las sesenta y dos de "Por donde asoma la luna". Este blog pretende mostrar una foto diaria, eso es todo, pero hace unas semanas se me ocurrió anexar un pie de foto, para volver la cosa más sabrosa, y en qué berenjenal me he metido. Luego decidí que escribiría el pie de foto cuando me venga la inspiración. No siempre se puede, señores, no siempre. 

"La rubia platinada", recién subida a este blog, es la foto de un hombre con peluca que recorría con otros dos la avenida Rio Branco en los días del Carnaval de Rio 2013. Hablé con él y me impresionaron por igual su voz y su amabilidad. De eso se trata, de ver el animal por dentro, de explorar sus entrañas. No se trata de criticar o juzgar a un hombre disfrazado de mujer y nada más, se trata de ver a una persona que se divierte con los demás, que explora el frenesí colectivo, que vive la música, que baila, que se zarandea por las calles revueltas de Rio de Janeiro y que por unos días se burla de la muerte. Se trata de entender. Pero, sobre todas las cosas, se trata de vivir.

Y por fin, señoras y señores, termino en Ficciones con este texto, con las líneas que ahora escribo, en una mañana calurosa, en un hotel de Sao Paulo, sobre "a rua Consolação" y muy cerca del cementerio del mismo nombre.

Triunfo Arciniegas
São Paulo, 25 de febrero de 2013



domingo, 24 de febrero de 2013

Diario / Dicen

Cabra triste
Escultura de Getúlio Damado
Rio de Janeiro, 2013
Fotografía de TriunfoArciniega

Triunfo Arciniegas
Dicen
São Paulo, 24 de febrero de 2013

Eso han dicho y me resisto a creerlo: cumplo años en un par de días. Ya no quiero saber cuántos. Ni mucho menos que me pregunten. Son demasiados y el cuerpo acusa recibo. Los últimos diez años han sido un desastre. Digamos que hasta hace diez todo andaba bien. El amor, como diría la canción, dejó de alumbrar o al menos ya no alumbra como ayer. Todo estaba bien cuando el amor se mostraba generoso pero, la verdad sea dicha, se vuelve patético a estas alturas, patético y escaso, y uno como que se va acostumbrando a andar solo por estas tierras de nadie. "No es que no duela -me dijo la jarocha. Es que me acostumbré a su dolor." 

Leí en alguna parte y estoy de acuerdo: "La vida sólo es soportable en estado de embriaguez, ya sea amorosa, etílica o religiosa". De niño viví la embriaguez religiosa a plenitud, y en seguida llegó la embriaguez amorosa, esa que se vuelve esquiva con los años. Les queda a todos, a los viejos, a los pobres y feos que todo se les fue en deseo, a quienes extraviaron los sueños por el camino, nos queda a todos, diría, la embriaguez alcohólica. Pero nunca he sido un borracho y hay días en que de verdad lo lamento. "Tiene que quitarse ese defecto", me decían en Bogotá. Pero no, no he podido.

Había preparado unos apuntes ácidos para esta entrada, pero no los encuentro, ni en los borradores del blog ni en los discos duros ni en los cuadernos de viaje. Tal vez solo rondaron en mi cabeza. Me quedaré hasta el 27 o 28 en São Paulo, que apenas empiezo a explorar, y volveré a Rio de Janeiro a rematar este viaje antes de volar a Caracas: me quedan unos tres o cuatro días de playa todavía. Nadie puede decir que sufro, pero tampoco nadie puede decir que soy feliz. No viene al caso pero acabo de acordarme de una frase demoledora de María Luisa Bombal: "A veces me parece que estoy muerta, pero si estoy muerta por qué sufro tanto". No estoy muerto porque me le escondo a la muerte, porque aprendí a entretener a la muerte para que espere detrás de puerta. Sufro a veces, como todo el mundo, pero no de la manera intensa y continua de María Luisa Bombal. Lloro a veces por las calles como lo hacía de niño, pero duermo y se  me olvida. Como dicen en Facebook: "Es complicado".

Triunfo Arciniegas
São Paulo, 24 de febrero de 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

