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sábado, 4 de octubre de 2014

Triunfo Arciniegas / El niño gato / The White Ravens



Cosas bonitas que pasan por ahí
EL NIÑO GATO
THE WHITE RAVENS

"I am delighted to let you know that the Ed. SM book El niño gato by Triunfo Arciniegas and Dipacho is a White Raven 2014 and part of the newly designed White Ravens Catalogue of the International Youth Library."

Jochen Weber
Munich, Germany


domingo, 10 de junio de 2012

Triunfo Arciniegas en Destinos intermedios

Fotografía de Christian Coigny
Triunfo Arciniegas
en DESTINOS INTERMEDIOS
Blog de Octavio Escobar

MUJERES de TRIUNFO ARCINIEGAS

Octavio Escobar
Bogotá, 2010
Foto de Triunfo Arciniegas
Todos sabemos que Triunfo Arciniegas está familiarizado con las caperucitas, los superburros y las muchachas de Transilvania. También sabemos que es un gran fotógrafo y un blogger ingenioso, atento y constante; imperdible, en resumen. Y sabíamos, aunque no lo dijéramos en voz alta, que en sus minicuentos, depurados durante años, y entre las líneas de sus cuentos, novelas y obras de teatro para niños y jóvenes, dormían fragmentos de exquisita poesía. Y ahora, con un título que en su sencillez oculta varias facetas e intereses, la editorial Entreletras nos enfrente a la evidencia de que ese escritor al que hemos aprendido a admirar en cada una de sus expresiones, ahora también se confesó poeta, y bueno. Exceso de excesos, sobre todo de talento.
Nuestra única revancha posible es apropiarnos de sus versos.

Octavio Escobar
3 de mayo de 2012




VERONICA

Era niña
en la hierba.
Mi mano estirada
hacia el cielo
apagaba
y encendía
la lámpara del sol.
Es mujer
y otra cara
entretiene sus dedos.

PRIMER AMOR
Por sus oscuras caricias,
al fondo del solar,
arriesgaba la vida.
Trepaba a las ramas más altas,
hasta alcanzar los duraznos
de su antojo,
el precio del pecado.

Entre el rumor del río
y los chillidos de los cerdos,
el oleaje de otro cuerpo,
la miel del paraíso,
la húmeda rendija
a otros mundos.
Años después
su aroma todavía
resplandece en mis dedos,
que en otra piel la buscan.

PENITENTE

O como la muchacha
que al atravesar el parque
es sorprendida por el viento
y la visión de sus muslos
nos devuelve al paraíso.

ORACIÓN
Señor,
si no me ama,
aléjala de mí.

LECCIONES DE GRAMÁTICA
Se ríe maliciosa
inclinada sobre mí
descolgados los senos
ahora que reviso su cuaderno de apuntes

NOCTURNO

Húmedo y ansioso,
un animal me espera
entre tus piernas.

OFELIAS
Ahogadas en estanques de astromelias
Por sus ojos abiertos
Pasan las nubes

http://destinosintermedios.blogspot.com/2012/05/mujeres-de-triunfo-arciniegas.html





jueves, 7 de junio de 2012

Beatriz Helena Robledo / Triunfo Arciniegas vuelve y juega



Triunfo Arciniegas

Vuelve y triunfa Triunfo

Los besos de María

Por Beatriz Helena Robledo

Triunfo Arciniegas
(ilustraciones: Sandra Ardua)
Editorial Alfaguara, colección Alfaguara Infantil, Bogotá, 2002, 88 págs.

