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sábado, 27 de marzo de 2021

Casa de citas / Adam Zagajewski / Los libros de bolsillo

Adam Zagajewski

 


Adam Zagajewski
LOS LIBROS DE BOLSILLO

A diferencia de los pasajeros del metro de París que llevan consigo voluminosas novelas, a mí me gustaban los tomitos pequeños y finos que cabían fácilmente en el bolsillo. No me agradaban en absoluto los libros al estilo de las obras completas, gruesos como las campesinas vestidas con zamarras en invierno, ni tampoco me atraían especialmente los elegantes volúmenes de la Pléaide, cuyo papel biblia parecía otorgar a los autores laicos la autoridad y el aura de los profetas Jeremías o Samuel. ¡A fe que no es posible ir de paseo cargando con los pesados tomos de unas obras completas…! Los libros deberían ser tan movedizos como los pensamientos. Por eso yo era un gran admirador del ingeniosos invento de los livres de poche o pocket books, es decir, los libros de bolsillo. A diferencia de las largas novelas, aquellos tomitos delgados no tendían puentes entre un día y otro, y casi no requerían el uso de un punto. (¿Quién escribirá por fin una tesis doctoral sobre los puntos de libro? Los pasajeros del metro tenían puntos más interesantes cuya vida acostumbraba a durar más que la del libro: una vez leída, la novela perdía su valor, mientras que el punto se trasladaba triunfalmente al tomo nuevo, como un órgano trasplantado a un organismo ajeno). Los libros delgados y estrechos son amigables. ¡Más que amigables! Despliegan ante el lector imágenes a menudo desconocidas e iluminan con la luz de la linterna parajes nuevos, pero no le proporcionan más que momentos sueltos, no son puentes, sino ligeras pasarelas tendidas por encima de los torrentes alpinos. Sin embargo, la gran novela de Marcel Proust ocupa un lugar de excepción, es una novela que desarrolla una narración bien planteada, capaz de satisfacer no solamente a los pasajeros del metro, sino incluso a los que viajan en el Transiberiano. Y cuando, tras haber recorrido miles de kilómetros, llegamos por fin al último tomo —a El tiempo recobrado y sus conclusiones—, resulta que el verdadero protagonista de la epopeya es el instante, el momento, el momento de la visión o de la memoria recuperada, un momento de clarividencia, felicidad o arrobo místico. ¡La enorme maquinaria de la novela está al servicio de la gloria del momento! los juiciosos adeptos de la literatura épica, los pasajeros de los medios de transporte urbanos e internacionales, los que leen a bordo de los aviones y en las salas de espera de los médicos, deben considerar que Proust es un traidor: entregó el arsenal de la narración a los enemigos de las novelas interminables, se posicionó a favor del instante, de la llamarada y del deslumbramiento que, por definición, no pueden durar mucho. Tantos volúmenes, tantas vidas, y al final ¿qué? Un himno que glorifica el instante… Los lectores de talante épico debían estar furiosos. Esperaban un alud de generaciones de sabor dulce y amargo; esperaban encontrar cunas de recién nacidos y malas estrellas que se cernieran sobre ellas; esperaban angustia y consuelo, y ¿qué recibieron? Un instante. Proust no fue el único en defraudar a sus lectores: no en vano lo que mejor recordamos de Guerra y Paz son los momentos extraordinarios en los que el príncipe Andréi contemplaba el cielo y las nubes en pleno fragor de la batalla, ausentándose de este modo de la contienda y de la historia, abandonando a los rusos y a los franceses… En mi caótica biblioteca privada, había una sección especial para los libros pequeños, para aquellos tomitos portátiles donde moraban los poemas, los aforismos, las observaciones, los ensayos breves y las notas de los dietarios. Por ejemplo, la edición en miniatura de las poesías de Gottfried Benn. Aquel hombre pícnico en cuyo temperamento se mezclaba la indolencia con erupciones de genialidad raras, aunque muy convincentes —fue un dermatólogo mediocre que perdió su empleo en el hospital por no ser lo bastante cumplidor, un lector nada sistemático de la Nationalbibliothek de Berlín y un asiduo de las cervecerías baratas—, me venía que ni pintado para hacerme compañía durante mis largos paseos. En Benn, no había narración alguna, sino liturgia del momento, una confesión de fe en la experimentación fugaz e intensa del mundo, explosiones violentas o suaves (suponiendo que existan las explosiones suaves…), como por ejemplo en el poema “Pequeño aster”. Una poesía perfecta para las calles y los bulevares de París, y además útil en otras ciudades, Cracovia incluida […].

