domingo, 23 de agosto de 2020

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cero-k

Don DeLillo
EL CUERPO EN LA DUCHA


Solamente soy yo, el cuerpo en la ducha, una persona encerrada en plástico, mirando una gota de agua resbalando por la cortina mojada. El momento está ahí para ser olvidado. Ese parece el sentido último. Es un momento en el que no hay que pensar nunca salvo cuando se está desarrollando. Tal vez por eso no parece peculiar. Sólamente soy yo. No pienso en ello. Sólamente vivo dentro del momento y después lo dejo atrás. Pero no para siempre. Dejo de olvidarlo ahora, en este sitio concreto, donde todo lo que he dicho y hecho y pensando está al alcance de la mano, aquí mismo, para ponerlo todo bien junto y que no desaparezca cuando abra los ojos a la segunda vida.




Me daban miedo las casas de los demás. A veces, después de la escuela, algún amigo me convencía para ir a su casa o a su apartamento y hacer los deberes juntos. La forma en que vivía la gente me conmocionaba, los demás, quienes no eran yo. No sabía cómo reaccionar ante aquella intimidad peligrosa, ante la suciedad de la cocina, ante los mangos de la sarten sobresaliendo del fregadero. ¿Acaso quería sentir curiosidad, sentirme divertido, indiferente, superior? Pasaba junto a un cuarto de baño: una media de mujer dejada en el toallero, frascos de pastillas en la repisa de la ventana, algunos abiertos y otros volcados, una pantufla de niño en la bañera. Me daban ganas de correr a esconderme, en parte de mis propias manías. Los dormitorios con las camas sin hacer, los calcetines por el suelo, la vieja en camisón, descalza, una vida entera recogida en un sillón junto a la cama, el cuerpo encorvado y la cara balbuceante. ¿Quién era aquella gente, minuto a minuto y año a año? Me daban ganas de irme a mi casa y no salir más. 


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