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| Juan José Saer |
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| Juan José Saer |
Creo que Roberto Bolaño está altamente sobrevalorado. No creo que sea un buen escritor. No estoy interesado en él. Lo encuentro superficial, un poco tonto y, francamente, me parece que mucha gente lo ama, pero me cuesta tomar a esa gente en serio. Creo que fundamentalmente muestra una falta de gusto. Y el gusto para mí es universal, no personal. Hay buen gusto y mal gusto.
SANDRA BULLOCK
& KEANU REEVES
Sandra Bullock: "Él era tan hermoso que simplemente no podía tomarme en serio estando cerca de él. Pero creo que había algo en mí que a Keanu no le gustaba, porque nunca salimos fuera del set. Creo que hemos sido amigos durante tanto tiempo precisamente porque nunca llevamos las cosas más allá."
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| Anne Carson |
Anne Carson
Emma BroockesJueves
Anne Carson ha ganado el Premio Nobel de Literatura y, perdónenme, pero muy de vez en cuando, cuando la vida te da la oportunidad de ser insoportable, no puedes rechazarla. Así que, en respuesta a esta noticia, quisiera decir que cuando fui de excursión con la ganadora del Premio Nobel Anne Carson a Islandia el año pasado, me asaltó la idea…
No lo pensé dos veces; solo quería hablar de la excursión —bueno, fue un paseo corto por una pendiente rocosa—, la hice con la premio Nobel Anne Carson, a quien admiro desde siempre y a quien conozco desde que nos conocimos en Michigan hace muchos años. Es brillante, divertida y sabia, y podría citar muchísimos versos de su poesía, pero uno de mis favoritos es este, del poema «Lines» de su colección «Decreation» de 2005: «A mi madre / amor / de mi vida, le describo lo que comí para el brunch». Siento lo mismo por este verso que Madonna solía decir que sentía por el autorretrato de Frida Kahlo: que si no sientes que vibra en tu interior, no puedo ser tu amiga. (Sé que a la mayoría no le importaría).
Su padrastro lo trató como a un hijo, un gesto que para él fue valioso en su vida futura y demás fue él quien lo llevó a ver su primera película de James Bond. Aquella experiencia sembró en Pierce la certeza de que la actuación sería su destino. Años más tarde, el azar lo convertiría en el propio agente 007.
Pero antes de ser James Bond, fue el hombre de una chica Bond.
En 1974, gracias a un compañero de la escuela de drama, Pierce conoció a Cassandra Harris. Ese amigo era sobrino de Cassandra y lo llevó a su casa. Al ver una fotografía de ella, Pierce exclamó: “¿Esta es tu tía? Dios mío, qué hermosa mujer”. Días después la conoció en persona y su impresión se confirmó: “La vi bajar por las escaleras y pensé: ’Qué mujer tan hermosa’. Ni por un instante imaginé que sería alguien con quien pasaría 17 años de mi vida. No pensé en cortejarla o intentarlo. Solo quería disfrutar de su belleza y de quién era”.
Cassandra era once años mayor que él, ya madre de dos hijos y con una carrera consolidada. Había interpretado a una chica Bond en For Your Eyes Only, mientras Pierce aún buscaba su lugar en el mundo. Lo que comenzó como admiración se transformó en amor profundo, en una vida compartida que fue mucho más que pasión: fue familia.
Al casarse en 1980, Brosnan adoptó a los hijos de Cassandra, Charlotte y Christopher, quienes pronto lo llamaron “papá Pierce” y después simplemente “papá”. Él mismo lo describió con ternura: “Cuando llego a casa del estudio, el trabajo se queda allí. La vida gira en torno a la mesa de la cocina, al fútbol, a la tarea, a planear la próxima aventura. Puedo ir a casa con la mujer más hermosa del planeta, con niños encantadores, una buena vida normal, y luego salir corriendo a jugar en el cine, en un mundo de fantasía”.
Más tarde, la pareja tuvo a su hijo en común, Sean Brosnan, consolidando una familia que fue su mayor orgullo.
