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domingo, 9 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / Usted es mi libro favorito

Foto de Anastasii Mikhailov
Besos Tristes
USTED ES MI LIBRO FAVORITO

Usted es mi libro favorito. Y lo llevo siempre conmigo no importa adonde vaya, y cada vez que puedo y hasta cuando no puedo, lo hojeo, lo leo de arriba a abajo, de principio a fin, de atrás hacia adelante, y podría leerlo toda la vida si fuese necesario. Yo a usted lo leo con los ojos cerrados y el corazón abierto. Lo sé casi de memoria, me sé sus puntos y comas, juntos y separados, sus puntos suspensivos y sus puntos finales. Me sé cada letra suya, vaya usted a saber, hasta sus espacios en blanco. Sé lo mucho que disfruta escribir y hoy, quiero que sepa que yo amo leerlo. Usted se lleva mucho de mí cada vez que escribe y yo me quedo con mucho de usted cada vez que lo leo. Me gusta llevarlo atravesado entre mis pestañas, en las pupilas, en mis manos, en la sonrisa y en todo el cuerpo. Usted no tiene idea de lo bien que me hace leerle, usted ni sabe las huellas indelebles que sus letras van dejando en mí. No tiene idea de lo mucho que me ha dado desde que lo leí por primera vez, no sabe y quizás nunca lo sepa. Hoy y siempre, de lejos o de cerca, esté o no esté, le guste o no: Usted es mi libro favorito.

http://besostristes.com/2013/04/23/libro-2/



sábado, 8 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / Ya


Foto de Anastasii Mikhailov
Besos Tristes
YA

Pídeme que no me quede o pídeme que nunca me vaya. Porque los días sin ti duelen, y yo sólo quiero que dejes de dolerme o que me rompas de una sola vez.




viernes, 7 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / Mío

Foto de Anastasii Mikhalov
Besos Tristes
MÍO

Nadie sabe a quién le escribo. Yo sí. Estoy segura que existe y que está por ahí en algún lugar, tomando una clase en la Universidad, trabajando, caminando por allí, fumándose un cigarro, tratando de escribir, cantando alguna canción de Sabina, leyendo algún libro, haciendo sus tareas o simplemente está tirado en su cama aguantándose el dolor de muela y tratando de dormir.

Sé que me lee en silencio y desde lejos, intentando no acordarse quién soy, también sé que sonríe cada vez que se encuentra en todas mis letras. Sé que le resulta inevitable pensar en mí de vez en cuando. Tampoco puede desprenderse de mi voz, de mi risa, no puede olvidar mis berrinches, tampoco olvida mis gemidos, y se muere poco cada vez que me recuerda diciéndole «¡Ay ajá!». Quiero pensar que me recuerda, en plena misa, en cualquiera de sus clases, cuando conversa con algún amigo, cuando despierta a media noche porque tiene sed, cuando tienes ganas de hacer el amor.

Nadie sabe su nombre, nadie imagina esta historia. Ya ni yo sé si es cierta o si la inventé, quizás la soñé. Muchas veces me descubro convenciéndome a mí misma de su inexistencia, discutiendo con la vida, con el destino, con su recuerdo. Pero también me quedaron unas canciones, unas cuantas poesías, me quedó el recuerdo de una noche entera acurrucada en su pecho. Todavía huelo a él, pareciera que me quedé olvidada en su cama, ahí donde una vez se detuvo el tiempo y sólo existíamos él y yo.

Yo sí sé su nombre, pero prefiero callarlo y guardarlo sólo para mí. Y es que no sé cómo nombrarlo sin romperme un poco. Yo sí sé cómo se llama, cómo quisiera llamarse, y también sé como lo llamo yo. Y lo seguiré llamado así hasta que se me salga de este pecho, hasta que un día por fin despierte y no busque con ansias cada letra suya, lo seguiré llamando así hasta que una noche por fin pueda cerrar los ojos sin antes acariciar su recuerdo. Seguiré llamándolo así hasta que un día me enfrente sin miedo a la hoja en blanco y mis dedos ya no tengan ganas de escribir de él y para él, seguiré llamándolo así hasta que mis dedos ya no invoquen su nombre. Entonces ese día dejaré de llamarlo «mío».

Mientra tanto seguiré extrañando a ese idiota. Si alguien sabe su nombre, si alguien sabe para quién escribo, dígale que soy suya y que ya no quiero ser de nadie más. Dígale que sólo quiero leerme en sus ojos y escribirme con su manos. Dígale que vuelva aunque yo haya dicho que ya no lo quiero. Dígale que aquí hace falta, dígale que aquí está su poesía, su mujer. La que lo ama.



jueves, 6 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / De amaneceres

Foto de Anastasii Mikhailov
Besos Tristes
DE AMANECERES

He amanecido en tantos lugares y en tantas camas. Aquí, allá, a veces en ningún lado, otras veces ni siquiera amanecí. He amanecido tantas veces que se me hace difícil recordar cada vez. De tantos y de todos mis amaneceres sólo recuerdo uno.

Me recuerdo enredada entre sus sábanas, sintiendo la calidez de su cuerpo, recostada sobre su pecho escuchándole palpitar, absorta en sus ojos color marrón, acariciando esas manos que me han escrito tanto, besando su sonrisa retorcida, amándolo una eternidad.

Sí, como la vez que fui poesía en su cama. Como la vez que amanecí en Puebla.





miércoles, 5 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / Un beso

Foto de Anastasii Mikhailov

Besos Tristes
UN BESO

Era un sábado de octubre, siete y media de la mañana. Fueron nueve horas y algunos minutos más, nueve horas interminables, casi eternas. Haciendo escala primero en San José, luego en Medellín y finalmente a las seis con diez de la tarde, el avión aterrizó en el aeropuerto Ernesto Cortissoz.

