sábado, 22 de agosto de 2020

Casa de cita / Jane Smiley / Maridos

Jane Smiley Visits The Writers Studio on Saturday | Art&Seek ...
Jane Smiley
Jane Smiley
MARIDOS

Cuando hice autostop con mi primer marido por Europa yo tenía 22 años y él 24. Él llevó mi máquina de escribir portátil encima durante todo el viaje. Con mi segundo marido, cuando tuvimos hijas, él fue fantástico compartiendo los cuidados para que yo pudiese trabajar y él también. Fue muy atento en todos los sentidos. A mi tercer marido fue quien más consulté para la trilogía porque tiene una memoria increíble. Vive cerca de nosotros y le vemos a él y a su mujer en fiestas y cumpleaños. En la sección del libro sobre la guerra de Vietnam, escribí lo que me dijo palabra por palabra. En cuanto a mi actual marido, le leo lo que escribo todos los días, y él se da cuenta de los errores y de las cosas que no quedan claras, lo cual es muy útil.

Jane Smiley / “Los humanos llevan eones tratando de resolver el problema del amor”



Casa de citas / Jane Smiley / Cervantes o Shakespeare

A Thousand Faces of Jane Smiley
Jane Smiley

Jane Smiley
CERVANTES O SHAKESPEARE

No todo el mundo es Cervantes o Shakespeare. Lo mejor que puedes hacer como escritor es mandar tus libros ahí fuera y esperar que vayan bien. Debes disfrutar mientras los escribes y no fiar ese disfrute a la futura recepción.

Jane Smiley / “Como novelista te fascinan las diferencias, no los estereotipos”






jueves, 20 de agosto de 2020

Casa de citas / Elizabeth Taylor / La otra


Una vista del puerto: descubriendo a Elizabeth Taylor (la ...
Elizabeth Taylor
Elizabeth Taylor
LA OTRA

Hubo otra Elizabeth Taylor. Alejada de Hollywood, de Cleopatra y los brazos de Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo“, la otra Elizabeth Taylor fue una extraordinaria novelista, seguramente una de las mejores de la segunda mitad del siglo XX en Inglaterra, aunque haya caído desgraciadamente totalmente en el olvido.
Casualmente, y con tintes de broma macabra del destino, la historia de las dos Elizabeth Taylors está sorprendentemente ligada. Cuando la Taylor escritora comenzaba a despuntar con su primera novela, “At Mrs. Lippincote“, en 1944, la película “National Velvet“, aquí traducida como “Fuego de juventud“, catapultó al Olimpo del celuloide a la Taylor actriz, cuando ésta sólo contaba con doce años. Con lo que la primera nunca pudo destacar del todo, al no tener un nombre propio famoso por méritos propios. Estaba condenada a explicar siempre que “no era esa Elizabeth Taylor”. Incluso recibía cartas de admiradores, pensando que era la actriz, donde le pedían fotos suyas en bikini. “Mi marido piensa que debería enviárselas y dejarlos perplejos, pero no tengo un bikini”, reconoció en una entrevista al Times en 1971 con un perfecto humor inglés.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Casa de citas / Albert Cohen / Los hijos no saben


Mother and son Digital Art by Erzebet S
Albert Cohen
LOS HIJOS NO SABEN

Y eso que la quería. Pero era un hijo. Los hijos no saben que sus madres son mortales.

