domingo, 22 de diciembre de 2024

Una foto / Claudia Cardinale

 


Claudia Cardinale


En 1959, una joven Claudia Cardinale fue fotografiada en Roma en una imagen impactante que capturó tanto su energía juvenil como el trasfondo atemporal de la Ciudad Eterna. En ese momento, Cardinale era una estrella en ascenso, aunque poco sabía que esta danza espontánea en un techo simbolizaría su viaje desde orígenes humildes hasta la fama internacional. La fotografía fue elegida más tarde como la imagen de portada del 70º Festival de Cine de Cannes en 2017, sirviendo como un homenaje a su carrera y a la belleza icónica que encarnó en sus primeros años.

Nacida en 1939 en Túnez, Cardinale se convirtió en una de las actrices más queridas de Italia, conocida por sus papeles en películas como 8½ (1963) y El Gatopardo (1963), que consolidaron su reputación como leyenda del cine. La fotografía de 1959, con su energía despreocupada pero conmovedora, es un recordatorio de sus modestos comienzos y del dramático ascenso a la fama que lograría. Su reflexión sobre la imagen, recordando su inocencia y la incertidumbre de su futuro, destaca la profunda transformación que experimentó en su camino para convertirse en una de las figuras más icónicas de Hollywood.


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viernes, 20 de diciembre de 2024

“El infinito en un junco” el mejor libro español del siglo XXl

 

“El infinito en un junco” es el mejor libro español del siglo XXI según los expertos en literatura

Una encuesta de WMagazín a los libreros independientes ha determinado cuál es el mejor libro español en lo que llevamos del siglo XXI. Y hemos de decir que estamos bastante de acuerdo.


Begoña Alonso
20 de diciembre de 2024

Cada diciembre, al final de año, suelen aparecer las esperadas listas de 'Los mejores': los mejores libros del año, las mejores películas, las mejores series, los mejores restaurantes, los destinos a los que viajaremos en el año siguiente... Son temas habituales y recurrentes para repasar y recordar los grandes éxitos de los 12 meses precedentes.

Irene Vallejo / Fama enfermiza

 

Ilustración de Luis M. Morales


Fama enfermiza


Irene Vallejo

Ciudad de México, 18 de diciembre de 2024

Qué extraña pasión nos posee, qué hambre de ser famosos durante unos instantes, a cualquier precio y por cualquier motivo. Algunas personas llevan al peor extremo su apetito de publicidad. Son capaces de cualquier barbaridad gratuita por afán de aparecer en televisión, acumular seguidores en redes o destacar entre los más vistos en YouTube. Este fenómeno, como tantos otros que radiografían el mundo contemporáneo, recibe tratamiento de síndrome y ha sido bautizado con el nombre remoto de un griego: complejo de Eróstrato.

Eróstrato vivió hace 25 siglos en la ciudad de Éfeso, hoy Turquía y desde siempre puerta entre Oriente y Occidente. Un día de julio, de noche, se deslizó entre las sombras y prendió fuego al Artemisio, un templo que deslumbraba, el mayor edificio de mármol del mundo griego, una de las siete maravillas y seña de identidad para esa civilización. Con él ardió una estatua de la diosa Ártemis que se creía caída del cielo junto con el manuscrito depositado allí por Heráclito, el gran filósofo de la realidad que fluye. Cuando capturaron a Eróstrato, declaró que lo había hecho por amor a su propio nombre y para catapultarlo a la fama. Creía que por la destrucción del más bello de los edificios, su nombre sería conocido en el mundo entero. Las autoridades prohibieron bajo pena de muerte perpetuar el nombre del incendiario pero no consiguieron borrarlo de la historia. En nuestro mundo, Eróstrato es el patrón de quienes aspiran a ser conocidos aunque sea por no tener conocimiento y de todos los que persiguen la fama por el camino de la infamia.