Diario / La eterna parranda




Triunfo Arciniegas
LA ETERNA PARRANDA
Rio de Janeiro, 22 de febrero de 2013



¿Qué es lo que hace que este libro me mantenga tan entretenido, tan agarrado? Compré La eterna parranda en el aeropuerto de Caracas a principios de mes, de paso a Rio de Janeiro, donde solo pensaba leer en la lengua de Rubem Fonseca, y a Fonseca justamente.  Vi el libro en la única librería del aeropuerto, una tienda chiquita, y me acerqué a preguntar por su precio en bolívares. Hice la conversión a pesos y me decidí. Pero, entonces, en la registradora, su precio aumentó. Según la costumbre y la lógica, el  precio va a favor del comprador,  pero en esta patria socialista no fue así. La niña esperó con cierta pena a que me decidiera y acepté el sobreprecio, un gesto que ella agradeció porque otro cliente ya estaría peleando.
Me hurgue leer, ando contento y no quiero pelear con nadie. Conozco a Alberto Salcedo Ramos  desde un título que me impresionó, un libro que despaché de un tirón, “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho”. No, hombre desde mucho antes. Tengo en casa, leído y subrayado, "Diez juglares en su patio". Leí su libro sobre Pambelé, por supuesto.  He fotografiado a Pambelé porque, como el mismo Alberto Salcedo  dice, Pambelé está en todas partes, y así quién no: en la avenida diecinueve de Bogotá, en el mercado de las pulgas y hasta en Corferias, el recinto de las ferias en Bogotá.
Así que me fui feliz con el hombre, porque lo conozco, porque no tiene pierde, y con más de tres horas libres para el vuelo a Rio. Empecé La eterna parranda de atrás hacia adelante, con tres crónicas muy personales que curiosamente ya conocía, una especie de coda, de “bonustrack”: una muy cómica sobre una niña caprichosa que el cronista conoció en la infancia, otra conmovedora hasta los huesos sobre la madre, que en cierta forma es la madre que todos hemos tenido, y otra feroz y cínica y muy dolorosa sobre el famoso paseo millonario, el secuestro con robo instantáneo de la cuenta en el cajero electrónico que sufren algunos colombianos que toman el taxi equivocado en Bogotá.
Con estos textos, tan diversos e intensos, resueltos con un lenguaje en apariencia simple pero en el  fondo muy eficaz, con las palabras de todos los días, con frases precisas y párrafos tallados y enlazados con paciencia de relojero, cualquier lector se engancha.
Así que me fui al principio del libro pero hice trampa. Quise decir que iba para el principio pero me saltaron a la cara las 64 páginas dedicas a la vida y obra de un personaje detestable, el cantante colombiano Diomedes Diaz. Había leído la crónica en Soho, en el 2010, y el asombro por la técnica, por la mirada desde la sombra de Alberto Salcedo y por la armazón del texto, prevaleció intacto y tal vez más sólido e invencible. El cronista no habló una sola vez con Diomedes, que siempre le negó la entrevista, pero aun así hizo un retrato poderoso del héroe criollo y asesino reconocido, un retrato profundo, conmovedor y despiadado,  de la misma manera que Gay Talese despachó a Frank Sinata cuando estaba resfriado.
Ambos textos merecen la cátedra y el minucioso estudio de los aprendices porque ambos textos son hondos pozos de secretos, ambos textos merecen una y otra lectura. En dos o tres años, cuando haya olvidado detalles, volveré a estas 64 páginas, como vuelvo siempre a Talese.
Ya íbamos para el avión  y me dejaron pasaron sin rechistar con “mi eterna parranda”. Entonces de verdad entré a la parranda bonita, la cosa festiva y feliz, la vida larga y jocosa de un gran hombre, Emiliano Zapata Baquero, responsable de “La gota fría”, la indiscutible pieza maestra de Alberto Salcedo Ramos, “El testamento del viejo Mile”. Que el lector mismo vaya por las flores. Todo es ganancia en estas líneas, que, como Kokorico, no tienen presa mala.
Y por fin, en pleno vuelo y a unos novecientos kilómetros por hora, con la lucecita de mi asiento encendida, llegué a la primera crónica, la historia de Rocky Valdés, un boxeador que vive feliz en Cartagena de Indias,  feliz y lleno de plata porque no fue bruto como Pambelé y supo aprovechar los buenos tiempos, un hombre feliz y sobre todo un caballero. Porque estamos en la sección del libro, si excluimos a Diomedes, dedicada a grandes hombres. Ante el palabrero Juan Sierra y el enfermero de los secuestrados William Pérez Medina me quito el sombrero. Mis respetos, mi agradecimiento.
El árbitro que expulsó a Pelé es otro cuento. Ya juzgará el lector al Chato Guillermo Velázquez, que recorrió las canchas repartiendo los coñazos que ahora niega, y que se atrevió a sacar del juego al mismísimo rey Pelé el miércoles 17 de julio de 1968, de una cancha colombiana precisamente, y que fue agredido por todo el equipo Santos de Brasil, el Santos nada más y nada menos, el más grande del mundo en su tiempo, agredido por todos menos por el médico, un periodista y Pelé, y que de inmediato fueron demandados por el Chato, desde luego, y que después ofrecieron sus disculpas por escrito y tuvieron que pagar dieciocho mil pesos para largarse a las tierras del Brasil que ya casi tengo a la mano.
Y de esta parte, con su mirada sabia, limpia y a menudo con el necesario humor, Alberto Salcedo nos lleva de la mano a la galería de los fracasados, de los bufones, de los que no fueron nada y se quedaron sin la tajada de gloria en esta tierra de nadie. 182 – 228: 46 páginas.
Un boxeador viejo y fracasado se arriesga a una noche de trompadas por un dinero que necesita para sobrevivir con su fábrica de traperos, un equipo de fútbol de travestis entretiene con su lengua y con las demás partes de su anatomía a un público que no los soporta en otros ambientes, “un sobrado de tigre, es decir, un vomito de animal, pasea sus desgracias por las arenas sin gloria de las ciudades de provincia, y Caraballo, un antiguo boxeador que no necesitó corona para ser campeón de boxeo, se prueba  el traje que alguna vez fue de esplendor y escándalos, que alguna vez fue magnífico y ahora es un trapo ya casi deshilachado, una cosa para esconder en el armario. “Chivolito”, bufón de velorios, una crónica regia. Un futbolista sin gloria y sin dinero trapea un piso con su orgullo, unos enanos hacen del toreo un circo, y la galería se cierra con la vida triste y algo patética de un circo en tierras ajenas.
Porque viene entonces la parte dura, densa, peliaguda del País del Sagrado Corazón de Jesús: “Colombia, carajo, entre el esplendor y la miseria”. Amanece en São Paulo y cambio de avión para seguir a Rio de Janeiro, a cuyo aeropuerto  no llegan a esperarme a tiempo, donde filman una telenovela, donde tres días después protestarán unas mujeres con los senos al aire, y entonces me siento a esperar, por supuesto, con Alberto Salcedo Ramos, por supuesto, y sé que el hombre seguirá conmigo por las calles calientes del carnaval de Rio, donde brindaremos  locos y felices, porque la vida sigue, hermano.