Albert Cohen
El libro de mi madre 




Un libro / Albert Cohen / El libro de mi madre


Albert Cohen
El libro de mi madre


El libro de mi madre es una obra inolvidable del autor de Bella del Señor, considerada como una de las grandes novelas del siglo.
El 10 de enero de 1943, la madre de Albert Cohen, enferma del corazón, murió en Marsella bajo la ocupación nazi. Para Cohen, a la sazón en Londres, este hecho significó una catástrofe de la que nunca se repondría. En parte para mitigar el dolor y en parte como rebelión ante la muerte, ese mismo año escribió un texto febril y desolador, Chant de mort. Diez años más tarde, y a partir de aquel texto nacido de la cólera y la impotencia, concluyó El libro de mi madre, que se publicó por primera vez en Francia en 1954 y conserva los pasajes esenciales del áspero Chant de mort. No obstante, El libro de mi madre es una narración tocada por la gracia y, aunque infinitamente triste y desesperada, posee la soltura y la fineza que distingue a las obras maestras.
Este libro, del que se ha dicho que es la más bella novela de amor que jamás se haya escrito, es un alucinante tour de force presidido por la intensidad de un sentimiento que se desborda en cada una de sus páginas. Abandonándose a una memoria poblada de recuerdos y vivencias, el autor restituye su infancia en Marsella y sus años de adulto en Ginebra, dos etapas marcadas decisivamente por la omnipresente y entrañable figura materna. Y perfila un personaje femenino cuya irrepetible individualidad encaja magistralmente en las constantes universales que encarna: la madre que encuentra sentido a su existencia en el amor incondicional a su hijo, la mujer que disfruta y padece las pequeñas cosas de la vida, la judía emigrada que sufre de extranjería espiritual en un mundo ajeno y remeda patéticamente sus usos y costumbres... Una reflexión sobrecogedora sobre la fugacidad de la vida y sobre el valor de los instantes de suprema dicha que pueden deparar cosas tan sencillas como la devoción que se profesan una madre y un hijo.
«En cierta ocasión, André Gide, ese Lucifer pequeñoburgués, declaró que no se puede hacer buena literatura con los buenos sentimientos. Pero algunas obras del pasado y del presente lo desmienten. El libro de mi madre es una de ellas» (Gérard Valbert).
«No creo que nadie haya escrito jamás páginas tan bellas, tan profundas y tan conmovedoras sobre la madre, sobre lo que ella puede inspirar de ternura, de veneración, de pesar e incluso de remordimiento» (Roger Giron).

«Estamos en el ámbito de lo esencial, de los valores permanentes, de los sentimientos eternos. El gran triunfo y la gran audacia de Albert Cohen es haber escrito una obra maestra sobre el más común de los lugares comunes... Un libro que perdura. La más bella historia de amor» (Marcel Pagnol).




martes, 18 de agosto de 2020

Casa de citas / García Márquez / A Mercedes la conocí en Sucre


Gabo y Mercedes Barcha en 1990. Foto: Hernán Díaz.
Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha
Foto de Hernán Díaz

Gabriel García Márquez
A MERCEDES LA CONOCÍ EN SUCRE

A Mercedes la conocí en Sucre, un pueblo del interior de la costa Caribe, donde vivieron nuestras familias durante varios años, y donde ella y yo pasábamos nuestras vacaciones. Su padre y el mío eran amigos desde la juventud. Un día, en un baile de estudiantes, y cuando ella tenía solo trece años, le pedí sin más vueltas que se casara conmigo. Pienso ahora que la proposición era una metáfora para saltar por encima de todas las vueltas y revueltas que había que hacer en aquella época para conseguir novia. Ella debió entenderlo así, porque seguimos viéndonos de un modo esporádico y siempre casual, y creo que ambos sabíamos sin ninguna duda que tarde o temprano la metáfora se iba a volver verdad. Como se volvió, en efecto, unos diez años después de inventada, y sin que nunca hubiéramos sido novios de verdad, sino una pareja que esperaba sin prisa y sin angustias algo que se sabía inevitable. Ahora estamos a punto de cumplir veinticinco años de casados, y en ningún momento hemos tenido una controversia grave. Creo que el secreto está en que hemos seguido entendiendo las cosas como las entendíamos antes de casarnos. Es decir, que el matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena. Un personaje de alguna novela mía lo dice de un modo más crudo: «También el amor se aprende.

