domingo, 8 de septiembre de 2024

Casa de citas / Thomas Bernhard / En el fondo, todos estamos contentos de vivir



Thomas Bernhard


Thomas Bernhard
 EN EL FONDO,
TODOS ESTAMOS CONTENTOS DE VIVIR.

En el fondo, todos estamos contentos de vivir. La vida no puede ser tan mala hasta el punto de no aferrarse a ella. La curiosidad es el estímulo.

***

A veces se vuelve casi insoportable. Ayer, cuando estaba en la ciudad, una mujer se me echó literalmente encima. Se puso a gritar: "Si sigue usted por este camino reventará". Se está indefenso ante este tipo de cosas. O, por ejemplo, está uno tranquilamente sentado en un banco en el parque, y recibe de repente un golpe por la espalda. Aún no has tenido tiempo de reaccionar y apenas alcanzas a oír cómo alguien grita: "Muy bien, siga por este camino". Uno mismo provoca estos incidentes. Lo que pasa, es que no se contaba con ello. Apenas puedo seguir viviendo en Ohlsdorf, mi lugar de residencia. Los atropellos por todas partes se me hacen insoportables. Por lo demás, las alabanzas son tan siniestras, falsas, hipócritas y egoístas como los insultos. Se da el caso, que la gente, si no abro en seguida la puerta, se enfada y me rompe los cristales. Primero llaman, después pican, después gritan, y acaban rompiéndome las ventanas. Después se oye el rugido de un motor que se aleja. Porque fui lo suficientemente estúpido, hace veintidós años, de dar mi dirección, ahora ya no puedo seguir viviendo en Ohlsdorf. La gente se sube al muro que rodea mi casa. Cuando por la mañana bajo hasta el portal, ya hay gente encaramada. Dicen que quiere hablar conmigo. O, los fines de semana, la gente va a ver al escritor, como antes iban al parque a ver los monos. Esto es más divertido. Se acercan hasta Ohlsdorf y asedian mi casa. Yo los observo escondido detrás de las cortinas como un preso o como un loco. Insoportable. Desde hace doce años ya no doy más conferencias. Ya no me siento capaz de sentarme y ponerme a leer mis cosas. Tampoco soporto a la gente que aplaude. El aplauso es la recompensa del actor. Vive de ello. Yo, por mi parte, prefiero las transferencias de mi editorial. Pero las marchas, los desfiles y la gente que aplaude en los teatros o en los conciertos me son insoportables. Las calamidades siempre las provoca la masa enfervorizada que aplaude. Todos los horrores provienen de los aplausos.

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Mi abuelo era escritor. Hasta después de su muerte no me atreví a ponerme a escribir. Cuando yo tenía dieciocho años, se descubrió en el pueblo donde había nacido mi abuelo una placa en recuerdo suyo. Después de la ceremonia todos fueron al albergue de mi tía. Yo también estaba allí, y mi tía, dirigiéndose a unos periodistas que cubrían la información, dijo: "Allí está el nieto, que nunca será nada, aunque a lo mejor también sabe escribir". Entonces uno dijo: "Mándemelo el lunes". Así recibí el encargo de escribir sobre un campo de refugiados. Al día siguiente mi reportaje ya figuraba en el diario. No he vuelto a sentirme tan entusiasmado en mi vida. Es una sensación maravillosa: escribir algo que se imprime durante la noche, aunque sea mutilado y recortado. Pero en fin, ahí estaba. De Thomas Bernhard. ¡Sangre había sudado para escribirlo! Durante dos años escribí la crónica judicial, que me volvió a la memoria cuando me puse a escribir prosa. Un tesoro inestimable. Creo que de ahí surgen mis raíces.
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Todo lo que hago, lo hago sólo para mí. Todo el mundo lo hace todo sólo para sí, tanto el funámbulo, como el panadero, o el revisor de tren, o el acróbata del aire. Con la salvedad de que en las acrobacias aéreas, durante el espectáculo, el público mira al cielo, y, mientras el aeroplano está volando la gente ya espera que se estrelle. Con los escritores pasa lo mismo, con una diferencia importante: mientras el aviador sólo se estrella una vez, en cuyo caso suele matarse o quedar muy mal parado, el escritor también suele salir muerto o mal parado, pero siempre resucita. Siempre vuelve a dar el espectáculo. Y cuando más viejo se hace, más alto vuelta, hasta que un día se le pierde de vista. Entonces la gente se pregunta: ¡Qué raro! ¿Cómo es que no se ha vuelto a estrellar? Yo gozo escribiendo, lo que no es nada nuevo. Escribir es el único lazo que todavía me ata. Claro que la cuerda está algo deshilachada. Pero en fin, así es. Nadie es eterno. Pero mientras dure mi vida, viviré escribiendo. La escritura es mi existencia. Hay meses, o años, en los que no puedo escribir. Es horrible. Pero en algún momento siempre vuelve, y entonces algo se fragua. Este ritmo es terrorífico y extraordinario a la vez: es algo que los demás probablemente no conocen.