MILENIO


jueves, 19 de diciembre de 2024

El caso Domique Pelicot

 

Giséle Pelicot


EL CASO DOMINIQUE PELICOT

El primer ataque, orquestado por la persona a la que ella definió el día que la llamaron a comisaría como “un tipo genial”, se remonta a septiembre de 2013, según el análisis del material informático: varias tarjetas SIM, una videocámara, una cámara y un disco duro con más de veinte mil fotografías y vídeos. La investigación revela también que al menos 72 hombres pasaron por esa casa de Mazan, un pueblo al suroeste de Francia. Pero solo 51, incluyendo Dominique Pelicot fueron imputados.

El caso salió a la luz hace cuatro años, pero fue en septiembre, al inicio del proceso, cuando se conocieron todos los detalles. Dominique Pelicot había estado ofreciendo a decenas de hombres en una web de citas e intercambio de parejas a su esposa, con la que llevaba 50 años casado. No pedía dinero ni otra remuneración. Solo discreción y poder filmar o fotografiar a aquellos hombres que entraban en su casa de forma periódica para violar a su esposa mientras se encontraba sedada con los tranquilizantes que le administraba escondidos en la comida. Hacían lo que querían con ella, muchos incluso evitaban usar protección, a pesar de tener enfermedades contagiosas como el VIH.

Los perfiles de los 50 acusados —32 en libertad y 18 detenidos— son variados en lo personal y profesional: periodista, obrero, enfermero, jardinero, bombero… Sus vidas, en general, parecen corrientes y adscritas de forma simple al sistema, aunque los años que llevan en la cárcel muchos de ellos hayan oscurecido su aspecto. Los acusados tenían entre 27 y 74 años de edad, la mayoría era de pueblos a no más de una hora de Mazan ―el lugar donde vivían los Pelicot y donde se produjeron las violaciones. El juicio ha dado altavoz a la idea de que el monstruo, a menudo, se esconde en la puerta de al lado. También que la mayoría de agresiones se producen en un ámbito doméstico o que las armas utilizadas son, simplemente, el botiquín de casa.

El monstruo podríamos ser todos, viene a señalar el rumor que emana de las defensas de los acusados. Y ese ha sido, en parte, el clamor de lo que en Francia suele llamarse neofeminismo, una de las varias corrientes que a menudo viven enfrentadas dentro del activismo por la defensa de los derechos de las mujeres. Una idea que sigue dividiendo a un país que, sin embargo, no volverá a ser igual tras este juicio, al que la prensa de todo el mundo (unos 200 medios están presentes en la lectura de la sentencia) puso nombre, apellidos y rostro durante estos cuatro meses.

Daniel Verdú
“Dominique Pelicot, condenado a la pena máxima: 20 años de cárcel por violar, drogar y grabar a su mujer”
El País, 19 de diciembre de 2024


El acusado, Dominique Pélicot, y su abogada, Beatrice Zavarro, en un dibujo realizado en una de las primeras sesiones del juicio.

Dominique Pelicot, condenado a la pena máxima: 20 años de cárcel por violar, drogar y grabar a su mujer

EL PAÍS



miércoles, 18 de diciembre de 2024

Donald Hall / El amo

 


Ilustración de Triunfo Arciniegas




Donald Hall
EL AMO

Donde el poeta se detiene, el poema
comienza. El poema sólo pide
que el poeta se quite de en medio.

El poema se vacía a sí mismo
para llenarse.

El poema está más cerca del poeta
cuando el poeta lamenta
que haya desaparecido para siempre.

Cuando el poeta desaparece
el poema se vuelve visible.

¿Qué puede el poema elegir
que sea mejor para el poeta?
Elegirá que el poeta
no elija por sí mismo.


THE MASTER
by Donald Hall


Where the poet stops, the poem
begins. The poem asks only
that the poet get out of the way.

The poem empties itself
in order to fill itself up.

The poem is nearest the poet
when the poet laments
that it has vanished forever.

When the poet disappears
the poem becomes visible.

What may the poem choose,
best for the poet?
It will choose that the poet
not choose for himself.



martes, 17 de diciembre de 2024

Un personaje / Marisa Paredes

 

Penelope Cruz y Marisa Paredes, en el Circo Price en 2019.

