jueves, 23 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Venezuela y otras miserias




Triunfo Arciniegas
VENEZUELA Y OTRAS MISERIAS
Bogotá, 20 de enero de 2020

Chávez jodió a los ricos, es cierto. Pero Maduro perfeccionó la tarea: jodió a los pobres.

Y entre los dos, en veinte años, erosionaron la democracia con estrategias cubanas y transformaron el país más próspero de América Latina en uno de los más miserables.


No es una opinión sino un simple registro de los hechos.

Tanto dolor, tanta desdicha, por la ambición y la ceguera de unos pocos.

Políticos, plaga infeliz. Cómo hierba mala, abundan en todo territorio.

En el calendario chino empieza el año de la rata. Los políticos se relamen: su dicha no acaba. En Colombia, recién elegidos, su siniestra tarea apenas acaba de empezar.

Y no es una opinión sino un registro de los hechos. Según últimos datos, nuestra clase política es la más corrupta del mundo, por encima de Venezuela y México, qué barbaridad.

Qué vergüenza.



miércoles, 22 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Martes de fotógrafo

El fuerte
Carrera séptima, Bogotá
21 de enero de 2020
Foto de Triunfo Arciniegas  

Triunfo Arciniegas
Martes de fotógrafo
Bogotá, 21 de enero de 2020

Le tomo una foto a unos vagos sentados en una de las nuevas bancas de la carrera séptima, y uno de ellos me dice mientras me alejo: “Vaya a tomarle fotos a su mamá”. Lo haría dichoso, pero me queda difícil: se murió hace veinte años.

Hombres mayores, casi viejos, llevados.   No se trata de jubilados: están peor. Me pregunto cuántas patrañas habrán hecho juntos, si tendrán un muerto a cuestas. Viven del rebusque y las trampas. Peor que en la pobreza: en plena y malparida miseria.

Se ve bastante sola la ciudad a esta hora, lenta, como una serpiente que se desenrosca. Aún no hay desayuno en el pasaje de La Macarena. Es día de paro: policías como arroz. Hablan de sus cosas. Aún no llega la hora de apalear cristianos.  No hay cajeros en servicio. Han sellado puertas y ventanas con láminas, con madera, con mallas, porque de pronto los ánimos se desatan y se arma la trifulca.

Camino por la carrera séptima hasta el edificio donde vive el poeta Darío Jaramillo, que sigue en vacaciones, y le dejo un par de libros. No sé si habrá clase en mi antigua Universidad, La Javeriana, donde los lunes, de cinco a seis de la tarde, oía a hablar a Fernando Charry Lara sobre la vida y la obra de Pablo Neruda. Era muy pobre y desdichado entonces, andaba con zapatos rotos entre tanta niña bonita y tanto hijo de papi, pero qué recuerdo más maravilloso: la voz de Charry Lara y el atardecer. Me da pereza caminar más allá. Regreso al centro despacio, deteniéndome en una y otra parte a tomar fotos. Camuflo una cámara de cuatro millones de pesos con una bolsa de tela que conseguí en el mercado de las pulgas. Me preguntan a menudo por qué la expongo así, y la verdad es que de poco me sirve dejarla en casa.

Va a llover en la tarde.

Tengo vuelo esta noche.

Voy a dormir en Cuatrovientos.

Vuelvo a ver al mendigo de ojos verdes frente a la iglesia de las Nieves. El otro día le pregunté por qué andaba tan jodido y su respuesta me hizo reír: “Soy de Armenia”. Le digo: “Usted otra vez por acá?” Sonríe. Nos estrechamos la mano. No tiene más de treinta años y es un hombre apuesto, rubio y gracioso, aunque demasiado flaco, con la dentadura echada a perder y algunas canas en la barba. En otras circunstancias y con algo de suerte, sería actor o modelo. Qué desgracia llevará a cuestas? Qué tan terrible fue su infancia? Qué mujer torció su destino? Qué será de su familia? Qué pecados lo arrastraron a la puerta de esta iglesia? Le digo unas cuantas cosas, ya no sé cuáles, pero me queda en la memoria su respuesta: “Bellas palabras”. Necesita diez mil pesos para un termo porque quiere dedicarse a vender café. No será para la marihuana? No creo que con diez mil pesos pueda iniciar el negocio. Le pido permiso para tomarle una foto, le doy unas monedas y lo abandono a su propia miseria.



