sábado, 29 de agosto de 2026

Un escritor / Osamu Dazai


Osamu Dazai

Osamu Dazai│Foto de Tadahiko Hayashi

Osamu Dazai y el arte del colapso 

Leer a Osamu Dazai hoy en día tiene algo inquietante. No por su muerte, aunque la imagen de ahogarse en un canal con tu amante sigue presente. No por su depresión, aunque esta se filtra en cada verso. Sino porque Dazai, fallecido en 1948, da la sensación de escribir desde dentro de tu cabeza. Incluso ahora.

Un escritor / Tony Judt




El historiador Tony Judt, en la presentación de 'Postguerra' en 2006 en Madrid. 
Foto de LUIS MAGÁN


Antonio Muñoz Molina

Un recuerdo de Tony Judt

La causa que el historiador defendió hasta su muerte se revela ahora como la única posible: la solidaridad colectiva

8 de abril de 2020

Tony Judt estaba muriéndose poco a poco y su afán de escribir, en vez de atenuarse, o de desaparecer, se volvía acuciante. A Tony Judt la enfermedad lo había ido confinando en una parálisis progresiva, en una pérdida gradual del movimiento, pero sus facultades mentales no sufrían ningún deterioro, así que el consuelo de la lucidez, de la memoria, de la plena conciencia, al mismo tiempo acentuaba el horror de lo que estaba sucediéndole, el cumplimiento de una sentencia para la que no habría aplazamiento. Ya del todo impedido, en una silla de ruedas, con un micrófono pegado a la boca que recogía su voz inaudible, Tony Judt apareció en Nueva York en algún acto público, tan brillante y batallador como siempre, con golpes de un humorismo seco inglés y judío: “Me he convertido en un busto parlante”.

Un escritor / Stendhal


Stendhal

El vicio Stendhal

Sus diarios de hace dos siglos justos se leen como si acabaran de escribirse. O más exactamente: como si se estuvieran escribiendo ahora mismo, delante de nosotros


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
14 JUL 2012 - 02:45 COT




El vicio StendhalAmpliar foto
 GETTY

La naturalidad en la escritura moderna es probablemente una invención de Stendhal. El maestro, desde luego, es Montaigne, pero la lengua de Montaigne se nos queda mucho más arcaica, y precisa de modernizaciones ortográficas y notas explicativas, aparte de la interrupción constante de las citas en latín. Stendhal ya es como nosotros. Sus diarios de hace dos siglos justos se leen como si acabaran de escribirse. O más exactamente: como si se estuvieran escribiendo ahora mismo, delante de nosotros. El nombre de Stendhal pertenece con toda justicia al panteón más exigente del arte de la novela, pero él es algo más que un gran novelista: es el escritor que escribe como habla y como respira; de vez en cuando se embarca en el proyecto de una novela, pero de un modo y otro está escribiendo siempre, sin propósito, por afición y por vicio, por el simple hábito de hacerlo, igual que viaja o pasea por la calle o se sienta en un café o asiste a una ópera o a alguna recepción o dedica una jornada metódica a examinar los frescos del Quattrocento en una iglesia italiana.