Triunfo Arciniegas
São Paulo, 23 de febrero de 2013




viernes, 22 de febrero de 2013

Diario / Intimidad

Besos bajo el sombrero
Santa Teresa, Rio de Janeiro, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
INTIMIDAD
Rio de Janeiro, 22 de febrero de 2013


Puedo exponer mi intimidad hasta donde se me antoje o hasta los límites de mis propios pudores, pero no puedo exponer la intimidad ajena. Soy cuidadoso al registrar experiencias que involucran a otras personas, personas de carne y hueso, con nombre propio: no tengo ningún derecho a exponerlas al ojo público. A veces prefiero pasar sin mencionarlas. Si visito o vivo en la casa de alguien no puedo precisar ni sus rasgos del dueño ni la geografía del barrio. Exagerando la nota nunca diría que tal casa se queda sola los fines de semana y que los ladrones no serán molestados durante el noble ejercicio de su profesión o que tal mujer vive desnuda y con las ventanas abiertas. O que mantiene amores con hombres ajenos. O que dio muerte a un marido que todo mundo supone en tierras ajenas y que lo riega en el jardín con el agua de sus propios remordimientos como si fuese a resucitar al final de los tiempos.

Ha sido difícil precisar los límites. ¿Hasta dónde debo contar? ¿Interesan mis miserias o solamente mis experiencias por este mundo de nadie? El diario crece cuando viajo porque pasan infinidad de cosas: contar un día con todos sus detalles requeriría una extensión de mil páginas, y se transformaría en un texto tedioso, por supuesto. No creo que alguien tuviese la la paciencia de acudir al día siguiente por otro paquete de mil páginas. Y tampoco existe una persona en este mundo que sea capaz de contar así un día de su propia vida durante el mismo día. Joyce lo hizo bajo la metáfora de Leopold Bloom y se gastó muchos años en una obra maestra que hasta el momento nadie ha desentrañado del todo.  Sándor Márai lo hizo en cada una de sus novelas y se gastó la vida entera: un día fue suficiente para desplegar la compleja y rica materia de cada una de sus historias. Y ambos genios lo hicieron acudiendo a la magia de la ficción, redondeando todo, atando los cabos. La realidad, en cambio, es una cosa caótica donde sucede de todo a cualquier hora. El ojo le da cierto orden, cierta precisión, pero nadie sabe qué seguirá, y a veces ni siquiera sabe de dónde viene tanta cosa. 

¿Qué tan interesante es mi propia filosofía de semáforo? Como filósofo me considero con méritos suficientes para ingresar a la antigua escuela cuyo principio básico expresa Oscar Wilde en una sola frase: "A veces soy tan lúcido que no entiendo una sola palabra de lo que estoy diciendo". Y cuya tesis de grado es la más breve del mundo: "Sólo sé que nada sé". Observo el mundo y me divierto. Con este hilo de mi propia mirada ensarto las cuentas o ,mejor dicho, encadeno los cuentos. Tengo mi propia música por dentro. Pero no soy un pensador, no soy un ensayista, no soy un teórico, nunca fui a una escuela de periodismo. "Y se nota", dirán las malas lenguas. Pero me he dedicado toda la vida a contar historias. Soy un imaginador, un bebedor de relámpagos, un animal atrapado en las rendijas del asombro. Las historias navegan en la sopa del día. Las veo o me suceden, y las atrapo con las antiguas palabras que mi madre me enseñó y otras que encontré por el camino.


Triunfo Arciniegas
Rio de Janeiro, 22 de febrero de 2013