Foto de ÓSCAR GONZÁLEZ )



MARISA PAREDES 

según Penélope Cruz


De adolescente, nunca me interesó colarme en fiestas, pero sí que me colé en algún rodaje. El que más me impactó fue uno en el Villa Rosa. Alguien en la calle me dijo: “Ahí está rodando ahora Almodóvar”. Sin pensarlo dos veces entré y me senté en el suelo, bastante cerca del monitor del director. Creo que tanto Pedro como los actores decidieron hacerse los locos para que no echaran a esa niña curiosa. Desde el suelo, Marisa me parecía una presencia aún más gigante. Era como de otro mundo. Me impactó mucho.

A lo largo de los años, seguí disfrutando a distancia de sus trabajos y de su talento. De repente, una tarde me encontré sentada a su lado en un sofá de Pedro. Nos juntó en su casa para leer el guion de Todo sobre mi madre. La verdad es que al principio la presencia de Marisa me intimidaba. Después de 20 minutos en esa reunión me di cuenta de que estaba delante de una mujer que era amiga de las mujeres, que te apoyaba, que era generosa, inteligente, sensible, valiente, graciosa, comprometida, peculiar, diva, humilde y sobre todo, buena persona. Era siempre ella y ella era muy especial. Cuando pensabas que estaba demasiado en las nubes te sorprendía con alguna lección de vida que solo alguien con los pies muy en la tierra te puede dar. Y si te veía demasiado en la tierra, también te zarandeaba y te inspiraba a atreverte, a soñar y volar.

Marisa consiguió vivir haciendo algo que a día de hoy sigue siendo muy difícil para una mujer: ser ella misma. Y no pedir perdón por serlo. Qué pena no haber podido darte un último abrazo. Vuela muy alto, diosa.

El País, 17 de diciembre de 2024


Casa de citas / Marisa Paredes / Ser pobre se hereda

 

Marisa Paredes, 1991
Foto de Marcos Cirilo

Marisa Paredes

SER POBRE SE HEREDA


Tuve que irme del colegio a los 11 años. Era de las Hijas de la Caridad, en la calle de Mesón de Paredes. Las ricas entraban por esa puerta, y llevaban otro uniforme azul; las pobres entrábamos por la calle de Provisiones y llevábamos un babi blanco con un lazo rojo. No nos juntaban ni en el recreo. Ellas lo tenían a una hora y nosotros a otra. Esto era así. La diferencia de clases era clarísima. Un día le pregunté a mi madre por qué éramos pobres. Me dijo: “Esto se hereda, hija, igual que lo otro”. Ser rico se hereda, y ser pobre también. Eso, eso lo tengo aquí [se señala la cabeza]. A los 12 entré a trabajar de modista en una casa de moda, en la calle de Bravo Murillo, del señor Tormo. Me llamaba Pajarito, como un personaje de Galdós.


Marisa Paredes

“Ser rico se hereda, y ser pobre también. Eso ha marcado mi vida”

El País, 3 de febrero de 2024



lunes, 16 de diciembre de 2024

Juan Forn / Hablemos de Stoner

 




HABLEMOS DE STONER
Juan Forn
4 de marzo de 2016

Un granjero pobre le dice a su único hijo: “En la ciudad pusieron una nueva escuela. Le dicen Facultad de Agronomía. Dura cuatro años. Dicen que, si vas, podremos hacer que rinda mejor la tierra”. El joven acepta en silencio la decisión de su padre y va. Para poder asistir a clases debe levantarse a las cuatro de la mañana, ordeñar las vacas, dar de comer a los cerdos, juntar huevos y cortar leña en una granja cercana a la ciudad y recién entonces puede hacer caminando los tres kilómetros que lo separan de aquella pequeña urbe de provincia. Las mismas tareas repite cada noche cuando vuelve de la universidad a la granja donde le dan alojamiento a cambio de su trabajo. Un día comienza a cursar una materia que nada tiene que ver con las demás pero es obligatoria en la currícula. La materia es Lengua y Literatura. El joven granjero descubre en esa materia algo que “no puede decirse en palabras pero que lo transmiten las palabras”. Sin decir nada a nadie, casi sin darse cuenta él mismo, cambia su plan de estudios. Sigue trabajando mañana y noche en la granja que le da cobijo, pasa cada momento que tiene libre en la biblioteca de la universidad, pero jamás piensa en su futuro, hasta que su tutor le dice: “Jovencito, en breve termina sus estudios. ¿Su idea es regresar a la granja de sus padres con una magistratura en Inglés? ¿Todavía no se ha dado cuenta de que quiere quedarse con nosotros?”

