viernes, 4 de septiembre de 2026

Un escritor / Graham Green

Graham Greene
Ilustración de T.A.


Antonio Muñoz Molina

Réquiem fugaz por Graham Greene


27 de abril de 1991

Era el sitio más raro y desolado del mundo para enterarse de la muerte de Graham Greene. Un hotel en las afueras de una ciudad del Medio Oeste norteamericano, una habitación tan hospitalaria y casi tan grande como el estadio que se veía por la ventana, a la primera luz lluviosa de un día con rasgos de extrañeza y de sueño mal recordado por culpa del cambio de hora y de la distancia. Él, que fue tan adicto a los viajes a lugares remotos como a la literatura y el whisky, seguramente había conocido esa sensación. He dicho que el hotel estaba en las afueras de la ciudad, pero es inexacto: en rigor, uno no sabía distinguir las afueras del centro, pues todo lo que los ojos podían ver era una repetición horizontal del mismo paisaje, carreteras en interminable línea recta y almacenes y hamburgueserías y gasolineras ingentes, iluminadas en la noche de rojo y amarillo, aparcamientos, edificios altos y aislados en una distancia que no parecía posible atravesar caminando, vallas metálicas. extensiones de césped, filas de casas de madera sin pintar sobre las que ondeaban banderas que parecían signos de una victoria insolente sobre la pobreza y la desgana de quienes vivían en ellas. Me habían explicado que ese edificio que se veía desde la ventana era un centro de instrucción para los reclutas que estudian en la Universidad. Por la mañana temprano, en camiseta y pantalón corto, desfilaban con fusiles al hombro sobre el césped y se podían oír muy débilmente los gritos que repetían al marcar el paso. Tal vez alguno de ellos o de ellas llevaba en la pechera de la camiseta una leyenda parecida a la que me había helado la sangre la tarde anterior: con ese eficaz laconismo del Inglés se pedía en dos palabras el exterminio nuclear de Sadam Husein. Bajo la puerta de la habitación alguien había deslizado un periódico, el USA Today, que tiene, según sus promotores, la atrayente virtud de poder ser leído con el mismo esfuerzo intelectual con que se mira de soslayo un televisor. En la primera página, a la izquierda, entre titulares deportivos, venía la noticia, junto a una foto borrosa, en blanco v negro, de tamaño carnet: a los 86 años, Graham Greene acababa de morir en Ginebra, con la misma discreción con que había vivido y escrito durante los últimos años, casi tan secretamente como Beckett o Rulfo. Por algún motivo, en aquel lugar resultaba más difícil aceptar la evidencia. Está uno tan retirado de su propia vida en esos viajes, tan desposado de la longitud y la latitud de su alma, que no sabe exactamente quién es ni se siente dueño de sus propios recuerdos. Debe de ser una sensación parecida a la que notaban los navegantes antiguos cuando llevaban unos días sin ver la línea de la costa de donde habían partido: sin los puntos de referencia que suministra la costumbre, la realidad más coriácea se disuelve en una especie de niebla. La identidad de uno, su vida verdadera, lo que hacía o deseaba hasta una hora antes de subir al avión, quedan no atrás ni en el pasado, sino en ninguna parte, en un estado de suspenso. Se ha borrado la cuidadosa cuadrícula del calendario, y hasta el orden de las horas y la sucesión del día y de la noche se han roto. El viajero insomne, lúcido y más bien trastornado, siente la misma extrañeza cuando mira con incredulidad el reloj que cuando descorre las cortinas de esa ventana inmensa que da a un paisaje en el que no hay absolutamente nada a lo que su conciencia pueda anclarse. Son las dos de la madrugada y llueve de esa manera unánime con que suele llover en las llanuras sin límites de los países extranjeros, pero en el lugar de donde viene uno acaban de dar las nueve de la mañana y sin duda hace sol. Uno siente la exaltación de no pertenecer a nada de lo que está viendo, el alivio de haber perdido transitoriamente las normas del espacio y del tiempo en las que su vida se resume, pero también una angustia como de extender las manos en la oscuridad y no encontrar a donde asirse, de estar mirando objetos y rostros y escuchando voces que no son del todo reales, que tienen algo de las caras y las voces y las risas violentas de la televisión.

