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lunes, 10 de noviembre de 2025

Casa de citas / Ariana Harwicz / El escritor profesional




Ariana Harwicz
EL ESCRITOR PROFESIONAL

La gran diferencia entre un escritor y un trabajador de la escritura (o un escritor profesional) es que el escritor profesional controla su obra. Se pone al servicio de la demanda. Que la novela no sea muy breve, pero tampoco muy larga, que se adecúe a un género, que no haya demasiados diálogos, que sea latinoamericana, pero no del todo. Ese escritor inspecciona su escritura subido a una torre de control y con el agente literario al teléfono. En cambio, el escritor no profesional, no puede controlar su corazón, tiene que hacer el libro que tiene que hacer, hasta las últimas consecuencias. Tiene que escribir lo que tiene que escribir. Aunque no sea el libro que le conviene, aunque destruya su figura de autor, aunque no sea lo que se espera de él, aunque le adviertan que así, no tendrá muchas traducciones ni premios. Y sobre todo, aunque lo puedan cancelar. Un poco como los que trabajan con material explosivo: nunca saben cuándo finalmente va a fallar y a explotarles la granada despedazándole una mano.



 


jueves, 5 de junio de 2025

Un libro / Perder el juicio, de Ariana Harwicz

 



Un desquicio poco maternal

Como siempre en Ariana Harwicz, el amor es un motivo de tensión contenida, de violencia; una realidad que causa estragos y nos arroja, indefensos, a las más crueles fatalidades


Joaquín Castillo
23 de mayo de 2025

Una madre se encuentra con sus dos hijos en la sala de un tribunal de familia. Una mesa sobria, sin adornos, rodeada por tres sillas. Más allá de la reunión, sobre la que pesan las denuncias de violencia esgrimidas contra la progenitora, observan la escena una celadora, encargada de que nada se salga de lo presupuestado, y el padre de los niños. Este fuma y mira su teléfono durante los noventa minutos en que la mujer puede encontrarse, una vez al mes, con sus mellizos, en una experiencia radicalmente distinta para cada uno: “Él tiene una hora y media para relajarse, yo una hora y media para ser madre”. Fuera del tribunal, los hijos viven en las cercanías del río Loira con su padre y sus abuelos, quienes intentan cultivar para los niños una rutina apacible y poco disruptiva, lejos de la madre. Por el contrario, la mujer pasa con rapidez de su afán por calzar con las apariencias —lo que le permitiría recuperar a sus hijos— a unos arranques de locura que la hacen tomar una seguidilla de malas decisiones con las que arriesga perderlo todo.