domingo, 15 de diciembre de 2024

Casa de citas / Gila / Se necesita soldado

 



Gila
SE NECESITA SOLDADO

1

“Les voy a contar por qué estoy aquí. Yo trabajaba de ascensorista en unos almacenes y un día en lugar de apretar el botón del segundo piso apreté el ombligo de una gorda y me despidieron. Me fui a casa y me senté en una silla que teníamos para cuando nos despedían. Entonces llegó mi tío Cecilio con un periódico que traía un anuncio que decía: ‘Para una guerra importante se necesita soldado que mate deprisa’. Y dijo mi abuela: ‘Apúntate, tú que eres espabilado”.

2

“No es por chulearme yo, pero ¡cómo mato! Un día en un combate le pegué un tiro a uno y dijo, 'que me has dao', 'pues no seas mi enemigo”. 'Ay, es que me has hecho un agujero'. 'Pues ponte un corcho'”.

3

"La muerte en las guerras tiene mucho trabajo. La muerte en las guerras nunca tiene prisa. Se lleva a unos y deja a otros para más adelante. Me dejó a mí y dejó al cabo Villegas. De mí no se llevó nada, del cabo Villegas se llevó una pierna, la izquierda."




sábado, 14 de diciembre de 2024

Casa de citas / Gila / Que se ponga



Gila

“QUE SE PONGA”


Ricardo Rivas
14 de agosto de 2022

Estirado en la vieja mece­dora entrecerré los ojos. Vaya a saber por qué el nom­bre y la imagen de Gila, un grande del arte popular, se acercó a mi memoria. El silencio de la nocturnidad, seguramente, lo ayudó a lle­gar hasta mí. Sonreí. Su ima­gen, vestido de soldado, con un viejo teléfono sobre una pequeña mesa, completaba el recuerdo visual. “¿Hablo con el enemigo? Que se ponga”. 

Antes de que finalizara el siglo pasado, conversé algu­nas horas con Gila en Barce­lona, donde aquel madrileño decidió que habría de morir. Humorista, escritor, dibu­jante de historietas, actor, enorme observador social, me permitió escuchar de su boca cuando sobrevivió a un fusilamiento que lo tuvo como condenado a muerte, junto con otros “rojos” combatien­tes en el Ejército Popular de la República, cuando la dic­tadura franquista. 

“Los que debían fusilarnos a quienes éramos prisioneros estaban borrachos. No pudieron apun­tar y cuando hicieron fuego, creí que lo mejor era hacerme el muerto para sobrevivir. Y así fue”, contó sin ninguna sonrisa. 

Aunque la anéc­dota da para la carcajada, sin dudas, aquel recuerdo era de una época negra de la histo­ria española. El Viso de los Pedroches, Córdoba, supo de qué se trata saber que habrás de morir, aunque no suce­dió. “Siempre fui socialista. Hasta 1938, cuando me hicie­ron prisionero en Extrema­dura”, agregó. 

Cuando apenas comenzaban los años 60, Gila se exilió en la Argentina por­que, según él mismo lo dijo, estaba “atragantado de dic­tadura”. Y si bien en ese país fijó su residencia, llevó su arte y su oficio de escritor a México, a Venezuela, pero de la mano de un enorme con­ductor de televisión, músico y periodista argentino, Nico­lás “Pipo” Mancera, alcanzó gran popularidad en el país de acogida. “Era un grande que tuvo una vida terrible”, dijo Pipo mientras compar­tíamos un café –de periodista a periodista– en el bar La Paz, un mítico reducto de la por­teñidad trasnochada desde muchas décadas. “Django me avisó que estaba aquí y rápidamente lo busqué para ofrecerle trabajo y aceptó”. Gila –en este país colmado de españoles a los que, sin impor­tar de dónde fueren por naci­miento, se los llama “galle­gos” o “gallegas”– devino en una suerte de argentino más. Lo saludaban por la calle y él respondía a todos y a todas. Su expresión ya mencionada “¡que se ponga!” se popularizó y en algunas generaciones de personas mayores aún aplica.