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Sólo puedo decir que, desde hace un cuarto de siglo, me relaciono exclusivamente con mujeres. No soporto a los hombres, ni las conversaciones de hombres. Me vuelven loco. Los hombres siempre hablan de lo mismo: de su profesión o de mujeres. Es imposible escuchar algo original en boca de los hombres. Las reuniones de hombres me son insoportables. Prefiero la cháchara de las mujeres. Para mí, las únicas relaciones provechosas han sido con mujeres. Después de mi abuelo, lo he aprendido todo con las mujeres. No creo haber aprendido nada de los hombres. Los hombres siempre me han puesto de mal humor. Curioso. Después de mi abuelo, se acabó, ni un hombre más. Siempre he buscado protección y salvación entre las mujeres, que también se han mostrado superiores a mí en muchas cosas. Y además saben dejarme en paz. Yo puedo trabajar rodeado de mujeres. En cambio, sería totalmente incapaz de producir nada en un entorno de hombres.

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Es una gran ventaja haber vivido esto una vez en la vida. Las cosas después ya no te afectan. Dejas de interesarte por el éxito o por el fracaso, por el teatro o por los directores, por los redactores o por los críticos. En realidad a uno ya no le importa nada. Lo único, es tener todavía dinero en el banco para poder seguir viviendo. Por lo demás mi ambición ya no era lo que había sido, pero con su muerte también se acabó. Nada te conmueve. Sigues disfrutando con los filósofos antiguos, con algunos aforismos. Es parecido a refugiarse en la música: durante unas pocas horas se puede llegar a tener un excelente humor. Todavía tengo algunos planes: antes tenía cuatro o cinco, ahora sólo me quedan dos o tres. Pero no son imprescindibles. Ni yo, ni el mundo los estamos reclamando. Si tengo ganas todavía haré algo, si no las tengo, o me faltan las fuerzas, pues se acabó. Qué más da lo que yo escriba; en resumidas cuentas siempre son catástrofes. Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado: la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como yo. En el fondo no puedes comunicarte. Todavía no lo ha conseguido nadie. En alemán mucho menos; es una lengua envarada y torpe, en el fondo horrible. Es una lengua espantosa que mata todo lo que es ligero y maravilloso. Lo único que se puede hacer, es sublimarla con el ritmo, confiriéndole musicalidad. Lo que escribo nunca corresponde a lo que he imaginado. Los libros deprimen menos, porque uno se imagina que el lector pone más fantasía y a lo mejor consigue que el texto cobre vida. En cambio en el escenario, en el teatro, lo único que se levanta es el telón. Sólo quedan los actores que, durante meses y meses, han sufrido hasta la noche del estreno. Ellos deberían representar a los personajes que uno ha imaginado. Pero no lo consiguen. Estos personajes que en mi mente todo lo podían, de repente se componen de carne, huesos y agua. Son torpes. Yo había concebido la obra como algo grandioso, poético; pero los actores no son más que unos intérpretes profesionales, unos traductores. Una traducción poco tiene que ver con el original. Por la misma regla de tres, la representación de una obra en el escenario, poco tiene que ver con lo que pasó por la cabeza del autor. Las tablas, que, dicen, son una representación del mundo, para mí, sólo han sido eso, tablas; unas tablas que me lo han destrozado todo. El teatro todo lo pisotea.