martes, 21 de enero de 2020

Cada de citas / Zadie Smith / El final de Sobre la belleza







Zadie Smith

EL FINAL DE SOBRE LA BELLEZA

Cuando acabé Sobre la belleza y como una niña escribí FIN al final, me estremeció la sensación de que había escrito justamente el libro que esperaba. Lloré, bebí mucho, bailé en el jardín y me caí. Básicamente, lo disfruté mientras pude. No era tan tonta como para confiar en esa sensación: me sentí igual con el anterior y con el anterior a ése.
Esa sensación dura unas cuatro horas (quizá algo más en el caso de Norman Mailer), y es tan dichosa que es prácticamente trascendental, pero no es real: durante cuatro horas no eres tú, eres un genio, y este libro no es obra tuya, sino que ha caído de los cielos.
Pero el éxtasis no tarda en convertirse en odio, cuaja y se transforma en tolerancia y, unas semanas después, durante la edición, cae en una aburrida resignación. Después de todo, no es un libro caído del cielo. Es un libro escrito por ti, e incluye, en la proporción correcta, los diversos aspectos positivos y negativos de ti, las vicisitudes de tu personalidad, tu ambición, tu voluntad y tu talento.





lunes, 20 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Lecturas

El duro ejercicio del exilio
o el socialismo del siglo XXI
Bogotá, 2020
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
LECTURAS
Bogotá, 19 de enero de 2020

Vi una mujer bonita con un letrero en su camiseta: A veces no, a besos sí. Sin la coma, con letras enormes y en dos líneas, en el sagrado territorio de sus esplendorosos pechos. Mujeres que uno lee al pasar, desde la orilla, desde la ventanilla de un autobús.

Lecturas de la ciudad: mendigos, putas y ladrones. Sobre todo en el caótico centro, mi territorio, que tanto temen las amistades. Venezolanos hasta debajo de las piedras, infelices víctimas del calamitoso experimento llamado socialismo del siglo XXI, la dictadura militar del vecino país, asesina y narcotraficante, hospedaje de otros asesinos, además, la guerrilla colombiana. Triste geografía de adultos y niños muertos de hambre, dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. Hombres y mujeres que pretenden mantener una familia con la venta de pinches caramelos. Putas como arroz, engrosando la cosecha propia. Ladrones desesperados, confundidos con los nuestros. Y vienen de un país cuyo cínico gobierno tuvo la desfachatez de crear el Viceministerio de la Felicidad Popular. He visto en la avenida diecinueve, entre novena y octava, con estos ojos que se han de tragar la tierra, a un hombre escarbando y comiendo en la basura, como un perro.

En otro viaje a Bogotá, en el Park Way, uno más del millón y medio de venezolanos que deambulan por Colombia, un hombre con ademanes y prendas de mujer, en chancletas y con las uñas mal pintadas, se me acercó a pedir una limosna. Como no le di nada, se alejó diciendo: “Qué hijueputa país”. Ni modo de contradecirle.

Y siguen las lecturas.

Por los letreros de las paredes y la perversidad de los caricaturistas, resulta obvio que ha hecho carrera el cerdo como representación del desastroso presidente que tenemos los colombianos. Pero si a las apariencias físicas nos rebajamos, si uno es el cerdo, el otro es el tuerto, y la suya será una mirada desviada por los siglos de los siglos. Y cualquiera sabe que me refiero al que se quedó con las ganas de ser su presidente.  Los manifestantes podrían gritar: “Muera el cerdo, viva el tuerto”. Cómo les quedó el ojo a los pobres ingenuos que ponen su fe en este político obsesionado con el poder?

Y ahora sí, últimas lecturas.

He leído tres libros en estos días: Crónicas de motel, de Sam Shepard, Memoria de jirafa, de María del Rosario Laverde, y Ráfagas de tiempo, de Plinio Apuleyo Mendoza. Ayer empecé Nuevas maneras de matar a tu madre, de Colm Tóibín, y esperan turno, entre otros, Tiempos recios, de Vargas Llosa, y El Oro blanco, de Edmund de Waal.

Hace muchísimos años quería leer Crónicas de motel, una colección de poemas y textos en prosa de diversa extensión, breves en su mayoría. Retratos, fogonazos, páginas dispersas de un diario. Ahora sé que conocía algunos. La atmósfera de este precioso libro le sirvió a Wenders para construir una película de culto, París, Texas. Shepard es toda una leyenda: vaquero, actor, dramaturgo. Premio Pulizer, con más de cuarenta obras de teatro y una envidiable carrera cinematográfica, baterista, amigo y confidente de Bob Dylan y The Rollings Stones. Y no sólo eso: amante en su juventud de otra leyenda, Patti Smith, y marido de Jessica Lange por casi treinta años, nada más ni nada menos. Tengo en casa otros libros de Sam Shepard pero ninguno tan maravilloso y tan desolado como Crónicas de motel.