Gila, el salvador




jueves, 12 de diciembre de 2024

Donald Hall / Pateando las hojas


Donald Hall

Pateando hojas

Traducción de Alejandro Oliveros

1

Es octubre. Pateo las hojas mientras regresamos a casa
después del juego, en Ann Arbor,
un día color hollín con aires de lluvia;
pateo hojas de arce,
setenta matices de rojos y amarillos
como papel viejo y hojas de álamo, pálidas y frágiles.
Y las del olmo, estandartes de una raza condenada.
Pateo las hojas que se elevan desde mi bota
produciendo un sonido familiar,
y revolotean y recuerdo
los octubres cuando caminaba hacia el colegio,
en Connecticut,
con pantalones cortos de pana que silbaban
como las hojas. Y un domingo mientras
compraba un vaso de sidra en el quiosco
de una sucia carretera de New Hampshire.
Pateo las hojas, otoño de 1955 en Massachusetts,
seguro de que mi padre estaría muerto
cuando ellas desaparecieran.

4

Pateo las hojas, hoy, mientras regresamos a casa después del juego,
en medio de la muchedumbre con sus brillantes insignias,
tan brillantes y numerosas como las hojas. El cabello
de mi hija es del mismo color rojo amarillento
de las hojas del abedul. Ella misma es alta como un abedul,
creciendo, llegando a los quince, creciendo. Y mi hijo
de veinte, flamante como un arce, de visita
de la universidad, anda delante de nosotros, saltando,
impaciente por viajar a través de los bosques de la tierra.
Los observo desde un montón de hojas,
a un costado de esta casa de cartón piedra, en Ann Arbor,
frente a la escuela donde aprendieron a leer,
sus figuras en la distancia disminuyen mientras saludan
pero ahora sé que soy yo quien disminuye,
no ellos, mientras voy de primero
hacia los hojas, tomando el camino que ellos
seguirán dentro de los  próximos años y octubres.

7

Ahora caigo, salto y caigo, para sentir cómo se trituran
las hojas bajo mi cuerpo, y siento mi cuerpo
flotando en el océano de hojas, en la noche,
la noche que se eleva con las muerte y las hojas
que se mecen como el océano.
¡Ah, este caer delicioso en brazos de las hojas,
en el suave regazo de las hojas!
Nado en ellas, boca abajo, sin dificultad,
aspirando el olor agrio del arce, precipitándome
en largos deslizamientos hasta el fondo de octubre
donde la granja yace enroscada contra el invierno,
y la sopa despide sus olores a zanahorias y cebollas
hacia las humedecidas ventanas y cortinas,
y más allá de las ventanas veo el esbelto tronco
desnudo del arce con sus ramas; el roble
con algunas hojas de marrón otoñal
y los abetos conservando sus verdes.
Ahora salto y caigo, exultante, recuperando de la muerte,
a cuenta de la muerte, de acuerdo con los muertos,
el olor y sabor de las hojas,
y el placer, el único dilatado placer de ocupar
un lugar en la historia de las hojas.



miércoles, 11 de diciembre de 2024

Donald Hall / Poema de amor




Donald Hall
Poema de amor

Cuando me enamoro
dirijo mi caballo
hasta el establo en llamas.

Reservo un camarote
en el resplandeciente Titanic.
Fastidio al oso pardo.

