martes, 27 de agosto de 2024

Un libro / Los años de bronce, de Slobodan Šnajder

 



‘Los años de bronce’, una novela sobre la épica de la supervivencia en el bando equivocado

El croata Slobodan Šnajder publica en España su saga familiar, centrada en los ‘volksdeutsche’, alemanes étnicos repartidos fuera del territorio administrativo alemán desde el siglo XVIII


MIGUEL ROÁN
Belgrado - 25 AGO 2024 - 22:30 

Cuenta la Biblia en el Antiguo Testamento (Números, 21, 4-9) que Yahvé mandó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que la enroscara en un asta. Cuando los presentes eran mordidos y miraban a la criatura, Yahvé los sanaba. La interpretación más recurrente es que la salvación se encuentra en el miedo a Dios, pero también que existe el riesgo de que, para imponer su poder y verdad, “hombres de distintos nombres y con distintas ideas se encaramen al trono del asta”.


Slobodan Šnajder, en Zagreb en 2022.

Slobodan Šnajder, en Zagreb en 2022.ANTO MAGZAN

La novela Los años de bronce (Armaenia, 2024; traducción de L. Fernanda Garrido y T. Pištelek) se cimenta sobre este pasaje, donde el designio de las personas parece escrito por otros (aunque nunca sea del todo exactamente así): las fuerzas inescrutables nos convierten en motas de polvo llevadas por la corriente, pero siempre, al menos, existe la voluntad de sobrevivir. El propio autor, Slobodan Šnajder, afamado dramaturgo croata, volvió a la prosa con esta novela, porque, cuenta: “El teatro, como arte caro y subvencionado, depende mucho más del Estado que las publicaciones. Y el nuevo Estado es hostil hacia los valores y fenómenos, actitudes, etc., que yo defendí y sobre los que escribí”.

La obra empieza como los inicios de una saga familiar, con la figura de Georg Kempf, antepasado del protagonista, Đuka Kempf, perteneciente a los llamados volksdeutsche, alemanes étnicos que se repartían fuera del territorio administrativo del país y que terminaron en buena parte en la región de Eslavonia. Esta comunidad sirvió de línea militar en tiempos de María Teresa I de Austria (1717-1780) para fijar la frontera en los territorios arrebatados al Imperio otomano, junto con croatas, judíos, serbios, valacos, ucranianos…, todos pobres de solemnidad, campesinos que buscaban un porvenir en las tierras negras y fértiles del sudeste europeo.

A partir del surgimiento del Tercer Reich, estos alemanes vuelven a la palestra del nacionalismo patrio en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, “aunque apenas habían oído del golpe de Estado de Hitler”. Se apela a ellos como embajadores y ejecutores de la política nacional: la razia antisemita. Las circunstancias les obligan a identificarse como alemanes. Unos se suman a la cruzada como soldados de la 7ª División de Montaña SS Waffen Prinz Eugen, otros de la Wehrmacht, pero otros terminan en las filas partisanas y otros, al margen de los bandos enfrentados, son un magma incrédulo, desubicado, incluso aprensivo, que solo procura sortear la guerra como puede, sin agarrar las armas ni llevar el uniforme con entereza. Pero Šnajder es concluyente: “La guerra como tal une a la humanidad en el mal mucho más que cualquier bien”.

Volksdeutsche de los Sudetendeutsches Freikorps en Checoslovaquia (1938).
Volksdeutsche de los Sudetendeutsches Freikorps en Checoslovaquia (1938).