Asta Scheib
Quimera, julio de 1987
Traducción de Thomas Kauf
(Thomas Bernhard)





sábado, 7 de septiembre de 2024

Strange Game by Mick Jagger

 



STRANGE GAME

by Mick Jagger


Rodeado de perdedoresSurrounded by losersInadaptados y borrachosMisfits and boozersColgando de tus uñasHanging by your fingernailsCometiste un errorYou made one mistakeTe quemaron en la hogueraYou got burned at the stakeEstás acabado, eres tonto, fallasteYou're finished, you're foolish, you failed
Siempre hay una esperanzaThere's always a hopeEn esta pendiente resbaladizaOn this slippery slopeEn algún lugar el fantasma de una oportunidadSomewhere a ghost of a chancePara volver a ese juegoTo get back in that gameY quemar tu vergüenzaAnd burn off your shameY bailar con los grandes otra vezAnd dance with the big boys again
Es un juego extraño, extraño.It's a strange, strange gameJuego extraño, extraño.Strange, strange gameQué vergüenza, vergüenza, vergüenza.Such a shame, shame, shameSi un juego extrañoYes a strange game
Tienes que cargar con la culpa.You got to carry the blameEn este extraño juegoIn this strange gameEstás en un riesgoYou're out on a limbY estás tratando de entrarAnd you're trying to get ines un juego extrañoIt's a strange game
Amontonaste los cadáveresYou piled up the corpsesAgotadas tus fuentesExhausted your sourcesViviendo justo debajo de una nubeLiving right under a cloudLas probabilidades están en tu contraThe odds are against youLos dioses no te han bendecidoThe gods haven't blessed youSerá mejor que vuelvas a los rielesYou better get back on the rails
Profundizar en los datosDrill down on the dataSigue empujando el papelKeep pushing the paperLa humedad goteando en las paredes.The damps dripping down on the wallses un millón a unoIt's a million to oneHay un lugar en el solThere's a place in the sunPara bailar con los grandes otra vezTo dance with the big boys again
Es un juego extraño, extraño.It's a strange, strange gameExtraño, oh, tan extrañoStrange, oh, so strangeNi siquiera sabes mi verdadero nombreYou don't even know my real namees un juego extrañoIt's a strange game
Tienes que cargar con la culpa.You got to carry the blameEn este extraño extraño juegoIn this strange strange gameEstás en un riesgoYou're out on a limbTratando duro de entrarTrying hard to get ines un juego extrañoIt's a strange game
Fuente: LyricFind
Compositores: Daniel Pemberton / Mick Jagger



Mick Jagger / Strange Game / Slow Horses

 


Mick Jagger – Strange Game


Ignacio García

1 de abril de 2022

El líder de los Rolling StonesMick Jagger, ha publicado un nuevo tema original, Strange GameJagger ha compuesto el sencillo junto al británico Daniel Pemberton, nominado múltiples veces a los Óscar por sus composiciones y ganador de un Emmy. La canción va a servir como tema de apertura para Slow Horses, una nueva serie de Apple Original. Los dos primeros episodios de la serie están disponibles a partir de hoy en Apple TV+.

En una entrevista que Jagger concedió esta semana a Rolling Stone arrojó más luz sobre el proceso que hubo detrás de Strange Game. «De repente me llegó un email de un tipo que no conocía, Daniel Pemberton. Su nombre me sonaba porque ha hecho bastante música para televisión y cine, es inglés y ha obtenido mucho reconocimiento y nominaciones a premios», comentó.

Por su parte, Pemberton le propuso el proyecto y Jagger tardó poco en responder afirmativamente. «Siempre estoy abierto a hacer cosas diferentes», confesó el Rolling Stone. Para el compositor, haber podido trabajar con una institución musical como es Jagger ha sido «una de las colaboraciones más emocionantes» de su carrera. 

