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viernes, 10 de diciembre de 2021

Casa de citas / Miguel Herráez / Cortázar y Cristina Peri Rossi

 

Cristina Peri Rossi y Julio Cortázar


Miguel Herráez
CORTÁZAR Y CRISTINA PERI ROSSI

Una vez más el año 1976 se fue cerrando con un viaje (Kenia), tras un período igualmente viajero (Costa Rica, Cuba, Jamaica, Guadalupe, Trinidad, Venezuela, México, Alemania…), y todo ello marcado con la presencia de Cortázar en foros internacionales de contenido más político que literario. De otro lado, su relación amorosa con Karvelis, en la que se mantuvo entre ambos siempre una sólida autonomía, había entrado en una fase de acomodación, pero ya sin el brío de años atrás y sin la inicial confabulación, posiblemente a causa de la excesiva dependencia que Karvelis manifestaba en esos años por el alcohol, motivo de marcadas tensiones entre ambos, o por el alejamiento cada vez más obvio también entre los dos. Por este tiempo, Cortázar se encontraba falto de afecto y lo buscaba allá donde se le brindaba. Por esta época, por ejemplo, mantuvo sus vínculos amorosos con la fotógrafa holandesa Manja Offerhaus, en uno de cuyos libros fotográficos de ella, Alto el Perú, colaborará el escritor con un fragmentario texto.
    El carácter de Karvelis encima era más bien fuerte, lo que avivaba esos desencuentros. La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, amiga de Cortázar, sostiene las siguientes palabras, en referencia a Karvelis: «Julio quiso que yo la conociera, aunque me advirtió: “Ugné es muy celosa. Te va a odiar. Olvídate de publicar en Francia: lo va a impedir”. La velada en la que nos conocimos fue bastante penosa. Julio me había invitado a ver, en París, la representación de una de nuestras óperas favoritas, Turandot, realizada por una famosa compañía teatral de enanos y enanas (salvo la protagonista, de estatura normal). Apareció acompañado de Ugné Karvelis. La incomodidad de ambos era evidente, y pensé que Julio había tenido que ceder para evitar un conflicto. Intenté tranquilizar a Ugné, pero me di cuenta de que el problema venía de lejos y que yo era, en ese momento, solo una de las manifestaciones. No hablaron una sola palabra entre ellos, ni antes, ni después de la función, ni tampoco en la cafetería adonde fuimos luego. Hacía mucho frío esa noche, en París, y los miembros de la compañía también buscaron refugio en la cafetería, lo cual animó un poco a Julio —y a mí, todo sea dicho—, porque la tensión que había entre ellos no era nada saludable. Como casi todos los depresivos, me hice la pregunta que no tenía que hacerme: ¿qué le he hecho yo a esta mujer para que me odie? La pregunta correcta debió ser: ¿qué le ocurre a esta mujer para que me odie?».

    La misma Cristina Peri Rossi confiesa que, en cierta ocasión, cuando tuvo que exiliarse en París, le pidió auxilio a Karvelis y esta se lo negó. «Julio estaba en Brasil, visitando a su madre de incógnito [ya hemos hecho referencia a dicho viaje de Cortázar a Sao Paulo en 1975], la llamé para que me ayudara; yo era una compañera política indocumentada, perseguida por la Policía de Extranjería de tres países. La llamé por teléfono, tal como me había indicado Julio, desde Brasil, pero Ugné fue cortante: “Si tenés problemas, arreglate sola”, me dijo, y dio por finalizada la conversación.» En este mismo sentido, diversas fuentes consultadas, coinciden en afirmar a Karvelis como una persona de temperamento difícil y enérgico. El propio escritor dejó constancia de este parecer en numerosas cartas a amigos.

Miguel Herráez
Julio Cortázar / Una biografía revisada


jueves, 18 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / El Premio Cervantes

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
EL PREMIO CERVANTES

1

Los premios son una lotería, te toca o no. A Cortázar no le dieron ninguno importante, solo uno en Francia, pero no tiene el Cervantes. Yo estoy encantada y felicísima, es un premio al que tú no te presentas. Tengo la doble nacionalidad, uruguaya y española, y siento que se lo están dando a ambas, a los dos continentes. No he tenido que escoger nunca entre un lugar y el otro. Yo me siento yo.


Cristina Peri Rossi / "Quien quiera dinero, que se vaya a los grandes grupos"



2

Quizá haya sido un acto de justicia, uno de los pocos que he tenido que conocer en una vida muy dura en la que he estado en riesgo tantas veces.






