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domingo, 27 de julio de 2025

Casa de citas / Hermann Hesse / El lobo estepario

  


Hermann Hesse
EL LOBO ESTEPARIO

Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco.

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En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino.

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Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condena.

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Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas.

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El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres.

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Estaba yo solo en casa; mi tía había salido y llamaron a la puerta, y cuando abrí me hallé ante una señora joven y muy guapa, y al preguntarme ella por el señor Haller, la reconocí: era la de la fotografía de su cuarto. Le mostré la puerta y me retiré; ella permaneció arriba un rato, pero pronto los oí bajar la escalera los dos juntos y salir animados y muy contentos conversando de buen humor. Me extrañó mucho que el anacoreta tuviese una querida, y tan joven, guapa y elegante, y todas mis suposiciones sobre él y su vida se me volvieron otra vez confusas. Pero antes de una hora tornó él a casa, solo, con su paso pesado y triste, subió penosamente la escalera y estuvo largas horas en su gabinete, paseando despacio de un lado a otro, exactamente lo mismo que un lobo en su jaula; toda la noche, casi hasta por la mañana, hubo luz en su cuarto.

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Usted ha hecho de su vida una horrorosa historia clínica, de su talento una desgracia.

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Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal.

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Nunca estuve verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida, nunca hizo nada bueno en las horas antes de mediodía, nunca tuvo buenas ocurrencias ni pudo proporcionarse a sí mismo ni a los demás alegrías en esas horas. Sólo en el transcurso de la tarde se iba entonando y animando, y únicamente hacia la noche se mostraba, en sus buenos días, fecundo, activo y a veces fogoso y alegre.

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Muchas veces ha estado usted muy cansado de la vida; usted se afanaba por salir de aquí, ¿no es verdad? Anhelaba abandonar este tiempo, este mundo, esta realidad, y entrar en otra realidad más adecuada a usted, en un mundo sin tiempo.

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Es verdad; la vida es siempre terrible. Nosotros no tenemos la culpa y somos responsables, sin embargo. Se nace y ya es uno culpable.

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En lo eterno no hay futuro, no hay más que presente.

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Por los cristales bostezaba ya la mañana.

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Jamás ha tenido más prisa un pecador por llegar al infierno.

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Pero si para divertirte necesitas el permiso de los demás, entonces eres verdaderamente un pobre diablo

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Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres.

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Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros.

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Una vida fácil, un fácil amor, una muerte fácil, no eran cosas para mí.

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Me puse, pues, furioso y triste, y vi que estaba solo y que nadie me entendía.

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Ahora ya esto había pasado, este cáliz había sido apurado, y ya no me lo volverían a llenar. ¿Habría que lamentarlo? No. No había que lamentar nada de lo pasado. Era de lamentar lo de ahora, lo de hoy, todas estas horas y días que yo iba perdiendo, que yo en mi soledad iba sufriendo, que ya no traían ni dones agradables ni conmociones profundas.

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El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino.

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Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo.

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Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco.

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¿Habría podido ser siempre una quimera y sólo una quimera eso por lo que tanto nos afanamos nosotros los locos?