Aunque no será este año, mantengo mi fe en Murakimi. Hace más de un cuarto de siglo es una figura de talla mundial. Tampoco será el año de Stephen King. A los intelectuales les aterra esta predilección, pero King es grandioso. Que lo lean tanto no es pecado.
Tampoco será el año de John Banville. Ni de Emmanuel Carrère. Ni de Alessandro Baricco.
Si la Academia sigue la costumbre de alternar géneros, el Nobel de Literatura 2026 será para una mujer. Can Xue y Anne Carson encabezan la listas de las casas de apuestas. Pero a la Academia le encantan las sorpresas. De pronto Mariana Enríquez o Samanta Schweblin nos llenan de regocijo el corazón.¿Y por qué no ? ¿Qué tal Lydia Davis o Siri Hustvedt?
Tampoco será el año de Fleur Jaeggy. Ni de Margaret Atwood. Ni de Liudmila Ulítskaya. ¿O me equivoco? A la Academia no le queda mucho tiempo: los octogenarios dominan la lista.
Las tres argentinas mencionadas pueden esperar incluso décadas, por supuesto, y cada año serán más importantes.
He mencionado escritores que me gustan. Algo, poco o mucho he leído de todos, con la excepción de Can Xue. Hay tantos autores pendientes, tantos mundos por descubrir, que la vida no alcanza. Tanta ignorancia que nunca será remediada. Conozco otros nombres pero me niego a incluirlos.
En fin, esperemos la sorpresa de mañana.
Mientras tanto, leamos con regocijo un poema de Andrea Cohen, traducido por Eduardo Gregori, “La intervención del comité”, las mejores líneas que se han escrito sobre el premio.
