Casa de citas / Cristina Peri Rossi / El exilio

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
EL EXILIO

1

Siempre lo digo, es casi un milagro que esté aquí, no me quería exiliar. Dejé pasar todos los avisos y advertencias: secuestraron a mi mejor alumna, que estaba refugiada en mi casa. Todo se lo debo a una amiga que me metió somnífero en el té y a la mañana siguiente desperté drogada en un barco”.


Cristina Peri Rossi / De perder la guerra en Uruguay a la defensa de la autenticidad sexual



2

El barco tenía como destino Génova, pero mi billete terminaba en Barcelona, de modo que llegué al puerto catalán una clara mañana de octubre de 1972, con diez dólares en el bolsillo y un dolor horrible en todas las vísceras del cuerpo y en las “telas del corazón”, como se dice en el libro fundacional de la literatura española, el Poema del Cid, la historia de otro desterrado. El exilio ha sido la experiencia más dolorosa de mi vida y también la más enriquecedora. Con el dolor podemos hacer dos cosas: convertirlo en odio, en rencor, o elaborarlo, sublimarlo y convertirlo en crecimiento, poesía, literatura, fraternidad, solidaridad con las víctimas. Este fue mi camino.


3

Desde el punto de vista de la escritura, el exilio es temido como una posibilidad de castración, de esterilidad. Se han perdido los referentes, se ha perdido la identidad, se ha perdido la relación con los lectores habituales, se han perdido los espejos que sirven para identificarnos o para diferenciarnos y se ha perdido la lengua, aunque al tratarse de España, esta pérdida fuera muchísimo menor. Yo comencé con un acto de reafirmación: publiqué, en editorial Lumen, Los museos abandonados, mi segundo libro. No era el último que había publicado en Uruguay, pero sí el único que podía pasar la censura franquista, por tratarse de una alegoría. Fue como poner los pies en esta otra tierra, la del exilio. Como plantar un árbol en Barcelona. A partir de ahí, podía crecer, cuando había reestablecido, de manera simbólica, mis lazos con mi vida anterior, con mi pasado. Enseguida publiqué Descripción de un naufragio, otra alegoría, ésta en verso. Había traído el original en la maleta. Es la relación lírica de un fracaso. El fracaso de un proyecto histórico, enlazado al fracaso de un amor. Historia colectiva e individual al mismo tiempo. Creo que es uno de mis libros más importantes, donde el placer y el dolor se mezclan en un mito eternamente renovado. Entre mis cinco libros publicados en Uruguay y los casi veinte escritos y editados en España yo observo una continuidad, una reflexión en permanente desarrollo, compleja, ambivalente y contrapuntística.


Poemas como heridas / Cristina Peri Rossi / Oración

 

Cristina Peri Rossi
Oración


Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores.


Cristina Peri Rossi
Inmovilidad de los barcos, 1997



Prayer

By Cristina Peri Rossi


Deliver us, Lord,

from meeting

years later,

with our great loves.




miércoles, 17 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / La literatura

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
LA LITERATURA

La literatura forma parte de la realidad, y está en relación dialéctica con el resto de las partes. Influye sobre los individuos y la sociedad, del mismo modo que otras manifestaciones de la vida: la lectura de periódicos, el cine o la televisión. Pero esa influencia es incuantificable y también incalificable: nadie puede medirla y no existen criterios objetivos para comprobarla. Pero estoy segura de que es una influencia insustituible, no reemplazable por otra. Leer es una forma de conocer y de relacionarse, de participar en esta complejidad que es la vida, misteriosa aún, y cuyo drama central -la muerte- ignoramos todavía. Hay una cita de Jean Cocteau que me parece de lo más sugestiva: "La poesía es imprescindible, aunque me gustaría saber para qué"... Creo que el escritor tiene, como dijo Adamov, la obligación de describir el horror del tiempo en que le tocó vivir, pero este deber moral no implica una estética ni una forma determinadas. El "horror" en su acepción más amplia: la injusticia, pero también la fugacidad, los prejuicios, la insolidaridad tanto como el abandono o el fin del amor. La literatura no hace más feliz a nadie salvo a los vanidosos, y la vanidad es una forma de la estupidez. La felicidad es el conocimiento y en este sentido -solamente- puede hacernos más felices. Como nos hace más felices un descubrimiento científico: la cura del tifus o de la tuberculosis. La literatura nos "cura" de la soledad, de la desintegración, de los paraísos perdidos, pero no por ser gratificante en un sentido banal, sino por desalienante.


Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Tabarca

Cristina Peri Rossi


Cristina Peri Rossi
TABARCA

Hace pocos días estuve en una pequeña isla, frente a Alicante, llamada Tabarca. Fui a un Congreso de Literatura Hispanoamericana. En Tabarca viven, de manera estable, cuatro o cinco familias, es decir, unas veinte personas. En sus casas hay televisión; sin embargo, no llegan los periódicos. Ninguno de los habitantes se acercó a escuchar las conferencias, ni solicitó ninguno de los libros de los autores representados. Una noche, mientras esperaba el sueño, en medio del magnífico silencio de la isla, me puse a pensar cómo sería una vida sin periódicos, sin libros. (Tampoco hay escuela en el pueblo.) Conocer el mundo sólo a través de la televisión me pareció paranoico: uno puede llegar a pensar que está compuesto por asesinos y policías peligrosos, más varios equipos de fútbol, algunas misses y media docena de políticos retóricos. Pero después pensé que mucho peor sería vivir en una isla sin periódicos, ni libros, ni siquiera televisión. Creo que, en el futuro, la televisión se ocupará fundamentalmente de los “grandes relatos”. En el fondo, es un invento decimonónico. Se limita a contar. Cuenta partidos de fútbol, como cuenta debates parlamentarios o crónicas policiales. Todo lo que es interpretación, símbolo, emociones, sentimientos es y será del ámbito de lo literario. No hay manera de llevar a la pantalla un poema de Baudelaire ni una rima de Bécquer. Tampoco un ensayo de Roland Barthes. En cuanto a Internet y las autopistas de la información, no introducen nada nuevo, nada que no existiera antes. Son más veloces, pero perder el tiempo ha sido y será siempre una forma de soñar. Y el arte sale del sueño, no de la realidad. Una dosis demasiado fuerte de realidad (de información) puede ser tan indigesta como ninguna.


Cristina Peri Rossi / Las palabras como fetiches





martes, 16 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Una mujer fiel

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
UNA MUJER FIEL

Lo digo con toda sinceridad: siempre busco pareja y cuando la tengo soy completamente fiel. He tenido relaciones y algunas muy largas. Una de las cosas que detesto en la vida es la mentira. Si en el orden político reclamamos la vedad, con los desaparecidos por ejemplo, no podemos tener una actitud tan contradictorio de no hacerlo igualmente en la vida. He sido fiel, a veces a mi pesar y con gran sacrificio.


Cristina Peri Rossi / De perder la guerra en Uruguay a la defensa de la autenticidad sexual



Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Escribo contra la fugacidad

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
ESCRIBO CONTRA LA FUGACIDAD

Escribo contra la fugacidad y la muerte de todas las cosas, del instante efímero, igual que el hombre primitivo pintó el bisonte en la pared de su cueva seguramente en la época en que los bisontes habían emigrado. Escribo porque las cosas están en permanente trance de desaparecer, es decir: no están. Quiero decir: porque no tenemos ni poseemos más que transitoriamente. Yo tengo la obsesión de fijar, la voluntad y el deseo de que las palabras sean una forma de permanencia. A la vez, supongo que no escribo para nadie determinado, aunque saber que tal o cual cuento o poema provocará una sonrisa cómplice e inteligente en una mujer sensible y lúcida, es siempre un estímulo. Más allá de esa mujer en particular, que toma café conmigo o me lee un fragmento de Borges en voz alta, y que por supuesto no es siempre la misma (a veces no le gusta Borges y bebe vodka, en lugar de café) no alcanzo a imaginar otra cosa. Uno puede saber que hay cinco lectores que viven en tal o cual calle, pero no puede imaginar a dos mil o a veinte mil. Por ejemplo, mis cuentos de "La tarde del dinosaurio" se editaron en diez mil ejemplares en Polonia, pero eso me deja fría: no conozco a ningún polaco, nunca estuve en Varsovia. De modo que es una abstracción. Y es que esto es como las catástrofes: uno puede representarse la muerte de cuatro o cinco personas, pero si son mil es lo mismo que si fueran tres. No me interesa el sexo, la nacionalidad o la época de mis lectores, sino ese espacio de complicidad que crea la página, para la cual también es indiferente que yo sea rubia, delgada, joven o vieja.

 

Cristina Peri Rossi / La literatura no hace más feliz a nadie




Casa de citas / Cristina Peri Rossi / El libro

 

Cristina Peri Rossi


Cristina Peri Rossi
EL LIBRO

El proceso siempre es el mismo y ya me lo conozco. Cuando sale el libro existe un sentimiento de pérdida. El libro ha dejado de ser mío y es de cada lector. Antes, tuvo la intimidad de lo inédito que es como un goce masturbatorio. Luego vas despojándote de él y si sentís que está siendo bien leído, ese sentimiento de pérdida se pasa. Casi nadie lee el libro exacto que tú escribiste, pero si está bien leído te vienen las ganas de hacer otro inmediatamente y si lo volvés a leer, cosa que yo hago, decís 'es el libro que quise escribir'.