¿Qué queda de los llamados suabos (por la región alemana de Suabia) de Croacia? Para Šnajder, una parte merecía el castigo propio de haber participado en hechos deleznables: “Pero la expulsión de los volksdeutsche fue una de las mayores estupideces del régimen comunista de 1945; la industrialización estaba en boca de todos, el país estaba arruinado. Leí en un estudio que, en vísperas de la Segunda guerra, solo uno de cada cinco croatas tenía su propia cama. El volksdeutsche alemán podría ayudar en esa industrialización. Pero fueron expulsados en acciones que tenían rasgos genocidas”. Los años de bronce destila un recuerdo a los “alemanes malos”, aquellos que cometieron desacato contra las autoridades nazis, los que se resistieron a la deshumanización de la población judía o, incluso, aquellos que permanecieron en Yugoslavia afrontando la suspicacia de sus conciudadanos cuando arreció la venganza comunista. En realidad, este pensamiento forma parte de la biografía del propio autor: “Mi desconfianza hacia quienes nos obligan a balar juntos en el corral de la identidad nacional es permanente y fundamental: desde la primera palabra que escribí, hasta estos testamentos en forma de novela”.

Picaresca y semejanzas familiares

El mérito de la novela es convertir las contradicciones del personaje, su fuero interno, volátil, vulnerable y repleto de altibajos, en un humanismo que reformula la lógica binaria de agresor y víctima para, sin relativizar el mal, narrar la épica de la supervivencia. El protagonista se bate en luchas tan valientes como posibilistas, verosímiles en la soledad de un individuo ensartado en el bando equivocado, en perpetuo desafío a su integridad física y moral (”Yo sé que él no se alistó voluntariamente, pero da igual. ¡Si estás con lobos, aúlla con ellos! Y degüella, porque, de lo contrario, ellos te degollarán a ti”, dice la voz en off, dramatúrgica, de su hijo neonato).

El texto se convierte en una oda a la complejidad de la guerra y del ser humano, en un alegato comprensivo con el destino de Đuka Kempf, álter ego de su padre. Por eso la identidad se vuelve un estado de ánimo más que en una bandera. Esta se desdobla entre la condición solemne del soldado que se niega a fusilar polacos, el desertor con vocación de civil que quiere “ser invisible”, y el espectador ateo de la cábala y del drama judío que acaba en las filas bolcheviques. Esto coincide con el pensamiento de Šnajder, tan afilado con maduro en la confusión del mundo: “No estoy seguro de la existencia de Dios desde Nietzsche, pero tampoco tengo la intención de ser su forense”.

Por esto mismo, el personaje de Kempf contrasta con el personaje femenino de Vera, álter ego de su madre, comunista, superviviente del campo de concentración de Jasenovac, armada, y recadera en el cuartel general del frente de Srem, “un matadero” como dice el autor, que de haberse encontrado con Đuka Kempf antes de 1945 le habría descerrajado varios tiros. Los propios pensamientos de Šnajder se desdoblan en una contorsión lingüística, porque la vida ni el pensamiento son planos ni estancos: “El croata es mi lengua materna. Cuando se me ocurre que tengo que pensar y sentir sobre cosas, imágenes y sentimientos realmente importantes, siempre pienso en croata. Pero cuando se trata de cuestiones de educación superior, ideas e incluso política más allá de los sentimientos, el alemán. Tengo lengua materna… y paterna”.

Si hubiera que ponerle una etiqueta a la novela, el propio autor se encarga. “Picaresca”, porque los giros de la historia, las peripecias del soldado, el caos de la guerra y de la destrucción, la condición de extranjero, hasta en su propia patria, implican artimañas, mentiras y medias verdades, las que obliga la proximidad de la muerte (”En los últimos tiempos, he sufrido mucho. Esperaba con impaciencia el final de esta aventura picaresca de dos locos que pensaban viajar por el cielo y estar por encima del tiempo y del espacio que, juntos, constituyen la historia”). En aquella guerra había que ser muy pícaro para ser un “mal alemán” para los suabos, un “mal croata” para los frankistas y para los comunistas no ser nada.