viernes, 28 de agosto de 2026

Diarios / Noche oscura de Cheever




Antonio Muñoz Molina

Noche oscura 

de Cheever



11 de septiembre de 2010


Hay diarios que es preciso leer con cautela para no intoxicarse con su desolación. En la lectura de un diario hay siempre una parte adictiva, quizás por contagio del hábito que fue dando lugar a su misma escritura. Cada día o cada pocos días el autor ha abierto un paréntesis peculiar de soledad para contarse a sí mismo el cuento casi siempre monótono de su propia vida. Cada día ha abierto el cuaderno que se va llenando poco a poco o el archivo del ordenador que es como el cajón con llave donde se guardan las intimidades, y es posible que esa costumbre se haya rodeado de otras no menos ineludibles: quizás una cierta hora del día o de la noche, un lugar preciso, quizás algo de tabaco o de alcohol, o alguna otra sustancia que haya ido formando parte tan indisolublemente del acto de escribir como la tinta o como el sonido de las teclas. Leemos ensayos o ficciones para dejarnos llevar por el impulso de un propósito, por un sentido de dirección que raras veces se percibe en el desorden natural de la experiencia. Lo que nos atrae de los diarios es precisamente que se parecen a la indeterminación de la vida. Cada entrada es una hoja de calendario que tiene su lugar en el orden de los días pero que también se abre y se cierra sobre sí misma, tan completa y separada de las otras como el arco de las veinticuatro horas o el del tiempo transcurrido entre el despertar y el regreso al sueño.

Un escritor / John Cheever

John Cheever

John Cheever

Islas momentáneas de felicidad


Antonio Muñoz Molina
20 de marzo de 2009

Uno quisiera ser capaz de escribir alguna vez un cuento a la manera de John Cheever. Un cuento no muy largo, entre diez y quince páginas, sin un argumento muy preciso aunque con personajes que dieran en seguida una impresión a la vez de rareza y de familiaridad, con una voz narradora cercana a ellos pero también poseedora de secretos que ellos ignoran y que los lectores no llegarán a conocer del todo, una voz que mantendrá el mismo tono cálido en la tercera que en la primera persona. El punto de partida no será muy llamativo; la superficie de la historia se mantendrá tersa hasta el final; habrá observaciones agudas sobre los gestos y los sentimientos de las personas, instantáneas sobre un paisaje o sobre la luz de una ciudad que tendrá una precisión trémula de polaroids; y poco a poco, según avance el relato, lo que parecía una observación realista de hechos comunes se habrá convertido en una fábula ligeramente siniestra o del todo pavorosa, o fantástica, y la claridad primera de los propósitos y de las vidas habrá derivado de manera más o menos visible hacia un abismo de ruina. En esas diez o quince páginas cabrá el arco entero de un destino; habrán sido la crónica de unos personajes suspendidos desde ahora en un recuerdo sin tiempo y sin embargo servirán como testimonio de una época recién pasada y ya remota.

jueves, 27 de agosto de 2026

Yayoi Kusama (1929 - 2026)




Istalación monunental de Yayoi Kusama en el edificio de Louis Vuitton, el 13 de enero de 2023 en los Campos Elíseos de París.MICHEL EULER (AP/LAPRESSE)



Yayoi Kusama
(1929 - 2026)

A los 97 años, en Tokio, falleció la inmensa y poderosa Yayoi Kusama. El arte contemporáneo perdió a la legendaria pintora japonesa el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio. 

Los lunares fueron su sello, su marca, su pasaporte a la eternidad y su particular manera de sumergirse en el infinito. Lunares, calabazas y  espejos conforman un arte inconfundible. 

“Desde los cinco o 10 años he estado pintando desde la mañana hasta la noche. Incluso hoy, no hay un solo día en que no pinte. Aún dibujo lunares en todas partes”, declaró en 2017, durante la inauguración de su museo en Tokio, un edificio de cinco pisos que incluye lunares hasta en el ascensor y que admite un total de 200 visitantes diarios: 50 personas cuatro veces por día. El visitante cuenta con 90 minutos “de soledad” para la contemplación de las obras. Las entradas, por supuesto, se mantienen agotadas.

 “Todavía veo alucinaciones”, confesó en dicha inauguración. “Los lunares vienen volando y caen en mi vestido, en el suelo, por la casa, por el techo. Y yo los pinto”. 

Andrea Aguilar escribió el mismo año en El País: “La original y llamativa creadora, cuyas pelucas de colores chillones vienen a ser lo que los bigotes fueron para Dalí, lleva décadas creando espacios en los que la presión visual, magnificada por espejos, es tal que permite fantasear con la fusión total, con la desaparición. Perderse, sentir que quedas borrado en un mundo multicolor y caleidoscópico es el gran tema en la idiosincrasia de la menuda japonesa que conquistó Nueva York mucho antes que Yono Ono. De hecho, la viuda de Lennon y el novelista Murakami se cuentan entre su amplia legión de confesos admiradores.”