Cristina Peri Rossi / «'Habitaciones privadas' es un libro antisistema»




lunes, 15 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Devorar



Pasión
Yaroslav Kurbanov



Cristina Peri Rossi
DEVORAR

¿Qué es una mujer embarazada? Una mujer que tiene a alguien adentro, ya se lo devoró. Yo siempre me acuerdo de una anécdota maravillosa de la psicoanalista Joyce McDougall, que relata las fantasías que se hacen los niños acerca de las madres embarazadas. Cuenta que le dijo a su hijo de cinco años que pronto iba a nacer su hermanito, que ella lo tenía en la panza; espontáneamente, el niño le preguntó: ¿cuándo te lo tragaste? El niño, a su vez, le cuenta a un amigo: mi mamá tiene adentro a mi hermanito, y el otro le contesta: “¿por qué no abre la boca para que lo mires?” En el imaginario y en la literatura más antigua, en la Ilíada, se dice devorar tanto al enemigo como al amante para incorporarlos. Ese es el sueño que alienta la relación pasional. Y a mí, como experiencia, me fascina. Muchas mujeres viven la maternidad como única relación de fusión de su vida, y expresan que allí está la plenitud. En la fusión no hay castración, es la fantasía o la realidad de fundirse con el ser amado. En las relaciones que no son pasionales hay una asunción de la castración; soy incompleta, el otro o la otra también lo es. Somos dos entidades que se ponen en juego, pero donde no hay ninguna fantasía de que juntos, pegados, se trascienda los límites del yo.


Cristina Peri Rossi / Las palabras como fetiches




Casa de citas / Cristina Peri Rossi / La pasión y otras hierbas

 




Cristina Peri Rossi
LA PASIÓN Y OTRAS HIERBAS

1

El amor es una droga dura: título de una de mis novelas. Desde el punto de vista biológico, el amor pasión es un cóctel de endorfinas que imprime al cerebro    un altísimo voltaje. Lo que habría que descubrir es si algunas personas necesitamos ese cóctel con más frecuencia que otras, porque, de lo contrario, nos deprimimos. Sería, entonces, un sistema de defensa contra la depresión. Quizás quienes pueden vivir sin el amor-pasión tienen la suficiente serotonina como para no necesitarlo. Cuando los discípulos le preguntaron a Freud qué era el amor, contestó: “Preguntadle a los poetas”. En el estado de excitación cerebral de la pasión las imágenes, los símbolos, los colores, las formas, los sentidos adquieren una intensidad única. Los biólogos afirman que ese estado de sobreproducción de endorfinas no puede durar más que tres años, a lo sumo cinco, cuando la pareja no vive bajo el mismo techo; le sucede la producción de feromonas, que son las drogas de la serenidad y de la felicidad, dos sensaciones de menor voltaje, a veces, casi imperceptibles. Pero los adictos a las emociones fuertes (adictos a las endorfinas) suelen experimentar, entonces, una especie de desilusión, un bajón equivalente al síndrome de abstinencia de cocaína. Este es el substrato químico del régimen literario del enamoramiento romántico. Ahora los biólogos dicen incluso que no puede durar ni siquiera tres años, pero yo creo que hay un componente ideológico muy importante en esta restricción de lo pasional: una sociedad muy productiva no puede permitirse este derroche hormonal; al fin y al cabo, el amor pasión sólo produce sentimientos y emociones, difíciles de controlar y sin cotización en el mercado. Cuando publiqué El amor es una droga dura, muchos críticos se inquietaron: la propuesta de un amor romántico, exaltado, en régimen de vida o muerte, les pareció muy peligrosa. Sin embargo, la sociedad de consumo está dispuesta a vivir estresada por el trabajo, por la Bolsa, por la inseguridad ciudadana, por las hipotecas. La pasión romántica provoca estrés, pero la falta de pasión produce aburrimiento. La pasión no persigue la felicidad; es un fin en sí misma. La felicidad es un sentimiento mucho más débil.

2

Para mí la escritura forma parte de la pasión; escribo en estado libidinal hasta los artículos periodísticos. No distingo entre la energía amorosa y la artística; nacen del mismo lugar. Escritura, amor y juego para mí son la misma cosa; en todo caso, lo importante es la concentración, la intensidad que tienen las tres. Actividades llevadas al límite. Estoy de acuerdo con Antonio Machado, que dijo: la inteligencia no escribe buenos versos. Pero cuando tengo que elegir, y eso, por suerte, no ocurre muchas veces, elijo la pasión amorosa. Sé que será un enorme estímulo para escribir, por lo tanto, no pierdo nada. Y si perdiera algo, no me importaría. Si me ofrecieran el Premio Nobel o una noche más de amor, elegiría una noche más, pero quizás es porque ya no soy tan joven, y como Fausto, anhelo la oportunidad de decir: “Detente, instante, eres tan bello”.