EL PAÍS 


El relato de un mundo destruido por el fascismo, el comunismo y el nacionalismo. Al tiempo una saga familiar y una gran novela de guerra, en la que la historia de la antigua Yugoslavia se inserta en un trasfondo europeo más amplio, esta novela narra el drama de los "Volksdeutsche", la minoría alemana del noreste de Croacia que emigró a estas regiones en el siglo XVIII. Estos alemanes, integrados ya en la población local, fueron reclutados por las Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial. Georg Kempf, el protagonista, vive el dramático destino de un soldado alemán «a su pesar» que, tras participar en los horrores de la guerra, acabará desertando. Tras un largo y peligroso camino a casa, encuentra que todo ha cambiado allí y que el resto de su existencia quedará irreparablemente marcado por la guerra. En el centro de la narración se encuentra la trágica historia de amor entre dos personajes encadenados por su historia dividida, la de dos antiguos combatientes de campos opuestos: la partisana croata Vera y Georg, el desertor alemán, que si se hubieran conocido antes se habrían matado entre sí. Cáustica y a la vez cautivadora, esta novela es un punto culminante absoluto de la literatura croata y centroeuropea.


MARCIAL PONS








domingo, 25 de agosto de 2024

Poemas como heridas / Sojo Henjo

 

Gran mata de hierba, 1503
Alberto Durero


Sojo Henjo 

(815-890)


Las malas hierbas son tan espesas 

Que apenas se ve el camino 

Que conduce a mi casa. 

Crecieron mientras esperaba 

A alguien que nunca llegó.

  




sábado, 24 de agosto de 2024

Un libro / Cien años de soledad, de García Márquez

 


Portada de la nueva edición de 'Cien años de soledad' en Japón, ilustrada por Ryuto Miyake, en una imagen cedida por la editorial Shinchosha.

Portada de la nueva edición de 'Cien años de soledad' en Japón, ilustrada por Ryuto Miyake, en una imagen cedida por la editorial Shinchosha.

‘Cien años de soledad’, el fenómeno que arrasa en Japón con medio siglo de retraso

La obra de Gabriel García Márquez se ha convertido en el fenómeno editorial del verano en el país nipón en buena parte por el próximo estreno de la serie basada en la novela


GONZALO ROBLEDO
Tokio - 23 AGO 2024 - 22:15 COT

La edición de bolsillo de Cien años de soledad en japonés se ha convertido en el fenómeno editorial del verano tras vender en ocho semanas unos 290.000 ejemplares y casi la misma facturación de las tres versiones en tapa dura impresas en los pasados 52 años. Entre las razones del inesperado auge de la obra cumbre de Gabriel García Márquez figuran el próximo estreno en Netflix de una serie basada en la novela, su influencia en prestigiosos autores japoneses y la portada con figuras macondianas dibujadas en un estilo enciclopédico por uno de los ilustradores locales más cotizados del momento, Ryuto Miyake, autor de campañas publicitarias para marcas como Gucci, Bottega Veneta o Apple.

“Además de ofrecerla en formato de bajo precio a los lectores que verán la serie de Netflix, queríamos aprovechar el décimo aniversario de la muerte de Gabo para volver a presentar su literatura”, explica Ryo Kikuchi, encargado de promocionar la nueva edición de la novela, publicada por primera vez en Japón por su editorial (Shinchosha), en 1972, cuando él mismo no había nacido y el autor colombiano no había ganado el Nobel de Literatura.

Kikuchi, que atiende la entrevista vestido con una camiseta negra estampada con la cara sonriente de García Márquez en medio de un letrero amarillo que dice en español “bienvenido a Macondo”, diseñó una campaña publicitaria que incluye bolsas de tela (tote bags) decoradas con el árbol genealógico de la familia Buendía. El editor aclara que pese al lento ritmo de ventas de la edición original, la novela se ha mantenido en las librerías japonesas todos estos años, dada su reputación como obra maestra de la literatura mundial, que ha vendido 50 millones de copias en 46 idiomas.

La camiseta con el árbol genealógico de los Buendía, incluida en la promoción de la nueva edición de 'Cien años de soledad', en una imagen de la editorial Shinchosha.
La camiseta con el árbol genealógico de los Buendía, incluida en la promoción de la nueva edición de 'Cien años de soledad', en una imagen de la editorial Shinchosha.