«Sólo había un nombre en mi mente: Mick Jagger«, ha confesado James Hawes, director de la serie. Y continúa: «Las letras de Mick y el resultado han clavado el mood de Slow Horses, con todo ese humor y estilo que deseaba». La serie está protagonizada por Gary Oldman, al frente de un equipo de agentes de la inteligencia británica. La producción cuenta con seis capítulos y se inspira en una exitosa serie de libros del novelista británico Mick Herron.


CRAZY MINDS





viernes, 6 de septiembre de 2024

Un libro / La amiga estupenda, de Elena Ferrante

 




Este es el mejor libro del siglo XXI según 503 escritores preguntados por 'The New York Times': una novela superventas que se ha adaptado como serie de televisión

En julio, The New York Times preguntó a Stephen King, James Patterson y otros grandes maestro de la literatura por cuál consideran el mejor libro del siglo XXI. Y este el llamativo resultado.

Por Giuseppe Giordano 
5  dd septiembre de 2024

Este verano, The New York Times pidió a lo más granado de la literatura mundial, una larguísima lista de más de 500 escritores entre los que se encuentran Stephen King o James Patterson, que seleccionaran los mejores libros publicados desde el 1 de enero de 2000 hasta la fecha. El objetivo era determinar el mejor libro del siglo XXI a día de hoy. El resultado, publicado en julio de este año, tuvo un gran impacto en la prensa y la opinión pública italianas: porque en el número uno entre los mejores libros de los últimos 24 años según los escritores se encuentra la obra de una autora italiana. 

jueves, 5 de septiembre de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Paros y vuelos


Fotografía de Triunfo Arciniegas






Triunfo Arciniegas
PAROS Y VUELOS
4 de septiembre de 2024


Estaba en la programación del martes 3 y el miércoles 4 de septiembre del Festival de Literatura Oiga Mire Lea, en Cali, pero se me atravesó el paro camionero, pues tenía que salir de las montañas de Norte de Santander, donde seguimos absolutamente bloqueados. Así que me quedé con la maleta hecha y las ganas de conversar con Harold Kremer. El otro evento era una charla sobre la lectura con profesores y bibliotecarios. Lamento la situación, pero reconozco las razones del paro. 

El año antepasado tuve que viajar a Bogotá con lo que tenía puesto para no perder un vuelo. Estaba en Cúcuta esperando un repuesto de la camioneta y mi equipaje en Pamplona, que no tiene aeropuerto. No sólo había bloqueos en la carretera sino, además, uno de los famosos derrumbes del invierno. Si me arriesgaba a viajar a Pamplona podía quedarme por el camino o sencillamente no podría regresar a tiempo a Cúcuta. En Bogotá tuve  que comprar ropa a medida que pasaban los días.

Y en otra oportunidad estaba en Bogotá y perdí el vuelo de regreso debido a una manifestación de los profesores: cerraron el centro y no tuve valor para arrastrar el equipaje por una zona de putas y ladrones. Ya había renunciado para entonces, pero el magisterio me seguía jodiendo.

Cosas que pasan.





miércoles, 4 de septiembre de 2024

Un libro / Reencuentro, de Fred Uhlman

 



Una verdad viral

Una mujer compartió en la radio un tesoro que no quería para sí sola, intuyó que la novela ‘Reencuentro’ podía ser el refugio de mucha gente que busca en la lectura razones o consuelos


JOSÉ LUIS SASTRE
13 AGO 2024 - 22:00 COT


Nos pusimos a hablar en la radio de los sitios a los que volvemos cuando necesitamos sosiego, cuando nos hace falta la firmeza de un lugar en el que sabemos que seremos felices. Un refugio, si es que eso existe. Servían las películas y los libros, claro, porque a veces la felicidad se encuentra antes si se busca en las ficciones. Al cabo, siempre hay una película que pueda levantarnos el ánimo cuando todo parezca perdido, o un libro al que no nos importe regresar por si, al leerlo otra vez, nos provoca las primeras sensaciones. Tampoco se requerían obras de culto: un mal día no te lo salva Haneke, pero lo puedes remontar a carcajadas con Aterriza como puedas o con Top Secret. Por no hablar de las canciones, dispuestas siempre a darte una excusa o un empujón si te apetece reír o llorar.