3

Yo creo que la gente se hace adicta al trabajo porque no está enamorada, o porque le teme al desorden amoroso; es la tesis de Solitario de amor. El amor romántico necesita ocio, tiempo, dedicación. Si trabajamos doce horas al día, más los desplazamientos, sólo en la etapa de producción intensa de endorfinas podemos enamorarnos. Se forma un círculo muy perverso: no se enamoran porque trabajan mucho, pero trabajan mucho porque no están enamorados. Ni los ricos saben ser ricos: viven como los pobres, es decir, trabajando, preocupados, estresados. En Estrategias del deseo cité el título del libro de Caballero Bonald: Somos el tiempo que nos queda. La vida es tiempo. El mayor tributo que le podemos hacer a quien amamos es nuestra disponibilidad, es regalarle nuestro tiempo, que es vida. Cuando estoy enamorada, ni siquiera leo el periódico, ni escucho la radio, ni miro la televisión: qué me importa el mundo, ni las noticias, si en la fusión amorosa encuentro, justamente, todo el mundo. Hasta me parece poco elegante, poco cortés, en el sentido amoroso del término, perder el tiempo leyendo el diario. El amor romántico impregna lo cotidiano de tal aura de excepcionalidad que el mundo exterior parece superfluo, inhabitable. No se trata de hacer cosas insólitas, sino justamente de convertir lo habitual en diferente, insólito, y eso lo consigue la pasión, la fusión. Cuando no existe, la vida es más pálida. Menos estresante, pero también menos intensa. La mayoría de las personas trabajan más de ocho horas, además hacen un curso de inglés y van al gimnasio.

Cristina Peri Rossi / Las palabras como fetiches




domingo, 14 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Escritora

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
ESCRITORA


Cuando de niña me soñé escritora, no me soñé escritora de un género concreto. Escribo espontáneamente relatos, poemas, novelas y ahora que llevo mucho tiempo metida en la ficción añoro escribir ensayos. Pero es verdad que los narradores añoran la poesía. Cortázar me decía 'si pudiera, sería poeta' y eso que escribió poesía, pero era mejor narrador que poeta. Es una cuestión de aptitudes personales. Un novelista como Cervantes, como ocurre con los maestros de la lengua, puede decirse que es poeta, porque la poesía no solo está en el verso. Hay poesía cuando se trascienden los datos de la realidad. Yo no tengo problemas con todo eso, porque escribo sin un plan.


Cristina Peri Rossi / «'Habitaciones privadas' es un libro antisistema»





Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Los pequeños editores

 

Cristina Peri Rossi



Cristina Peri Rossi
LOS PEQUEÑOS EDITORES

Detesto a los grandes grupos, editoriales o de lo que sea. Los pequeños editores independientes aman la literatura y se comprometen a publicar buenos libros que van a vender poco, con los que no se van a hacer ricos. Los grandes grupos solo van a ganar dinero. Los que todavía amamos la literatura más que el dinero cometemos un acto de rebeldía publicando con estos sellos. No solo en España: por ejemplo, han publicado mi poesía casi completa, Detente, instante, eres tan bello, en la argentina Caballo Negro, una editorial pequeñita de Córdoba, y les ha ido muy bien de ventas y hasta les han dado un premio. Son grandes ejemplos culturales. Los que quieran ser ricos, que se vayan a los grandes grupos. No pertenezco a ellos, como tampoco a las grandes agencias literarias. Carmen Balcells me decía que solo dos autores le habíamos dicho que no, José Emilio Pacheco y yo.


Cristina Peri Rossi / "Quien quiera dinero, que se vaya a los grandes grupos"






Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Sobre la soledad

 




Cristina Peri Rossi
SOBRE LA SOLEDAD

Cuando escribo es por intuición no hay un plan, así que no sabía que estaba escribiendo sobre la soledad. Los cuentos fueron saliendo a lo largo de tres años y en este tiempo vi que unos cuantos de ellos tenían una atmósfera común y componen este libro y otros tienen otra temática diferente y serán el próximo. No me gusta publicar conjuntos de relatos sueltos. Y en 'Habitaciones privadas' está el esfuerzo de la gente por romper la soledad y las dificultades de la comunicación. En estos años, con las nuevas tecnologías el tema de la soledad ha adquirido una nueva dimensión. ¿Qué nos ha pasado para que el hombre tenga que encerrarse en su cuarto y entrar en las redes sociales? Es un reflejo de la insatisfacción de las relaciones, porque nadie escucha lo que decimos. Me encanta la frase final de la película 'Inconscientes' (de Joaquín Oristrell) en la que Leonor Watling está haciendo el amor con el discípulo de Freud y dice algo así como que 'hacer el amor parece acercar el abismo en que vivimos los seres humanos'. Yo daría un paso más y diría que ni haciendo el amor se rompe ese abismo. Los hombres lo saben bien, no en vano muchos se inician en un prostíbulo. Las mujeres somos más idealistas, pero muchas cuando ven que no se puede superar ese abismo en la pareja deciden tener hijos.