La historia, sin embargo, también conoció la tragedia. En 1991, Cassandra murió de cáncer de ovario. Pierce recordó ese momento con palabras que estremecen: “Tomé la mano de mi primera esposa, Cassie, cuando el cáncer se la llevó demasiado pronto”. La mujer que había sido su impulso, su compañera y su refugio, partió dejando un vacío que nunca se cerró.
Años más tarde, en 2013, su hija Charlotte sufrió el mismo destino. Madre de dos hijos, Isabella y Lucas, la enfermedad la golpeó a los cuarenta y dos años, igual que a su madre. Pierce la acompañó con valentía y ternura hasta sus últimos momentos en Londres, con la esperanza de que pronto se encontrara una cura para ese enemigo silencioso que había marcado a su familia. “Tomé la mano de mi hermosa hija Charlotte antes de que ella también sucumbiera a esta terrible enfermedad hereditaria. Ver a un ser querido arrebatado por esta dolencia insidiosa deja un dolor que nunca se desvanece, un vacío que se convierte en cicatriz del alma”, confesó.
En memoria de su hija, compartió palabras conmovedoras: “Espero que Charlotte enfrente el cáncer con gracia, humanidad, coraje y dignidad”. Habló de la profunda tristeza por la pérdida de su amada niña y rezó para que Dios protegiera siempre a sus hijos, Isabella y Lucas, a quienes amaba con devoción infinita.
Tras perder a Cassandra en 1991 y a Charlotte en 2013, Pierce no se refugió en el dolor. En cambio, transformó su sufrimiento en acción, convirtiéndose en un destacado defensor en la lucha contra el cáncer de ovario. Trabajó con organizaciones como el *Ovarian Cancer Dream Team*, que financia investigaciones para desarrollar métodos de diagnóstico temprano contra este asesino silencioso.
También actúa como embajador de la *Ovarian Cancer Research Alliance* y ha recibido el *OCRF Legends Award*. Pierce promueve firmemente las pruebas genéticas BRCA1 y BRCA2, tras haber visto los efectos devastadores del cáncer hereditario en su propia familia. Anima a las mujeres a realizarse controles y considera la prevención como un verdadero acto de amor y valentía.
Brosnan suele llamar al cáncer de ovario una enfermedad insidiosa. En una reciente recaudación de fondos, explicó que no actúa por reconocimiento, sino para que nadie más tenga que sentarse en una habitación de hospital y ver cómo la luz se apaga en los ojos de un ser querido.
Hoy, mientras continúa su carrera junto a su segunda esposa, Keely Shaye Smith, sabe que cada dólar recaudado y cada mujer informada representan un homenaje vivo a la memoria de Cassie y Charlotte, convirtiendo su historia no solo en la de un sobreviviente, sino en la de un hombre que eligió iluminar el camino de quienes aún luchan.
La historia de Pierce, Cassandra y Charlotte demuestra que el vínculo con quienes amamos no se rompe con el último aliento, sino que permanece vivo cada vez que elegimos luchar en su nombre, transformando su recuerdo en acción concreta para el bien común.
Se enfrentó a una oscuridad que podría haber vencido a cualquiera, pero Pierce Brosnan se mantuvo firme. Cassie y Charlotte nunca dejarán de caminar a su lado, transformando un dolor insoportable en el gesto final e infinito de amor de un padre y de un esposo, un amor que trasciende la pérdida y se convierte en esperanza.
El actor pasó a la historia del séptimo arte gracias a su papel de Máximo Décimo Meridio en el drama épico 'Gladiator', que le consolidó en Hollywood.
El actor neozelandés Russell Crowe inició su andadura en la industria cinematográfica australiana antes de dar el salto a Hollywood a mediados de los años 90. Su carrera internacional despegó con papeles en películas como ‘Rápida y mortal’ (1995), de Sam Raimi, ‘L.A. Confidential’ (1997), de Curtis Hanson, ‘El dilema’ (1999), de Michael Mann, que le valió su primera nominación al Oscar como Mejor Actor Principal, y ‘Mystery, Alaska’ (1999), de Jay Roach. En estas primeras incursiones en el cine estadounidense, Crowe demostró su capacidad para ponerse en la piel de personajes muy diferentes y proporcionarles una profundidad emocional extraordinaria.