En eso, llamó una mujer. María José, de Valladolid. Contó que su libro de referencia, al que viene y va, es en realidad un libro que regaló a su hija y que su hija, con los años, le devolvió con una dedicatoria. “Te regalo este libro de vuelta, el primero que, gracias a ti, leí con ojos de adulta. Para mí —le puso la hija— esta historia marcó el antes y el después de mi forma de disfrutar de la lectura”. Contó también María José, casi emocionada, que ese es el libro que ella más regala y que todo el mundo se lo agradece. El libro es Reencuentro, de Fred Uhlman.

Pasó entonces algo tan sencillo que apenas suele pasar. Corrió la voz. Ese minuto de radio empezó a viralizarse porque contenía un elemento imbatible: una pasión sincera. Aquella mujer llamó a la radio con la pretensión generosa de compartir un tesoro que no quería para sí sola, porque intuyó que la novela podía ser el refugio de mucha otra gente que busca en la lectura razones o consuelos. Empezaron a llamar librerías y bibliotecas para decirnos que se estaban quedando sin ejemplares y sucedió que aquel libro delgado y antiguo, de 1971, empezó a subir posiciones en las listas de los más vendidos.

Habría costado unos cuantos euros una campaña de promoción con un resultado similar y, sin embargo, surgió en el arrebato honesto de una oyente. Me acordé de otro libro, mucho más denso, que escribió Bernard Williams sobre lo que es la verdad, a la que él atribuyó dos condiciones: la sinceridad y la precisión. Eso fue lo que tuvo la recomendación de María José y lo que explica el éxito de su llamada. Fue sincera y precisa. Tuvo la virtud de demostrar que, entre tantos bulos y decorados, nos siguen interesando las cosas que son de verdad. Nos interesan, de hecho, por la falta que nos hacen.


EL PAÍS 



Un libro / Primero estaba el mar, de Tomás González


Portada de 'Primero estaba el mar', de Tomás González. EDITORIAL SEXTO PISO

Primero estaba el mar

Tomás González
Sexto Piso, 2024
176 páginas, 17,90 euros

Primero estaba el mar’, de Tomás González: somos partículas con proyectos imposibles

Se reedita el libro del escritor colombiano, publicado originalmente en 1983, un texto exuberante en el tino con el que se elige cada palabra y nos adentra en una atmósfera cada vez más densa, alcohólica, alucinante, pestífera




MARTA SANZ
02 SEPT 2024

Una reseña coloca un libro en el campo cultural y también en el mercado. Más allá de utopías de independencia del primero respecto al segundo, campo cultural y mercado se funden a menudo en un magma indistinguible. Primero estaba el mar, cuya primera edición data de 1983, no merece reaparecer en este oportunísimo reencuentro con el público apelando al argumentario que convierte en vendible una novela: visiones muy esperanzadas de la vida que nos ayudan a ser mejores personas; un gozo que nace del humorismo y la levedad; el hallazgo de la luz en nuestras cositas mínimas. No. Este libro es terrible y maravilloso. No necesita meterse en una pompa rosada de jabón para presentarse en sociedad.

J. y Elena abandonan Medellín, su noctambulismo y su acomodada bohemia. Él quizá lo hace buscando ser más coherente con su acracia; las razones de ella se vinculan con la fantasía de mejorar socialmente. Sabemos que nada saldrá bien. Así que este libro habla de que no se puede cambiar de vida: hay desigualdades tan necrosadas en los esquemas sociales que el resentimiento ennegrece el corazón de los parias de la tierra, y una ingenuidad autodestructiva marca el talante falsamente igualitario de los señoritos de buena voluntad. El cuento de la lechera adquiere una dimensión salvaje. Tampoco funciona la conversación interracial: las doñas no muy cultas, que se transforman en señoras de la casa, mandan levantar una alambrada para que los pies descalzos de una mujer negra no atraviesen su propiedad. Por su parte, las esposas de los mayordomos son pusilánimes, sucias, y dejan que sus hijos defequen por los pasillos. Salir de la ciudad y de sus servidumbres, anidar junto a las ceibas y el mar, no nos libera de nada; la naturaleza se impone y primero estaba el mar, la crueldad de las lluvias, el ganado enflaquecido y garrapatoso, las picaduras de serpiente. Nuestro tamaño es ínfimo frente a una naturaleza a la que, sin embargo, asestamos golpes mortales. Hay algo vanidoso y suicida en nuestra relación con el entorno, y ese vínculo violento se recrea en tres pasajes deslumbrantes: lo vivo resplandece en el cementerio; se tala un árbol majestuoso y con él mueren multitud de animales y plantas; el cuerpo de J. vuelve a la tierra.