El libro, lanzado en 1967 en Buenos Aires, ha sido además fuente de inspiración o detonante de la carrera literaria de distinguidos autores nipones. Kenzaburo Oé (1935-2023), premio Nobel de Literatura de 1994 y admirador declarado de Cien años de soledad, la tomó como referencia para su obra Dojidai gemu (algo así como El juego de la contemporaneidad, 1979), el relato de un imaginario pueblo periférico cuyo mito fundacional simboliza la historia moderna de Japón y cuestiona el origen de la familia imperial.

Otro conocido escritor, Natsuki Ikezawa, describe una isla ficticia en Micronesia llamada Navidad gobernada por un dictador de inspiración macondiana en su novela Mashiasu Giri no Shikkyaku (La caída de Mathias Giri, no traducido al español). Poco después de su publicación, el libro recibió el premio Tanizaki, uno de los máximos galardones literarios de Japón, y la crítica resaltó su ruptura estilística con la novela naturalista e introvertida que había dominado la narrativa nipona por más de medio siglo.

Ikezawa ostenta con ironía el calificativo de “acosador de la prosa garciamarquiana” y en el Primer Congreso García Márquez, que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Tokio en octubre de 2008, explicó que aprendió del autor colombiano la técnica para “desafiar las leyes de causa y efecto”. En un reciente coloquio sobre Cien años de soledad, Ikezawa dialogó con Tomoyuki Hoshino, otro premiado autor que, tras leer la saga de la familia Buendía en la década de los años noventa, dejó el periódico donde trabajaba y se fue a estudiar español a México.

Gabriel García Márquez retratado en Cartagena, en 1991.
Gabriel García Márquez retratado en Cartagena, en 1991. ULF ANDERSEN (GETTY IMAGES)

En su debate, Hoshino asoció la vigencia de la novela a la situación turbulenta que atraviesa el mundo, con caos social, tiranos y guerras, en una repetición cíclica de la historia enunciada por Úrsula Iguarán en la obra.

Muchos lectores llegan a la edición de bolsillo atraídos por la portada del ilustrador Ryuto Mistake. Su estilo evoca las minuciosas ilustraciones de la Expedición botánica de José Celestino Mutis, que entre los siglos XVIII y XIX denominó y clasificó gran parte de la flora colombiana. Como en una vitrina de coleccionista, Miyake dispone 16 elementos macondianos, entre ellos un alambique, un telescopio, un gallo de pelea y un racimo de plátanos, además de personajes como el gitano Melquíades y el coronel Aureliano Buendía.

La ordenada secuencia sugiere la intención de guiar a los lectores en una lectura que, según los comentarios de las redes sociales, se presenta compleja y difícil de seguir. “Aunque hayan dicho que se vende como salchichas, no es un libro fácil”, advierte el crítico literario Sinsi Saito en su canal de YouTube al presentar una serie de cuatro capítulos didácticos sobre Cien años de soledad. Saito desglosa los episodios principales del libro, explica los orígenes del realismo mágico y recomienda no cuestionar la lógica de episodios fantásticos como el vuelo de Remedios la Bella.

Al comentar el impacto de Cien años de soledad, los hispanistas locales señalan la calidad de la traducción realizada por el ya fallecido traductor Tadashi Tsuzumi para la primera edición y revisada un par de veces para las dos reediciones en tapa dura.

La historia traducida de Macondo tiene una capa sensorial inexistente en el original, gracias al inagotable catálogo de las onomatopeyas japonesas que, además de sonidos, permiten describir sensaciones o estados emocionales. En la escena inicial, por ejemplo, el traductor añadió el sonido rítmico de las piedras del lecho del río de Macondo goro-goro y para transmitir su tacto liso recurrió a la onomatopeya sube-sube.

El deseo de entender mejor la obra ha originado clubes de lectura y coloquios para discutir también aspectos no literarios. Personalidades ajenas al mundo literario, como el cómico Baki Baki Virgin, con 1,6 millones de seguidores en YouTube, aseguran que, pese a su reputación de obra maestra, no se trata de un libro pretencioso y recomiendan disfrutar la inverosimilitud sus episodios.

