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martes, 5 de agosto de 2025

Un libro / Los viajes de Tuf, de George R.R. Martin


Los viajes de Tuf
Portada en español de 'Los viajes de Tuf'.

George R. R. Martin triunfó con ‘Juego de tronos’, aunque su obra desconocida de ciencia ficción de hace 40 años está muy a la altura

‘Los viajes de Tuf’ es una colección de relatos sobre un mercader reconvertido en ingeniero ecológico.


Borja Ruete 
14 de Julio de 2025

jueves, 23 de diciembre de 2021

Una entrevista / Andrzej Sapkowski

 

Andrzej Sapkowski

Andrzej Sapkowski

1. Aunque las críticas que he leído de su libro son muy buenas, todavía es usted un gran desconocido para los lectores españoles ¿podría definir brevemente la trama de El último deseo para que vayamos a la librería a comprarlo?

Fácil: es una coleción de historias de fantasía llenas de monstruos. El héroe es un exterminador profesional. Una especie de Philip Marlowe de Chandler: el parecido no es coincidencia, porque Chandler es de mis autores favoritos. (Respuestas traducidas por Luis G. Prado)

2. ¿Ocurre en Polonia como en España, que la mayoría de la fantasía que se publica es de origen americano e inglés?

Cierto. Pero al contrario que en otros países europeos, hay mucha fantasía autóctona, escrita por jovenes autores nuevos. Para el lector, un nombre polaco NO es una razón para no comprar el libro...

3. ¿No cree que la influencia omnipresente de Tolkien puede haber dañado a la fantasía?

En absoluto: Tolkien creo la fantasía. O al menos el tipo más importante de fantasía: la que se situa enun mundo imposible. Otro padre de la fantasía fue Robert Howard, que creo la fantasía llamada heroica. Por tanto, el padre de la fantasía no puede haberla dañado.

4. ¿Tiene algún otro libro en español?¿Había venido antes a España?¿Qué le parece España?

Es mi primer libro y mi primer viaje en España. No hablo español ni lo leo, pero me gusta mucho el país.

5. ¿Va a presentar el libro en Madrid? ¿Dónde puedo encontrarlo para que me lo firme?

No habra una presentacion formal, pero estaré en la Casa del Libro de Alcalá con Goya, donde hay un escaparate dedicado a Bibliópolis Fantástica, hoy a las 19 h., y con mucho gusto firmaré los libros que me pidan.

6. ¿Quedó satisfecho con la adaptación de sus novelas al cine?

No.

7. ¿Cómo ve la incorporación de Polonia (he leído que es usted polaco, ¿no?) a la Unión Europea?

No soy una persona política. No obstante, creo que Polonia siempre ha sido parte de Europa.

8. ¿Qué opina de Stanislaw Lem?

Aprendi de la ciencia ficción con Lem: fue el primer autor que lei. Tuve suerte de tener una introduccion tan buena a este género. Creo que Lem es un hito de la ciencia ficción mundial. Quien no ha leido a Lem no puede considerar que conoce realmente el género.

9. ¿Qué opinión le merece la Ciencia-ficción Hard?

Me gusta mucho, pero no puedo escribirla ni lo intento: la única máquina cuyo funcionamiento conozco un poco es la picadora de carne. Así que no quiero quedar en evidencia delante de los lectores...

10. ¿Que le parecen James Ballard, Phillip Dick y Jorge Luis Borges?. ¿Le han influido?

Si. Borges, desde luego. Y Ballard también: soy un gran aficionado a la New Wave. Respecto a Dick, puede sonar raro, pero prefiero con mucho sus cuentos a sus novelas.

11. Con sinceridad: ¿La película es tan mala como dicen? ¿Y al serie de televisión, como es? ¿Sabe si algún día las veremos en España (mira que lo dudo)?

Cuando vi la película por primera vez, desee exiliarme y no volver nunca a Polonia. Pero quizá es la opinión de un autor que piensa que ha creado un mundo perfecto: las adaptaciones deben ser, en su opinion, peores que ésta.

12. ¿Cual cree que es la causa que ocasiona el desprecio con el que los escritores y lectores de literatura "seria" se refieren a los que nos gusta la ciencia ficción (además de toda la literatura en general)?

Consideran que escribir de cosas que no existen es una pérdida de tiempo: opinan que la literatura debe tratar de problemas y cosas cotidianas. No aceptan la explicación de que la cf y la fantasía SI tratan de lo real, sólo que bajo otra forma. Pero es comprensible: perdimos a la opinión pública con tantos libros pulp mal escritos con chicas semidesnudas en la portada.

13. es un honor que esté con nosotros,gracias.¿ha leído a douglas adams,qué le parece?

Sí. He leído el primer libro del autoestopista galáctico y me pareció muy divertido y fresco. Pero los siguientes, que tambien he leido, pierden mucho.

14. Buenas. Se le ha podido ver estos últimos dias por la Hispacon (convencion española anual de ciencia ficcion y fantasia), ¿ha notado grandes diferencias en comparacion con las convenciones que se realizan en el este de Europa? Gracias, Ekaitz

Solo una: que cerraban la convención de dos a cuatro, algo bastante raro en las que conozco.

15. ¿Algún escritor español o sudamericano contemporáneo ha triunfado en Polonia? ¿Arturo Pérez Reverte, tal vez?

Reverte desde luego; Coelho es también un éxito en Polonia con su Alquimista (que estuvo en todas las listas de éxitos).

16. Ya he leído El último deseo y me encanta ese tono cínico y crepuscular del mundo que describe. Enhorabuena. ¿Seguirá escribiendo fantasía en el futuro? ¿Qué está escribiendo ahora?

La saga de Geralt de Rivia está concluida en el séptimo libro: es el final de la historia, y no haré secuelas ni precuelas. Y ahora estoy escribiendo una trilogía de fantasía histórica: el primer volumen acaba de aparecer en Polonia.

