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jueves, 30 de abril de 2020

Casa de citas / Per Olov Enquist / Algún día




Per Olov Enquist
ALGÚN DÍA

Algún día, solía pensar Gundberg, llegará la época del control, la época en que se conquiste el control. Y entonces no será menester adoptar sonrisas. Sobrevendrá el tiempo de cortar, de la pureza, y las ramas secas del árbol se podarán. La maldad será por fin castrada. Y llegará el momento de la pureza.
Y la época de las mujeres indecentes llegará a su fin. 
Sin embargo, no sabía qué hacer con las mujeres lascivas. Ellas no podían ser podadas. Las malas mujeres quizá se desplomarían y se descompondrían, convirtiéndose en podredumbre, como una seta en otoño. 
Le gustaba mucho esa imagen. Las mujeres lascivas desplomándose y pudriéndose como una seta en otoño.

Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 26

miércoles, 29 de abril de 2020

Casa de citas / Per Olov Enquist / Margrethe



Per Olov Enquist
MARGRETHE

De todos los gobernantes de Dinamarca, pintados tan a menudo a caballo, Johan Friedrich Struensee fue seguramente el jinete más diestro y el que más amaba a estos animales. Cuando era conducido hacia el patíbulo en Ostre Faelled, el general Eichstedt, quizá como expresión de desprecio o de una sutil crueldad hacia el condenado, llegó a lomos de Margrethe, el caballo ruano de Struensee, al que él mismo había dado ese nombre tan poco común para un caballo. Pero si su intención era causarle más dolor aún al condenado, falló; a Struensee se le iluminó la cara, se detuvo, levantó la mano como queriendo acariciarle el hocico y una débil, casi feliz sonrisa, se le dibujó en el rostro, como si creyera que el caballo había venido a despedirse de él. 

Quiso acariciar al caballo, pero no pudo alcanzarlo. 



Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 14

Casa de citas / Per Olov Enquist / La marca



Per Olov Enquist
LA MARCA

Estuve siempre convencida de que eras tú. Desde la primera vez que te vi y te tuve miedo, pensé en ti como un enemigo al que había que destrozar. Pero se trataba de una señal. Una señal en tu cuerpo. Que me quemó con fuego, como se marca un animal con el hierro. Lo sabía.


Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 203


Casa de citas / Per Olov Enquist / El cuerpo de la reina


Per Olov Enquist
EL CUERPO DE LA REINA



Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 139


Casa de citas / Per Olov Enquist / Vaca de cría


“Busto de una dama, según Lucas Cranach el Joven II”
Cannes, 4 de julio de 1958
Pablo Picasso

Per Olov Enquist
LA MARCA

Al ser informada sobre sus esponsales, Caroline Mathilde se sintió atemorizada.
El hecho de que fuera hermana del rey de Inglaterra le pareció su única razón de ser, por eso adoptó el lema: O, Keep me innocent, make others great.
Así que pasaba la mayor parte del tiempo llorando. Era algo, o sea, hermana, aparte de eso, nada más. No existió hasta la edad de quince años. Después, no permitiría que nadie recibiera ningún tipo de información sobre aquellos momentos, a excepción de que el anuncio oficial de su compromiso matrimonial con el joven rey danés le había supuesto un enorme golpe. Se había criado en un monasterio. Era necesario, había decidido su madre, pues la vida licenciosa de la Corte no resultaba apropiada para ella, la elegida. Ella no supo, sin embargo, si había sido elegida para algo más grande o más pequeño.
Solo le había quedado claro que debía hacer de vaca de cría. Ella proveería a aquel pequeño y extraño país, Dinamarca, de un rey. Por eso tenía que se apareada. En la Corte inglesa averiguaron la identidad del toro danés y luego se lo comunicaron. Supo que el toro que la iba a cubrir era un chico menudo y delgado; había visto un retrato suyo. Parecía agradable. No como un toro. El problema residía, le dijeron, en que él, con toda seguridad, estaba loco.
Si no fuera el soberano absoluto elegido por Dios, estaría encerrado.
Todo el mundo sabía que los príncipes daneses estaban locos; ella había visto a David Garrick en el papel de Hamlet, en el teatro Drury Lane. Pero el que tuviera que ser precisamente ella la afectada, la hizo caer en la desesperación.

Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 57