Su consejo recuerda la ocurrente sugerencia de Kobo Abe, otro famoso escritor devoto de la novela, en un discurso en 1983. Tras subrayar la “excesiva seriedad” de sus paisanos, Abe explicó las propiedades de la comida picante para estimular el hemisferio derecho del cerebro, donde, según el autor, se sitúa el sentido del humor, de lo que concluyó que la mejor forma para que los japoneses disfruten de Cien años de soledades comiendo sushi con mucho wasabi.


EL PAÍS 

Una foto / Niña palestina

 

Niña palestina


EL HORROR DE LA GUERRA

Deir al-Balah, Gaza

La niña palestina Sila Houso, herida en un ataque israelí, recibe tratamiento en el hospital de Deir al-Balah. Israel está cometiendo "flagrante y regularmente" crímenes de guerra en Gaza, según un ex diplomático británico que acaba de dimitir por no haber prohibido los ministros la venta de armas al gobierno de Benjamin Netanyahu.

Fotografía: Ramadan Abed/Reuters

The Guardian, 23 de agosto de 2024


viernes, 23 de agosto de 2024

Casa de citas / La persecución de Maduro

 


DUARDO LUIS HERNÁNDEZ

La Fiscalía cita a declarar al opositor Edmundo González por “desobediencia”

El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, anunció este viernes que el Ministerio Público citará "en las próximas horas" al excandidato presidencial opositor Edmundo González Urrutia para declarar sobre la autoría de la página web que el 29 de julio publicó más del 80% de las actas, dando como perdedor a Nicolás Maduro.

Además, la fiscalía emite esta citación judicial contra Edmundo González Urrutia por su presunta “responsabilidad en la desobediencia a los Poderes Públicos antes, durante y después del 28 de julio".

"El ciudadano Edmundo González Urrutia será citado por este Ministerio Público en base a la investigación en curso para que él rinda declaraciones sobre su autoría, donde él se declara responsable que la página esta que ha usurpado nada más y nada menos que la cualidad y competencia que solamente le corresponde al poder electoral venezolano. Va a tener que responder, va a tener que venir", dijo el fiscal Saab.

Aunque el fiscal asegura que una página web con resultados electorales "usurpa la cualidad y competencia que solo puede ejercer el CNE", en las elecciones presidenciales de 2013, el Partido Unido Socialista de Venezuela (PSUV) publicó un portal web seis días después con todas las actas que daban como ganador a Nicolás Maduro con un 51% de los votos, mientras que Henrique Capriles obtuvo el 49%.

Se espera que en las próximas horas se haga oficial la citación a Edmundo González Urrutia.


EL PAÍS 





Un libro / Felicidad perversa, de Tove Ditlevsen

 


‘Felicidad perversa’, las mujeres de Tove Ditlevsen

Las protagonistas de los cuentos de la escritora danesa, que se suicidó en 1976 a los 58 años, se debaten entre la osadía de hacer realidad lo inconfesable y las limitaciones sociales



Patricio Pron

22 de agosto de 2024


Unos cinco años atrás, Tove Ditlevsen era prácticamente una desconocida. Pero esto cambió rápidamente, entre otras cosas, gracias al extraordinario impulso que dio a su obra la difusión de su biografía. Ditlevsen nació en un barrio de clase trabajadora de Copenhague en 1917, se divorció cuatro veces, peleó con la adicción a los opiáceos y la depresión, pasó por varios psiquiátricos y se suicidó en 1976, a los 58 años: para los que prefieren las banalidades de una vida de escritor a lo que el autor escribió y quiso que se conociera de él —y creen que así lo han leído, sin abrir ni siquiera uno de sus libros—, la de Ditlevsen es la biografía perfecta. “La Billie Holiday de la literatura”. “La escritora amada por generaciones de mujeres y despreciada por generaciones de hombres”. “La perfecta desconocida que tienes que conocer”. La hype Ditlevsen es tan beneficiaria de una confusión frecuente acerca de para qué sirven los libros como ejemplar en su puesta en escena de ese malentendido.

Burda maniobra en Venezuela



La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, Caryslia Rodríguez, informa este jueves de los resultados de las elecciones presidenciales, En Caracas.