En su veintena de libros (escribió novelas y poemas y, por supuesto, su autobiografía) Kusama reveló que su madre destruía sus obras y la obligaba a espiar a su adúltero padre. Aquellas escenas generaron una extraña relación que rozaba el rechazo hacia el sexo. Empezó a pintar para desaparecer, para volverse invisible, y también para plasmar las  alucinaciones que tuvo desde niña.

***

“Un día yo estaba viendo el patrón de flores rojas de un mantel en la mesa, y cuando vi hacía arriba vi el mismo patrón cubriendo el techo, las ventanas y finalmente sobre todo el cuarto, mi cuerpo y el universo. Sentí como si me hubiera empezado a autodestruir, a dar vueltas en el infinito del tiempo y lo absoluto del espacio, mientras me reducía a una nada. Cuando me di cuenta que estaba sucediendo realmente y no sólo en mi imaginación, me asusté. Sabía que tenía que huir de la amenaza de ser privada de mi vida por el hechizo de las flores rojas. Subí las escaleras corriendo con desesperación. Los peldaños debajo de mí comenzaron a desmoronarse y me caí de las escaleras, torciéndome el tobillo.”

Yayoi Kusama

***

En 2014 una de sus obras fue subastada por siete millones de dólares en Christie’ y  fue señalada como la artista favorita del mundo en una encuesta realizada entre visitantes a museos.

Algunas de sus obras más conocidas son Narcisus Garden (1966), Gleaming Lights of the Soul (2008) y colecciones como Dots Obsession (2008), Ascension of Polka Dots(2013) y Tulips of Shangri-la (2004). Expuso en la Bienal de Venecia, el MoMa de Nueva York, el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio, el Museo de Arte Contemporáneo de Sídney (Australia), el Tate Modern de Londres, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Guggenheim de Bilbao  y el Centro Pompidou de París. Diseñó en 2012 el exterior  del edificio corporativo de Louis Vuitton en Nueva York. 

Recibió numerosos reconocimientos, como el Premio Asahi, la Orden de las Artes y las Letras de Japón y el premio Nacional por Logros de Vida de la Orden del Sol Naciente. En 2006 fue la primera mujer en obtener el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón, uno de los premios internacionales de arte más prestigiosos del mundo, y en 2016 recibió la Orden de la Cultura.

Nacida en la ciudad de Matsumoto el 22 de marzo de 1929, en una familia de comerciantes acomodada, Kusama comenzó a pintar a  los diez años. A los trece años, durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo que trabajar hasta doce horas diarias en una fábrica de paracaídas.

Se trasladó a Nueva York en 1957, con 27 años y un cargamento de kimonos, y mantuvo amistad con Andy Warhol, Donald Judd, Eva Hester, Frank Stella y Joseph Cornell. Era una ciudad efervescente y rebosante de creatividad. El expresionismo abstracto deslumbraba al mundo, junto a movimientos como el minimalismo, el pop, el op-art, el arte conceptual.  Kusama creó obras de arte en espacios públicos, como en Central Park, donde desarrollaron actividades a modo de protesta contra la guerra de Vietnam. El activismo antibelicista de la japonesa era conocido en la época. La guerra dejó su profunda huella en Kusama, que tenía 16 años cuando las bombas atómicas fueron arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Luego de quince años fundamentales, la muerte de Joseph Cornell en los setenta y el agravamiento de sus problemas mentales hicieron que Kusama regresara a Japón. Desde 1977 y hasta sus últimos días residió en una clínica siquiátrica, aunque salía diariamente a su estudio. Sola muerte le impidió seguir pintando.

