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viernes, 21 de marzo de 2025

Un libro / PROUST, novela familiar, de Laure Murat

 




Mientras se encuentra inmersa en la escritura del prólogo para una antología de artículos sobre Marcel Proust, Laure Murat topa con una escena de Downton Abbey en la que un mayordomo pone la mesa midiendo la distancia entre cubiertos con ayuda de una regla. Esta diminuta ceremonia, ejecutada con solemnidad sacramental, evoca en Murat, desde lo más recóndito de su memoria, una figura arcaica: las puras «formas vacías» que rigen el entorno aristocrático; el principio sobre el que se equilibra toda una casta, su casta. Porque lo que Murat reconoce en esa atención a las cosas inútiles es, a su pesar, una parte de sí misma, descendiente al mismo tiempo de los Luynes y de los Murat, dos célebres y centenarias dinastías francesas.

A raíz de esta pequeña epifanía, y guiada por la fascinación que despertó en su juventud la lectura de En busca del tiempo perdido, acabará emprendiendo una revisión de su propio y muy proustiano pasado que la llevará, a su vez, a explorar la vida y obra de Proust a través de una historia y un París que no le son nada ajenos: dos universos vinculados sin solución de continuidad, pues «el mundo pasado en el que crecí seguía siendo el de Proust, que había conocido a mis bisabuelos, cuyos nombres aparecen en su novela».

Una novela que supuso para ella, a los veinte años, un impacto transformador: «Y entonces mi vida cambió. Proust sabía mejor que yo por lo que estaba pasando. […] Incluso antes de romper con mi propia familia, me ofreció una meditación sobre el exilio interior que experimentan quienes se desvían de las normas sociales y sexuales». Así es como Proust, novela familiar se erige en un homenaje no solo a la obra proustiana sino al poder emancipador de la literatura a través de la lectura, que es también un poder de consuelo y de reconciliación con el tiempo.

ANAGRAMA

jueves, 6 de febrero de 2025

Una foto / Prost en su lecho de muerte

 


Man Ray

MARCEL PROUST EN SU LECHO DE MUERTE

En 1922, el reconocido fotógrafo Man Ray capturó uno de los momentos más conmovedores de la historia literaria con su estampado en plata de gelatina titulado Marcel Proust en su lecho de muerte. Esta fotografía, que muestra al famoso escritor francés Marcel Proust, en sus últimos días, no sólo proporciona un vistazo a la la vida personal de un gigante literario, pero también ejemplifica la habilidad magistral de Man Ray para capturar la esencia de sus súbditos. Proust, mejor conocido por su monumental trabajo en busca del tiempo perdido ( À la recherche du temps perdu), había influenciado profundamente la literatura con su exploración de la memoria, el tiempo y la experiencia. La fotografía de Man Ray, tomada durante un tiempo en que Proust estaba gravemente enfermo, representa un testimonio de la fragilidad de la vida y del impacto indeleble del trabajo de Proust.

Man Ray, una figura icónica en los movimientos dada y surrealista, era conocido por su enfoque experimental a la fotografía y su habilidad para transformar lo mundano en algo extraordinario. Su perspectiva única y habilidad técnica le permitieron crear imágenes sorprendentes que a menudo difuminaban la línea entre las bellas artes y la fotografía comercial. Marcel Proust en su lecho de muerte es un ejemplo perfecto de esto. En lugar de simplemente documentar los momentos finales de Proust, Man Ray capturó el profundo aislamiento y la naturaleza introspectiva del escritor, elementos que también fueron temas clave en la propia escritura de Proust. A través de esta fotografía, Man Ray inmortalizó a Proust de una manera que trascendió el reino físico, centrándose en el mundo interior del escritor que había moldeado su legado literario.

La fotografía de Proust en su lecho de muerte se ha convertido desde entonces en una representación icónica de la intersección entre el arte y la literatura, un poderoso tributo visual a uno de los escritores más importantes del siglo XX. Para aquellos interesados en la historia de la fotografía y la literatura, esta imagen es un conmovedor recordatorio de cómo artistas como Man Ray fueron capaces de encapsular momentos profundos en el tiempo, ofreciendo una comprensión más profunda de las personas que fotografiaron. La muerte de Proust en 1922 marcó el fin de una era, pero a través de la lente de Man Ray, su influencia en el arte, la cultura y la literatura sigue resonando hoy. La imagen representa un testimonio del poder duradero de las palabras de Proust y de la visión de Man Ray, asegurando que sus legados permanezcan entrelazados en los anales de la historia.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

Casa de citas / Harold Pinter / Proust

 

Marcel Proust



Harold Pinter
PROUST


La época durante la cual trabajé en el guión de Proust ha sido una de las más hermosas de mi vida; a tal grado resultó una aventura, una verdadera exploración del universo de un escritor. Me pasé tres meses leyendo exclusivamente En busca del tiempo perdido, todos los días, todo el día. Tenía la vieja traducción inglesa de Scott-Moncrieff, pero acudía sin cesar al original, con ayuda de la formidable mujer y talentosa traductora que es Barbara Bray. Los tres juntos, Barbara, Joseph Losey y yo, colaboramos intensamente. El trabajo estuvo hecho de larguísimas discusiones, muchas investigaciones documentales y viajes a Illiers, Cabourg, visitas a mansiones aristocráticas, para empaparnos del mundo proustiano. […] Luego de nuestro dilatado trabajo preparatorio, Joe me dijo: Ha- rold, es hora de que te pongas a escribir’. Estuve de acuerdo con él. Así que al día siguiente me levanté y me instalé en mi oficina; miré entonces las toneladas de notas que había ido acumulando, los montones de libros que había consultado sobre tal o cual tema, y me paré frente a la ventana mientras fumaba cigarrillo tras cigarrillo. Consideré que era hora de hablarle a Joe: ‘No puedo; no me sale’. Joe me dijo: ‘Sal y dale una vuelta al parque’. Sin dudar lo obedecí y me fui a dar una vuelta a Regent’s Park. De regreso, volví a telefonearle: ‘No hay nada que hacer. Sigue sin ocurrírseme nada’. ‘No te queda otra más que dormir’, me respondió con un tono tranquilizador. Así que me fui a acostar. A la mañana siguiente fue lo mismo. Sin pensarlo demasiado tomo el teléfono: ‘Es imposible, Joe’. Joe, tranquilo, sin inmutarse, me dice entonces: ‘Ya sé lo que tienes que hacer’. Le pregunto ansioso ‘¿Qué?’. ‘¡Comenzar!’. Y no me quedó otra que comenzar, y al comenzar todo vino de golpe: las imágenes, los sonidos, los colores, los olores fueron sumándose al flujo de las imágenes que iba urdiendo. Metí el acelerador y sin detenerme terminé el guión.

 

Harold Pinter / Por el camino de Proust