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viernes, 5 de junio de 2026

Una película / Drive My Car

 

DRIVE MY CAR

«Drive My Car» (Doraibu mai kā) es un cuento de Haruki Murakami, publicado en 2014 en la colección Onna no inai otokotachi. La historia sigue a Kafuku, un actor viudo que, tras perder su licencia de conducir, contrata a una joven llamada Misaki Watari como su chófer particular. Durante sus desplazamientos rutinarios por la ciudad, se va tejiendo entre ambos una relación cómplice, donde el silencio compartido y las pequeñas confidencias abren espacio a una reflexión profunda sobre el duelo, la soledad y la traición.

El relato sirvió de base a la película japonesa del mismo nombre, dirigida por Ryūsuke Hamaguchi, que obtuvo el Óscar a la mejor película internacional de 2021.

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miércoles, 9 de octubre de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / Nobel de Literatura 2024

 

Haruki Murakami

Triunfó Arciniegas

NOBEL DE LITERATURA 

9 de octubre de 2024

En cuanto al Nobel de Literatura uno piensa con el deseo. Quiere que gane alguno de sus escritores favoritos. Uno de los pocos que conoce. La vida no alcanza para leer a tantos buenos escritores regados por el mundo.

La Academia examina a sus finalistas desde hace medio año y no tienen nada que ver con las casas de apuestas. De ahí que siempre hay sorpresas.

Haruki Murakami se está convirtiendo en el eterno candidato. Ya es hora de que la Academia se decida a premiarlo. Sus méritos son más que suficientes. 

En vez del polémico Michel Houellebecq, me gustaría que se quedara con el premio otro francés cuya obra me parece más sólida e importante, Emmanuel Carrère.

Otro de mis favoritos pero seguramente fuera de la ilustre lista sueca es Stephen King. 

El húngaro László Krasznahorkai sería una bonita sorpresa. Su difícil obra y la lista de premios, que incluye el Man Booker Internacional y el Formentor, seguramente complacen a la Academia.

Otro peso pesado, el irlandés John Banville. La Academia le debe a Irlanda más de un Nobel.

Aunque, siguiendo la corrección política de estos tiempos, el Nobel de este año será para una mujer, y en mis afectos dos canadienses ocupan el primer lugar: Anne Carson y Margaret Atwood. La prolífica norteamericana Joyce Carol Oates se ha convertido en otra eterna candidata. La rusa Liudmila Ulítskaya es otra escritora importante pero la situación de su país juega en su contra.

Las casas de apuestas favorecen dos nombres, la china Can Xue y el australiano Gerald Murnane. Poco o nada sabemos de sus obras. No sucede lo mismo con el rumano Mircea Cartarescu. La lista de las apuestas incluye al estadounidense Thomas Pynchon, pero no creo que la Academia se atreva a premiar a un fantasma, sobre todo después del trago amargo llamado Bob Dylan. Aunque no pertenece a mis afectos, seguramente el atentado habrá puesto en consideración de la Academia otro nombre que sube y baja en las apuestas, Salman Rushdie. Hace apenas un año las listas incluían a dos mujeres que ya no están con nosotros, Marisé Condé y Edna O’Brien. La irlandesa seguirá por siempre en mis afectos. Otras dos mujeres se mencionan con frecuencia: Jamaica Kincaid y Elena Poniatowska.

(Tengo en el baúl de los secretos unos cuantos nombres para los años venideros: Javier Cercas, Tomás González, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Siri Hustvedt, Jhumpa Lahiri, Zadie Smith, Sofi Oksanen y, para cerrar con la gloriosa Irlanda, Sally Rooney. Sigo pensando con el deseo.)