27 de agosto de 2026


***

Yayoi Kusama (Biographies II)

Yayoi Kusama (Biografías)




:



miércoles, 26 de agosto de 2026

Una pintura / La joven de la perla, de Vermeer

 

La joven de la perla es una pintura al óleo del pintor holandés de la Edad de Oro Johannes Vermeer, fechada alrededor de 1665.
La joven de la perla es una pintura al óleo del pintor holandés de la Edad de Oro Johannes Vermeer, fechada alrededor de 1665.

El arte de Vermeer: ​​el enigma de "La joven de la perla"

Descubriendo la maestría de Johannes Vermeer y el encanto de su icónica pintura en Ámsterdam.


Orsolya Antoni 
12 de septiembre de 2024

En 2023, un buen amigo y yo tuvimos el placer de visitar la exposición de Vermeer en Ámsterdam. Nos divertimos mucho haciendo cola para comprar las entradas y conocimos a personas muy singulares e interesantes. Entre ellas, un brasileño de 85 años, antiguo músico que ahora viaja por el mundo. Tenía una promesa especial que cumplir para su nieta: una visita a la exposición de Vermeer en Ámsterdam. Su historia era fascinante y nos hizo reflexionar sobre la conexión que veía entre su vida, su música y el arte de Vermeer. Este encuentro, junto con la emoción de contemplar de cerca las obras de Vermeer, hizo que la experiencia fuera aún más memorable.

Una pintura / La noche estrellada, de Van Gogh


La noche estrellada, junio de 1889. Museo de Arte Moderno, Nueva York.
La noche estrellada, junio de 1889. Museo de Arte Moderno, Nueva York.

Mi conexión con La noche estrellada de Van Gogh

Encontrar paz, belleza y significado en el mundo turbulento y las pinceladas luminosas de Vincent van Gogh.

Orsolya Antoni
12 de febrero de 2026

Vincent van Gogh ocupa un lugar especial en mi vida como mi segundo pintor holandés favorito, célebre por su uso vibrante y cargado de emoción del color. Su icónica obra maestra, «La noche estrellada», ha sido una fuente constante de inspiración, con sus cielos arremolinados y su profunda resonancia emocional que cautivan mi imaginación. El extraordinario talento de Van Gogh para capturar la belleza de su mundo, a menudo reflejando sus propias luchas, me conmueve profundamente. «La noche estrellada» es la culminación de su trayectoria artística, una representación de su estilo único y su profundidad emocional. Cada vez que contemplo su obra, descubro nuevos detalles y matices que me invitan a reflexionar y profundizar, asegurando que su presencia siga siendo una parte significativa de mi camino artístico.

martes, 25 de agosto de 2026

Exposición de Carrie Yamaoka

 

Carrie Yamaoka, 68 x 12 (verde) redux (detalle), 2009/2025. Cortesía de Hamburger Kunsthalle.
Carrie Yamaoka, 68 x 12 (verde) redux (detalle), 2009/2025. Cortesía de Hamburger Kunsthalle.


Exposición de Carrie Yamaoka

21 de agosto de 2026 — 10 de enero de 2027 en el Hamburger Kunsthalle de Hamburgo, Alemania

13 DE AGOSTO DE 2026

La Hamburger Kunsthalle presenta la primera exposición individual en Alemania dedicada a la artista Carrie Yamaoka (n. 1957). La muestra, que se inaugura en el atrio de la Galerie der Gegenwart, tiene como motivo la entrega del Premio Maria Lassnig a esta artista multidisciplinar afincada en Nueva York.

Delicias orientales / La fantasía de la geisha

 

Shunga japonés ("Imágenes de primavera"), siglos XVIII-XIX.
Shunga japonés ("Imágenes de primavera"), siglos XVIII-XIX.


