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| Eduardo Galeano |
Por largo tiempo me parecía que la vida estaba a punto de comenzar. La vida de verdad. Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, hasta que me di cuenta que esos obstáculos eran mi vida.
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| Foto de Triunfo Arciniegas |
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| Lygia Fagundes Telles |
Recientemente, estaba hojeando algunos libros de Lygia Fagundes Telles que desde hace mucho (pero no desde siempre) me acompañan en la vida, acariciando con los ojos páginas tantas veces soberbias, cuando me detuve en esa auténtica obra maestra que es el cuento Paloma enamorada. Lo releí una vez más, palabra a palabra, sílaba a sílaba, saboreando ligeramente la amargura punzante de esa miel, tocando casi con los dedos la lágrima sutil de su ironía, y en un instante luminoso pensé que tal vez la “vecina portuguesa”, la mujer sin nombre ni figura que prepara en el cuento un reconstituyente (“¡La niña está en los huesos!”) para la sufriente pero fiel enamorada, quizá esa mujer, sencillamente por ser portuguesa y generosa, hubiese sido, sin que yo me diera cuenta la primera vez que leí la historia, la causa originaria de esa otra especie de “vecindad” que desde entonces, es decir, desde siempre, me hizo vivir al lado de Lygia. El tiempo tiene razones que los relojes desconocen, para el tiempo no existen el antes ni el después, para el tiempo solo existe el ahora.
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| Ilustración de Quentin Blake |
Para ver una película o seguir una serie no se requiere imaginación. Para leer un libro, es imprescindible. No hay lector sin imaginación.
Por eso es más fácil sentarse frente al televisor que ante un libro abierto. La película lo trae todo (voces, gestos, vestuario, escenografía, música) y no requiere nuestro aporte. El libro, en cambio, nos exige, hasta tal punto que somos el sentido del texto. Somos el libro que leemos. Somos nuestras propias lecturas. Vemos lo que llevamos dentro y somos la tierra y el agua que alimenta y sostiene el texto.
Por otro lado, el libro no está tan ceñido a la moda como el cine. Tenemos a nuestra disposición miles y miles de libros de distintos siglos y autores de las más diversas nacionalidades, en librerías y bibliotecas que son una conjugación de laberinto y paraíso, donde a menudo un libro conduce a otro, en un delirio absolutamente individual. No hay en el mundo dos lectores que hayan leído los mismos libros.
En cambio, vemos las películas del momento, las que todo el mundo ve, y volvemos a ver las que todo el mundo vuelve a ver. El cine envejece de manera vertiginosa. Las viejas películas se vuelven a menudo insoportables, y hasta ridículas ante el avance tecnológico.
Las escenas de terror de una antigua película de vampiros pueden resultar cómicas para los espectadores actuales, pero la novela de Bram Stocker mantiene su esplendor y se sigue vendiendo como pan caliente.
Asimismo, uno puede leer a Shakespeare o Cervantes con regocijo después de cuatrocientos años. Superar la asombrosa magia de la prosa de Proust, cien años después, me parece una empresa imposible.
La lectura es un ejercicio de soledad, a diferencia del cine, el bellísimo y amado cine, el prodigioso invento de nuestra época, una experiencia tan colectiva que a menudo se transforma en un evento social.
El estreno de una película, fruto de una inversión millonaria y esfuerzo de un equipo, es la apuesta mayor. El cine está obligado a recaudar dinero. La taquilla es la medida. Así que la película está concebida para el gusto colectivo.
El libro, en la mayoría de los casos, es la creación de una sola persona y no requiere de inversiones multimillonarias. Un editor no se arruina con la publicación de un libro que no funcione.
No digo que los libros sean mejores o peores que las películas. Se trata de mundos distintos y funcionan con diferentes leyes. En todo caso, si en camino a la lista desierta desierta me dieran a elegir entre una caja de libros y un paquete de películas, me quedaría sin duda alguna con los libros porque, entre otra razones, en la isla desierta no hay manera de ver las películas.