Un escritor / Primo Levi

Primo Levi
Ilustración de Tullio Pericoli

En cierta calle

En la fachada de la casa de Primo Levi no hay ningún recuerdo de su presencia. No hay una placa ni un panel explicativo

Antonio Muñoz Molina
17 de mayo de 2018

Turín es una maqueta exacta de Turín. Turín es un modelo de ciudad que se parece a aquel mapa de Borges que era tan fiel en todos sus detalles que tenía el mismo tamaño del territorio que representaba. Turín es plana, cuadriculada, geométrica, como un tablero de ajedrez, una apoteosis del ángulo recto y de la perspectiva. Uno camina por una calle con soportales magníficos en dirección hacia una plaza que se distingue al fondo y el punto de fuga es una estatua ecuestre en el centro justo de la plaza, y los arcos de los soportales y las losas ajedrezadas del suelo van disminuyendo de tamaño según se alejan de la mirada, como en esos fondos de ciudades ideales en las pinturas del Quattrocento. En Turín el aficionado a la pintura y a las ciudades se acuerda unas veces de Piero della Francesca y otras de Giorgio de Chirico. De Piero es la claridad racional de lo visible en la plena luz limpia de una mañana. Según anochece y las plazas y las avenidas que desembocan en ellas van quedándose vacías, Turín tiene un aura de ciudad fantasma a la manera de De Chirico, que se acentuará sin duda en sus inviernos de capital ya muy al norte, y que quizá sería mucho más pronunciado en los tiempos en que Turín era abrumadoramente una ciudad industrial.

1843 libros / Cámara de Comercio de Medellín

 

1.843 LIBROS
3 de septiembre de 2026

952 novelas y 891 libros de cuentos se presentaron a la XVII edición del Concurso Nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín (2026). Dos cifras asombrosas, por no decir increíbles. Los ganadores fueron Felipe Martínez Pinzón, con la novela 'El álbum de Magdalena', y Daniel de Jesús Hinojosa Rodríguez, con el libro de cuentos ‘Petite Zapote’.
Random House publicará las obras premiadas. El resto, 1841, seguirán guardadas en los cajones de sus autores.
Publicar no es fácil.



jueves, 3 de septiembre de 2026

Un escritor / Michel de Montaigne


Mi héroe: 

Michel de Montaigne

 por Yiyun Li


Él observaba todo con curiosidad e intentaba comprender todo lo que estudiaba, en beneficio de sus lectores, dice Yiyun Li.

El feminismo radical

 


EL FEMINISMO RADICAL

El feminismo radical esta llegando demasiado lejos

Pamela Cisneros acaba de matar a Erin Pianceti en plena calle de Nueva York, en uno de los lugares más turísticos de la ciudad.

¿Quién era Pianceti?

Una mujer de apenas 32 años, ejecutiva de Bank of America, recién casada y madre reciente. Una mujer que, como millones de mujeres, estaba intentando construir una vida profesional y familiar al mismo tiempo.

Es increíble ver como colectivos feministas de corte radical, intentan justificar y presentar como victima a la mujer que acaba de destrozar la vida de otra mujer, pero también de toda una familia.

Para ellas, lo grave no es por qué Pamela atacó a Pianceti, lo grave para su ideología es ¿por qué los policías le dispararon a Pamela Cisneros si padecía bipolaridad?

Hay quienes incluso sostienen que los agentes debieron arriesgarse a someterla, pese a que acababa de matar a una mujer y se les fue encima armada con dos cuchillos.

“Necesitaba ayuda, no tiros”, repiten algunas publicaciones.

¿De verdad?

Claro que un problema ment4l puede explicar una conducta, pero eso no convierte a una persona peligrosa en alguien que deje de representar un peligro, ni le da licencia para m4t*r

Pasa lo mismo con lindsay Clancy quien as3s!n0 a su bebé y ahora la misma ideología feminista radical la justifica por que tenía d. postparto ¿ como diablos el agresor se convierte en victima ante la lógica de estas radicales ? 