17. ¿Cree que hay muchos autores polacos exportables a países del oeste de Europa? ¿Cuáles son?

Por supuesto. Por ejemplo, además de Lem, Tokarczuk, Nurowska, Terakowska, Hanna Krall, Huelle...

18. ¿Es usted lector habitual de ciencia ficción? ¿Cuáles son sus autores favoritos?

Sí, leo mucho: soy un aficionado. Mis favoritos son Roger Zelazny, Tolkien, Jack Vance, Robert Silverberg, Fritz Leiber, Tanith Lee, Sheri Tepper... entre otros.

19. si tuviera que elegir un relato intenso, a quien eligiría, a lovercraf o a Cortazar?

Son completamente diferentes, pero creo que a Cortázar. "Todos los fuegos el fuego" me parece uno de los mejores relatos de la historia. Pero también conozco toda la obra de Lovecraft y soy un gran aficionado a ella.

20. ¿Cree usted que hay intrusismo en la literatura, que hay escritores y gente que escribe libros, como decía ayer en este mismo lugar María de la Pau Janer?

Es un hecho, pero no sé por qué sucede. Conozco a muchos escritores de un solo libro: porque solo querían escribir eso, o porque luego se han agotado. Pero aun sin escribir, se consideran importantes. Para las personas como yo, que han escrito y vendido muchos libros, solo tienen desprecio: me llaman comercial.

21. ¿A qué cree que se debe el auge de la literatura fantástica en Polonia, en comparación con otros países europeos (como España)?

No tengo ni la menor idea.

22. ¿Tiene en mente escribir alguna novela con una trama digamos más "real" y dejar de lado la ciencia ficción?

La trilogia que estoy escribiendo se desarrolla en un momento especifico de la historia europea (las guerras husitas del siglo XV), aunque usaré algunos elementos de fantasía en ella, como la magia. Me gusta escribir así, y además no quiero decepcionar a mis fans. Pero si quisiera, podría escribir "realismo".

23. Dos de las obras más significativas del cine de CF de los paíse del este son Stalker y Solaris (precisamente una adaptación de Lemm), dirigidas por Tarkowsky. ¿Si aún viviera, le hubiera gustado que el citado director ruso hubiese adaptado alguna de sus novelas?

Personalmente no me acaban de convencer esas peliculas: las novelas son excelentes, pero las adaptaciones no funcionan.

24. Ya leí "El último deseo". ¿De qué trata la saga en los siguientes volúmenes, que creo que ya no son de relatos?

Espere a las traducciones de los siguientes libros y ya verá. Es complicado contar toda la trama en este chat. Si vengo a la convención española del próximo año, prometo contar cómo sigue la saga.

25. Piensa que el lector español podrá entender todas las alusiones y asociaciones a la cultura polaca y eslava que son tan frecuentes en su saga de Geralt?

Algunas desde luego que serán complicadas de entender, pero debo decir que he repasado el libro y he advertido que muchas de las expresiones han sido transformadas en sus equivalentes españolas, así que creo que esta traducción es una forma excelente de entender el libro. Claro que, como dicen los italianos, traduttore tradittore... Siempre se pierde algo: es un hecho de la vida.

26. ¿De dónde sale la idea de mezclar género negro y fantasía heroica?

Me vino probablemente de mi afición a la fantasía, combinada por mi admiración por Chandler y la novela negra.

27. ¿Ha visto Minority Report? ¿Qué opina de la ciencia-ficción que se hace en cine hoy en día?

No la he visto. Creo que desde Blade Runner no se ha hecho ninguna película mejor de cf.

28. ¿Se implica de lleno en las películas sobre sus libros o prefiere dejar hacer su trabajo a los directores y guionistas?

Desgraciadamente, les dejé todo el trabajo porque esperaba que entendiesen mis libros. O al menos que lo intentasen. Fue un gran error.

29. ¿Los monstruos que aparecen en "El último deseo" (enhorabuena, es un libro excelente) son fruto de su imaginación, son criaturas legendarias de la mitología polaca...?

Usé tres tipos de criaturas en mis libros: primero, los que existen en alguna mitología o demonología de cualquier parte del mundo; segundo, los que inventé completamente en nombre, hábitat y comportamiento: y tercero, los que inventé, pero cuyo nombre saqué de la terminología para referirse a los insectos (que suena bastante monstruosa). La mayor parte de la gente no sabe que son nombres de insectos...

30. ¿Que le parecen como directores de cine fantástico Lynch, Cronemberg?. ¿Qué otros directores de este género le interesan?

En general, no soy un gran aficionado al cine, ni un experto. Me cuesta, por tanto, juzgar quién es mejor que quién. Pero no me gusta en absoluto Lynch, y Cronenberg sólo de vez en cuando.

31. Le interesa el género del terror más puro y duro, como escritor, y como lector? (Felicidades por su edición española, que hago extensible a L.G.Prado y su nueva andadura editorial... por cierto, posibilidades de editar inéditos y reediciones de Clive Barker, Luis?)

Sapkowski: me gusta el género del terror, desde Lovecraft y algunos estupendos autores polacos como Grabinski. He escrito dos historias de terror, pero no creo que lo siga haciendo, porque no es que fueran malas, pero no daban mucho miedo... Luis: Interesante, interesante. Me gusta Barker, y lo consideraré.

32. ¿Cree usted que la literatura es una vocación o una profesión?

Ambas. Las musas o los dioses deben haberte tocado para ser escritor, pero sin el profesionalismo el toque divino es insuficiente.

33. ¿Has leído libros norteamericanos de fantasía? En ese caso, cual consideras que es la principal diferencia entre tu fantasía y la que estamos acostumbrados a leer en España?