Llegué al hotel y me instalé en la habitación doscientos catorce. Me senté en una silla, apagué la luz y en completo silencio dejé pasar una hora. A mi parecer, fue la hora más larga de mi vida, no porque no se movieran las agujas del reloj, sino porque a medida avanzaba el tiempo yo todavía no tenía ni la más remota idea de qué hacía ahí, en un país que nunca antes había visitado y en una ciudad que no conocía en lo absoluto. Era todo tan extraño, como un sueño. Era como si me podía ver yo misma desde afuera, asustada, completamente paralizada.

Pocas veces siento miedo, esa noche sentí todo el miedo que nunca antes sentí en mis treinta y un años. El sonido de un teléfono en la habitación de al lado interrumpió mi silencio y reaccioné, me dije: tienes dos opciones, o te acuestas a dormir y esperas que el reloj dé las seis de la mañana para subirte al avión y regresar por donde llegaste o te armas en valor y sales a buscar lo que tanto quieres y que te trajo hasta aquí, sin importar qué.

Entonces decidida, bajé hasta el vestíbulo del hotel y ordené un taxi.

-Buenas noches, me llamo Rafael y estoy para servirle, dijo amablemente el taxista.

-Buenas noches Rafael, le contesté.

-Usted no es de por acá ¿verdad señora? me preguntó con curiosidad.

-No, en realidad estoy muy lejos de casa. Le contesté.

-¿Qué le trae a mi hermosa ciudad? preguntó.

-Bueno… -y después de un silencio ensordecedor y un suspiro de esos que duelen desde adentro- le dije: Yo vine hasta acá porque quiero mirarme en sus ojos, quiero saber lo que se siente respirar su mismo aire, quiero acariciar su sonrisa, quiero conocer las manos que alguna vez me escribieron tanto, y bueno… para no hacerle largo el cuento, me voy a bajar del taxi, voy a tocar a la puerta, preguntaré por él y cuando aparezca, sin decir nada, así sin más, lo voy a besar. Usted me regresará al hotel, y mañana a las ocho y veinte de la mañana estaré abordando un avión que me lleve de regreso a casa. Pero mañana ya no seré sólo yo, seré yo… la que vino hasta acá sólo para besar al hombre que ama.

¿Qué le parece?

-Me parece bien, dijo sonriendo. Encendió el motor y preguntó: ¿A dónde la llevo entonces?


http://besostristes.com/2012/10/


martes, 4 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / De mí

Foto de Anastasii Mikhailov

Besos Tristes
DE MÍ

Me gusta correr a alta velocidad, siempre y cuando vaya sola en el coche.
Dice mi mamá que nací la noche lluviosa de un sábado de agosto. Por eso soy tan llorona.
Tengo un clavo de titanio en mi brazo izquierdo, mi húmero se hizo tres pedazos en un accidente.
Lloro en cada episodio de Grey’s Anatomy. No importa cuántas veces lo vea, siempre.
Amo y olvido con la misma intensidad.
Soy alérgica casi a todas las pastillas, aguantar dolor es normal para mí.
Evito el apego con los demás, odio perder a las personas, detesto decir adiós. Y yo siempre me voy.
Hay un solo hombre al que amé con locura.
Nunca me rindo. O termino algo o nunca lo empiezo.
Sólo le tengo miedo a lo que veo en el espejo. A nada más.
Cuando estoy nerviosa me da por toser.
Llevo dos cicatrices en mi cuerpo. Una de victoria y otra de una derrota. De una me siento orgullosa, la otra todavía me duele, y por dentro.
Amo mi escritorio tanto como amo mi cama.
Soy antisocial, completamente.
Adicta al amor o al sufrimiento, que vienen siendo lo mismo.
Soy terca. Que es bueno y malo a la vez.
Yo debí ser abogado o médico forense. O las dos.
Me enamoraría de cualquier hombre. Siempre y cuando tenga ese «no sé qué.»
Soy muy desinteresada de los demás. Es decir, mi mundo se reduce a unos pocos.
Lo de sonreír no se me da mucho, soy muy cara dura. Tampoco soy triste, si no hay de qué o de quién reírse, me burlo de mí.
Cualquier día, por malo que sea, se arregla escuchando a Sabina o leyendo a García Márquez.
Para mí no hay imposibles.
Enamorarme fue lo mejor y lo peor que pudo pasarme, en una sola persona.
La vida ya es un tanto absurda, por eso creo, sueño, invento, imagino, me ilusiono.
Escribir, leer y amar. A eso le llamo vivir.




lunes, 3 de junio de 2013

Casa de citas / Besos Tristes / Alguien

Anastasii
Besos Tristes
ALGUIEN

A veces y sólo a veces siento ganas de encontrarme con alguien que esté tan roto como yo. Alguien que esté desenamorado, que ya no crea, que haya perdido la fe. Alguien con el corazón tan destrozado que sea necesario desarmarlo y armarlo de nuevo. Alguien que sepa lo que es llorar, gritar y no ser escuchado, alguien que no tenga un por quién, que conozca tan bien la soledad y que esté harto de verse al espejo y no encontrar más que pedazos. Alguien que haya olvidado y que esté olvidado, tal como lo estoy yo. Alguien que tenga el corazón vacío de ayeres y lleno de amor para construir juntos un mañana. Alguien que como yo, quiera entregarse completo, para amar sin peros ni porqués.

http://besostristes.com/2012/10/