La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, Caryslia Rodríguez, informa este jueves de los resultados de las elecciones presidenciales, En Caracas.LEONARDO FERNANDEZ VILORIA 


Burda maniobra en Venezuela

La certificación de Maduro como ganador de las elecciones es una deriva autoritaria intolerable que confirma los peores augurios


EL PAÍS

22 AGO 2024 - 22:00 COT


El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, un órgano controlado por el chavismo y que carece de independencia, consumó este jueves la argucia con la que el presidente, Nicolás Maduro, quería revestir de legalidad el supuesto triunfo electoral que obtuvo el pasado 28 de julio y del que aún no ha mostrado una sola prueba. El Supremo no solo validó la victoria del líder chavista, pese a la falta notable de transparencia, sino que pidió responsabilidades al candidato opositor, Edmundo González, y a quienes publicaron las actas que están en poder de la oposición, que contradicen la versión oficial y muestran una victoria de González. La decisión apunta a un recrudecimiento de la represión en Venezuela. 

jueves, 22 de agosto de 2024

Un libro / Pasiones creativas

Pasiones creativas

PASIONES CREATIVAS

PAREJAS, TRÍOS Y LÍOS DE UNA NOCHE DE CONSTRUYERON LA HISTORIA DEl arte

HÉCTOR LLANOS MARTÍNEZ
Madrid - 21 AGO 2024 - 22:15 COT

Los bustos de Adriano y quien fuera el miembro favorito de su séquito, Antínoo, conviven en la sala 74 del Museo del Prado de Madrid. La voluntad del emperador se sigue cumpliendo 19 siglos después de la muerte de ambos. Cuando su joven amante falleció en las aguas del río Nilo, el césar decidió divinizarlo, construyendo templos en su honor y perpetuando su imagen en efigies y monedas. Lo convirtió en un gran dios del paganismo griego a pesar de ser el único que le rendía un culto auténtico.


De izquierda a derecha, Bernardo Pajares y Juanra Sanz, autores del libro ‘Pasiones creativas’, posan en el Museo del Prado ante alguna de las obras que mencionan en el libro: Antinoo (izq) y el emperador Adriano (al fondo).

De izquierda a derecha, Bernardo Pajares y Juanra Sanz, autores del libro ‘Pasiones creativas’, posan en el Museo del Prado ante alguna de las obras que mencionan en el libro: Antinoo (izq) y el emperador Adriano (al fondo).CLAUDIO ÁLVAREZ

La historia de amor entre Bernardo Pajares y Juanra Sanz, dos trabajadores del museo madrileño, se gestó rodeada de los miles de obras que alberga el edificio, entre ellas las dos que recuerdan a Adriano y Antínoo. Su unión y su pasión común dio como fruto el podcast Arte compacto, un rincón que aplica nuevas perspectivas a la Historia del Arte. Esta bitácora sonora combina su intimidad de pareja con un diario de viajes y con la historia detrás de las grandes obras de la pintura, la escultura o la fotografía. Su primer libro común, Pasiones creativas (Aguilar), mantiene esa esencia y aborda 10 episodios de amor, pasión y deseo que han dado significado a grandes obras. “Nosotros reaccionamos al arte como lo hace todo el mundo, desde aquello que te apela, desde tus recuerdos y experiencias”, comenta la pareja en el Museo del Prado. El texto se centra en un aspecto que les atrae irremediablemente: las intimidades, en cualquiera de sus formas, que dan pie a la creación de una pieza artística.

Picasso y Dora Maar, en el verano de 1937.
Picasso y Dora Maar, en el verano de 1937.

En sus páginas se preguntan por la creatividad que brotó cuando el amor surgió entre Patti Smith y Robert Mapplethorpe o Cindy Sherman y Robert Longo. Son dos de las relaciones más sanas y fructíferas que aparecen en el texto, mientras que en otras, como la de Pablo Picasso y Dora Maar o la de Edward Hopper y su esposa Josephine Nivison, esos encuentros sentimentales supusieron un gran perjuicio para ellas.