       El libro Los besos de María reúne nueve cuentos del escritor malagueño Triunfo Arciniegas dirigidos a lectores jóvenes que quieran divertirse con las picardías y aventuras de los más insólitos personajes. Encontramos en estos relatos piratas terribles, niños ingeniosos, como Pedro Lucas, quien rescata una moneda que ha caído en el sombrero de un mendigo a través de una serie de trueques; una princesa enamorada de un sapo; María, quien reparte los besos que su novio le ha dejado antes de ir a la guerra; la loca Irene, que también regala besos, pero en las esquinas de Bogotá y al primer transeúnte que pase; un vendedor de sombras que resulta un estafador; sirenas locas que cambian sus colas por piernas para poder bailar; una gallina que trota y corre en los hipódromos y que tiene un serio problema de personalidad; y hasta tres botones que terminan en las camisas de tres personajes diferentes, quienes se transforman totalmente por el hecho de adquirir y llevar el botón.
       Son relatos ágiles en donde hay humor, desenfado y sobre todo una gran imaginación que rompe con todas las convenciones y se acerca a la imaginación infantil. En "Jonás, el pirata que se quedó del barco", el recurso más utilizado para caracterizarlo es la hipérbole:
       Era terrible ese pirata. Su cabeza brillaba como bola de billar. De la oreja izquierda le colgaba una argolla de oro macizo. Las tres heridas de cañón que adornaban su pecho parecían rasguños si se comparaban con el remiendo de la pierna. Sus brazos, gruesos troncos repletos de tatuajes, exprimían al enemigo como si fuese una naranja y, en las parrandas, quebraba los toneles de vino como si fuesen huevos. Con sus manos desnudas podía atrapar un cocodrilo. Era terrible, era un pirata. [pág. 11]
    Todo lo que hace Jonás es exagerado y lo que pasa a su alrededor también. La furia del pirata por no encontrar a su novia, una cartagenera, Perica Lunares, es tan grande que hace arrodillar a los habitantes de miedo y agrieta las murallas.


Cerdo bebiendo luz
El Naranjo, 2006
Fotografìa de Triunfo Arciniegas

     En "Juego de botones" hay un claro intertexto con el cuento de Hans Christian Andersen "La aguja de zurcir". Los botones se desprenden de la camisa, pues están cansados del agua fría y de las cosquillas del jabón y la aguja se quiebra por coser un tejido demasiado grueso para ella, tan fina. Todos, botones y aguja, salen al mundo y viven una serie de aventuras. Arciniegas hace uso aquí, además, de un recurso proveniente del juego dramático: los botones, una vez desprendidos de la camisa, se transforman en diferentes personajes con distintas funciones. Por unos días fueron boca y ojos de una muñeca de trapo; luego fueron una constelación en lo alto del cielo; después se pegaron a un abrigo negro y se aburrieron de asistir a los entierros; más adelante fueron felices en la corbata de un payaso. Cada uno termina en la camisa de un señor diferente, hasta que finalmente se vuelven a encontrar por pura casualidad.
       En "La moneda de Pedro Lucas" lo que hace Arciniegas es echar mano de la estructura de un encadenado: Pedro Lucas pide uvas frescas, y a cambio le piden una taza de café, pide el café, y a cambio le piden un pisacorbatas; pide el pisacorbatas, y a cambio le piden un helado; pide el helado, y a cambio le piden tres plumas de paloma y luego comienza a devolverse y a entregar cosa por cosa. Es un cuento ingenioso y divertido.

