jueves, 24 de marzo de 2022

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Triunfo Arciniegas
CABALLOS
23 de marzo de 2022

"I run before my horse to market", se decía en los tiempos de Shakespeare (King Richard The Third, Act I, Scene I), pero el proverbio ha desaparecido. Ya casi nadie va a caballo al mercado. Y ahora pocos entenderían qué significa ganarle la carrera a su propio caballo. "Montar antes de ensillar" decimos en español, y ambas expresiones significan lo mismo: ansiedad, precipitación, dar por seguro algo que aun no se tiene.

Así es el lenguaje, un cuerpo vivo, palpitante, maravilloso, complejo. Así son todas las lenguas. No hay una sola simple o facil. Una lengua es una manera de ver el mundo.

"Mi reino por un caballo" ("My Kingdom for a horse") es tal vez la línea más famosa de Ricardo III (Acto V, Escena IV). La dice el más sanguinario de los reyes cuando ya tiene perdida la última de sus batallas. Cuentan que el público contemporáneo de Shakespeare enloquecía con esta frase.

De Shakespeare se ha dicho de todo. Desde que es el más grande y genial de los escritores que han pasado por esta tierra de nadie hasta que el tal Shakespeare no existió. Uno elige qué creer.

En 1587 y apenas a sus veintitrés años, recién llegado a Londres, para sobrevivir, y tal vez enviar algo a la mujer y los tres hijos que había dejado en Stratford, Shakespeare se encargaba de cuidar los caballos de la gente que iba al teatro, como los muchachos que ahora en las calles vigilan los carros a cambio de unas monedas mientras los dueños hacen mercado precisamente o cualquier otra diligencia. Sea o no sea cierta la leyenda, me gusta imaginar a Shakespare con los caballos, escuchando y memorizando los parlamentos de los actores. Luego fue uno de esos actores. Luego fue él quien escribió los parlamentos que otros memorizarían, convirténdose en el mejor escritor de su tiempo y de todos los tiempos.





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