Adrian Lyne
AGUAS PROFUNDAS
Me gustó la idea de que esta es una historia de amor muy extraña y jodida, que de alguna manera estas personas se necesitaban mutuamente. Me gustó la idea de los sujetalibros. Me gustó la idea de que esto podría continuar para siempre, hasta que ambos se maten entre sí. También me gustó cuando ella dijo: "Vi a Tony". Ella vio a Tony. Vio su licencia y la quemó. Me gustó pensar que lo hizo porque no quería que él fuera a la cárcel. Hay que imaginar su vida posterior. En la novela, él no estaba interesado en ella sexualmente, en absoluto. Sólo estaba interesado en su hijo y en sus caracoles. Al final, ella le cabreó tanto que la mató.
Me pareció que era una pena no tener un sentido de complicidad entre estas dos personas, de modo que cuando él está mirando a través de la ventana, al principio, a ella besándose con un novio en una fiesta, ella sabe que él estará mirando. Me pareció que era una pena no tener una sensación de complicidad entre ella y él. Me pareció un elemento que habría sido una pena no tener. Me gustó que ella se acercara a él, durante la escena en la que Charlie De Lisle está tocando el piano, y te preguntas si ella siente pena por él, o si le quiere allí. Ella lo ve mirando y se acerca, y hay ese momento de sexualidad entre ellos. Me pareció interesante.
Desde hace cuatro meses el Neurólogo ordenó valoración por psiquiatría y geriatría para mi mamá. ¡Es obvio! Ella padece de Alzheimer avanzado, tiene 73 años y así como el niño necesita del pediatra el adulto mayor necesita del geriatra y también requiere de un tratamiento especial urgente para manejar su enfermedad mental. Sin embargo la Nueva EPS, a través de su inoperante IPS Vihonco, autorizó cita con el psicólogo. ¿El argumento? Que sólo el psicólogo podía determinar si el paciente necesitaba ser remitido a psiquiatría o no. Es decir: pasaron por encima de la orden y el diagnóstico de un neurólogo. Ayer, cuando aún estábamos en la clínica tras su caída que afortunadamente no terminó en fractura, me llamaron de la EPS por un DP que presenté hace unos días para insistir en que tomaramos la cita con el psicólogo y me volví a negar. La joven que llamó, que no es culpable de nada porque no tiene poder de decisión y la tienen ahí para informar y recibir los insultos de los familiares angustiados, me insistió para que aceptara la cita porque al menos así tendría una esperanza de obtener la remisión. ¡Y no! No acepto ese argumento porque estamos hablando de una enfermedad mental diagnosticada, no de una persona deprimida que necesita terapia psicológica y mucho menos me aferro a la esperanza, esa no tiene nada que ver en esta historia. ¡Burocracia de 💩! Nos queda la Tutela: más congestión judicial por un trámite administrativo que debería resolverse internamente y mientras tanto el enfermo padeciendo.
Los que crecimos con un pie en Venezuela y otro en Colombia sabemos que en la palabra 'coroto' cabe el universo entero:
"Ese coroto no funciona", "ese coroto todavía me sirve".
En el coroto se almacenan corotos, el coroto algunas veces estorba, otras veces es útil. Hay corotos de todos los colores, sabores, olores, sonidos y texturas. En fin, hay corotos de corotos y en Cúcuta es una palabra muy común: "boté todo ese corotero que me ocupaba media casa".
Según Angel Rosenblat (Estudios sobre el habla de Venezuela, Buenas y malas palabras. Monte Avila Editores. Caracas, 1984), la versión etimológica de esta palabra tienen sus orígenes en Venezuela:
"Sobre el origen de coroto hay una hermosa anécdota. Se dice que Guzmán Blanco trajo de París un lienzo de Jean Baptiste Camille Corot, el famoso paisajista. El general solía recomendar machaconamente al servicio: ¡Cuidado con el Corot!. Las criadas empezaron a burlarse del ‘coroto’ del general, y la expresión se extendió a objetos más diversos.