Robert Longo, Cindy, 2002, lithograph on paper


Cindy Sherman y Robert Longo


Peter Hujar y David Wojnarowicz, New York, 1983. 


Edward Hopper y Josephine Nivison


La intención de los autores de Pasiones creativas no es la de cancelar a nombres consagrados. “No estamos capacitados para destrozar el canon artístico y volverlo a escribir, aunque quizá sí para intentar enriquecerlo, recuperando las historias que estaban en torno a sus grandes héroes y a los relatos oficiales”, confiesa Sanz. “En los distintos espacios en los que hemos podido analizar la historia del arte hemos intentado espigar, como diría Agnès Varda, proyectos culturales muy concretos, recuperando aquellas cosas que los demás dejaron atrás. Ahora que hay tantas ventanas de información, tengo la esperanza de que las nuevas generaciones, cuando descubran a Dora Maar, lo hagan como fotógrafa y no como una de las parejas de Picasso”, completa su marido.


Patti Smith y Robert Mapplethorpe, en Nueva York en los años sesenta (imagen del libro 'Éramos unos niños').
Patti Smith y Robert Mapplethorpe, en Nueva York en los años sesenta (imagen del libro 'Éramos unos niños').

El libro también recuerda la autodestrucción de Francis Bacon a través de sus amantes masculinos. Y la tragedia de los fotógrafos Peter Hujar y David Wojnarowicz, 20 años menor que quien era su pareja y mentor. Ambos fueron víctimas de la epidemia del sida en el Nueva York de los años ochenta y noventa, y protagonizaron uno de los capítulos de su podcast que más les costó grabar y que precisamente por eso han decidido recuperar como capítulo final de Pasiones creativas. Cuando Peter enfermó, David lo acompañó aunque ya no fuera su pareja. Y lo fotografió para que, de esa manera, fuera inmortal.

El formato conversacional de su espacio sonoro se convierte en este texto en una suerte de literatura epistolar, en la que uno de ellos desmenuza las consecuencias artísticas de estas distintas conexiones emocionales a lo largo de la historia y el otro interactúa desde el tú a tú con ese microensayo. “Uno entregaba su texto y el otro reaccionaba casi de inmediato a lo leído, para registrar una respuesta lo más fresca y espontánea posible”, explica Pajares. “Como en el podcast, contamos cosas de nuestra vida y también datos históricos sobre los que tienes que documentarte muy bien. Al trasladarlo al negro sobre blanco ha llegado un vértigo que no había sentido antes de esta forma”, admite Sanz. “Hace poco Alejandro Vergara Sharp, conservador del Prado, explicaba que, al dejar algo por escrito, siente mucho más la obligación de que eso sea verdad, aunque también lo sea cuando lo dejas grabado ante un micrófono o una cámara”, prosigue.

Pasiones creativas nació en torno al concepto de amor, pero sus autores decidieron derivarlo al concepto de la pasión “para no llamar amor a algunas de las relaciones tóxicas que aparecen en el libro”, dice Sanz. “Y porque la oscuridad es igual de poderosa a la hora de inspirar arte”, defiende. Y es que el amor no es un tema primordial en la pintura que puede verse en el Prado, al “estar más centrado en el arte oficial, encargado por la iglesia y el poder”, apunta la pareja, y en el que predominan, por tanto, asuntos religiosos y gestas bélicas. Pero, aunque no haya sido un asunto muy explorado de forma tan activa hasta un pasado reciente, “un simple retrato puede esconder mucho amor, como el que Anna Klumpke hizo de Rosa Bonheur”, recuerda Pajares. Quizá la relación entre las dos pintoras de pie a un segundo volumen de estas pasiones creativas.