La vida de la víctima también importa.

Porque pareciera que hemos llegado a una época de empatía selectiva, donde algunas causas ideológicas determinan quién merece compasión y quién termina convertido en simple estadística.

Y eso también es una forma de deshumanización.

Se puede defender la atención a las personas con problemas mentales. Se puede exigir que existan mejores protocolos de intervención. Incluso se puede discutir si una actuación policial fue correcta o incorrecta.

Pero una cosa es cuestionar el uso de la fuerza y otra muy distinta es romantizar al agresor tan solo por que es mujer, mientras la víctima queda olvidada aun siendo mujer o más grave aún bebé mujer. 

La empatía no debería funcionar por género.

Ni por ideología.

Ni por conveniencia.

La empatía sana comienza por las víctimas reales, por quienes perdieron la vida, por sus familias y por quienes tuvieron que enfrentar una situación mortal.

Necesitamos dejar a un lado las ideologías y comenzar a ser simplemente más humanos, tal vez así podamos ver las cosas como realmente son 

Portal Revolución./ Facebook





miércoles, 2 de septiembre de 2026

Un escritor / Proust


Marcel Proust.
Marcel Proust.


Tiempo de Proust

'En busca del tiempo perdido' tiene una arquitectura tan severa como la 'Divina Comedia', con su ascensión alegórica desde las tinieblas a la luz


ANTONIO MUÑOZ MOLINA

5 DIC 2014 - 18:03 COT


El tiempo de la lectura de Proust no se parece a ningún otro. Es un retiro más largo y más sostenido que el de los enfermos de La montaña mágica, una dedicación asidua que puede ocuparle a uno las mejores horas de la vida. James Joyce requería, para su Ulises, un lector ideal, aquejado de un insomnio ideal. A Proust habría que dedicarle, idealmente, una temporada de quietud e indolencia de al menos varios meses, un veraneo tan prolongado como el que disfruta el narrador de En busca del tiempo perdido en el Gran Hotel de la playa inventada de Balbec, en Normandía, donde conoce a su amigo Robert de Saint-Loup y al pintor Elstir, que le ofrece lecciones fundamentales sobre el arte y sobre la percepción estética de la realidad, y donde descubre a una pandilla de jeunes filles en fleurs que están inspiradas en parte por sus propios recuerdos y sus fantasías y en parte por el coro de "muchachas flores" que desafían y aturden con sus tentaciones al héroe ignorante y muy joven de Parsifal.

Un escritor / James Baldwin

 

James Baldwin


James Baldwin regresa

Era un escritor negro, y no disimulaba que era homosexual, pero se negaba a ser etiquetado o reducido a una identidad de grupo

Antonio Muñoz Molina

7 de abril de 2017





James Baldwin, en el documental 'I Am Not Your Negro'.
James Baldwin, en el documental 'I Am Not Your Negro'. KARMA FILMS

Una de las voces más limpias y lúcidas que pueden escucharse ahora mismo es una voz del pasado. James Baldwin murió hace ahora 30 años, pero su voz hablada y escrita cobra una presencia más imponente todavía porque está sonando desde el pasado en una época en la que las cosas y los nombres se disuelven a toda velocidad en el olvido. En las librerías de Nueva York hay expositores con todos sus libros. La Library of America, lo más cercano a la Pléiade en un país poco dado a las solemnidades culturales, acaba de sacar un volumen con sus ensayos completos. Y desde hace unos meses se mantiene en cartel un documental en torno a él, I Am Not Your Negro, dirigido por Raoul Peck.

martes, 1 de septiembre de 2026

Un pintor / Banksy

 



Empleados de la galería posan con Love is in the Bin de Banksy, fotografía de Facundo Arrizabalaga/EPA.
Empleados de la galería posan con Love is in the Bin de Banksy, fotografía de Facundo Arrizabalaga/EPA.

«El amor está en la basura» de Banksy: arte versus comercialización.