Sabemos desde el principio que J. ha muerto, pero González no trabaja con el virtuosismo juguetón de Crónica de una muerte anunciada. Trabaja con la inexorabilidad. Las buenas intenciones, las lecturas —Dostoievski, Neruda—, el anarquismo o la renuncia snob al buen gusto le van a servir de poco a un personaje que pide que carguen sus bultos, pero no quiere ser un rico. Tampoco es un menesteroso: es alguien con posibilidad de endeudarse y, en su ridiculez y en la anonimia a la que lo reduce la inicial de su nombre, se parece mucho a cualquiera de nosotros. J. y la ineficacia radical de las buenas intenciones. En Primero estaba el mar oímos el rumor de Kafka y de Camus decantados por la mejor narrativa colombiana. Escuchamos a Onetti. Disfrutamos de un texto exuberante en el tino con el que se elige cada palabra y nos adentramos en una atmósfera cada vez más densa, alcohólica, alucinante, pestífera… El amor no salva. El futuro y la memoria descansan en el mar. Reposo y oleaje. Punto de confluencia entre lo vivo y lo muerto. Solo nos resta asumir esa fusión de la materia en la materia. Somos partículas con proyectos imposibles. El libro ha merecido valoraciones elogiosas de escritoras tan optimistas como Elfriede Jelinek. Es, sencillamente, una preciosidad.



martes, 3 de septiembre de 2024

Casa de citas / Sigrid Nunez / “Cada día le dices adiós a algo”

 

Sigrid Nunez


Sigrid Nunez: “Cada día le dices adiós a algo”

Para muchos escritores, eso estaría fuera de cuestión; quieren tener un esquema y saber qué va a pasar. Pero para mí, es completamente diferente. Tal como dije, esa frase [de Virginia Woolf] me vino a la cabeza y luego simplemente me dejé llevar. Me gusta avanzar a medida que las ideas me van llegando, y luego cuando llego a cierta cantidad de páginas, quizás diez o quince, sigo revisando esas páginas tanto como puedo hasta que sean tan buenas como creo que puedo hacerlas. Luego paso a las siguientes diez o quince páginas. Cuando llego al final del libro, está terminado. No tengo que volver atrás, porque no es un borrador. Es un borrador final que he revisado una y otra vez, mientras lo escribo.


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Creo que el trauma de la pandemia y el confinamiento acentuó esa sensación de duelo o pérdida para todo tipo de personas. Pero creo que es la razón principal por la que escribo. Y no creo que sea yo, creo que es todo el mundo. Incluso si eres bastante joven (y yo no soy tan joven), gran parte de la vida es una cuestión de pérdida, porque esa es la naturaleza del tiempo. Te lo quita todo, sin ser melodramático. Cuando eres joven, pasas de un grado escolar al siguiente, haces nuevos amigos pero pierdes a algunos de tus viejos amigos, tus abuelos mueren, te mudas a un barrio diferente. Te haces mayor y la gente pierde su juventud, su apariencia, sus parejas y amigos, etc. Es simplemente una parte muy importante de la vida humana. Y lo compartes con todos los demás, lo que supongo que es en gran medida lo que lo hace soportable. Pero cuando llegas a cierta edad, gran parte de tu vida, gran parte de lo que tenías, ya no está allí. Pero te sentirás nostálgico: recordarás esa época y toda la emoción que la acompañó. Así es el mundo, sentir que estás de luto todo el tiempo, porque cada día estás diciendo adiós a algo.


