Evelio Rosero
Lluvia de frailes en la selva
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Primero llegaron en barco.
Eran mil cuatrocientos noventa y dos frailes que se desperdigaron como sombras por la tierra, esparcieron el bautismo a diestra y siniestra y clavaron en el corazón de cada aldea la cruz como una estaca mortal —según cuenta en su Historia de las misiones el monje sevillano Augusto de Jesús Recto Pacífico, y todavía añade—: Estos frailes eran la inteligencia, la soterrada cabeza de otros miles de barbudos trepados en sus equinos que asaban indios y los freían, los empalaban y desollaban, los reventaban y crucificaban en nombre de Dios.