Explorando el impacto y el significado detrás de la obra de arte más controvertida de Banksy.


Orsolya Antoni 
12 de enero de 2025

Banksy es mi artista callejero favorito por su singular manera de abordar la vida cotidiana y sus conflictos. Cuando trabajaba para una casa de subastas muy conocida, tuve la oportunidad de ver algunas de sus obras, especialmente «Niña con globo», que fue destruida en la subasta y rebautizada como «El amor está en la basura». Este incidente, en el que la obra se autodestruyó tras ser vendida, fue una declaración audaz e intrigante por parte de Banksy. Fue un desafío directo a la comercialización del arte, una práctica que a menudo prioriza el precio sobre el mensaje artístico y el valor que le atribuimos. Este incidente no solo acaparó titulares, sino que también desató un debate global sobre el verdadero valor del arte y el papel del mercado artístico en su determinación. La «Niña con globo» destruida se convirtió en una nueva obra de arte, «El amor está en la basura», lo que reforzó aún más la crítica de Banksy al enfoque del mercado artístico en el valor monetario por encima de la expresión artística.

Un pintor / Mihály Munkácsy





Mihály Munkácsy fue un pintor húngaro. Alcanzó renombre internacional con sus cuadros de género y sus pinturas bíblicas de gran formato.


El legado emocional de Mihály Munkácsy

Un vistazo al arte y la historia húngara.

Orsolya Antoni
12 de junio de 2025

Quisiera hablar del renombrado pintor húngaro Mihály Munkácsy, cuya influencia impregna la vida de muchos húngaros. Munkácsy, conocido por su extraordinario talento y la profunda emotividad de sus obras, ha dejado una huella imborrable en la cultura húngara. Sus pinturas a menudo representaban escenas de la vida cotidiana y momentos históricos, conectando con las experiencias de la gente común y conmoviéndola por su intensidad emocional.

lunes, 31 de agosto de 2026

Un fotógrafo / Irving Penn

'Niños de Cuzco' (1948), fotografía de Irving Penn expuesta el Metropolitan.

Fotografía de la exactitud

Las fotos de Irving Penn tienen una fuerza material cercana a la de la pintura, de una perfección inflexible pero limpia de frialdad o de amaneramiento

Antonio Muñoz Molina
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
14 JUL 2017 - 16:32 COT


La posteridad ha empezado muy pronto para Irving Penn. Murió en 2009, a los 92 años, y este verano el Metropolitan de Nueva York le dedica una gran exposición con motivo de su primer centenario. Irving Penn ha sido nuestro contemporáneo, pero nos da la impresión de que vivió en otra época, quizás porque sus fotografías más conocidas irradian un sentido de la belleza, de la dignidad, de la concisión expresiva que no parece muy propio de este tiempo nuestro. Nosotros vivimos en un atolondramiento de imágenes digitales que se multiplican lo mismo en las pantallas mínimas de los teléfonos móviles que en las de los paneles publicitarios de las calles, de las estaciones, de los andenes del metro. Irving Penn tomaba sus fotos con una Rolleiflex de gran sofisticación mecánica, no apta para la rapidez ni la improvisación, y luego las revelaba él mismo según un procedimiento ya en época anticuado que se basaba en el uso no del nitrato de plata, sino de platino. Era un método que le permitía gradaciones más sutiles de tonos y pormenores más exactos, pero que exigía mucha destreza y mucha paciencia.