El Nobel es una lotería. En todo caso, sea uno de estos nombres o no, ojalá la Academia no se equivoque y nos ponga a leer una obra que valga la pena. Amanecerá y veremos el afortunado conejo guardado en el sombrero.










martes, 1 de octubre de 2024

Casa de citas / Haruki Murakami / La soledad



Haruki Murakami

LA SOLEDAD


La soledad no es sólo la ausencia de personas. Es la ausencia de un propósito, la ausencia de significado. Cuando te encuentras en un mundo donde todo parece ajeno y distante, donde cada conexión es superficial y cada intento de comprensión se encuentra con indiferencia, te das cuenta de que la verdadera soledad no es estar solo, sino sentirse solo en un mundo que ya no tiene sentido.

miércoles, 24 de julio de 2024

Casa de citas / Haruki Murakami / Borradores y jornada

 

Haruki Murakami


Haruki Murakami

BORRADORES Y JORNADA


ENTREVISTADOR
¿Es ese entonces uno de los principales propósitos de la revisión: tomar lo que has aprendido del final del primer borrador y reelaborar las secciones anteriores para dar una cierta sensación de inevitabilidad?
Murakami
Así es. El primer borrador es un desastre, tengo que revisarlo una y otra vez.
ENTREVISTADOR
¿Por cuántos borradores sueles pasar?
Murakami
Cuatro o cinco. Paso seis meses escribiendo el primer borrador y luego paso siete u ocho meses reescribiéndolo.
ENTREVISTADOR
Eso es bastante rápido.
Murakami
Soy muy trabajadora. Me concentro mucho en mi trabajo, así que, ya sabes, es fácil. Y no hago nada más que escribir mi ficción cuando escribo.
ENTREVISTADOR
¿Cómo se estructura una jornada laboral típica?
Murakami
Cuando estoy escribiendo una novela, me levanto a las cuatro de la mañana y trabajo de cinco a seis horas. Por la tarde corro diez kilómetros o nado mil quinientos metros (o hago ambas cosas), luego leo un poco y escucho música. Me acuesto a las nueve de la noche. Mantengo esta rutina todos los días sin variación. La repetición en sí misma se vuelve lo importante; es una forma de hipnotismo. Me hipnotico para alcanzar un estado mental más profundo. Pero mantener esa repetición durante tanto tiempo (de seis meses a un año) requiere una buena dosis de fuerza mental y física. En ese sentido, escribir una novela larga es como un entrenamiento de supervivencia. La fuerza física es tan necesaria como la sensibilidad artística.

El arte de la ficción
The París Review, 2004


sábado, 21 de agosto de 2021

Casa de citas / Haruki Murakami /Como una paloma herida

Haruki Murakami



Haruki Murakami
COMO UNA PALOMA HERIDA

Sobre todo, no he perdido esa sensación divertida y agradable que experimenté al escribir mi primera novela. Me levanto temprano todos los días, preparo un café en la cocina, lo sirvo en una taza grande, me siento a la mesa y enciendo el ordenador (a veces siento añoranza de los cuadernos y de la gruesa pluma Mont Blanc que usé durante muchos años). Después me pregunto a mí mismo: "Y bien, qué voy a escribir?" Es un momento de felicidad. La verdad es que nunca he sufrido por el hecho de escribir. Tampoco he pasado por ningún tipo de crisis creativa. Me parece que si escribir no resulta divertido, no tiene sentido hacerlo. Soy incapaz de asumir esa idea de escribir a golpe de sufrimiento. Para mí, escribir una novela es un proceso que debe surgir de manera natural.

No me considero un genio. Tampoco me atribuyo un talento especial, aunque no niego tener algo, pues me gano la vida con esto desde hace treinta años. Quizá por naturaleza mi vocación y mi tendencia sea la individualidad, pero no creo que eso constituya ventaja alguna. Esos juicios es mejor dejarlos a manos de otra persona (en el caso de que existan personas capaces de hacerlos).