Delicias orientales

La fantasía de la geisha

26 DE NOVIEMBRE DE 2014


Desde una perspectiva occidental, la geisha es una de esas delicias orientales envueltas en misterio y fantasía. Es una mujer sumamente sensual, una reliquia de una época pasada, que solo se encuentra en Japón. En este sentido, la geisha se asocia con un espacio y un tiempo fantásticos. Sin embargo, más allá del reino de los sueños, la geisha, tal como la imaginan los occidentales, existe de verdad. Es una persona viva y tangible; en resumen, real. Bueno, casi.

lunes, 24 de agosto de 2026

Una pintura / Un ángel en mi mesa o retrato de mi madre

 



Miriam Escofet
ANGEL EN MI MESA o RETRATO DE MI MADRE, 1967

Pintura ganadora Premio de Retrato BP 2018, anunciada en la National Portrait Gallery en Londres y seleccionada de forma anónima entre 2.667 obras procedentes de 88 paises.

Los jueces apreciaron "la reserva e intimidad de la composición de Escofet, que evoca tanto la calma interior de la modelo como la idea de la 'madre universal"

Miriam Escofet fue finalists en cuatro ocasiones anteriores, hasta que finalmente consiguió el premio que captura Lantigua de “la madre universal”, como ella misma dice.

De nacionalidad españoles, Miriam Escofet creció en un hogar de artistas. Su padre es el pintor español José Escofet (nacido en 1930). Su madre también era artista.

«Recuerdo particularmente haber visto a mi padre dibujar y estar completamente fascinada por su habilidad. También recuerdo pasar horas revisando sus libros de arte y descubriendo el mundo del arte en todas sus múltiples expresiones. En particular fueron las obras de pintores renacentistas y góticos las que me cautivaron; Bosch, Da Vinci, Van Eyck, Mantegna, Piero della Francesca, los mundos mágicos y místicos que representan sus obras. En cierto sentido, supongo que aprendí desde muy temprana edad el lenguaje especial" del arte, que sobrepasa el intelecto y conecta directamente con la imaginación y las emociones.”

Agencia EFE/ Facebook





La gran ola, de Hokusai




La Gran Ola de Kanagawa, diseñada por Katsushika Hokusai

La gran ola de Kanagawa

Una exploración personal de la tradición y la identidad japonesas a través de la lente de la imperecedera estampa de Hokusai.

12 DE NOVIEMBRE DE 2025, 

Esta exquisita estampa, una obra maestra del ukiyo-e, cautiva con sus vibrantes colores y detalles intrincados. Desde el primer momento en que la vi, me envolvió el rugido tumultuoso del océano, una ola que se elevaba sobre el lejano Monte Fuji, creando un marcado contraste que despertó en mí una profunda curiosidad por el impresionante mundo de la cultura, el arte y la gastronomía japonesas. La energía de la ola, tan viva y dinámica, parecía narrar una historia más profunda de resiliencia y belleza en medio del caos, dejándome maravillado y asombrado.

domingo, 23 de agosto de 2026

Un libro / Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne




Poesía y geografía

'Veinte mil leguas de viaje submarino' de Jules Verne es la novela perfecta porque resume las dos metáforas centrales de cualquier literatura: la inmersión, el viaje



Antonio Muñoz Molina

14 de noviembre de 2014


Julio Verne
En aquel austero comedor no estaban aún el televisor y el frigorífico que ocuparían lugares de honor unos años más tarde. Había una ventana enrejada, una mesa camilla, una repisa de obra en un rincón donde estaba la radio, un reloj de péndulo colgado de la pared encalada. El tictac del mecanismo murmuraba en la caja de madera. Los cuartos y las horas resonaban nítidos como golpes de gong. Yo leía sentado en una silla de anea, apoyando los codos en la mesa, arrimado al brasero, abrigándome con las faldillas, en la casa donde reinaba el frío durante los meses de invierno. No había un sillón ni un sofá donde echarse a leer. De noche, los mayores se quedaban dormidos apoyando la cabeza sobre los brazos cruzados. El único sitio para descansar era la cama, y la cama estaba en un dormitorio helado. Cuando yo leía en ella se me quedaban frías las manos. Sostenía el libro con una mano mientras calentaba la otra debajo del embozo.