La película de culto se estrenó solo en Los Ángeles en 1975 y, poco a poco, cosechó una legión de seguidores que aún hoy bailan, repiten los chistes y jalean a los personajes en las proyecciones
The Rocky Horror Picture Show es una de las películas más singulares de la historia del cine. Estrenada en septiembre de 1975, fue la primera vez que una gran productora de cine (en su caso, 20th Century Fox) lanzaba una de sus películas en una sola sala y a las afueras de una ciudad. The Rocky Horror Picture show no era un mal filme, pero tampoco bueno. No era mediocre, ni experimental. ¿Qué rayos era The Rocky Horror Picture Show? Ni más ni menos que la mayor película de culto de la historia del cine.

Ganador del premio de la Crítica Cinematográfica Internacional (FIPRESCI), en el Festival de Venecia de 1962, este primer largometraje de Román Polanski dio a conocer al mundo a la llamada “nueva ola” polaca, que al igual que la francesa buscaba renovar el lenguaje del cine mediante obras personales que privilegiaban la escritura por sobre el espectáculo, la espontaneidad por sobre la manipulación. Junto a Polanski trabajó en el guión Jerzy Skolimowski, la otra gran promesa de esa generación, quien con La barrera (1966), realizó tal vez el filme más corrosivo del joven cine polaco.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Hace unos dos años, le conté un episodio de la vida real al director mexicano de cine Jaime Humberto Hermosillo, con la esperanza de que lo convirtiera en una película, pero no me pareció que le hubiera llamado la atención. Dos meses después, sin embargo, vino a decirme sin ningún anuncio previo que ya tenía el primer borrador del guión, de modo que seguimos trabajándolo juntos hasta su forma definitiva. Antes de estructurar los caracteres de los protagonistas centrales, nos pusimos de acuerdo sobre cuáles eran los dos actores que podían encarnarlos mejor: María Rojo y Héctor Bonilla. Esto nos permitió además contar con la colaboración de ambos para escribir ciertos diálogos, e inclusive dejamos algunos apenas esbozados para que ellos los improvisaran con su propio lenguaje durante la filmación. Lo único que yo tenía escrito de esa historia -desde que me la contaron muchos años antes en Barcelona- eran unas notas sueltas en un cuaderno de escolar, y un proyecto de título: «No: yo sólo vine a hablar por teléfono». Pero a la hora de registrar el proyecto de guión nos pareció que no era el título más adecuado, y le pusimos otro provisional: María de mis amores. Más tarde, Jaime Humberto Hermosillo le puso el título definitivo: María de mi corazón. Era el que mejor le sentaba a la historia, no sólo por su naturaleza, sino también por su estilo.

Muriel Chazalón
10 de octubre de 2018
Si buscáis una obra de Anne Carson en una librería, os remitirán a la sección “Poesía”. Pero en ninguno de los libros de la poeta canadiense encontraréis lo que entendemos tradicionalmente por poesía. Sus textos suelen hacer trizas los renglones versados, las categorías y los géneros literarios al uso. Los suyos son libros del flujo, inauguran una escritura puramente “carsoniana”, reiteradamente híbrida. Cada una de sus obras es un espacio textual de experimentación y de análisis del lenguaje que desmantela y, asimismo, reconstruye el uso del ensayo, del poema, de la narración, de la traducción, de la escenificación, de la didascalia…

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El poemario más reciente de la escritora canadiense Anne Carson está dedicado a su hermano Michael, fallecido hace dos décadas, a quien dedica este canto fúnebre
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POR JOSÉ JUAN DE ÁVILA
“A qué huele la nada. Olor a autopsia”. Anne Carson
Si uno pide en una librería un ejemplar de Nox, el vendedor te entrega, solemne, una hermosa caja de una pieza plegable, como cuando se va a la funeraria a recibir las “cenizas mudas” de alguien querido.
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