martes, 30 de mayo de 2023

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Tina Turner
EL MATRIMONIO Y EL CHOCOLATE DERRETIDO

La situación empeoró cuando aterrizamos. El clima era caluroso y molesto, la temperatura superaba los treinta grados, e Ike insistió en sacar una barra de chocolate derretido para comer en el coche. Trató de darme un poco, pero me aparté porque llevaba puesto un traje de pantalón blanco de Yves Saint Laurent y no quería ensuciarlo. Aparentemente, mi negativa a compartir su golosina fue la señal que necesitaba para comenzar a pelear.
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Luego comenzó a golpearme y agarró su zapato para hacer el trabajo sucio. Realmente lo sorprendí, empecé a devolverle golpe por golpe. Me sentía realmente bien para pelear contra esa persona que había sido tan burda, vulgar y abusiva conmigo durante tanto tiempo. Llegó el momento en el que enloqyecí y esa fue la última gota que derramó el vaso. Peleamos todo el camino hasta el Statler Hilton.
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Al llegar al hotel, mi cara estaba hinchada y mi precioso traje estaba salpicado de sangre. Llamamos mucho la atención cuando salimos del coche, aunque Ike se excusó diciendo que hablamos tenido un accidente. Yo era la imagen de una mujer rota y silenciada. Y eso es lo que Ike quería creer, que había ganado la pelea, que había ganado todas las anteriores. La verdad era otra.
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Tan pronto como Ike se durmió, cogí cosas del tocador, até una bufanda alrededor de mi cabeza, que me daba punzadas de dolor, y me eché una capa sobre los hombros. Luego me marché del infierno que era esa habitación y me alejé de esa vida.
Puede que lo hubiese olvidado durante mucho tiempo, pero yo sabía cómo huir de las serpientes.
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Una campesina sabe correr por los campos y hacer todas esas cosas temerarias, pero esa noche sentí que estaba siendo guiada por un poder superior. De alguna manera logré cruzar la carretera y subir la colina hasta el Ramada, sólo para darme cuenta de que había mayores obstáculos por delante: Ike siempre me amenazaba: “Si te vas, te vas como viniste”, es decir sin nada. Él estaba en lo correcto.
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Yo llevaba 36 céntimos y una tarjeta de crédito de Mobil en mi bolsillo, tenía la cara amoratada y la ropa sucia y manchada de sangre, además, era negra y estaba en Dallas.
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Caminé hasta la recepción y me presenté al gerente, explicándole quién era yo y que huía de mi esposo y que no tenía dinero, le juré que le pagaría luego si me daba una habitación esa noche.
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Cuando cerré la puerta, la idea de lo que había hecho me impresiónó tanto que se me aflojaron las rodillas. El corazón me resinaba en los oídos.
Estaba atemorizada, pero también estaba excitada.
No sólo estaba huyendo de Ike, corría hacia una nueva vida.

Tina Turner
My Love Story
La autobiografía definitiva
Indicios, Madrid, 2018, pp. 102-105



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