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jueves, 3 de septiembre de 2026

Un escritor / Michel de Montaigne


Mi héroe: 

Michel de Montaigne

 por Yiyun Li


Él observaba todo con curiosidad e intentaba comprender todo lo que estudiaba, en beneficio de sus lectores, dice Yiyun Li.


Sábado 13 de noviembre de 2010

Nada me reconforta más que la idea de vivir una vida sin ser observado, y al menos una hora al día lo consigo leyendo los ensayos de Montaigne. Es bueno saber que en este mundo de Montaigne, que descubrí al cumplir treinta años y que no he abandonado desde entonces, soy un don nadie. Hay otros don nadie, pero no hace falta intercambiar cortesías ni charlas triviales con ellos, ni preocuparse por quién posee qué: en el mundo de Montaigne, cada ladrillo, cada árbol, cada pájaro es de todos. Por mucho que lo intentes, es imposible estorbar a los demás.

¡Qué gran escritor fue Montaigne (y qué charlatán)! Libre de la preocupación de ser cohibido, sentimental o inapropiado, observaba todo con curiosidad e intentaba comprender todo lo que estudiaba, para beneficio de sus lectores, pero sobre todo para sí mismo. Nada mejor puede decirse de Montaigne que las palabras de estos dos eminentes desconocidos: «Me pareció como si yo mismo hubiera escrito el libro, en alguna vida anterior, tan sinceramente hablaba a mi pensamiento y experiencia» (Emerson); «No es en Montaigne, sino en mí mismo, donde encuentro todo lo que veo en él» (Pascal).

Leo a Montaigne al final de la tarde, antes de recoger a mis hijos y preparar la cena para la familia. A veces suspiro porque él ha encontrado mejores palabras que yo para algo en lo que he estado pensando; a veces me río de él, porque puede ser demasiado tonto o demasiado prolijo. Pero la risa va dirigida a mí misma, pues su necedad es también la mía. En un libro dedicado a comunicar los pensamientos de un hombre al mundo, una lectora afortunada como yo puede vivir como una ermitaña sin alejarse jamás del mundo real, de la intensa experiencia de vivir en él

 THE GUARDIAN