Las últimas semanas de Gustavo Petro en el poder no están lejos de la polémica con la que transcurrió su Gobierno. En fotografías que se conocieron de su visita al Vaticano se observó a Vanessa Cortés Carmona, quien es identificada como la novia del presidente de la República
PETRO, SU AMANTE Y EL PAPA
Las últimas semanas de Gustavo Petro en el poder no están lejos de la polémica con la que transcurrió su Gobierno. En fotografías que se conocieron de su visita al Vaticano se observó a Vanessa Cortés Carmona, quien es identificada como la novia del presidente de la República.
Una imagen, difundida por la periodista Vanessa de la Torre, capturó el momento en el que el mandatario compartía con el papa León XIV, con quien sostuvo una reunión durante su visita de Estado a Italia y al Vaticano. Allí se le ve acompañado de sus dos nietas.
Al fondo, también se ve a su hija mayor, Andrea Petro Herrán, así como al jefe de comunicaciones del presidente, Andrés Camilo Hernández, y el embajador de Colombia en el Vaticano, Iván Velásquez.
Sin embargo, entre Hernández y Velásquez estaba la mencionada mujer, como lo confirmó EL COLOMBIANO.
La presencia de Cortés Carmona abre interrogantes sobre en calidad de qué se encontraba allí acompañando la comitiva del Gobierno en la Santa Sede.
Vale recordar que este jueves el presidente fue recibido por el papa en el Palacio Apostólico del Vaticano, en una audiencia en la que abordaron la situación sociopolítica de Colombia y América Latina, así como los efectos de los conflictos, el crimen organizado transnacional y el cambio climático.
Que yo sepa, Iván Cepeda nunca se indignó por los más de 50 mil asesinatos que sucedieron en este gobierno de la Paz Total, o por los audios de Benedetti, o por los desmanes de Laura Sarabia, o por los escándalos de Nicolas Petro -o los de Verónica Alcocer-, o por los abusos en los nombramientos en el servicio exterior, entre muchos escándalos.
‘El gabinete mágico’: cuando el Paraíso es una biblioteca
Emilio Pascual reúne un rico botín de colecciones imaginarias de libros: de la submarina del ‘Nautilus’ a la medieval de ‘El nombre de la rosa’
ALBERTO MANGUEL
04 MAY 2023 - 22:30 COT
El gabinete mágico
Emilio Pascual Siruela, 2023 564 páginas.
El profesor Aronnax con el capitán Nemo en la biblioteca del 'Nautilus'. Grabado a partir de un dibujo de Edouard Riou para una edición de 1870 de 'Veinte mil leguas de viaje submarino'.THE GRANGER COLLECTION /
Después de argumentar que “todo lo que está escrito en los libros debe haber existido alguna vez en algún cerebro,” Lewis Carrollhizo la siguiente predicción en Sylvie y Bruno: “Llegará un día, si el mundo vive lo suficiente, en que se habrán compuesto todas las melodías posibles, se habrán hecho todos los juegos de palabras posibles y, lo que es peor, ¡se habrán escrito todos los libros posibles! El número de palabras es limitado”. Y concluyó: “En lugar de preguntarse ‘qué libro escribiré’ un autor se preguntará ‘cuál de los libros escribiré”. Esta predicción implica que el acervo de nuestras bibliotecas no es inacabable. Tanto las combinaciones que nuestra imaginación elucubra como las que las letras del alfabeto permiten, si bien son incalculables no son infinitas. Sin embargo, frente a las bibliotecas que aún podemos imaginar, las bibliotecas ya existentes son nimias: aun, por ejemplo, la Biblioteca Nacional de España que acoge hoy más de 28 millones de obras. Las bibliotecas terrenas, incluso la de la Red, tienen sus límites; las de la imaginación, no.