Lo que más he tenido en consideración a lo largo de todos estos años (y aún hoy lo sigo haciendo) es el honesto reconocimiento de que si escribo es gracias a algún tipo de fuerza que me ha sido otorgada. Atrapé esa oportunidad por puro azar y la fortuna me convirtió en novelista. Aunque sea hablar desde la perspectiva de los resultados, algo o alguien me brindó esa facultad. Sólo puedo agradecer con toda honestidad lo que me ha ocurrido hasta ahora. Me enorgullece sentirme aún capaz de cuidar de esa facultad que me fue otorgada (como si cuidase de una paloma herida), de seguir escribiendo novelas. Lo que suceda a partir de ahora simplemente sucederá.

Haruki Murakami
De qué hablo cuando hablo de escribir
Tusquets Editores, Barcelona, 2017, pp. 56-57



viernes, 20 de agosto de 2021

Casa de citas / Haruki Murakami / Sobre la magia

 



Haruki Murakami
SOBRE LA MAGIA

En la película E.T. el extraterrestre, de Steven Spielberg, E.T. fabrica en un momento dado un aparato de radio para comunicarse con los suyos utilizando objetos que encuentra en el trastero de la casa. Vi la película hace muchos años y no recuerdo con exactitud los detalles, pero sí que se valía de las cosas de uso cotidiano que se pueden encontrar en una casa cualquiera, como un paraguas, una lámpara, platos, tocadiscos... A pesar de lo improvisado de los materiales, fabrica una máquina capaz de enviar una señal a su planeta situado a miles de años luz de la tierra. Cuando vi la escena sentado en la sala de cine, sentí una profunda admiración. En mi opinión, las grandes novelas están construidas en cierto sentido de esa manera. No es tan importante la calidad de los materiales en sí. Por encima de cualquier otra consideración, deben provocar una especie de magia. Si solo disponemos de materiales sencillos, cotidianos, de palabras no demasiado complicadas, pero todo ello encierra un halo mágico, podemos construir con nuestras propias manos máquinas complejas y sorprendentes.

Como mínimo necesitamos un almacén propio. Por mucha magia que encierre algo, no se puede crear desde la nada.

***

Cuando empecé a escribir mi primera novela, no tenía la más mínima idea sobre qué hablar. No contaba con la experiencia de la guerra como la generación de mis padres, ni tampoco con la del hambre y el caos de la posguerra. Tampoco con una experiencia significativa en movimientos revolucionarios (sí en algo parecido, pero no era asunto del que quisiera hablar), ni tampoco había sufrido malos tratos o conflictos graves. Me crié en una tranquila zona residencial en el seno de una familia pequeño burguesa de asalariados y nunca padecí graves insatisfacciones, carencias o cosas así. Aunque no puedo decir que fuera especialmente feliz, tampoco puedo afirmar lo contrario (lo cual significa, supongo, que era relativamente feliz). Disfruté de una niñez sin sobresaltos. Mis notas en el colegio no eran ni las mejores ni las peores, y por mucho que me esfuerce en analizar los detalles concretos de aquella época, no puedo decir honestamente que encierre nada especial sobre lo que merezca la pena escribir. Tengo el impulso de expresarme y escribir, en efecto, pero sobre cuestiones con contenido. Quizá por eso nunca antes de los veintinueve años imaginé que me iba a dedicar a este oficio. No tenía materiales ni tampoco el talento suficiente para levantar algo desde la nada. Para mí la novela solo era una cuestión relacionada con la lectura, y a pesar de leer mucho, nunca pensé que terminaría por ser yo quien las escribiera.

***

No nos queda más remedio que apañárnoslas con lo que tenemos a la mano, y quién sea capaz de hacerlo habrá ganado una inmensa oportunidad: descubrir el hecho concreto y maravilloso de que somos capaces de usar la magia. Alguien capaz de escribir una novela es alguien capaz de comunicarse con los habitantes de otros planetas.