He leído casi todo. En mi opinión, la fantasía polaca respeta más al lector: el mejor ejemplo es que nunca escribimos sagas interminables, como hacen los americanos únicamente para seguir sacando dinero. El hecho es que los americanos empiezan a leer en la universidad y los europeos a edades mucho más tempranas (nueve o diez años). Los autores saben eso y tratan al lector según esta diferencia.

34. En general, el nivel de las traducciones en España es abismal. ¿Está usted satisfecho con la traducción de su libro?

Hasta donde puedo juzgarla (aunque no hablo español, puedo juzgar algunas partes), estoy muy satisfecho. Claro que la última palabra la tienen los lectores.

35. La idea de hacer una saga con el personaje de Geralt surgió antes o espués de empezar a escribir los relatos?

No. Primero escribí los cuentos, a razón de uno o dos al año. Los publiqué en revistas porque ningún editor polaco quería publicar autores polacos (eso cambió cuando El último deseo se convirtió en un éxito). Aprovechando el éxito, quise hacer en la fantasía polaca lo típico en fantasía: una saga. Aunque incluso entonces sabía que sería una historia con un final. Como una novela, pero un poco más larga.

36. He leído que está escribiendo una novela histórica con toques "fantasticos", ¿qué le parece Jack Vance?

Es uno de mis autores favoritos: me gusta mucho por su humor.

37. Soy un aficionado a Tolkien y a la fantasía en general. ¿Por qué debería comprar su libro?

No quedará decepcionado.

38. ¿Le gusta El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Has?¿Cree que es una buena adaptación?

Sí. En mi opinion es uno de los pocos casos en los que la película es mejor que el libro.

39. Hola, he estado leyendo a Ray Bradbury últimamente y no me acaba de convencer. Tiene un lastre metafísico demasiado fuerte para mi gusto. Echo en falta más aventura. ¿Qué opina usted? Gracias.

Bradbury es otro de los hitos de la ciencia ficción. Puede gustarle o no, eso es normal, pero hay que leerlo.

40. ¿Ha jugado usted al juego de rol basado en su obra? ¿Opina que jugar a rol es una buena fuente de inspiración para escribir?

No es una inspiración para escribir. Conozco el rol muy bien, aunque casi no he jugado. Mi interés principal en ellos y en los jugadores es que después de jugar pueden interesarse en leer mis libros.

41. ¿Ha leído la saga de Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin? ¿Qué opina de su forma de romper los estándares del género?

No, lo siento, es una de las pocas obras de fantasía que no he leído. Pero ha obtenido tantos premios que no dudo que es buena. Martin tiene, además la misma edad que yo (1948 fue un buen año para la cf...)

42. ¿Qué método sigue para escribir tantos libros con tal derroche de imaginación?

Mucho trabajo.

43. ¿Se ha adaptado usted a las nuevas tecnologías a la hora de escribir sus novelas? Quiero decir, ¿prefiere el ordenador o un folio y el bolígrafo?

Mis primeras novelas estaban escritas a mano y luego pasadas a máquina. Pero desde hace seis o siete años escribo sólo en ordenador y no puedo imaginar otra forma de hacerlo.

44. ¿qué opina de la edición del libro? ¿no es una apuesta un tanto arriesgada confiar en una "editorial" amateur?

Es muy bonita. En cuanto a la novedad de la editorial, que voy a decir: nunca se sabe.

45. Tengo entendido que usted se dedicó a asuntos de comercio internacional hasta alcanzar una edad relativamente alta para un escritor novel. ¿Cuándo empezó usted a escribir?

En 1985 escribí el primer cuento, y en 1986 se publicó: "El brujo". Desde hace unos diez años soy escritor a tiempo completo.

46. De verdad, ¿cuándo aproximadamente, cree Vd. que el hombre pisará Marte?.¿Tiene Vd. ALGUNA duda de que no se haya pisado la Luna, ó al menos no con Apollo XI?

No tengo ni la menor idea. Pero en mi opinión la gente no tiene nada que hacer en Marte: hay muchos sitios en la Tierra que visitar antes y donde se pueden hacer cosas razonables.

47. ¿Se ha considerado bien tratado en esta su primera visita a España? No piensa que los medios de comunicación tendrían que haberle hecho más caso por ser un fenómeno ventas tan grande en su país?

Soy una persona modesta, y no necesito que me anuncien con trompetas y fanfarrias, aplausos y saludos. Me han tratado más que suficientemente bien.

48. He leído que la saga de Geralt está cerrada. ¿En qué trabaja ahora?

Como ya he dicho, estoy en la saga histórica que comienza con Narrenturm.

Despedida

Me ha gustado mucho charlar con los lectores. Espero que mi libro les guste, y ojala podamos conocernos en alguna presentación en una próxima visita a España. (Luis: muchas gracias a todos.)