Adam Zagajewski
Una leve exageración


viernes, 26 de marzo de 2021

Casa de citas / Adam Zagajewski / La dualidad del mundo

 

Adam Zagajewski

Adam Zagajewski
LA DUALIDAD DEL MUNDO

Descubrimos la dualidad del mundo, por una parte, la imaginación; por otra, la obstinada realidad de una mañana de noviembre cuando ya han caído las hojas de los árboles. Durante mucho tiempo, no sabía qué era más importante, lo que existe o lo que no existe, la gente que va al trabajo temprano por la mañana, los hombres soñolientos que leen los grandes titulares de los periódicos deportivos y siguen las derrotas y las victorias de sus clubes preferidos de fútbol y las mujeres que dormitan en el autobús; o antes bien las cosas escondidas, la música y la luna, las ciudades que ya no existen, los cuadros de los grandes maestros, actuales y antiguos, en los museos. Y necesité muchos años para entender que hay que tener en consideración ambas caras de este dualismo desigual, puesto que vivimos en una ambivalencia eterna, no podemos olvidarnos del sufrimiento de la gente y de los animales, del mal, que es mucho más tenaz y astuto que los sueños que perseguimos.
No podemos olvidarnos del mal, de la injusticia que continuamente cambia de forma, de las cosas que perecen, pero tampoco de la felicidad, de las experiencias extáticas que los gruesos manuales de teoría política o de sociología no han llegado a prever.

jueves, 25 de marzo de 2021

Casa de citas / Adam Zagajewski / La poesía

 

Adam Zagajewski

Adam Zagajewski
LA POESÍA
La poesía no está de moda. Las novelas policíacas, las biografías de los tiranos, las películas americanas y las series de televisión británicas están de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las relaciones están de moda, la sustancia no está de moda. Los pantalones entubados, los vestidos con estampados de flores, las perlas en la ropa, los jerséis rojos, los abrigos a cuadros, las botines plateados y los pantalones vaqueros con apliques están de moda.
Las bicicletas y los patinetes están de moda, los maratones y los medio maratones, la marcha nórdica; no está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión. La falta de movimiento es nociva para la salud, nos dicen los médicos. Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Casa de citas / Adam Zagajewski / Cracovia

Adam Zagajewski




Adam Zagajewski
CRACOVIA


Ahora vivo en Cracovia, y es una ciudad hermosa. Es el lugar en el que fui a la universidad. Llegué aquí cuando tenía dieciocho años. Me marché durante mucho tiempo y viví en París y en Estados Unidos. Pero ahora hace veinte años que volví. Debo decir que es mi casa. No es la casa de mi infancia, que estaba en Silesia. Tenía esa amargura del exilio, el niño estaba allí, vivía en aquel presente. Mis padres me decían: “No pienses que esta es tu casa. Estamos en el exilio”. Creo que este lugar es una casa, no una casa absoluta, porque tengo amigos que han nacido en Cracovia que recuerdan cosas que yo no puedo recordar, y siguen mirándome como un extraño porque llegué aquí cuando tenía dieciocho años y me dicen que no entiendo. Pero entiendo… Un día volvía a Lvov, amigos míos no entendían la ciudad, les dije que estuviesen atentos, que era un lugar increíble, que tenían que verlo… Es muy fácil llegar a una ciudad que no es tan bonita como París o no es tan rica como Londres, pero que tiene su propia belleza oculta. Intenté convencerles. “Mirad, el mundo está aquí. Este es el centro del mundo. Al menos ahora, para este momento”.

Adam Zagajewski: “El mundo hoy no es trágico sino dramático, porque está todo abierto”







martes, 23 de marzo de 2021

Poemas como heridas / Adam Zagajewski / Un poema chino

 


Adam Zagajewski

U N P O E M A C H I N O

Leo un poema chino

escrito hace mil años.

El autor habla de la lluvia

que cae toda la noche

sobre el techo de bambú de la barca,

y de la paz que finalmente

anidó en su corazón.

¿Será casualidad que vuelva a ser

noviembre, haya niebla

y una puesta de sol plomiza?

¿Será por azar

que otra vez alguien viva?

Los poetas dan mucha importancia

a los éxitos y a los premios,

pero otoño tras otoño los árboles

orgullosos van deshojándose

y si algo queda es el murmullo

delicado de la lluvia

en los poemas que no son

ni alegres ni tristes.

Tan sólo la pureza es invisible

y el atardecer, cuando luz y sombra

se olvidan de nosotros un momento,

ocupados en barajar secretos.