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Creo que siempre tuve algunas dudas sobre mí misma. Mi primer libro no se publicó hasta que tenía 42 años, y mi primer relato importante en una revista literaria respetada apareció en 1988. Durante todo ese tiempo, durante la universidad, después de la universidad y durante el posgrado, escribí y envié relatos. Publiqué una o dos cosas y recibí algunos premios, becas y cierto apoyo. Pero me pareció que era más difícil para mí que para mucha otra gente. Pero siempre estaba haciendo lo que realmente quería hacer. Escribía, no lo conseguía, pero siempre supe que eso era lo que quería hacer. En realidad no servía para nada más. No puedo imaginar qué otra cosa habría hecho. Así que eso fue todo.

La mayor diferencia llegó con el Premio Nacional del Libro; ese fue el gran cambio. Pero en realidad, creo que se reduce al hecho de que no me distraía con las cosas que distraen a otras personas. No tenía otra profesión. No me casé, no tuve hijos. Siempre viví al límite: no me importaba vivir en una habitación y no tener dinero ni un cierto tipo de seguridad. La mayor dificultad para mí fue conseguir pagar el seguro médico; eso fue extremadamente difícil y se hizo más difícil cada año. Pero no quería otras cosas con tanta fuerza como para no poder dedicarme a esto y sentir que estaba haciendo lo que debía hacer.


Sigrid Nunez: “Every Day, You’re Saying Goodbye to Something” 

Another Magazine

1 de febrero de 2024





Las nuevas chicas Almodóvar llegan a Venecia: Tilda Swinton y Julianne Moore

 



Las protagonistas de la nueva película de Pedro Almodóvar han posado juntas a su llegada a Venecia con dos estilos muy diferentes. La primera, como siempre, enigmática con un dos piezas azul y taconazos, y la segunda con un vestido en clave boho en negro y rojo, y con volante en los bajos.

Las nuevas chicas Almodóvar llegan a Venecia: Tilda Swinton y Julianne Moore, dos looks con cara y cruz


Tilda Swinton y Julianne Moore, dos estilos opuestos para la gran noche de Pedro Almodóvar en Venecia

El director manchego ha presentado en la ciudad italiana su primer filme en inglés, protagonizado por las dos actrices americanas


Bruno Mulero
2 de septiembre de 2024




Uno de los estrenos más esperados de la 81.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia es 'La habitación de al lado'. Tanto su director, Pedro Almodóvar, como sus coprotagonistas, Tilda Swinton y Julianne Moore, llegaron este lunes a la ciudad italiana. La expectación es máxima ya que es el primer largometraje del manchego producido por completo en inglés.




Tras un cálido recibimiento por la mañana, Almodovar era el primero en llegar al estreno como anfitrión de la noche. Lo hizo de rosa con un traje, con americana de seis botones, camisa blanca y zapatos de vestir. Además, añadió una pluma dorada en una de las solapas de la chaqueta que se alineaba perfectamente con el diseño.



Por otro lado, Tilda era fiel a su estilo y, como embajadora de Chanel, apostaba por uno de sus últimos diseños. Escogió un abrigo gris en gasa plisada y bordado con perlas y lentejuelas. Una prenda que pertenece a la colección Primavera/Verano 2024 y que fue dedicada al movimiento y a la danza, tal y como explicó su directora creativa, Virginie Viard, antes de dejar la maison francesa. Lo combinó con un pantalón recto de seda y tacones a juego.




Su compañera de reparto, Julianne Moore, optó por un diseño radicalmente opuesto. En su caso, su estilo es más atrevido y lo demostró por la mañana con una prenda estampada en rojo. Sin embargo, la sorpresa llegaba por la noche, cuando apareció en la alfombra deslumbrante con un vestido de lentejuelas doradas, manga larga y escote en V. Además, añadió pendientes XXL del mismo 

EL CONFIDENCIAL

https://amp.elmundo.es/album/yodona/moda/2024/09/02/66d18531e85ece9b3f8b4576.html


EL MUNDO

lunes, 2 de septiembre de 2024

Un libro / El tránsito de fuego. de Eunice Odio

 


Eunice Odio

EL TRÁNSITO DE FUEGO


El tránsito de fuego, de Eunice Odio, una obra publicada por la editorial Vaso roto. La creación más trascendente de esta autora combina la deslumbrante belleza de la forma con una densidad simbólicaaquilatada por su vasto intertexto. Como Roland Barthes dice acerca del texto de goce, esta obra obliga al lector a levantar la cabeza con frecuencia, como quien está a punto de desentrañar algo que siempre está más allá.

