
Un siglo de ‘Fiesta’: el mito español de Hemingway que alumbró a la generación perdida
La primera novela del Nobel estadounidense, que en 1926 dio fama a los sanfermines y coronó a su autor, sigue enganchando a los lectores

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Eve Babitz en Hollywood, Los Ángeles, en abril de 1997.PAUL HARRIS (GETTY IMAGES)
Los Ángeles es, dicen, “la ciudad sin pasado”, pero Eve Babitz se aseguró con sus crónicas de que lo tuviera. En Días lentos, malas compañías. El mundo, la carne y L.A, (Colectivo Bruxista, 2024), el segundo libro de la artista y escritora que se publicó originalmente en 1977 y al que precedió El otro Hollywood, cuenta esas historias de las starlets que ellas jamás contarían. Desde la asfixia que sufren algunas actrices por su propio éxito hasta el pavor de los actores de telenovela ante la idea de que sus personajes televisivos mueran, las historias de Babitz invitan al lector a descubrir la cara secreta del éxito en Los Ángeles.

El rescate editorial de la iconoclasta creadora prosigue con una colección de sus artículos y un libro sobre su relación con Joan Didion

En una ciudad plagada de cámaras, Eve Babitz (Los Ángeles 1943-2021) se movió con desenfado fuera de foco, esquivando el primer plano. En su foto más icónica aparece sentada de perfil, completamente desnuda mientras juega al ajedrez con Marcel Duchamp, con el rostro oculto en su melena. Tenía 20 años y la foto formó parte de una exposición que comisarió uno de sus amores de aquel momento. Rabiosamente sexy, inquieta y fiestera, cachorra de la élite cultural de posguerra en Los Ángeles (su padrino fue Stravinsky y Aldous Huxley frecuentaba la casa de su padres), ella fue por derecho propio una figura ineludible del terremoto cultural en la meca del cine en la segunda mitad del siglo.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES
Cuando se dio el pitazo final en el Atlanta Stadium, las cámaras tuvieron un solo objetivo: Vozinha, el portero de Cabo Verde.
Esto va a ser muy personal. Cualquier reseña lo es, pero ésta especialmente. George (Errata Naturae) de Frieda Hughes narra la amistad entre una humana y un pájaro y yo amo los pájaros. Uno de mis lecturas esenciales, la que precisamente me enseñó a amar los pájaros, fue Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros de Konrad Lorenz, donde los protagonistas son los gansos y, sobre todo, los córvidos, las grajillas. Cayó en mis manos en la adolescencia y durante años soñé con tener una grajilla como compañera (que no como mascota, olvidemos esa palabra).

La pintora y poeta, hija de Ted Hughes y Sylvia Plath, se adentra en la autobiografía con ‘George, mi amistad con una urraca’, diario sobre su día a día con el pájaro que rescató en su jardín. Hoy vive con 14 búhos, dos perros, cinco chinchillas, un hurón y una pitón real.
Emily Ratajkowski en la fiesta Vanity Fair de los Oscar 2025.MICHAEL TRAN (AFP VIA GETTY IMAGES)La modelo ha publicado un ensayo llamado ‘Mother F*cker’ en el que explica que para descubrir “qué tipo de mujer quería ser”, empezó a tener “citas de manera compulsiva”

La cantante se convierte en la primera artista en sumar tres canciones para la Copa. ‘Dai Dai’ enfila el camino del éxito con una fórmula de ritmos latinos y africanos en varios idiomas

Desde el trampolín del artista, queremos volver a California con sus falsas palmeras para confirmar la sensación de pereza que construye como nadie en la historia de la pintura
Getty ImagesDavid Hockney era un amigo y un pintor increíble. Lo conocí durante la década de 1960 y mantuve una amistad hasta que murió el jueves 11 de junio. Era muy inteligente, ingenioso y divertido de estar con él.

El artista británico abrió nuevos caminos en el arte y su obra siempre se impuso sobre ideologías caducas
La noticia de la muerte de David Hockneyme ha sentado como la muerte de un amigo. No lo conocí personalmente nunca, pero he estado siempre muy unido a su obra, desde que yo era muy joven. Por eso lo conozco profundamente y su visión me ha afectado directamente. Hockney siempre fue un hombre luminoso que abrió muchos nuevos caminos en el arte. Él estableció la transición entre el mundo de la abstracción y la figuración, creó un puente del que toda mi generación ha bebido de una manera muy profunda. Y yo más que nadie.
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Ambas piezas superaron con creces las estimaciones, que situaban las ventas entre 800.000 y 1,2 millones de euros por el Buda, y entre 600.000 y 800.000 por La gran ola
11 de junio de 2026
Una monumental estatua en bronce dorado de un Buda de la dinastía china Ming del siglo XV fue subastada este miércoles en París por 2,68 millones de euros, mientras que un ejemplar de la emblemática estampa 'La gran ola de Kanagawa', del japonés Katsushika Hokusai, alcanzó los 1,64 millones.