Fotografìa de Triunfo Arciniegas


       En casi todos los relatos hay un permanente juego de intertextualidad que enriquece mucho el argumento y le da humor y picardía al conjunto. Son alusiones rápidas a otros textos o a otros contextos, que aunque el niño lector no pueda descifrarlos de inmediato, enriquecen su imaginario y sus referentes, de los cuales más adelante, en su formación como lector, podrá hacer uso. En "Besos de sapo", por ejemplo, al sapo se le ocurre montar el negocio de los besos después de haber leído la Historia universal del beso, "una antigua edición de tres tomos empastados en cuero y con ilustraciones a todo color, que descubrió en el mercado de las pulgas". Aquí es clara la referencia a muchas historias universales, pero es inevitable asociarlo con Historia universal de la infamia de Jorge Luís Borges. Más adelante la referencia es a los cuentos maravillosos, cuando el sapo cuenta que un anciano le ofreció tres deseos a la orilla de un pozo. Cumplir los deseos ajenos había sido su primer deseo; por falta de tiempo no había solicitado aún los otros dos. Vemos que no sólo hay intertextualidad, sino también ironía y parodia, lo que le da al relato mucha soltura.
   En esta misma historia hace referencia a Whitman, el poeta norteamericano, sobre todo a su poema Canto a mí mismo del libro Hojas de hierba: "Me celebro a mí mismo / y cuanto asumo tú lo asumirás / porque cada átomo que me pertenece / te pertenece también a ti / ...". El sapo, ante el espejo, reconocía que el poeta Whitman tenía razón: "-Soy como soy y me gusta como soy -decía cada mañana y la gente lo adoraba" (pág. 54).
     Son alusiones llenas de desparpajo e irreverencia que resultan muy refrescantes no sólo para la historia misma sino también para los jóvenes lectores.
       En "El vendedor de sombras", introduce al lector en la tradición literaria de la concepción de la sombra como parte inherente a la personalidad del ser humano y la posibilidad de que la sombra adquiera una vida propia independiente de su dueño. Esta tradición sobre las sombras ha tenido exponentes reconocidos, como Adalbert von Chamisso y Hans Christian Andersen. Arciniegas, con el mismo desparpajo y el mismo humor que en los demás cuentos, echa mano de este motivo y se inventa una historia en la que el vendedor de sombras es un estafador, que vende sombras de mala calidad que se agujerean y compra sombras resistentes que vende de contrabando en el exterior.
      Hay en todos los relatos un tono propio de la oralidad que les da agilidad y rapidez y que caracteriza en parte el estilo de los cuentos para niños de este autor nortesantandereano.
     Triunfo Arciniegas tiene una larga trayectoria en la escritura para niños y jóvenes y se caracteriza por escribir textos con una rica imaginación, llenos de humor e ironía, utilizando con gran habilidad los recursos de la hipérbole, la parodia y la intertextualidad.




BEATRIZ HELENA ROBLEDO






lunes, 14 de mayo de 2012

Jaime Fernández / Sobre Triunfo Arciniegas





El 10 de mayo de 2012 se realizó en Villavicencio, Colombia, el lanzamiento de Mujeres, libro de poemas de Triunfo Arciniegas, con las generosas y bellas palabras de Juan Manuel Roca (leídas por Henry Benjumea) ya publicadas en este blog y el texto de Jaime Fernández que se presenta a continuación.

Jaime Fernández Molano

EL OTRO TRIUNFO
QUE ES EL MISMO PERO DE OTRA FORMA

No sé si alguien se pueda atrever a leer un texto de crítica poética si tiene que hacerlo con Juan Manuel Roca al lado –o en este caso con su voz desde su otra voz–. Al menos yo no seré. Por eso sé que sobre la poesía de Triunfo se leerá aquí y enseguida una pieza de esas a las que nos tiene acostumbrados el mejor: Juan Manuel Roca.

Yo, entre tanto, me limitaré a decir que conozco a Triunfo, el hijo Isaías, herrero de profesión y de la paciente María Herminia Cáceres, desde cuando lanzaba esos dardos venenosos que él llamaba textos breves, allá en las lejanas montañas erizadas y felices de su segunda juventud: Pamplona.

Lo recuerdo desde la memoria de Evelio Rosero –ese otro amigo eterno–, cuando arribaba asustado a Bogotá con libros y bocadillos debajo del brazo, que traía a sus escasos amigos, en la búsqueda de destinos imposibles para un provinciano como él, pero que alcanzó –en contra de todos los pronósticos– más rápido de lo esperado. Claro, con la terquedad, osadía, disciplina y perseverancia de quien tuvo que responder, con seriedad y fundamento, a su nombre de pila.

Lo conocí a través de sus primeras publicaciones de principiante prometedor: El Cadáver del sol y En concierto; en la época en que Germán Arciniegas, Isaías Peña y otros tantos escritores nacionales empezaron a contarnos que allá entre las montañas del norte existía un joven de enorme talento que se había propuesto devorar relámpagos, beber mucha coca–cola, escuchar todo Pink Floyd y amar a Marilyn Monroe sin restricciones, encerrado escribiendo en su casa de Pamplona: una isla rodeada de frío por todas partes.

Luego llegaron La silla que perdió una pata y otras historias, El león que escribía cartas de amor, La lagartija y el sol, y Las batallas de Rosalino, libros con los que encontró su primer salto certero hacia la inmortalidad como escritor, no solo de textos infantiles.