EL MUNDO



miércoles, 22 de diciembre de 2021

Casa de citas / Andrzej Sapkowski / Brujos y monstruos


Andrzej Sapkowski

BRUJOS Y MONSTRUOS


  —Ajá. No creo que peque de indiscreto, entonces, si pregunto quién eres.
    —Un brujo.
    —Ajá —repitió Nivellen un poco después—. Si no recuerdo mal, los brujos se ganan la vida de una manera curiosa. Matan monstruos por dinero.
    —Recuerdas bien.
    De nuevo se hizo el silencio. Las llamas de las velas temblaron, expulsaron hacia arriba unas estrechísimas lenguas de fuego, se reflejaron en los grabados de las copas de cristal, en las cascadas de cera que se deslizaban por el candelabro. Nivellen se sentó inmóvil, meneando apenas las enormes orejas.
    —Pongamos —dijo al fin— que alcanzas a desenvainar la espada antes de que te agarre. Pongamos que alcanzas incluso a golpearme con ella. Con mi peso, no es suficiente para pararme, te tiraré al suelo con el propio impulso. Y luego deciden los dientes. Qué piensas, brujo, ¿quién de nosotros dos tiene más ventaja si llega el momento de morder gargantas?
    Geralt, sujetando con el pulgar la caperuza de la jarra, se echó más vino, bebió un trago, se apoyó en el respaldo de su silla. Miró al monstruo con una sonrisa, y era aquélla una sonrisa harto amenazadora.
    —Síííí —dijo prolongadamente Nivellen, hurgándose con las uñas en los huecos de las muelas—. Hay que reconocer que sabes responder a las preguntas sin usar muchas palabras. Interesante, cómo te las vas a apañar con la siguiente que te hago. ¿Quién te ha pagado por mí?
    —Nadie. Estoy aquí por casualidad.
    —¿No me mientes?
    —No tengo por costumbre mentir.
    —¿Y qué tienes por costumbre? Me han hablado de los brujos. Recuerdo que los brujos raptan niños pequeños a los que dan luego unas hierbas mágicas. Los que sobreviven se convierten ellos mismos en brujos, hechiceros con habilidades inhumanas. Se les enseña a matar, se les elimina todo sentimiento e impulso propio de seres humanos. Se hace de ellos monstruos que han de matar a otros monstruos. He oído por ahí que ya va siendo hora de que alguien comience a cazar brujos. Porque monstruos hay cada vez menos, y brujos cada vez más. Come perdices, antes de que se enfríen.

Casa de citas / Andrzej Sapkowski / Mujeres

 


Andrzej Sapkowski

MUJERES


1

—Mucho, mucho tiempo me quedé en el castillo como el ratón en su ratonera, sin sacar la nariz al exterior. Si aparecía alguien, y esto sucedía raramente, no salía, sino que mandaba a la casa que hiciera golpear dos o tres veces las ventanas o aullaba un poco a través de las gárgolas del canalón y, por lo general, esto bastaba para que el tipo dejara tras de sí una bonita nube de polvo. Así fue hasta el día en el que, un pálido amanecer, miro por la ventana y, ¿qué veo? Un gordo arranca una rosa del rosal de mi tía. Y has de saber que no se trataba de cualquier tontería, sino de rosas azules de Nazair, el esqueje lo había traído mi padre. La rabia me embargó y salté al patio. El gordo, cuando recobró la voz que había perdido al verme, murmuró que tan sólo quería una de aquellas rosas para su hija, que le perdonara y la dejara la vida y la salud. Ya me había decidido a echarlo de una patada por la puerta principal cuando se me ocurrió algo, me acordé de un cuento que me contara una vez Lenka, mi niñera, un vejestorio. Cuernos, pensé, se dice que las muchachas hermosas transforman las ranas en príncipes, y al revés, así que quizás... Puede que en esas habladurías haya una pizca de verdad, una posibilidad... Salté media legua, aullé de tal modo que las parras se desprendieron de los muros y grité: «¡Tu hija o la vida!», no se me ocurrió nada mejor. El mercader, porque era un mercader, se echó a llorar y después me dijo que su hija tenía ocho años. ¿Qué pasa, te ríes?
    —No.
    —Porque yo no sabía si llorar o reír por mi suerte de mierda. Me dio pena el mercader, no podía ver cómo temblaba, le invité a entrar, le agasajé y cuando se iba le metí oro y piedras preciosas en su bolsa. Has de saber que en los subterráneos quedaban todavía muchas riquezas desde los tiempos de mi padre, no sabía muy bien qué hacer con ellas, así que me podía permitir tal gesto. El mercader se iluminó, me dio las gracias hasta quedarse seco. Debió de vanagloriarse de sus aventuras donde fuera porque no habían pasado dos meses cuando apareció otro mercader por aquí. Traía preparadas bolsas de sobra. Y una hija. También de sobra.

2
    Nivellen metió los pies debajo de la mesa, se estiró hasta que el sillón crujió.
    —Por segunda vez hablé con un mercader —siguió—. Acordamos que me dejaría a la hija por un año. Hube de ayudarle a cargar el saco en la mula, él solo no hubiera sido capaz.
    —¿Y la muchacha?
    —Durante algún tiempo le daban convulsiones cuando me veía, estaba convencida de que me la iba a comer. Pero al cabo de un mes comíamos ya en la misma mesa, charlábamos y dábamos largos paseos. Y aunque era simpática y muy despabilada, la lengua se me quedaba pegada cuando hablaba con ella. Sabes, Geralt, siempre he sido tímido con las mujeres, siempre he hecho el ridículo, incluso con las mozas de los establos, ésas que tienen estiércol en las pantorrillas, a las que los muchachos de la banda se llevaban de acá para allá a su gusto. Hasta ésas se burlaban de mí. Y qué no será ahora, pensé, con este morro. No fui capaz, ni siquiera, de mencionar la causa por la que había pagado tan caro por un año de su vida. El año continuó más largo que un día sin pan, hasta que al fin apareció el mercader y se la llevó. Yo entonces, resignado, me encerré en casa y durante algunos meses no reaccioné ante ninguno de los sujetos con hijas que fueron viniendo. Pero después de pasar un año en compañía, me di cuenta de lo difícil que era no tener nadie a quien abrir la boca—. El monstruo produjo un sonido que había de ser un suspiro pero que sonó como si tuviera hipo.

3
    —La siguiente se llamaba Fenne. Era pequeña, nerviosa y parlotera, un verdadero ratoncito. No me tenía miedo en absoluto. Un día, justo el día de mi mayoría de edad, nos emborrachamos con licor de miel y... je, je. Inmediatamente después me eché abajo de la cama y directo al espejo. Lo reconozco, me sentí decepcionado y rabioso. El morro estaba allí, tal y como era, puede que incluso con el añadido de una expresión más estúpida. ¡Y dicen que en los cuentos se encierra la sabiduría del pueblo! Una mierda de sabiduría, Geralt. Pero Fenne intentó con mucho ardor que olvidara mis preocupaciones. No te haces una idea de qué muchacha más alegre era. ¿Sabes lo que se le ocurrió? Asustábamos los dos juntos a los visitantes no deseados. Imagínate: entra uno en el patio, echa un vistazo y de pronto, con un aullido, le salto encima yo, a cuatro patas, y Fenne que, completamente desnuda, está sentada en mi lomo y sopla el cuerno de caza del abuelo.