Cristina Peri Rossi / «'Habitaciones privadas' es un libro antisistema»


sábado, 13 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Montevideo

Ilustración de Pablo Romero

Cristina Peri Rossi
MONTEVIDEO

1

Montevideo es una ciudad formada por extranjeros. Tenía una imagen del mundo como un lugar cosmopolita, donde todo el mundo era de otra parte y se habían encontrado en Montevideo para vivir en paz. Nunca me había planteado las raíces y los orígenes.


Montevideo

2

Hubo una época muy dura en Montevideo, cuando me fui a vivir con la mujer a la que amaba a un barrio de clase media alta y teníamos que comprar el pan en otro barrio porque se hacía un silencio alrededor. Por suerte en Barcelona no tuve que padecer eso. Siempre he estado dispuesta a pagar cualquier precio por ser auténtica. Si uno es auténtico, las relaciones con los demás son más auténticas. Me acuerdo que puse un cartel un una de las paredes mi salón: ‘no tengo ningún prejuicio contra los heterosexuales’.

Cristina Peri Rossi / De perder la guerra en Uruguay a la defensa de la autenticidad sexual




Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Barcelona

 

Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi
BARCELONA

1

Yo tengo la facilidad de que puedo escribir en cualquier lugar donde me sienta cómoda. Lo que sí es cierto es que las veces que he intentado escribir fuera de Barcelona me ha sido más difícil. Viví un tiempo en Sevilla y me costó bastante escribir ahí porque la luz es distinta, el entorno es distinto. Y el problema es que, después de haber añorado tanto Montevideo, no tengo ganas de irme a otro lugar a añorar a Barcelona... Al fin y al cabo, los seres humanos somos animales de costumbres. Y Barcelona tiene para mí un encanto particular, que es que tiene un puerto y para mí es muy difícil... Estuve presentando el libro en Madrid, y Madrid está bellísima, hermosa, elegantísima; es una gran ciudad, mucho más cosmopolita que Barcelona, por cierto, y tiene una luz maravillosa, una luz casi montevideana. Y, sin embargo, le falta el mar. 

Barcelona ahora se ha abierto al mar; porque estaba de espaldas; y era una cosa que a los uruguayos nos volvía locos, y decíamos: "¿Cómo es posible tener el mar y construir de espaldas al mar?" Lo que está frente al mar en Barcelona es el cementerio judío, que se llama Montjuic ("monte de los judíos"), que sería el equivalente a nuestro Cerro. Pero vivían de espaldas al mar, mucho más vinculados con la tierra. Casi todos los barceloneses tienen un abuelo rural, del campo, de la Cataluña profunda. Y están mucho más relacionados con la cultura rural que con la cultura portuaria, que es una cultura de tránsito, de novedades, un poco más de mundo que se mueve. 

A partir de las Olimpíadas, Barcelona se abrió al mar. Yo le he dedicado varios poemas, en mi último libro, que se llama "Inmovilidad de los barcos", a esta apertura al mar que era tan necesaria para la ciudad. 

Yo soy muy "barriera", me gustan mucho los barrios. Lo que pasa es que en estas ciudades grandes el barrio existe poco. Aunque Barcelona los conserva. En la parte en que estoy viviendo ahora, no es tanto el barrio, sino que un edificio enorme de unos 600 o 700 departamentos. No se puede hacer vida de barrio, pero en los otros lugares en que he vivido en Barcelona he tenido, por ejemplo, la cafetería, donde voy de mañana a desayunarme y donde la gente del barrio me reconoce y a veces va la televisión a filmarme. 

Entonces, la he tenido que sustituir por otras cafeterías que me gustan mucho. Costumbre montevideana y que en Barcelona se tiene poco porque la gente vive de manera muy acelerada, realmente con falta de tiempo para conversar con los amigos. Hay ciertos lugares que para mí son emblemáticos, que son como fetiches, y lamentablemente veo que a veces los destruyen con mucha rapidez. Aquí todo se construye muy rápidamente. Pero como soy muy sentimental y muy tanguera, hay lugares... 