Decenas de premios nacionales e internacionales, sinnúmero de reconocimientos, publicaciones a montón (hoy presentamos su libro número 53), y profusas ediciones aquí en Colombia, en México y en otros países; traducciones, inclusión en múltiples antologías de América y Europa, en fin, ese ya es el Triunfo del que todos hablan y que todos conocemos.

Pequeños instantes: las primeras veces

Pero no todos conocen el otro lado de este escritor. Lo que llamaré las primeras veces de Triunfo.

Sigue lejano (al tiempo y a la luz pública) el día en que el niño Triunfo, con el corazón roto por primera vez, comenzara a escribir sus primeras líneas sin presentir el futuro que este oficio le traería: las cartas de amor a su abuela Emperatriz, que por circunstancias familiares de fuerza mayor había tenido que abandonar en Málaga, para partir al lado de sus padres rumbo a Pamplona.

O su primer libro, que cargaba como acompañante de viaje en sus años de adolescencia: un libro de oraciones que le regaló Candelaria, su otra abuela, cuando aún no sabía leer y mucho menos escribir. Y que un día decidió guardar en el baúl de sus tesoros escondidos.

O saber que llegó a la literatura infantil gracias a ese nombramiento con destino a la  escuela perdida de la vereda Chíchira, en Pamplona, Norte de Santander, donde se desempeñó como maestro rural, y fundó el grupo de teatro de niñas La manzana Azul y tantos talleres literarios como veredas recorrió por esas rocosas montañas del norte de la cordillera oriental.

Y en la colección de primeras veces está su profesor Gabriel Suárez, de la Escuela Normal, quien fue el encargado de presentarle a los señores Hemingway, Kafka, Moravia, Neruda, Camus, Flaubert, y con ellos el vicio más grande que ha tenido: el de la lectura –que no tiene antecedentes en su familia, de abuelos analfabetas y padres que no llegaron a terminar la educación básica–. Como él mismo lo reconoce: en casa de herrero, escritor de palo.

O la primera vez que pudo calzar zapatos propios, pues la pobreza extrema y la niñez desgraciada fueron los principales acompañantes de su primera infancia.

Y cómo, gracias a los trucos del padre Marino Troncoso (q.e.p.d.) –uno de los mejores amigos de su vida y por quien aún los ojos le llueven desde el fondo del alma en sus recuerdos–, pudo ingresar, con una beca inventada por éste, a la Pontificia Universidad Javeriana, para realizar sus estudios de maestría en Literatura.

Recuerda Triunfo que con esa cara de pobre que le acompaña, era el único estudiante al que los celadores siempre requisaban.

En fin, son muchas vidas en esta vida del Triunfo que pocos conocen y que llevarían muchas páginas y muchos minutos más, pero que por hoy dejamos aquí. No sin antes recordar otras de sus profesiones a las que le ha dedicado buena parte de su tiempo: la fotografía y la ilustración. Ha ilustrado varios libros de su autoría y ha realizado muchas más por hobby; pero a la fotografía si se ha dedicado muy en serio. Ha realizado varias exposiciones, le han encargado diversos trabajos fotográficos para publicaciones y editoriales. Y vive haciendo fotografía. Sus blogs están llenos de muestras de todo el mundo, porque esos sí, además, es un trotamundos empedernido, ayer en Caracas, mañana y pasado en México, luego por todo Suramérica, ahora en Nueva York y la otra semana para Perú.

Porque ahora recorre más países que mujeres, y tal vez por eso ha querido conquistar, de una vez y para siempre, a estas dos mil que hoy lanza al vacío de su público: hechas de papel y de carne y de hueso y de piernas solapadas y de lomos grises que atrapan sus nostalgias.

Ese es el Triunfo que conozco desde siempre y desde antes, desde mucho antes del primer abrazo.

Y desde entonces, he percibido que lo más importante de este escritor no es su medio centenar de publicaciones ni sus éxitos hechos a pulso y contra la corriente de tantas figuritas de pasarela literaria, ni su mismo talento de escritor: su encanto radica en esa alma de niño feliz, ávido e hiperkinético que le acompaña y que pretende ocultar bajo la piel de lobo para blindarse de la gente, que solo entreabre para una que otra mujer, unos muy, pero muy pocos amigos y –eso sí– para todos los niños del mundo (que son sus verdaderos colegas).