4
    Nivellen se convulsionó de risa, le brillaba el blanco de los colmillos.
    —Fenne —continuó— estuvo en casa un año entero, luego volvió con su familia, con una gran dote. Pensaba casarse con cierto criador de cerdos, un viudo.
    —Sigue, Nivellen. Esto es muy entretenido.
    —¿Tú crees? —dijo el monstruo, arrascándose entre las orejas con un crujido—. Venga, vale. La siguiente, Prímula, era la hija de un caballero empobrecido. El caballero, cuando llegó aquí, tenía un caballo esquelético y una cota de mallas herrumbrosa e increíblemente larga. Era asqueroso, Geralt, ya te digo, como un montón de estiércol, y echaba a su alrededor una peste parecida. Prímula, me dejaría cortar una mano, debía de haber sido concebida cuando él estaba en la guerra, porque era bastante bonita. Y yo no le producía miedo, cosa no tan extraña al fin y al cabo, pues en comparación con su progenitor podía dármelas hasta de garboso. Ella tenía, como luego pude comprobar, un temperamento considerable, pero yo, habiendo cobrado confianza en mí mismo, tampoco me dormí en mis laureles. Apenas dos semanas después me encontraba ya en unas muy estrechas relaciones con Prímula, durante las cuales solía tirarme de la oreja y gritar: «¡Muérdeme, animal!», «¡Despedázame, bestia!». Y parecidas tonterías. Yo, en los descansos, corría al espejo, pero, imagínate, Geralt, que me miraba en él con creciente desasosiego. Cada vez me apetecía menos volver a ser aquella persona menos sana. Sabes, Geralt, antes yo era un flojucho, había crecido siempre metido en casa. Antes estaba siempre enfermo, tosía y se me salían los mocos, mientras que ahora no se me pegaba nada. ¿Y los dientes? ¡No te creerías cómo tenía de podridos los dientes! ¿Y ahora? Puedo morder la pata de una silla. ¿Quieres que muerda la pata de una silla?
    —No. No quiero.
    —Y mejor así. —El monstruo abrió la boca—. A las señoritas les hacía gracia cuando alardeaba de ello y me han quedado pocas sillas en casa. —Nivellen bostezó, a causa de lo cual la lengua se le enrolló como una trompeta.

5
    —Me ha cansado tanta plática, Geralt. En pocas palabras: después hubo otras dos, Ilka y Venimira. Todo sucedió del mismo modo, hasta el aburrimiento. Al principio una mezcla de miedo y reserva, luego un pelín de simpatía, reforzada por pequeños, aunque costosos, souvenires, luego «Muérdeme, cómeme entera», luego el regreso del papá, triste despedida y una merma cada vez más apreciable del tesoro. Decidí estar solo por una larga temporada. Por supuesto, hace ya bastante que he dejado de creer en que el besito de una virgen pueda cambiar mi forma. Y me he conformado con ello. Es más, he llegado a la conclusión de que está bien como está y de que no hace falta ningún cambio.
    —¿Ninguno, Nivellen?
    —Como te digo. Ya te he contado, la salud de caballo que está relacionada con esta forma es lo primero. Lo segundo: mi rareza funciona como un afrodisíaco para las mujeres. ¡No te rías! Estoy más que seguro de que como ser humano tendría que correr mucho para hacerme con una como, por ejemplo, Venimira, que era una virgen muy hermosa. A mí se me da que a uno como al del retrato ni siquiera lo miraría. Y en tercer lugar: seguridad. Padre tenía enemigos, un par de ellos sobrevivieron. Aquéllos a los que mi banda bajo mi penoso mando enviara al otro barrio tenían parientes. En el sótano hay oro. Si no fuera por el miedo que produzco, alguien vendría a por él. Aunque no fueran más que pueblerinos con sus viernos.
    —Pareces completamente seguro —dijo Geralt mientras jugueteaba con una copa vacía— de que en esta figura no has hecho nada a nadie. A ningún padre, a ninguna hija. A ningún pariente ni novio de las hijas. ¿Qué dices, Nivellen?
    —Espera, Geralt —se enfadó el monstruo—. ¿De qué hablas? Los padres no cabían en sí de gozo, ya te he contado, fui liberal más allá de lo imaginable. ¿Y las hijas? No las viste cuando llegaron aquí, con vestidos de lana basta, con las manitas blancas de la lejía de lavar, con la espalda doblada de llevar cántaros. Prímula, todavía dos semanas después de llegar, tenía marcas en la espalda y los muslos del cinturón de cuero con el que le zurraba la badana su noble padre. Y aquí andaban como princesas, lo único que llevaban en la mano era el abanico y ni siquiera sabían dónde estaba la cocina. Las vestí y las llené de oropeles. Con hechizos, les traía agua caliente a su gusto para que se bañaran en una bañera de latón que mi padre había robado en Assengard para mi madre. ¿Te imaginas? ¡Una bañera de latón! Pocos condes, qué digo, pocos monarcas tienen en su casa una bañera de latón. Para ellas ésta era una casa de cuento de hadas, Geralt. Y en lo que respecta a la cama... Cuernos, la virtud es en estos tiempos más rara que los dragones alpinos. Yo no las obligué a nada, Geralt.
    —Pero sospechabas que alguien me había pagado para matarte. ¿Quién podía haber pagado?
    —Algún canalla al que le apetecieran los restos de mi sótano y no tuviera más hijas —dijo con fuerza Nivellen—. La codicia humana no conoce fronteras.
    —¿Y nadie más?
    —Y nadie más.
    Ambos callaron, mirando las temblorosas llamas de las velas.

