Mi héroe:
Michel de Montaigne
por Yiyun Li
Él observaba todo con curiosidad e intentaba comprender todo lo que estudiaba, en beneficio de sus lectores, dice Yiyun Li.
¡Qué gran escritor fue Montaigne (y qué charlatán)! Libre de la preocupación de ser cohibido, sentimental o inapropiado, observaba todo con curiosidad e intentaba comprender todo lo que estudiaba, para beneficio de sus lectores, pero sobre todo para sí mismo. Nada mejor puede decirse de Montaigne que las palabras de estos dos eminentes desconocidos: «Me pareció como si yo mismo hubiera escrito el libro, en alguna vida anterior, tan sinceramente hablaba a mi pensamiento y experiencia» (Emerson); «No es en Montaigne, sino en mí mismo, donde encuentro todo lo que veo en él» (Pascal).
Leo a Montaigne al final de la tarde, antes de recoger a mis hijos y preparar la cena para la familia. A veces suspiro porque él ha encontrado mejores palabras que yo para algo en lo que he estado pensando; a veces me río de él, porque puede ser demasiado tonto o demasiado prolijo. Pero la risa va dirigida a mí misma, pues su necedad es también la mía. En un libro dedicado a comunicar los pensamientos de un hombre al mundo, una lectora afortunada como yo puede vivir como una ermitaña sin alejarse jamás del mundo real, de la intensa experiencia de vivir en él

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