Ese es el Triunfo que conozco. De su poesía, de su primer libro de poesía, no me atrevo a hablar. Tuve solo dos atrevimientos con este texto: leerlo y disfrutarlo al extremo, y editarlo con plena convicción y mucho, mucho amor.

Gracias.

Bogotá, 1 de mayo de 2012
Villavicencio, 10 de mayo de 2012 

jueves, 3 de mayo de 2012

Juan Manuel Roca / Mujeres y otros ensalmos


Jaime Fernández Molano, Juan Manuel Roca y Triunfo Arciniegas
Feria Internacional del Libro de Bogotà
1 de mayo de 2012
Juan Manuel Roca
MUJERES Y OTROS ENSALMOS

No me sorprendió para nada que Triunfo Arciniegas, tras trajinar con el cuento con un auténtico virtuosismo de todos conocido, y con la fotografía a través de un ojo que sabe poner la bala de su mirada al mismo tiempo que devela un momento de la vida, nos entregara un libro de poemas. ¡Y qué libro!
Tanto en el cuento como en sus fotografías, Triunfo tiene un punto de vista, un ángulo muy suyo en el que encuentra una materia poética, el coletazo del milagro que se esconde aún en los más anodinos asuntos.
Y bien, no otra cosa hace con sus poemas recogidos en “Mujeres”, su primer libro de poemas conocido y hoy presentado con entusiasmo. En él se pone de relieve que Arciniegas tiene una manera particular de ver el mundo y de atraparlo esta vez en palabras sencillas e inquietantes, más por su disposición que por su rareza, más por sus artes de domador del lenguaje que de exhibidor de vocablos exuberantes.
Por sus versos pasa la madre como ayudándole a limpiar en pequeñas ceremonias las altas noches del desvelo. O ve cómo huye en el lomo del tiempo la infancia, que deja milagros giratorios como un trompo. No hay truculencias, artes de embalsamador o tiranías de la realidad a las que no oponga su mirada serena. De tal manera puede unir lo más aéreo con lo más aterrizado, cielo y suelo, mito y cotidianidad. “El muchacho remienda/ su par de alas/ en el rincón de la cocina”, escribe en su poema “Muchacho con alas”, y es como si la aguja perdida de su madre fuera encontrada para remendar mañanas.
Me gusta de mi buen amigo Triunfo su manera de entender la poesía como una suerte de fisura abierta en la oscuridad del mundo, la forma como la convierte en una prótesis para andar por el país sin alardear de ser un hombre que no se quiere mudar del vecindario de la poesía. Que no cambia por nada la alegría de ser hombre entre los hombres.
A veces acude al expediente, como buen observador de la pintura, de realizar un óleo sobre tela en el que entrelaza el lenguaje entre luces y sombras. Entonces deja en el lector la sensación de que la palabra pinta, de que el verbo dibuja más allá de abstracciones y figuraciones un mundo digno de ser recordado. 
Y lo hace de la mismísima manera como “con el lápiz del trompo/el niño escribe sobre el polvo/ la historia de su vida”, esto es sabiendo tomar como lo hacen los niños terribles los juegos de la manera más seria y más transformadora posible.
Bello, conmovedor es su poema “Primer amor”, en el que entreabre la ventana de la niñez para transmitir, aún a quienes se hayan envilecido al punto de ser generales o banqueros, la vivacidad de los sentidos que se agolpan, como en una sinestesia, al contacto con la evocación de la primera persona amada.
Es esta una poesía de resonancias y de certezas en los usos del lenguaje: no hay trucos de embalsamador de palabras, de buhonero de voces y de giros gratuitos, lejos de ese artilugio tan en boga de insertar la imagen por la imagen.
Una muestra de lo anterior puede ser su bello poema “Muchacha”:
La reciente mujer descubre
su cuerpo
en la ilusión de los espejos.

Se desvanece
como piedra en el agua
su rostro de niña.