Haruki Murakami
De qué hablo cuando hablo de escribir
Tusquets Editores, Barcelona, 2017, pp. 121-123


jueves, 19 de agosto de 2021

Casa de citas / Haruki Murakami / Tokio blues

 



Haruki Murakami
EL COMIENZO DE TOKIO BLUES


El comienzo de Tokio blues, otra de mis novelas, lo escribí sentado a la mesa de varias cafeterías, en el asiento de un ferry, en la sala de espera de un aeropuerto, a la sombra de un árbol, en un parque y en habitaciones de hoteles baratos de distintos lugares de Grecia. Como no podía llevar siempre conmigo esas hojas de papel específicas para escribir en japonés, donde caben cuatrocientos caracteres, escribía en un cuaderno barato que había comprado en una papelería de Roma y apretaba la letra cuánto podía para aprovechar el espacio con mi bolígrafo marca Bic. Me resultó muy difícil: el ruido a mi alrededor me desconcentraba, la mesa donde trabajaba estaba coja, en una ocasión se me cayó el café encima del cuaderno sin querer, y en otra, mientras corregía a medianoche, en la habitación de al lado, separada solo por un tabique muy fino, escuchaba el alboroto y los jadeos de una pareja. Visto ahora puede parecer incluso un episodio gracioso, pero en aquel momento me sentía hundido. No encontraba un lugar fijo dónde instalarme y me moví mucho por Europa hasta terminar de escribir la novela. Aún conservo aquel cuaderno grueso con manchas de café, y de otras cosas que no sé identificar.
Haruki Murakami
De qué hablo cuando hablo de escribir
Tusquets Editores, Barcelona, 2017, p. 164







miércoles, 18 de agosto de 2021

Casa de citas / Haruki Murakami / Escritores

 

Cata con Murakami
Foto de Triunfo Arciniegas


Haruki Murakami
ESCRITORES

De vez en cuando llegan a mis oídos historias de amistad entre escritores. Entonces no puedo evitar que solo se trata de cuentos chinos. Tal vez ocurra durante un tiempo, pero no creo que una amistad verdadera entre personas así pueda durar mucho tiempo. En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos. Una fuerte rivalidad nos espolea día y noche.

Haruki Murakami
De qué hablo cuando hablo de escribir
Tusquets Editores, Barcelona, 2017, p. 164


lunes, 28 de enero de 2019

Haruki Murakami / Quemar graneros

"Quemar graneros", que dio origen a la película de Lee Chang-dong, Burning,
es uno de los cuentos de El elefante desaparece.
Haruki Murakami
QUEMAR GRANEROS

Cuando escribí el cuento, "Quemar graneros", lo que surgió en mi cabeza fue el título. Imaginé qué clase de historia podía escribir para ese título que me perseguía, y apareció un joven con coche importado que cada dos meses quema un granero ajeno y se lo cuenta a un escritor mientras fuman un porro. Inventé una historia capaz de llenar esa imagen. No me propuse interpretar rabia ni violencia. Para mí fueron solo palabras. Siempre es así.



Haruki Murakami / El éxito



Haruki Murakami en Japón


Haruki Murakami
EL ÉXITO GLOBAL


¡Me gustaría que me lo explicaran! Sucedió en los últimos 20 años. Gratifica, pero es algo que pasó en los demás. Yo sigo igual: escribo por la mañana, cuatro o cinco horas, la misma cantidad de páginas, y cuando me levanto de la silla, solo quiero saber adónde me llevará la historia. Por eso vuelvo al día siguiente.



domingo, 27 de enero de 2019

Casa de citas / Haruki Murakami / El orígen de La muerte del comendador



Haruki Murakami
El orígen de La muerte del comendador 


Lo primero que apareció fue el paisaje. Una casa cerca del mar, en lo alto de una montaña y en el límite: hacia delante se ve despejado, y hacia atrás, siempre nubarrones. Escribí esos párrafos iniciales y me pregunté qué pasaría porque no tenía idea. El protagonista cuenta la historia de su esposa, de quien se separa cuando le dice que no puede seguir viviendo con él. Recorre Japón en coche, solo, aturdido, sin entender qué sucede, hasta que varios meses después un amigo le presta esa casa.