Audaz pirata de los espacios más allá del horizonte físico, Emilio Pascual ha recogido a lo largo de sus múltiples incursiones literarias un rico botín de bibliotecas que, aunque nadie puede visitar salvo entre las cubiertas de un libro (o para los internautas, en la pantalla), brindan a su público infructuosos deleites comparables a los que siente un lector frente aquellos remotos anaqueles que, si bien visiblemente tentadores, quedarán siempre fuera del alcance de su codiciosa mano. Bajo la enseña de Noli me tangere, Pascual ha reunido un vasto catálogo de estos gabinetes mágicos, unos más conocidos que otros, que existen hechos de palabras, para lectores hechos de la misma alentada materia.
Desde la laberíntica biblioteca en la que arderá el último ejemplar del segundo libro de la Poética de Aristóteles (en El nombre de la rosa) hasta la biblioteca submarina del Capitán Nemo donde, su creador lo afirma, brillan por su ausencia los libros de economía política. Están, por supuesto, la biblioteca del Quijote famosamente sometida a un auto-da-fé por el cura y el barbero; está la biblioteca de la Abadía de San Víctor que visitara antaño Pantagruel; están las íntimas bibliotecas de Emma Bovary, del coronel Koshkariov, de Mr. Shandy. Están las sagaces bibliotecas de Sherlock Holmes, Pepe Carvalho, Salvo Montalbano, y las juveniles de Tom Sawyer, Matilda, David Copperfield. Hay atroces bibliotecas como la del analfabeto Mr. Todd con su esclavo lector, y la del Hombre Sin Atributos en la cual ningún libro puede ser consultado. Hay bibliotecas de un solo libro como la del mayordomo de La piedra lunary de todos los libros, como la quizás demasiado célebre Biblioteca de Babel de Borges.
Buena parte del encanto de este libro reside en esa mezcla de revelación y reticencia que mantiene a sus lectores en la duda: este personaje, este título, ¿es verdadero o imaginario?
Pero no solo están aquí bibliotecas más o menos conocidas. Uno de los mayores placeres que brinda este libro, cuyo arquetipo es El libro de los seres imaginarios, es el descubrimiento de maravillas que hasta entonces el lector desconocía. Gran conocedor de la literatura de lengua española entre muchas otras, Pascual incluye en su docto y entretenido volumen bibliotecas soñadas por Eugenio Noel, F. G. Orejas, Manuel Longares, Cristóbal Serra, bibliotecas que yo, en mi ignorancia, no he recorrido y que ahora me he propuesto explorar por mí mismo.
Si una falta le encuentro a este espléndido libro es el pudor (por llamarlo así) de su autor. Sus muchas páginas pululan de nombres, pero a menos que el lector sepa si Faustino Materucci o Peter Stillman o Rodrigo Sánchez Arévalo son o no imaginarios, no puede sorprender que sus obras compartan un anaquel con aquellos escritores que los manuales de literatura nos afirman que sí existieron, como San Juan de la Cruz o Gaston Leroux. A pesar del excelente índice y la erudita bibliografía que completan este libro, hay en él numerosas referencias a personajes y obras que no revelan sus fuentes bibliográficas. Tal vez este pecado (si es pecado) de Pascual, de no querer compartir sus secretos de alcoba con los lectores, tendrá que ser confesado en la quinta terraza del Monte Purgatorio donde Dante nos dice (y yo le creo) debe purgarse la excesiva preocupación por los bienes terrenales, bibliográficos u otros, antes de ascender al Paraíso que como Borges mantuvo, y ahora repetimos hasta el cansancio, tiene la forma de una biblioteca.
Sin embargo, buena parte del encanto de este libro reside justamente en esa mezcla de revelación y reticencia que mantiene a sus lectores en la duda: este personaje, este título, ¿es verdadero o imaginario? Sospecho que Pascual se concedió la licencia poética de inventar él mismo alguna biblioteca, algún autor y su correspondiente fuente literaria. Cuando mi Historia de la lecturafue reseñada en Francia por el gran Angelo Rinaldi, después de decir que el libro le había gustado, agregó que lamentaba la ausencia de dos textos fundamentales: la Correspondencia del presidente de Brosses y los tratados de Simíaco de Paflagonia, “quien combatió el arianismo,” aclaró Rinaldi, “a golpes de papiro.” Cuando tiempo después le agradecí a Rinaldi su reseña, le confesé que yo había oído hablar del presidente de Brosses, pero nunca de Simíaco de Paflagonia. “No me extraña,” me respondió. “Quería mencionar la ausencia de De Brosses en tu libro y me faltaba un segundo término. Entonces inventé a este Simíaco para completar mi frase. Era una cuestión de estilo”.