El otro día estaba en la consulta del médico, porque quería algo para la gripe, y una señora de unos 70 años, me dice: "Hola, Cristina". Yo no la reconozco. "Cristina Peri Rossi", dice. "¿Usted no se acuerda de mí?" "No", le respondo. Y me dice: "Soy la cajera de...", y me nombra una confitería a la que yo iba muy a menudo. Y dice: "¡Las veces que la vi escribir en esa confitería! Yo era la cajera. Pero me jubilé". Esas cosas son tiernas y a mí me emocionan. Yo creo que son las cosas por las que vale la pena vivir. Pero en las grandes ciudades se pierden estas cosas. 

3

Tengo una relación ambivalente, como se tiene con todas las ciudades donde uno se exilió y que no eligió por motivos turísticos. Barcelona, además, ha cambiado mucho. Y la Barcelona que más me gusta es la de estos últimos años. A partir de las Olimpíadas la ciudad ha cambiado mucho. No solamente se embelleció, porque la verdad es que la gestión del Ayuntamiento socialista ha sido espléndida: limpiaron todos los edificios, convirtieron en peatonales muchas calles; sobre todo, se preocuparon por que este problema de la contaminación, de la falta de espacios verdes, e intentaron un "pacto" entre la necesidad de expansión de los automóviles y la construcción de edificios, y, digamos, el aspecto humano de la ciudad. 

En estos últimos años, de 1992 hasta ahora, la ciudad ha pegado un gran cambio, y yo creo que también los catalanes, que es una gente muy discreta, muy respetuosa de la vida privada, pero que a veces parecían un poco fríos. Ahora, sobre todo porque se ha convertido en un gran escaparate de compra y venta y de negocios, son más simpáticos.  


Cristina Peri Rossi / El amor es una droga


Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Berlín

 

Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi
BERLÍN

1
Tuve el privilegio y la gran suerte de vivir en Berlín (a pesar de no saber ni una palabra de alemán ni de inglés, pues yo sólo conozco las lenguas latinas). Para mí fue una experiencia realmente emocionante porque encontré en Berlín muchas cosas que creía perdidas al haberme ido de Montevideo. Sobre todo, el tipo de gente que vivía entonces en Berlín. En esa época, cuando existía el muro, no existía servicio militar si se residía en Berlín. Entonces, todo los chicos jóvenes contestatarios que no estaban de acuerdo con el sistema de servicio militar, la juventud que se podía pensar que era heredera de los ideales de la modernidad y del año 68, estaba en Berlín. Para mí fue una experiencia muy rica, de la cual salió, además, un libro de poemas que se llama "Europa después de la lluvia" y parte de mi novela "La nave de los locos".

Cristina Peri Rossi / El amor es una droga



2
En Europa después de la lluvia la unidad es de visión: la mirada melancólica sobre Europa, especialmente sobre una ciudad, Berlín, en la época del muro. Es la mirada de una extranjera, es decir, de alguien separado, no integrado. El libro surgió durante mi estancia en Berlín, en 1980, gracias a la invitación de la Deustche Akademmischer Aussensdienst, una invitación muy generosa, que permite residir en Berlín y escribir (o no: es una elección personal) de forma subvencionada. Yo, que era una exiliada en Barcelona, me enamoré de la ciudad de Berlín. Era una ciudad simbólica, onírica: dividida en dos por un muro, como ocurre en los sueños repetitivos, donde un obstáculo impide siempre el goce. Apollinaire, que había visitado la ciudad durante la Primera Guerra Mundial, escribió que ya entonces Berlín era la ciudad más triste del mundo. A mí no me pareció triste, sino melancólica, romántica (en el sentido estético del término; no podemos olvidar, además, que el romanticismo, como sensibilidad, surgió precisamente en Alemania) y profundamente lírica. No conocía la lengua, pero podía comunicarme con el paisaje, con sus íntimas cafeterías, con su silencio sólo cortado por el sonido tintineante del agua. La armonía de la ciudad me fascinaba. Alguien me contó, entonces, que la ciudad había sido reconstruida, después de los horribles bombardeos, por las mujeres. En efecto: la ciudad había quedado sin hombres, a causa de la guerra, y las mujeres levantaron con sus propias manos una ciudad a la medida de los seres humanos: los edificios no tienen más de tres plantas, hay una plaza llena de árboles en cada esquina; y en invierno, en los jardines de Charlottenburg, los empleados del Ayuntamiento colocan semilleros en los árboles, para que los mirlos y los demás pájaros no mueran de hambre. Además, Berlín no era una ciudad industrial, y eso me resultó completamente gratificante. Por las ciudades industriales no se puede pasear, ni salir a caminar: están hechas para los medios de transporte, no para los peatones. Y yo soy una peatona vocacional. Alguien dijo (ya no recuerdo quién) que las ciudades son estados de ánimo. Años después, me di cuenta de que yo había conseguido con Europa después de la lluvia la melancolía de la ciudad, atrapar su lirismo, su romanticismo.

