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jueves, 29 de agosto de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Lord Hamilton


Edgardo Cozarinsy
LORD HAMILTON

Lord Hamilton, personaje brutal y distraído, mató de un golpe involuntario al chico que le servía en una posada. Iba a retirarse a sus habitaciones cuando el posadero, alarmado, lo detuvo: “Disculpe, Milord, pero ha matado usted a un sirviente…”. Entre dos bostezos, antes de proseguir su camino, el noble masculló: “¡Póngalo en la cuenta!”.

Fuente: Chamfort, Charactères et anecdotes. En Oeuvres Principales, París, Pauvert, 1960, según la edición original de 1795.


Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.99



miércoles, 28 de agosto de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Come in


Edgardo Cozarinsky
COME IN

París, años 30. Joyce le dicta a Beckett su work in progress, que será Finnegan’s Wake. En algún momento llaman a la puerta, Beckett no lo oye y Joyce dice: “Come in”. Al final de la jornada de trabajo, el secretario lee en voz alta el dictado del día. Al llegar al “come in”, Joyce se sobresalta: “¿Y eso?” “Usted lo dijo.” Tras un momento de reflexión, el autor decide: “Dejémoslo…”.


Fuente: Richard Ellman, James Joyce, Londres, 1959.

Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.75



martes, 27 de agosto de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Marguerite Duras

Marguerite Duras

Edgardo Cozarinsky
MARGUERITE DURAS

El cineasta poco conocido se acerca a la intimidante Marguerite Duras en un festival de cine de autor. Le explica que admira su novela Un barrage contre le Pacifique y ha visto la adaptación que en 1957 produjo Dino de Laurentiis para Columbia. Le pregunta si cree que los derechos siguen en poder de la compañía norteamericana, o si existe la posibilidad de imaginar una nueva versión. Las arrugas del inescrutable rostro oriental se conmueven brevemente. “Escúcheme: consiga un productor serio, es decir, un productor capaz de pagarme un adelanto interesante, y yo le reescribo la novela. Creo que tenía unas cuatrocientas páginas; ‘Duras nouvelle manière’ dará unas ochenta. Para mí será un libro más y para usted, derechos libres por comprar.”

Fuente: E. C., Rotterdam, 1981.

Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.138


lunes, 26 de agosto de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / María Luisa Bombal

María Luisa Bombal

Edgardo Cozarinsky
MARÍA LUISA BOMBAL

María Luisa Bombal vivió en la Argentina buena parte de los años 30. Había abandonado Chile después de pegarse un tiro en el pecho, enferma ante la indiferencia de su amante; ese arrebato le dejó en el hombro izquierdo una herida que fascinaba a los porteños cuando la lucía, escotada, en el Baile de los Artistas. En Buenos Aires fue admirada por Borges, por Girondo, por Neruda (“¡es una abeja de fuego!”); también publicó las dos nouvelles que le dieron fama: La última niebla y La amortajada. A principios de la década siguiente, regresó a Chile para disparar (En Santiago, en plena calle Agustinas) contra aquel amante que no había podido olvidar. Tras el proceso y un periodo breve de detención en un convento, su prestigio y posición social la despacharon a los Estados Unidos, donde la recuerdan paseando por la Quinta Avenida de Nueva York “disfrazada de cara” (con ojos, nariz y boca pintados fuera del lugar que ocupaban su rostro).
Se cuenta que una tarde de aquellos años 30 descendió las escaleras de Villa Ocampo sin prestar atención al grupo que en la planta baja rodeaba a la anfitriona, y lanzó esta súplica: “ Victoria, présteme usted su máquina de escribir, que tengo que poner un anónimo, y la mía la conoce ya todo Santiago”.


Fuente: oral, recogida por Enrique Pezzoni, Buenos Aires, 1973.

Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.96



domingo, 25 de agosto de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / El chisme



Edgardo Cozarinsky
EL CHISME

El chisme es, ante todo, relato trasmitido. Se cuenta algo de alguien, y ese relato se transmite porque es excepcional el alguien o el algo: puede concebirse que se cuente una trivialidad de un alguien prestigioso, o un algo insólito de un sujeto oscuro; difícilmente, una trivialidad de un desconocido, y no es frecuente que coincidan personaje y proeza.


Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.22



miércoles, 3 de julio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / La hija de Luis XV


Edgardo Cozarinsky
LA HIJA DE LUIS XV

La hijita de Luis XV jugaba con una sirvienta. De pronto le tomó una mano y la observó, incrédula. “¿Cómo? ¿Tienes cinco dedos, igual que yo?”


Fuente: Chamfort, Charactères et anecdotes, París, 1795.

Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.62



martes, 2 de julio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / El astronauta

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Jeremy Geddes
Edgardo Cozarinsky
EL ASTRONAUTA

Aburrido mientras se desplazaba en órbita dentro de la estación espacial Mir, el astronauta Vasili Tsibliyev llamó por teléfono a una vidente de Moscú para que leyera su horóscopo. “Está por entrar en un período desconocido y extraño”, le anunció ésta. Minutos más tarde, una nave de abastecimiento chocó con la estación espacial y la destruyó.