Sinopsis :
El primer libro de los populares divulgadores de Arte compacto, un pódcast sobre arte con una perspectiva distinta, abordará 10 historias de amor, pasión y deseo que dan significado a grandes obras de arte. "La pasión, el amor y el desamor son algunas de las principales emociones que conforman las obras de arte. En este libro nos hemos propuesto compartir a modo de diario escrito a dos voces nuestros pequeños descubrimientos y reflexiones sobre un aspecto de la historia del arte que nos atrae irremediablemente: las intimidades -sentimentales, sexuales, amistosas- desde las que se gestaron algunas de las más significativas obras de arte. Nos preguntamos por la creatividad que brotó cuando las flechas -no siempre bienintencionadas, todo hay que decirlo- de Cupido se clavaron en Edward Hopper y Josephine Nivison, Peter Hujar y David Wojnarowicz, Dora Maar y Picasso, Francis Bacon y sus amantes, Robert Mapplethorpe y Patti Smith y otros polígonos amorosos que dieron lugar a maravillosas pinturas, esculturas y fotografías que aún hoy son el reflejo de las historias que las vieron nacer". Juanra Sanz y Bernardo Pajares, pareja, trabajadores del Museo del Prado y divulgadores en el popular pódcast Arte compacto, relatan con detalle y maestría algunas de las historias de amor, pasión y creatividad que han marcado -para bien o para mal- la historia del 


EL PAÍS 

https://elpais.com/cultura/2024-08-22/de-patti-smith-y-robert-mapplethorpe-a-adriano-y-antinoo-las-pasiones-creativas-de-dos-espigadores-de-la-historia-del-arte.html



Un personaje / Woody Allen

 

Woody Allen en 2015 durante el Festival de Cine de Cannes.
Woody Allen en 2015 durante el Festival de Cine de Cannes. IAN LANGSDON (EFE)

Un amigo

Desde 1969, Woody Allen ha cumplido con su autocondena a rodar una película por año


DAVID TRUEBA
29 AGO 2016 - 10:46


Si hoy es martes y pesa menos el plomizo desánimo del final de vacaciones es porque este fin de semana llegó nueva película de Woody Allen a los cines. Para alguien nacido en 1969 resulta facilísimo enumerar las películas del director neoyorquino, porque desde entonces ha cumplido con su autocondena a rodar una película por año, del mismo modo que los demás obedecemos al calendario. Desde los 15 años suelo ver las películas de Woody Allen el mismo día en que se estrenan y en ocasiones me ha tocado acudir a cines en ciudades desconocidas y extrañas, donde me he sentido más acompañado por ese rito. Quizá por ello también percibo sus películas como el encuentro con un amigo, un amigo al que no ves a menudo, que se ha casado y separado varias veces, que tiene hijos de distintos matrimonios y ha cambiado de trabajos y ciudades donde vivir, ese amigo al que a menudo te toca defender de las críticas y ataques de otros y que en ocasiones a ti mismo te ha fatigado o crispado. Pero que es amigo y siempre lo será porque está encadenado a momentos compartidos y tu vida quedaría agujereada si prescindieras de él. 

Woody Allen ha establecido a lo largo del tiempo una familiaridad con el espectador. Incluso algunos abominan de sus películas como abominan de tener que ir a comer con sus familias el día de Navidad. Tras ellas, hemos querido descubrir la personalidad del autor, su cómica ligereza, su angustia existencial, el tributo a los maestros, la inteligencia crítica, su reivindicación de la torpeza. Durante casi dos décadas, el cine de Woody Allen estuvo sumido en una profunda crisis de fe en el género humano. Sus películas eran cínicas. Tenía excusa, había gastado cuatro millones de dólares en abogados, había sido repudiado por su propio hijo y se le acusaba de crímenes nunca probados, pero sobre todo de haber quebrado la moralidad pública, pese a que sus historias casi siempre tratan de cómo las pasiones se imponen a todo cálculo. Preso de la tecnología financiera, ciudades franquicia ejercieron de productoras asociadas con el rescate de ideas guardadas en su sobre beige de proyectos por hacer. Pero en los últimos años sus películas vuelven a ser melancólicas fascinaciones, asociadas al miedo a la muerte, la fugacidad de la vida y el fracaso de la inteligencia. Son sencillas y no hacen reír tanto, pero te invitan a olvidar por unas horas dónde estás, quién eres y que vives en un país sin proyecto. Cumplen, por tanto, con la idea perfecta de la cita con un amigo.


EL PAÍS