martes, 5 de julio de 2022

Triunfo Arciniegas / Diario / Conversando con Nino




Nino
2022


Triunfo Arciniegas
CONVERSANDO CON NINO
5 de julio de 2022

Nino, de apenas dos meses, está en casa, y de manera definitiva. Ayer lo traje de su territorio de origen, La Mancha, y pasaremos unos días juntos antes de traer a Mío, que sigue como un rey en casa de Vero. Dejaré que Nino explore y se adapte a su nuevo espacio. Me inquieta la reacción de Mío. Al principio, de manera contundente, fue rechazado por Cata. Ya me daba por vencido y estaba por devolver a Mío cuando se hicieron amigos. Los gatos, más territoriales que los perros, se comportan como amos y nos consideran unos pinches inquilinos.

En realidad, Cata se transformó en la madre de Mío, a quien le afectó su desaparición tanto como a mí. Lo sé. Mío tomó los espacios de Cata: sobre la impresora o detrás de la pantalla del computador, la orilla de la cama, la cocina, la azotea e incluso el baño. Me siguió por toda la casa como un perrito. Nos consolamos mutuamente. Mío me alivió la pena de vivir sin Cata, una dulce compañía que nunca olvidaré. Cata, mi cielo, Cata, mi amor. ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué es tan dura?

De estos y otros asuntos conversamos Nino y yo. ¿De qué sirve una compañía si no se conversa? Y no me refiero sólo a las palabras. Los silencios son importantes, fundamentales en toda conversación larga. Porque el silencio, creativo por excelencia, también alimenta. Ah, la dicha de estar juntos. De las soledades que se respetan. Es decir, él ronronea y yo trabajo. Como ahora, mientras escribo.

Le había comentado hace poco a mi hermano Jaime que quería un gato negro y me respondió que tarde o temprano aparecería uno. Y así fue. En casa de Reyes nacieron tres pequeños y preciosos gatos. Una hembra de tres colores, toda una belleza, y una parejita negra. Aparté el macho, pero me hubiera gustado quedarme con los tres.

“Ahí está”, dijo Jaime.

Disfruto estos azares de la vida. Aunque en el fondo se trata de líneas que no hemos sabido interpretar. Nino encontró su destino y, por supuesto, me siento un poco mejor. Sin más palabras, lo recibo como un regalo de esta vida dura y salvaje, en esta tierra de nadie.

Nino, bienvenido a casa. O como dicen en México muy en serio, porque la hospitalidad mexicana no admite comparaciones, la casa mía de usted. Y no se trata de un juego de palabras: es la verdad, aunque la gramática considere la frase como un retorcimiento. La realidad va más allá de la gramática. No me parece una casualidad que en las primeras fotos que nos tomamos en casa tenga una camiseta (o playera, en mexicano) de Veracruz. Nino, mi casa suya de usted.



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