El olor de la guayaba




lunes, 17 de agosto de 2020

Casa de citas / García Márquez / Mercedes

Murió Mercedes Barcha, la esposa de Gabriel García Márquez - HJCK
Mercedes Barcha


Gabriel García Márquez
MERCEDES

1

Mi signo es Piscis y mi mujer, mi esposa, es Mercedes. Estas son las dos cosas más importantes que han sucedido en mi vida, porque gracias a ellas, por lo menos hasta el momento, he conseguido sobrevivir escribiendo.

2

Sin Mercedes no habría llegado a escribir Cien años de soledad. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos seis meses. Pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada. Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera: inclusive de traerme cada cierto tiempo quinientas hojas de papel. Nunca faltaron aquellas quinientas hojas. Fue ella la que, una vez terminado el libro, puso el manuscrito en el correo para enviárselo a la Editorial Sudamericana.

3

Ningún personaje de mis novelas se parece a Mercedes. Las dos veces que aparece en Cien años de soledad es ella misma, con su nombre propio y su identidad de boticaria, y lo mismo ocurre las dos veces en que interviene en la Crónica de una muerte anunciada. Nunca he podido ir más lejos en su aprovechamiento literario, por una verdad que podría parecer una boutade, pero que no lo es: he llegado a conocerla tanto que ya no tengo la menor idea de cómo es en realidad.

4

Ahora estoy hablando como un escritor profesional. Antes estaba sometido a todas las contingencias de la vida. Ahora, además de que tengo todos los elementos para ser un escritor profesional, tengo otro factor muy importante: Mercedes. Ella es la que se encarga de que nada se me filtre antes de que termine de escribir y es la que se lleva la mala fama. Es un cancerbero.

5

Mercedes es una gran amiga, y es difícil encontrar ese equilibrio entre el amor y la felicidad. Un buen matrimonio debemos hacerlo todos los días. Todos los días tenemos que luchar para ajustarlo, porque todas las noches se desarregla y todas las mañanas necesitamos arreglarlo de nuevo.


 DE OTROS MUNDOS



domingo, 16 de agosto de 2020

sábado, 15 de agosto de 2020

Casa de citas / Henry Miller / Cinq à sept

Labial
París, 2017
Fotografía de Triunfo Arciniegs

Henry Miller
CINQ À SEPT
29 de septiembre de 1978

Brenda Venus / Maestra de seducción


Ese cinq à sept (de cinco a siete) es una hora que en París se relaciona con el sexo. Uno va ostentosamente al café a tomar un aperitivo, pero en realidad a esa hora la ciudad entera nada en sexo.


Querida Brenda
Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus
Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 145






Casa de citas / Henry Miller / La siesta


Carta de Henry Miller a Brenda Venus

Henry Miller
LA SIESTA
16 de junio de 1976

He intentado echar una siesta. El día se me ha echado a perder en cierta hermosa manera. Después de leer tus dos cartas y de contemplar una y otra vez tus adorables fotografías no puedo trabajar, sólo puedo soñar. Y puesto que no tengo hermosas fotos para enviarte, te mando otras cosas. Desearía poder doblarme y enviarme a mí mismo en un sobre.

Querida Brenda
Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus
Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 17




Casa de citas / Henry Miller / El Ángel Azul

Marlene Dietrich


Henry Miller
EL ÁNGEL AZUL
27 de enero de 1979

Me he levantado para escribirte cuatro letras porque ocupas mi pensamiento como un íncubo. Mientras salía de la cama recordaba la cita (en alemán) de El Ángel Azul: “Ich bin von Kopf bis Fusz auf Liebe eingesteldt, und das ist meine Welt und sonst garnichts”. Aproximadamente: “De la cabeza a los pies estoy lleno de amor, y ése es mi mundo y no otro”.