Leo el Monitor
y ojeo las necrológicas
buscando mi nombre.


martes, 10 de diciembre de 2024

Casa de citas / Richard Ford / Raymond Carver

 




Richard Ford

Raymond Carver


Las amistades literarias son un asunto complejo, tramposo, a menudo volátil y mal comprendido por sus protagonistas. Lo típico es que giren en torno a cuestiones acerca de las cuales ambas partes se sienten probablemente muy poco seguras, pese a que es probable que, dada su importancia, su deseo apunte exactamente en sentido contrario: al carácter y el destino de la propia escritura. Lo normal es que terminen en absurdas equivocaciones, confusiones imposibles de disipar y profundas rivalidades, a menudo tan incompatibles con la amistad que nunca se corrigen.

Sin embargo, Ray y yo nunca experimentamos nada de esto. Yo más bien disfruto con la confrontación, pero Ray la odiaba. Con el tiempo, le vi llegar a extremos ridículos con tal de evitar las controversias: con Gordon Lish, su editor; con un agente al que quería despedir (yo fui el intermediario); o con el director Michael Cimino, cuando su acuerdo para que Ray escribiera un guión basado en la vida de Dostoievski se fue al garete y uno quedaba en deuda con el otro. Para Ray el colmo de la felicidad era cuando él era feliz y también lo eras tú, lo cual no siempre se da en los seres humanos. Y como él me gustaba, fue más fácil concentrarnos en el acuerdo. En consecuencia, por una informal y mutua deferencia que a veces parecía mera cortesía, él evitaba lo que yo no siempre era capaz de evitar con la mayoría de mis amigos escritores, esto es, estallidos de mal humor, sentimientos hirientes, separaciones tristes, la firme resolución de no volver a hacer nunca más ningún esfuerzo extra por una persona, duras lecciones acerca de la confianza y la rivalidad (soy de fiar; no soy un rival) que vuelven a ser objeto de doloroso aprendizaje con cada uno de los amigos, incluidos los que han seguido siéndolo hasta hoy.



lunes, 9 de diciembre de 2024

Casa de Citas / García Márquez / El fundamento de la realidad

 

Gabriel García Márquez


EL FUNDAMENTO DE LA REALIDAD

García Márquez conversa con Plinio Apuleyo


“—Entonces, ¿todo lo que pones en tus libros tiene una base real?

  —No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad.

  —¿Estás seguro? En ‘Cien años de soledad’ ocurren cosas bastante extraordinarias. Remedios la Bella sube al cielo. Mariposas amarillas revolotean en torno a Mauricio Babilonia…

  —Todo ello tiene una base real.

  —Por ejemplo…

  —Por ejemplo, Mauricio Babilonia. A mi casa de Aracataca, cuando yo tenía unos cinco años de edad, vino un día un electricista para cambiar el contador. Lo recuerdo como si fuera ayer porque me fascinó la correa con que se amarraba a los postes para no caerse. Volvió varias veces. Una de ellas, encontré a mi abuela tratando de espantar una mariposa con un trapo y diciendo: «Siempre que este hombre viene a casa se mete esa mariposa amarilla». Ese fue el embrión de Mauricio Babilonia.

  —¿Y Remedios la Bella? ¿Cómo se te ocurrió enviarla al cielo?

  —Inicialmente había previsto que desapareciera cuando estaba bordando en el corredor de la casa con Rebeca y Amaranta. Pero este recurso, casi cinematográfico, no me parecía aceptable. Remedios se me iba a quedar de todas maneras por allí. Entonces se me ocurrió hacerla subir al cielo en cuerpo y alma. ¿El hecho real? Una señora cuya nieta se había fugado en la madrugada y que para ocultar esta fuga decidió correr la voz de que su nieta se había ido al cielo.

  —Has contado en alguna parte que no fue fácil hacerla volar.

  —No, no subía. Yo estaba desesperado porque no había manera de hacerla subir. Un día, pensando en este problema, salí al patio de mi casa. Había mucho viento. Una negra muy grande y muy bella que venía a lavar la ropa estaba tratando de tender sábanas en una cuerda. No podía, el viento se las llevaba. Entonces tuve una iluminación. «Ya está», pensé. Remedios la Bella necesitaba sábanas para subir al cielo. En este caso, las sábanas eran el elemento aportado por la realidad. Cuando volví a la máquina de escribir, Remedios la Bella subió, subió y subió sin dificultad. Y no hubo Dios que la parara.”