Alfredo Cáceres
Alfredo Cáceres (nacido en 1983) es un prominente y exitoso ilustrador y autir chileno contemporáneo conocido por un estilo de arte oscuro, misterioso y narrativo arraigado en el misterio y el folclore.
Alfredo Cáceres (nacido en 1983) es un prominente y exitoso ilustrador y autir chileno contemporáneo conocido por un estilo de arte oscuro, misterioso y narrativo arraigado en el misterio y el folclore.
MONGE:—Quisiera que me hablara, en primer lugar, de la paradoja que significa para usted no poder leer cuando, como es sabido, su mayor afición han sido los libros.
Las vueltas que da la vida. Hace más o menos un mes el dictador Nicolás Maduro exhibía unos zapatos deportivos de mil dólares, y ahora lo llevan en pantuflas. ¿De qué le servirán ahora los Rolex y los millones acumulados? Hace poco bailaba en público como si fuera el rey de mundo mientras ocho millones de venezolanos añoraban su hogar. Podrá seguir bailando, por supuesto, pero sin trajes lujosos, en un cuarto demasiado estrecho y sin público. ¿De qué le servirá ahora ser “tan famoso como Taylor Swift”? Ya no volverá a los restaurantes más caros del mundo ni encenderá un habano. Tal vez mejore su inglés aunque no haya una cadena de televisión que transmita sus siniestras payasadas.
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| Jennifer Lawrence y |
Lo que me salva esta noche y el resto no es para nada el amor de mi hombre ni de mi hijo. Lo que me salva es el ojo dorado del ciervo, mirándome todavía.
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El murmullo de la autopista es un ruido cerebral, los autos que pasan como flechas son mis ideas.
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Los días de lluvia en la ciudad la gente consume cine, teatro, restaurantes; en el campo, se cuentan anécdotas, creen que así combaten el hastío.
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El primer momento fue puro dolor. Ese tipo de dolor que no se comparte ni con uno mismo. Estuve de luto mucho tiempo, pero en un momento tuve, como la viuda cuando pone la llave en la puerta de su casa, por primera vez, como cuando cena sin hablar, por primera vez, como la viuda cuando se acuesta sola, por primera vez, una tristeza excitante, salvaje.
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Es adicto al aire libre, no sé qué le pasa con el puto cielo
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¿Se da cuenta él? De todas las bellas y sanas mujeres que hay en la región se vino a enganchar conmigo.
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Me pareció que el niño lloraba, pero todas las noches lo oigo llorar y cuando me acerco el silencio es total, como si se hubiera grabado un fragmento de su llanto y se reprodujera solo. Pero a veces no oigo nada. Estoy sentada en el sofá, a pocos metros de su cuarto, mirando un programa de intercambio de parejas, niñeras a medida, o pintándome las uñas, cuando mi querido se aparece con el calzón medio bajo y me dice: ¿por qué no deja de llorar?, ¿qué quiere?, vos sos la madre, tenés que saber. No sé qué quiere, le digo, ni la menor idea...
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Esta imagen que crece en mí haciendo estragos. El horror de este deseo.
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Él es mi hombre, el que sabe mirar mi tristeza infinita
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Somos parte de esas parejas que mecanizan la palabra «amor» hasta cuando se detestan. Amor, no quiero volverte a ver. Ahí voy, digo, y soy una falsa mujer de campo con una pollera roja a lunares y el pelo florecido.
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Somos parte de esas parejas que mecanizan la palabra «amor» hasta cuando se detestan. Amor, no quiero volverte a ver. Ahí voy, digo, y soy una falsa mujer de campo con una pollera roja a lunares y el pelo florecido.
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Me gustaría tener de vecinos a Egon Schiele, Lucien Freud y Francis Bacon así mi hijo podría crecer y desarrollarse intelectualmente viendo que el mundo al que lo traje es algo más interesante que este abrir las lumbreras desde donde no se ve.
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Pienso en los efectos paliativos que podría tener sobre mi vida escribir o tirarme de una ventana
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Busco a alguien que pueda perturbarme como lo haría un animal moribundo. Y cuando deseo soy una vaca con la cabeza atorada. Y si deseo soy un ciervo entrando al bosque como lo haría un novio a la iglesia.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
CHARLOTTE PERKINS GILMAN
La llamaron histérica para silenciarla. Así que escribió una historia sobre una mujer volviéndose loca y se convirtió en una obra maestra.
Cierto aura de misterio rodea la figura de Cillian Murphy, un actor cuya presencia en el imaginario colectivo se mantiene al margen de la expectación y de los estándares hollywoodienses. El irlandés se ha convertido en uno de los actores más recurrentes de Christopher Nolan —acumulando papeles protagonistas en títulos como Origen (2010), Dunkerque (2017) u Oppenheimer (2023), entre otros— y ha encarnado durante nueve años a uno de los gánsteres más reconocidos del panorama televisivo en Peaky Blinders (2013-2022), cuyo personaje, Thomas Shelby, continúa presente en la memoria popular a la espera del estreno del largometraje basado en dicha serie.
Woody Allen y Diane Keaton (Annie Hall)
Yo creo que la vida está dividida en lo horrible y lo miserable. En esas dos categorías. Y lo horrible son los enfermos incurables, los ciegos, los lisiados... No se como pueden soportar la vida, me parece asombroso. Y los miserables somos todos los demás. Así que al pasar por la vida deberíamos dar gracias por ser miserables. Por tener la suerte de ser miserables.
FELINOS
El tigre es el felino más grande del mundo, superando a todos en peso y longitud corporal. El león, aunque ligeramente más pequeño en tamaño real, impone visualmente gracias a su melena, que lo hace parecer más grande y dominante. El jaguar es más bajo y compacto, pero extremadamente musculoso, con la mordida más poderosa entre los grandes felinos. El guepardo, aunque más liviano y esbelto, puede ser similar en altura al jaguar, destacándose no por fuerza sino por velocidad, siendo el animal terrestre más rápido del planeta.
NATURALEZA SALVAJE / FACEBOOK
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| Foto de Triunfo Arciniegas |
Son apenas seis historias pero todas difíciles de olvidar. Se leen con el corazón desbocado. Hay tanta desolación, tanta vejez, tanta soledad, que el libro podría titularse “Las cosas que nos hace la vida”.
La materia es extraña, casi inverosímil, pero la manera de contar de Samanta Schweblin las hace verdaderas, tanto como la vida misma. La vida no inventa, sucede. Nadie narra como Schweblin. Está mujer tiene un sello propio, una marca de origen. Diría que no cuenta con lectores sino con adictos, que se reconocen por la fiebre y la devoción.
“El buen mal” es sin duda uno de los mejores libros que he leído este año.