No tengo orgullo, ni nombre, ni rostro, ni país. No soy de ninguna parte. Soy como una de esas pajas que flotan al borde de un remolino y que, poco a poco, son llevadas hacia el centro, que las engulle. Al centro muerto, donde todo está en calma…
Es igual a todos los cuartos en los que he dormido, como lo son todas las calles por las que he caminado… El olor a moho, los bichos, la soledad… Este cuarto, que es parte de la calle, es todo lo que quiero de la vida…