En esta era de Trump, Bolsonaro y Salvini, los testimonios de judíos aplastados por el nazismo resuenan fuerte
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Un día de marzo de 1933, la doctora Hertha Nathorff fue al cine en Berlín con una amiga y vio a Hitler en el palco de honor. Nathorff era una ginecóloga distinguida, con una consulta privada muy próspera y un puesto de dirección en una clínica en la que atendía sobre todo a mujeres. Su marido, también médico, dirigía un hospital importante en Berlín. Tenían un hijo de 10 años. Vivían en un apartamento grande y confortable. Como la doctora era alta y rubia, con los ojos muy claros, los pacientes no pensaban que pudiera ser judía. Un día, una señora a la que Nathorff había salvado la vida unos años atrás en un parto muy difícil vino a visitarla con el hijo nacido entonces, vestido orgullosamente con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. Muchas personas, observó la doctora, hacían comentarios antisemitas sin ningún tono de maldad, más bien como de oídas, como por distracción, por seguir la corriente. Cuando ella les hacía saber, con educación y firmeza, que también era judía, muchos de esos pacientes, hombres y mujeres, reaccionaban como avergonzados, o sorprendidos, o incómodos. Una señora le mandó después una carta pidiéndole disculpas y un ramo de flores.
Tantas aproximaciones al ascenso del nazismo, a la guerra. Tantos libros sobre Weimar, sobre Hitler. Tantos sobre los campos de concentración. Testimonios de aquellos que sobrevivieron o ni tan siquiera. Nunca suficientes. EnDiario de una alemana, nos situamos en una posición extraña. Extraña porque no encontramos en él las convulsiones de Weimar ni las armas ni las bombas. No hay países invadidos, ni ciudades convertidas en escombros. Lo que hay, parafraseando a Sebald, es la historia natural de una destrucción, la propia. La de una judía que ni tan siquiera parece judía, alta y rubia, una médica, Hertha Nathorff. La historia de una asfixia, la de ella, pero también la de un mundo. Una historia de la impasibilidad alemana, pero también europea. De cómo llegar hasta las tinieblas más profundas del ser humano no fue cosa de un día ni el sueño de hombre convertido en pesadilla de otros, sino un camino arduamente construido, de cartas sobre la mesa y cobardía por todas partes. Me pregunto si estamos lejos de aquello, si hemos aprendido algo, alguna lección, reconocer algunos gestos. Y no, no hemos aprendido nada.
Zayd Dohrn, de 4 años, con sus padres, Bill Ayers y Bernardine Dohrn, a las afueras de un tribunal federal en Nueva York en mayo de 1982.
NO FICCIÓN
Unas memorias conmovedoras sobre haber sido criado por radicales prófugos.
Los padres de Zayd Ayers Dohrn fueron líderes del Weather Underground. Su nuevo libro narra cómo sus ideales revolucionarios chocaron con su vida familiar. Crédito...
PELIGROSOS, SUCIO, VIOLENTOS Y JÓVENES: Una familia fugitiva en la resistencia revolucionaria clandestina , por Zayd Ayers Dohrn
PorDana Spiotta
19 de mayo de 2026
Si bien se han escrito numerosas novelas, películas y memorias inspiradas en la izquierda radical estadounidense de finales de los años 60 y principios de los 70, las fascinantes y conmovedoras memorias de Zayd Ayers Dohrn, «Dangerous, Dirty, Violent, and Young», destacan como una obra fundamental. Dohrn es a la vez un forastero y un miembro de pleno derecho, ya que nació en el seno de la clandestinidad: sus padres son Bernardine Dohrn y Bill Ayers, antiguos miembros de los Weathermen. La doble perspectiva de Dohrn da como resultado una historia meticulosamente documentada de una época explosiva, así como un retrato íntimo y profundamente emotivo de una familia muy singular.