La propia editorial apunta, acerca del libro: «A fin de acompañar al lector en la aventura que propone El tránsito, hemos incluido en esta edición dos aportaciones que pueden resultarle de utilidad. La primera es de Peggy von Mayer, quien, a modo de pórtico, brinda un panorama sobre la figura de nuestra poeta, que abrazó la poesía como un «destino implacable», misión de amor hacia la humanidad con la que necesita compartir la revelación de la sacralidad del universo. En segundo término y a modo de colofón, el lector encontrará una sustancial mirada en el trabajo de Graciela S. Tomassini, quien propone que la naturaleza simbólica de El tránsito, abierta a plurales dimensiones de sentido, ofrece múltiples posibilidades de construcción temática».

Eunice Odio: (Costa Rica, 1919 – Ciudad de México, 1974) Reconocida poeta, narradora y ensayista, entre sus poemarios destacan Los elementos terrestres (1948), Zona en territorio del alba (1953) y El tránsito de fuego (1957), pero su espíritu viajero y autodidacta y su extraordinaria erudición le permitieron abarcar temas tan disímiles como la crítica literaria y artística, el periodismo, el ensayo político, la estética, la metafísica o la traducción. Su obra se ha consolidado y recorre el mundo; ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y rumano. Sus poemarios se siguen publicando en España, Italia, Estados Unidos, Argentina y Costa Rica. Aparece en antologías de Europa, Norteamérica y América Latina y es objeto de recitales, conferencias, homenajes, artículos, tesis, obras de arte pictóricas, escultóricas, teatrales y musicales.

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Autor: Eunice Odio. TítuloEl tránsito de fuegoEditorial: Vaso roto.


ZENDA





domingo, 1 de septiembre de 2024

Una foto / Jim Morrison & Agnes Varda

 



Jim Morrison

& Agnes Varda

Paris,1970


Muere a los 90 años Agnès Varda, directora mítica de la Nouvelle Vague






Un libro / Juego limpio, de Tove Jansson

 


Juego limpio, de Tove Jansson

 Una novela o un conjunto de relatos, según se mire, de trasfondo autobiográfico en que el lector reconocerá el estilo único de esta autora finlandesa, conocida por haber creado a los Mumin, que han sido traducidos a más de 55 idiomas y han protagonizado series televisivas, una ópera, una película e incluso parques temáticos.

La propia editorial apunta, acerca de la obra: «Mari y Jonna, dos artistas que viven juntas desde hace décadas respetando al máximo el espacio personal de cada una, se citan para ver una película que dan por televisión, o van de viaje por Europa y Estados Unidos, o pasan temporadas en una cabaña situada en una isla solitaria en la que pescan con red, se sientan a admirar las tormentas y pasean entre las rocas con la complicidad de una vida compartida».

«Vivían cada una en un extremo de un gran bloque de pisos cerca del puerto, y entre sus estudios se encontraba el desván, una tierra de nadie impersonal de pasillos altos con puertas de tablones a ambos lados. A Mari le gustaba cruzar el desván, marcaba un inciso de neutralidad necesaria entre los dominios de las dos. Podía pararse por el camino a oír la lluvia sobre el tejado de latón, contemplar la ciudad, que ya encendía sus luces, o detenerse solo para disfrutar del sosiego. Nunca se preguntaban: ¿Has podido trabajar hoy? Tal vez veinte o treinta años atrás sí, pero con el tiempo aprendieron. Hay vacíos que es necesario respetar; esos períodos a menudo muy largos en los que no vemos la imagen, no encontramos las palabras, y es preciso que nos dejen en paz».

Autor: Tove Jansson. TítuloJuego limpioEditorial: Minúscula.

ZENDA