Un fotógrafo / Weegee


Weegee, Drank Man, New-York 1945


Antonio Muñoz Molina

Usher Fellig

Fotógrafo de guardia

EL PAÍS 4 FEB 2012

Quisiera uno imaginar cómo era la mirada del niño Usher Fellig cuando vio por primera vez Nueva York, después de la travesía del Atlántico en la bodega de un barco lleno de emigrantes pobres de Europa, después de haber abandonado su ciudad natal, Lvov, que entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro y ahora es parte de Ucrania, en ese territorio que el historiador Timothy Snyder llama con acierto sombrío The Boodlands, las tierras de sangre asoladas por los genocidas nazis y los genocidas soviéticos. El niño Usher Fellig viajaba a Nueva York con su madre y sus hermanos para encontrarse con su padre, que había emigrado unos años antes. Lo que uno quiere imaginar se parece inevitablemente al comienzo de una de las grandes novelas americanas de la emigración,Llámalo sueño, de Joseph Roth, que empieza con el encuentro del niño recién llegado con su padre al que no recuerda, pero sin duda tiene mucha menos amargura. Nada más llegar, y cuando todavía solo hablaba yídish y hebreo, a Usher Fellig sus padres le cambiaron el nombre para que sonara algo menos judío y más americano. Ahora se llamaba Arthur, pero sus ojos vivísimos y oscuros, su pelo turbulento, sus rasgos exagerados, no engañarían nunca a nadie acerca de su origen, ni siquiera cuando se hizo célebre y volvió a cambiar de nombre para llamarse Weegee, Weegee The Famous, o cuando recibió una oferta de Hollywood y abandonó la mugre y la prisa de Nueva York para instalarse en California.

domingo, 30 de agosto de 2026

Un escritor / Raymond Carver


Raymond Carver y Tess Gallagher

Antonio Muñoz Molina

VIDAS DE CARVER

EL PAÍS 19 ENE 2008

Pocas personas tienen una sola vida. Raymond Carver tuvo al menos dos, antes de ingresar tan prematuramente en la muerte y en una posteridad en la que su nombre se ha agrandado, en vez de desaparecer, y en la que sus libros, aun sin la ayuda de su presencia física, han logrado ese raro milagro, perdurar en los estantes de las librerías. Quien ha vivido varias vidas no siempre puede recordar la fecha exacta en la que comenzó cada una de ellas. Raymond Carver sabía cuándo terminó la primera de las suyas, cuándo empezó la segunda: exactamente el dos de junio de 1977, cuando dejó de beber, pocos días después de cumplir treinta y nueve años. Se había casado a los diecinueve, con una chica de dieciséis. A los veintiuno ya era padre de dos hijos, y no tenía más perspectivas que trabajar de peón en las serrerías de la costa noroeste de Estados Unidos o de repartidor o de portero, mientras su mujer ganaba un salario escaso como camarera.

Un escritor / Bioy Casares


Bioy, centenario

Sin ningún énfasis, escribió una literatura en gran medida intemporal, que tenía simultáneamente la pureza de las fábulas y un arraigo muy poderoso en la realidad.



Adolfo Bioy Casares. / GORKA LEJARCEGI
Es raro pensar en la celebración del centenario de Bioy Casares. Un centenario es una cosa póstuma y marmórea, y en Bioy hay una liviandad que elude todo lo solemne, una transparencia que hace visible la hondura, pero que excluye la pompa. Bioy parecía un caballero porteño de otra época, y cuando fue viejo se veía irónicamente a sí mismo como un viajero del pasado sin máquina del tiempo. Pero lo cierto es que, sin ningún énfasis, escribió una literatura en gran medida intemporal, que tenía simultáneamente la pureza de las fábulas y un arraigo muy poderoso en la realidad que él conocía y recordaba, en la vida de Buenos Aires y de las capitales interiores del país, en los paisajes del campo y en esas ciudades europeas por las que se movían volublemente sus viajeros argentinos de clase alta.

Un escritor / Marcel Cohen


Entrevista a Marcel Cohen
Marcel Cohen © Jean-Luc Bertini


Explorando las ruinas con una linterna 

sábado, 29 de agosto de 2026

Un escritor / Osamu Dazai


Osamu Dazai

Osamu Dazai│Foto de Tadahiko Hayashi

Osamu Dazai y el arte del colapso 

Leer a Osamu Dazai hoy en día tiene algo inquietante. No por su muerte, aunque la imagen de ahogarse en un canal con tu amante sigue presente. No por su depresión, aunque esta se filtra en cada verso. Sino porque Dazai, fallecido en 1948, da la sensación de escribir desde dentro de tu cabeza. Incluso ahora.