Entre noviembre de 1985 y enero de 1986, el corregimiento de Tacueyó, en el municipio de Toribío, Cauca, se convirtió en el escenario de una de las demostraciones más crudas y deshumanizadas de la paranoia ideológica marxista. Los cabecillas del Frente Ricardo Franco —una facción disidente de las FARC—, encabezados por los criminales Javier Delgado (alias "El Monstruo de los Andes") y Hernando Pizarro Leongómez, ordenaron el cierre perimetral de sus campamentos en el terreno para iniciar una purga masiva y sistemática dentro de sus propias filas subversivas.
"Escribir es comenzar", reza el principio creativo de uno de los personajes de Pequeñas criaturas, aprendiz de escritor que ensaya historias, destruye borradores y hace del último cuento del libro una oda meritísima a la escritura. Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 1925) está por cumplir 79 años. Difícilmente hay un escritor en su país con tratarse de una nación plagada de artistas del lenguaje que haya alcanzado su nitidez en el trazo verbal. Si "escribir es comenzar", leer sus libros es acabar por entender que uno de los atractivos indudables de su prosa es la impecable pericia con que instala al lector, desde el primer párrafo, en el meollo de la anécdota.
Otro 18 de octubre, el de 1851, hace hoy 172 años, el destino alumbra una de sus ironías. En efecto, la novela que habrá de ser uno de los pilares sobre los que pivotará esa edad de oro de la literatura estadounidense: la que se escribió entre el romanticismo y el trascendentalismo durante una buena parte del siglo XIX —desde Nathaniel Hawthorne hasta Walt Whitman, por situarla entre dos de sus autores—, tiene su edición príncipe en una editorial inglesa. Sí señor, Moby Dick, la obra maestra de Herman Melville, la ficción en cuestión, llegó a las librerías londinenses tal día como hoy con la marca de Richard Bentley. La edición estadounidense —de un solo volumen dado a la estampación por Harper & Brothers, frente a los tres de la británica, pese a que en la norteamericana se incluían todos los pasajes censurados por Bentley— no se pondrá a la venta en Nueva York hasta el 14 de noviembre.
Josefina Licitra, su nuevo libro “Crac” y los años 70: “Yo tengo la suerte de que mis padres están vivos, pero mi familia se arruinó igual”
La gran cronista argentina habla sobre el texto autobiográfico en el que narra las dificultades del vínculo con su padre, quien en 1978 dejó el país como exiliado político. ¿Escribir el relato familiar puede poner en riesgo el amor de los que amamos?
El escritor italiano Giorgio Manganelli, visto por Sciammarella.
La pasión del lector implacable
'La literatura como mentira' reúne los ensayos literarios de Giorgio Manganelli. De Dumas a Joyce, para él no existen jerarquías oficiales. La única regla de oro es la inteligencia
El escritor Julian Barnes en 2007. Foto de LISBETH SALAS
Los 5 mejores libros para conocer a Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026
El escritor británico ha recibido el Princesa de Asturias de las Letras 2026 por ser, según el jurado, un extraordinario narrador y ensayista, dotado de humor, ironía y de un «optimismo melancólico y un pesimismo alegre».
POR BEGOÑA ALONSO
El escritor británico Julian Barnes (Leicester, 1946) ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 con una candidatura propuesta por Socorro Suárez Lafuente, catedrática emérita de la Universidad de Oviedo. El jurado, en su acta final, ha reconocido su condición de extraordinario narrador y ensayista, dotado de humor, ironía y de un «optimismo melancólico y un pesimismo alegre», según sus propias palabras.