Memoria de jirafa es una colección de textos breves, numerados, autobiográficos, donde Laverde expone sin altanería o vanidades su propia vida, los días que uno tras otro son la vida, como decía Aurelio Arturo, desde la infancia hasta el momento. Un padre amoroso, admirable, y una madre difícil dominan estas páginas. El libro puede leerse de un  tirón y confundirse con la brisa de la tarde. La edición es  modesta y las ilustraciones, espantosas. Pese a estas circunstancias, el libro está destinado a la memoria.

Mendoza no goza de buena fama. Pintores y escritores lo detestan por fisgón. Con Botero fue demasiado indiscreto (en alguna ocasión describió el lunar del culo de una amante del pintor) y Mercedes, la esposa de García Márquez, lo espantó de la casa. Ha explotado hasta el hastío la fama ajena. Pero su libro, Ráfagas de tiempo, donde se borran las fronteras del periodismo y la literatura, es una absoluta maravilla. Más europeo que boyacense, con una prosa precisa y eficaz, y a menudo con frases esplendorosas, Mendoza nos pasea por Bogotá y Caracas pero sobre todo por París y Roma. Una impresionante galería de personajes y momentos íntimos danzan en asombroso equilibrio. Las veinte páginas dedicadas a la ceremonia del Nobel de García Márquez, sabiamente centradas en una foto colectiva, conforman una pieza maestra. y hay por lo menos otras nueve.



domingo, 19 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Mangos

El sol de la tarde
Bogotá, 2020
Foto de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
MANGOS
17 de enero de 2020

Melissa, que tan miserable fue conmigo, dice que su familia me enviará la mitad de sus cenizas. Me servirán de abono para el mango del solar de la casa de Cuatrovientos. Cuando haya cosecha pondré un letrero en la puerta: Se venden mangos envenenados. Imagino haciendo fila en la puerta a los maridos que quieren librarse de la mujer.


sábado, 18 de enero de 2020

Casa de citas / Zadie Smith / El misterio de escribir

Zadie Smith




Zadie Smith
EL MISTERIO DE ESCRIBIR

La complejidad es importante. Siempre debería haber algo de misterio en tu trabajo. Me asombra cómo algunos escritores llegan a las presentaciones de sus libros y los sacan de las cajas cual modelos de avión prefabricados. ¡Como si en ellos no hubiera misterios! Encuentro que cuanto más escribes, más te das cuenta del misterio de escribir. Aunque sea algo freudiano o subconsciente, siempre hay algo que no controlas, que simplemente ocurre. Cuantos más autores conoces, más sabes diferenciar al escritor y al que no lo es. Sólo hay que fijarse. Ni siquiera tienes que hablar con ellos para darte cuenta. Salta a la vista. A los de verdad no les gusta mucho entrar en detalle sobre su obra.





viernes, 17 de enero de 2020

Casa de citas / Zadie Smith / Sobre el oficio de escribir


Zadie Smith

Zadie Smith
SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR


Lo que ha cambiado es que las frases son mejores, más cortas. Tengo más autocontrol. Pero el trabajo es el mismo. Es muy aburrido, por eso es difícil hablar sobre ello. Simplemente hago lo mismo cada día. Si entrevistas a un músico, o un actor, tienen cosas que contar. Yo no tengo historia. Voy a una biblioteca, me siento y escribo y luego vuelvo a casa. Y lo hago una y otra vez durante años. No tengo una idea romántica de lo que hago, para mí es una especie de manipulación con las palabras. Hay autores que crean drama en su vida, pero creo que la escritura pasa a pesar del drama. Las borracheras, los affaires- Nada de eso ayuda a la escritura. Quizá soy una escritora muy domesticada.


Zadie Smith / La clase es un límite de lo que puedes hacer

jueves, 16 de enero de 2020

Zadie Smith / La joven escritora


Zadie Smith



Zadie Smith
LA JOVEN ESCRITORA

La gente habla de esto como si fuera algo inusual. Pero lo que resulta difícil es encontrar a algún escritor inglés que no haya escrito su primera novela a los 20 años. La gente tiene la memoria muy corta… ¡Ocurre casi con cualquier escritor de mi generación, y de la anterior! Ian McEwan fue el que más tardó en escribir su primera novela, ¡y la hizo a los 27! El resto eran muy jóvenes cuando empezaron. Lo mío no es atípico. Casi todos los escritores del mundo comienzan a escribir muy jóvenes. Leen y leen, y un buen día empiezan a escribir. Lo que puede resultar extraño es el éxito que obtengan de público. Pero aun así, la mayoría de escritores ingleses empezó a vivir de lo que creaban desde temprana edad. Lo de escribir me lo tomo muy en serio. El dinero ayuda, pero no hace que el libro sea bueno; las buenas críticas no hacen que un libro sea bueno. Y las ventas tampoco lo convierten en bueno. Está bien toda la atención que le han prestado; pero cuando yo haya muerto, Dientes blancos seguirá siendo el libro que es.