6
    —Nivellen —dijo de pronto el brujo—. ¿Estás solo ahora?
    —Brujo —dijo el monstruo al cabo de un rato—, pienso que tengo ahora razones suficientes para insultarte con palabras indecorosas, cogerte por el pescuezo y tirarte por las escaleras. ¿Sabes por qué? Porque me tratas como si fuera idiota. Desde el principio veo como colocas la oreja, como miras de soslayo la puerta. Sabes muy bien que no vivo solo. ¿Tengo razón?
    —La tienes. Perdón.
    —Al cuerno con tus perdones. ¿La has visto?
    —Sí. En el bosque, junto a la puerta. ¿Es ésa la causa por la que hace algún tiempo que los mercaderes y sus hijas se van de aquí con las manos vacías?
    —¿Y sabes eso también? Sí, es por eso.
    —Me permites que pregunte...
    —No. No te permito.
    De nuevo se hizo el silencio.
    —Qué más da, como quieras —dijo por fin el brujo, levantándose—. Gracias por tu hospitalidad, señor. Es hora de seguir mi camino.
    —De acuerdo. —Nivellen se levantó también—. Por determinadas razones no puedo ofrecerte pasar la noche en el castillo y no te aconsejo pernoctar en estos bosques. Desde que los alrededores se despoblaron, las noches son peligrosas por aquí. Debes volver a la carretera antes de que anochezca.
    —Lo tendré en cuenta, Nivellen. ¿Estás seguro de que no necesitas mi ayuda?
    El monstruo lo miró de soslayo.
    —¿Y estás seguro de que podrías ayudarme? ¿Serías capaz de quitarme esto?
    —No hablaba sólo de eso.
    —No has contestado a mi pregunta. O, mejor dicho... Creo que has contestado. No serías capaz.
    Geralt le miró directamente a los ojos.
    —Tuvisteis mala suerte —dijo—. De todos los santuarios en Gelibol y el Valle de Nimnar elegisteis justo Coram Agh Tera, la Araña de Cabeza de León. Para quitar un maleficio de la sacerdotisa de Coram Agh Tera, hacen falta conocimientos y capacidades que yo no poseo.
    —¿Y quién las posee?
    —¿Te interesa, entonces? Has dicho que todo está bien como está.
    —Como está, sí. Pero no como puede llegar a ser. Tengo miedo de que...
    —¿De qué tienes miedo?
    El monstruo se detuvo en las puertas de la estancia, se dio la vuelta.
    —Estoy harto de que siempre preguntes, brujo, en vez de contestarme. Está claro que hay que preguntarte de modo adecuado. Escucha, desde hace cierto tiempo tengo unos sueños terribles. Puede que la palabra «monstruosos» fuera mejor. ¿Tengo razón al tener miedo? En pocas palabras, por favor.
    —¿Después de esos sueños, al despertarte, no tienes nunca los pies manchados de barro? ¿Hojas de árboles en las sábanas?
    —No.
    —¿Y tampoco...?
    —No. En pocas palabras, por favor.
    —Haces bien en tener miedo.
    —¿Se puede contagiar? En pocas palabras, por favor.
    —No.
    —Por fin. Vamos, te acompañaré.
    En el patio mientras Geralt arreglaba las albardas, Nivellen acarició las patas a la yegua, le dio palmaditas en el cuello. Sardinilla, contenta de los mimos, bajó la cabeza.
    —Los animales me quieren —se enorgulleció el monstruo—. Y a mí me gustan también. Mi gata Tragoncilla, aunque se escapó al principio, luego volvió conmigo. Durante mucho tiempo fue el único ser vivo que me acompañó en mi soledad. A Vereena también...
    Se interrumpió, cerró la boca. Geralt se sonrió.
    —¿También le gustan los gatos?
    —Los pájaros. —Nivellen mostró los dientes—. Se me escapó, cuernos. Y qué más me da. No es una hija de mercader más, Geralt, ni una búsqueda más de si en viejas historias se encierra una pizca de verdad. Esto es algo serio. Nos amamos. Si te ríes te rompo los morros.
    Geralt no se rió.
    —Tu Vereena —dijo— es seguramente una náyade. ¿Lo sabías?
    —Me lo imaginaba. Delgaducha. Morena. Habla poco, en una lengua que no conozco. No come comida humana. Se pierde en el bosque durante días, luego vuelve. ¿Es normal esto?
    —Más o menos. —El brujo apretó la cincha—. Seguro que piensas que no volvería a ti si te convirtieras en ser humano.
    —Estoy seguro. Sabes cómo temen las náyades a los humanos. Pocos han visto una náyade de cerca. Y yo y Vereena... Ah, cuernos. Buena suerte, Geralt.
    —Buena suerte, Nivellen.
    El brujo dio con los talones en los costados de la yegua, se dirigió hacia la puerta. El monstruo se arrastró a su lado.
    —¿Geralt?
    —Habla.
    —No soy tan tonto como piensas. Llegaste aquí siguiendo las huellas de alguno de los mercaderes que estuvieron por aquí hace poco. ¿Le sucedió algo a alguno?
    —Sí.
    —El último estuvo aquí hace tres días. Con una hija, no de las más guapas, en cualquier caso. Ordené a la casa cerrar todas las puertas y postigos, no di señales de vida. Anduvieron un poco por el patio y se fueron. La muchacha cortó una rosa del rosal de la tía y se la prendió en el vestido. Búscalos en otro sitio. Pero ten cuidado, estos alrededores son horribles. Ya te dije que por la noche el bosque no es muy seguro. Se ven y se escuchan cosas poco buenas.
    —Gracias, Nivellen. Me acordaré de ti. Quien sabe, puede que encuentre a alguien que...
    —Puede. Y puede que no. Es mi problema, Geralt, mi vida y mi castigo. Me he acostumbrado a soportar esto. Si empeora, también me acostumbraré. Y si empeora demasiado, no busques a nadie, ven aquí tú solo y termina el asunto. Como los brujos. Suerte, Geralt.
    Nivellen se dio la vuelta y marchó enérgicamente en dirección al palacio. No se volvió a mirar ni una sola vez.