Querida Brenda
Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus
Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 151





jueves, 13 de agosto de 2020

Casa de citas / Nélida Piñón / Sobre el prestigio de la ambición

Nélida Piñón: «La cultura es una necesidad, es arte, pensamiento ...
Nélida Piñón
Nélida Piñón
SOBRE EL PRESTIGIO DE LA AMBICIÓN

La ambición desmedida tiene mucho más prestigio. La bondad no es un momento histórico, está asociado a la ignorancia, a la ingenuidad. Tiene un propósito sin propósito. Porque no tiene ambición por sí misma, no tiene dinero, no tiene oro. No tiene la enfermedad de la ambición. Eso es algo que me encantaría. Si me preguntas si quiero ser inteligente, puedes preguntármelo. Sí, quiero. Pero quiero una inteligencia que me abrace, que me bendiga, para no hacer tonterías. Una inteligencia que me enseñe el camino para ser generosa, que me enseñe el bien, y que me ayude a escribir lo que quiero. Y no sé lo que quiero.

Nélida Piñon: «Cervantes es una institución mucho más importante que los derechos humanos»


Casa de citas / Nélida Piñón / Leer en voz alta

BID | La Ventana
Nélida Piñón
Nélida Piñón
LEER EN VOZ ALTA


Yo siempre leo mis textos en voz alta. Porque los idiomas, por más bellos que sean, tienen incompatibilidades sonoras. Pueden ser muy groseros. Cacofónicos. Yo trato siempre de evitar esas disonancias. Estoy siempre escuchando la música de las palabras.

(¿Nunca entrega un texto antes de haberlo escuchado antes en voz alta?)

Sí, y además escribo muchas veces un mismo texto. De «La república de los sueños» he hecho no menos de siete u ocho versiones, cada una de 700 páginas. Buscando esa música, buscando el rostro de la frase. Hay que buscar el rostro de la frase. No voy a ser crítico ni asesino. Pero hay un momento en que hay que dejar de tocar el texto, porque corre el peligro de perder la emoción.

Nélida Piñon: «Cervantes es una institución mucho más importante que los derechos humanos»



Casa de citas / Nélida Piñón / La familia

La palabra nómada | Edición impresa | EL PAÍS

Nélida Piñón
LA FAMILIA

La familia mata, asfixia y todo, pero también salva. La familia es el sitio al cual regresar cuando estás perdido.

Nélida Piñon / «Todo lo que sabes está en la imaginación»


miércoles, 12 de agosto de 2020

Casa de citas / Anónimo / Juan Manuel Santos


Anónimo
JUAN MANUEL SANTOS


Entra Juan Manuel Santos a cambiar un cheque al Banco de Bogotá:

— Buenos días señorita, ¿podría hacerme el favor de cambiarme este cheque?
— Con mucho gusto, señor. ¿Me permite su cédula de ciudadanía?
— Señorita, no la traigo, soy Juan Manuel Santos, presidente de Colombia.
— Sí señor, yo tengo auditoria y ya sabe cómo son, y me debe mostrar su identificación.
— Señorita, pregúntele a quien quiera, soy Juan Manuel Santos, por favor.
— Lo siento señor, son reglas del banco.
— Señorita me urge cambiar este cheque.
— Mire, señor, lo que podemos hacer es lo siguiente: el otro día vino René Higuita y tenía el mismo problema, no traía su cédula y para probar que era él, sacaron un balón, le tiraron unos penaltis y los paró, y así comprobó que él era en verdad René Higuita.
— Señorita...

— También vino Rodrigo Rocky Valdez y no traía su cédula, entonces se echó unos rounds con los cajeros y casi mata a dos de una paliza y así comprobó que él era en realidad Rocky Valdez.
— Señorita...

— Entonces usted puede hacer lo mismo... Haga algo para probar que es usted el presidente de Colombia.
Santos se queda pensando… y pensando… y pensando durante un buen rato y dice: 
— Mmmm, señorita, la verdad es que no se me ocurren sino puras huevonadas.

— ¿Señor Presidente, desea billetes grandes o chicos?