Una variante de la anécdota atribuye dos cuadros de Corot al general José Tadeo Monagas. Al desplomarse la dictadura monaguista, el pueblo saqueó la residencia presidencial y arrastró por las calles los dos Corot, particularmente apreciados por el presidente. Uno de los excontertulios, al ver la suerte infortunada de los cuadros exclamó: ¡Adiós corotos!".
Ya el invierno de nuestro descontento, el sol de York ha transformado en un glorioso estío, y las nubes, terror de nuestra casa, yacen sepultadas en las hondas entrañas del océano. Las guirnaldas de la victoria ciñen nuestras frentes y las melladas armas penden como trofeos. Las rudas alertas se han trocado en alegres reuniones y las siniestras marchas en regocijados bailes. Los guerreros, sin las arrugas en la frente, en vez de cabalgar caparazonados corceles para espantar el ánimo de los feroces enemigos, practican ágiles cabriolas en las habitaciones de las damas al compás de un un lascivo laúd.
Pero yo, que no nací para el retozo ni hago la corte al amoroso espejo. Yo, groseramente construido y sin la majestuosa gentileza para pavonearme ante las damas de libertina desenvoltura. Yo, desprovisto de todo encanto por la pérfida naturaleza, deforme, prematuro, terminado a medias, tan imperfecto y torpe que los perros ladran a mi paso. En estos tiempos de paz y regocijo, no hallo delicias para matar el tiempo, salvo espiar mi sombra al sol y discurrir sobre mi propia deformidad.
Y así, como ser amado para entretener los agradables días no es posible, he decidido portarme como un villano y odiar los placeres de estos tempos. He urdido asechanzas y planes arteros, secundados por torpes profecías, libelos y sueños, para crear odio moral entre mi hermano Clarens y el monarca...
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| Jada Pinkett |
El miedo pasa de hombre a hombre
sin saberlo,
como una hoja pasa su estremecimiento
a otra.
De repente todo el árbol está temblando
y no hay señales del viento.
Fear passes from man to man
Unknowing,
As one leaf passes its shudder
To another.
All at once the whole tree is trembling,
And there is no sign of the wind.
Charles Simic
Club de medianoche
Club Midnight by Charles Simic
¿Eres el dueño único de un club nocturno de mala muerte?
¿Eres su único cliente, único cantinero,
El único mesero merodeando las mesas vacías?
¿Pones shows de chicas a altas horas de la noche
Con estrellas muertas de filmes blanco y negro?
¿Está tu oficina sobre las luces de neón,
O al fondo en un húmedo sótano de ratas?
¿Son barbados pensadores rusos tus socios silenciosos?
¿Tienes un portero con el nombre de Dostoievski?
¿Viene Fu Manchú esta noche?
¿Viene la señorita Emily Dickinson?
¿Tienes un alma inmortal?
¿La sospecha furtiva de que no tienes ninguna?
¿Es por eso que arrojaste un par de dados blancos,
En la oscuridad, mucho después de terminada la juerga?
Club Midnight
by Charles Simic
Are you the sole owner of a seedy nightclub?
Are you its sole customer, sole bartender,
Sole waiter prowling around the empty tables?
Do you put on wee-hour girlie shows
With dead stars of black-and-white films?
Is your office upstairs over the neon lights,
Or down deep in the dank rat cellar?
Are bearded Russian thinkers your silent partners?
Do you have a doorman by the name of Dostoyevsky?
Is Fu Manchu coming tonight?
Is Miss Emily Dickinson?
Do you happen to have an immortal soul?
Do you have a sneaky suspicion that you have none?
Is that why you throw a white pair of dice,
In the dark, long after the joint closes?