Andrzej Sapkowski / Un huésped

 


Andrzej Sapkowski

UN HUÉSPED


Un huésped en casa, es como Dios en casa. No todos los días se encuentra uno a alguien que al verme no salga corriendo ni se desmaye.



martes, 21 de diciembre de 2021

Casa de citas / Andrzej Sapkowski / Tiempos asquerosos

 


Andrzej Sapkowski

TIEMPOS ASQUEROSOS

1

Vivimos tiempos asquerosos. Pululan por ahí todo tipo de porquerías. En Mahakam, en las montañas, hormiguean los bobolakos. Antes en los bosques aullaban los lobos y ahora, sin ir más lejos, hay espectros, borowikis de esos, lobisomes y otras basuras. En las aldeas, las náyades y las plañideras roban niños, lo menos ciento llevan ya. Monstruos de los que nadie había oído hacía tiempo, se le ponen a uno los pelos de punta. No es de extrañar, Geralt, que haya tanta demanda de vuestros servicios.

2

Nuestro amado Foltest, cuando aún era príncipe, en el reinado del viejo Medell, su padre, nos enseñó de lo que era capaz, y era capaz de mucho. Contábamos con que se le pasaría con la edad. Y hete aquí que poco antes de su coronación, justo poco después de la muerte del viejo rey, Foltest se superó a sí mismo. Todos nos quedamos boquiabiertos. En pocas palabras: le hizo un hijo a su propia hermana Adda. Adda era más joven que él, siempre estaban juntos, pero nadie se lo podía imaginar, bueno, quizás la reina. Rápidamente: nos damos cuenta, y aquí Adda con una tripa así, y Foltest comienza a hablar de boda. Con la hermana, ¿te das cuenta, Geralt? La situación se volvió crítica de la leche, porque justo entonces a Vizimir de Novigrado se le ocurrió querer casar a su Dalka con Foltest y envió un embajador, y entonces tuvimos que agarrar al rey de las manos y de los pies porque quería insultar y golpear a los mensajeros. Lo conseguimos, y menos mal, porque si Vizimir se hubiera enfadado nos habría sacado los hígados. Después, no sin la ayuda de Adda, que tenía influencia sobre su hermano, conseguimos quitarle de la cabeza al rapaz la idea de una boda inmediata. Bueno, y luego Adda dio a luz en la fecha prevista, ¡y cómo! Ahora estate atento porque la cosa empieza. A aquello que nació no lo vio mucha gente, pero una comadrona se tiró por la ventana de la torre y se mató, y la otra perdió el seso y hasta el día de hoy sigue grillada. Por ello juzgo que el bastardo no debía de ser especialmente encantador. Era una niña. De todas formas murió enseguida, nadie, en cualquier caso, se había dado mucha prisa en anudarle el cordón umbilical. Adda, por suerte, no sobrevivió al parto. Y luego, hermano, Foltest cometió de nuevo otra estupidez. Habría que haber quemado a la bastarda, qué sé yo, o haberla enterrado allá en algún despoblado, y no guardarla en un sarcófago en los subterráneos del alcázar.

3

¡Esta historia ya dura seis años y pico! La estrige acaba con medio centenar de personas al año, ahora algo menos, porque todos se mantienen alejados del alcázar. No, hermano, yo creo en los hechizos, he visto más de uno y creo, hasta cierto punto, por supuesto, en las capacidades de magos y brujos. Pero ese desencantamiento es una tontería, ideada por un viejo giboso y lleno de mocos que se volvió tonto perdido de tanto comer comida de eremita, una tontería en la que no cree nadie. Exceptuando a Foltest. No, Geralt. Adda dio a luz a una estrige porque se acostó con su propio hermano, ésta es la verdad y ningún sortilegio puede hacer nada. La estrige devora personas como todas las estriges y hay que matarla, simple y llanamente. Escucha, hace dos años unos palurdos de un pueblo en el culo del mundo, allá por Mahakam, a los que un dragón se les comía las ovejas, se fueron todos juntos, se lo cargaron a estacazos y ni siquiera vieron necesario jactarse de ello. Y nosotros, aquí en Wyzima, esperamos a que suceda un milagro, echamos el cerrojo a las puertas cada luna llena o atamos a los criminales a un palo delante del alcázar, contando con que la bestia se los coma y vuelva a su tumba.


Andrzej Sapkowski / El brujo




Casa de citas / Andrzej Sapkowski / Después dijeron


 