Cristina Peri Rossi / Las palabras como fetiches





viernes, 12 de noviembre de 2021

Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Indicios pánicos

 


Cristina Peri Rossi
INDICIOS PÁNICOS

1

Ese libro fue escrito en Montevideo en 1970, durante el estado de sitio, que por la legislación de entonces se llamaba estado de guerra interno. Nació de la paranoia colectiva (perseguidores-perseguidos) y personal: fantasmas subjetivos como la madre, las relaciones amorosas, los sueños, etcétera. La paranoia me parece una de las grandes claves para comprender el mundo. Lo dijo mejor el poeta Gottfried Benn: "La categoría en la cual el cosmos se evidencia es la categoría de la alucinación", cita que uso en el acápite de "El museo de los esfuerzos inútiles". La palabra "indicios" no se refiere sólo a la forma de los textos, en el límite del género cuento, sino a su carácter premonitorio, simbólico. Y es que en toda mi obra hay una clara tendencia simbólica. La literatura me parece una forma de conocimiento antropológico, que bucea en los símbolos que forman parte de nuestro inconsciente colectivo y personal. El contexto sociopolítico uruguayo de la década '60-'70 fue un enorme estímulo para observar, analizar, proyectar, imaginar, sospechar. Y sufrir.


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Empleé deliberadamente la palabra "indicios" como advertencia, como alarma ante ciertos signos de la realidad que podían leerse de más de una manera, pero que para mí conducían inevitablemente a la destrucción, a la muerte... Puedo decir -sin ningún orgullo- que imaginé el fascismo con todos sus detalles y crueldades antes de que se instalara oficialmente. El último cuento que escribí en Montevideo, antes del exilio, se llama "La rebelión de los niños" y fue editado en un volumen homónimo años después. En ese cuento, imaginaba que el ejército vencedor repartía, entre familias patricias y conservadoras, a los hijos de los opositores asesinados. El cuento lo escribí en 1970. A partir de 1973, el ejército uruguayo -y el argentino- lo hicieron realidad. Los paranoicos solemos ser muy lúcidos: imaginamos perfectamente de qué es capaz el perseguidor.


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Algunos de esos textos están en el límite de lo que la preceptiva literaria considera como cuento. Suelo ser muy poco respetuosa de las fórmulas, y el carácter fragmentario de la literatura contemporánea (igual que la de los románticos alemanes como Jean Paul Richter) me parece que corresponde a la pérdida de la unidad, de la integración que caracteriza a la modernidad. Todo está fracturado: el "yo" no es más que un mosaico. ¡Enhorabuena! La ilusión del tiempo y del espacio cada vez es más relativa, y este contexto de desintegración debe corresponderse en las "formas" artísticas, como ya ha pasado en pintura con Francis Bacon y Picasso, en ese orden. Mi último libro publicado, "El museo de los esfuerzos inútiles", por ejemplo, está compuesto por "cuentos" que son alegorías, aforismos, parábolas... y relatos tradicionales.


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Bueno, cuando publiqué "Indicios pánicos" no había una censura oficial, salvo con relación al uso de ocho palabras que estaban prohibidas: tupamaro, célula, revolucionario, etcétera. Sólo tuve que usar una de ellas (tupamaro) y me limité a escribir "tupa". Cualquiera entendía. La peor censura, en realidad, era la directa: escribir ese libro y figurar en la lista negra de la Alianza Anticomunista o en la lista de subversivos del ejército o la policía. De todos modos, la realidad sociopolítica de entonces no influyó en la estética del libro aunque sí en su génesis. Siempre he escrito una literatura simbólica que se corresponde con mi concepción del mundo, y la alegoría como forma de expresión ya existía en mi segundo libro, "Los museos abandonados". Y está presente también en los libros de diez o quince años después. Yo no siento ninguna atracción por lo meramente narrativo. Encadenar hechos, inventar secuencias en el tiempo, me parece el nivel más primario de la imaginación. Hasta un niño pequeño puede contar un cuento: "Salí a la calle y vi un perro que mordía a un señor". Me interesa muchísimo más lo significativo: es decir, la interpretación de los hechos. Porque la capacidad de simbolización me parece un nivel más complejo de nuestra actividad intelectual. No narro para entretener, para ordenar una trama, sino para descubrir, para conocer, para elaborar una hipótesis del mundo, de modo que lo narrado se supedita a la intención, a la "visión del mundo". Es que, parodiando a Rimbaud, el escritor es un visionario o no es.


Cristina Peri Rossi / La literatura no hace más feliz a nadie