sábado, 26 de enero de 2019

Casa de citas / Haruki Murakami / No me interesan los vínculos familiares

Haruki Murakami


Haruki Murakami
NO ME INTERESAN 
LOS VÍNCULOS FAMILIARES

No me interesan los vínculos familiares, pero sí explorar todo lo que pasa entre un hombre y una mujer. Es una relación especial; quizá la más importante. No puedes elegir a tus padres o a tus hijos, pero puedes elegir a tu pareja y tienes que ser responsable con la elección. Llevo casado 47 años con Yoko; es además la primera lectora de mis libros. ¿Por qué la elegí? No lo sé. Pienso en ello a menudo y no tengo una respuesta todavía.

Haruki Murakami / El trabajo de un novelista es soñar despierto





martes, 7 de mayo de 2013

Casa de citas / Haruki Murakami / Cómo empecé a escribir




Haruki Murakami
CÓMO EMPECÉ A ESCRIBIR


Yo tenía veinte o veintiún años y estaba muy endeudado, trabajaba muchas horas en un bar con mi esposa y el futuro era incierto. Entonces un día, mientras miraba un partido de beisbol se me ocurrió de la nada ser escritor, sin haber tenido jamás ni la más mínima inclinación en ese sentido. Fue una suerte de apuesta. Con mi vida. Lo que estaba en juego era mucho. En retrospectiva, me doy cuenta de qué precaria era mi situación. Pero sobreviví.


Mi esposa, Yoko Takahashi, fue mi primera lectora. La novela producto de mi decisión en el partido de béisbol se llamó Hear the Wind Sing y ganó un premio para nuevos escritores en Japón.

Cuando se vendieron más de tres millones de ejemplares de la novela Tokio blues en Japón, no necesité seguir en el bar. A veces me pregunto por qué ahora soy novelista. Escribo de forma intuitiva, sin un plan. 1Q84 se me ocurrió mientras me encontraba en un embotellamiento de tránsito en Tokio. ¿Y si saliera de la autopista embotellada y bajara por la escalera de emergencia? ¿La vida cambiaría? Ese es el punto de partida.

No me pienso como un artista. Sólo soy un tipo que puede escribir.

Me levanto casi siempre a las cuatro de la mañana, escribo hasta mediodía, paso la tarde entrenándome para maratones y revolviendo negocios de discos viejos, y me voy a dormir con mi esposa a las nueve de la noche.

En la escritura hay un elemento físico. Si uno sigue escribiendo todos los días durante tres años, se fortalece. Por supuesto que también hay que ser fuerte en el plano mental, pero ante todo hay que tener fuerza física. Eso es muy importante.

Necesito fuerza porque tengo que abrir la puerta. Todos los días voy a mi escritorio, me siento y prendo la computadora. En ese momento tengo que abrir la puerta. Es una puerta grande, pesada. Hay que entrar a la Otra Habitación. En términos metafóricos, claro. Y hay que volver a este lado de la habitación. Y hay que cerrar la puerta. Hace falta fuerza física, literalmente, para abrir y cerrar la puerta. Si pierdo esa fuerza, ya no podré escribir una novela. Podré escribir algunos cuentos, pero no una novela.

Viajo a mi inconsciente. Tengo que entrar a ese caos. Pero el acto de ir y volver es una suerte de rutina. Hay que ser práctico. Cada vez que digo que si se quiere escribir una novela hay que ser práctico, la gente se aburre. Se siente decepcionada.

Pero lo importante es hacer con tu vida lo que te gusta. Yo sigo sabiendo qué es lo que me gusta. Si alguien no sabe qué le gusta o si lo sabe pero no lo hace está desperdiciando su vida.