miércoles, 15 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Mujeres


Animal nocturno
Bogotá, 2020



Triunfo Arciniegas
MUJERES
Bogotá, 12 de enero de 2020

Dos hombres casi viejos y muy estropeados conversan sobre otro en la Plaza de las Nieves. “Lo tienen jodido las venezolanas”, dice uno, y su siguiente frase es toda una explicación: “Su mujer no le da ni la hora”.

martes, 14 de enero de 2020

Casa de citas / Casanova / En francés

Giacomo Casanova

Giacomo Casanova
EN FRANCÉS

He escrito en francés, y no en italiano, porque la lengua francesa está más extendida que la mía; así, los puristas que me critiquen porque encuentren en mi estilo giros de mi país, tendrán razón, si es que esto les impide encontrarme claro.






domingo, 12 de enero de 2020

Poemas como heridas / Bukowski / Poesía

Fotografía de Ralph Gibson
Charles Bukowski
Poesía


se
requiere
de mucha
desesperación
insatisfacción
y desilusión
para
escribir
unos
pocos
buenos
poemas.
no es
para
todo mundo
ya sea para
escribirlos

o siquiera para
leerlos




sábado, 11 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Roca, Bukowski y Petro




Triunfo Arciniegas
ROCA, BUKOWSKI Y PETRO
Bogotá, 11 de enero de 2020

Juan Manuel Roca, poeta y amigo, se equivoca con Bukowski y con Petro. Considera que Bukowski es malo y el otro bueno, y es exactamente al revés. Bukowski, y lo saben millones de lectores en el mundo entero, es un escritor que no se parece a nadie, un gran escritor. Salvo los últimos años, debido al milagro de las regalías alemanas, su vida fue miserable y caótica, muy tratada en su propia obra. Bukowski se encarga de las miserias de la vida, de los hombres sin esperanza y las mujeres perdidas. Escribió dos libros que se me antojan memorables, Mujeres, que retrata sin piedad la vida sexual de un hombre mayor, y La senda del perdedor, un lúcido y duro retrato de la adolescencia. Dos libros muy distintos.

Como poeta es desigual, pero qué poeta no lo es. Hasta los grandes han escrito pésimos poemas. Y si examinamos con lupa, de cada poeta quedan cinco o seis poemas que de verdad valen la pena. De Bukowski podría decirse lo mismo. Esos cinco o seis poemas existen. Escribió poesía a chorros. Iba donde lo invitaran por unos cuantos dólares, se emborrachaba y leía. La gente andaba loca con sus textos. Todavía anda loca. Bukowski es un escritor, sobre todo, para gente joven.

Petro es un político colombiano con una desmedida ambición por el poder. Egocéntrico como nadie, orgulloso y altanero. Navarro Wolf dice que él mismo es su propio enemigo. Petro dirige el odio y el rencor como lo hacía Chávez, su maestro: ambos expertos en manejar pasiones, ambos consumados estrategas. Petro fue guerrillero, es decir, que alguna vez consideró llegar al poder a sangre y fuego. Tal como lo intentó el mismo Chávez, que terminó transformando el país más rico de Latinoamérica es el más miserable y corrupto. Tal como lo hicieron los Castro con Cuba, donde construyeron un régimen de hambre y represión de más de sesenta cuyo fin aún no se vislumbra. Como opositor, papel que domina a cabalidad, Petro denuncia crímenes, y con razón, porque el nuestro es un país de espanto, pero se olvida que su movimiento, el M19, es responsable del holocausto del palacio de Justicia. Denuncia la corrupción, tan obvia y patética, pero no pudo evitarla en su alcaldía. Por cierto, como alcalde de Bogotá fue un desastre. Dio a conocer el cobre. Se comportó como un déspota. Petro es un tramposo. Experto en verdades a medias. Ni la gente de izquierda quiere trabajar con él. Cuando fue candidato a la presidencia de Colombia le hicieron jurar ante unas ridículas tablas de la ley en la misma Plaza de Bolívar. Que no cambiaría la constitución como cualquier chavista, que no se eternizaría en el poder como cualquier chavista. Por algo le hacen jurar. Y él, cínico como es, no le importa jurar lo que sea. De todas maneras, ¿qué político cumple sus promesas?  "Soy Gustavo Petro y quiero ser su presidente", dijo. Soy Triunfo Arciniegas y ni por el putas lo quiero de presidente. Perdió, por suerte. Su discurso de aceptación de la derrota parecía escrito por un argentino. Se ufanaba de habernos asustado, de que estuvo a punto de hacernos saltar al abismo. Que salte él solo, carajo, que no arrastre en su delirio a millones de colombianos, que no nos ponga a deambular por el mundo como almas en pena o como lastimosas víctimas de otro experimento del socialismo del siglo XXI.