De sus dotes minimalistas, por algo es uno de los más certeros hacedores de cuentos breves, y de ello queda rastro en algunos de sus intensos poemas argumentales que a a cada tanto aparecen en “Mujeres”, Triunfo Arciniegas nos entrega notables muestras que nos recuerdan que el poema tiene tratos secretos con el milagro.
Solo me resta desear más por los lectores que por el propio Triunfo, que este libro tenga la divulgación que se merece.
Bogotá, 1 de mayo de 2012



martes, 27 de diciembre de 2011

Esteban Carlos Mejía / Elkin Restrepo y Triunfo Arciniegas

 Elkin Restrepo y Triunfo Arciniegas

Un poeta que narra

y un cuentista que poetiza

 
Por Esteban Carlos Mejía
Rabo de Paja
El Espectador, martes 27 de diciembre de 2011

¿In vino veritas, in aqua sanitas? Alzo la copa, brindo con mi amiga Isabel Barragán y le canto la tabla: “Eres una mujer bellísima, muy sexy además, pero tu vanidad es mortal pa'l pecho”.

Esteban Carlos MejíaSe antoja de natilla y buñuelos. “¿Vanidad?”, pregunta no sin desfallecimiento. Le cojo la mano y le leo la palma, arte aprendido hace años de mi tía Genia. Leo sus intrincadas líneas y veo lo que en otras escasea: hermosura, bienestar, longevidad, hasta un matrimonio feliz. “Parecés en un cuento de Elkin Restrepo”, dice y se pone a hablarme de La orfandad de Telémaco (Sílaba, Medellín, 2011), el más reciente libro de relatos del poeta antioqueño.
          “Son veintiocho fábulas realistas que rozan lo misterioso, lo anacrónico, lo incomprensible”, me explica. Una ciudadela en ruinas, repleta de extrañas pirámides. Una muchacha que lee a Paul Celan y, desengañada del hombre que ama, muere en soledad y miseria. Una urna funeraria en el solar de una casona en venta. Parejas desiguales en edad y sentimientos que se encuentran y desencuentran sin esperanza. Una adivina que trastoca las convicciones del narrador. “Creer es crear”, opino. Isabel sonríe. “Son historias elegantes, con finales abruptos e insospechados, de franca y deliciosa displicencia”, dice. “Al igual que los versos de Casemiro Rosa, el poeta brasileño de uno de los cuentos, la prosa de Elkin Restrepo es sencilla y llena de resonancias, como una charla entre viejos camaradas, con ‘significados inesperados, de tinte simbólico o sobrenatural’. Da gusto leerlo. Es un poeta que sabe narrar”.
             “¿Y eso se puede?”, digo. “Al revés también”, responde. “¿Narradores que poetizan?”. Dejo la natilla: los ojazos verdes de Isabel centellean en la tarde encapotada. Le pido un ejemplo. “La literatura de Triunfo Arciniegas hace honor a su nombre”, dice, mientras con la punta de los deditos palpa los buñuelos. “Por ejemplo, en Noticias de la niebla (Ediciones Pluma de Mompox, Cartagena de Indias, 2011), su escritura vence y convence sin ambigüedades. Es inquietante, sugestiva, espléndido arquetipo de la punta del iceberg de Papá Hemingway: lo que leemos es apenas la punta de un colosal iceberg que navega en las aguas de nuestra imaginación”. La oigo embelesado. “Son textos breves, entre poesía y prosa”, dice. “Equívocos, soberbios, inteligentes, trabajados con precisión y pulcritud estética”. Abre el bolso, saca el libro y me ofrece tres joyas. “Bolero según Gregorio Samsa / Ya sé que sólo soy un insecto en tu vida”. “Corrientes alternas / En coitos circuitos me electroputas”. “Fetichista / Adoraba hasta los pies de página”. “Son como trinos de Twitter”, digo. “Confunda pero no ofenda”, replica. Me lee Pasión azteca: “Al rodar por el lomo de piedra, aterrado e incrédulo, contemplo mi corazón en las manos del sacerdote”. Y agrega, triunfal: “Con Triunfo Arciniegas las palabras hablan por sí mismas”. De improviso me dan ganas de palparle el monte de Venus... el de la mano, mal pensados.