Fuente: Andrew Meier, Black Earth: A Journey through Russia After the Fall, Londres, 2003.

Edgardo Cozarinsky
Museo del chisme
Emecé Editores, Buenos Aires, 2005, p.138




lunes, 1 de julio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / París

Edgardo Cozarinsky
Edgardo Cozarinsky
PARÍS

Yo nunca pensé en quedarme a vivir en París. Me fui de acá en el año 74, durante los últimos meses de vida de Perón, con Isabel y López Rega en el poder y la triple A operando a mansalva. Nunca fui militante, nunca tuve las convicciones absolutas como para serlo, menos aun fui sensible al dudoso romanticismo de las armas, ni tuve fe en su capacidad redentora. Pero surgió la posibilidad de irme a trabajar por tres meses a Alemania y me fui pensando en tomarme un respiro de ese ambiente fétido que se estaba respirando en Buenos Aires. Después conseguí algunos trabajos ocasionales en París y me fui quedando. Las noticias que llegaban de Buenos Aires eran cada vez peores. Esto parecería casi una ironía fácil, pero me enteré de la muerte de Perón en el casino de Baden Baden. Estaba trabajando en la televisión del lugar y quise conocer cómo era ese casino famoso donde siete días por año se juega con fichas de oro. Estaba tomándome una cerveza en el bar, donde colgaba un televisor en blanco y negro, y ahí apareció un presentador y dijo "general Perón ist tot". 




domingo, 30 de junio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Blues


Edgardo Cozarinsky
Blues

(fragmento)


Fue precisamente en 1992 (...) que decidí visitar Salónica. (...) En el primer piso de la librería Molho pasé largas tardes gozando de la hospitalidad de sus dueños, estudiando libros y documentos sobre el pasado sefaradí de la ciudad. Con ellos no necesité hablar en mi francés adoptado no en mi inglés de lector; hablé en mi español de argentino y ellos me hablaban en su castellano de sefaradíes. Curioso, pensé, que yo, bisnieto de askenazis instalados en el campo argentino a finales del siglo XIX, lo que se dio en llamar los "gauchos judíos", nieto de una generación de "integrados", hijo de ateos ajenos a toda tradición siquiera gastronómica, circunciso para complacer a una abuela casi senil; yo, que nunca hice ese bar mitzvah que me interesaba tan poco como a mis padres, empezara a sentirme judío cuando entendí que mi idioma me vinculaba con una tradición que había desconocido. 

Creo que fue en ese momento cuando entendí que diáspora no hay una sola. Que mi pequeña experiencia, casi indolora, de una diáspora argentina, en mi caso cultural más que política, me hizo sensible a la de un pueblo que había vivido otra diáspora, impuesta cinco siglos atrás por un estado triunfante, y que a través de esa sensibilidad recién adquirida empecé a entender la diáspora que yo había heredado, la de Europa del Este, que hasta ese momento me había dejado más bien indiferente. Empecé a leer a Joseph Roth, que muy pronto se convertiría en el fantasma asiduo de mis propios cuentos y novelas... Roth, que se sabía súbdito del Imperio Austro-Húngaro sin por ello dejar de reivindicar su condición de judío, así como yo me siento ante todo argentino... 

¿Por qué aquella indiferencia? Creo que, en primer lugar, porque en mi casa se hablaba solamente castellano. Cuando en una de mis visitas a la Argentina a partir de 1985 intenté averiguar cuándo se había perdido el ruso y el idish entre mis antepasados sólo hallé el recuerdo de una tía ya anciana: le parecía que cuando visitaba de niña la chacra de la provincia de Entre Ríos donde se habían establecido mis antepasados había oído a algunos paisanos hablar en una lengua que no comprendía... 

Sí, el castellano, mi idioma, acaso sea el lazo mayor que tengo con una tradición judía.




sábado, 29 de junio de 2013

Casa de citas / Edgardo Cozarinsky / Dinero para fantasmas


Dinero para fantasmas


Edgardo Cozarinsky
DINERO PARA FANTASMAS

Edgardo Cozarinsky ha construido buena parte de su historia vital en la diáspora, aunque en las últimas dos décadas vive a caballo entre París y Buenos Aires. De su producción literaria, rica en ensayo, relato y novela, destaca Lejos de dónde, que indaga con brillantez en la ocultación de identidades de criminales nazis. Escritor y cineasta acucioso, detallista y amante del rigor científico en la construcción de historias, Cozarinsky cuenta en Dinero para fantasmas (tercera novela que publica en Tusquets) la historia de amor de dos personajes que, partiendo del Buenos Aires marginal, viven peripecias novelescas en el otro extremo del mundo; una historia que hace brotar de nuevo la imaginación de un viejo escritor, Andrés Oribe, posiblemente un trasunto del propio autor. Las historias que se cruzan en la novela actúan de interruptores luminosos: van abriéndose una tras otra por la vía del contacto, ya sea tangencial o directo. Las pasiones son las encargadas de alimentar el caudal narrativo: a veces vividas, a veces imaginadas.


Zona de Obras
16 de junio de 2013