Andrzej Sapkowski

DESPUÉS DIJERON


Después dijeron que aquel hombre había venido desde el norte por la Puerta de los Cordeleros. Entró a pie, llevando de las riendas a su caballo. Era por la tarde y los tenderetes de los cordeleros y de los talabarteros estaban ya cerrados y la callejuela se encontraba vacía. La tarde era calurosa pero aquel hombre traía un capote negro sobre los hombros. Llamaba la atención.
    Se detuvo ante la venta del Viejo Narakort, se mantuvo de pie un instante, escuchó el rumor de las voces. La venta, como de costumbre a aquella hora, estaba llena de gente.
    El desconocido no entró en el Viejo Narakort. Condujo el caballo más adelante, hacia el final de la calle. Allí había otra taberna, más pequeña, llamada El Zorro. Estaba casi vacía. Aquella taberna no gozaba de la mejor fama.
    El ventero sacó la cabeza de un cuenco con pepinillos en vinagre y dirigió su mirada hacia el huésped. El extraño, todavía con el capote puesto, estaba de pie frente al mostrador, rígido, inmóvil, en silencio.
    —¿Qué va a ser?
    —Cerveza —dijo el desconocido. Tenía una voz desagradable.
    El posadero se limpió las manos en el delantal de tela y llenó una jarra de barro. La jarra estaba desportillada.
    El desconocido no era viejo, pero tenía los cabellos completamente blancos. Por debajo del abrigo llevaba una raída almilla de cuero, anudada por encima de los hombros y bajo las axilas. Cuando se quitó el capote todos se dieron cuenta de que llevaba una espada en un cinturón al dorso. No era esto extraño, pues en Wyzima casi todos portaban armas, pero nadie acostumbraba a llevar el estoque a la espalda como si fuera un arco o una aljaba.
    El desconocido no se sentó a la mesa, entre los escasos clientes, continuó de pie delante del mostrador, apuntando hacia el posadero con ojos penetrantes. Bebió un trago.
    —Busco posada busco para la noche.
    —Pues no hay —refunfuñó el ventero mirando las botas del cliente, sucias y llenas de polvo—. Preguntad acaso en el Viejo Narakort.
    —Preferiría aquí.
    —No hay. —El ventero reconoció al fin el acento del desconocido. Era de Rivia.
    —Pagaré bien —dijo el extraño muy bajito, como inseguro.
    Justo entonces fue cuando comenzó toda esta abominable historia. Un jayán picado de viruelas, que no había apartado su lúgubre mirada del extraño desde el momento mismo de su entrada, se levantó y se acercó al mostrador. Dos de sus camaradas se quedaron por detrás, a menos de dos pasos.
    —¡Ya te han dicho que no hay sitio, bellaco, rivio vagabundo! —gargajeó el picado de pie junto al desconocido—. ¡No necesitamos gente como tú aquí, en Wyzima, ésta es una ciudad decente!
    El desconocido tomó su jarra y se apartó. Miró al ventero, pero éste evitó sus ojos. No se le ocurriría defender a un rivio. Al fin y al cabo, ¿a quién le gustaban los rivios?
    —Todos los rivios son unos ladrones —continuó el picado, dejando un olor a cerveza, ajo y rabia—. ¿Escuchas lo que te digo, degenerado?
    —No te oye. Tiene boñigas en las orejas —dijo uno de los que estaban detrás. El otro se rió.
    —Paga y lárgate —vociferó el caracañado.
    El desconocido le miró por primera vez.
    —Cuando termine mi cerveza.
    —Te vamos a echar una mano —gruñó el jayán. Arrancó la jarra de las manos del rivio y al mismo tiempo, agarrándole por los hombros, clavó los dedos en las correas de cuero que cruzaban el pecho del extraño. Uno de los de detrás preparó el puño para golpearle. El extraño se revolvió en su sitio, haciendo perder el equilibrio al picado. La espada silbó en el aire y brilló un momento a la luz de las lamparillas. Hubo una agitación. Gritos. Uno de los otros parroquianos se precipitó hacia la salida. Una silla cayó con un crujido, la loza de barro se desparramó por el suelo con un chasquido sordo. El ventero, con los labios temblando, miró a la destrozada cara del picado, cuyos dedos aferrados al borde del mostrador se iban desprendiendo, desapareciendo de la vista como si se hundiera en el agua. Los otros dos estaban tendidos en el suelo. Uno inmóvil, el otro retorciéndose de dolor y agitándose en un charco oscuro que crecía rápidamente. En el ambiente vibró, hiriendo los oídos, un agudo e histérico grito de mujer. El ventero, asustado, tomó aliento y comenzó a vomitar.
    El desconocido retrocedió hasta la pared. Encogido, tenso, alerta. Sujetaba la espada con las dos manos, agitando la punta en el aire. Nadie se movía. El miedo, como un viento helado, cubría las caras, soldaba los miembros, cegaba las gargantas.
    Un piquete de la ronda, compuesto por tres guardias, entró en la venta con estruendo. Debía de haber estado cerca. Para el servicio llevaban porras envueltas en tiras de cuero pero, al ver los cuerpos, echaron mano con rapidez a los estoques. El rivio pegó la espalda contra la pared y con la mano izquierda sacó un estilete de la bota.
    —¡Tira eso! —vociferó uno de los guardias con la voz temblona—. ¡Tíralo, canalla! ¡Te vienes con nosotros!
    Otro guardia dio una patada a la mesa que le impedía acercarse al rivio por detrás.
    —¡Ve a por refuerzo, Treska! —gritó al tercero, que estaba más cerca de la puerta.
    —No hace falta —dijo el extraño, bajando la espada—. Iré por mi propio pie.
    —Claro que vienes, hijo de perra, pero encadenado —le increpó el que estaba temblando—. ¡Arroja la espada o te rompo la crisma!
    El rivio se enderezó. Con rapidez, colocó la hoja debajo de la axila izquierda y con la mano derecha elevada hacia arriba, en dirección a los guardias, marcó en el aire un rápido y complicado signo. Comenzaron a brillar los numerosos gemelos situados en las vueltas de los puños, unos puños largos hasta los codos del caftán de cuero.
    Los guardias se retiraron, protegiéndose los rostros con sus antebrazos. Uno de los parroquianos dio un salto, otros, de nuevo, se acercaron a la puerta, la mujer volvió a gritar, salvajemente, con estridencia.

    —Iré por mi propio pie —repitió el desconocido con una extraña voz metálica—. Y vosotros tres por delante, llevadme al corregidor. Desconozco el camino.
    —Sí, señor —barbotó el guardia, dejando caer la cabeza. Se movió hacia la puerta, inseguro. Los dos restantes salieron detrás de él, apresurados. El extraño siguió sus pasos, guardando la espada en su vaina y el estilete en la bota. Cuando pasaban las mesas, los clientes escondían los rostros entre los gorgueros de los jubones.


Andrzej Sapkowski / El brujo