Un libro / Bleak House, de Dickens

Charles Dickens
Poster de T.A.

Semanas con Dickens

  • Lá maestría técnica de Charles Dickens no interfiere su desatada vocacion de folletinista

He entrado en septiembre en la compañía suntuosa de Charles Dickens. Según la luz del sol se hace más madura y dorada y las tardes más breves, voy avanzando por las casi 1.000 páginas de Bleak house (Casa desolada), que no es de sus novelas más conocidas entre nosotros, pero sí, sin la menor duda, una de las mejores, y la absoluta extemporaneidad de la lectura me parece un indicio alenta dar en el comienzo todavía perezoso de la temporada. Quisiera uno seguir leyendo y viviendo como lee y vive ahora, al margen de las coacciones insidiosas o destempladas del presente, dedicando los días a acontecimientos de tan delicada lentitud y tan escasa actualidad como las páginas de Dickens, los signos de la llegada del otoño a la vegetación o el modo en que el último sol de la tarde dora una nube inmóvil y solitaria que poco a poco acaba adquiriendo un intenso color morado, como un adelanto de los colores de octubre.Cuando ni la cabeza ni la biblioteca se tienen muy organizadas, las lecturas suelen seguir un ritmo sinuoso, hecho sobre todo de quiebros y de casualidades, de antojos o encuentros no premeditados. Este verano yo he llegado a Dickens a través de Vladimir Nabokov: releí Lolita, por uno de esos impulsos en los que no hay el menor cálculo, y de Lolita pasé a la estupenda biografia de Nabokov escrita por Brian Boye, en la cual hay un relato muy detallado de las clases sobre literatura europea que dio Nabokov a lo largo de los años cincuenta en la Universidad de Comell. Uno de los libros que a él más le gustaba explicar era precisamente Bleak house. Fui a buscarlo enseguida, di con él en una de esas ediciones sólidas y austeras de Penguin, y nada más tenerlo y sopesarlo en las manos yo creo que me transmitió algo de la felicidad anticipada de la lectura, una gravitación de mundo apretado y populoso que sólo nos sugieren las mejores novelas, los anchos novelones que nos hicieron descubrir para siempre el puro y simple entusiasmo de la literatura.

sábado, 22 de agosto de 2026

Bajo el volcán, de Malcolm Lowry


Malcolm Lowry

Bajo el volcán

Una adicción

Antonio Muñoz Molina
23 de febrero de 2008

Malcolm Lowry
Hace muchos años, en Granada, un amigo muy querido me encargó el primer trabajo literario por el que recibí una remuneración decente: escribir, para un volumen colectivo sobre la historia de la ciudad, un repaso breve de las crónicas que viajeros ilustres le habían dedicado a lo largo de los siglos, haciendo de ella un lugar de la imaginación tan exótico y tan infiel a la realidad como aquellos grabados que convertían en salones de esplendor oriental las estancias modestas de la Alhambra. Tenía que escribir quince páginas: como ocurre tantas veces en que un encargo acaba siendo un don inesperado, al cabo de meses de lecturas y descubrimientos acabé escribiendo más de cien. La ciudad en la que transcurría con tan poco lustre novelesco mi vida ocupaba un lugar distinguido en los mapas de la literatura. Algunas veces, en ciertos lugares, a una cierta luz, en la noche cerrada o en la claridad húmeda de las mañanas, en los atardeceres violeta, yo casi podía vislumbrar, más allá de la miopía de la costumbre, la ciudad que para otros estaba cifrada sobre todo en su nombre, mejorada o revelada por su leyenda. Coleccionaba testimonios que eran como esas postales de lugares lejanos que uno encuentra a veces en los mercadillos, escritas y enviadas hace cincuenta o cien años, con sus fotografías en color de paisajes que quizás ya no existen, tan borrados del mundo como la mano que escribió la postal y los ojos de quien la recibió.