jueves, 9 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / Vuelvo al Sur

La hierba del mediodía
Foto de Alejandra Arciniegas


Triunfo Arciniegas
Vuelvo al Sur
8 de enero de 2020

A medianoche subí los blogs. Dos horas después me fui a la cama y terminé de ver una película en Neflix. Dormí un rato, muerto de frío porque cuando estoy pintando mantengo todas las ventanas abiertas, y salí con Toto del Carmen. Nos amaneció durante el paseo. Pensaba en casas y líos. Pensaba que el dinero de las cesantías, que demoré diez años en reclamar, se van para las casas del Carmelitano y Cuatrovientos: voy a hacer maravillas. Pensaba que estoy resolviendo los más antiguos problemas. Ayer se le puso el punto final al asunto de la Blazer, la camioneta que fue parte de pago de la Ford Explorer y dejaron deteriorar hasta el descaro en estos dos últimos años. En este cuarto y último viaje de René a Socorro, como faltaba un detalle en la tarjeta de propiedad, ahora a nombre de Walter, nos vimos obligados a esperar que la enviaran por correo. El envío costó cinco mil pesos pero enviamos cincuenta: una propina generosa para que se vieran obligados, y aun así se demoraron. Otro gasto más, pero no es raro que cada vehículo me cueste un ojo de la cara. Soy un monstruo de ojos. Ayer llegó por fin llegó la bendita tarjeta a Cuatrovientos y de inmediato René fue a llevársela a Walter, con el SOAT y el técnico mecánico. No estaba en la oficina, pero la dejó con su mujer. Así que adiós a catorce años con la Blazer y, sobre todo, adiós a Walter. Nunca más.

Le di la comida a Toto, barrí la azotea y recogí la ropa. Arreglé una entrada en Ficciones y subí una nueva, el dulce tema de Piazzolla que presta su título a estas líneas. Preparé las entradas del humorista británico y presentador de los Globos de Oro 2020 Ricky Gervais para mañana en De otros mundos, y aproveché el impulso para agregar una tercera entrada a Dragon. Luego empecé a preparar el equipaje: la ropa, los libros, los regalitos, la nueva fórmula de los lentes. Llevo dos maletas: una dentro de otra, como muñecas rusas. Enviaré una por Servientrega con sorpresas para Alejandra, un adelanto de su cumpleaños.

Salí a buscar un remedio y luego pasé por la carnicería pero aún estaba cerrado. Volví a casa y seguí pintando Ninguna oscuridad como la mía, el revés de la La hierba del mediodía, que terminé hace dos días. Resulta raro pintar un lienzo por ambas caras, y además uno tan grande: 400 cms por 180 cms. Volví a salir. Como Jaime, mi hermano, no estaba ocupado en ningún tatuaje, le pedí que me acompañara a comprar pintura: se me acabaron el negro y el azul. Estuvo en La Mancha el fin de semana y la encontró muy deteriorada. Reyes metió seis animales cuando habíamos hablado sólo de dos. 

Volví con los potes de pintura y la carne y preparé el almuerzo. Vino Alejandra a mediodía y se llevó parte del caldo de carne para compartir con su madre. Tomamos algunas fotos de La hierba del mediodía. Seguí pintando: acabé en un momento los dos cuartos de pintura recién comprados, y todavía no tengo la oscuridad que busco. La dejaré reposando mientras viajo. Ya veré la manera de resolverla. La pintura es, ante todo, meditación.

Alejandra volvió a pasar y miramos si los tiquetes habían bajado de precio. No mucho, por cierto, pero todas maneras separamos un vuelo de Bogotá a Cúcuta y lo pagamos por Efecty. Es la segunda vez que no me funciona la tarjeta de American Express.

René cumple años mañana. Le di otra bicicleta el sábado. La primera fue cuando cumplió siete años, creo. Se accidentó el mismo día del estreno.

Estoy cansado: voy a dormir la siesta.

Y mañana viajo al Sur.